Disclaimer: el mundo mágico y sus personajes no me pertenecen, tampoco gano dinero escribiendo esto, solo dolor y sufrimiento.
Advertencias: Relación ChicoxChico. EWE: el epílogo es un invento. Descripción gráfica de violencia. Gore. Crimen. Misterio. Auror!Harry. Alchemist!Draco.
Parejas: Draco Malfoy y Harry Potter, esto será drarry.
Nota de la autora: Buenas, llego tarde porque estoy tapadísima con trabajo. Pero soy irresponsable y aprovecho este momento para venir y actualizar jiji
Espero disfruten la lectura uwu
Pista 7
Uno de los aurores se alejó para vomitar en cuanto vio la escena, el otro se había tenido que apoyar en una de las paredes y miraba horrorizado el cuerpo mutilado. Harry entendía esas reacciones, pero no tenía tiempo para consolar a los pobres novatos.
—¿Qué sabemos?
El lugar olía a animales y a encierro. Bajo el cuerpo y la paja había un charco de sangre, las paredes y el techo tenían rastros carmesí, como si hubiesen desmembrado al hombre en el lugar. Las moscas se posaban sobre el cadáver, llenando el granero con sus zumbidos. Harry habría querido espantarlas con un hechizo, pero si los muggles aún no analizaban la escena, tenía que aguantarse.
—El dueño vio luces extrañas y vino a revisar, alcanzó a escuchar voces, pero al entrar solo estaba el cuerpo. Llamó a la policía y ellos me avisaron —el detective señaló hacia los aurores—. Hablé a la línea directa y me deshice de los investigadores, volverán en unos 10 minutos.
Harry se acercó al cuerpo. Tenía la boca tan abierta que le habían destrozado la mandíbula, usándolo como un jarrón habían colocado los brazos y las piernas en una especie de macabro arreglo floral. El rostro del hombre estaba sucio y había rastros de lágrimas, sudor y sangre, al parecer no se habían preocupado de limpiarlo cuando lo instalaron allí. El auror observó una de las manos que estaba en una posición demasiado forzada, el índice apuntaba hacia un costado, Harry se acercó un poco más y distinguió pequeñas letras de sangre pintadas sobre las tablas del suelo que formaban la palabra "Blasfemo". Ese había sido el pecado de la víctima.
—¿Ya lo revisaron?
—La forense dice que murió a eso de las 11 de la mañana, al parecer la causa fue la hemorragia. Lo desmembraron vivo —el detective suspiró—. No tenemos información personal, pero encontraron esto.
Farrell sacó unas bolsitas de plástico transparente. En una había una colilla de cigarro, en la otra un boleto de tren y en la tercera fibras de algo.
—Esto es del tren de París de hace dos días, puede ser uno de los asesinos o la víctima —explicó el muggle.
—Hablaré con los aurores franceses —Harry señaló la tercera bolsita—. ¿Y eso?
—Para ti, para que hagas tus trucos. Puedes llevártela, la forense tomó más muestras.
—¿De dónde salieron?
Farrell señaló sus propios dientes y luego le mostró las uñas.
—Se defendió antes de morir, si hay rastros de piel te avisaré, pero lo que sabemos es qué debió rasguñar y morder a uno de sus atacantes.
Era una pista concreta. Harry guardó la bolsita en su bolsillo y asintió, luego se giró hacia los novatos para ordenarles volver al ministerio. Ellos no se hicieron de rogar y desaparecieron en un pestañeo.
—¿No vas a agitar tu palito mágico?
—No es necesario, me pondré a investigar sobre las fibras y a hacer contacto con los franceses.
—Toma, estas son las fotos que tomaron. Luego puedo darte un informe con el testimonio del dueño, pero no sé qué tal útil sea —el detective le entregó un sobre con las fotos, luego señaló el cadáver—. Aún está tibio…
—Avísame cualquier nueva información —Harry guardó las cosas y se apartó—. Voy a volver.
El muggle apenas movió una mano para despacharlo, saliendo del granero y cerrando las puertas. Harry le dio un último vistazo al cuerpo antes de volver al cuartel.
