Okay, vale, llegamos a la parte que más me gusta leer y menos escribir, pero alguien tiene que hacerlo, ¿no?
¡Bien! Vamos, ya lo conocéis muchos de vosotros, y con las etiquetas ya lo habréis visto...
Advertencia: esta parte contiene smut, hard, +18, el delicioso... como queráis llamarlo, no recomendable para menor de edad y etc, etc, etc...
Incluyendo: comportamiento posesivo (?), dilatación anal, juego de pezones, masturbacion, sexo anal, sexo público (?), voyerismo accidental...
Advertidos quedáis, si no me hacéis caso, bueno, no puedo decir que nos os entienda eh, que yo también lo he hecho ;)
El autor se arrepiente de todo.
(Por favor, comentarios hate al mínimo, mi primera vez escribiendo algo así y en un fandom tóxico ya de por si, bueno, la que se puede armar... Es ficción todo esto, no tengo la intención de mandárselo a los YouTubers reales ni espero que nadie lo haga, sería muy incómodo para todas las partes...Disfrutad quien quiera que se quede, y adiós muy buenas quien no quiera.)
—
Llegaron al dormitorio sin mucha prisa, Vegetta había empezado a contar los siguientes proyectos que tenía para las distintas habitaciones de su castillo, entre ellos, más bien, en el jardín, tenía planeado volver a hacer un establo.
-¿Otra vez? ¿No tienes miedo que vuelva todo a estallar en llamas?
-Joe' tío, eso solo es mala suerte. A la quinta va la vencida. Tengo muchas ganas de subirme encima de Vicente.
Willy chistó. Que no se libraba del maldito caballito, joder. ¡Joder! Si Vegetta quería montar a alguien, que fuera a él, ni a un caballo chamuscado ni a una estupida rata-oso.
-¿Todo bien, amor?
Cuando entraron en el dormitorio, incluso con la escasa iluminación, el Rey de la mansión vio como su amigo, amargamente, encogía el rostro.
Con una mano sobre su frente, y con la otra sobre Willy, comparó las temperaturas, fiebre no parecía tener, aunque el rostro era más cálido que de costumbre.
-Vegetta...
-¿Si? ¿Que ocurre compañero?
El chico de ojos achinados dio un vistazo a su alrededor, con las gafas que llevaba puestas, aquellas con visión nocturna y un par de encantamientos más, pudo ver como Rubius estaba al otro lado de la habitación, allí, cerca del jacuzzis.
Al mirarlo, ahí parado, recordó la primera vez que los héroes de Karmaland iban a visitar la mansión en la cima de la montaña, esa redada que no terminó más que en regañinas. Pero, con una vista muy clara de Rubius y Vegetta acaramelados en la tina. ¿Por qué no, ahora, convertía ese recuerdo en algo más Wiguetta?
Todavía con sus cuerpos juntos, Willy los dirigió a la bañera, en donde, con un pequeño empujón, obligó a Vegetta a meterse dentro.
-¡Ey! ¡Guille! ¿¡Que leches!? Casi me hago un chichón... mi culo, Joe'.
Casi se rio ahí mismo. No tenía la intención de dañar su hermoso trasero ahora, pero bueno, terminarían adolorido de cualquier manera.
Echó un último vistazo al oso, se había acurrucado en una esquina del jacuzzi, sin tocar el agua pero con los ojos muy abiertos; él iba a ser su acompañante toda la noche, solo esperaba que no arruinara nada, ahora mismo, solo era para él y para Vegetta.
-Vegettita... hace un par de días, le dijiste a esa rata, que el traje de oficial le quedaba muy bien, pero, el mío no lo mencionaste... ¿Tan mal me queda?
-No, no, no. Mi Guille, ¿como te podía quedar mal?
Willy sonrió, con Vegetta, la carta de la víctima siempre valía.
-¿De verdad? ¿No mientes...?
-Claro que no, Guille, mi hermoso Guillermo, siempre eres perfecto.
Él se acicaló por sus palabras, volviendo su rostro de color rosa y su parte inferior algo más dura.
Willy agarró las manos del otro y al colocó en su rostro. Era una posición algo incómoda, Vegetta con solo medio cuerpo por encima del agua, y él a ahorcajadas; así, no serviría para lo que tenía en mente.
