Mirando bien el carrito de comida que Doug le había llevado, se dijo: "Ese tiene que ser Albert".
Y en efecto, lo era. En una nota corta, le había expresado esto mismo. Candy comió hasta la saciedad, huevos con la yema suficiente para embadurnar sus tostadas, chocolate caliente con espuma. Mmm, se sentía en el paraíso. Ese hombre la conocía demasiado bien, pensó de nuevo con cada regalo que le hacía. Quizás no era algo tan malo. Pero el asunto de qué le diría a la tía sobre su relación con él, si preguntaba, la verdad es que no sabía qué decirle. Así mismo, volvía a pensar en las palabras de la Srta. Pony sobre la posibilidad de que él también la amara a ella. No podía negar que eso le daba un toque eléctrico en su corazón. Por cierto, aunque le había afectado lo que le había pasado con él la noche anterior, la verdad es que no entendía para nada lo que había ocurrido. Prefirió, sin embargo, olvidarlo, y hasta se sintió como una tonta por el lloriqueo de la noche anterior.
Albert había sido escueto y no había entrado en demasiados detalles sobre esa conversación que tendría con la tía Elroy. Quizás no sabía realmente la magnitud del asunto. Pero de que tenía miedo, lo tenía, de que la tía siempre la retara y le cuestionara sobre sus intenciones con su sobrino. Según lo que él mismo le había contado, la tía Elroy era muy estricta con la etiqueta. Por esto mismo, tomó un largo vestido de seda color verde menta y sus accesorios en combinación. Se preguntaba, por cierto, si debía utilizar el corsé, pieza que llevaba a todos lados, como practicando para no sabía qué. Desde que había averiguado la verdad de Albert, sentía que le debía eso. Y aunque lo había utilizado poco, la realidad es que hacerlo ahora requeriría ajustes de vestimenta, así que optó por no ponérselo. Además, no quería llamar a Sophie para que la ayudara. Ni modo, iría a ver a la tía abuela sin el corsé.
Ya eran casi las 10 cuando se dio cuenta de que el tiempo se le había ido en un dos por tres. Entonces se dirigió donde Doug, que se encontraba tomándose un café en la cocina del primer nivel, mientras el resto del servicio corría de un lado para otro, sin prestarle siquiera la menor atención mientras se acercaba.
"Doug…tengo que llegar donde la tía abuela Elroy y no sé…"
"No te preocupes, Candy. Ya la Sra. Elroy enviará a su dama de compañía para buscarte. Espera en el salón".
Salió entonces hacia el salón donde había esperado a Albert la noche antes, y una mujer de unos 40 años la estaba esperando.
"Usted debe ser la Srta. Candice. La Sra. Elroy me ha indicado que la escolte. Soy Berenice".
"Disculpe la demora. Sé que la tía Elroy es muy formal".
"No, no se preocupe. La realidad es que el joven William nos había informado que usted no conoce su camino por la mansión, y por eso estoy aquí. Sígame…"
De pronto Berenice se fue caminando hacia la biblioteca y movió un dispositivo que a simple vista no se notaba. Candy estaba impresionada. De pronto se abrió una puerta secreta, y había un paso inclinado. Ambas mujeres cruzaron por él.
"Hay varias entradas secretas entre el ala este y el resto de la mansión. El Sr. William me sugirió que le explicara cómo entrar y salir por esta salida. Hay cuatro más. Luego él hablará con usted al respecto".
Candy de pronto estaba anonadada. Cuántos secretos en la vida de este hombre. Era algo increíble.
Candy y la dama de compañía caminaron unos diez minutos hasta la habitación de la tía Elroy. Cuando llegaron, Berenice tocó la puerta, y otra de las sirvientas las hizo entrar a la antesala.
"Monique, esta joven es la Srta. Candice White Ardlay y tiene una cita para tomar el té con la Sra. Elroy. ¿Podrías anunciarla"
"Un momento, por favor".
Monique fue a anunciar las visitas y las dejó en espera en la antesala, mientras ella hacía los anuncios de rigor a la tía Elroy. Al poco rato regresó con las instrucciones.
"La Sra. Elroy la espera. Por lo pronto, nosotras estaremos en la cocina del primer nivel mientras ustedes conversan. Ya está el té en la mesa de la habitación y sólo hay que servirlo. De necesitar algún otro acomodo, puede tocar el botón rojo que se encuentra en la mesita de noche".
