- Entonces… los dejo solos. - Eugeo quiso detenerlo, deseando que pudiera ayudarlo, pero él ni siquiera volvió a verlo.

Los minutos pasaron, con la suplicante mirada del rubio buscando a su hermano y con este las palabras o ideas que podrían ayudarlo en este momento a encantar a la joven o al menos lograr que se interesara en su compañía por sobre todos los caballeros que los miraban de reojo desde diferentes puntos, Eugeo noto con completa claridad, esperando a que la joven se apartara para acercarse ahora que se encontraba apartada de su grupo de amigas. Y mientras el tiempo corría, el pesado silencio impuesto entre Asuna y él crecía más y más, mostrando la incomodidad de la joven a su lado.

- ¿Le gustaría algo de beber? - pregunto en un pobre intento de aligerar el ambiente, de atraer su atención.

- Se lo agradezco pero debo volver con mis compañeras... no me malentienda - se apresuró a aclarar ante la expresión torturada de su compañero. - es solo que es un poco... extraño quedarme aquí con un joven sin vigilancia... creo que es mejor asi…

En ese momento lo supo, él no era ni un poco interesante para ella, se iría y jamás aceptaría pasar tiempo con él nunca más, nuevamente fue consciente de los ojos de su hermano, fijos en su espalda pero ¿cómo podía decirle que habia fallado miserablemente?

- Comprendo, me disculpo si fue muy aburrido estar conmigo... - comento sin amargura, estaba consciente de que él era el hermano no divertido, aunque esperaba que esta vez fuera un poco diferente.

- No, no es para nada eso, es solo que... - las frases, aterradas y nerviosas provenientes de su acompañante le sonaron más a una excusa para no compartir más tiempo con él.

- No se preocupe. Siempre he sido un chico de libros más que de bailes, así que puede que no sea tan divertido, honestamente me es difícil acoplarme a este tipo de eventos aunque si me preguntara acerca de la forma en la que la biblioteca está construida no habría manera de que no contestara o desarrollara todo en una detallada platica... pero realmente, ¿a quien le importaria eso? ¿No cree? - hablo con rapidez tratando de llenar el silencio y disminuir la impresión de hombre herido que seguramente proyecto antes de callar de golpe y preguntarse porqué es que habia dicho todo eso. Con temor volvió el rostro hacia la chica, notando sus ojos ámbar abiertos en sorpresa y con un toque de interés, analizandolo ante la información proporcionada - Disculpe si la incomode con mis confesiones... permítame acompañarla de vuelta con sus compañeras.

- ¿Es cierto? - le preguntó ansiosamente, lo cual lo sorprendió.

- ¿Perdon?

- ¿Es cierto que conoce la arquitectura de la biblioteca? ¿Qué tan bien? - su flequillo velaba la expresión de sus ojos, y su voz parecía inundada por algún otro tipo de sentimiento.

- Supongo que lo suficientemente bien como para conocer cada una de las entradas y salidas, incluidas las del patio interior... un par de pasadizos y la entrada al invernadero del segundo piso. - se encogió de hombros, restándole importancia.

- ¿De verdad? - Levantó el rostro rápidamente, las pupilas llenas de emoción y una sonrisa tan feliz e inocente que logró hacer que su corazón se derritiera entre las delicadas manos de la joven.

- Incluso se donde están los planos originales.- agregó con un deje de orgullo y complicidad en su voz, susurrada prácticamente a su oído. - ¿Está interesada en la arquitectura?

- Es un gusto culposo. - se sonrojo, un bonito rojo invadiendo las blancas mejillas, llenando de color el mundo nuevamente mientras recomponia su expresion. - También me gustan mucho los libros. Le agradecería que no lo comentara con nadie, cómo puede saberlo ante los ojos de la sociedad ese tipo de intereses en una mujer no son muy bien vistos - nuevamente sus ojos se alejaron de él, enfocados en otro lugar, y en ese momento sintió una nueva conexión con ella establecerse, mucho más allá del hecho de que fuera la mujer más hermosa que jamás hubiera visto, si no que era como él, tenía que esconder su verdadero ser, su personalidad a favor de los curiosos ojos de la sociedad que analizaba cada uno de sus movimientos para catalogarla dentro de los estereotipos preconcebidos de la misa, sin embargo, ella no tenía la suerte de tener un hermano mayor que la protegiera de todos como con el que él contaba... pero podría encontrar un protector en él, haría lo que fuera para que pudiera ser ella misma, crearía un espacio seguro.

