XXXVIII - LEVI

Levi se pasó por quinta vez un paño húmedo por el rostro para retirarse los restos de hollín y sudor mientras contemplaba la gran columna de humo que se alzaba de la que fue su última prisión. De la que esperaba fuera su última prisión. Stohess, Ciudad Subterránea y este último lugar. Era exasperante el patrón que estaba cogiendo su vida últimamente. Pero peor, era darse cuenta del caos que dejaba en cada una de ellas después de irse.

En Stohess había forzado su camino fuera de su celda, dejando un rastro de personas inconscientes y noqueadas, incluso sin respiración a causa del estrangulamiento y los golpes. Ciudad Subterránea ahora estaba bajo escombros y ya no quedaba nada salvable en ella. Y la casa más segura y protegida que habían construido para mantener en arresto domiciliario a los más importantes reos que alguna vez pudo albergar la isla, ahora se consumía por las llamas.

Aunque había que admitir que Levi no sentía ningún remordimiento por este último suceso. Esa casona había sido planeada y construida con un propósito. Y ese no era hacer de huéspedes a los soldados más distinguidos de la legión a su conveniencia. Claro que no. Levi estaba ciertamente ofendido. Por el encierro injustificado, por los lujos incorporados con los que pretendían hacer tolerable el trato de prisioneros y con el silencio de lo que sea que pasara o fuera a pasarles.

Toda la paz y el bienestar que había logrado reunir con el descanso del primer día, cuando pudo dormir sabiendo que, aunque encerrados, ahora todo su equipo se encontraba reunido y a salvo, se había ido esfumando gradualmente a medida que los días y las noches pasaban y pasaban sin recibir noticia de Hange y su escuadrón hasta hacer de él un manojo de nervios.

Lo mejor que pudo haber hecho para aprovechar toda esa energía ansiosa fue prepararse a sí mismo. En la privacidad de su propio cuarto y en el salón que los chicos habían adecuado para entrenarse, se concentró en la tarea de acondicionarse como no lo había hecho en ya bastante tiempo.

Entre set y set de ejercicio, entre los resoplidos, entre las quejas de su cuerpo aún resentido y la capa de sudor sobre la piel y escurriendo por sus ojos e irritando cada herida aún abierta, Levi se esforzó en volver a recuperar su fuerza. Incluso llamó en más de una ocasión a Annie para que se midiera con él. Los últimos acontecimientos lo habían vuelto un guiñapo tembloroso de golpes y heridas, por lo que ya era absolutamente necesario recuperar su condición. Aquello lo mantuvo concentrado mayor parte del tiempo.

Sin embargo, cuando no estaba entrenando hasta la extenuación, no podía evitar que su mente divagara por cuenta propia. Divagaba mucho con incógnitas del motivo de que no tuviera noticias de los demás, de lo que habrian descubierto, y si en efecto, como Hange había predicho, los habían conducido directamente a una trampa. Entonces venían pensamientos más oscuros y pensaba en la posibilidad de que alguno, si no todos, estuvieran heridos o muertos. Si habían sido de nuevo traicionados y no encontraron más indulgencias para con ellos. O incluso si había sido abandonado a su suerte y por tiempo indefinido allí mientras los demás seguían su camino sin él…

Esos pensamientos lo atormentaban. Y a medida que los días pasaban y seguía sin recibir noticias, alguna palabra o pista que le dijera que había pasado, la inquietud aumentaba.

Aunque, igualmente, otra parte de su tiempo y pensamientos tomaban otro rumbo completamente distinto. Se dirigian a Mikasa. Sólo ella. Pensaba mucho en su último encuentro con ella. Pensaba en las razones de que ella hubiera optado por mostrarse abierta y casi amigable con él. Pensaba en lo que estuvo a punto de decirle si Annie no los hubiera interrumpido, en el magnetismo que sintió en solo esos escasos instantes en su presencia, al igual que pensaba en cuál habría sido la reacción de ella si Levi hubiera tenido la oportunidad de revelarle lo que estuvo a punto de hacer: confesar sus sentimientos.

Reflexionaba sobre ellos y la necesidad casi imperiosa de liberarlos que lo había embargado cuando se había separado de Mikasa en Ciudad Subterranea. Casi que el mismo ardor de estos lo hizo arrepentirse de mantenerlos en la oscuridad de su interior. Reflexiono en la pena que sintió cuando creyó que estaba muerto y nunca pudo decirle lo especial que era. Lo especial que era esta pizca de felicidad y bienestar que lo embargaba al pensar en ella. Y reflexionó, más que todo, en porqué no lo había hecho cuando tuvo la oportunidad dado que se había dicho que lo haría en la primera oportunidad que tuviera.

Es cierto que Annie se había aparecido en el momento más inoportuno, pero eso no quería decir que no hubiera podido despacharla rápidamente o buscar otro momento con Mikasa antes de que se hubiera marchado y retomar la conversación en el punto en que lo habían dejado.

Lo que pasó fue que, la interrupción de Annie cayó como un alivio, un salvavidas. Su gallardía se había esfumado rápidamente y un fantasma se había alzado en su mente: las dudas.

Levi tenía dudas. Dudaba de si mismo y de la determinación que había tomado. Es cierto, quería decirle a Mikasa cómo sorprendentemente su cariño y estima por ella se había transformado en algo más profundo sin siquiera proponérselo. Tenía claro eso y era honestidad lo que quería expresarle. Pero consideraba que había un riesgo en hacerlo y era el confundir a Mikasa acerca de sus propios sentimientos. Temía que esto solo la hiciera sentir obligada a corresponder algo que en el fondo no deseara porque Levi sentía que aún estaba ese alguien al que se aferraba. Y quería respetar eso. Pero sabía también que era débil con ella, cuando estaba junto a ella lo nublaban otras emociones. Temía que en el calor del momento le bastara con una mirada, una palabra, un gesto de su parte o incluso su propia imaginación distorsionara la realidad y lo hiciera tomar más de lo que en realidad debía permitirse. Casi lo había hecho de nuevo en esa cocina.

En repetidas concluyó para si mismo que no debería desear más porque sabía que, lo que sea que consiguiera, podría ser efímero y pasajero, y Levi, hablando desde su propia vanidad y su propia estima, no quería ser algo tan fugaz y poco memorable. Nada a medias. Él tenía su propio orgullo también. Y tenia que aferrarse a esta idea para la próxima vez que volviera a flaquear.

Y así pasaron los días para él, entre cavilaciones y ejercicios hasta que llegó el momento en que se hartó de las incertidumbres y el eco tortuoso de sus pensamientos. Empezó a planear y coordinar con Annie el plan para su fuga sin más dilaciones, ni esperas. Y así llegábamos al presente.

Levi apartó su mirada de la casa ardiente y se obligó a mirar hacia el soldado inconsciente que tenía amordazado a los pies con un gran hematoma en la frente. Varios de sus compañeros se encontraban en igual estado, alineados junto a la cerca. Se agachó para recoger el balde con agua que había traído y se lo aventó en el rostro para que el tipo reaccionara. Con sobresalto y espasmos el tipo despertó mientras Levi se inclinaba. Agarró su cabello para levantar su mirada y cuando sus ojos se enfocaron en los suyos, Levi habló con voz helada.

