William en ese momento se sentía en un abismo. Había escuchado todo lo que tenía que escuchar, y ni Georges podía pensar en qué decirle en ese momento. Cuando se habían convencido de que ese fantasma se había desvanecido, entonces ocurría esto. Era algo difícil, aún sabiendo que la Srta. Candy se había decidido por él. Georges incluso estaba seguro de que ella amaba a William, y que haría lo que fuera por él. Pero esto era distinto. Esto era un padre que, aunque por razones egoístas, quería recuperar a su hijo y hacer un buen negocio.
William entonces se agarró la cabeza entre las manos, y Georges no tuvo más que decirle.
Hijo, escúchame, hoy no tienes la atención que necesitas para el trabajo. Si quieres vete a la mansión, a descansar".
"Georges, este señor me ha pedido la mano de mi…de mi Candy. Yo…qué hago con esto. ¿Debo decirle a ella? Cómo se lo digo", comentó casi a gritos William, a lo que Georges cerró la puerta para que no llamara la atención de nadie más.
"William, escucha, no accedas a lo que él te pidió. Mejor es que se vayas a la mansión, y que envuelvas a la tía Elroy en esto. Tú no estás en condiciones de tomar una decisión sensata con el asunto, y quizás ella pueda contrarrestar el ataque".
"Esto es más que un ataque…"
"Yo lo sé, William, pero si de algo estoy seguro es que la Srta. Candy no ama al Sr. Terry. Y ya que el duque desea colocarla en un compromiso para que no se pueda negar, tú debes combatir fuego con fuego. Anda, ve, y habla con la tía, y antes de que Candy se reúna con ella hoy. Esto es mucho más importante".
…
A las 9 a.m. Candy caminaba por los jardines aledaños al ala este, con un vestido rosado con toques en seda, y en eso se le acercó Sophie.
"Srta. Candy, la Sra. Elroy me ha pedido que le diga que ella prefiere cambiar la cita para mañana, de modo que usted pueda seguir estudiando. Le ha llegado una visita inesperada y prefiere que no pierda el día. Tiene la libertad de hacer lo que quiera, pero a ella le gustaría que aprovechara el tiempo en la biblioteca".
"Gracias, Sophie, puede retirarse".
¿Una visita inesperada? ¿De quién se trataría? La tía abuela, según le había mencionado Albert, ya no recibía las visitas que antes recibía, y que ella prefería mantenerse adentro y no tanto afuera. Quizás fuera Eliza y su madre. Candy no sabía que tanto Eliza como su madre y hermano se había ido días antes a Florida a vivir, y no se enteraría hasta meses después, pero ni modo, mejor era ni tropezarse con ellas para no provocar roces. Aparte, esa biblioteca del ala principal era un sueño. Y hasta allá se retiró inmediatamente, posponiendo su paseo en el jardín para otro momento.
…
"Y bien, William, estamos a solas", le dijo la tía abuela acomodándose mejor en su sillón. "Le pospuse a Candice hoy para recibirte".
"No quería molestarla, tía Elroy, pero hoy ha sucedido algo inesperado y por eso estoy aquí ahora".
"Algo como qué. No más preámbulos, William, que se supone que estés en el corporativo, y supongo que algo muy urgente te ha traído de vuelta. No quiero perder mi tiempo especulando por qué has vuelto cuando te pedí que no lo hicieras".
"En efecto, tía, algo muy importante ha ocurrido. ¿Se acuerda del duque de Granchester, el padre de Terry?"
"Sí, qué pasa con él".
William respiró profundo antes de hablar.
"Hoy se apareció en el corporativo bien temprano porque quería hablar conmigo de su hijo. Pensé que querría que yo, por la relación que tenemos, conversara con él de su parte. Pero no, es algo mucho peor. El duque quiere hablar con Candy para que intervenga en lo de su regreso a Londres".
"Bueno, pero qué tiene eso de particular. Es su padre".
"El problema es que quiere también que yo le dé la mano de Candy en matrimonio para crear un consorcio entre su familia y la nuestra".
La tía de pronto abrió y cerró los ojos momentáneamente, como para analizar bien el asunto. Por cierto para nada le había sorprendido. Y luego, en una escena que William no se esperaba, comenzó a reírse, algo muy raro en ella. Luego de calmarse de su mal de risa, le contestó, algo divertida:
"William, yo espero que sinceramente no te hayas dejado afectar por tal petición. Me imagino que piensas que Candy podría dejarse manipular por este señor, pero una cosa yo te garantizo. Candy para nada está interesada en ese joven".
