Una luz en la oscuridad

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Llegó marzo y yo estaba hinchada como un globo, pero mi confianza estaba completamente desinflada y estriada. Harry y sus amigos no cesaban de ser perseguidos por el enemigo, al igual que Kingsley, mi padre y muchas personas más. Los estudiantes en Hogwarts se habían revolucionado en numerosas ocasiones, recibiendo crueles castigos por parte de los Mortífagos ―algunos, como los hermanos Carrow habían sido contratados como profesores―. Ted no se había vuelto a comunicar y Remus se marchaba algunas noches para investigar qué estaba ocurriendo en otros lados, lo que siempre me ponía nerviosa. Siempre le rogaba que no se fuera más de una noche, y él se esforzaba por cumplir y llegar a tiempo a mi lado

Yo tenía un mal presentimiento, pero no sabía qué podía ser peor que lo que estaba sucediendo por esos días.

―Tienes que estar tranquila ―insistía mi esposo mientras me masajeaba los pies hinchados luego de un largo día sin él―. El hecho de que no haya noticias de ninguno de ellos es algo bueno, y Bill está tan atento como yo. El otro día que nos vimos, me dio su dirección para acudir en caso de emergencias, así que contamos con apoyo. Él es el Guardián Secreto.

―Pero ¿hasta cuándo seguiremos así? ¿Encerrados, temiendo hallarnos al enemigo en la próxima esquina?

―No lo sé. Supongo que hasta que llegue la hora de luchar.

¿Cuál sería ese momento? ¿El de dar la cara y pelear?

Entonces ocurrió lo peor, haciendo el presentimiento realidad: mi padre fue hallado, torturado y asesinado. Kingsley fue quien nos envió un Patronus informándonos de la terrible noticia: él se había encontrado en uno de los bosques con algunos magos y duendes que habían estado huyendo con mi padre, y estos le dijeron que se encontraron con Mortífagos hacía unas noches atrás, donde todo salió mal. Sólo unos pocos lograron esconderse y otros escapar nuevamente. Mi padre, por proteger a otros, quedó atrás y fue alcanzado.

Cuando la gruesa voz de mi amigo resonó en la sala, dando las terribles noticias ―"…lamento decirte que tu padre ha muerto. Fue atrapado y torturado por Mortífagos hace tres noches atrás…"―, mi madre se desmayó y ninguno fue capaz de atraparla a tiempo, porque a todos nos pilló de sorpresa. Hope se acercó a mi madre y la levantó para apoyarla en el sillón, y Remus se acercó para consolarme a mí, pero yo aún no procesaba la totalidad de la información. La cabeza me daba vueltas y el corazón lo sentía en las orejas.

Mi amigo también declaró que estaba intentando hallar el cuerpo de mi padre, pero yo ya sabía de antemano que sería lo mismo que con Ojoloco: terminaríamos haciendo un funeral sin cuerpo.

Remus, como si hubiese leído mi pensamiento, dijo:

―Creo que es pertinente que intente averiguar en dónde ocurrió ―repuso, evitando a toda costa mencionar la frase "buscar el cadáver".

―Hijo, no creo que sea buena idea que dejes a Tonks sola ahora… ―empezó a rebatir Hope seriamente. Esta, a la vez, intentaba reanimar a mi mamá, quien poco a poco recuperaba la conciencia.

Negué con la cabeza, sintiendo la quijada temblar.

―No, está bien. Necesitamos saber si realmente está… ―tragué saliva―. Si está muerto… Y si hay… un cuerpo.

Mi madre dio un alarido y se acurrucó en el sillón, siendo contenida por Hope en un abrazo vigoroso.

―Ted… ―masculló mi madre entre lágrimas y sollozos.

―Ve ―le dije a Remus, vehemente. Luego, me acerqué a Andrómeda y me senté al otro lado de ella.

Remus regresó varias horas después, rojo, sudado y desmoralizado. No había hallado pistas que valieran la pena seguirles el rastro. Yo, que me había aguantado las lágrimas hasta ese momento para mantenerme fuerte al lado de mi madre, no fui capaz de volver hacerlo y estallé.