- Dime, ¿dónde encuentro a Hange y mi escuadrón?

El tipo se estremeció de pavor involuntariamente.


Una hora después, con un equipo que habia hurtado de uno de sus guardias, Levi estaba ajustándose los últimos broches de las correas cuando Annie llegó junto a él con otro ya puesto.

- ¿Tuviste suerte? - preguntó Levi cuando se percató de su presencia. Ella negó sombríamente con la cabeza.

- Papá no es tan importante para que alguien se haya tomado la molestia de memorizar su rostro o su nombre.

Levi suspiró. Otra de las tantas inquietudes que lo habían agobiado durante el encierro fue enterarse de la desaparición del padre de Annie.

Annie le había explicado que debido a su ausencia y el devenir de los hechos, los demás tuvieron que tomar la decisión de proceder bajo su propio criterio asumiendo los riesgos inherentes a estos aún cuando Levi hubiera entendido si hubieran seguido manteniendo un bajo perfil. Pero, como no fue así, independientemente de si se tratara de que él hubiera o no consentido su proceder, los resultados fueran cuales fueran, caían bajo su responsabilidad. Tal como se lo había insinuado Hange tantas veces: ya que él se había tomado a la tarea de reclutarlos para sus fines, también tenía que responder por lo que pudiera sucederle a ellos. Tenía que recordar que sin importar su pasado, ni su procedencia o historial, no podía simplemente considerarlos como herramientas desechables.

Levi terminó con las correas rápidamente para mirar fijamente a Annie.

- Estamos fuera. Como prometí eres libre de irte por tu cuenta. Tal vez encuentres alguna pista sobre el paradero del viejo en muros interiores. Puedes encontrar alguna pista con alguno de los informantes que conocemos. Quisiera poder ayudarte más. - expresó con sinceridad pero ella solo apartó la mirada y cruzó los brazos sobre el pecho.

Levi no la podía culpar por su desdén, era fácil preguntar por Hange o cualquiera de los chicos de su escuadrón para que cualquiera supiera a quién se refería. Pero, ¿el padre de Annie? ¿Quien no tenía ninguna conexión con el ejército más que con Levi, y que era uno más del montón de eldianos de Marley que vivían en la isla? Sería una suerte que alguien lo reconociera o le importara.

Levi volvió a dirigirse a ella.

- No puedo prometer ir a ayudarte en la búsqueda una vez me encuentre con Hange y los demás porque no sé en qué situación están ellos o si siquiera pueda considerar la idea de dejarlos. No con la que parece ser nuestra situación actual. Mi única recomendación es que si lo encuentras, vete con él al distrito más lejano posible o incluso se internen en las montañas, lo que sea en tanto no vuelvas con nosotros. No es ningún secreto que los problemas y la muerte nos siguen últimamente.

- Eso es un punto - murmuró Annie con íronia por lo bajo con un rodamiento de ojos e hizo un mohín de amargura que a Levi no se le escapó.

- ¿Qué pasa?

El índice de Annie empezó a moverse contra su codo rápidamente mientras lo miraba de soslayo, dubitativa. Sin querer confiar en Levi pero sabiendo que es el único aliado en el momento. El único que estaba allí para escucharla, literal y figurativamente. Finalmente, dejó escapar un suspiro resignado antes de hablar.

- Sé que debería sentirme aliviada por esta oportunidad. Más de una vez se me ha remarcado que nada de esto tiene porqué incumbirme y que ni siquiera hago parte del equipo para tener una opinión en esto. Sin embargo, ¡joder!, me siento tan involucrada que me fastidia solamente la idea de que me dejen atrás - Annie encogió los hombros con molestia, frustrada - Ser dejada atrás siempre ha parecido el patrón de mi vida... Supongo que no puedo quejarme dado todo el mal que alguna vez ocasioné... Sin importar el tiempo que pase o lo que haga, el pasado nunca se borrará. Esto siempre me pondrá en un lugar aparte de los demás…

Annie se mordió el labio para frenar el repentino afluente de emociones que parecían querer manar sin control fuera de ella. Sus orejas empezaron a ponerse rojas, pero Levi ignoró este detalle de su anatomía.

Para él, Annie era otra mujer muy parecida a Mikasa e incluso a él. Era reservada, poco expresiva y fría. Incluso algo asocial. Con un pasado oscuro. La verdad no era muy diferente a ellos. Por eso, no le parecia extraño haberse dado cuenta que Annie hubiera resentido un poco que ninguno de ellos hubiera hecho un esfuerzo o hubiera siquiera sugerido incluirla en el encuentro con Historia. Habían convocado al escuadrón de Levi en específico y al dejarla atrás quedaba nuevamente en claro que ella no hacía parte de este. Incluso Hange que era externa al equipo había ido, incluso Levi que era el capitán se había quedado. Pero nadie pensó en Annie. O eso es lo que ella creía. Hasta cierto punto, el asunto era algo ridículo, pero Levi comprendía y ya no se sorprendía por hacerlo a este punto. Annie podía llegar a ser tan práctica y útil como sensible y voluble, al igual que sus otros subordinados. Era joven y tenía mucho que aprender. Al igual que cualquiera de ellos.

Ladeó la cabeza, pensativo. Era curioso pensar en cuanto las cosas podían cambiar. En un principio, Levi detestó a Annie por considerarla inescrupulosa y asesinar sin miramientos y horror a muchos, demasiados, colegas y amigos. Sin embargo, a pesar de que no era ningún religioso, creía en el perdón y en la redención de los pecados. Y podía llamar un éxito a Annie.

Levi suspiró con cansancio.

- Ya no se trata de que esté haciendo esto como un favor que piense cobrar después. - dijo él después de un rato - El viejo me cae bien e incluso, si pienso en Gabi y Falco, ellos son solo críos a los que quiero apoyar y servir de guía. Cometiste errores pero tomaste la decisión de enfrentarlos y dar la cara por ellos. Lo aprecio realmente. Por eso, quiero que te metas en esa cabeza de pelos rubios que esto hace mucho dejó de tratarse de una manera de curar resentimientos o de buscar un ajuste de cuentas, Leonheart. Hace tiempo que pienso en ti como otro miembro más de la escuadra.

Levi estaba convencido de que la mayor y más madura retribución que podía haber hecho por las muertes de su antiguo escuadrón no era la de cobrar venganza, sino el corregir y concientizar por un mejor sendero a la que fue entonces una de las mayores perpetradoras de la vida en la isla. Cambiarla a una mejor persona.

Annie tomó sus palabras con un estremecimiento dándose cuenta de las amables palabras que estaba recibiendo de la persona menos esperada, pero se sacudió los sentimientos a flor de piel e intentó mostrarse imperturbada mientras le daba la espalda.

- Buscaré a papá - señaló ella a lo que Levi asintió en acuerdo. Annie vaciló un poco antes de volver a hablar - Regresaré. - Levi asintió nuevamente, entendiendo.

Sin más largas al asunto ni despedidas que eran innecesarias e impropias del carácter de ambos, partieron caminos separados con sinceros deseos por el éxito en la empresa del otro.