Candy hizo un saludo de reverencia, mientras las dos mujeres se lo devolvían y salían de allí, dejándola sola y nerviosa. Le tomó unos cuantos minutos reponerse, hasta que una voz recia la despertó de su letargo.
…
Candy había sentido una rara presión en el pecho. No era todos los días que tenía que hablar con la matriarca del clan, y menos en circunstancias desconocidas para ella. Anteriormente, la tía abuela había sido fulminante con ella. Esa bandera de paz…bueno, era otra cosa.
Candy tímidamente se asomó por la recámara. Cuando la vio, se dio cuenta del lujo con que vivía la familia. La tía abuela tenía cortinas de terciopelo adornando los pilares de su cama. En ese momento, sin embargo, se encontraba no acostada sobre su fina cama, sino sentada frente a la mesa del té.
"Candice, ¿podrías servir el té, por favor?", le dijo en un tono más bien conciliador cuando la vio asomarse tímidamente.
Candy no objetó. Sencillamente, hizo lo que de ella se esperaba. Y fue tal la maestría para servir ese té, que Elroy estaba impresionada. Ella no le había dicho que esa era una prueba. Simplemente dejó que ella demostrara lo que podía hacer.
"Estoy impresionada, Candice. Ni mis damas de compañía hacen tan buen trabajo. ¿Dónde aprendiste?"
"En…el Hogar. La Srta. Pony les enseña a todos los niños las reglas de etiqueta. Todos aprendemos a servir el té como en casa de rico…"
Ahí estaba. Había cometido una indiscreción, y se tapó la boca de la vergüenza. La tía se dio cuenta.
"Candice, no te preocupes por tu honestidad. La verdad es que no estamos para juzgar tu comunicación aún, sino para que tranquilamente hablemos de lo que pasó con William y contigo, que para eso te llamé".
"Entiendo…", sólo comentó al comprobar que Albert le había dicho la verdad.
"William me contó que lo encontraste cuando eras enfermera del Hospital Santa Juana, pero que, por no saber quién era, no pudiste comunicarte con su familia".
"Así es, tía Elroy".
"De ahora en adelante, quiero que te refieras a mí como tía abuela, Candice, por favor. Además, quiero que entiendas que la razón por la que te he procurado es para que me cuentes todo lo que viviste con William con lujo de detalle. Por favor, no te restrinjas, siendo que ya William me contó la horrible historia de cómo lo trataron en el hospital. Me gustaría oír tu versión de todo este asunto".
Candy, sintiéndose algo más cómoda, se sentó en el sofá prácticamente a su lado tentativamente, y comenzó a contarle la historia, mientras continuaba sirviendo el té…
…..
…Un día en apariencia normal, de pronto una conmoción estremeció la salida de emergencia hacia el hospital. De la puerta, una camilla con seis o siete entre enfermeras y médicos era transportada a toda velocidad desde la sala de emergencia.
"Qué horror. Si hasta dicen que hubo que anestesiarlo porque estaba violento", comentó una de las enfermeras de emergencia.
"No, si se le nota lo salvaje y peligroso", dijo la otra.
El hombre iba totalmente anestesiado, pero con una cara que reflejaba el horror de lo que había pasado. Lo habían llevado desde los muelles, sin rumbo, al hospital, simplemente porque no tenía cédula de identidad ni datos personales. La única razón para llevarlo allí era por sus aparentes traumas, además de que era el hospital más cercano.
La conmoción era tal, que no hubo alma allí que no se diera cuenta del escándalo del personal del Santa Juana.
"Hay que llevarlo al cuarto 0, no tenemos otra alternativa. Allí las cuidadoras son enfermeras no colegiadas, así que probablemente muera por falta de atención profesional, pero no podemos hacer otra cosa. Esto no es un convento ni hospital de caridad", mencionó Dr. Leonard cuando se presentó a leer el informe inicial que se había hecho en la sala de emergencia. "Llévenlo…", terminó sin ápice de compasión.
Los siete que con él estaban de nuevo lo comenzaron a mover hacia esa área.
Candy a ese entonces llegaba de la primera ronda en la estación de infantes. Cuando vio al personal de emergencia se sorprendió, porque rara vez llevaban un caso de esa área a donde estaba ella. Cuando pasaron por su lado, de pronto vio que había una mofeta al lado del paciente.
"¿Pouppét? No, pero no puede ser".
Entonces caminó la distancia que quedaban hacia las escaleras que daban a la habitación 0. Y lo vio.
"Dios mío, no tiene sus gafas y es rubio, pero debe ser él. Se parece a él. Pouppét", entonces gritó.