Se perdió el almuerzo y parte de la tarde por estar esperando los resultados del laboratorio. El pocionista encargado lo había mirado mal, pero de todos modos se había puesto a trabajar sobre la muestra. Harry se había sumergido tanto en el caso que incluso se había olvidado que había dejado a Malfoy en su oficina.
—Ya está, auror Potter —el hombre le entregó un informe—. No pude hacer mucho, pero pude concluir que es un material mágico.
—¿Algo que me pueda servir para individualizarlo?
—Aparte de ser tela mágica, no. Es algodón de la India, bastante común en Inglaterra. Varias familias mágicas exportan las telas desde allá —el pocionista le devolvió la bolsita con las fibras—. Puede ser un pantalón, una chaqueta, incluso un calcetín. Solo te puedo decir que viene de una prenda obtenida en el mundo mágico de un rojo toscano.
—¿Rojo toscano? —Harry frunció el ceño.
—Piensa en los vinos tintos, algo de color vino, básicamente.
—Ya veo. Gracias.
El auror salió del ministerio con la intención de informarle al detective muggle, pero una vez terminada la llamada no quiso volver. Decidiendo que su día laboral terminaba allí se fue a casa a darse una ducha y cambiarse de ropa. No quería quedarse en el departamento por si Roger llegaba, no después de haberle chupado la polla a Malfoy.
—Una vez es un error, ¿pero dos? —bufó para sí, mirándose en el espejo—. Eres una mala persona, Harry James Potter.
Decidido a sacar de su mente al Slytherin, se apareció afuera de la casa de Andromeda y tocó la puerta. La mujer lo recibió con una sonrisa, haciéndolo pasar. Una bola azul se estrelló contra sus piernas en cuanto entró a la casa.
—¿Cómo estás, campeón?
—¡La maestria dijo que Teddy shabía musho de animales!
El pequeño se apartó para tomar un oso de peluche, mostrándolo al auror.
—¿Shabes que los oshos toman una shiesta muuuuy larga? Están todo el invierno durmiendo. She llama inviernación.
—Hibernación, cariño —corrigió Andromeda, sonriendo.
—¡Shí! ¡Esho!
Teddy observó a Harry con una gran sonrisa, levantando su peluche. El auror lo tomó, riendo, sin saber bien qué era lo que su ahijado quería.
—Ahora no está en shu shiesta —indicó el niño—. Es verano.
—Oh, ya veo —Harry se acuclilló para quedar a la altura del pequeño—. Sabes mucho, Teddy.
El halago iluminó el rostro del crío. Rápido recuperó su peluche y salió corriendo bajo los regaños de su abuela. El pequeño lleno de energía ignoró a la mujer y se apresuró en recoger unas cuantas hojas, volviendo con Harry para mostrárselas.
—Eshe es Teddy cuidando a Kenai —el niño señalaba los círculos y líneas, explicando su dibujo.
—¿Kenai? —Harry miró al pequeño, el nombre le sonaba familiar.
—¡Shí! El osho que es pershona, pero que no es mago —el chiquillo rió—. Driaco le dijo a Teddy que tiene que cuidarlo.
—¿Malfoy?
—Trajo el peluche hace un par de días —explicó Andromeda, entregándole al auror un vaso con limonada—. Teddy ha estado emocionado desde que fueron al cine, mi sobrino consiguió un peluche que se parece al oso de la película, o eso me dijo.
Un vago recuerdo de Malfoy exigiendo que no podía copiarle el regalo que había preparado para el niño llegó a su mente. Había estado tan ocupado teniendo crisis existenciales e intentando resolver el caso que se había olvidado por completo de los gustos de su ahijado. Ahora no solo era una mala persona por engañar a su pareja dos veces, sino que también por descuidar al infante. Con un pequeño sentimiento de culpa volvió a mirar al pequeño, Teddy se había sentado en la alfombra y tomaba jugo de su propio vaso.
—Draco se ha estado esforzando por limpiar su imagen —continuó la mujer.
—¿Qué quieres decir?