Levi sabía que el plan que había ejecutado para escapar de la casa de seguridad había estado lejos de ser un plan maestro, y más aún dado el detalle culmine de incinerar la casa alertando a todo el mundo de su escape. Pero aún omitiendo eso último, Levi había trabajado durante horas junto con Annie en su ruta de escape. Habían inspeccionado cada rincón, cada ventana y cada cerrojo en la búsqueda de las fallas que podrían tomar como ventaja para su escape. Producto de todo ese análisis habían llegado hasta el estrecho y polvoriento desván donde descansaba un pequeño tragaluz cuyo marco fue el seleccionado para forzar. Les llevó su tiempo desprender la barrera y tuvieron que ser precavidos de que su esfuerzo no fuera alertado por las patrullas, pero al final, lograron despejar la abertura. Y cuando fue el tiempo propicio, se deslizaron fuera de allí con las sombras y empezaron a encargarse de cada soldado y patrulla previamente estudiada.

Lo importante a resaltar en todo esto era finalmente el profesionalismo y perspicacia empleados para la tarea. La estructuración del plan, la recopilación de datos, las horas invertidas y los demás detalles que sumaron para hacer de un éxito la fuga, aún considerando que Levi era el más tosco y menos ingenioso para las estrategias.

Por eso, varias horas después de abandonar la casona, cuando la tarde caía y el sol hacía su descenso como de costumbre, Levi no podía creer lo que lograban vislumbrar sus ojos entre el follaje y la distancia. Una pantomima de una catástrofe a punto de desatarse.

Había por lo menos una veintena de soldados esparcidos por el frente de una fortaleza, estupefactos en su lugar por lo que sucedía entre ellos y la misma estructura pues, entre ellos, había una barrera compuesta de soldados, desnudos de la cintura para arriba, con las manos inmovilizadas a la espalda, la boca amordazada y los ojos vendados con retazos de tela cortada. Cada uno de ellos estaba unido al compañero a su lado por amarres en los codos y casi que estaban de pie en perfecta formación gracias a los palos que llevaban atravesados en el hueco entre su espalda y sus brazos. Detrás de esta barrera humana estaban todos los miembros del escuadrón y Hange para alivio de Levi. Pero no eran los únicos porque mezclados entre ellos, con gran sorpresa vio que se encontraban Gabi y Falco además de otras personas que no reconocía pero sus vestimentas le dieron una idea de quienes podrían tratarse.

Lo más desconcertante en toda la imagen era el porte desaliñado y sombrío de su escuadrón. Marcas en el rostro, los brazos, la ropa desgarrada a propósito, algunos tenían cuchillas y pistolas en sus manos, otros tenían porras y cuchillos de carnicero a la vista. Levi se dio cuenta que esto era un esfuerzo para verse intimidantes y rebeldes porque esa era la impresión que daba. Sin embargo, no lo entendía y se le hacía ridículo. Pero antes de siquiera poder darle un segundo pensamiento a esto, la escena ante él siguió desenvolviéndose. Como si de una obra se tratara y él fuera el espectador retomando la función después de un descanso.

- ¡No se volverá a repetir! ¡Esta es la última advertencia para rendirse! ¡Las manos sobre la cabeza! - Exclamó un tipo barbudo con el cabello oscuro y el que parecia ser la persona a cargo del puñado de soldados.

Hange, quien llevaba un trozo de tela sobre la cabeza a modo de bandana y la camisa abierta revelando el top de debajo, dio un paso al frente.

- ¡Y esta es la última vez que lo voy a repetir yo! ¡Despejen el camino o asuman las consecuencias! - dijo de vuelta ella haciendo una seña hacia Connie quien llevaba unas franjas gemelas de carbón en ambas mejillas. Este dio un paso adelante y golpeó la parte trasera de la rodilla del primer tipo en línea para que se arrodillara. Esta sola acción fue suficiente para que los demás compañeros en fila cayeran en efecto domino sobre sus rodillas entre gruñidos y quejidos de dolor.

Levi frunció el ceño cuando seguidamente fue Jean el que se acercó y apoyó el filo de una botella rota sobre la garganta de uno de los tipos. Tenía un garrote en la espalda y la camisa a medio desabotonar. Los soldados se removieron incómodos y ansiosos. Sin embargo, a pesar de lo que parecía ser una sangrienta amenaza, el líder de la división no se inmutó por la acción.

- La conocemos, comandante Hange. Usted no tomará la vida de esos hombres a sangre fría. Y si lo hace, entonces nos equivocamos con usted, por lo que no mostraremos ninguna piedad. Y esta vez no habrá nadie que se pueda interponer a esa decisión.

- Te refieres a la reina, ¿cierto? - Hange se tallo el oído con el meñique - Lo sabemos. Ella ha garantizado nuestras vidas hasta ahora. Por eso sabemos que podemos irnos libremente. E incluso si no contaramos con eso, nos vamos. Ahora. ¡Dejen de interponerse en el camino, estúpidos mocosos! - zanjó con un movimiento feroz del brazo.

El tipo estaba lejos de ser un mocoso. Pero era un crío si se comparaba con la trayectoria de Hange. En realidad, ninguno de los soldados de allí podría comparar siquiera su experiencia o sacrificios con ninguno del escuadrón.

Se levantaron murmuraciones entres los soldados, e incluso el tipo a cargo intercambió algunas palabras con las personas a su alrededor. Levi estaba muy lejos para lograr discernir algo de ellos o del otro grupo que parecía también estar teniendo su pequeña conferencia. Parecía que esto se iba a prolongar por horas, pero finalmente el tipo volvió a alzar la voz después de unos tensos minutos.

- Nosotros esperábamos que decidieran quedarse. Pueden hacer mucho desde acá. Necesitamos de su sabiduría y su fuerza para lo que se viene. De todos ustedes.

- No aceptamos los términos. Nos vamos - Hange cruzó los brazos.

El tipo frunció el entrecejo. Su mirada se desvió de Hange hacia las otras personas que la acompañaban con odio.

- Estoy seguro que ellos no estaban incluidos en el trato - señaló entonces hacia los prisioneros de Marley entre ellos, quienes se habían mantenido callados e inadvertidos hasta el momento.

Hange les dio una breve mirada a ellos antes de volver a dirigirse a la división.

- Ellos vienen con nosotros. Dispusieron la vida de estas cuatro personas en mis manos para tomarlas y eso es lo que haré. Las tomaré y me las llevaré conmigo.

- ¡Inadmisible! Esto está fuera de discusión. Ellos son escoria, que han matado y si se les da la oportunidad seguirán matando a los nuestros. ¡Ellos deben morir por su mano o la nuestra! - recalcó empuñando el mango de la pistola antipersona que llevaba en el cinturón.

Como una señal, todos los demás soldados en la división tomaron sus armas y cuchillas. Los otros también se alertaron por esto.

- ¡Por favor! - Armin tomó un paso al frente ansioso por lo que se venía suceder. Su cabello era una maraña de pelos que apuntaba hacia todos lados y llevaba un pañuelo atado al cuello. Era el más decente a opinión de Levi - Si el destino de ellos es morir, así lo harán eventualmente. Si no es aquí lo harán en su tierra, en el mar o las mismas inclemencias del trayecto hacia su hogar lo harán. Ustedes saben que ya no existe lugar seguro sobre la tierra. Por eso, no lleguemos a ese extremo ahora. Nos aseguraremos de que ellos no vuelvan a acercarse a las murallas. - exclamó en ruego.