Cuando callo dentro de la bañera, beso de manera rápida los labios del ojimorado, mientras que, con un par de empujones, metía sus rodillas entre las piernas de Vegetta.
-¿Ah...? ¿¡Pero Willy!? ¿Que...?
-¿Que ocurre? ¿No te gusto? ¿No soy lo suficiente?
-No, no, no... Eso no es, pero...
Vegetta trago duro. Durante sus mundos de Apocalipsis, había soñado tanto de tener a Willy entre sus piernas -no para nada había decorado el suelo de los pasillos con dos franjas moradas y entre ellas una verde-, sin embargo, él siempre lo rechazaba...
-¡Pensaba que no me querías de esta manera! Yo... si lo hubiera sabido...
El aludido lo callo con un beso, cualquiera que fuera los sentimientos que tenía por el otro, estaba muy guardado dentro de su corazón, y si él no lo admitía, ¿como podía decírselo a Vegetta?
Aunque dudoso en un principio, el rey de la Mansión, movió suavemente los labios. Su cabeza daba vueltas, no solo por ese extraño gesto romántico, si no porque su corazón estaba loco, no sabía si hacía lo correcto o no, si dañaría a alguien en el camino... todo era tan confuso.
Viendo su vacilación, Willy se puso algo celoso, él estaba aquí, y Vegetta tendría que enfocar toda su atención en él. Agarró las callosas manos del otro, apretujándolas contra su rostro. Él no se iba a escapar, no.
Entonces, Willy empezó a profundizar el beso, todavía sin lengua, pero mordiendo sus labios con sus dientes suavemente. Tiró primero un poco el de arriba, viendo como el ojimorado se ponía algo bizco intentando seguir sus movimientos. Cuando el rubor se le subió a la cabeza, paso al otro labio y a los dos al mismo tiempo.
-Auch... Guille...
-¿Duele?
Vegeta suspiró adolorido, mientras que Willy sonrió en el beso. Él, pasó con rapidez la lengua sobre los labios del otro hombre, dándole a probar, un pequeño gesto de lo que podían estar haciendo. Vegetta se rindió. Era una muy mala idea, pero, era WillyRex, su compañero de tantos años, ¿que es lo peor que podía estar? ¿Volver a estar solo en su casa? Ya iban varios mundos en los cuales su cama seguí vacía, tan fría como el último Mundo Wiguetta, acostumbrado ya estaba.
Willy sintió sus pantalones ajustarse cuando el primer choque de lenguas ocurrió. Era baboso, raro y extraño, pero, tan emocionante como pillar TNT por primera vez. Casi podría derretirse.
Soltó las manos de Vegetta para tener más estabilidad, el agua seguía a su alrededor, moviéndose como una brusca marea, pero era lo de menos, tenía a su propio Dios ahí, tumbado a su parecer.
Colocó sus manos a los lados de los hombros de Vegetta, acercando su cuerpos aún más, tanto, que sus partes se tocaron por encimas de sus ropas.
Un seco gemido salieron de sus labios, a la vez, ambos habían sentido como el contacto podía ser tan agradable. Eso si, si hubiera menos telas entre ellos.
-¿No es incómoda la capa Vegettita? Todo húmeda... todo pegajosa... casi como tu boca. Aunque menos cálida, eso tenlo por seguro.
-¿Ah...? ¿Que... que vas a hacer al respecto...?
Willy sonrió, se veía hermoso. No podría hablar demasiado por lo errática que era su respiración, mas, ahí estaba Vegetta, todavía con la capacidad mental suficiente para hacer sus chistes de mierda. ¿Tendría que cambiar eso? ¿No?
Comenzó a desatar la capa -si se frotaba contra él otro era por el movimiento, no porque él quisiese más, se excusó-, desabrochando los botones de sus hombros uno a uno.
Cuando la hubo liberado, no la dejó flotando por el baño, hizo un bulto con la capa, colorándola justo debajo de la cadera de Vegetta.
Él lo miró con una cara completamente sonrojada, respiraba con mucha dificultad y eso que solo había sido roces por encima.
