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Una vida por otra
Lloró durante noches enteras la muerte de la que había sido como su hermana. No podía entender por qué los dioses eran tan crueles con ellas ¿es que acaso había cometido un acto infame, para recibir tal castigo? En su vida se comportó como la perfecta hija, la perfecta mujer, la perfecta nuera y cuñada y, por último, la perfecta madre. ¿Por qué entonces los dioses le deseaban tanto dolor? ¿Eran sus lágrimas fructíferas para los capos estériles de Gea? ¿Acallaría su llanto el canto de las sirenas? ¿Cuál, entonces, era el motivo de tal agravio hacia ella y su familia?
Estaba sola, pues su único compañero era Thanatos, esperando por segar su vida.
Llegó a su casa antes de lo previsto, los mareos y las arcadas la habían atacado sin compasión, siendo obligada a volver a casa. Cuando pasó el umbral y cerró la puerta, se apoyó para no dejarse caer, respirando con dificultad y procurando no mirar hacia abajo. Con dificultad llegó al recibidor y se sentó en un pequeño sofá andrajoso que había recuperado de la calle. No es que fuera mal de dinero, pero su sueldo no le permitía poder amueblar toda aquella casa de golpe. Se tumbó y se tapó ambos oídos con dos cojines, procurando que el pitido incesante y el mareo disminuyeran de alguna manera. El teléfono sonó justo cuando ella empezaba a disminuir el mareo y las náuseas. Sin mucho ánimo tanteó su riñonera y lo sacó, contestando con desgana.
—Yo también te quiero —contestó el médico al recibir el escueto saludo de la detective. Kagome abrió los ojos sorprendida de la voz de su interlocutor.
—¿Inuyasha? —preguntó desanimada.
—¿Te encuentras bien? Te noto angustiada.
—Perdona, no he tenido uno de mis mejores días. —Se sentó en el sofá y suspiró.
—¿Un mal caso? —Kagome sonrió, Inuyasha podría tener muchos defectos, pero siempre había sabido escuchar todos sus problemas.
—Tranquilo, no es de tu incumbencia, estaré bien —sonó mucho más cortante de lo que en realidad pretendía, pero no se corrigió, era mejor así.
—Es de mi incumbencia, te guste o no. Nada más faltaría que tú pudieras elegir… ¿qué te piensas que estamos en el siglo el progreso? —El tono irónico y cómico del médico sacó una carcajada a Kagome—. Ni que las mujeres tuvieran poder de decisión.
—¿Lo has hablado con tu madre eso?
—Si le digo algo así a mi madre, me colgará de los testículos del palo más alto que encuentre —escuchó una sonrisa—. ¿Seguro que estás bien?
—Inuyasha —Los ojos azules le escocieron—. Esto es más fácil si no mostraras tanta compasión ahora que no estoy.
—¿No te he cuidado bien, verdad? —Escuchó un suspiro en el auricular—. En serio Kagome. Llámame estúpido, tírame un jarrón a la cabeza o lánzame un puñetazo. Lo que sea, pero necesito hablar contigo.
—Suena demasiado desesperado incluso para ti, Taishō —la detective sonrió al escuchar el gruñido por parte del médico.
—Inuyasha, no Taishō —corrigió irritado—. Sabes que odio que me llames por mi apellido, me haces sentir más viejo de lo que soy.
—Ya… — hubo un silencio, bien porque no sabía que decir, bien porque no se atrevía — ¿Querías algo en especial?
—Solo quería saber cómo estabas —Kagome se enterneció— y escuchar tu voz, nada más.
—No tiene nada de especial mi voz —argumentó sonrojada.
—Me calma —se sinceró el otro—. Escuchar tu voz hace que consiga encontrar paz las noches difíciles.
—¿Hoy ha sido una noche difícil? —Inuyasha no contestó, simplemente gruñó—. Has perdido a un niño ¿verdad?
