Capítulo 15

PORQUE ERES MÍA Y PUNTO

Se detuvo frente a la puerta y cómo era de suponerse los guardias no le dieron acceso.

―Debe ser miembro del club.

Oh si, había olvidado que para entrar a ese prestigioso club nudista debía tener una membresía cosa que era evidente no tenía. Miró al chofer que estaba atrás de ella.

― ¿Tienes membresía?

Él negó.

― ¿Nunca has traído a mi papá aquí?

Volvió a negar, seguramente su padre se había escapado solo para según él, cerrar negocios.

Vaya, valiente chofer había resultado ser. Así que no le quedó más remedio que utilizar el as que tenía bajo la manga. Esperando que con eso pudiera entrar.

Se dirigió al guardia más alto y corpulento.

―Entonces dile a tu gerente, Sofía, que Kagome está aquí.

Ambos hombres se moraron uno al otro.

― ¿Kagome qué?

―Solo dile que estoy aquí. Ella sabe quién soy.

Él hombre asintió y le indicó que esperara un momento por mientras iba en búsqueda de la gerente.

Mientras aguardaba al gerente vio un grupo de caballeros enfundados en trajes elegantes entrar al lugar. Uno mostró una tarjeta de plata y el guardia la escaneo con un artefacto.

Abrió la boca en forma de "o" al ver la tecnología.

―Señorita, disculpe mi atrevimiento, pero, creo que es mejor volver. Es tarde y este lugar no es apropiado para una dama como usted.

Kagome esbozó una media sonrisa y, apoyándose en su bastón giró levemente su cuerpo para ver al joven chófer.

El pobre estaba demasiado nervioso y su expresión corporal lo decía todo.

―Mi padre te asignó como mi chofer. Si no quieres quedarte, puedes irte. A fin de cuentas, no espero tardar mucho.

El joven suspiró, miró a la mujer que tenía frente de él y a la puerta del local.

Dónde el guardia anterior salía para darle la indicación a Kagome que entrara.

―Me va a matar. Su padre me va a colgar del reloj del Big Ben.

No le quedó más que retroceder y entrar al coche cuando vio a la mujer entrar por esa puerta roja seguida del guardia.

Kagome esperaba ver un club de mala reputación. Pero se llevó una inmensa sorpresa al ver que todo en su interior desbordaba presuntuoso y vomitivamente lujoso. Los muebles estaban cubiertos del más fino tapiz. Dónde en cada uno de ellos no podía faltar un cliente acompañado por una mujer con poca ropa.

Arrugó la nariz al ver cómo ella se desvivía alagando al caballero que tenía lado suyo.

Una plataforma se extendía desde una cortinas hasta la mitad del salón. Y de ella emergían varios tubos de acero inoxidable hasta el techo.

Si, el techo fue lo que más le llamó la atención. Pues a parte de tener candelabros muy costosos estaba pintado en él varias posiciones del kamasutra.

―Es por aquí, señorita.

Un rubor tiño sus mejillas y agachó la cabeza rápido para volver a mirar al guardia. Asintió y prosiguió a seguirlo, pero tropezó con un hombre alto y de cabello castaño.

Kagome cayó al suelo y lanzó un grito de dolor al lastimarse la pierna.

El bastón había caído varios metros apartado de ella.

―Lo siento. Que tonto he sido no la he visto.

Él la tomó por debajo de los hombros para ayudarla a levantarse. Acto seguido le entregó bastón.

Pero justo cuándo la vio cayó en la cuenta de que ella no pertenecía a ese lugar.

― ¿Se encuentra bien? – preguntó con amabilidad.

Sonrió, por alguna extraña razón lo hizo. Había algo en esos ojos entre azul y gris que inspiraban confianza.

―Viene a ver a Sofía – el guardia se le adelantó.

El nuevo dueño del club asintió ante el comentario del guardia. Pero, al verla algo se le hacía vagamente familiar.

―En ese caso, no interfiero. – hizo una reverencia – Miroku a sus servicios. Si ocupa algo no dude en decírmelo.

Ella asintió, aunque no creía que fuese a necesitar nada de ese lugar. Solo iba hablar con Sofía e irse.

Con un leve gesto agradeció su oferta y siguió al guardia.

Entonces él miró su pierna con esa férula que abarcaba desde su muslo hasta el tobillo y ese bastón que le ayudaba a caminar.

Bastón.

Férula.

Abrió los ojos, solo reconocía a la mujer por la que estaba loco su amigo por esas dos cosas. No había duda, además, se decía que era amiga de Sofía y esa chics había ido a buscarla.