Willy lo pensó mientras comenzaba de nuevo un beso, le gustaba mucho como la piel canela de Vegetta brillaba con el blanco del lavabo, casi con una pureza celestial, y ahí estaba él, con su traje negro y su corazón aún más oscuro; un simple humano corrompiendo al más justo de los Dioses.
Tarareó un poco dentro del beso antes de separarse, bajando su mirada a los pezones erguidos del rey de la mansión. ¿Sería por el agua o por su tonteo? Se relamió los labios antes de colocar sus manos sobre los grandes pectorales de Vegetta.
-Ya que has dicho que te gusta tanto mi traje, ¿por qué no me lo dejo un rato más? ¿Te parece bien?
El otro solo respondió con un largo gemido cuando Willy aprovechó para apretarle el pecho. Comenzó a toquetearlos sin parar, siempre los había visto desde lejos, brillantes y rosas al sol, morados cuando hacía frío, suaves en el día a día, tambien, preparados para rayar cristales.
En algún momento, cuando buscaba más contacto entre sus padres inferiores, se acercó tanto a su pecho, que, viendo ahí eso pequeños pezones tan tentadores; le dio una lamida experimental. La reacción fue instantánea, Vegetta se tensó, temblando, y un agudo gemido salió sin su permiso.
Willy bebió con más ansias de él, secando cualquier gota de agua de ese lindo botón rosa, para volverlo a humedecer con su lengua. Una y otra vez, hasta que, comenzó a darle el mismo trato que le dio a sus labios, mordiscos y chupetones, jugueteando con sus dientes.
La mente de Vegetta se volvió un caos total, quería moverse y huir de esas sensaciones, pero al mismo tiempo, quería más, más toques de su compañero. Él no sabía dónde poner sus manos, había arrañado con fuerza la bañera, se había arrancado sus propios pelos, había sujetado fuertemente la cabeza de Willy contra su pecho... Nada de ello servía, solo podía gemir, luchando por respirar mientras que lo único que podía decir eran Guille, Willy, Guillermo o querido, o cualquier otra palabra derivada de ellas, incluyendo amor.
Willy vio como luchaba, entonces, coló de sus manos en alguna parte. Él estaba muy cómodo en su posición, entre las piernas de Vegetta, pero, bueno, ¿Por qué no matar dos pájaros de un tiro? Quitar la incomodidad a su compañero y continuar con su regalo de agradecimiento.
Con un último beso, comenzó a darle pequeñas lamidas de gatitos sobre su rostro; perfilando su arco de cupido en un primer momento, para pasar a su nariz y darle un pequeño beso ahí -un gesto demasiado dulce para lo que estaban haciendo- que ambos sintieron en sus almas, después para pasar a las inexistentes bolsas de los ojos de Vegetta y entonces, caer hasta su cuello dejando un recorrido de lametones por sus pómulos.
Sonrió un poco allí, su boca estaba pegada a la unión de su oreja y su cuello, y podía sentir en ella, como la vena yugular, latía de manera errática. Gimió en su oído, dándole un violento escalofrío a Vegetta.
Amaba como podía desordenar al más recto de los héroes.
-Lo sé, Vegettita, lo sé. Siempre tan activo, siempre tan ajetreado. Utilizando tus fuertes manos todo el día y noche, construyendo, matando, robando, a la vez. Y ahora, estás aquí, parado pero sintiendo todo. ¿Es difícil para ti, no? Entonces, arreglemos eso. Seamos, como dices, productivos.
Se apartó un poco de él, exclamaría lo bendita que era la bañera tan grande, pero quizás, no sería del todo correcto, pues, estaban cometiendo bastantes sacrilegios.
Tocando la máxima piel del otro, empezó a bajarle los pantalones ajustados. Era algo complicado, estaban muy pegados a su cuerpo por el agua, aunque no se arrepintió cuando vio como sus calzones se ceñían a su polla.
-Realmente, Vegetta, siempre tienes que ir a lo grande.
