Capítulo extra, basado en lo que no se vio del capítulo VII, "La verdad".

¿Qué fue lo que le dijo Sirius para convencer a Remus de que disfrutara su cumpleaños y se diera la oportunidad de acercarse a Tonks sin sentir culpa alguna?


Doctor Corazón

.

Seguí a Remus arrastrando los pies porque sabía que eso lo pondría aún más de malas. Mi amigo era un abanico de sorpresas: dócil, amable, tierno incluso, pero con ciertos trastornos obsesivos compulsivos que nadie que no hubiese vivido una amistad con él por más de diez años lo hubiese sabido.

Era su cumpleaños y yo había creado un plan maestro para acercar a mi querida sobrina segunda y a mi mejor amigo. Nunca antes había visto tanto potencial en las pretendientes de mi amigo, y eso que había tenido varias —más de las que a él le gustaba reconocer, porque no se creía capaz de tener tanto arrastre con las chicas—. Pero Tonks era diferente, y no porque fuese mi familiar. Era todo lo opuesto a él, y yo apostaba a que era lo que él necesitaba en su vida: alguien que lo sacara de su esquema.

—¿Es que acaso vas a estar intentando hallarle la quinta pata al gato a todo lo que conversamos con Tonks? ¿En serio vas a estar con este juego a cada momento? ¿Cuál es tu plan?―me lanzó en voz baja, pero llena de rabia, cuando salimos al vestíbulo, colocándome una mano en el hombro con firmeza.

―No tienes por qué alterarte ―respondí yo calmadamente, pero le di un manotazo para que me soltara―. Es mejor que no lo hagas, porque no tengo ganas de escuchar a esa vieja loca del cuadro gritar.

―Entonces vamos arriba.

―Oye, era sólo un decir… —alegué, pero ya había empezado a subir la escalera a paso firme. Rodé los ojos hacia atrás y fui tras él. No era mi intención arruinar su cumpleaños, precisamente quería obtener el resultado contrario.

―¿Y bien? ¿No se suponía que Tonks no iba a venir? Me dijiste que no vendría ―protestó en voz alta, enfrentándome con las cejas muy unidas, una vez ya habíamos llegado a la sala del segundo piso.

―Mentí, obviamente ―repliqué condescendientemente, apoyándome en uno de los muebles esquineros, tratando de mantenerme calmado para que él no se inquietara más―. Quería que te dieras cuenta cuán fuerte son tus sentimientos hacia Tonks, y sé que dio resultado. Tu cara cuando la viste aparecer no tuvo precio.

Bufó y negó con la cabeza, colocándose las manos en los costados.

―No haces más que incomodarla, Sirius. Tú y tus juegos infantiles. Tratando de que sólo hablemos los dos, dándole la espalda… Vas a terminar haciéndola sentir mal. Quizá a ella no le interesa hablar conmigo y…

―Sí que le interesa hablar contigo, Lunático. Créeme. ¿Cómo puede ser que, a estas alturas de la vida, aún no sepas leer el lenguaje corporal de las mujeres? ¿No estás un poco viejo para ser un idiota inexperto? ―le pregunté burlón.

―Tal vez es demasiado amable o sabe fingir muy bien que no le molesta conversar conmigo, pero eso no te da derecho a abusar y…

―Remus, ¿escuchaste algo de lo que te acabo de decir?

―Sí. Me insultaste diciendo que básicamente no sé nada de chicas.

Miré hacia el cielo raso y me puse las manos en la cara, exasperado. Clásico Remus, cuadrado y literal para todo; demasiado lógico. Mi intención no era delatar a Tonks abiertamente ―aunque "delatar" no hubiese sido del todo cierto, porque ella no me había dicho nada y yo sólo me basaba en mis propias sospechas―; quería que mi amigo se diera cuenta solo de que tenía oportunidades con ella. Pero, ya que aparentemente no comprendía la indirecta, tendría que ser un poco más específico.

