MUGEN
Cambios
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Te miro desde el lugar que me has asignado a un lado del río, en tanto estás metido en el agua hasta la mitad de la pantorrilla. Tienes las piernas del hakama subidas hasta la rodilla y sacudes una prenda de ropa para que ésta suelte todo el jabón que le habíamos puesto para lavarla. Puedo ver tu ceño fruncido remarcando el mal humor con que has comenzado el día.
—InuYasha, en serio, puedo hacerlo yo —repito las palabras que ya te he dicho un par de veces.
—No, no puedes —tú también repites la respuesta.
Suspiro, cansada de la inactividad en la que me estás sumiendo. Miro a lo alto, el cielo permanece entre nubes y claros; no es probable que llueva hoy. De pronto recuerdo qué día es, puede que sea la razón de tu mal humor.
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—InuYasha, de verdad, esto se está volviendo absurdo —digo, mientras camino medio paso tras de ti que llevas mi canasta con las hierbas que he recolectado hoy en el campo.
—No es absurdo —manifiestas decidido y con el mismo tono adusto que has usado todo el día.
Dame eso. No camines rápido. Yo lo hago —algunas de las cortas frases que han antecedido a tu ayuda.
—¡Lo es! —insisto, alzando la voz por si con eso te detienes.
Te giras y me miras directamente a los ojos, permitiendo que vea en los tuyos la inflexibilidad de tu decisión.
—No lo es Kagome. Estás embarazada —esgrimes como si aquello se pudiese considerar un argumento.
—Embarazada, no enferma —defiendo.
—Es casi lo mismo —dices.
Siento como se abre paso la indignación por mi pecho, mientras inhalo por la nariz y oprimo los labios. Los mantengo cerrados y apretados para no conjurar el hechizo que contiene el kotodama no nenju en tu cuello. La subyugación dejó de ser un camino.
Paso por tu lado y te adelanto, ignorando por completo tu exigencia de ir más despacio.
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—Lo siento —murmuras.
Yo me mantengo dando vueltas al guiso que será nuestra cena, desconociendo tus palabras.
—Kagome —insistes con un tono de voz que me ablanda con más facilidad de la que quisiera aceptar.
Permaneces sentado a mi costado con las manos dentro de las mangas del kosode. Te miro, la escasa luz que le queda al día, y que entra por la puerta abierta, le da a tu figura un particular halo arcoíris que te hace parecer incluso místico. Mi determinación acaba por ablandarse totalmente.
—No puedes evitar que haga cosas —te digo—. Estar embarazada no es estar enferma.
Chasqueas la lengua, reprendiéndote por tus palabras.
—Lo sé —enfocas la mirada en el suelo de madera durante un instante. La luz de fuera disminuye un poco más y el halo arcoíris lo hace también—. Es sólo que ayer se te inflamaron los pies y tu abdomen está creciendo. Son muchos cambios y me preocupo por ti.
—Lo entiendo —me acerco un poco más y te toco la cara con la mano completa—. Habrá más cambios —te advierto.
Suspiras, cierras los ojos y descansas la cabeza hacia mi mano, entregándote a esa nueva realidad. Me extiendo y te doy un suave beso en los labios. Noto que tus manos me sostienen, me abrazan hacia ti y el beso se hace más profundo. Siento que nos rodea una mágica y cálida energía, nos envuelve y nos acaricia. Dejo el beso y abro los ojos para encontrarme con los tuyos que se han vuelto oscuros como los míos; hoy el luna nueva.
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N/A
Este drabble se lo debía a Lis Sama, quien participó con su pregunta en una actividad que cree para mi página de fa cebook. Muchas gracias por animarte Lis y espero que te haya gustado.
Besos!
Anyara