Sin duda se trataba de Kagome, aunque nunca la hubiese llegado a conocer ni siquiera en fotos.

Sacó su móvil y marcó un número conocido para él.

XXX

Inuyasha estaba indeciso sobre que comida preparada calentar. Aunque al decir verdad no le aparecía cenar.

Esa tarde había regresado con un humor de perros porque no encontró a Kagome en cada de sus padres. Al parecer se había ido poco después de que lo hicieran el señor Higurashi y él. Le marcó varias veces, pero ella en ningún momento se dignó a contestarle.

De hecho, había permanecido ahí un poco más de una hora aguardando su regreso y al ver que no lo hacía decidió regresar a casa y prepararse para el inicio de su guerra con ella.

No iba a quitar el dedo del renglón y de eso. Kagome tenía que estar consciente.

Por fin se decidió por un guiso de carne con verduras y espagueti. Lo metió en el microondas y esperó a que se calentarla. En ese preciso momento su teléfono móvil sonó. Sin ver a quién pertenecía la llamada se apresuró a contestar. Probablemente era ella que le devolvía la llamada y le decía que había vuelto a casa.

― ¿Kagome?

―Siento decepcionarte, pero no lo soy.

Frunció el cejo al escuchar la voz del imbécil de Miorku.

―Por lo que puedo deducir tu nueva vida hogareña te está pasando factura. Ya no eres capaz de reconocer mi nombre.

― ¡Cierra la boca maldito imbécil!

―Uy, hasta de mal humor estás. Ese trabajo nuevo te está exprimiendo todo.

― ¿Ya terminaste?

―No.

Desde el otro lado de la línea, Miroku comprobó que efectivamente se trataba de la misma persona cuando él, sin apenas escuchar su voz o ver su nombre en su móvil ya estaba dando por hecho que era la chica de su mejor amigo.

―Tengo algo que decirte.

Inuyasha guardó silencio y le dio pie a su amigo para que hablara de una vez. El microondas llegó a su último segundo dejando escuchar una alerta

Tomó un trapo para sacar el platillo que había metido.

―Creo que Kagome está aquí.

Con solo escuchar su nombre el plato se le resbaló por el trapo hasta terminar en el suelo. Pero eso no tenía importancia, sino lo que había escuchado.

Miorku no conocía a Kagome de tal modo que no podría tratarse de ella.

― ¿Cómo es?

―Llevaba un vestido amarillo. Una férula en su pierna y un bastón. Además, sus ojos son de un color chocolate muy bonito y su pelo es….

―Es ella – lo interrumpió.

Se encaminó hacia la sala, dónde buscaba las llaves de su auto.

― ¿Quién fregados la dejó entrar? Sé supone que para eso son las membresías, para evitar que cualquiera entre al club.

Era verdad, sin membresía no había pase.

―Pidió hablar con Sofía y me la encontré por casualidad. Deduje que era ella por su bastón, pierna y que es amiga de Sofí – hizo una pausa ―Por cierto, gracias al decirme que era bonita eh – comentó con ironía.

Se acercó a la estancia y tomó del perchero un abrigo.

―Cállate y pon atención. No permitas que nadie se le acerque porque si eso pasa te juro que va a valer madre y a ti te cuelgo de un palo más alto. Llegó en menos de veinte minutos.

Cerró la puerta del departamento de un manotazo y llamó inmediatamente al ascensor. Colgó la llamada mientras encendía su auto y salía quemando llanta rumbo al club. Esquivaba vehículos e inclusive se pasó uno que otro semáforo.

XXX

El guardia le señaló lo que le parecía ser la puerta de una oficina. Indecisa de entrar o uno se quedó unos segundos ahí, de pie.

―Sofía la espera – la alentó el guardia.

Luego de unos segundos más, asintió. El hombre abrió la puerta y esta vez decidió entrar.

Al entrar lo primero que vio fueron las enromes pantallas que estaban colgadas en una pared. Cada una de ellas mostrando una cámara de seguridad diferente. Después el inmenso escritorio dónde ella está de pie.

―No creí volver a verte.

Miró de arriba abajo a la que aún consideraba amiga. Tal vez ella podía sacarla de sus dudas antes de decidir si darle la oportunidad a Inuyasha de hablar.

―Ni yo misma sé cómo es que estoy aquí.

El silencio se hizo presente. Sofía simplemente aguardaba impaciente el momento en que Kagome comenzara a hablar. Estaba lista para contestar a todas sus preguntas.

― ¿Quieres algo de beber?

Desde el lugar en que estaba, negó.