Sonrió por su comentario, para proseguir con sus movimientos. De mientras que Willy estaba centrado en bajarle la ropa, echo un vistazo a Rubius. En una esquina, ocultándose detrás de sus rodillas, la cabeza de él asomaba, con los ojos bien abiertos y dilatados, casi hiperventilación como ambos, como si él quisiera o estuviera participando. Segurísimo que su parte inferior estaba a la par de ellos, dura entre sus calzoncillos . Lástima. Si no le hubiera molestado tanto, si no estuviera siempre por el medio, Willy se replantearía lo de compartirlo; después de todo, eran de la Hermandad Oscura, y Vegetta podría ser su queridísima mascota.
Lo ignoro, estaba haciendo algo más interesante de lo que su hermano oscuro pudiera haber imaginado. Miró a Vegetta, él seguía con los nervios a flor de piel, aún sudando cuando los movimientos se habían quedado en meras caricias suaves. ¡Qué sensible era él! ¡Y como iba a explotar eso!
Cuando el pantalón salió al final, y arrancó con ansias la última capa de tela, paro en seco, con las prisas, no tenía ni un mero bote de lubricante. Daba igual, como ya no iba dar marcha atrás, el agua tendría que ayudar.
Sujeto delicadamente una de las manos de Vegetta, sumergiéndolas en la cálida agua de la tina. Estiró sus dedos, uno por uno -meñique, anular, corazón, índice y pulgar- todos ellos después de estar separados, le masajeo con firmeza el dorso de su fuerte mano. Para lo que tenia planeado, necesitaba que el otro estuviera tranquilo.
Vegetta, en ningún momento pudo respirar con fluidez, soltaba pequeños gemidos entre bocanadas de aire caliente. El sudor era incómodo incluso con toda el agua de sus proximidades. No sabía en qué leches estaba pensando Willy para estar realizando todo lo que fuera esto.
Cuando observó que Vegetta ya no se estaba poniendo azul, Guillermo supo que era su momento de nuevo.
Arrastró la mano que tenía agarrada de su compañero hasta colocarlas cerca de sus miembros, aunque, sería increíble ser tocado por la mano del ojimorado, otra vez quizás sería, no por hoy. Entonces, bajo más, un poco más, hasta que Vegetta casi estuviera sentado y su mano estuviera rozando su propio ano.
Él se sobresaltó mientras que Willy no pudo más que sonreír sonrojado. Ahora, quizás era el momento más crucial de la noche, si Vegetta ya no quisiese seguir, él se temía que la única oportunidad de estar físicamente más cercano con el rey del castillo, podría acabarse para siempre; no por nada la rata de la esquina aprovecharía su oportunidad perdida.
Sin embargo, para su alegría, aunque con la cara completamente cubierta de un rojo brillante, Vegetta lo miró con los bien abiertos, inocentes, atentos a su siguiente acción sin decir ninguna palabra.
Willy tragó con fuerza, antes de poder continuar.
-Vegetta... ¿sabes ya cómo podrías estar utilizando tu mano, no? Será incómodo al principio, pero Vegettita, tu eres el más fuerte de los héroes, podrás seguro.
Dicho esto, Willy con suavidad, acercó la mano del otro hasta que uno de los dedos, habia entrado por el ano del rey del castillo. Vegetta se tambaleó al instante.
La posición no era demasiado cómoda, aunque no era exageradamente alto, tenía que curvarse mucho para insertarse el dedo, y esto, tampoco era la sensación más agradable del mundo.
Guillermo comenzó a mordisquear su cuello, dejando las mismas marcas moradas que en su pecho, aún así, siguió agarrado a la muñeca de Vegetta, obligando al hombre a hacer un movimiento hacia adelante y hacia atrás dentro suya.
Al ver que la cara de Vegetta no se contraía de dolor, suspiró de alivio. No lo iba a echar de su mansión.
-Vegettita, vamos... vamos a por otro. Tendremos que prepárate si queremos hacer algo más, si quieres que te lo agradezca de la manera más correcta.
-¡Guille...!
El segundo dedo ya estaba dentro de Vegetta. Él ya lo sentía más. Sus dedos estiraban su carne escondida, un poco más, un poco más... Se atragantó con su saliva, dejando a medio cortar otro gemido, cuando, sin ningún aviso, su pareja metió un dedo suyo dentro de él. Estaba lubricado en saliva, lo que ayudaba algo con la fricción, pero, ¡ya eran tres dedos dentro suya! No había ningún lugar en su interior que estuviera sin estimular.
-¡Leches...!