—Ese niño ha cambiado, cuando le conocí pensé que se parecía a Narcissa, pero le juzgué mal. Siempre está pendiente de las necesidades de Teddy y de las mías, y nunca le he escuchado decir un comentario contra los muggles —Andromeda se acercó a su nieto para limpiarle el rostro—. Por eso me enfada que hablen mal de él.
—Es inevitable. Las personas no olvidan fácilmente —respondió Harry de forma distraída.
—Eso lo sé, pero Draco se ha esforzado por pagar por las cosas que hizo. El otro día discutí con Muriel, la dueña de la florería, le dijo a Teddy que se mantuviera lejos de Draco porque era un mortífago. Usar eso de insulto es cruel.
Harry se mordió el interior de la mejilla. ¿Cuántas veces le había dicho a Malfoy que solo era un mortífago? No estaba seguro, pero sabía que había naturalizado tanto aquellas palabras que brotaban de sus labios a la menor provocación. Racionalmente sabía que el Slytherin había dejado atrás esa vida, pero cuando se enojaba y empezaba a ver todo rojo, su cerebro simplemente se apagaba.
—... no más. Realmente estoy harta —Andromeda había continuado quejándose.
—Ya veo… —susurró.
—¡Harry! —Teddy lo salvó de tener que seguir una conversación que ni siquiera había escuchado—. ¡Harry! Mira, estás tú y la abuela y Teddy y Kenai y Driaco.
Era difícil distinguir las figuras, pero el niño estaba emocionado enseñándole sus dibujos.
—¡Abuela! ¡Abuela! ¿Te hago uno también? —el niño saltaba de un lado a otro, agitando la hoja.
—Claro, cariño. Haz un dibujo precioso para tu abuela.
Teddy sonrió mostrando todos sus dientes y rápido volvió a su rincón en el suelo donde tenía sus lápices y más hojas. Andromeda se sentó en el sofá y suspiró, seguramente estaba agotada, Teddy tenía demasiada energía y había que tener cuidado de que no se metiera en problemas o se hiciera daño.
—Me alegra tanto que Teddy aún no comprenda todas esas cosas que se dice de mi sobrino. Sé que en algún momento tendré que explicarle sobre la guerra, pero quiero posponer esa charla tanto como sea posible.
—Seguramente lo comprenderá. Es un niño muy empático y amable.
—Merlín te escuche, Harry. Draco ya ha tenido suficiente, no quisiera que Teddy perdiera la poca familia que tiene —la mujer agitó la cabeza—. Lo siento por volver a lo mismo, sé que ustedes no se agradan, pero incluso con esa enemistad que tuvieron tú eres lo suficiente maduro para separar el pasado del presente.
Harry hizo una mueca y terminó de un sorbo su limonada. Intentaba encontrar alguna excusa para alejarse de la bruja e ir con Teddy, pero no se le ocurría nada que no fuera descortés.
—¿Cuál es la necesidad? —ella siguió, sin importarle la poca respuesta del auror—. Ya fue perdonado, pagó la multa y ha cumplido con las condiciones que le puso el ministerio. Solo porque no haya pisado Azkaban no significa que no haya pagado sus pecados.
El auror se iba a mantener en silencio, pero en cuanto procesó las palabras de la mujer se giró bruscamente hacia ella.
—¿Qué?
—Ya sabes, Harry. La gente pareciera que no estará satisfecha hasta que esté preso o le den el beso del dementor. Draco podría volverse la persona más abnegada y que más haya aportado a la sociedad, pero ellos seguirán pensando que es un mortífago que debería estar pudriéndose en Azkaban.
—Un delito por el cual no fue condenado —murmuró Harry.
—¡Exacto! Eso es lo que ellos creen.
El auror se levantó bruscamente y dejó el vaso en la mesita de centro. Andromeda se sobresaltó mientras que Teddy lo miró curioso. Harry intentó calmarse y ordenar sus pensamientos, pero su instinto le decía que Malfoy cumplía todas las características para ser una de las víctimas dentro de su caso.
—¿Sabes dónde está Malfoy? —cuestionó rápido.