—¿Cómo puedes saberlo con tanta facilidad? —ella simplemente sonrió—. Tenía la edad de Kyo, estaba jugando en una zona residencial y un mercedes lo arrojó. En cuanto llegó a la sala de urgencias ya no se podía hacer nada por él.
—Lo siento mucho. —Kagome cerró los ojos preocupada, no era la primera noche que el médico había llegado a casa, borracho, después de una situación similar—. ¿Te ha tocado hablar con los padres?
—No, se ha ocupado Eri. —El silencio volvió a reinar el teléfono—. No he tocado ni una gota de whisky. Tengo la bebida puesta en la copa pero no me he atrevido a beberla, he querido llamarte antes.
—Tírala Inuyasha —ordenó suavemente la detective— beber no te va a ayudar a olvidar.
—Ojalá no hubiera sido tan estúpido, ojalá no hubiera confiado en Kikyō.
—Supongo que nuestra relación se ha desgastado, era monótona y necesitabas volver a la seguridad de la juventud.
—Kikyō solo me ha dado dolores de cabeza —espetó con rudeza. La detective observó extrañada el aparato—. Ella me hinchó la cabeza con tonterías, las mismas tonterías que yo te dije y como fui un cobarde estúpido, dejé que ella rematara el trabajo sin ni siquiera saberlo —balbuceó.
—¿Qué quieres decir? —Kagome sintió un vuelco en el corazón… ¿le estaba intentando decir algo?—. ¿Inuyasha? —Como respuesta escuchó un ronquido. La detective abrió los ojos y se carcajeó suavemente, el alcohol había hecho mella en su sistema nervioso—. Dulces sueños, amor… —colgó, suspirando una vez más.
Se sintió liberada después de aquella conversación. Entendía que podía mantener una conversación con él sin llorar y aceptando que, aunque sus sentimientos por él seguían siendo fuertes, no podían estar juntos. Llegar a esa conclusión la animó, estaba segura que ese era el primer paso para poder empezar una nueva vida.
Después de la conversación, se sintió con ánimos de ordenar algunas de las cajas con sus pertenencias, recuerdos en su mayoría de la vida junto a él, entre los cuales, algunos libros de mitología que él le había regalado. Recordó alegre la odisea que sufrió por encontrar aquel libro en concreto, una antología de los fragmentos de Eurípides que había sido descatalogado hará más de veinte años. Del libro, cayó una fotografía de los Taishō, Kagura y ella con los niños. Los padres de Inuyasha se mantenían en el centro con los niños alrededor, Kagura y Midoriko, la hermana mayor de los hermanos, obligaban a Sesshormaru a mostrar una mueca que parecía una sonrisa. Ella, sin embargo, no miraba a la cámara, estaba perdida en la mirada dorada de Inuyasha. Se sentó en el suelo con una mueca triste observando la felicidad que desprendía aquella fotografía, la Kagome de aquella foto jamás hubiera llegado a pensar que toda aquella felicidad acabaría acabándose de forma tan abrupta. Intentó no darle más importancia y guardó el libro, dejando la fotografía encima de la pequeña mesita.
(-.*-.*-.*-.*)
Era jueves por la tarde y ya había pasado cerca de un mes, desde que Kagome había visto a su familia y tres días desde la muerte del señor Plaza. No sabía nada más de su madre ni de Jaime, pero con la muerte del madrileño, la vida se había agitado por momentos y no tenía tiempo para parar a pensar en su familia. ¿Por qué esto no podía ser como en las series de televisión? En dichas obras de ficción, no pasaban ni veinte minutos sin que los protagonistas encontraran una pista para descubrir al asesino. Una foto de tráfico, una llamada en un móvil, una cuenta en un paraíso fiscal… algo que ayudara a dar el siguiente paso para descubrir al asesino. Por desgracia en la vida real no era así. Podría decirse que el caso estaba en un punto muerto, puesto que no había pruebas suficientes para conseguir avanzar a paso seguro. Y lo que más odiaba era que estaba cada vez más segura de que el asesinato estaba relacionado con Hirata Suikotsu y Yanaka Renkotsu, pero no podía demostrarlo. Buscando nuevamente en el archivo de María José Rodriguez, escuchó las voces de Akane por el departamento.
