Capítulo 14

―Ése era mi cigarro – comentó con molestia, sin quitarle la mirada.

Se apoyó en el maldito bastón he hizo una mueca. Aún no lograba acostumbrarse a esa maldita cosa.

―Perdón, no me di cuenta – respondió.

Él optó por una postura un poco más relajada y metió las manos en los bolsillos de su pantalón. Tenía más miedo de sí mismo, de lo que pudiera hacer en ese instante al tenerla de frente.

Era la primera vez que la veía desde que había salido de coma. No era porque no quería verla, sino porque ella misma lo prohibió. Pero eso no significaba que no siguiera yendo al hospital, preguntándole a sus padres de su evolución.

Ahora, estando frente a frente no iba a tener oportunidad de escaparse.

― ¿Cómo estás?

Kagome curvó la boca algo parecido a una sonrisa sarcástica y negó.

―Pues…intenta caminar con un ridículo bastón y comprenderás como me siento.

Probablemente estaría siendo injusta con él y con quien realmente debería estar enfadada debía ser con su padre y tampoco era así. La realidad es que estaba más enojada consigo misma por no haber sido capaz de tomar las decisiones desde un principio. Si tan solo hubiese dejado las cartas sobre la mesa, tal vez esto no le habría pasado.

Buscaba un culpable dónde no lo había, pero eso no quería decir que no dejara de sentir rencor.

Maldijo al ver sus ojos. Maldiciendo a los siete infiernos por seguir enamorada de él. Todavía seguía vivo el recuerdo de su confesión. No podía dejar de sentir una inmensa rabia al imaginar que esas manos habían tocado a otra mujer. Esos labios, besar otros.

¡Quería gritar!

―Debemos hablar.

Lo vio acercarse peligrosamente a ella.

Kagome levantó el bastón para usarlo como una barrera entre los dos. No sabía cómo reaccionaría si lo tuviese peligrosamente cerca. En esa posición en la que estaban era todavía considerable.

―No te acerques a mí. Que seas el vicepresidente de mi padre no te da derecho a hablarme.

Él apretó las palmas de sus manos bajó la tela de su pantalón.

Ella volvió apoyar el bastón en el suelo y emprendió su camino de regreso a casa. Comenzaba a sentirse casada y la cabeza le daba un poco vueltas.

Esto lo notó Inuyasha que se anticipó antes de que Kagome pudiera terminar inconsciente en el piso. Con una mano la rodeó por la cintura y con la otra un brazo.

― ¿Estás bien?

Por un leve instante iba a dejar que sus sentimientos fluyeran al tenerlo cerca de ella, aunque unos segundos después su mente reaccionó y lo apartó de un empujón.

― ¡Te dije que no te acercaras más! – se llevó una mano a la cabeza ― ¿No tienes cosas más importantes que hacer? Tal vez el señor Higurashi te ocupe para algo más importante.

―Nada es más importante que hablar contigo.

Ese había sido un golpe bajo para ella y habría querido buscar las palabras adecuadas para herirlo, pero no las encontraba.

―No sé si no lo has notado, pero yo no quiero hacerlo.

―Entonces no me quedará más remedio que venir todos los días. Hasta que te aburras de mi presencia y accedas hacerlo.

Kagome negó.

―Te vas a cansar mucho.

Dio un paso, ella volvió a retroceder.

―Por ti, eso no pasaría.

―Suena muy decidido señor Taisho.

Él alzó una ceja ante el contrario cínico.

―Y no te haces la menor idea cuánto.

― ¿Me pregunto si así de decidido estabas al decirme la verdad sobre tu club?

Hubo un silencio que reinó el espacio que los rodeaba. El viento había soplado llevándose con él unas cuantas hojas de los árboles que terminaron justo bajo sus pies.

―Más de las que te imaginas – su respuesta fue sincera – Pero no quería perder lo que ambos teníamos.

Sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Debía salir de ahí antes de que sus sentimientos la traicionaran y cayera rendida a él. Pero su maldita fragancia masculina no le ayudaba en absoluto a pensar con claridad.

―Qué curioso y eso fue exactamente como sucedió.

Algo en esos ojos que amaba le causaron terror. Esos ojos chocolate no tenían el mismo brillo que los caracterizaba. Temía haber perdido lo más valioso de su vida. Si esa batalla la había perdido, no estaba listo para ganar la guerra. No contra ella.

Había logrado acercarse lo suficiente sin que ella se diese cuenta. Levantó una mano y acarició una mejilla.