Se instaló el silencio y la tensión en vez de aligerarse, creció con cada segundo. Levi noto a Mikasa acercarse sigilosamente hacia el frente. Retornó su vista hacia el líder de la división y descubrió que no había ningún rastro de querer ceder en su mirada. Levi se preparó desde su escondrijo para salir en cualquier momento.

- No lo entienden - el tipo negó varias veces con la cabeza, su gesto triste - Ustedes deben quedarse dentro de las murallas. - dijo con especial énfasis - Floch nos advirtió del riesgo de que ustedes se convirtieran en un obstáculo para Eren Jaeger si abandonaban el reino… - apretó el puño con fuerza - Por el éxito de la empresa de Eren, por la garantía de la supervivencia de la isla y porque los demás reciban su justo castigo, ¡ustedes no deben abandonar la isla! - lo último fue dictado con voz de trueno mientras sacaba finalmente la pistola y estiraba el brazo para apuntar hacia ellos. Varios soldados copiaron su acción.

Ante esto, Mikasa rodeo a Armin con pasos ligeros hasta ser un escudo para su amigo. Las mangas de su camisa habían sido arrancadas y se podía apreciar la tensión de sus músculos. Esta vez fue ella la que se enfrentó al tipo.

- Así que, si no se nos es permitido abandonar el reino y nosotros nos rehusamos a permanecer un solo minuto más acá, ¿en qué situación nos deja eso? - preguntó ella con voz sombría y levantando una cuchilla que seguramente había sido robada a alguno de los guardias, extendió el brazo con la punta dirigida hacia el líder de la división. Como un reto y una promesa de sangre.

Aunque la acción podría haber parecido ridícula o incluso hasta cómica dado que no había duda de cual arma era más efectiva y veloz para fulminar en el acto, no había duda que un par de cuchillas en las manos de Mikasa Ackerman podían ser igual o incluso más letales que el arma que el hombre portaba.

- Es triste y decepcionante, ya todo queda claro ahora. - exclamó Hange llamando la atención de todos - Esto no terminará bien. ¡Jean, Connie, pongan a descansar a estos muchachos!

Los rehenes quienes habían estado callados hasta el momento, soltaron gritos contenidos por la mordaza al escuchar la orden de Hange. Un segundo después sus caras estaban estampadas contra la tierra. Aún vivos, aún asustados y ahora confundidos pues en vez de una estocada por la espalda habían recibido una patada que los había mandado a todos de cara al suelo.

Jean y Connie retrocedieron hasta posicionarse junto a Mikasa con otro juego de armas de fuego y cortopunzantes empuñadas. Armin había retrocedido a la retaguardia junto a los de Marley, y Hange en medio de todos tenía los disparadores del único EM3D del que habían logrado apoderarse listos. Algo oscuro se había posado en su mirada.

- No matamos a sangre fría, pero eso no significa que no estemos preparados para hacerlo. Así que, como última advertencia, ¡fuera de mi camino!

La sentencia trajo consigo una ola de vacilación y temor sobre los soldados opositores, Levi pudo verlo, y sumado el instante de terror de casi presenciar la ejecución de sus compañeros esto había incrementado la ansiedad, casi haciéndola paralizante con la inevitabilidad de que estaban a punto de enfrentarse a reconocidas figuras del ejército. Sin embargo, vio que nada de esto había afectado la templanza del líder, y si lo hizo, fue lo bastante profesional de no mostrar alguna turbación en su estado. Al ser la cabeza que miraban todos, la voz que tomaba el mando, tenía la responsabilidad de servir como eje de sujeción a su puñado de soldados. Levi entendía el rol. Era el papel del líder. Del capitán.

Sabía que en ese momento miles de pensamientos estaban corriendo a gran velocidad en la cabeza del hombre. Solo había un instante entre la decisión y la acción para apretar el gatillo en su mano y poner en movimiento a sus soldados. El gatillo de una pistola que aún tenía como objetivo a Mikasa se recordó Levi. Por eso, aun antes de que ese instante pasara y ellos hicieran su primer ataque, en un movimiento fugaz sacó el cuchillo que llevaba consigo de la bota de su zapato y lo lanzó con fuerza. La hoja del cuchillo atravesó la mano del sujeto de dorso a palma y solo frenó cuando se ancló al árbol cercano. Un segundo después se escuchó el aullido de sorpresa y dolor del hombre.

La estupefacción invadió a todos los presentes que miraron de un lado a otro entre la dolorosa escena del hombre en el árbol hacia el punto entre el follaje donde había provenido el proyectil. Levi finalmente dejó la oscuridad y el cobijo de la naturaleza y se reveló a los demás, haciendo que su sola presencia hiciera retroceder inconscientemente a unos cuantos.

- Yo sí puedo matar a sangre fría. No me importa - sentenció él con su voz grave hacia los demás. Varios tragaron saliva pesadamente ante sus palabras.

Pero, sorprendentemente, sobreponiéndose al dolor y al shock, en un movimiento brusco pero preciso el líder retrajo el cuchillo de su mano ahogando un grito de agonía con sus dientes y haciendo sangrar su labio en el proceso. Apuntó a Levi con el mismo cuchillo ensangrentado y le dirigió una mirada de ira desbordante. No podía negar que había que aplaudir la bravura del hombre y pensó que era una lástima que la situación de ahora los pusiera de enemigos a ambos.

- ¡Matenlos! - vociferó el hombre cuyo nombre nadie nunca pudo conocer antes de que el caos y el fuego estallara en la más terrible violencia.


Llevaban huyendo casi sin parar por ocho horas antes de que decidieran que necesitaban un descanso más largo que diez minutos. La noche ya había caído hace rato y habían logrado llegar lo bastante lejos hasta uno de las zonas más frondosas y de difícil acceso de la isla, donde encontraron refugio entre el follaje, cerca de un arroyo para refrescarse. Pero lejos de que alguien se tomara la molestia de montar una fogata para la noche, se ofreciera a buscar suministros, o se molestase en presentar a los extraños que vinieron con ellos o incluso quisiera darle explicaciones detalladas a Levi de lo que obviamente aún no se enteraba, pero empezaba a sospechar, con gran decepción vio a cada uno de sus subordinados tomar distancia y rendirse al cansancio. Apartados de sí mismos, en sí mismos, y del mundo.

Levi también estaba agotado, pero necesitaba salir de la oscuridad de una vez. Por eso se acercó a la única persona que sabía que iba a entender su situación.

- Hange - llamó Levi hincando una rodilla sobre la tierra al lado de ella. Ella levantó la mirada del proceso de sutura al que estaba sometiendo el corte de un brazo. No era profundo pero sí lo bastante largo para hacer del proceso martirizante y formar una capa de sudor sobre la frente de Hange.

- Hey, Levi - lo saludó ella de vuelta con una media sonrisa que no le llegó a los ojos.