―A ver… ¿cómo te lo explico?: no la hubiera invitado del modo en que lo hice de no haber tenido una base, una idea en mente… Por así decirlo.

Remus se cruzó de brazos y me hizo un gesto con la mandíbula.

―¿Qué quieres decir?

―¿Qué crees que quiero decir, Lunático? Por favor, coopera un poco. No puedes ser tan cabeza dura, no me decepciones así; algo tengo que haberte enseñado en esta vida.

Nos quedamos mirando unos segundos. Levanté las cejas rápidamente un par de veces y eso le hizo caer en la cuenta. Quedó boquiabierto y súbitamente se puso colorado.

―Le gusto a Tonks. ¿Es eso? ―inquirió con incredulidad.

―No lo sé. ―Me miró decepcionado, herido. Era una mentira, Tonks no me lo había confirmado verbalmente, no obstante, sus actitudes la delataban―. Pero creo que sí. Creo que hay señales que demuestran que ella tiene algún interés romántico en ti. Mi instinto me lo dice —añadí tocándome la nariz.

―Sirius, no juegues…

―No juego. En serio. ―Me acerqué a él y le puse las manos en los hombros―. Es una corazonada, y tú sabes lo bueno que soy con las corazonadas. ¿Te acuerdas de que siempre adiviné las chicas a las que les gustábamos? ¿Te acuerdas cuando le dije a James que era momento de invitar a Lily a salir porque yo sabía que lo aceptaría?

―Sí, pero…

―Y Samantha Smith: te dije que andaba interesada en mí, y al día siguiente se me declaró.

Remus hizo una mueca, rendido, cerrando los ojos.

―Aun así, aun si así fuera, como dices que es… ―titubeó descruzándose de brazos. Su mirada era cautelosa y llena de ilusión al mismo tiempo. Pero también estaba ese dolor clásico de él. El dolor que apenas lográbamos mantener a raya nosotros―. Lo que te dije el otro día: mi condición de hombre lobo, la edad; no tengo absolutamente nada para ofrecer, ¿no te recuerdas de nada de esa discusión que tuvimos?

—Recuerdo nuestra discusión del otro día perfectamente, y sabes de sobra que todas tus excusas son basura.

Me observó molesto, sin saber qué replicar a eso, así que cambió el camino de la conversación.

—Bueno, pero ¿es necesario ejecutar tu plan molestándonos todo el rato? ¿Insultándola?

—No exageres, Lunático. No la he insultado en ningún momento.

—Sí, y yo nací ayer. Sé que intentabas provocarme de alguna manera, para defenderla o lo que sea...

—Estoy seguro de que Tonks no necesita que la defiendan. Por favor, Remus, ¿acaso no puedes disfrutarlo un poco? —inquirí cansinamente.

—¿Disfrutar qué?

—Un coqueteo inocente. Una buena charla con ella. ¡Por favor, Remus! Nadie dice que vayan a terminar envueltos en una relación, ni siquiera sabemos qué piensa Tonks de ti realmente. Probablemente ni le gustas —contesté picado, pero al verlo cerrar los ojos con pesar, añadí inmediatamente con rotundidad: Pero debieras gustarle. Remus, incluyendo a James, que en paz descanse, eres el único que podría llevarse el trofeo de mejor novio. Eres una oveja disfrazada de lobo, y no habría manera de que hicieras infeliz a una mujer —continuó con un tono solemne que pocas veces usaba—. Mereces la felicidad absoluta, y no me vas a hacer pensar lo contrario.

—Sirius, tú sabes, más que nadie, todo mi complejo, mi problema... Mi culpa.

—Sí, pero es tú complejo, tú problema y tú culpa, no de nadie más, y ya has acarreado con ello suficiente tiempo. Como dije, tal vez ni siquiera le gustas a Tonks, pero ¿qué tiene de malo echar una cana al aire? ¿Acaso no puedes siquiera mantenerlo como algo platónico y así disfrutarlo sin culpa alguna?