Sofía miró su pierna y no le pareció correcto que estuviese de pie, así que la invitó a sentarse. Pero rechazó rotundamente la oferta.

― ¿Por qué nunca me dijiste nada al respecto?

Esa había sido una pregunta directa y no es porque estuviese preparada, sino que simplemente no la esperaba de golpe.

―No sabes cuántas veces me mordí la lengua por querer decirte la verdad. No quería que te llevaras una decepción de mí. Tú, con tu vida de lujo y en cambio yo. Teniendo doble trabajo para sobrevivir.

―Creo haberte dicho desde que nos conocidos lo que pienso de esa vida.

Sofí sonrió.

―Lo sé. Pero no quería que te avergonzaras de mí.

― ¿Y sobre lo de Inuyasha? Porque para ti era evidente que no era dueño de un casino. Desde el principio sabias quién era.

Rodeó el escrito y se acercó a ella. La tomó de las manos y le sorprendió que Kagome la dejara.

―Fui la primera en aconsejarle que te dijera la verdad.

―Pero en cambio decidiste ocultarlo. No culpo tu lealtad. Después de todo, es tu jefe.

La vio asentir y ver como sus ojos se empañaban por las lágrimas.

―Y no sabes lo culpable que me siento. Perdóname, jamás quise hacerte daño.

Dicho esto, la abrazó

Kagome se quedó estática sin saber cono reaccionar, pero poco a poco fue ablandando su alma. Sus brazos se relajaron se abrazó a du amiga.

Ambas chicas yacían abrazadas y llorando mutuamente.

―Cuando te pasó ese terrible accidente tuve miedo de perderte. Eras mi mejor amiga y lo único que quería era que salieras de coma. No había día que no fuera a verte.

―Gracias.

Estuvieron unos instantes más charlando Kagome no había tocado el tema de su trabajo, ni de Inuyasha y sobre todo de la mujer con la que se había metido. Eso le correspondía s él decirlo.

― ¿Cómo te… ― señaló con un dedo su alrededor – va?

Sofí sonrió.

―De maravilla. Desde que Inuyasha me hizo gerente y dejó el club mi vida a cambiado. Sé que no es una maravilla de trabajo, pero al menos ya no debo tener dos trabajos y mucho menos dormir tarde.

Kagome asintió con una mueca al escuchar el nombre de ese él. Sintió las manos de Sofía, levantó la vista y se encontró con sus bonitos ojos.

―Cometió errores en el pasado y yo misma traté de orientarlo. Pero en el fondo es un buen hombre que te ama y sufrió mucho mientras estabas en coma.

Lo mismo que le había dicho su madre se lo estaba diciendo su amiga.

―Aún no puedo apartar de mi mente nuestra última conversación antes del accidente. Me confesó haberse acostado con una tal Ruby. Bueno, eso deduje.

―Pero no significó nada para él. Además, la corrió del club y ya no se ha sabido de ella. Y si vuelve ten por seguro que la corro.

La tomó de las manos.

―Si me permites decirte, debes dejar el tema de Ruby atrás y que no te afecte. Con ella no significó nada y es a ti a quién Inuyasha ama. Si quieres vivir en paz, deberías dejar ese rencor a un lado junto con esos miedo e inseguridades. Porque te puedo decir que quién más tiene miedo de perderte es precisamente él. Únicamente te va a corresponder a ti si quieres vivir bajo la sombra del pasado de esa mujer o hacerlo a un lado.

Kagome se quedó pensativa un momento. Debía admitir que Sofía tenía razón. Estaba viviendo bajo la sombra de esa mujer. Además, él se había acostado antes de conocerla por lo que prácticamente no la había traicionado del todo. Más bien buscaba algo para seguirlo culpando de su situación actual.

Poco a poco y aunque le costará reconocer, su corazón estaba volviendo a ver la luz, pero no significaba que aún el resentimiento desaparecería de la noche a la mañana.

Tras permanecer varios minutos más hablando con ella. Llegó a la conclusión de que con Sofía no podía estar enojada porque era la menos culpable de todo. Había estado en la encrucijada de decir la verdad porque era lo correcto y una cuestión de amistad o serle leal a su jefe. Lamentablemente había elegido a su jefe porque su trabajo estaba en juego.

Estaba cansada mental y emocionalmente que ya era tiempo de regresar a casa. No quería permanecer más tiempo ahí. Así que se despedirse Sofía.

― ¿Quieres que te acompañe hasta la salida?

Ella negó.

―No hace falta. Conozco el camino.

Le dio un abrazo y esta vez se prometieron salir un día de estos.