Remus me llevó a nuestra habitación y trató de consolarme, diciéndome que no se cansaría de buscar el cuerpo de Ted, pero yo me negué, entre llantos e hipidos. No quería que se expusiera más de lo que había hecho ya, porque perder a mi padre era más que suficiente, y no veía una realidad en donde pudiera perderlo a él.

―Está bien, está bien…

―Sólo quédate a mi lado y abrázame, por favor…

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Creí que mi dolor duraría mil años. Creí que mi madre no sería capaz de levantarse de la cama nunca más, que estaría destruida para siempre, mirando álbum tras álbum con la mirada perdida, sin comer y sin hablar. Yo hice un esfuerzo inhumano para mantenerme mentalmente sana, por mi embarazo y por los demás, pero no sabía si esa situación sería sostenible en el tiempo. Sin embargo, y por fortuna, ocurrió un milagro que lo cambió todo y nos dio fuerzas para continuar: llegó otra carta de mi padre… Sí, de Ted, dos días después. Era de su puño y letra, y tenía su firma. Mi madre fue la primera en leerla, porque la lechuza dejó el sobre a sus pies, en la cama que yacía. La cogió con manos temblorosas y la leyó:

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Querida familia:

Si están leyendo esto, es porque ya estoy muerto. Logré encantar a un ave para que me siguiera a todos lados con esta carta atada a la pata, y si es que la han recibido, es porque el encantamiento cesó y fue a cumplir su último cometido… Y, por ende, yo ya no estoy más aquí.

No ha sido fácil huir, pero lo he intentado con uñas y dientes. Lamento si no lo logré, perdonen si no pude regresar de vuelta con ustedes ni estar para el nacimiento de mi querido nieto. Sé que Remus cree que es niña, pero yo digo que es niño. Pero, sea como sea, no dejen que no sepa quién es su abuelo, ¿sí? Díganle que lo amé desde el primer segundo que supe de su existencia y que peleé hasta el final contra los malos que trataron de arruinar su mundo.

Gracias, mi amada Andrómeda, por darme la mejor vida que pude haber tenido. No me extrañes demasiado… Al final nos volveremos a reencontrar y no habrá manera de que te libres de mí; esto puedes verlo como unas breves vacaciones, porque tendremos toda una eternidad juntos. Mi querida Tonks, siempre me hiciste sentir orgullo, y también sabrás lo que sentí por ti cuando naciste, al nacer tu hijo; es la única manera de describirte mi amor por ti. Espero que tú y Remus sean tan felices como fuimos con tu madre, y logren vivir en un mundo mejor. Nunca olviden que tienen un motivo de lucha.

Remus, nunca olvides de lo importante que eres para todos nosotros, y jamás dejes de amar a mi pequeña. Y, Hope, me alegro de que Andrómeda haya hecho una nueva amiga a estas alturas de la vida, y que dicha amiga seas tú.

Y, por último, y no menos importante: no dejen a mi padre en la oscuridad. Devuélvanle la memoria y díganle la verdad, porque sé que sabrá soportarlo. Y si lee esto, quiero que sepas que te amo, papá, y todo lo que fui, fue gracias a ti y a mamá. Le diré que la extrañas día y noche cuando la vea

Por favor, no gasten demasiadas lágrimas, que la vida es muy corta y hay demasiado que hacer.

Ted

PS: que no les quede duda de que, si me atraparon, he luchado hasta el final. No me he quedado quieto como los cobardes, y he dado hasta mi último aliento por sobrevivir.

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Recibir la carta de mi padre fue como las lágrimas de fénix que necesitábamos para comenzar a sanar y poder continuar de la mejor forma con nuestras vidas. No fue fácil, por supuesto, pero creímos que mi abuelo se llevaría la peor parte cuando Remus y yo fuimos a visitarlo para devolverle sus recuerdos y decirle la verdad acerca de su hijo. Cuando escuchó la noticia, se quedó abstraído por un momento y le cayeron silenciosas lágrimas por sus arrugadas y suaves mejillas lampiñas.