-¿Duele?
Willy se rio de su propia pregunta. Sabía que no dolía o si no, Vegetta no tendría una cara tan jodidamente complacida. Pupilas dilatados como dos agujeros dentro de una constelación de estrellas moradas, mejillas sonrojadas y sudorosas, brillando como las manzanas de Adan, tentadoras como ninguna. Era una hermosa vista.
Su parte baja se estremeció. Un pinchazo de dolor de su polla le recodo que ya había dejado de rozarse contra la de Vegetta, y eso no podía seguir siendo de esa forma.
-Vegetta...
Su compañero solo respondió con altos gemidos, y frases mal hechas, sin sentido, sin final ni principio, solo maldiciones entrecortadas y palabras derivadas de su nombre. Era algo tan entrañable que Guillermo casi se sintió mal por estar interrumpiendo su diversión. Sin embargo, no había sido el líder de la Hermandad Oscura si no era cruel.
Saco suavemente su dedo de dentro de Vegetta, estaba húmedo, acalambrado, y olía tan bien que no se resistió, sonrió cuando lamió su propio dedo, era tan dulce, y tan potente, idílico para un loco del castillo como él.
El ojimorado, en cambio, comenzó a sollozar por la pérdida de esa increíble sensación. No era extraño que le lagrimeara los ojos después de una fuerte sensación, pero generalmente se debía al estrés causado por los otros karmaladienses, no por una emoción tan estremecedora y agradable a la vez.
Willy volvió a bajar al oído de su compañero, lamiendo y besando el lóbulo de su oreja.
-Vegettita, no hay que llorar por leche derramada, sabiendo que se puede arreglar fácilmente ¿no es así? Cinco dedos, Vegetta, solo tienes dentro tuya dos, vamos.
No será la misma sensación claro, mis dedos pueden llegar más dentro tuya, más profundo, dejarte como una marioneta sin hilo, porque solo necesitarías mi voz para ser controlado, Vegetta, ¿te lo imaginas? Correrte con mis dedos, sin tocarte si un solo músculo de tu linda polla, solo gemirías, gemirías, hasta que no pudieras ladrar más ordenes al día siguiente, pero, no te correrias, no mi señor, necesitarías mi voz, necesitarías permiso, porque eres un niño bueno, un héroe, necesitado de órdenes, mías, solo de mis ordenes.
Vegetta sintió como los escalofríos jugaban por todo su cuerpo, dolorosamente. Se giró hacia los labios de su amante, sin interrumpirle, solo, quería tragarse todas esas palabras, palabras que se sentían físicas.
Cuando Willy terminó de hablar, volvió a la mano de Vegetta, acariciando su dedo anular. Siguiéndole, el ojimorado, que, actualmente sus iris bien podrían ser negros, acomodó su dedo dentro suya, gimiendo el nombre de su compañero ahogadamente, pues Willy, no se lo había pensado dos veces, le había besado.
-Muy bien, mi amor, muy bien.
Vegetta casi se corrió en ese momento. Podría estar rozando su próstata en ese momento, podría estar Willy comenzando de nuevo ese vaivén entre sus miembros deliciosamente estremecedor, pero, siempre habían sido su mayor debilidad las palabras dulces de amor envenenado.
Willy sonrió por el brusco movimiento inconsciente del cuerpo del otro. ¡Ay Vegetta! ¡Tan en control que estaba y como se había vuelto masilla!
Él junto más su caderas, era incómodo por la mano de Vegetta entre ellos, pero así más divertido sería. Apretando su rodilla contra la extremidad de él, volvió más bruscos sus rozamientos. Ahora no solo arrastraban sus pollas una contra la otra, ahora, la rodilla de Willy obligaba a los dedos de Vegettas a sumergirse más en su interior, llegar hasta el fondo, presionando perfectamente su delicado botón.
El líquido preseminal salía de ambos miembros a grandes cantidades, lubricándolos entre sí, haciendo el movimiento increíblemente placentero.