De un mantazo apartó su mano de la mejilla y retrocedió unos cuantos pasos.

―No vuelvas a tocarme.

―Kagome es inevitable no hacerlo. Mis manos arden por tocarte una vez más.

Eso se estaba volviendo peligroso tan solo con el roce de su dedo le había servido para desestabilizarla emocionalmente.

―Qué pena por ti. Pero no tienes ni una maldita idea cuanto te aborrezco en estos momentos – apretó el mango de su bastón, dispuesta a lanzar su veneno – Si me hubieran dado a elegir entre vivir o morir. La respuesta habría sido morir, porque viva se me fueron mis suelos.

Si pensaba que con esas palabras duras iba lograr apartarlo de ella, estaba muy equivocada. Aunque había conseguido ponerlo serio no esperaba ver aquellos ojos dorados brillosos. Era como si un mar de emociones lo inundara.

No conforme a sus palabras duras, decidió rematar con su ultimo comentario desdeñoso. Lo miró, decidida a aclarar la duda que tenía al respecto de cómo fue que llegó a la empresa de su padre.

― ¿Si le renovaste su membresía o fue por un privado? ¿Cuál de esas dos te valió el puesto de vicepresidente?

Iba a responder, pero vio al señor Higurashi salir al porche y detenerse junto a su hija.

―Puedes caminar un poco pero no te esfuerces mucho – le dio un beso en la mejilla – Si ocupas salir James está a tu disposición.

Eso la confundió porque nunca la había tratado con esa devoción y más porque le ofrecía a su chófer.

Inuyasha inclinó la cabeza y antes de seguir a su padre de despidió de ella.

―Nos vemos más tarde, señorita.

Vio partir a ambos hombres en el Bentley de su padre y así fue hasta que el auto salió por el portón negro.

Frunció el cejo, preguntándose a dónde podrían ir, además acababa de salir del hospital. Era como si únicamente la hubiesen arrumbado como un juguete viejo.

¿Quién la entendía?

Estaba pidiéndoles que la dejaran en paz y cuando lo hacían se quejaba de porque lo hacían.

Alguien carraspeó a sus espaldas, giró lentamente el cuerpo y vio a su madre. Estaba sonriendo.

―Después de comer se me apetece un té ¿Me acompañas?

― ¿Tengo opción?

―No – ella negó – La verdad es que no la tienes.

A regañadientes a la acompañó a una pequeña estancia en el jardín. Unas empleadas de servicio habían dejado una bandeja con tazas de porcelana y una tetera humeante, junto con dos platos de diferentes tipos de galletas.

Kagome únicamente tomó una mientras analizaba a su madre. La veía distinta, mostrando una sonrisa en todo momento. De hecho, se veía más segura de sí misma, incluso podría decirse radiante. Algo que nunca lo había visto anteriormente en ella.

¿Quién era la que había estado en el hospital?

Tal vez ella sabría cómo es que Inuyasha había terminado siendo vicepresidente y lo que era todavía un misterio sin resolver ¿Cómo fue que terminó teniendo la maldita confianza de ellos?

―Tuvieron una junta a último momento – comentó ella, sirviendo un poco de té en dos tazas.

Kagome levantó la vista fingiendo desinterés, aceptando la taza y removiéndolo con una cuchara.

― ¿De qué hablas?

―De tu padre e Inuyasha. Desde aquí puedo escuchar tus cabeza burbujear.

Se encogió de hombros y le dio un sorbo a su té.

―No te confundas madre. Lo que haga ese par me tiene sin cuidado.

Su madre esbozó una sonrisa y asintió. Sabía que estaba mintiendo. Por más que se mostrara enfadada con todo lo que le rodeaba aún estaba esa mujer dulce que era. Podría decirse que su enfado solamente le duraría días. Aunque su rencor no.

― ¿Cómo es que se ganó la confianza de ustedes? – preguntó de golpe, dejando la taza en la mesa ― ¿Cómo es que el inútil de mi padre lo hizo su hombre de confianza?

La vio levantar un dedo al no poder hablar por estar bebiendo de su propio té. Luego, cuidadosamente tomó una servilleta y se limpió los labios antes de responder la pregunta de su hija.

―Simplemente se la ganó y no, nada tiene que ver con las atribuciones que le hiciste al pobre Inuyasha. Desde que estuviste en coma él se la pasó cuidando de ti a pesar de que tu padre en un principio se opuso.

Alzó una ceja al escuchar "¿El pobre de Inuyasha?"