―Mi hijo siempre fue un hombre impecable y digno. Nunca comprenderé a los magos, el porqué del estatus de sangre, cuando hay personas que cambiarían el mundo si tuvieran la oportunidad de demostrar su valía. Tuve la suerte de ser el padre de Ted y apreciar lo buen hombre, buen hijo y excelente padre que fue. Tranquila, hija ―añadió al verme los ojos llenos de lágrimas―. Lo extrañaré, igual que a tu abuela, pero ella ya no está sola, y al final del camino nos reuniremos los tres. Yo me tengo que quedar un poco más para conocer a mi nieto primero.

―Ay, abuelo… ―sollocé y lo estrujé en un fuerte abrazo―. Intentaremos venir a verte pronto.

Mi abuelo quiso tener una copia de la carta, la que terminó enmarcando y colgando en una de las paredes de su sala. Leer esas palabras, a todos nos dieron energías renovadas, y fueron el combustible que necesitábamos para continuar resistiendo. Además, como mi padre había dicho, Remus y yo teníamos un motivo de lucha, y ese era nuestro pequeño pancito en el horno.

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Remus

―Yo me encargo de lo demás, tú ve junto a ella ―siseó mi madre cuando yo le llevé todo lo que me había pedido.

Me acerqué a Dora y le tomé la mano. Ella me sonrió, con el rostro sudoroso, pero feliz.

―Todo va a estar bien ―me consoló.

―Yo debiera ser quien te diga eso ―contesté, reaccionando y saliendo de mi ensimismamiento―. ¿Te duele mucho?

―No tanto. Pero creo que me incomoda más estar de piernas abiertas ante tres personas, mostrando toda mi humanidad. En fin, creo que podría ser peor.

Y lo fue. Pasó una hora antes de que el vapor medicinal estuviera listo, a los pies de la cama, humeando intensamente, pero a esas alturas Tonks ya se estaba poniendo morada y se aguantaba los chillidos. Yo sólo atinaba a ofrecerle mi mano para que la apretara e intentaba apaciguar su respiración. Andrómeda le acariciaba la cabeza y le decía frases de ánimo, que no estuve seguro de si estaban funcionando o no.

De pronto, de un momento a otro, su cara se contrajo y comenzó a travesía. Y lo vi, lo vi como si fuera una escena en cámara lenta. Mi madre ayudó con magia a Tonks para que se le hiciera más fácil, menos traumático, así que vi deslizarse su cabeza como un jabón: una cabeza redonda, pequeña y con un escaso pelo negro. Y luego… ¡Pum! El cuerpo.

Silencio absoluto… Hope lo tomó, lo envolvió en una toalla con un impecable movimiento de varita, y lo hizo flotar hasta nosotros para ponerlo en el pecho de Dora.

Y el llanto salió de su pequeña boca.

―Es un niño ―dijo Andrómeda con la voz temblorosa.

―¿Es un niño? ―balbuceé extrañado.

Y lo miré bien: vi su carita redonda y colorada, sus encías desdentadas, sus orejitas y cabello negro y escaso. Tenía rasgos idénticos a los de su madre, como la nariz, la boca y las cejas… Era perfecto. Era un niño, era mi descendencia, y era perfecto.

―Por fin ya estás aquí… ―susurró Dora con los ojos inundados en lágrimas―. No hay nada que temer, porque estás con nosotros. Mira a tu padre…

Me incliné hacia el pequeño y le acaricié el rostro con un dedo. Comenzó a calmarse en el pecho de su madre.

―Mi hijo… ¿Puedo tomarlo?

Dora rio y asintió emocionada.

―Por supuesto que sí, también fue trabajo tuyo.

Lo tomé entre mis brazos con cuidado. Era tan pequeño, que sentía que se me iba a escapar por algún hueco. Mi madre me hizo un asentimiento con la cabeza para indicarme que lo hacía bien.