Levi le hizo señas para que le dejara hacer el trabajo y ella así lo hizo, soltando un suspiro agradecida. Pasaron varios segundos de silencio mientras Levi hacía la tarea con diligencia hasta que fue su turno de soltar un suspiro.

- Por favor, Hange. Que este no sea el momento en que decides ser callada y discreta. Dime todo.

Hange hizo una mueca de disgusto.

- Estoy tratando de pensar en la mejor manera de decírtelo. ¿Quizás para después del desayuno?

- No necesito de ningún preámbulo, ni que lo adornes para mí - soltó con un bufido Levi - Solo suéltalo.

Hange se mordió el labio y lo observó por el rabillo del ojo, mostrando su malestar y renuencia a hacerlo. Levi quería entender el motivo, por lo que le devolvió la mirada insistente. Así duraron varios minutos hasta que ella cedió con disgusto. Para entonces, Levi ya había terminado con los puntos y esperaba por ella.

- Ya debes haberlo deducido. Pero poniéndolo en términos claros y directos, ya no hay nada remotamente salvable respecto al reino. Ya la transición del régimen es un hecho. Este nuevo movimiento juvenil de los Jaegueristas lo hizo. - Hange chasqueó los dedos - Eliminó a los que debía para poner a los suyos en el poder y ofreció otras garantías a los pocos renuentes para hacer de esto un proceso clemente y justo ante el público. Me temo que Pixis ya no esté con nosotros o si lo está, estará muy lejos de nuestro alcance… - Hange negó con la cabeza con tristeza.

- ¿Qué hay con ellos? - señaló Levi hacia los extranjeros de las murallas. El adulto y la mujer estaban recostados contra un árbol hablando en murmullos entre sí. Por otro lado, Gabi y Falco solo les bastó tocar el suelo para caer profundamente dormidos.

Respecto a estos dos últimos, Levi estaba aliviado de verlos. Podía al menos tachar sus nombres de su lista de pendientes. Aún le faltaba saber el paradero del padre de Annie para estar totalmente aliviado respecto a ese asunto. Al menos con ellos dos allí, podría asegurarse de ponerlos a resguardo y alejarlos de todo este caos y violencia que era su vida.

- Sus vidas eran el precio que se nos impuso para recuperar nuestros derechos dentro de las murallas. - Hange negó con la cabeza - Pero ahora yo los veo como nuestro recordatorio de que sin importar que tan mal las cosas pinten, ninguna vida vale más o menos que la de otro… - dijo mientras se le humedecia el ojo - Recuerda eso, Levi. ¡Nadie es superior aquí! Ni ellos, ni los ciudadanos de las murallas, ni nosotros. Sufrimos un montón, sacrificamos a demasiados, ¿pero eso es motivo suficiente para justificar una masacre? - Hange se llevó una mano a la sien con malestar, recordando algo - Aunque tal vez estoy siendo de nuevo hipócrita con mis palabras y mis acciones, ¿no acabamos de tomar la vida de esos soldados por nuestra cuenta para nuestra propia supervivencia? Tal vez si hubiéramos cedido y accedido a permanecer hubiera pensado en otra manera de escapar sin necesidad de…

- Basta, Hange - Levi posó una mano en su hombro para frenar su creciente histeria - No lo hagas. No lamentes las decisiones que ya hemos tomado y no se pueden reversar. Solo vive con ellas. - era más fácil decirlo que hacerlo, pero era una de las conocidas filosofías que compartían. No lo lamentes, haz que la decisión tomada valga la pena - Te conozco. Sé que no peleamos para salir solo para vivir como nómadas en las montañas. Termina de contarme, Hange. ¿Qué pasa? ¿Qué es eso del peligro de afuera que mencionaron? ¿Qué es eso que hizo que hayas decidido abandonar la meta de recuperar el reino y, más importante, salvar a los camaradas que aún deben estar cautivos?

Hange se encogió como si el último comentario hubiera caído junto con un golpe. Pero Levi no era de los que media sus palabras para hablar o se molestaba en poner filtros a sus pensamientos. Tenía que entender la razón de que huyeran como renegados y dejaran atrás a personas como Dot Pixis y el señor Leonheart a la deriva y sin ayuda.

Hange lo miró dolida, pero no le reprochó su elección de palabras.

- Es Eren - dijo ella con simplicidad, como si eso fuera una respuesta clara para Levi. Pero no lo era aún. Rebuscó en el bolsillo del abrigo que había descartado junto a ella y le entregó un sobre - Miralo tú mismo. Después ven y dime si lo que hice fue lo incorrecto. - Hange bajo la mirada considerando en algo más que decirle, pero negó con la cabeza y lo miró con pesar. Habia un alto grado de cansancio que él no había notado en ella - Y lo siento.

Levi enarcó una ceja en duda.

- Ya te darás cuenta - dijo ella mientras su mirada se desviaba hacia las figuras dispersas en la oscuridad que Levi sabía pertenecían a algunos de sus subordinados.

Aquello le dio un estremecimiento pero no quiso presionar más a Hange. Le dio un ligero apretón en el hombro y la dejó sola, a la tenue luz de una lámpara, y busco su propio espacio apretando el sobre en su manos, sabiendo que lo que revelara sería para dejarlo en igual o en peor estado que Hange.


Lo había venido sospechando todo el día desde el momento en que la vio. Sus gestos, su comportamiento, incluso su forma de caminar, cómo rehuía el contacto físico a menos que fuera necesario y sus ojos nunca se encontraban con los de los demás en las escasas ocasiones en las que se había visto hablar. Luego, ella se levantó varias horas después en medio de la noche, aún a un par de horas de que incluso se asomara la primera luz del alba. La sospecha aumentó por el caminar sigiloso casi imperceptible de sus pasos y sus movimientos alejándose. Pasaron varios minutos sin que ella regresara, entonces lo supo con seguridad.

Con el mismo sigilo, Levi se incorporó y siguió el mismo sendero que la había visto tomar. A cada paso se hacía más claro y audible el sonido de la corriente del arroyo cercano. Y aunque no tenía esperanzas de encontrarla ahí, sucedió que allí estaba todavía. Al borde de la corriente, sobre sus rodillas, las palmas apoyadas sobre la tierra y la cabeza caída entre los hombros. Era una postura de vulnerabilidad, por lo que Levi consideró dar marcha atrás y no importunar con su presencia. Sin embargo, a pesar de este pensamiento, sus pies no se movieron de su lugar.

Así pasaron varios minutos, en los que ella no se movió ni un centímetro de su postura. Si no fuera por la corriente ondulante del arroyo siempre corriendo, Levi hubiera pensado que el tiempo se había suspendido en ese solo instante.

Sin embargo, en determinado momento su cuerpo volvió a la vida y extendió sus manos hacia el arroyo para salpicarse agua en la cara. Tomó un respiro tembloroso antes de incorporarse lentamente sobre sus pies inestables, su cuerpo se estremecía y parecía débil, enferma. Se tambaleó hacia atrás, cayendo. Sin pensarlo, Levi estuvo detrás de ella tomándola de los hombros para darle soporte. Su peso cayó sobre su pecho. Y sin soltarla, Levi bajó junto con ella al suelo.

- ¿Qué te pasa? - preguntó suavemente apartando los mechones de cabello mojado de su rostro. Sus ojos estaban cerrados.