—¡Kagome! —La mujer levantó la cabeza—. Creo que tenemos algo —dijo dejando unos folios encima de la mesa de la morena.
—¿Relacionado con el caso de Plaza?
—Mucho mejor —le enseñó una foto donde aparecía una mujer asiática con unas gafas de sol, sonriendo y haciendo el símbolo de victoria con la mano derecha. Detrás y medio de espaldas pudo reconocer a una mujer rubia vestida con unos tejanos y camiseta blanca. Las gafas de sol y la gorra de la floristería le tapaban el rostro—. ¿Te suena?
—¡Es la mujer del apartamento de Plaza! —la reconoció al instante.
—Esperaba que la reconocieras, tienes una memoria prodigiosa —asintió contenta—. Por desgracia, no sabemos nada sobre ella. Esta foto fue tomada por una pareja de turistas que llegaron hace dos días de turismo. Hicieron una foto al cartel de la floristería porque les parecía gracioso el nombre de Polen.
—¿Cómo es que han venido a entregar la foto? No hemos enviado ningún comunicado.
—La misma mujer se acercó a ellos después de hacer la foto y les exigió la cámara. Los señores Momiji encontraron extraño el comportamiento y lo denunciaron ayer. Ukyo se encargó del papeleo.
—Vayamos a la floristería, si la encontramos sabremos que narices pasa con este caso.
—Fueron Ryoga y Lee. —La inspectora bajó la mirada simulando analizar algunos documentos. Kagome le cogió la mano esperando captar su atención.
—¿Cómo estás? —Akane la observó extrañada—. Después de romperle la nariz a tu compañero supongo que no estarás muy bien.
—Ryoga no me denunció y Cologne no ha abierto expediente.
—Sé que te ha ocurrido algo. —La otra la miró enfadada—. Y también sé que no tengo derecho a preguntar, pero no es la primera vez que veo ese tipo de reacción. Cuando quieras hablar, aquí estaré.
—Kagome, tienes una llamada —interrumpió Ukyo— y es importante.
Kagome escuchó el suspiro de alivio de Akane en cuanto su compañera las había interrumpido, por lo que decidió dejarlo pasar. La de ojos azules estaba más que acostumbrada a ese tipo de comportamiento, no solo por su trabajo, en su vida diaria había visto las reacciones desmesuradas de Kagura durante los primeros años de relación con Sesshomaru. La mujer había sufrido un infierno a causa de su hermano mayor, Naraku, creándole diferentes traumas que se arraigaron en su cerebro como si de una enredadera se tratara. Aquellas reacciones extremas eran, en parte, causa de aquellos traumas de su niñez. Unos traumas que, estaba convencida, también tenía Akane.
Por el otro lado de la línea, la enfermera de su actual médico por fin le había llamado para los resultados de las pruebas médicas a las que se expuso una semana antes. Temiendo que algo no funcionaba bien, la joven había leído en internet que, la mayoría de aquellos síntomas se debían a una bacteria que aparecía en el sistema digestivo y causaba dolor de estómago, pesadez y náuseas. No debería haberse informado de aquella manera, pero ya no había vuelta atrás. Por ello, avisó a su nuevo médico de urgencia para que le aclarara sus dudas.
Ensimismada en sus pensamientos no se percató de la situación que ocurría en su mesa. Lee, taciturno y sombrío, estaba en la mesa junto a Akane hablándole en susurros a la par que ella respondía de la misma manera, pero con claro descontento. Se fijó en que tendría que ver con el caso, hasta que él, con disimulo, le acarició el brazo y entrelazó sus dedos con los de ella. Kagome paró en seco y se giró, disimulando analizar unos documentos que había cogido sin mirar.
—No quiero volver a pasar por lo mismo —lamentó Akane.