Ella se movió de lugar y tomó asiento a lado de su hija. Tomó una de sus mano.

―Sé que estas enojada por todo lo que te pasó – señaló su pierna – Pero quiero que sepas que él te ama mucho y ambos lo pudimos notar. Ahora, te diré como es que él se hizo vicepresidente.

XXX

El hombre que era de confianza del señor Higurashi alzó una ceja y barrió con desprecio a Inuyasha cuando éste le abrió la puerta. El ojidorado no pudo pasar por inadvertida la presencia de Bankotsu.

Si, era el mismo hombre que le había ocasionado un maldito conflicto en su club y por si fuera poco el hijo de puta a quien su padre consideraba el mejor prospecto para su hija.

Inuyasha permaneció como un custodio en la puerta, siguiendo con la mirada cada movimiento de ambos hombres hasta que tomaron asiento.

― ¿Desde cuándo invistas a la servidumbre cuando hablamos de negocios?

Thomas Higurashi sonrió y le hizo una seña a Inuyasha de que se quedara tranquilo. Si lo ocupaba se lo haría saber.

― ¿Te preocupa más mis empleados que mi propia hija?

―Ese no puede ser tu empleado – intervino Bankotsu – Al menos que se aun mandadero. Tiene mala reputación.

Él tranquilizaba a Inuyasha con la mirada.

― ¿Y tú tienes buena reputación, Bankotsu? – preguntó el señor Higurashi.

Bankotsu se recargó en el respaldo de su asiento.

―Desde luego. Por algo soy un buen prospecto para Kagome.

―El mejor partido – el padre de éste le dio una palmada en la espalda a su hijo.

El señor Higurashi acomodó un adorno de su escritorio antes de lanzar su venenoso comentario.

― Desde que entraron no han preguntado por un instante de la salud de mi hija, pero si se detienen a ver a mis empleados de mayor confianza.

Ambos se quedaron en silencio sin saber que responder y tal parecía que Bankotsu le había dejado toda responsabilidad a él, por qué no tenía nada que comentar al respecto.

―Bueno Thomas – su examigo se encogió de hombros ― ¿Qué quieres que digamos? Kagome está en coma y eso no podemos cambiarlo. Preguntarte todos los días por algo que es evidente simplemente es…

Al escucharse así mismo se quedó callado y más por la mirada penetrante que él le daba. Había hablado de esa manera sin querer de su hija y eso sin duda le iba a costar una unión. Claro, si es que a la joven Higurashi era capaz de salir de coma.

―Lo siento.

―No – él negó – No los sientas. Después de todo, Kagome es mi hija y no sabemos cuándo salga de coma. Tal vez es tiempo que comiences a buscar otra heredera de la cual goces su fortuna.

El padre de Bankotsu y el propio Bankotsu se miraron al mismo tiempo ante el comentario.

― ¡¿Por quién me tomas, Higurashi?! – exclamó indignado – Desde luego que me preocupa el bienestar de Kagomecita. Al igual que Bankotsu se preocupa por ella.

―Es verdad – asintió éste.

―Bien – asintió el señor Higurashi, fingiendo estar convencido con lo que escuchaba.

Vio a ambos hombres sonreír y por poco le daba asco. No podía pensar por un segundo si había culminado ese compromiso. De alguna forma agradecía al hombre que custodiaba la puerta por haberse interpuesto en eso y claro, aunque se viera feo, también agradecía un poco a su accidente.

Estiró una mano para tomar dos folders en color amarillo. Uno lo dejó caer frente a su exsocio y al otro a su hijo.

Ambos tragaron con dificultad sin saber de qué se trataba. Hasta que el propio Higurashi los alentó hacerlo fue que lo hicieron al mismo tiempo.

En el de Bankotsu fotos de él con Ruby ambos mostrándose muy cariñosos el uno al otro.

― ¿Creíste que nunca me daría cuenta?

― ¡Esto es una infamia! – se levantó dejando caer el folder en el escritorio ― ¡Yo jamás me atrevería hacerte algo así! Todas son calumnias.

―Y esto, seguramente falsificaron estas fotos. Yo jamás saldría con una puta como esa.

―Pero lo hiciste.

Bankotsu giró sobre sus talones y frunció el cejo al ver al maldito de Inuyasha recargado en la puerta. Seguramente ese hombre había sido el encargado de orquestar todo esto y mandar sus planes al carajo.

― ¡HIJO DE PUTA!