Sacó un pañuelo de su bolsillo trasero para secar su rostro, pero antes de siquiera poder tocarla la mano de ella interceptó la suya y Mikasa abrió los ojos. Lúcidos. Cansinos, tristes, pero sanos. No se trataba de un colapso como creyó en un principio.

- Estoy bien. - se incorporó de su pecho, quitándole de paso el pañuelo de la mano para ella misma secarse el rostro. Levi arqueó una ceja confundido, dándose cuenta que no había tal debilidad en sus movimientos. Ella notó su gesto - No me gusta el acecho. Asi que jugué al papel de la princesa en apuros para que saliera.

Levi sintió que se avergonzaba por ser descubierto de esa forma, pero no lo demostró.

- Así que ya sabías que estaba ahí. Genial - Levi hizo una mueca de disgusto - Y no te estaba acechando. Solo parecías en medio de una plegaria a la luna y las estrellas y no quería interrumpir.

Mikasa rodó los ojos pero no comentó nada y terminó de secarse el rostro en silencio. Levi se dio cuenta que aún mantenía su propia palma abierta contra la espalda de ella así que discretamente la apartó y se limitó a observarla. Cuando ella acabó, en vez de regresarle el pañuelo, le devolvió la misma mirada inquisitiva.

- Así que, ¿qué pasa? Supongo que vino a decirme algo.

Levi no se sorprendió por su falta de tacto, es mas aprobaba que fuera directa y consideraba justo que él explicara primero su aparición repentina.

Se dio cuenta que sin premeditarlo, se había abierto un pequeño espacio de diálogo para los dos. Hincado aún en el suelo, Levi relajó su postura y tras observarla un rato más empezó a hablar.

- Hoy vi de nuevo esa expresión oscura que vi por primera vez en la corte. - la mirada asesina, los ojos como puntas de alfiler. Era toda una vista para recordar - Ya te lo he dicho antes, pero a pesar de que admiro la temeridad siempre he tenido una queja con esta faceta. Y es que te concentras tanto en tu objetivo que sueles descuidar tu espalda. Te presionas tanto hacia adelante que no mides que tanto daño puedes estar tomando por esto. Entonces se convierte en un riesgo no solo para ti, sino para los que te rodean.

- ¿Qué fue lo que hice mal hoy? - preguntó Mikasa con el ceño fruncido.

Levi negó ligeramente con la cabeza para sorpresa de ella.

- No hay nada malo. Hoy lo manejaste bien por tu cuenta - remarco él.

Durante la refriega del día, como era usual en esas situaciones mortales, Levi no había perdido de vista a ninguno de los suyos. Mikasa sin ser la excepción. Pero como había mencionado, todo lo que Levi había alcanzado a observar había sido fino, certero y mesurado a pesar de la tendencia a ser brutal. Había serenidad y contención aunque su mirada reflejara todo lo contrario.

Mikasa le devolvió la mirada confundida.

- Incluso toma años de entrenamiento controlar las emociones y que ellas no te controlen a ti. Has dominado el arte de separar las emociones cuando se necesita la mesura y la practicidad de un soldado… - Mikasa no pudo ocultar la incomodidad que provocaron sus palabras, incluso Levi suspiró por la pesadez de estas y eso que a él no le gustaba dar rodeos - Solo es mi torpe manera de decirte que me doy cuenta de que te has superado y que no puedo verte más decidida y enfocada con lo que has decidido… Te vas.

Ante esto último Mikasa se enderezo tomada por sorpresa. Abrió la boca un par de veces sin que algún sonido saliera de ella hasta que sacudió la cabeza para sobreponerse. Frunció el ceño y aunque no se movió de su lugar, es como si hubiera abierto un abismo entre los dos.

- …¿Qué le hace creer eso? - en un instante Mikasa había vuelto a la defensiva con él.

Levi mantuvo la calma.

- No necesito verte con equipaje al hombro para deducir que estas a punto de irte. Ya te lo dije. Lo vi hoy en tu comportamiento.

- ¿Porque estuve en… control? - Mikasa bufó con incredulidad - Encuentro eso difícilmente como una razón para suponer mi decisión de irme.

- Tienes un punto. Al igual que los demás te peleaste tu camino por liberarte. Por llegar hasta aquí. Pero lo que vi desde entonces, como te veo ahora - señaló hacia ella misma - me sospechaba que saliste con otros propósitos muy diferentes de allí. Y solo después de enterarme de lo de Eren, lo sé con seguridad. Te vas. - Mikasa abrió la boca con una réplica a punto de salir, pero Levi intuyendolo se le adelantó - Deja de discutir conmigo, Mikasa. Aceptalo.

Mikasa cerró los labios en una fina línea y apretó los puños a un lado. Si no fuera por la escasa luminiscencia Levi apostaría que un rubor había subido a su rostro.

- No estoy discutiendo - Mikasa desvió la mirada hacia un lado - Es verdad, estoy yéndome. ¿Está aquí para detenerme?

Esta vez el incrédulo fue Levi. Negó con la cabeza.

- No. Pero, ¿esperas que alguien lo haga? - ¿Por eso estaba aquí aún después de varios minutos? ¿esperando? Levi sacudió la cabeza - Solo dime la razón. Porque si es por lo que creo, entonces tengo que decirte que quizás todos vayamos por el mismo camino. No tienes que apartarte.

- El mismo camino - repitió Mikasa lentamente con el ceño fruncido - Quiere decir Eren, ¿cierto? ¿Cuál piensa que es mi meta ahora?

- Siendo sincero… - Levi suspiró - ir tras él. ¿No es eso en lo que ha terminado todos nuestros esfuerzos de estos últimos meses, años? Saber dónde diablos se ha metido Eren. Yo… - pauso un momento mientras se pasaba los dedos por el cabello. El asunto de Eren estaba aún muy reciente para él para tenerlo dominado - Aún no estoy seguro de los planes de Hange ahora, pero conociéndola, sé que meteremos nuestras manos en el asunto, de algún modo. Entonces, mi consejo es: no te precipites. Definitivamente llegaremos a él, en algún punto.

Mikasa negó con la cabeza varias veces.

- Está equivocado. - ella se sostuvo la frente con una mano en malestar - Solo estoy yéndome. Punto. Estoy cansada. No logro dormir. Me siento agotada. Y siendo sincera no quiero pasar por esto más. Estoy cansada de las luchas, los bandos, las amenazas y de estar perdiendo un pedazo de mi con cada día y cada golpe. No puedo con esto. He llegado a mi límite… y esta nueva noticia… - Mikasa se mordió el labio y se tallo los ojos tratando de recuperarse. Cuando bajó las manos del rostro, tenía una mirada feroz - No voy tras Eren. A partir de ahora no pienso darle ningún valor a mis días y pienso tomar egoístamente este escape, ¿que piensa de mi? ¿Me juzgará? ¿Me llevará de vuelta a la fuerza? ¿O estos cumplidos son su intento de manipularme para que me quede?