—Mi padre está loco —le apretó la mano y suspiró—. solo será un día. Haré tanto el imbécil que la chica saldrá corriendo espantada.
—No quiero volver a ver en los periódicos como te paseas con el trofeo de esta semana, no quiero otra vez pasar por las mismas criticas de mi padre. Simplemente, no quiero — sentenció llena de frustración.
—Ya, pero esta es la única forma de que nuestros padres nos dejen en paz. —Ella lo miró comentó él—. Mei es lesbiana, pero que necesita una tapadera, al igual que yo.
—Sin embargo, cuando Kuno me presentó a aquel imbécil actuaste como un troglodita —reprochó ella alzando la voz, enfadada—. Eres un hipócrita Ra…
—Perdón. —Ante los inminentes gritos y amenazas, Kagome decidió intervenir, llevándose una mirada de odio por parte de ambos—. Sé que el caso de Plaza nos trae a todos de cabeza y necesitáis todos vuestros sentidos trabajando, pero necesito ausentarme unas horas. Mi médico quiere que vaya a buscar los resultados que me hizo la última vez. No hay ningún problema ¿no?
—No —consiguió gesticular Akane—. Cualquier cosa, avísanos. —Lee asintió rudo girándose sin mirarla. Sin embargo, ella sonrió, cogió sus cosas de la mesa y salió del departamento hacia su coche.
(-.*-.*-.*-.*)
Mientras se dirigía a la clínica, pensaba en el tiempo que había pasado sola, alegrándose de sentirse fuerte para conseguir cualquier cosa, tranquilizando de paso sus nervios por los resultados de las pruebas. Aunque ella era una persona que no tomaba decisiones precipitadas, derivadas de su miedo al cambio, aquel drástico cambio de vida había sido beneficioso para ella, de tal manera que la había cambiado, sintiéndose más segura de sus instintos, de sus decisiones y, en su totalidad, de lo que quería. Durante este tiempo, desmontó los castillos en las nubes, creando unas metas mucho más reales, mucho más efectivas para su autoestima y mucho menos dolorosas, en los que no importara nada más que ella y el mundo que vivía.
Con ese pensamiento de positivismo entró en la clínica y demandó a la enfermera por el doctor Tofu. La mujer, de mirada afable, algo más mayor que ella, sonrió y asintió, cogiendo el teléfono para contactar con el médico. Poco después le dijo que se sentara, que alguien vendría y la llamaría. Cogió una revista del National Geographic, donde hacían un reportaje sobre la mítica ciudad de Troya, sorprendiéndola gratamente. Cogió lápiz y papel y empezó a escribir algunas anécdotas sobre el mito que se dejaban entrever en el artículo pensando en cómo podía introducirlo en su novela, teniendo en cuenta que la mujer de Héctor, ya era cautiva en las manos de su mayor enemigo Neoptolemo, hijo de Aquiles.
—Veo que le interesa las ruinas griegas. —Una mujer de unos treinta y tantos se le acercó con una carpeta en su mano. Iba vestida de blanco, tenía los ojos cafés y cabello del mismo color—. Puede quedársela, nosotros tenemos más.
—No, no — rehusó Kagome — no podría aceptarlo — dejó la revista en su sitio, total ya había escrito todo lo que le interesaba — perdone… ¿nos conocemos?
—Creo que no —sonrió la mujer—. El Dr Tofú la está esperando —Kagome se levantó de un salto y la siguió. La hizo pasar hacia una sala con una gran mesa blanca y un hombre de la edad aproximada de la enfermera sentado, mirando algo en el ordenador—. Dr, aquí tiene a su paciente.
—Gracias Kasumi. —Kagome miró a la enfermera… ¿Kasumi? ¿de qué le sonaba ese nombre?—. Siéntese señorita Higurashi. ¿Cómo ha estado?
—Los síntomas parecen que han disminuido después de hacerme las pruebas. Ya no tengo náuseas y puedo comer según que alimentos —sonrió complacida. Eso era una buena noticia ¿no?