"Cómo puede estar segura de eso, si no la conoces tan bien como yo", le preguntó William aún con la inseguridad a flor de piel.
"Tienes razón, William, no la conozco tan bien como tú. Pero puedo decirte lo siguiente: en toda la historia que me contó ayer, no me habló de ese joven más que para mencionarlo en el pasado, y tampoco abundó sobre la supuesta relación que tuvo con él. Ella sólo me habló de ti… Verás, William, cuando las mujeres aman a un hombre sólo hablan de él. No sólo eso, sino que no mencionó al actor más que como parte de la historia entre tú y ella. Yo tú, no me dejo molestar de ese duque. Y más aún, no vamos a negarle esa conversación con Candice. Lo que vamos a hacer…bueno, lo que yo voy a hacer es participar de ese intercambio. Así el duque viene a nuestra mansión y sigue nuestras reglas. Yo no le permitiré manipular a Candice, eso te lo prometo aquí y ahora".
"Tía, no entiendo ¿pero por qué hace todo esto? ¿No era usted la que pensaba que Candy era una mala influencia, y ahora quiere ayudarme con ella? De verdad que no entiendo"
"Sobrino querido, tú para mí eres mi mayor tesoro, y por eso estoy dispuesta a dejar el pasado atrás, igual que hizo Candice con ese chico. Ya sabes que te quiero como si fueras mi propio hijo. Por eso no te negaría la felicidad ahora que estoy descubriendo las cosas que quiere tu corazón. Y si Candice es lo que quiere tu corazón, no te lo voy a seguir negando. Aunque en principio no te niego que no me agradaba la chica, tengo que admitir que en muchas cosas estaba equivocada. Ella es una buena persona y merece, como todos, la oportunidad de defenderse que nunca le dimos".
"Gracias, tía. Eso me consuela".
"Pero en serio, William, esto es lo que haremos, para que te tranquilices un poco. Llama a Georges ahora mismo y le dices que cite a ese caballero para pasado mañana, de modo que pueda preparar a Candice para esa reunión. No quiero que lo hagas tú. Deleguemos. Por otro lado, tampoco quiero que hables con ella para que sólo siga mis instrucciones. William, tú la confundes. Si vez que te sientes inseguro, ella puede dudar de ti, como te pasó con lo de Rockstown, que te tomaste un riesgo serio. En eso le voy a dar la razón a Georges. Para suerte, lo que ella siente por ti es mucho más fuerte que ese viejo amor de juventud, de eso estoy segura. Si hubiera tenido algún ápice de duda, no estaríamos hoy teniendo esa conversación. Ella se hubiera ido con él".
William suspiró más aliviado. La verdad es que llevaba días en que no podía concentrarse, y comenzaba a notársele demasiado. Primero fue la carta de Terry y luego esta visita casi inesperada. Tenía que calmar sus pensamientos. Nunca, nunca se había sentido tan fuera de control.
"En estos dos días, sin embargo, no quiero que Candice te vea", le comentó la tía cuando lo vio debatirse en sus pensamientos.
"¿Perdón…?"
"Le diremos que tienes unos negocios pendientes, y que te tienes que ir a tu apartamento del corporativo. De hecho, ya que la tienes en tu habitación oficial, vete ahora al cuarto que utilizas, prepara algunas cosas y te vas cuando cierre el banco, para evitar habladurías de tus empleados. Con esto, lo que te digo es que no quiero que influyas en ella tampoco. Tengo que decirte que ella te buscará, porque tienes una gran influencia en ella, pero la necesito fresca. Necesito que no se sienta insegura con lo que queremos de ella. No quiero que te vea aquí".
"Tía, pero y si ella quiere todavía a Terry…", volvió a preguntar con la inseguridad de nuevo a flor de piel.
"Sobrino, tengo muchos más años que tú y sé por qué te digo que ella no va a tomar la decisión de irse con el actor a menos de que se sienta presionada. Yo me voy a encargar de que no lo haga".
"Qué le dirá".
"La verdad. Después de todo, merece saberla. Pero más allá, ella misma tendrá que decidir si acepta que la ayudemos a borrar ese fantasma de su vida, o si decide seguir dejándose llevar por la culpa".