Willy sabia que estaba en sus últimas y se sintió algo apenado por ello. No sabía que pasaría a partir de ese momento, ni siquiera si Vegetta alguna vez quería volverlo a ver a causa de ello. Era triste. Pero había sido tan emocionante, no habían cumplido con todo su agradecimiento, pero ahí estaba, tendría una nueva excusa para volver a su habitación. Si. Si. Volvería la próxima vez y así, haría completamente a Vegetta suyo, ya no solo por fuera, si no que lo marcaría por dentro.
-¡Guille...! ¡No puedo más!
Lo beso con avidez antes de mover su mano hasta atrapar sus pollas juntas. Era difícil.
-¿A si? Entonces, Vegettita, correte para mi, amor.
Al instante, goterones blancos tiñieron el agua cristalina. Vegetta había terminado, desfalleciendose al instante. Su mano temblaba, sus piernas tenían calambres, se sentía húmedo y a la vez, sucio, se sentía amado y agradablemente cálido.
Había chillado tanto que su garganta se sentía adolorida, su cuerpo marcado, de la misma manera. Antes de darse cuenta, Willy había vuelto a atrapar su boca, besándolo con tanta fiereza que sus ojos rodaron hacia atrás.
Su amante se había corrido segundos después, dejando marchas blancas por todos los lados, pero, él también estaba temblando, y Vegetta se alegró por ello.
No duro mucho. Un pequeño sollozo escapó de los labios del ojimorado. Se sentía débil, entumecido, quería salir del baño, acurrucarse junto a su compañero y entrar en calor.
-Ya, ya... Veg vámonos a la cama.
Si fuera en cualquier otro momento, Willy pondría mil y una excusa para no arrejuntarse con Vegetta. Estaba cansado, sin embargo, cansado de luchar contra si mismo. Ya lo pensaría mañana, cuando toda la emoción del sexo quedase nada más que en arrepentimientos.
Limpio rápidamente sus cuerpos, quitando el tapón de la bañera para que el desagüe escondiera la vergonzosa prueba de sus actividades a media tarde. Con dificultad, se secaron para tirarse a la cama al instante que estuvieran lo suficientemente limpios.
Nadie dijo nada, aunque en esas horas, Vegetta durmió extrañamente tranquilo en los brazos de su compañero de toda la vida.
¿Que pasó con Rubius?
¿Quien sabe?
Él solo estaba allí, quieto. Molesto y a la vez, encantado, con semen en sus pantalones y lágrimas en sus ojos.
Odiaba lo que había conseguido Willy, se odiaba a si mismo por haber rechazado tanto a Vegetta...
Pero estaba anonadado, el bello Vegetta había sido más hermoso que nunca, tan caliente..., había visto expresiones en su cara que se habían quemado a fuego lento en su mente, sus pupilas dilatas y sus mejillas, las lágrimas de puro placer, los gritos, los gemidos, todo.
Ahora, bien ¿que podría haber él contra WillyRex?
Lo sentía mucho por su ex líder, pero, él no caía sin luchar. Ahora recuperaría a su lugar, junto a su Vegettita.
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Primero de todo, ¡gracias por llegar al final!
Sinceramente, espera escribir un trío, ¿vale? Y que el sexo llegase a penetracion, pero, ya suficientemente vergüenza me daba así que por eso no lo termine, eso y que veía que llegaba a las 5000 palabras. Era un porno sin trama, ¡sin trama! ¿Como me ha salido tan largo?
¿Quizás haga una segunda parte? No lo sé, sería lo ideal, pero por ahora, no sabría como conectarlo para que Rubius tambien participase.
Joder... ¿Que acabó de escribir?
Mi primera vez escribiendo lemmon y tiene que ser sobre cuadraditos.
¡Por favor, que vergüenza! U/U
No se si quedó bien, mal, fatal... aunque espero que tenga pocas faltas ortográficas, lo he revisado tantas veces para que quede como quería -y aún así no me ha quedado -que ya suficiente colorado me he puesto-.
Como siempre, si no entendéis algo, mandar un mensaje o comentario, dependiendo de lo tímido que seáis, claro, y os lo intentaré explicar lo mejor que pueda. c:
Algunas preguntitas antes de despedirme, feedback si nos ponemos finos;
¿Fue demasiado lento? ¿O aburrido?
¿Fue poco gráfico?
¿Muy largo?
¡Espero que hayáis disfrutado! ¡Y nos vemos en otra ocasión!