―¿Y cómo le llamarán? ―preguntó Andrómeda, rompiendo el repentino silencio que se había generado de pronto.

―Pues yo pensaba… ―comenzó a decir mi esposa, pero se detuvo a la mitad, mirándome dudosa. Asentí para que continuara―. Pensé que podríamos llamarle Teddy, en honor a mi padre.

Vi la ilusión de Dora y la mirada de esperanza de Andrómeda. Mi madre sonreía de oreja a oreja, y yo sentí de inmediato que el nombre le venía perfecto.

―Bienvenido a este loco mundo, Teddy.

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Severus

―Se… Señor.

Me puse inmediatamente de pie, bordeando el escritorio, y me dirigí rápidamente donde Phineas Nigellus, quien era el que se estaba dirigiendo a mí.

―¿Qué sucede?

―Usted me dijo… Me dijo que le avisara si llegaba a escuchar algo de mi indeseable tátara sobrina o… o lo que sea que…

―Al grano, Phineas ―repliqué ocultando mi repentino nerviosismo. Al menos no se trataba de Potter, lo que era bueno.

―Oí a Harry Potter y a sus amigos hablando de que ha tenido un hijo, y de que Remus Lupin le ofreció a Potter ser su padrino.

―¿Cómo?

―Nymphadora Tonks ha tenido un hijo y…

―Sí, sí. Le escuché la primera vez. Muy bien. Gracias por informarme. Vuelva a su puesto.

El mago hizo un gesto afirmativo, orgulloso, y se retiró dejando el retrato vacío, así, tal cual como me sentí yo en ese momento. Me sentí solo, completamente abandonado. Me gustaría haber sentido alegría por Tonks, pero en esos instantes y circunstancias no podía sentir felicidad por nadie. Sólo sentí un ligero alivio: había conseguido lo que ella quería. Al menos uno de los dos había tenido suerte, y después de tanto sufrimiento, ella lo merecía absolutamente.

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Mi madre había encendido la chimenea para mí, así que escuchaba el agradable crepitar del fuego, además de la acompasada respiración de mi pequeño, a quien tenía acobijado sobre mi pecho, durmiendo plácidamente. Su cabello se había puesto azul a la hora de nacer, y eso sacó vítores de todos, especialmente de mi madre, que se sintió orgullosa de que fuera Metamorfomago.

―O sea que a él no le dirás nada si anda con el cabello de color, ¿no? ―inquirí mordazmente.

―Él podrá andar como se le dé la gana, porque es mi nieto ―replicó ella con el embeleso dominando su rostro.

Me había quedado sola. Hope y mi madre se llevaron todo el desastre a la sala para ordenarlo y a mí dejarme descansar. Remus se había ido hacía cinco minutos para ir a la casa de Bill a dar las buenas noticias. Luego de haber estado una hora completa mirando con una devoción —que jamás había visto— a nuestro hijo, le dio un ataque de euforia y me confesó que necesitaba decírselo a alguien, gritarlo a los cuatro vientos.

―Sólo cuídate, y vuelve pronto ―le dije divertida y dichosa. Definitivamente era una hombre renovado, como si el propio Remus hubiese desenterrado una versión de sí mismo que estaba oculta bajo piel y huesos. ¡Y pensar que tanto se había reprimido! Pero nunca era demasiado tarde para vivir la vida como se merecía.

El pequeño Teddy parecía haber succionado toda mi energía, dejándome absolutamente exhausta, pero había dejado una cantidad de felicidad inversamente proporcional en mí. No, de hecho "felicidad" no alcanzaba a definir lo que sentía en esos instantes realmente. Estaba en una especie de ensueño, descubriendo nuevos sentimientos y sensaciones. Sabía que las hormonas eran grandes responsables de ello, pero no quitaba el hecho de que me sentía realizada, realizada de alcanzar un equilibrio en mi vida: mis heridas y las de Remus habían sanado, estábamos en sintonía, y tenía a una excelente suegra y a una madre que había superado el inmenso dolor como una guerrera. ¿Qué más podía pedir?