—Bueno, es normal, con el paso del tiempo su cuerpo se acostumbra al cambio —tecleó rápidamente en el ordenador—, pero es lógico, los primeros meses siempre son los más duros.
—¿Quiere decir que tengo…? — Kagome palideció a la vez que sus manos tocaban su vientre ¿de verdad había cogido ese virus? En su búsqueda particular, leyó que no podría comer chocolate ¡A ella le encantaba el chocolate!
—Sí, lo tiene —dijo el doctor—, pero no es preocupe, como ya le he dicho los primeros meses son los más duros. Luego de una dieta saludable y vitaminas posiblemente vaya mejorando.
—¿Meses? —gimió la detective, el médico estaba siendo muy optimista pero ella había leído que algunas personas tardaban años en hacer desaparecer el virus — ¿y qué tipo de medicación debo tomar? He leído que hay antibióticos que pueden dañar el hígado…
—¿Qué? —Tofú levantó la vista del teclado y la miró—. Olvídese de San Google por un momento. No debe de tomar ningún medicamento a no ser que sea estrictamente necesario y evite tomar ibuprofeno. Si el dolor no remite, paracetamol.
—¿Está seguro? —La morena no era experta en medicamentos, pero había vivido con un médico los suficientes años como para saber que el paracetamol no le haría nada a un virus instalado en su estómago.
—Completamente —el Dr Tofú anotó una serie de recomendaciones—. Deberá tomar ácido fólico el primer trimestre. Recuerde, nada crudo hasta la prueba de los tres meses, y las ensaladas bien lavadas. No se obsesione, y coma lo que le apetezca, pero con moderación.
—Espere ¿ácido fólico? —preguntó sorprendida.
Miró al médico a los ojos para bajar poco a poco la vista hacia la lista que le estaba escribiendo. Frunció el ceño cuando vio la letra, era incluso más ilegible que la de Inuyasha, recordándole a dos serpientes entrelazándose, luchando por conseguir la misma presa. Se quedó atrapada en aquel pensamiento estúpido, visualizando los dos animales como si fuera un dibujo animado.
—Lo sabía ¿verdad? —Tofú la miró y se estremeció al verla llorar—. Señorita Higurashi.
—¿Cómo es posible? Hace casi dos meses que no… —se tapó la boca con la mano derecha recordó aquella noche dos semanas antes de la ruptura—. Mierda.
— Usted está embarazada de unas nueve semanas aproximadamente —movió el monitor enseñándole las pruebas—. Posiblemente no entienda nada, pero si ve aquí, la hormona del embarazo está bastante alta. Felicidades. —Kagome se miró sintiendo un calor especial— ¿Quiere que avisemos a alguien?
—¡No! —negó en rotundo— Necesito pensar.
—Existen métodos para detener este tipo de procesos —el médico dijo las palabras con cuidado—. Si cree que no puede hacerse cargo de esa criatura podemos hablar de otros métodos.
—No lo sé… —tenía los ojos concentrados en su vientre, sintiendo un calor inusual— yo debo pensarlo…
—Recuerde que mientras más espere más difícil le será tomar una decisión. —Kagome miró a Tofú—. Tenga en cuenta que traer una criatura al mundo es complicado si no se siente preparada. —Kagome se levantó del asiento y asintió— ¿Tiene a alguien con quien hablar? Puedo recomendarle a una psicóloga y buena amiga que…
—No se preocupe —Kagome sonrió como pudo—, alguien me espera en casa —se despidió y salió del despacho, dejando al médico algo inquieto.