- Su apellido es Yukki, ¿cierto? - Asuna asintió suavemente con una expresión de dolor.- Significa nieve…

- La que todo lo destruye, aquella que es fría y seria... aburrida…

- No estoy de acuerdo, la nieve es hermosa... - nunca comprendería que es lo que lo movió en ese momento, tal vez la repentina sinceridad de la joven, la vulnerabilidad que le mostró o sencillamente el dolor en sus ojos, pero su mano se movió para acariciar suavemente su rostro, colocando un mechón detrás de su oído. - suave, y es completamente necesaria para que los cambios ocurran, sin ella, la primavera no sería nada. Siempre hay algo hermoso en los cambios.

Asuna lo observó por primera vez realmente le prestó atención, sus ojos no se apartaron de su rostro, cautivados, el sonrojo solo adquirió mas intensidad y sus labios, delgados y bien delineados se encontraban semi abiertos, en una expresión de completa sorpresa, sus manos temblaban, ¿por que no habia notado el hermoso verde de sus iris, la sonrisa bondadosa y dulce que al mismo tiempo era sumamente atractiva? Justo en este momento él no se veía infantil o tímido para nada como creyó en un principio, era encantador, un caballero en toda la extensión de la palabra y sus voz era suave y dulce.

Eugeo, aun en el estado en el que se habia sumido dejo de acunar su mejilla para tomar su mano, tan delicadamente como pudo posicionando momentáneamente y distraídamente frente a su pecho la palma, logrando que la joven se acercará un paso más, y ella no se alejó, se limitó a observarlo con un sentimiento parecido a la sorpresa aunque mucho más fuerte.

- Sus secretos y todo aquello que desee compartir conmigo en confidencia lo guardaré hasta el día en que muera... conmigo, si usted así lo desea puede dejar de fingir, yo atesoraré su verdadero ser. - juro antes de besar su mano con tanta delicadeza como fue capaz, olvidando por un momento que se encontraban rodeados de miradas indiscretas.

- Gracias. - fue hasta el momento en que la voz, frágil y carente de cualquier pretensión se elevó ante el silencio que despertó de aquel estado en el que se habia sumido y el sonrojo regresó pero no se retractó. - Creo que... podría aceptar esa bebida... y tal vez, después podría invitarme a bailar una pieza o dos.

Asuna y él pasaron prácticamente toda la noche hablando, a excepción de las dos piezas musicales que ella prácticamente rogó que bailaran, si bien ella pudo tomar el centro no solo de la pista, si no de las miradas, con la soltura con la que se movía, la elegancia de cada gesto en cada uno de los bailes, ella aceptó quedarse en las orillas del salon, siendo paciente al explicarle cual era el siguiente paso, si bien se le habia enseñado desde niño que hacer en este tipo de reuniones, no habia tenido la oportunidad de ponerlas en práctica, eso sumado al nerviosismo que la chica provocaba en él, no lo hacía el mejor compañero de baile, pero a Asuna no pareció molestarle en ningún momento, al contrario, sonreía con alegre y paciente diversión

Por supuesto ella aceptó un par de invitaciones más, lo cual por un momento lo hizo sentir inseguro, sin embargo, ella siempre volvía a él, dedicándole miradas o acercándose sutilmente hasta que finalmente se reencontraban para seguir charlando sobre cualquier tema insustancial para la sociedad pero que arrancaba destellos de emoción e interés en los ojos ambar

Ya era medianoche para cuando Asuna decidió que era momento de retirarse y Eugeo poco dispuesto a despedirse de esta noche y de su compañía se ofreció a acompañarla hasta su hogar, aunque ella declinó educadamente le permitió escoltarla y ayudarla a subir al carruaje que ya la esperaba.

- Señorita Yukki. - la llamó antes de que la puerta se cerrara y reuniendo todo el valor que podía en ese momento le preguntó. - ¿Podría decirme donde es que puedo encontrarla? ¿Tal vez enviarle cartas o visitarla?

Estaba plenamente consciente de que de manera indirecta le estaba solicitando su permiso para cortejarla, e incluso cuando una parte de él deseaba que ella pudiera malinterpretar el significado de sus palabras para poder evitar su rechazo, esa esperanza murió cuando los ojos ámbar se fijaron en él, completamente abiertos en sorpresa, Eugeo espero nerviosamente la respuesta, ella se quedó en completo silencio, analizandolo, antes de volver la mirada lejos de él, dentro de la oscuridad del carruaje, la escuchó suspirar antes de que regresara su atención a él, sus brillantes ojos llenos de sorpresa ahora velados por una emoción que no supo identificar, aunque la sutil sonrisa en sus labios era dulce.

- Bueno joven Kirigaya, pase una velada maravillosa en su compañía, sin embargo, eso no prueba sus verdaderas intenciones, o interés hacía mí… si realmente desea volver a verme entonces encuéntrame, tal vez le permita enviar cartas o visitarme. Hasta pronto… con suerte. - fue lo único que dijo antes de desaparecer detrás de la puerta y que el carruaje comenzara a avanzar.