A Levi le molestaron estos últimos cuestionamientos, pero no lo demostró. Había una turbulencia en los ojos de ella que lo mantuvo anclado en su lugar, sin habla por varios segundos. Gritaban emergencia, exclamaban auxilio, escondían algo frágil a punto de desbordarse. Sin embargo, era la única ventana que daba a aquella vulnerabilidad que intentaba mantener a raya, porque el resto de ella, solo era rasgos duros y hoscos.

Levi parpadeo, pensando nuevamente en sus palabras, pero solo opto por encoger los hombros. No tenía razón para responder. Levi no quería volver a imponer su opinión sobre ella, tal vez era cierto que estaba jugando a un papel manipulador sin saberlo, no queria ni pensarlo. En cambio, bajó la mirada y se concentró en un punto fijo en el suelo.

- ¿No habías decidido empezar a tutearme?

Su comentario la tomó por sorpresa porque no dijo nada por unos segundos. Levi esperó pacientemente hasta que ella habló.

- Eso no responde mi pregunta - Tampoco responde la mia.

El silencio se asentó solo interrumpido por el sonido de las aguas corredizas del arroyo. Levi cerró los ojos dejando que este sonido lo embargara.

No era la primera señal, ni era una gran revelación para entonces, pero se daba cuenta que aún persistía en Mikasa ese temor a ser una decepción. A pesar del fuerte carácter que poseía, de enfrentarlo con la denuncia y posteriormente cara a cara en Ciudad Subterránea, y de mostrar un comportamiento independiente y valiente, aún vacilaba en sus pasos. No por miedo a reprimendas ni mucho menos al carácter de Levi, sino porque nunca ha confiado plenamente en sus decisiones, porque sabe que no son las correctas, porque cree que son merecedoras de juicio. Porque nunca va a estar en paz con ellas. Pelea con el deseo de seguir sus instintos, porque sabe que nunca la han llevado a nada bueno, porque más de una vez se le ha recriminado por ser insensata y poco racional. Y parte de eso ha sido culpa de Levi.

Un nudo se le formó en la boca del estómago.

- Si es lo que quieres, adelante - murmuró Levi solo lo bastante alto para hacerse oír después de un rato de pensar qué decir - No te detengas, Mikasa, solo continua caminando.

Mikasa agarró con brusquedad su brazo, instandolo a que la mirara al rostro.

- De nuevo, eso no responde mi pregunta - masculló ella nuevamente, con evidente frustración - Estoy tomando la decisión de desertar, abandonar mi puesto. Dejarlos. ¿Realmente no tiene algo que decir al respecto?

- No te voy a ordenar que regreses, si eso es lo que esperas. Tampoco voy a pedir que te quedes y lo sobrelleves como si esto no te afectara porque lo hace - Levi levantó la mirada molesto, recordando de repente épocas desagradables en las que Mikasa no era ella - No quiero ver de nuevo como te consumes y marchitas. Si realmente estás haciendo esto por ti, entonces ve, Mikasa. No voy a ser el que se interponga en tu camino. No esperes que lo haga.

La mirada de Mikasa estaba constreñida en una mueca de obstinación mezclada con tormento y se mordía los labios intentando mantenerse firme, que Levi hubiera mencionado su peor estado, la decepcionante versión de sí misma había sido claramente un golpe bajo. Su máscara se estaba cayendo muy rápidamente. Tal como vino, la molestia se esfumó y el deseo de confortarla lo embargó de pies a cabeza. Con un brazo rodeó a Mikasa para acercarla hacia él. Al principio y tomada por sorpresa, ella se resistió, pero solo bastó un poco de insistencia de su parte para que se dejara llevar hacia él.

Un beso estaba lejos de ser lo que ella necesitaba, incluso de lo que Levi tenía en mente. Pero una vez hecho era imposible negar que no era algo que ninguno de los dos esperara para este punto. Levi percibió el tremor rápido de sus latidos reverberando a través de él. Había una agitación en su ser que no comprendió hasta un momento después. Su corazón había caído en la cuenta antes que su mismo cerebro de que esto se trataba de una despedida.

Con este descubrimiento, Levi cortó el beso y la estrechó en un abrazo que resultó aún más íntimo que el beso. Hundió la nariz en el hueco entre su hombro y su cuello e inhaló profundamente sintiendo su pecho expandirse en el proceso de llenarse de lo que podía de ella. La piel de Mikasa se erizó en reacción. Con la cabeza ahora nublada de esencias y sensaciones melancólicas, los labios de Levi se movieron casi que por voluntad propia.

- Casi muero en Ciudad Subterranea. Fui a un lugar muy oscuro. - Levi se obligó a separarse de Mikasa solo lo justo para poder mirarla a los ojos. La respiración de ella era pesada - Pero creo que al ir allá, sentir la inevitabilidad de la muerte tan real y estar de vuelta de milagro, me hizo entender que enamorarme de ti ha sido lo mejor que me ha pasado y que sería una pena que no lo dijera.

Mikasa inhaló bruscamente y sin poder soportar el peso de su mirada y sus palabras, bajó la suya. Lento, muy gradualmente, Levi empezó a aflojar el agarre en ella. Muy despacio, ya que una vez que la soltara sabía que sería para que ella se fuera.

- Eso no cambia nada. - dijo ella en un murmullo casi inaudible, leyendo los pensamientos de Levi - Me voy.

- Lo sé.

Ante la seguridad de sus palabras, Mikasa jadeó como si de repente el aire se hubiera vuelto escaso para respirar. Apretó un puño contra el pecho de él, aferrando su camisa. Su mirada aún estaba caída.

- Ven conmigo - pidió ella con afectación.

Levi parpadeó sorprendido, pero la respuesta salió sin vacilación incluso sin tener que considerarla.

- No.

Había un sinfín de razones con las que Levi pudo haber acompañado su negativa. Principalmente las que involucraban su lealtad a Hange, pero no hizo falta agregar ninguna de ellas. Levi siempre había sido muy claro en ese aspecto para todos. Renunciar nunca sería una opción. Su rebelde corazón ya tenía dueño, y desafortunadamente no era Mikasa. Solo la causa. El deber. No podía otorgarle a Mikasa más que sus pensamientos y de una manera más poética, su alma, porque una parte de ella se estaba desprendiendo de él por su inminente partida.

Mikasa encontró su mirada nuevamente, no hubo reproche ni decepción en ella. Sino algo parecido al entendimiento y la razón, mezclados con algo más que no alcanzó a comprender. Soltó su camisa y temblorosa, ella terminó rompiendo el abrazo con él y se levantó del suelo para tomar unos pasos de distancia. Levi inmediatamente sintió la ausencia de ella y su calor.

- Hace varios meses quería fugarme con Eren, lejos, muy lejos. - Mikasa tragó saliva varias veces, esforzándose por hablar - Solo los dos. Sin decirle a nadie… Casi lo hicimos.

Levi parpadeo varias veces, confundido. Pensó en el escenario que Mikasa le retrataba y reflexionó en qué hubiera pensado entonces si tal suceso hubiera ocurrido. Hace meses sus sentimientos no eran tan fuertes ni claros respecto a ella, asi que sabia que probablemente no hubiera estado tan complacido con la noticia. Más cuando Eren estaba involucrado, el gran amor de ella. Sin embargo, con esta revelación una incógnita se despejó en su cabeza y su mente conectó esta confesión con aquel periodo oscuro en el que ambos se separaron y cambiaron drásticamente.

