19.- Héroe: Valiente

Esta era una misión que muchos considerarían imposible, pero no ella, no Korra, la mejor guerrera de aquellas tierras. Ella sabía que vencería, después de todo no solo su vida estaba en juego, sino también la de su amada.

Oh, su amada… aquella doncella de cabellos de cuervo y mirada de bosque; aquella dama de aroma a jazmines y toques de seda… La dueña de sus pensamientos y sentimientos; la Ama y Señora no solo de ese reino, sino también de su mente y de su cuerpo.

¿Cómo podría fallarle? ¡Imposible! Daría su vida por su Reina, lucharía hasta derramar la última gota de su sangre por ella.

Con gallardía levantó su espada, su fiel Naga, una gloriosa y afilada arma blanca como la nieve, que demostraba su portento al santificarse con la sangre de los enemigos vencidos. El valor fluyó por sus venas mientras apuntó en dirección a la bestia mortal que enfrentaría en esta ocasión.

Su capa se agitó con el viento aciago, preludio de la legendaria batalla que se avecinaba. La tensión reinaba en el aire, una hipócrita calma antes de la tormenta, antesala de lo inevitable.

Tanto la heroína ojiazul como la hórrida bestia se miraban fijamente, analizándose con detenimiento, sabiendo que solo una de ellas saldría viva de aquella contienda y que el más mínimo fallo o la más ínfima distracción sería el acabose de alguna de las partes.

No obstante, Sir Korra nunca había sido conocida por ser muy paciente, y menos aún por ser cobarde. Para la guerrera morena una ofensiva táctica, fuerte e inquebrantable era la mejor defensa, por lo que se dispuso a dar el primer movimiento que desencadenara finalmente la contienda.

Con suma valentía se dispuso a ejecutar su táctica; ella definitivamente conquistaría este nuevo desafío, nada ni nadie podría interrumpir su concentración en el combate, la gloria de la victoria haría enorgullecer a su Lady Asami y…

—¡Korra, por amor a Raava! ¡Quítate la sábana de nuestra cama que estás usando como capa y mata con la escoba que tienes en la mano a la maldita cucaracha de una vez por todas, antes de que me dé algo! -Exclamó una voz desde el marco de la puerta.

La morena se estremeció ante los repentinos gritos, y acto seguido se desinfló con un puchero ofendido mientras se giraba levemente para ver a su esposa.

—Oh, vamos Sami, por favor. No me cortes la viada y me hagas salir del personaje -Declaró ofendida, aumentando su puchero y cruzándose de brazos- Si ando arriesgando mi vida en esta peligrosa y asquerosa misión, por lo menos debería hacerlo con estilo ¿No crees?

—¡Mata-a-la-maldita-cucaracha-AHORA! -gritó la pelinegra, aún asomándose a medias por el marco de la puerta.

La castaña se estremeció nuevamente ante la atronadora orden de la pelinegra. Desde que su esposa había entrado al último trimestre del embarazo estaba con las emociones más a flor de piel, tendiendo incluso a la falta de paciencia y mal carácter. Suspiró y refunfuñó en voz baja, mientras se giraba nuevamente hacia su enemigo insecto.

—No sé por qué tanto escándalo. Solo hay que ser valiente, es una tonta cucaracha y ya está hasta acorralada, simplemente queda darle con la escoba y…

Sin embargo, su frase quedó incompleta ante lo el horror visto.

Aprovechando su distracción la cucaracha de repente se había movido, acercándose más, y como si fuera poco, su tórax pareció dividirse, sacando de su escondite un par de delgadas…

—¡ALAS! ¡ESA COSA TIENE ALAS! -exclamó Korra, horrorizada. -¡DEBEMOS HUIR ASAMI, ES UNA CUCARACHA VOLADORA! ¡ESAS COSAS SON DE VAATU! ¡COGE LAS LLAVES DEL SATOMOVIL, YO AGARRARÉ LAS MALETAS Y…!

No obstante, un nuevo ruido fuerte interrumpió su frase… pero este fue más aterrador que el anterior. No era el sonido de la voz de su amada, pero mandona esposa; esta vez provenía de la puerta al ser azotada.

Con miedo dirigió lentamente su mirada hacia la puerta, confirmando lo que temía: Estaba cerrada.

—¿A-Asami…? ¿C-Cariño? -preguntó con una voz temblorosa pero que intentaba ser positiva- ¿Qué estás haciendo? M-Me puedes abrir para salir ¿por favor?

Su respuesta fue el sonido de una silla siendo arrastrada y, para su horror, lo que asumió era el ruido al ser puesta para atorar la puerta.

—Lo siento amor, no puedo arriesgarme a que se escape la cucaracha -habló finalmente Asami, tras la madera que servía como barrera entre el territorio seguro y el campo mortal que se había vuelto el baño de la casa- Mátala y te dejaré salir, caso contrario siempre te recordaré y le hablaré bien a nuestros hijos sobre ti, contándoles cómo valientemente diste tu vida para protegernos. -finalizó con solemnidad, mientras acariciaba su vientre abultado.

Korra tragó saliva sonoramente, sabiendo que rogarle a su pareja era caso perdido… y volvió a tragar al darse cuenta que nuevamente había cometido el error de distraerse y olvidarse de su enemigo.

Fuera del baño Asami solo podía escuchar los gritos de guerra y terror de su amada esposa, todo entre escobazos y lo que suponía eran cosas rotas.

Sabía que la culpa igual era de Korra por hacerse la heroína valiente y andar tonteando, por en vez de aprovechar su ventaja, actuar de fanfarrona… aún así, mientras acariciaba su vientre embarazado, le pedía a los espíritus inteligencia y tino para su esposa; solo así no quedaría viuda por una maldita cucaracha voladora.


¡Hola!

Ok, sí, sí… Me he atrasado mucho… han sido unas semanas algo intensas ¿Ok? Y lo peor es que la que sigue será algo de lo mismo, al menos la mitad. Veamos igual si la creatividad se abre paso.

La idea base de este shot la había anotado hace algunos días, pero no tenía creatividad para escribirla hasta hoy. Espero que, pese a lo corto, les haya gustado.

Saludos,

Le chat et l'abeille.