Capítulo 2

Llovía con fuerza cuando Aaron entró en el edificio que albergaba la biblioteca. Dejó la mochila en el suelo y se sacudió un poco la ropa y el pelo. Se había mojado un poco, pero esperaba que no tardara demasiado en secarse.

Llevaban apenas un mes de clases, pero al ser el último año, debía esforzarse más desde el principio. Se dirigió a la biblioteca, donde podría estudiar con tranquilidad. Arthur, su compañero de cuarto, todavía no estaba en modo estudio, y prefería dedicar sus horas libres a escuchar música y mantener relaciones con su novia.

Al doblar una esquina, chocó de frente con alguien, tirando sus libros al suelo.

-¡Lo siento! Iba distraído y…-se quedó sin palabras cuando vio la sonrisa que Erin le dedicaba.

-No te preocupes. Estaba pensando en tirarlos yo. No me gustan demasiado -dijo divertida mientras se agachaba. Él la imitó. Encima tenía sentido del humor. Era perfecta.

-¿En serio? No lo hagas, seguro que habrá alguien que les saque utilidad -echó un vistazo rápido y vio que eran libros de psicología-. Aunque sólo sea para descubrir cómo cerrar la boca en momentos como este. Seguro que aquí pone algo así.

Erin soltó una carcajada y él se sonrojó, pero también sonrió. El sonido de su risa era música para sus oídos.

-¿Vas a la biblioteca? -preguntó ella al cabo de un momento.

-Sí. Quería estudiar un poco.

-¿Y por qué en vez de eso no vamos a la cafetería y nos tomamos un café? Luego si quieres vamos a la biblioteca y estudiamos.

Ella se mordió el labio de forma coqueta esperando su respuesta y él supo en ese momento que nunca podría negarle nada.

-De acuerdo. Pero sólo un rato. Necesito estudiar.

-Prometido -ella sonrió y se enganchó a su brazo, tomándolo por sorpresa.

Pidieron sus cafés y se sentaron en una mesa libre, al fondo de la cafetería. Erin había insistido en pagar, y él se fijó en su bolso, su ropa y en las pocas joyas que llevaba, pero que le decían que era de buena familia. Nunca estaría a su alcance.

-Así que estudias psicología -preguntó para romper el silencio y quitarse el mal cuerpo que se le había puesto.

-Sí. Es mi último año ya. ¿Y tú que estudias?

-Derecho. También termino este año -respondió tomando un poco de café pero evitando mirarla.

Estuvieron hablando un rato de las clases y de sus planes al terminar la universidad. Aaron consiguió relajarse y olvidar que Erin y él eran de dos niveles de vida diferentes.

Habían pasado casi una hora en la cafetería cuando se dirigieron a la biblioteca. Se sentaron uno frente al otro, en una mesa vacía. Extendieron sus apuntes y libros y comenzaron a estudiar. Aaron no podía evitar mirar de reojo a la chica de vez en cuando, y sonrojarse las veces que ella lo pillaba mirándola.

Cuando anunciaron que en breve cerrarían la biblioteca, ambos recogieron sus cosas y salieron al frío de la noche.

-Me ha gustado mucho volver a verte, Aaron -dijo Erin sonriendo-. Igual te veo este fin de semana en el restaurante.

-Me encantaría. Te pondré dos lonchas extras de queso -la vio sonrojarse y quiso besarla-. Pues…ya nos vemos por aquí.

-¡Espera! -sacó un bolígrafo y garabateó algo en un trozo de papel-. Llámame algún día, si te apetece -se mordió el labio, nerviosa.

Aaron cogió el papel y lo miró un instante, todavía aturdido.

-¿Tienes…un teléfono móvil? -fue lo único que se le ocurrió preguntar.

-Eh, sí. El otro es el teléfono de mi habitación -él asintió y lo guardó-. Me das el tuyo o…

-Oh, si perdona. No sé en qué estaría pensando -esta vez fue él el que se sonrojó. Erin le pasó el bolígrafo y él le escribió el número de su habitación.

-Bueno, pues…ya nos veremos.

-Sí. Hasta pronto.

Se separaron y cada uno se fue por un lado, y Aaron se pateó mentalmente por no reaccionar antes. Pareció un tonto delante de ella. Erin le gustaba de verdad, aunque fueran de clases sociales diferentes. No estaba seguro que si en algún momento llegaran a tener una relación, fuera a funcionar. De todas formas, quería y debía centrarse en sus estudios, que en esos momentos, era lo más importante.