Al salir no había señal del guardia que la había guiado hasta el despacho. Por lo que tuvo que caminar sola por el inmenso pasillo que la condujo al gran salón. Esta vez dos chicas morenas estaban sobre la plataforma.

Abrió la boca al ver el gran equilibro que tenía una sobre el tubo. Había que reconocer que no era fácil, salir en esos tacones de plataforma y enroscar sus piernas en él.

De lejos vio al tal Miroku en la barra. Al verla inclinó la cabeza en un gesto de saludo, pero luego arrugó la frente, mirando más allá de ella.

Kagome frunció el cejo y en ese instante sintió el jalón de alguien, para cuando menos lo esperó tenía el brazo de un hombre desconocido sobre su cintura.

―Mami ¿Quieres darnos un privado a mis amigos y a mí?

Su aliento cigarro mesclado con whisky caro la perfumó y arrugó la nariz ante el desagradable olor. Desde que probó por primera vez uno y gracias a su jardinero Marcus le bastó para odiarlo.

―Te confundes – trató de apartarlo ella – Yo no trabajo aquí.

El hombre articuló una media sonrisa.

―Con mayor razón, nena.

Esa nena le dio asco.

Luego, un segundo hombre habló. Kagome reparó en él, logrando ver en sus ojos negros toda la lujuria que desbordaba.

―Podría ser tu primera vez. Te pagaremos muy bien si haces un excelente trabajo.

―La pasaremos bien nosotros cuatro. – insistió el que la tenía agarrada.

―Suélteme o no respondo.

―No nos tengas miedo lindura. Seremos gentiles.

Todo sucedió a la velocidad de la luz. Había sentido el tirón de otra persona y para cuándo se dio cuenta estaba en brazos del corpulento guardia. Pero lo que le aterrorizó más fue ver a Inuyasha sosteniendo de las solapas al hombre que minutos antes la tenía abrazada.

―No vuelvas a tocarla o juro que te mato.

El hombre además de ebrio alzó las manos en señal de rendición. No tenía ni una pizca de culpabilidad en su mirada.

La música se había detenido al escuchar le escena.

Tomó a Kagome del brazo y lanzó su advertencia.

―Por esta vez lo voy a dejar pasar – miró a su alrededor – Pero si alguien osa tocarla o siquiera imaginarla desnuda. Les garantizo que a todos se les revocará la membresía. – señaló al hombre – Empezado por ti.

A mitad de pasillo se echó con cuidado a Kagome al hombro tratando de no lastimarla. Luego con su otra mano libre agarró el bastón.

Vio el desorden que se había generado en ese momento. Y a continuación a Sofía que salía de su oficina para encontrarse con Miroku de los cuales se despidió.

La música se reanudo cuando salieron del club.

―Bájame – pidió – Puedo caminar sola.

―No me había dado cuenta.

Ahora él estaba siendo sarcástico. Al salir estaban los dos guardias, Inuyasha giró su cuerpo y su única visión fue la calle. A sus espaldas escuchaba como regañaba a los guardias por haberla dejado entrar.

―Podré ya no ser el dueño. Pero deben respetar reglas. Si un cliente no tiene membresía no se le da acceso. ¿Cuántas veces se les debe repetir?

Escuchó cómo les llamaba la atención a esos hombres por su culpa.

Frunció el cejo al no ver al chofer de su padre y en su lugar estaba el de Inuyasha.

―Lo siento jefe. La señorita pidió hablar con Sofía.

―Que sea la última vez que pasa.

Comenzó a andar con ella en brazos hasta su coche.

Kagome les sonrió a los dos hombres y se despidió con una sonrisa tímida. Por ella los había metido en ese apuro.

― ¿Dónde está mi chófer? – exigió saber al escuchar cómo se desactivaba la alarma del auto.

―Lo envié a casa. Que por cierto es dónde tú debes estar.

Abrió la puerta trasera y dejó caer el bastón, luego la cerró para esta vez abrir la puerta del copiloto. Bajó con cuidado a Kagome, ambos se quedaron mirándose fijamente.

―Entra.

―Pídeme un taxi. Me iré a casa sola ya que no es necesario que me lleves.

Él se movió al grado de acorralarla entre el auto y su cuerpo. Kagome tragó con dificultad presa del pánico por tenerlo cerca y con unas pulsaciones aceleradas.

―Te llevo y no hay más discusión. Ahora sube al puto coche.

Frunció el cejo y abrió la boca, sintiéndose indignada por la forma en que se había referido.

―Cuida ese vocabulario conmigo.

Él en cambio se cruzó de brazos y alzó una ceja arrogante.

―Mira quién lo dice, la señorita con cero educación.

