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TONTERÍAS A DOS
Fecha: 25/9/22
Pareja: Sorato
Tiempo: 23m y 39s
—Bambú—
Debía reconocer que sus padres se habían comportado. Revisando la lista no encontró ninguno de esos nombres que le hiciera poner los ojos en blanco. Y eso era algo que agradecer, sobre todo con los compromisos que tenía, en especial, su madre. Chequeó entonces la otra lista que estaba elaborando y que debía filtrar. Esa con compañeros de trabajos ocasionales, universidad, conocidos y amistades circunstanciales. Su vista quedó fija en los nombres de aquellas que habían sido sus compañeras de secundaria. Tenía claro que no las invitaría a la recepción formal, pero, en un arrebato de nostalgia, sí las invitaría a la fiesta más informal que se sucedería después. De hecho, esa era la razón por la que había comido el día pasado con alguna de ellas. No había sido consciente, hasta entonces, del tiempo que hacía que no las veía. Del tiempo que hacía que no sabía de sus vidas.
Suspiró pensativa dejando el papel. Miró a Yamato al otro lado de la mesa que, con expresión aburrida, alternaba la mirada entre la pantalla de su ordenador y la hoja en la que escribía. Aguantó la carcajada. Ella había rebuscado agendas y anuarios de toda su vida y él parecía que se dedicaba a invitar a personas random por facebook. Bajó la mirada, inmersa de nuevo en sus reflexiones.
—Yamato, ¿alguna vez en estos años has dejado de considerarme tu novia?
—¿Eh? —Yamato ni la miró. En realidad, aunque la hubiera escuchado, o no había entendido la pregunta o no la había procesado.
Sora empezó a juguetear con el bolígrafo, nerviosa. Estiró la espalda hacia atrás, apoyando las manos en el piso.
—Las chicas, ayer, se sorprendieron cuando les dije que me casaba. —La mirada de Yamato por fin la enfocó, pero seguía pareciendo ausente—. No que me casara en sí, sino que me casara contigo. —Resopló y ladeó la cabeza, imitando a sus amigas—. ¿Con Ishida?, ¿todavía siguen juntos?, ¿pero nunca habéis roto?, ¿y no has salido con otros chicos?, ¿pero Ishida no estaba involucrado en cosas de digialiens?… —Se detuvo, dejando fluir una sonrisa—. Por lo visto, hay rumores sobre tus inclinaciones. —Yamato arqueó las cejas, sin saber que responder. Sora suspiró, de nuevo en sus tribulaciones—. No sé, pero ni en los tiempos que hemos estado más distantes, he dejado de pensar en ti como en mi compañero... es como si en mi interior siempre haya tenido la certeza de que lo nuestro era a largo plazo. Quizá, soy un bicho raro.
Miró a Yamato y adelantó los brazos, encorvándose contra la mesa. Movió el bolígrafo entre sus dedos y Yamato entendió que ahora esperaba su repuesta. Cerró la pantalla y, tras quitarse las gafas, se frotó los ojos resecos.
—En mi caso, cuando he estado alejado de ti, no he tenido demasiadas compañías. —Sonrió de medio lado. Sora gimió, sintiéndose idiota. Sus situaciones no eran comparables—. Pero, cuando estaba en las pruebas de aislamiento, pensé en alguna ocasión que cuando regresara ya no estarías. Y me sentía mal, pero no por creer que me hubieras traicionado sino por mi egoísmo. En realidad, si habías decidido compartir tu vida con otra persona estabas en tu derecho. No podía ofrecerte nada de todas formas. —Sora percibió tristeza en su mueca. Desde su percepción sus palabras eran injustas y quiso hacérselo saber, pero Yamato no le dio opción—. Pero entonces nos reencontrábamos y todo se sentía tan hogareño… tan correcto. —Ladeó el rostro tiernamente—. Supongo, que yo también soy un bicho raro... y no solo por mis inclinaciones —susurró esto último.
Contagiada de la serenidad de Yamato, Sora asintió reflexiva para de repente poner las manos sobre la mesa en un fuerte golpe. Traía una mirada iluminada.
—¡Somos bambú Yamato!
—¿Bambú? —susurró él, estupefacto por semejante revelación.
—Sí, bambú. Que no te engañe la belleza de lo efímero, las flores sakura y todas esas cosas… eso está bien para el código samurái, pero en la vida real el bambú es el que triunfa. ¡Bambú!, que pasa años sin crecer y crees que has fracasado, pero de repente, ¡pum!, en meses, empieza a crecer, crecer y crecer...—terminó, abarcando con los brazos.
—No sé si entiendo del todo la referencia —susurró Yamato entre divertido y asustado.
Sora se calmó un poco, sonrojada por su repentina excitación.
—Crece, pero bajo tierra. Hace grandes raíces. Creo que es lo que hemos estado haciendo durante estos años —dijo, estirando las piernas bajo el kotatsu, buscando las de Yamato.
Enternecido, Yamato adelantó el cuerpo por encima de la mesa, y en sus labios, susurró:
—Entonces, ya es hora de crecer hacia el cielo.
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