No supo cómo llegó a casa. Su cerebro no tenía más espacio que para la noticia que había recibido. Estaba embaraza. Tenía a alguien creciendo en su interior. Aparcó el coche y abrió la puerta temblorosa, dejando las cosas de cualquier manera en el recibidor y sentándose en la sala, absorta en sus pensamientos. ¿Cómo era posible que hubiera ocurrido? Tomaban precauciones porque nunca habían hablado de tener criaturas con ellos, se consideraban demasiado jóvenes en realidad. Sin embargo, era cierto que su periodo hacía casi dos meses que no le venía, pero siempre lo había achacado a su desarreglo hormonal y a los nervios de los últimos tiempos. Se tocó el vientre volviendo a sentir el calor. Observó el comedor vacío con sus pocas pertenecías aun colocadas en cajas, pensando qué debería hacer. Sin dilación, debía hablar con Inuyasha pues, aunque estuvieran separados, él había formado parte de la gestación de su feto. Aunque primero, debía pensar qué quería hacer ella, si quería tenerlo o no.
¿Quería? En realidad, en su vida no había espacio para una criatura. Con un nuevo trabajo en una nueva ciudad y sin nadie que pudiera ayudarla. Siendo nueva, tendría suerte si no la despedían por estar embarazada antes de entrar en el cuerpo y no avisarles. Además, estaba el hecho de que un grupo de traficantes tenía su contacto, estaba en peligro. Por lo que, en el peor de los escenarios, podía estar embarazada, sola ante el peligro y sin un trabajo estable que le ayudara económicamente. No podía evitar pensar cual era la mejor opción.
Dirigió su mirada hacia sus manos, posicionadas aún sobre su vientre plano. Todos sus razonamientos lógicos se fueron al traste al imaginar si la criatura tendría sus jos azules o los dorados de él. Cerró los ojos intentando contener las lágrimas que le escocían en la cuenca de los ojos. No quería decirlo en voz alta, tenía miedo del cambio que estaba dispuesta a hacer ¡Ni siquiera lo había contemplado! Pero no podía engañarse a su misma. Quería a ese bebé que se estaba formando dentro de ella. No quería deshacerse, no quería remitirlo, quería verlo crecer. Soltó el aire descansada. Sonrió, cogió el teléfono y llamó a Inuyasha, esperando que no se volviera muy loco al escuchar la noticia. Tampoco quería nada de él, pero siendo el padre, tenía derecho a saberlo.
Pero le colgó la llamada.
Miró la pantalla durante unos segundos, la alegría desapareció al ver un mensaje de su hermana Kikyō.
Hermana, tenemos que hablar. Es urgente.
ἔσθ' ἡμῖν ὡς ἦν μόχθος ἰατροῖς μέγας
τομαῖς ἀφαιρεῖν ἢ ποτοῖς ἢ φαρμάκοις
πασῶν μεγίστην τῶν ἐν ἀνθρώποις νόσων Ino, TrGF 5.1, 403
Lo analizó sin mucho entusiasmo. Desde que dejó a Inuyasha, su hermana no hacía más que enviarle aquellos mensajes extraños, escritos en griego antiguo, sin ningún significado. Era la primera vez en la que escribía algo más, sin embargo, no quiso saber nada más y apagó el teléfono con desgana sintiendo de nuevo aquella amargura permanente que había sufrido antes de irse de su apartamento. Decidida a no dejarse amedrentar por ello, se dirigió a su baño para relajarse. Aunque el albino debía ser el primero en saberlo, hablaría al día siguiente con Akane para comentarle la situación y pedirle que no la sacara del departamento, pues ahora, más que nunca, necesitaba ese trabajo. Después del baño, pensó en llamar a su madre y explicarle la buena noticia, pero decidió dejarlo para otro momento, no quería que Muso arremetiera contra ella.
Se tumbó en su cama con una sonrisa de oreja a oreja. No sabía cómo, pero saldría de esta.
(-.*-.*-.*-.*)
A la mañana siguiente el departamento de policía era un caos. Dos atracos a gasolineras, una persecución y una pequeña pelea entre dos bandas adolescentes de la localidad habían llenado de gente el edificio, siendo casi imposible moverse. Kagome no tuvo tiempo en toda la mañana para hablar con Akane por lo que cuando llegó la hora de comer y la comisaría estaba controlada, se acercó y se sentó a su lado.
—Buf —suspiró Akane— estoy muerta.