La mofeta la miró, y ahí una de las enfermeras del grupo de emergencia le ripostó:
"¿Conoce a esta alimaña? Haga el favor de sacarla de aquí", a lo que la mofeta hizo un gruñido cuando se la pasó.
Candy no sabía qué pensar.
"¿Ese es Albert, Pouppét?", la mofeta le afirmó con la cabecita. "Pero qué le pasó".
"Este caballero perdió la memoria en Italia, no tiene papeles y lo asocian con una red de espías del centro de Europa que provocaron la explosión del tren en que viajaba".
"Eso no es cierto", dijo Candy.
"Cómo lo sabe", le preguntó la enfermera.
"Porque conozco a Albert y él jamás le haría daño a nadie".
"Eso dígaselo a Dr. Leonard".
"Qué me diga qué", preguntó el hombre grande y serio que se acercaba por el pasillo.
Por lo regular las enfermeras practicantes no tenían contacto con Dr. Leonard, y ver a Candy al pie de la escalera con las enfermeras de emergencia no le agradó en lo más mínimo.
"Dr. Leonard", le dijo una de las enfermeras, "esta joven, desde que llegó el espía, no hace más que tratar de que no subamos al paciente a la habitación 0".
"Dr. Leonard", interrumpió Candy, "este hombre es amigo mío, lo conozco, y no es un espía".
"Ah, lo conoce. Y cómo se llama".
"Es Albert… Albert…"
"Practicante…"
"Candice White".
"Practicante Candice White, no me parece que usted conozca a este hombre demasiado si no puede proveer un apellido. A lo mejor es un amigo casual o lo que sea de usted. Sin embargo, le sugiero que no se le acerque demasiado, y más porque ahora mismo necesita un cuidado más profesional del que le puede proveer".
"Pero es mi amigo".
"No me importa si es su marido. Las reglas son las reglas. Le recomiendo que se mantenga a distancia, y haga el favor de llevarse ese zorrillo fuera de la facilidad".
Candy no iba a lograr nada con él, pero ya a punto de salir por el pasillo, de pronto se giró y le preguntó.
"¿Puedo al menos visitarlo en mis momentos libres?"
Dr. Leonard sabía que no lograría nada si se negaba, pues una vez una enfermera o practicante salía de su turno, era un civil y los civiles podían visitar el hospital. No había ninguna regla diferente para la habitación 0, y para no quedar mal le respondió.
"Le voy a hacer un mejor trato, Practicante White", le dijo acercándose a ella para que los demás no escucharan. Le voy a dar un momento antes de comenzar su práctica y otro más al salir de ella. Quiero evitar los comentarios de pasillo. Evite llevar el uniforme cuando lo haga. Y trate de no dejarse ver. ¿Entendido?"
"Gracias, muchas gracias. Haré lo que me dice", y salió con prisa de allí, cediendo a lo que se esperaba que ocurriera con él, que era que lo llevaran a la habitación 0.
Eso había dejado, por lo pronto, conforme a Candy. Al menos podría ver a Albert en algunos ratitos. Malo que Candy no era de reglas, aunque nunca tuvo problemas con el asunto, especialmente porque se le olvidaba casi a diario cambiarse de ropa para visitar al enfermo.
…
"Entonces comenzaste a visitar a mi sobrino y le llevaste su mofeta".
"Lo pude hacer, sí. También logré entrar a Stear y a Archi sin que los vieran. El Dr. Leonard era muy, muy estricto. Por cierto, Stear cuando vio a Albert, que seguía inconsciente, hasta comentó lo guapo que era", le comentó Candy a la tía, seguido de un sonrojo. "Perdón, William".
"Tranquila, Candy. Tú lo conociste como Albert, así que no voy a recriminarte por eso. Continúa, por favor…", comentó muy curiosa la anciana.
…..
Albert llevaba cinco días en el San Pablo, y de pronto despertó. Así, escuchó una voz femenina que le gritaba:
"Bert, cuidado…" vio un fuerte resplandor, escuchó una explosión y en ese momento abrió los ojos.
Parecía una voz de ensueño. No, no la reconocía, pero su insistencia en que se cuidara la recordaba como un grito continuo en su mente.
De pronto, sintió un olor ofensivo en el área, y no, no era la mofeta que reconocía como su acompañante de toda la travesía en Italia, que, por cierto, brincó de la alegría cuando vio a su amo despierto.
"Hola, amiguita", le dijo sin reconocerla.