Algo en ella se removió al escuchar de nuevo aquel apodo, pero no lo quiso demostrar.

―Ahora sube o yo mismo me encargo de que lo hagas.

Con un suspiró de rendición subió y él cerró la puerta en cuanto lo hizo. Buscó el cinturón de seguridad, pero algo le dijo que mirara hacia al frente. Mala idea, pues su figura apareció delante del auto. Lucia imponente y enojado era temerario pero atractivo.

Se mordió el labio inferior de solo ver como se pasaba los dedos por su cabello platinado.

En cuestión de segundos ya había ocupado su lugar en el asiento del conductor. Metió la llave en la ranura y encendió el auto. Este rujió a la primer chispa. Pero no lo movió, sino que permaneció ahí. Mirando hacia la nada.

Tal parecía que no le importara que la gasolina se estuviese consumiendo.

Luego sus ojos dorados la ubicaron. Parecía un poco más tranquilo, casi incluso relajado porque ella estuviese con bien.

― ¿No te hizo nada ese sujeto?

Su respuesta fue un leve movimiento de cabeza en forma negativa.

―Bien.

Entonces puso en marcha el vehículo.

Su perfume se extendió por todos los rincones del lugar, llegando justo a sus fosas nasales. Escuchaba su respiración agitada y desde su lugar casi podía jurar que oía los latidos de su corazón.

De pronto, todo era como si la vida hubiese conspirado a su favor. La tenía justo donde quería. Cerca de él y sin la posibilidad de que pudiese escapar. Así que sus opciones eran llevarla a un lugar tranquilo o a su departamento. Claro, descartó el lugar tranquilo, conocía a esa mujer y podría ingeniárselas para escapar y seguir evitando su presencia.

Activó desde el volante el seguro de la puerta de Kagome. Si adivinaba sus intenciones era evidente que terminaría por salir del coche.

Kagome al darse cuenta lo miró con el cejo fruncido.

―Simplemente seguridad – respondió él, pero en ese comentario había una sonrisa oculta.

Pero sus negras intenciones quedaron desveladas cuando el destino que tomaba no era precisamente el de la casa de los padres de Kagome. Ella se removió incomoda.

Si, se sentía nerviosa.

―Este no es el camino a mi casa.

Él se detuvo en un semáforo, la miró y se encogió de hombros.

―Lo sé, pero no me dirijo en esa dirección.

Pasó un brazo y lo recargó en el respaldo del asiento donde estaba Kagome y se inclinó hasta la altura de su cara.

―Usted y yo tenemos una conversación pendiente, señorita.

La vio tratar de abrir la puertezuela, pero era inútil, ni siquiera los vidrios bajaban.

―Aunque sea la puerta del copiloto, este vehículo tiene seguro contra niños. – explicó – Todo lo manejo yo.

Acarició su cabello y se llevó una hebra hasta su nariz, donde se empapó con su aroma.

―Tengo toda la intención de que hablemos y no pienso dejarla ir.

Media hora después, sus ojos recorrían cada instancia de su departamento. No pudo evitar quedarse mirando fijamente a la isla de la cocina. Ese punto en particular le traía recuerdos muy placenteros.

Recordando cada caricia y cada roce de sus labios que la hacían llegar al límite.

― ¿Estas lista para hablar?

Él apareció justo detrás de ella, susurrándole al oído. Kagome giró lentamente para mirarlo de frente.

Bueno, el hecho de que estuviera aún molesta con él y que aún meditaba si perdonarlo o no, no significaba que se privara del sexo o sí.

Cómo se le podría nombrar…

¿Sexo de la venganza?

― ¿Qué estás pensando?

Acortó un poco la distancia entre ellos.

―Pienso en que no sé qué hago aquí.

Inuyasha dio el último paso final. Deslizó una mano por su cuerpo, con temor claro, no quería evitar que saliera corriendo.

―Te lo explicaré – su voz se le cortó por su cercanía.

Sus dedos se anclaron alrededor de su cintura y la atrajo hacia él. Inuyasha recargó su frente en la de ella. Maravillado por tenerla de nuevamente de esa forma.

―Estás aquí porque quiero que aclaremos todo entre nosotros.

Se permitió besar una de sus mejilla y para su deleite ella se lo permitió.

―Y por una simple razón muy poderosa – levantó su barbilla con un dedo de su otra mano libre ―Porque eres mía y punto.

Cerró los ojos aguardando el momento.

El momento en que sus labios se volverían a unir.

Holiii

Uyyy Kagome, eso es peligroso, vas a jugar con fuego y te vas a quemar!