—Tengo que hablar contigo de algo importante. —Akane la miró algo preocupada—. Está relacionado con el caso de Plaza y Yanaka, no crea que pueda involucrarme por completo.
—¿Ocurre algo? —preguntó sorprendida—. ¿Es por tu visita al médico no?
—Bueno, en realidad sí. —Akane se incorporó en su silla, preocupada—. No, no es nada malo, la verdad es que es algo bueno.
—Entonces ¿qué pasa?
La pregunta quedó en el aire. Entrando por la puerta, observaron a un hombre alto, corpulento, vestido con unos tejanos negros y una camisa azul marino. El cabello albino recogido en una cola, alargaba más la fisonomía de su rostro, marcando y endureciendo más sus facciones. Kagome lo observó, sorprendida, como entraba en el departamento como si fuera un dios en la tierra. Soltó una maldición. ¿Cómo la habían encontrado?
—Mi madre —dijo Akane completamente anonada con semejante espectáculo. Kagome le dirigió una mirada irónica cuando la vio levantarse enseguida y acercarse a él—. Tendo Akane ¿en qué puedo ayudarle?
—Encantado —contestó con una sonrisa sin quitar la vista de Kagome—, pero vengo a hablar con ella.
—Sesshomaru ¿cómo lo has sabido? —se levantó enfadada. No era posible que tuviera un micrófono escondido ¿verdad?
—Sabes que soy bueno Kag —contestó con aquella sonrisa tan condescendiente—. Por desgracia, no estoy aquí para tomar un café.
—Hola querida —detrás del detective, apareció su padre, Taishō Tōga.
—Tōga ¿qué haces aquí? ¿le ha pasado algo a Inuyasha? —Padre e hijo se miraron—. Por favor ¿qué ocurre?
—¿Podemos hablar afuera, querida? —su antiguo suegro le tendió la mano, esperando que se la cogiera, con una mueca de una sonrisa triste. Kagome tembló, tenían que saberlo. ¿Cómo podían saber que estaba embarazada?
—Lo que tenga que decir, dígaselo aquí, está entre amigos. —Akane le agarró la mano, cuando la vio temblar—. Somos como de la familia.
—Nosotros somos familia. —Sesshomaru se adelantó, impotente. Su sola presencia parecía amenazar a todo el departamento, pero, en vez de amedrantar a la detective de ojos oscuros, avivó más su enfado.
—Akane relájate. —Kagome se interpuso entre ellos—. Y tú —señaló a de ojos dorados—, dejamos de ser familia hace tiempo, en el momento en el que tu hermano me engañó con mi hermana. —En el departamento reinó un silencio antinatural—. Sea lo que sea, por favor, decídmelo ya.
—Kagome, cariño, siéntate. —Tōga apartó la silla y obligó con la mirada a que la muchacha se sentara—. Hoy Sesshomaru había quedado con tu madre para descubrir tu paradero, todos estábamos preocupados por no saber dónde te encontrabas, sobretodo Inuyasha —ella lo observó, irónica—, pero tu madre no se presentó a la cita.
—¡Esto es increíble! ¿Es que no podéis dejar de meteros en la vida de los demás? —se levantó enfadada.
—Kagome, la esperé por un largo periodo de tiempo. Al final, volví a la comisaría y…
—¿Qué me quieres decir? — los ojos azules empezaron a humedecerse.
—Se halló un cuerpo en las orillas del río —continuó él— y creemos que es Higurashi Sonomi. —La mujer de mirada azulada tembló—. Miroku ha estimado la hora de la muerte a ayer a media tarde. Necesitamos a un familiar que nos lo confirme.
—¿Qué le pasa? —Lee apareció detrás de Akane cuando vio el corrillo de gente que se había formado en la mesa de su compañera—. ¿Qué le habéis hecho?
—Ahora no —suplicó Akane colocándole la mano en el hombro.
—Pero ya sabéis que es ella ¿no? —Sesshomaru miró a su padre— ¿Qué le han hecho? —la pregunta salió más desgarrada de lo que quería aparentar. Necesitaba controlarse, necesitaba dejar claro que podía participar en ese caso.