El ojiazul caminó seguro de sí mismo dispuesto a enfrentarlo, pero antes de dar un paso más el puño de Inuyasha se había estrellado en su ojo izquierdo.

El padre de Bankotsu observó la escena y después miró a su amigo.

―Esto es una farsa. Jamás te traicionaría, a ti nunca.

―Probablemente no. Pero ya tus intenciones quedaron claras. Quiero que te largues de mi empresa y jamás aparezcas. Recibirás un cheque por el valor de las pocas acciones que tienes en esta empresa. No quiero verte.

― ¡Puedo demandarte por esto! – lo amenazó.

―Adelante y te garantizo que tendrás las puertas cerradas en todo Londres. Quiero verte fuera de mi vida y de mi familia.

El hombre retrocedió y levantó a su hijo del suelo.

―Espero mi cheque.

―Lo tendrás a más tardar de tres días.

XXX

―Así fue como Inuyasha se volvió parte de la empresa. Una vez que tu padre despidiera a su "amigo" le ofreció el puesto a Inuyasha.

Miró a su hija hasta que Kagome le sostuvo la mirada.

―Y él aceptó con tal de estar cerca de ti. Por lo que sé, dejó el club a un amigo y a tu amiga, Sofía. Creo que la nombraron gerente.

De pronto la mujer se levantó de su asiento, le dio un beso y se despidió de ella.

Kagome contempló el fino juego de vajilla de porcelana.

Su tía le había enviado un mensaje diciendo que hoy arrancaría los ensayos para la próxima obra. Si quería ir, estaba invitada.

No tenía mucho que hacer y francamente no le aprecia quedarse en casa. Tal vez una pequeña salida no le vendría para nada mal. Además, tenía a su disposición al chofer de su padre.

Total ¿Qué malo pasaría?

Hizo una mueca al ver su bastón y tener que apoyarse en él para poder levantarse. Según la doctora solamente serían unas cuantas semanas hasta que le retiraran todo de la pierna.

Hasta que, según la doctora, regresaría a su vida normal.

El auto se detuvo frente a un viejo y lujoso teatro. El chófer inmediatamente había salido para ayudarle a bajar.

La acompañó hasta la puerta principal para sostenerla y que ella pudiera entrar sin ninguna dificultad. Comenzaba en ese sentido a sentirse torpe. No podía simplemente acostumbrarse a eso.

Preguntó por su tía a una joven que llevaba un leotardo blanco y le indicó que estaba en la siguiente puerta.

Al entrar todo estaba iluminado por una tenue luz amarilla. Buscó un asiento y se sentó en él. Desde ese rincón contemplaba a Agatha emerger del escenario para empezar con la coreografía.

Una lagrima se resbaló por su mejilla porque ella pudo haber sido la que estaba en el escenario.

En total silencio y con las lágrimas desbordando se animó a ver a su excompañera. La verdad lo hacía muy bien y no es porque fuese una soberbia, pero ella lo hubiese hecho mucho mejor que ella. Aunque eso jamás lo admitiría delante de Agatha ya que era una persona muy dulce.

Su tía se dio cuenta de su presencia y abandonó su asiento para ir en su búsqueda. Ella le sonrió. No hubo necesidad de hacer preguntas ridículas sobre cómo se encontraba el día de hoy o cual era su estado de ánimo.

―Lo hace bien.

Señaló a la joven que estaba sobre el escenario con un par de bailarines más.

Su tía Beatrice sonrió y asintió.

―Si, así es. Pero tú lo habrías hecho mejor.

En silencio, ambas contemplaron el ensayo de la obra. Hubo un momento en que la directora tuvo que parar para que los bailarines descansaras. Agatha al verla desde el escenario le dedicó una sonrisa. Al parecer que había emocionado al verla de regreso.

Bueno, no tan del todo de regreso.

―He estado pensando.

Kagome desvió la mirada del escenario hacia su tía. Ella la miraba fijamente y con un rostro serio.

―Tal vez cierre la academia y me vaya de vacaciones un año.

Ella negó.

―No puedes hacer eso. La academia es todo lo que ellas tienen.

―Lo sé – asintió – Pero ya estoy cansada y vieja.

―No eres vieja.

Beatrice se quitó los anteojos y alzó una perfilada ceja ante el comentario halagador de su sobrina.

―Gracias por el alago, pero no es necesario mentir.

―No lo hacía.

―Bien, como te decía. Edmon está a punto de la jubilación. Ambos hemos estado pensando que después de eso nos tomemos unas vacaciones durante un largo, largo pero largo tiempo.