—En su laboratorio, probablemente —respondió un tanto pasmada la mujer—. ¡Ah! No. Iba a ir al ministerio, tenía que pagar unas patentes de unas pociones.
—Gracias, ¿puedo usar tu chimenea? —Harry no se movió hasta que la bruja le dio el permiso—. Volveré en cuanto tenga tiempo. Lo siento, Teddy, la próxima vez jugamos.
Luego de la abrupta despedida se metió en la chimenea y tiró los polvos flu. Casi cayó cuando salió en el vestíbulo del ministerio, pero solo apresuró el paso, ignorando a las personas que circulaban por el hall y lo seguían con la mirada. El auror bajó por las escaleras en vez de tomar el ascensor. En cuanto llegó al quinto piso se apresuró en ir a la oficina de regulación. Su carrera se detuvo a medio camino, casi chocando con una bruja bajita que cargaba. Había la suficiente cantidad de gente como para pasar desapercibido, así que usando todo su entrenamiento de la academia se escabulló para acercarse a la oficina.
—¿No me vas a contar nada? —Astoria Greengrass hizo un puchero.
—¿Puedes concentrarte en tu trabajo? Asher usará cualquier excusa para rechazar el permiso —Malfoy se apoyó en su bastón y miró de mala manera a la chica.
—Te lo va a dar. Recolectamos hasta el mínimo de información, no importa qué nos pregunte, tendremos la respuesta. Además, ya hablé con Kovacs, Asher tendrá que darle una respuesta para la próxima reunión, así que será mejor para él darte el permiso —ella sonrió de forma brillante.
—¿Cuándo hablaste con Kovacs?
Astoria encogió los hombros y comenzó a juguetear con un mechón de su rubio cabello, manteniendo la alegre sonrisa.
—Tengo que cumplir con mi deber, ¿no? Imagina lo que podría hacer si aceptaras mi propuesta —dijo cantarina.
—Lo pensaré. No estoy listo para tanto compromiso —aunque era un rechazo, Malfoy sonreía—. Por Morgana, ¿ya te he dicho cuánto te amo?
—No lo suficiente —Astoria rió.
Harry, que se había mantenido quieto escuchando la conversación, de pronto se sintió muy molesto. Tenía ganas de hechizar a la bruja hasta borrarle la sonrisa y de golpear a Malfoy hasta quitarle esa expresión tan feliz. Apretó los puños y cerró los ojos, intentando calmarse. El aire a su alrededor se sentía pesado y podía notar algo electrizante recorrerlo.
—Mierda —murmuró para sí en cuanto se dio cuenta que su enojo había llegado al punto de permear toda su magia.
Se apresuró en volver a su oficina, ignorando el zumbido a su alrededor o los aviones de papel que se quemaban a su paso, lamentablemente algunos mensajes no llegarían a destino. Apenas entró en su despacho cerró la puerta y avanzó hasta el escritorio, revolviendo todo hasta dar con el estuche que el Slytherin le había entregado el día anterior. Se había molestado por culpa de Malfoy y ahora se iba a calmar gracias a él. Era estúpido.
Sacó el frasco de la poción roja, la destapó y dio un sorbo. No sabía qué tan sensato era ingerir algo que el alquimista había creado, pero confiaba en no morir intoxicado. Poco a poco su cuerpo se fue relajando, su mente se nubló y todo el enojo que tenía se esfumó. Su magia se había estabilizado y ahora solo le quedaba un mareo que lo tenía un poco confundido. Aquello había sido suficiente como para olvidarse de lo que había visto y, por tanto, de la ira que le había embargado.
—Mierda… —repitió sin fuerzas.
Se tiró en la silla y se cubrió los ojos con el antebrazo, sin prestar atención a la molestia que le causaban las gafas al presionarse contra su rostro. Gradualmente las sensaciones fueron aumentando, llegando a un relajo tal que terminó quedándose dormido. Malfoy no había tenido razón al decir que aquella poción te dejaba en modo automático, en realidad, te dejaba fuera de juego. Claro que todo aquello lo pensó cuando despertó con un horrible dolor de cuello varias horas después.
Un dolor de cuello y una incómoda sensación en la boca del estómago.