Tres cuartos de hora más tarde oí la voz de Remus en la sala. Ya era cerca de medianoche, pero no había logrado conciliar el sueño, a pesar del cansancio.

La puerta se abrió y entró él con el rostro rojo por el frío, pero con una sonrisa radiante.

―Pensé que estarías durmiendo ―masculló mientras se acomodaba a mi lado.

―Estoy muerta, pero el corazón no deja de latirme a lo loco ―repliqué en un susurro, cambiándome a Teddy con cuidado de posición, de manera que estuviera más cerca de su padre.

Nos quedamos un rato en silencio, admirando a Teddy embobados, como si fuera el astro rey de nuestro pequeño universo. Me di cuenta de que tenía el pelo naranjo, como si fuera un Weasley más, lo que me causó gracia.

―Ahora entiendo todo ―masculló Remus por lo bajo, unos minutos más tarde. Su rostro permanecía embelesado.

―¿Qué cosa?

―Lo que decía James acerca de la paternidad: que no había felicidad que se le comparara. Ver a una persona que tiene algo de ti y algo de la persona que amas… Es algo indescriptible.

Con Remus jamás habíamos hablado acerca de lo que sucedió cuando se marchó por última vez. Yo no había querido tocar el tema, porque me bastó el hecho de que regresara a mi lado, y, por primera vez, yo no había pensado que me volvería abandonar; ese pensamiento ya no inundaba mi mente y había quedado enterrado en el pasado. Aunque presentía que algo le había hecho tocar fondo haciéndole volver a mi lado. Lo que sí me había dicho era que, a pesar de que había decidido volver hacía días, tuvo que irse con cuidado por distintos bosques, porque la actividad Mortífaga estaba a la orden del día y, por seguridad, tuvo que tomarse su regreso con más calma de la que hubiera deseado. No hallaba la hora de llegar a mi lado y todo pareció conjugarse en su contra.

―Nunca te lo pregunté… Nunca te pregunté nada porque no creí necesario saberlo, y la verdad es que ya no importan los motivos que hayas tenido para irte de mi lado. Sin embargo, me gustaría saber ¿fue eso lo que te hizo decidir volver esa noche? ¿Las palabras de James gatillaron tu deseo de volver junto a mí?

Remus sonrió melancólicamente e hizo un gesto indefinido con la cabeza.

―Fue mi gran epifanía, pero, la verdad, se debió a un conjunto de situaciones… ―contestó y me narró lo que le había ocurrido con Harry. Allí entendí el críptico mensaje que había dejado hacía unas semanas en el programa de Fred y George, en el cual Remus había sido invitado a participar―. Luego soñé con ese recuerdo de James, y sucedió algo tan extraño… ―y continuó narrándome su aventura con el ciervo en el bosque―. Entonces supe que no quería perderme de todo esto. Admití que deseaba vivir lo que cualquier persona deseaba… Y que si estabas conmigo era por algo. Había tomado la decisión de volver. No sabía cómo, porque estaba aterrado de que no me recibieras, aterrado de haber perdido mi oportunidad. No sabía cómo iba a poder ganarte de vuelta. Y, luego…

Se quedó callado y su rostro se crispó un poco.

―¿Y luego? —le alenté.

―Luego me distraje, cuando me topé con Severus.

—¿Con Severus? ¿Ese Severus? —salté anonadada.

—El único. Bueno, siendo honesto, lo vi entre la multitud de una taberna y lo seguí.

Me contó lo que ocurrió esa noche, sin pelos en la lengua, de lo que le había dicho y de cómo se agarraron a trompadas en medio de la calle. No pude evitar lanzar un grito ahogado, que de todos modos tuve que reprimir para no despertar a Teddy.

―Yo creí que te habías enfrascado en una pelea con Mortífagos y que por eso la cara la tenías llena de chichones ―admití yo, boquiabierta.