"¿La culpa?"
"William, no sé si Georges te lo dijo de alguna manera, pero por todo lo que me has dicho, veo un sentido de culpabilidad en ella por lo que le pasó con ese muchacho. Ella de algún modo piensa que es culpable de lo que le pasa a él. Eso hay que despejarlo del camino. Y, por cierto, Georges tenía razón cuando te dijo que ese muchacho había hecho muy poco por corresponder al amor que decía tenerle a Candice. Quizás ella se sienta en deuda con él de algún modo, pero si lo venimos a ver objetivamente, él se le quedó debiendo mucho más a ella, y eso es algo que ella tiene que entender".
"¿Usted cree?"
"William, esa muchacha te ama mucho más de lo que admite. Quizás en tu mente esté ese amor que decía tenerle a ese joven, pero la realidad, y esa se nota hasta a distancia, es que ella está muy enamorada de ti, y no sólo eso. A mí me parece que, en el fondo, no se siente a tu altura. Quizás yo aún la vea así un poco, pero te digo algo que no debe sorprenderte. Yo sé que la amas, y aunque no te lo haré fácil, porque tendrás que luchar por ella más de lo que lo has hecho, tienes que seguir mis indicaciones y ella también. Y la primera es que te vayas hasta pasado mañana en la tarde, cuando hayamos despejado ese asunto del duque, y permitas que yo trabaje mi magia con ella".
La verdad es que William estaba sorprendido. Jamás hubiera pensado que la tía fuera tan conocedora de esos asuntos del corazón. Pero mejor era confiar en ella, aunque en ese momento en lo único en que pensaba era en que quería y no podía ver a Candy. Se fue así mismo para su apartamento en el banco un poco a comer ansias, pero con la confianza en que la tía sabría qué hacer.
….
Candy llegó a la cena ese día buscando a Albert sin encontrarlo. Cómo era posible que no se apareciera cuando más necesitaba verlo. La tía Elroy se sentó con ella y con Archibald, que acababa de llegar, pero no, Albert no se encontraba.
"Candice, me imagino que buscas a William".
"Sí, tía Elroy. Él me prometió que después de cenar daríamos un paseo por el jardín", le dijo un poco de mentiritas.
"Archibald, llévala tú".
"Sí, abuela, cuente con eso".
Candy miró a Archi con un poco de ansiedad, como recriminándolo.
"De todos modos, tía, quiero saber qué pasó con el tío. A mí me prometió que hoy jugaríamos una partida de ajedrez a las 9", comentó como buscando la aprobación a la ansiedad de ella.
"Bueno, pues, siento desilusionarlos a ambos. A William se le presentó algo en el corporativo, y no vendrá sino hasta pasado mañana".
"¿Tanto tiempo?", preguntó Candy, a lo que luego se arrepintió.
"Así es", respondió ella sin darle importancia al tono ni a lo preguntado por Candy.
Candy de pronto se sintió perdida. Qué iba a hacer allí dos días sin su amigo. Archibald, sin embargo, lo tomó más a la ligera.
"Nada, pues me pondré de acuerdo con él para jugar otro día. Quiero, por cierto, ver si me ayuda con un trámite de la universidad".
"¿No puede hacerlo Georges?"
"No, tiene que ser él. En cuanto al paseo, Candy, quizás no sea tan buena compañía como mi tío, pero algo se me ocurrirá", y le guiñó el ojo.
"Está bien, Archi. De todos modos, hace tiempo que no hablamos, así que me puedo poner al día contigo", le terminó Candy con un tono no tan feliz como se pudiera esperar, no que no quisiera conversar con su amigo.
…
Y así hicieron luego de la cena. Prácticamente salieron con rumbo a los jardines de la mansión, del brazo. Hacía tiempo que Archi no sentía ese calorcito que le provocaba ella. Aún la promesa que se habían hecho, él, Anthony y Stear, y aún cuando su hermano y primo ya no estaban, los sentimientos que tenía aún eran parte de él. Esa promesa, sin embargo, no incluyó al tío, pero, de todos modos, Archi sabía que él sentía por Candy, así que por el respeto que le tenía, era mejor ni cruzar ese puente. Además, él se debía a Annie. Ya llevaban varios años juntos, y se sentía muy a gusto con ella, tenía que admitirlo.