Levi se levantó lentamente del suelo, con el ceño fruncido, pero con la certeza de que había resuelto un rompecabezas muy viejo. Y negó con la cabeza, sin poderse creer lo que realmente había pasado.

- Nunca encontré las motivaciones suficientes para tomar el riesgo del tan anhelado romance. En un mundo tan duro y hostil, ¿quién tomaría semejante riesgo? Podía ver a varios quererse y cuidarse el uno al otro, pero también los veía sufrir demasiado, enloquecer de preocupación por la seguridad del otro. Y cuando alguno de los dos no sobrevivía… - Levi negó con la cabeza con un estremecimiento - Me abstuve siquiera de intentarlo. Supongo que ayudó el que estuviera rodeado de quienes compartían mi misma soledad - Erwin, Hange, quienes renunciaron al placer de una vida normal por el compromiso con su trabajo - Esta postura me llevó a ser el soldado que soy hoy en día. Un soldado que no tiene apego por nadie más que por el deber de su oficio. ¿Construir un hogar, una familia? no importan. ¿La vida después de dejar el uniforme? No importa. ¿Morir solo y sin dejar un legado más que mis proezas en el campo? No importa. Nada de eso importaba.

Realmente nada de eso importaba para Levi. Sin embargo, tenía que admitir que Mikasa había supuesto un cambio desde entonces, y ahora sus principios férreamente mantenidos por años estaban del revés y lo hacía fantasear con tórridos romances y finales felices ocasionalmente. Eran fantasías.

- Lo admito. Tú eras una de esas personas a las que observaba y juzgaba porque eras igual a los demás - confesó con franqueza Levi. - Pero, la cuestión es: si lo que yo siento es tan solo una fracción de lo que tú has sentido por Eren a lo largo de los años, entonces, no merece la pena renunciar a eso...

Las palabras de Levi se desvanecieron, y la realización de ellas lo golpeó casi al instante que dejó de hablar dejandolo estupefacto. Lo que había acabado de decir con el único próposito de confortar los sentimientos de Mikasa, se había volteado de alguna manera hacía él sin saberlo: realmente no valía la pena renunciar a Mikasa.

Aquello resonó en grandes alarmas en su interior mientras la brisa lo estremecía, mientras Mikasa se acercaba a él y le extendía, finalmente, el pañuelo.

- Adiós. - dijo ella y a Levi le pareció que hablo desde una distancia muy lejana.

Inhibido, Levi extendió su brazo y sus dedos rozaron los de ella en una suave caricia, hasta cerrarlos sobre el pañuelo.

- Regresamelo luego. Ya sabes, limpio - comentó Levi monótonamente en repentino conflicto interno. Sin embargo, Mikasa le sonrió muy ligeramente, casi sin ser captado por sus ojos, pero aquello fue suficiente para que la turbulencia dentro de él se acallara y soltara finalmente su mano. Mikasa se iba y debía respetar su decisión.

Sin más dilaciones, ni despedidas que podrían causar daño, ella se marchó. Levi observó su figura desaparecer entre el follaje y la oscuridad. Cuando dejo de verla, de escucharla y el fantasma de su tacto se desvanecía fue como si la poca luminiscencia de la que gozaba el paisaje nocturno se atenuara aún más para dejarlo en un entorno de sombras y oscuridad. Un abismo demasiado familiar empezó a extenderse hacia él.

Este entorno no era ajeno para él. Levi siempre ha conocido la oscuridad que lo persigue. Un oscuro abismo que siempre ha acariciado desde la infancia en Ciudad Subterránea hasta la actualidad. Un abismo en el que puede contemplar sus miedos, sus penas, sus inseguridades y sus traumas. Todas las cosas y eventos que pudieron llevarlo a ser, con justificación, la peor versión de sí mismo. Pero la verdadera prueba de valor de Levi a lo largo de su vida ha sido contemplar ese abismo y no dejarse consumir por este.

Ahora más que sus resentimientos y sus traumas pasados, exponía su pena por renunciar a algo que lo había hecho sentir diferente del siempre acostumbrado estoico soldado. De renunciar a algo que lo había hecho sentir algo nuevo por alguien más y que significaba un cambio. De renunciar, sin ninguna duda, a Mikasa para volver a ser el mismo tipo estoico y amargado de siempre.

Levi cerró los ojos y respiró profundamente.

No es cierto. Levi no volvería a ser el mismo de antes aunque lo intentara, y, aunque fuera incierta la posibilidad, tenía la esperanza de volver a ver a Mikasa una vez más. Abrió los ojos y el mundo volvió a la normalidad. La oscuridad había retrocedido.

Levi dio media vuelta y volvió al campamento con los demás.


Varios minutos después, se recostó con sigilo en un tronco al pie de donde descansaba Hange. Apenas se había acomodado, ella se incorporó sobre un codo.

- ¿Se fue? - murmuró.

Levi asintió con la cabeza, temiendo que su voz expusiera algo de lo que sentía. Sin embargo, la perspicacia de Hange desentrañó su silencio y estiró un brazo para darle un apretón amistoso a su pierna.

- Lo siento mucho, Levi. - murmuró de nuevo en susurros.

- Está bien - Levi desestimó sus disculpas - Es lo que se espera después de lo que pasó.

La mano de ella se retiró y Levi la escuchó volver a tumbarse sobre el suelo. Durante un minuto entero se revolvió inquieta antes de que ella volviera a hablar.

- No te detengas por mí, Levi. Ve con ella. Ya no hay nada por lo que valga la pena quedarse.

Levi sacudió la cabeza aunque ella no pudo verlo.

- No digas tonterías. Aún hay mucho por hacer. Te conozco. Estamos lejos de llamar esto un final.

La risa de Hange fue débil y descorazonada. Sin embargo, suspiró largamente agradecida y aliviada. Conmovida.

- Gracias, Levi.

Levi asintió y ninguno de los dos comentó nada más durante el resto de la noche. Levi no durmió y supuso que Hange tampoco.

A la madrugada siguiente, ambos estaban preparados para lo que seguía. Apenas se hizo claro que Mikasa se había ido, a Armin solo le tomó unos minutos decidirse ir tras de ella con solo una mirada de disculpa hacia sus superiores. A Jean y Connie les tomó un par de horas hacerlo, pero entre quejas y maldiciones, fueron los siguientes en irse. Ni Levi ni Hange hicieron nada por detenerlos.

Hange se disculpó tres veces más con Levi a pesar de que él en las tres ocasiones le recordó que no la culpaba por la desintegración de su escuadrón. Solo había un culpable. Pero cada vez que pensaba en culpar y maldecirlo no le resultaba fácil porque el pensamiento siempre venía acompañado de pena. Más allá de que Eren se hubiera convertido en la peor escoria y que fuera por así decirlo su rival en más de un sentido, solo podía pensar en lo que las circunstancias los había arrinconado a ser a cada uno y de lo que inevitablemente, había hecho huir a cada uno de sus subordinados. Ahora Eren era un enemigo y ellos eran los de él. Y todos sabían que esto solo llevaba a una conclusión. La muerte.