—Es mejor que lo veas con tus propios ojos, niña —contestó Tōga.
—Tengo que llamar a Sōta y recogerlo, no puede quedarse en casa con Muso —se levantó lentamente intentando no marearse.
—¿Por qué? —preguntó Tōga pasándole una mano por los hombros.
—Mi padrastro tiene una larga lista delictiva y no se lleva bien con mi hermano. —Sesshomaru la miró—. Además, lo necesito conmigo.
—Enviaremos una patrulla a buscarlo y os encontraréis allí —asintió el detective marcando un número de teléfono y saliendo para realizar una llamada.
—Kagome si necesitas cualquier cosa no dudes en llamarnos —Akane la abrazó, aunque la joven de mirada azulada seguía siendo protegida por su exsuegro.
—Exacto —Lee secundó a su compañera—. Si tienen cualquier información avisen, aquí cuidamos a los nuestros —le ofreció una tarjeta a Tōga. Éste asintió y salió de allí con la mujer aun abrazada.
Kagome no intentó aguantar las lágrimas mientras entraba en el coche ni durante el trayecto. Lloró en silencio, recordando todos y cada uno de los momentos en los que podría haber hecho algo, sacarla de aquella casa, darle una salida. Lloró más alto, con más ganas, cuando recordó que no le dijo a su madre que estaba embarazada y que ya lo estaba cuando se vieron. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Las cuencas le escocían, el pecho le dolía y la cabeza le iba a estallar, pero no dejó de llorar.
Porque Andrómaca siempre llora por sus muertos.
¡Hola!
Aquí volvemos una semana más con un nuevo capiítulo. Debo decir que ya empieza la salsa, ya empieza a haber pistas sobre lo que acontecerá a continuación. Espero que os guste.
Aclaraciones:
El párrafo en griego corresponde a una obra de Eurípides, Ino, de la cual solo se conservan algunos fragmentos. Queía avisar que, a no ser que, como en este caso, cite la procedencia, los demás escritos (incluidos los de Andrómaca) son de mi invención.
Agradecimientos:
Susanisa: Me alergo muchímismo que el anterior te haya gustado. Aquí tienes el siguiente, espero que lo disfrutes igual.
Marlenis Samudio: Muchísimas gracias por tu comentario. Ciertamente, Inuyasha aquí está representado como un poco idiota, pero prometo que empieza a pensar en los siguientes capitulos. Si te sigues preguntando si Kagome corre peligro... bueno... esto no es una buena señal xD. ¡Espero que disfutes de este nuevo capítulo!
Rosa Taisho:¡Muy buenas! Muchas gracias por pasarte una semana más por aquí. Me lo pasé muy bien escribiendo la escena del hospital, imaginándome a los dos hermanos demacrados tomando el café. Sí Inuyasha es un poco tarugo, pero las cosas empezaran a liarse a partir de ahora. Espero que este capítulo resuelva tus dudas. ¡Gracias por pasarte!
Tatiana Ocampo: Me alegro que al final pudieras pasarte por aquí, FF hace un poco el tonto y por eso también he decidido subirlo a Wattpad. Me alergo muchísimo que te gustara el capítulo y sobretodo, la historia en sí. Espero que este también sea de tu agrado.
Como siempre, agradecer a Carli89, Eren Vega, Jacqueline Mendoza, Jiyuu Akabane, Klaudia VR, Lilliana1118, Marlenis Samudio, Susanisa, hadadelcementerio, jessicatoledo . barrera78, kcar y Klaudia VR por vuestros me gusta y por seguir esta historia. Sin olvidar a todos aquellos que sean lectores fantasmas, gracias por darle la oportunidad, aunque sea por error xD! Sin todos vosotros yo seguramente no seguiría escribiendo.
Sin nada más, aquí me despido hasta la siguiente semana. Cuidáos mucho.
¡Nos vemos en los bares!
