Epílogo
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Siento la brisa fresca, pudiendo oler las hierbas del campo y un ligero toque de limón en aire. Cierro los ojos, gustosa, disfrutando de ese pequeño momento de perfección, de silencio y armonía. Teddy está durmiendo en nuestra cama, en el lado de Remus. Se supone que debe dormir en su cuna, pero como mi esposo no está ―por sus días del mes―, no me siento capaz de dejarlo solito allí; sería cruel e innecesario, aunque más por mí que por él. Apuesto que Teddy será un muchacho independiente y temerario.
Miro la luna llena, perfectamente redonda y amarilla, que se asoma entre las densas nubes. Parece que está a punto de llover, y sólo espero que Remus logre encontrar un buen refugio para pasar sus días de luna llena, seguro y a salvo del peligro.
―No te preocupes demasiado, he logrado sobrevivir todos estos meses, y esta vez no será diferente ―me dijo el día anterior antes de besarme con pasión y de marcharse con una mochila al hombro llena de víveres y una muda de ropa.
Antes de despedirse de mí, lo hizo de Teddy, y recuerdo la oleada de amor que me hizo sentir cuando noté que le estaba costando irse; parecía estar a punto de llevárselo con él. Lo tomó, lo besó, lo dejó en su cuna, lo volvió a tomar, lo volvió a besar y lo sostuvo varios segundos contra su pecho, besándole la coronilla y susurrándole palabras que no pude comprender.
―No nos moveremos de aquí, amor —le dije para alentarlo.
―Lo sé, lo sé… Trataré de regresar lo antes posible.
Ha transcurrido una semana desde que Teddy Lupin llegó al mundo, y ya parecen haber cambiado un montón de cosas en la casa: todo está en constante desorden, porque hay juguetes y ropa de él por todos lados. Mis queridas suegra y madre ya le han conseguido, además de la cuna, un mudador, una pequeña bañera y otras chucherías que probablemente no usará pronto, pero allí están. Supuse que la emoción las tenía así. Mi madre, por otro lado, va todo el tiempo a la siga recogiendo ropa, ordenando cosas y limpiando, en una tarea sin fin.
Le envié una fotografía de Teddy a mi abuelo para que pudiera conocerlo. No sé cuándo podremos visitarlo, pero una imagen en movimiento es mejor a nada, y quise que viera que había resultado ser Metamorfomago, como yo. Seguro estará orgulloso.
Me volteo un momento para asegurarme de que Teddy siga durmiendo pacíficamente, y vuelvo a observar el cielo, plácida, como nunca antes.
No tengo idea de qué depara el futuro, ni qué sucederá mañana con la guerra inminente, pero tengo un par de cosas claras: Remus regresará a casa luego de esta luna llena, cansado, pero feliz, porque sabe y acepta que tiene una familia que lo aguarda con ansias. Lo segundo que sé es que, suceda lo que suceda, Teddy vivirá en una familia unida y amorosa, llena de calidez y respeto, en donde jamás le faltará nada. ¿Tengo miedo de lo que vendrá? Honestamente no, porque con Remus hicimos una promesa el uno al otro y también a nuestras madres: la promesa de que haremos todo lo que esté a nuestro alcance para mantenerlas a ellas y a nuestro hijo a salvo, y estamos en paz con ello. Sólo nos limitamos a vivir el día a día, disfrutando cada momento, cada risa, cada caricia, cada detalle, y eso es suficiente. ¿Para qué amargarnos pensando en lo que puede ser o no? ¿O en lo que ya ha sido? Sólo sería una pérdida de tiempo. Además, el sentimiento de fortuna que tenemos es más grande que el de las preocupaciones. Siento que lo tengo todo, que no me falta nada. Tampoco extraño a Ted, o no demasiado, porque tengo la sensación constante de que se fue de viaje.
Sí, me siento afortunada, por fin, después de tanto ajetreo. Es cierto, Cupido se tardó conmigo; me tomó entre sus garras, me subió en una escoba descontrolada, me envolvió en un complejo romance inconcluso que continuó en mi adultez, transformándose en una relación llena de indiferencia e incompatibilidad absoluta, para más tarde hacerme caer en un caldero de amor ardiente y aplastarme con el mazo de la tristeza y la aprensión. ¡Cuántas cosas hemos vivido Remus y yo! Hemos hecho y deshecho de nuestra relación. Pero lo logramos. Lo hicimos. Crecimos y maduramos juntos, nos aceptamos mutuamente y a nosotros mismos, en especial Remus. Ya no queda rastro de tristeza en nuestro espíritu, sólo esperanza y alegría.
Andrómeda a veces me mira preocupada al oírme hablar con tanto entusiasmo y optimismo, como diciendo "no te olvides que hay una ola de maldad allá afuera, que nos acecha día y noche; no bajes la guardia". Pero, no es optimismo, es sólo que tengo la certeza de que con Remus vamos a vivir la mejor vida que podemos tener, enfrentando nuestro destino y no importando realmente cuál es nuestro "para siempre"…
…Ya sea si este dura apenas un día o una eternidad de cien años.
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Canciones del capítulo:
Here's Where the Story Ends – The Sundays
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FIN
Estimada lectora: primero quiero aclarar el por qué no terminé la historia con las muertes de Tonks y Remus, y fue por el sencillo hecho de que era un sufrimiento innecesario. Todos sabemos qué sucede luego, por lo que no había necesidad de meter el dedo en la llaga, y desde que comencé esta historia hace más de diez años, que el final iba a ser de este modo: algo bonito.
Segundo y más importante, quiero agradecerte por todo el apoyo. Si eres alguna de las que estuvo conmigo desde el inicio, pues, tienes que saber, que tu paciencia y fidelidad han sido trascendentales para mí, y que lo agradezco profundamente, desde el fondo de mi corazón. De alguna manera, hemos crecido juntas, y sin duda nos hayamos en una etapa muy distinta de cuando yo empecé a escribir esto, y de cuando tú empezaste a leer.
Este viaje de tres partes ha terminado, pero siempre, espero, que esté aquí para ti, por si quieres volver a enredarte en estos romances tan locos y apasionados.
Por supuesto, no será lo último que leerás de mí. Si te interesa Severus Snape, siempre puedes leer En pie de guerra, historia que a continuación será terminada.
Un abrazo grande. Espero que hayas disfrutado de esta aventura tanto como yo escribirla, y que hayas sentido que pudo haber ocurrido en el canon de Harry Potter, porque esa era la idea.
¡Hasta pronto!
Atte
Sole