Pouppét estaba delgadita y descuidada, como nunca había estado. Candy, sin embargo, se había ocupado en esos días de alimentarla y cuidarla. No había pasado cinco minutos de eso, cuando Candy entró a la pieza, y de la impresión, tiró la charola, lo que causó un gran estruendo. Pero como no había nadie en la proximidad del cuarto 0, sencillamente cerró la puerta y de la emoción, casi grita:
"Albert, Albert, estás despierto".
"¿Albert? ¿Quién es…?"
¿Sería posible que fuera ese su nombre y que la persona que recordara fuera esa enfermera? No, no sabía. Mientras tanto, Candy se había ocupado de bañarlo y afeitarlo las veces que podía. Su emoción delataba algo más. Pero también el Dr. Leonard le había advertido que no lo tratara como si lo conociera, sino que fuera más formal. Entonces le dijo:
"Perdón, es que tengo un hermano que se llama Albert, y usted se me le parece mucho".
"Ah, sí… Pero Srta…"
"Candy".
"Srta. Candy, dónde estoy".
"En el hospital Santa Juana, en Chicago".
"Entonces pude llegar a Chicago".
Candy se emocionó.
"¿Recuerda algo?"
"Sólo que quería llegar a Chicago… Pero la verdad es que no sé por qué".
"No se preocupe. Yo lo ayudaré cuando pueda".
"Gracias…"
"Y Pouppét también".
"¿Pouppét?"
"La mofeta", y se la señaló. "Digo, creo que debemos nombrarla y me parece que Pouppét es un lindo nombre".
"Sí, es una muñequita", comentó sin darse cuenta de que sabía también francés.
….
"Srta. White, ya sé que ha desobedecido las órdenes que le di cuando llegó ese hombre al hospital".
"Sí, doctor, pero ¿no ha visto lo mucho que ha mejorado?"
"Puedo entender que sí, pero no necesariamente por usted. Le falta preparación y…"
En eso entró inesperadamente Merry Jane, que llegó de visita de pronto.
"Buenas tardes…"
"Buenas tardes, Merry Jane. En qué la puedo ayudar", le ofreció el doctor su ayuda interrumpiendo el asunto que había llevado a Candy allí.
"Recibí una notificación de una de mis muchachas sobre el paciente del cuarto 0 y todo lo que ha hecho la Practicante White por él".
"Ahora mismo le decía a la Practicante que no debe incumplir con las reglas de este…"
"Dr. Leonard, ya yo conozco las reglas de este gran hospital, pero para mí es más importante el toque humano en estos casos. La Practicante White es una joven sobresaliente y muy aplicada. De seguro podremos aprovechar sus capacidades para ayudar a una persona que lo necesita. Por cierto, la que me escribió me dijo que las enfermeras graduadas huían de tratar a ese paciente, y Candy aquí le está dando ese toque humano que tanto necesita él en este momento".
Dr. Leonard sacó su pañuelo y comenzó a secarse el sudor de la frente.
"Yo…yo sólo quiero proteger a mis pacientes, a mis empleados…"
"Eso se entiende, pero quiero proponerle algo. Lo he pensado, y ya que próximamente vienen los exámenes de grado, vamos a adelantarlos a las que quieran de este grupo y así estarán listas, si lo pasan, para retos como el del paciente 0. ¿Están de acuerdo, Candy, doctor…?"
"Yo sí, pero…"
"¿Dr. Leonard?"
"Está bien, pero Candy, sólo tiene dos semanas para prepararse. Espero que aproveche la oportunidad, si no, debe seguir en su práctica sin inmiscuirse en asuntos que están fuera de su control".
"Sí, gracias Dr. Leonard, Merry Jane. Oh, Dios, estoy feliz, feliz, tengo que comunicárselo a…", por poco dice a Albert. Era mejor que no.
Candy salió dando un portazo, dejando a Merry Jane con Dr. Leonard. Merry Jane era toda sonrisas, mientras que Dr. Leonard lucía preocupado.
"No sé si esa sea la mejor alternativa para la Practicante Candy, Merry Jane. La presión es fuerte, y tiene poco tiempo para prepararse".
"Nuestro deber, Dr. Leonard, es ofrecerles una alternativa a los pacientes. Candy sabe esto. No dudo que ese paciente también…Ella sabrá aprovechar su tiempo", le terminó con una sonrisa de lado.
…
"Albert, Albert, te tengo una noticia".
"Ya veo, Candy. Pero qué es lo que te tiene tan contenta", preguntó él con curiosidad.