Era la noche de Halloween y Aaron y el resto habían decorado el restaurante acorde a la fecha. A partir de las seis de la tarde, los jóvenes y niños que entraban en el local iban disfrazados.

Aaron no estaba de humor. Llevaba varios días sin dormir bien, y al día siguiente tenía un examen importante. Debería estar estudiando y no trabajando. A pesar de eso, puso su mejor sonrisa para atender a todos los clientes.

Entró un grupo numeroso, todos disfrazados, y el chico se preparó para atenderlos lo mejor posible. Su corazón comenzó a latir con fuerza cuando descubrió entre el grupo a Erin. Cuando sus miradas se cruzaron, la chica le sonrió ampliamente. Su sonrisa llegó a sus ojos, que brillaron al mirarlo. Se acercó a él la primera, mientras sus amigos seguían pensando qué iban a pedir.

Llevaba un vestido negro corto y bastante escotado (no pudo evitar que su mirada se desviara a su escote, aunque intentó disimular), unas botas altas de tacón y un gorro puntiagudo de bruja. El pelo suelto sobre los hombros y el pecho, y algún mechón que otro pintado de morado. El maquillaje más marcado y oscuro de lo que lo llevaba normalmente. Una bruja realmente sexy.

-Hola -saludó ella sonriendo.

-Hola -respondió él de la misma forma.

-Iba a llamarte el fin de semana pasado, pero tuve que volar de urgencia a casa y…-se encogió de hombros para justificarse-. Y he estado tan ocupada este mes que tampoco he podido hacerlo.

-Tranquila, me ha pasado igual. También quise llamarte, pero entre las clases y el trabajo, me ha sido un poco imposible.

Y no mentía. Abby se había puesto enferma, había estado dos semanas sin ir a trabajar y se las habían tenido que arreglar solos. Al menos, iba a cobrar algo más de dinero por las horas extras.

-Espero que no haya sido nada grave -vio la confusión en su cara-. Lo de tu viaje.

-Oh, no. Era un tema familiar, pero nada grave. Ya te contaré.

Aaron iba a decir algo más cuando alguien de su grupo la llamó para que se fueran.

-Al final parece que nos vamos. Hablamos ¿vale?

Y antes de que pudiera despedirse, había desaparecido, dejándolo con ganas de más. De más conversación, de más de su sonrisa y de más de su intensa mirada, donde Aaron había descubierto que le gustaba perderse.


Alguien estaba llamando con insistencia a la puerta de su cuarto. Miró el reloj y vio que todavía era temprano, que podía dormir un poco más, así que maldijo a la persona que estaba llamando. Apartó las mantas y se levantó. Se frotó los ojos y se desperezó para quitar un poco el sueño, y fue a abrir la puerta. Se sorprendió al ver a la persona que llamaba.

-¿Erin? ¿Qué haces aquí?

La chica lo miraba con cara de culpable, tal vez por lo temprano que era. Llevaba el pelo recogido en un moño desordenado, ropa deportiva (era obvio que había estado haciendo deporte) y las mejillas sonrosadas. Y ni una gota de maquillaje. Era la primera vez que la veía así, y pensó en lo que le gustaría verla así cada mañana al despertar.

-Tu amigo Doug me ha dicho cual era tu habitación. Y el día que es hoy -sonrió avergonzada-. Quería darte esto.

Le dio un pequeño paquete, de una de las mejores pastelerías de la ciudad. Lo abrió y sacó un trozo de pastel. Sonrió con cariño.

-Gracias Erin. No tenías que molestarte.

-Feliz cumpleaños, Aaron -se puso de puntillas y lo besó en la mejilla, muy cerca de la boca. Luego se marchó antes de que Aaron pudiera decir algo.

Él se quedó mirando el paquete en sus manos un instante, hasta que reaccionó. Se dibujó una sonrisa tonta en su cara cuando se dio cuenta de lo que Erin había hecho. Se llevó la mano a la mejilla justo cuando sintió la voz de Arthur a su espalda.

-Tío, esa chica está loca por ti. ¿Por qué sino iba a madrugar tanto para traerte no sé qué? -señaló mientras bostezaba y se dirigía al baño.

Aaron seguía parado en la puerta. La cerró y se sentó en su cama. Arthur tenía razón: probablemente le gustaba a Erin, y eso era bueno, porque él estaba loco por ella. Así que esperaba que en los próximos días sus obligaciones le dejaran algo de tiempo para poder llamarla y a pesar de su timidez, abrirle su corazón.

Continuará…