Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de iambeagle, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from iambeagle, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Salimos a la pista de baile, la música a media canción. Es más lenta, y Edward me jala contra él con facilidad, acercando mi cuerpo al suyo. Me encanta estar en sus brazos, sentir su mandíbula rozar mi sien mientras nos balancea suavemente al ritmo de la música. Su palma derecha descansa en la parte baja de mi espalda antes de deslizarse un poco más abajo, pero no indecentemente. Mi estómago se agita ante el simple y amoroso toque.

La banda pasa a una canción más alegre, pero nos quedamos como estamos.

―Tu mamá insinuó que casarse por la iglesia es algo muy importante para tu familia ―comento.

―Lo es. ―Nos balanceamos en el lugar, Edward manteniendo el ritmo lento―. Sin embargo, eso no significa que sea lo que quiero.

―¿Y qué es eso?

―Lo que tú quieras ―dice fácilmente.

―¿Realmente tienes voz y voto? ―pregunto con curiosidad, no acusadoramente.

Puedo escuchar la diversión en su tono.

―¿Voz y voto contigo?

―No. Con tu familia.

―Por supuesto que sí. ¿Por qué no lo tendría?

―A veces parece que tienen muchas expectativas para ti. ―Está callado y agrego―: Como con Tanya. Empujándote a estudiar medicina en lugar de marketing. Sé que regresar a Chicago también tuvo mucho que ver con ellos.

―Solo quieren lo mejor. Eso no quiere decir que Tanya sea la mejor, de ninguna manera. Dejaron de tratar de influenciarme hace años, cuando se dieron cuenta de que era inútil ―explica en voz baja, la mano alrededor de mi cintura sosteniéndome un poco más fuerte. Me estremezco cuando su boca roza mi oreja―. Pude haberme mudado acá por ellos, pero no son la razón por la que me quedé ―indica.

―Lo sé ―susurro, inclinándome hacia él.

―No puedo imaginar mi vida sin ti, Bella, y espero nunca tener que hacerlo.

Me muevo para mirarlo, derritiéndome cuando veo la sinceridad en sus ojos.

―Sé de buena fuente que nunca tendrás que hacerlo.

―¿Es eso cierto? ―Él sonríe, el pulgar rozando mi barbilla, levantándola un poco para besarme―. ¿Qué te tiene pensando en todo esto, las cosas de la iglesia y mi familia? ―inquiere cuidadosamente―. ¿Qué está pasando por tu cabeza?

―¿Honestamente?

―Por supuesto.

Miro su pecho, sintiendo su mirada sobre mí.

―Siento que tu mamá estaba insinuando que seríamos los próximos en casarnos. Me hizo pensar en nuestra propia boda. Sin mencionar todas tus bromas de esta mañana...

Cuando levanto la mirada, la alegría baila en sus ojos.

―Ya veo. ¿Qué estás pensando para nuestra boda?

―No lo sé. No crecí imaginando cosas así ―admito, encogiéndome de hombros―, creo que estaría bien con algo pequeño. A veces las bodas pueden ser exageradas.

Él ríe.

―Bella Swan, la romántica.

―En serio. No necesito una fuente de chocolate o un pastel caro o una cabina de fotos y una salida con bengalas. Solo te quiero a ti. No necesito todo el alboroto.

Sus labios forman el inicio de una sonrisa.

―¿Pensé que a las mujeres les encantaba todo ese alboroto?

―Eres más importante para mí que todo ese alboroto innecesario.

Le gusta esta respuesta, bajando la cabeza para besarme.

―Tampoco necesito nada de esa mierda extra. Solo a ti.

Apoyo mi cabeza en su pecho.

―Bien.

La música se desvanece y luego la banda comienza a tocar nuestra canción, Speechless de Dan & Shay. Me alejo, mirando al hombre que rezuma romance. ¿Cómo tuve tanta suerte?

―¿Tú hiciste esto? ―acuso, los labios apretados en una sonrisa sincera.

Él no titubea.

―Tengo mis trucos.

La banda toca su versión de la canción, y mi decisión de no querer que me proponga matrimonio frente a una multitud se desmorona. Porque esto es tan perfecto. La forma en que me mira, como si yo fuera lo mejor del mundo. ¿Y cuando cantan la línea "ya sabes que eres mi debilidad"? Es tan jodidamente cierto, para los dos. Me tiene tan enganchada, y está claro que lo afecto de la misma manera. De alguna manera me convirtió de alguien que no necesariamente ama ser el centro de atención a alguien que quiere que se arrodille y me reclame como suya.

Nos quedamos en silencio, y apoyo mi cabeza contra él, amando este pequeño, potencialmente grande, momento que estamos teniendo.

―Te amo tanto, Bella ―susurra contra mi oído, todavía balanceándose con la música.

―Yo también te amo ―respondo, abrazándolo un poco más fuerte.

―En serio, eres lo mejor que me ha pasado, cariño. Honestamente, no sabía que podría ser así... sentirme así. Soy increíblemente afortunado.

Retrocedo, buscando su rostro.

―Tú también lo eres todo para mí ―musito.

Me sonríe con adoración.

―Las bodas me ponen sentimental.

Me río un poco.

―Sí, supongo que sí. Pero me gusta.

Veo su nuez de Adán menearse mientras traga. Soy hiperconsciente de cada uno de sus movimientos, y cuando reduce la velocidad de nuestro baile hasta detenerlo, mi estómago da un vuelco.

―¿Bella?

―¿Sí?

―Mentí.

―¿Sobre qué?

―No te compré un anillo.

Eso no es lo que esperaba que dijera.

―Oh.

―¿Estás molesta?

―Quiero decir, no. No necesito un anillo. ―Me doy cuenta de que esto no es una propuesta, y mis nervios se desvanecen un poco. Pero luego la decepción se apodera de donde antes estaban los nervios. Porque quiero que me proponga matrimonio. He estado pensando en ello todo el día, pero mi lado racional sabe que todavía hay tiempo. El hecho de que no esté sucediendo en este momento no significa que no sucederá en el futuro.

Él sonríe, acunando mi rostro.

―Así está la cosa…

―Para ser honesta, estaba un poco nerviosa de que me fueras a proponer enfrente de todos esta noche.

Hace una pausa, como si él no esperara que yo dijera eso. Es su turno de decir:

―Oh.

―El hecho de que no quiera una gran producción no significa que no quiera casarme contigo. Porque sí quiero ―le digo con seguridad―, más que nada.

―De acuerdo. ―Una mirada de confusión cruza su rostro―. Bien. Yo también quiero eso.

Nuestra canción termina y él solo se ve... un poco desanimado.

―¿Vamos a tomar un respiro? ―pregunta, señalando hacia la barra. Con su mano en la mía, nos lleva fuera de la pista de baile, de regreso a la mesa.

Antes de que lleguemos allí, me detengo en el lugar, tirando de su mano.

―Oye.

Se afloja la corbata de moño con la otra mano hasta que se deshace y cuelga alrededor de su cuello.

―¿Sí?

―¿Qué está mal?

Me mira por un momento, tal vez pensando en algo antes de que su rostro se ilumine de nuevo, cualquier rastro de confusión desaparece por completo.

―Nada está mal. ―Me besa en las mejillas y la frente―. ¿Quieres otro trago?

―¿Claro? Whisky.

Él silba.

―La chica de mi corazón. Ya vuelvo ―asegura, besando mi mejilla antes de dejarme en la mesa.