—Es difícil… Porque nada de lo que soy va a cambiar, aunque me comporte diferente—masculló bajando la mirada, deprimido.

―Ya. Sí. Tienes absoluta razón. Todo lo que tu digas. Lo siento por insistir, Remus —le dije con el mejor tono que pude.

Hice el ademán de alejarme de él, y sé que me observaba aún cuando di el paso hacia atrás, pero lo que no vio venir fue mi puño levantarse para estamparse contra su cara. Lo pillé de sorpresa. No fue un golpe realmente fuerte, pero logré derribarlo contra el sillón, dejándolo completamente perplejo. Se puso la mano en la mejilla afectada.

Me arrodillé a su lado y lo apunté con el dedo.

―Sí, quizá no sé lo que se siente transformarse en hombre lobo cada luna llena y nunca pude contentarme con una chica por más de tres meses; pero sí sé que tú y Tonks pegan bien. Además, no te estoy obligando a que te declares a ella y le pidas matrimonio. Lo único que te pido es que te des esta noche para ti. Olvídate de lo demás. Olvídate del mañana y disfruta el ahora. Por favor, Lunático. Por favor. Sólo hazlo, déjame verte feliz alguna vez. Si no lo haces por ti, hazlo por mí.

―Eso es chantaje absoluto ―dijo sin resentimiento alguno por el golpe. Estaba asombrado―. Primero me pegas y luego me dices esto.

―Alguien tiene que hacerte entrar en razón. ―Me paré y le ofrecí la mano para que se reincorporara―. Regálate un día, un día al menos, para disfrutar como una persona normal. Así que, te preguntaré de nuevo: ¿tiene algo de malo mantenerlo platónico?

—No tiene nada de malo —contestó asumiendo su derrota—. No tiene nada de malo mientras se mantenga como algo platónico.

—Y así probablemente se mantenga. Mirar, pero no tocar. Sólo disfrútalo, amigo. Disfruta de estar a su lado, de verla reír, de soñar, incluso. ¡Es tu cumpleaños! Acéptalo como un regalo. Por favor.

—Ya, ya, comprendí —bufó con una pequeña sonrisa, y eso fue bastante aceptable para mí como señal del éxito.

—Pero, si comienzas a gustarle a Tonks de verdad o me entero de que ya es así, seré el primero en apoyar la relación hasta conseguir que se casen, y, por supuesto, golpearte las veces que sea necesario para hacerte entrar en razón cuando te arrepientas, ¿bien? ¿Trato hecho?

—Está bien, Sirius, ya te entendí. No insistas —dijo un tanto divertido y exasperado. Volvamos abajo.

—Espera, déjame arreglarte la mejilla, porque se está empezando a hinchar…

Le reparé la mejilla con un movimiento de la varita, dejándolo como nuevo. Parecía como si nada hubiera pasado. Sin embargo, cuando salimos de la sala camino a la cocina, pude ver un brillo especial en sus ojos, como si tuviera una pequeña esperanza en él mismo.

Mi querido amigo Remus Lupin, mi querido Lunático, después de tantos años no se lograba enterar de lo especial que era. El único amigo que me quedaba, el único que, a pesar de todo, estaba ahí para mí. Arriesgaba el pellejo por Harry; lo había arriesgado por mí hacía dos años, y siempre tenía los mejores consejos, aunque él no siguiera ninguno de ellos.

Yo sólo deseaba devolverle la mano y verlo sonreír alguna vez. Esperaba no equivocarme con la apuesta que estaba haciendo. Quizá metiera la pata; quizá Tonks no fuera la indicada. Sin embargo, debía intentarlo, tenía que seguir mi instinto.

―Sólo limítate a disfrutar de tu cumpleaños ―le susurré antes de entrar a la cocina nuevamente, dándole una palmada en la espalda para infundirle valor.