Kagome sonrió, pues a pesar de que sus tíos tenían muchos años de matrimonio no habían conseguido tener hijos y el tiempo para adoptar ya se les había pasado. Por lo que solo decidieron tenerse ellos dos.

― ¿Y vas a dejar la academia por eso?

No quería que los demás sueños de las niñas y jóvenes que estudiaban en la academia de baile tuvieran que ver sus sueños frustrados o peor aún, buscar una nueva institución cuando ya estaban familiarizadas con la de Beatrice.

― ¿Tú que propondrías?

―No sé – se encogió de hombros – Puedes buscar alguien que te remplace mientras estas de vacaciones.

―No son unas vacaciones cortas, querida – explicó – Sino me refiero a unas permanentes.

―Entonces lo que debes hacer es venderle o traspasarle a alguien de confianza la academia.

Su tía sonrió de satisfacción pues había llevado la conversación y a su sobrina justo al punto dónde ella quería llegar.

― ¿Te gustaría reemplazarme como directora?

Kagome se quedó muda ya que esa oferta no la esperaba. De pronto se vio así misma enseñando a futuras generaciones. Si bien no podía estar frente a un escenario, sus alumnas sí.

Sus sueños no se habían frustrado después de todo.

―Claro, no tienes que darme tu respuesta hoy.

Comentó al ver que la joven no podía ser capaz de articular una palabra.

―Puedo esperar, pero tienes de aquí a dos meses que es cuando tu tío se jubila.

Le dio un pequeño beso en la frente y se levantó de su lugar.

Pero antes de despedirse de su sobrina cayó en la cuenta de que estaba ahí, sola y en su condición.

¿Cómo había llegado?

― ¿Quieres ir a tomar algo refrescante después del ensayo? Te llevo a casa, claro.

―Gracias, pero me trajo el chofer de papá.

La mujer asintió ante la respuesta.

― ¿Me permites darte un consejo?

Ella asintió.

―No seas tan dura con ellos. Tus padres e Inuyasha la han pasado mal desde que ingresaste al hospital y quedaste en coma.

Volvió asentir, pero con sus ojos cristalinos.

―Eso me han contado.

―Bueno, en ese caso piensa lo que te dije.

Kagome simplemente observó alejarse a su tía para luego verla saludar a un hombre enfundado en traje. Su oferta era muy tentadora y debía admitir que una gran parte de ella se moría por salir de esto y entrar de nuevo a la danza, aunque no fuese de manera directa.

Sonrió cuando la vio hacerlo. Siempre había sido más fácil hablar con ella que con su propia madre. Pero lastimosamente a raíz de su accidente trataba de ser aquella madre que necesitó en el pasado.

La cuestión era, si guardar el rencor o dejar que la consumiera poco a poco en lugar de disfrutar el poco tiempo que les quedaban a las dos de vida.

Además, le había dicho que sufrieron por su accidente y era la segunda persona que se lo decía.

Frunció el cejo cuando salió del teatro y vio que todo estaba oscuro. Miró el reloj y ya pasaban más de las nueve. El tiempo había volado de prisa cuando se trataba de ensayos y baile. Incluso su móvil empezó a vibrar con notificaciones, pero no quiso sacarlo de su bolso.

La noche era fresca y agradable, podía percibir un delicioso aroma tierra mojada, probablemente no tardaría mucho en llover.

El chofer ya la estaba esperando afuera con la puerta del coche abierta.

Avanzó con lentitud, apoya

― ¿De regreso a casa, señorita?

No, la verdad es que no quería regresar a casa.

―Llévame a un último lugar.

El cochero alzó una ceja cuando leyó el nombre de aquel lugar.

― ¿Seguro que quiere entrar?

Kagome miró a través de la ventanilla el nombre del club que estaba con letras rojas y decía "Éxtasis"

―Si.

Había llegado el momento de hablar con una persona.

Y sabía que ahí podía encontrarla.

―No le digas nada a mi padre.

Salió del vehículo y contempló a los dos guardias de seguridad que custodiaban la entrada. su corazón dio un golpeteó ante la perspectiva de hablar con ella.

Hola

Muchas, muchas peor muchas gracias por sus lindos comentarios. Es un honor para mí poder llevarles a ustedes esta historia y que la vayamos disfrutando juntxs.

Por cierto, una disculpa si no he actualizado el de Laides, lamentablemente tengo mente en blanco y espero salir de ese bache :(

Besos.

BPB