"Voy a tomar los exámenes de mi licenciatura en las próximas dos semanas. Lo único que me entristece es tener que dejarte solo, pues tengo que estudiar mucho".
"Toma el tiempo que necesites. Yo estaré bien".
Candy salió de allí muerta de la emoción, casi sin escuchar esto último.
"Voy a contarle a Terry…", y cerró la puerta tras ella.
Ese nombre, Terry, sí, era parte en ese momento de la mente de Albert. Quién era él. Ella le había dicho que ellos dos eran amigos, pero en su mente se cuestionaba cómo un hombre podía dejar una muchacha tan preciosa como Candy sola, así. En esos días en que había tenido ese contacto con ella, se había dado cuenta de que esos momentos tan lindos en que ella lo cuidada y le leía y lo acompañaba, él se sentía tan ligero. De pronto, no recordaba nada, pero sabía que nadie antes lo había hecho sentir así. Y ahora se iba por más de dos semanas, y él qué haría. Claro, ella le había traído libros y juegos para entretenerse, pero era ella la causa de su alegría. Y no sabía, pero sentía de repente que ella en su vida era alguien muy especial. ¿Lo conocía de antes? No, no podía ser. Ella le había dicho que le recordaba a su hermano. ¿Sería cierto eso?
…..
"Candy", oyó la voz ronca de Merry Jane, que la esperaba en el pasillo bajando la escalera, cuando fue a contarle a Albert sobre su buena fortuna.
"Merry Jane, perdone…"
"No, Candy, perdóname tú a mí. Todo ha cambiado para ti y para mí. Perdóname por haberte hecho pasar tantas dificultades antes. Aún recuerdo cuando recibí aquella carta de Pony en que me recomendaba que te diera la oportunidad. Yo sabía que ella no lo hubiera hecho si no fueras una buena candidata. Aún así, fui estricta contigo, porque por ratos parecía que no te estabas tomando tú misma en serio. ¿Sabes?, eres excelente. Nunca lo dudé, y quise que tú lo reconocieras".
Candy estaba al borde de las lágrimas. Jamás pensó que fuera realmente buena, pero ahora esta dama se lo confirmaba.
"¿Cómo Flamy?", fue lo que le preguntó en su inocencia.
"Escúchame, Candy, todo lo que estás haciendo por ese paciente es muy especial. Se nota que es alguien especial en tu vida. Por tanto, no lo dejes solo, y no permitas que nadie te diga algo al respecto, así pierdas lo que pierdas. Tú eres grande, y por eso pienso que serás una gran enfermera. No te compares con Flamy. Ella es una enfermera muy disciplinada y aprovechaba bien su tiempo, pero ella no es como tú, que tienes otro toque mucho más flexible y mucho más personal. No olvides que los títulos son sólo papel, especialmente para una enfermera de vocación, como tú. Escucha lo que Dios pide de ti, y no hagas nada que vaya contra lo que crees. ¿Me lo prometes?"
"Sí", dijo ella entre lágrimas.
"Quiero que sepas algo, Candy, que nunca te dije sobre Flamy. Antes de partir para Francia, ella me comentó que nunca había congeniado contigo, pero que no te odiaba. Me dijo que te habías ofrecido para ir en lugar de ella porque ella tiene familia y tú no. Primero, estás equivocada. Flamy tenía una familia no tan buena, y aún así, ella se ocupaba de ellos. Pero ese hombre allá arriba es tu familia, y lo sé por la forma como te desvives por él, a riesgo de todo. Flamy también me dijo que, si alguna vez era necesario, te dijera que tú no tenías que ser como ella. Que tu estilo te hacía la mejor, pero que no serías así si la imitabas a ella", Candy admiró a Flamy aún más. "Candy, bueno, ahora me despido. Hasta pronto, y recuerda siempre estas palabras con las que te dejo. Cuida a ese hombre. Cuídalo hasta el final. Para mí, él es tu misión de ahora en adelante, y no sé por qué sospecho que tú eres la misión de él, que él te va a ayudar mucho más de lo que tú crees ahora. No dejes que se vaya de tu vida jamás".
"Adiós y gracias, Merry Jane. Nunca olvidaré sus palabras. Le prometo que cuidaré a Albert más allá de mí misma…"
Continuará...
NOTA: Tuve, por un problema de energía eléctrica, incluir parte del CAPÍTULO 21 en el 22. Por eso el 21 salió bastante corto y el 22 bastante tuve que cortarle una parte.