―No. Fue con Severus. Dijo tantas cosas… y sé que lo dijo con odio y resentimiento absoluto ―continuó Remus con la mirada perdida―. De hecho, sentí que se lo decía más a él que a mí ―hizo una mueca―. Como si hubiera deseado decirse eso a sí mismo. Pero, de todos modos, causó un efecto negativo en mí, y eso se lo agradezco, porque fue el combustible que necesitaba para regresar. El enojo me hizo olvidar tu posible reacción, y me convencí de que no importara lo que costara, volvería a tu lado.

Le acaricié el rostro.

―Pues me alegro de que ninguna de sus palabras haya hecho mella en ti, y que hayas comprendido lo valioso que eres para mí y que nos merecemos. Pero, sin duda todo lo que dijo no tenía estricta relación conmigo, porque él sabe perfectamente que eso de "tomarme de vuelta" es algo imposible, imposible desde que me enamoré de ti. En fin, ¿y ya ves? Tu hijo tiene de lobo tanto como yo, así que te equivocaste de medio a medio al huir de mí.

Rio.

―Y si hubiese salido a mí, habría encontrado la manera de que hiciera su vida lo mejor posible. No habría replicado el error de mi padre, a pesar de que ahora entiendo de que él hizo lo que pudo en su propio contexto de vida.

―¿Qué has hecho con mi Remus de la depresión licantrópica? ―pregunté yo con ironía.

Me besó.

―Quedó enterrado en el pasado.

―¿Y bien? No te pregunté de tu paseo. ¿Pudiste darle la noticia a Bill?

―Sí. Y estaba Harry, junto con Ron y Hermione

Di un grito ahogado, que tuve que interrumpir porque Teddy se removió inquieto. Esperamos unos segundos antes de volver a hablar.

―¿Harry? ¿Los muchachos estaban con Bill? ¿Estaban bien?

―No lo sé realmente. Estaba tan empeñado en dar la noticia y en volver pronto, que no me di el trabajo de averiguarlo. No era mi asunto; ya me quedó claro que ninguno me iba a contar nada. Pero hice algo impulsivo: le pregunté a Harry si quería ser el padrino de Teddy. Me pareció apropiado…

―Me parece perfecto ―dije entusiasmada―. No es como que contemos con demasiados candidatos, de todos modos ―bromeé―. ¿Y qué dijo? ―añadí emocionada.

―Que sí. Creo que lo pillé por sorpresa, pero lo noté halagado.

Harry era el único que merecía el puesto. Había sido el primer influyente para que Remus regresara, envuelto por la imagen de su propio padre, y no me cabía duda de que sería un padrino fantástico, porque tenía el ejemplo de Sirius. Un ejemplo breve, pero de los buenos.

Al rato Teddy despertó llorando y supe que era por hambre. Remus también aprovecho de preparar algo para él y para mí porque se nos había abierto el apetito, así que ambos aprovechamos de comer mientras Teddy tomaba su leche directamente de la fuente, plácidamente.

―Yo creo que tienes que aprovechar de dormir lo que puedas ―me aconsejó Remus cuando terminamos―. Ve a lavarte, luego voy yo. No te preocupes, que conmigo estará sano y salvo ―dijo, sacándome a Teddy de encima con un cuidado extremo.

―Eso no lo dudo. Ya vuelvo.

Fui al baño a reflexionar mientras me aseaba. Luego de ducharme, mi rostro en el espejo se veía radiante, y mi cabello perfecto. Sin embargo, algo me inquietó ligeramente, y supe que no estaría tranquila si no hacía algo frente a ese detalle. Remus me había dicho que Severus le había gritado todo tipo de cosas en su encuentro, y supe que se sentía muy solo y era una manera de desahogarse. No podía hacer nada para cambiarlo, pero sí deseaba que supiera lo agradecida que estaba con él. Su orgullo le haría detestar cualquier mensaje que le enviara, de eso no me había duda, pero mi conciencia estaría más tranquila.

"Gracias, Severus, y buena suerte".

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Canciones del capítulo:

Anyplace, Anywhere, Anytime - Special 12" Dance Mix – Nena

There Is a Light That Never Goes Out - 2011 Remaster – The Smiths

Enjoy the Ride – Krewella