"Hace tiempo no hablamos, Candy", sólo atinó a decirle después de unos minutos de camino en silencio por el jardín.
"Así es. Es que han pasado tantas cosas desde…bueno, desde todo", Candy no quería que Archi se sintiera triste también recordando tanto que habían perdido desde esas últimas veces que habían hablado.
"Quería escribirte y enviarte alguna correspondencia al Hogar, pero no sabía si me hubieras considerado imprudente con lo que pasó con Albert".
"Nunca serías imprudente".
"Albert quedó muy asombrado cuando, luego de hablar con la tía ese día del fallido compromiso, salió a buscarte y no te encontró".
El rostro de Candy de pronto estaba encendido por ese comentario, aunque ella sabía que sus amigos sospechaban y con razón de todo lo que pasaba entre ellos.
"Yo pensaba que tú y Albert eran buenos amigos, Candy".
En eso se sentaron en un banco frente a un porrón inmenso de flores blancas y una hermosa fuente de agua. La cara de Candy lo decía todo. Su fisonomía, entre preocupada y triste, revelaba mucho sobre cómo se sentía en ese momento.
"Yo…yo jamás pensé que Albert fuera…bueno, ya sabes. Me salvó con lo del asunto de Neal, y eso se lo agradezco, pero él y yo…"
"No son iguales", Candy afirmó con la cabeza. "Muy bien me pudieron engañar cuando vivían juntos en el Magnolia. Podría decir que tu experimento con Albert fue todo un éxito. Si hasta parecías feliz con él".
Candy parpadeó seguidas veces con este comentario, pero el rubor comenzó a delatarla.
"Candy, tú eres muy, muy linda", le dijo a lo que ella le abrió los ojos de par en par, y le dio una mirada no muy amistosa, más de sorpresa que por nada, ya que en ese momento pensó en Annie, que amaba locamente a Archi. "No, no es un piropo, si eso es lo que piensas. Es la verdad. Cómo piensas que a Albert se le iba a pasar… ¿Sabes? Me extrañó demasiado que se fuera del departamento que compartían. Nosotros…ejem…nosotros todos pensamos que Albert se había enamorado de ti desde que estábamos en Londres".
Candy se sorprendió mucho con este comentario, y luego parpadeó otra vez seguido, con los nervios a flor de piel.
"Eso no es cierto", respondió ella, a la defensiva, como si la hubieran atrapado en una falta.
"Vamos, Candy, no creo que fueras la única que no se diera cuenta de tantas cosas que eran tan obvias para todos entre Albert y tú. Tú bien sabías lo que le pasaba a Albert contigo cuando íbamos al Blue River, que se pasaba llamándote para que caminaras a solas con él y todas las cosas que hacía para quedarse solo contigo. Quizás porque eras más joven, él se sentía algo cohibido de demostrarte nada, pero para nosotros no era un secreto de que algo pasaba con él y contigo… Incluso, ese día, el del compromiso, él hizo algo que sólo un hombre enamorado haría. Ya estábamos seguro de ello. Pero eso que él nos parecía que sentia era de antes, que hasta Stear y yo lo comentamos alguna vez, y hasta teníamos una apuesta", comentó para relajar la tensión, lo que logró medianamente.
"Albert me veía como una niña todo el tiempo. Cómo podía ser", fue su respuesta a algo que le parecía imposible.
"Candy, tú creciste, maduraste, y todos nos dimos cuenta. Y ante la mera posibilidad, nosotros no dudamos sobre lo que tú sientes también. Pero a veces aún parece que Terry está de por medio, y creemos que tú debes dejar ir ese fantasma. Debes ser tú. Si no lo haces, Albert continuará pensando que todavía lo quieres. Créeme, a veces nosotros dudamos también. Annie, como sabes, se tardó también en aceptarlo, pues ella veía esa chispa en ti para Terry. Debes aclarar todo, porque si no lo haces, siempre quedará la duda".
Candy no sabía que decir.
"Quizás debas abrirle a alguien tu corazón, y a falta de Albert, que siempre fue el que te acogía, me tienes a mí".
Candy a esto sonrió. De pronto, sintió dudas de hacer esa confesión tan grave, pero a quién mejor…
Y así, en ese instante, en ese momento, y tomándose todo el tiempo que necesitó, le contó todo a Archi, quien juró que nunca diría nada, pero que le recomendó que ella se sincerara con su tío.
Continuara...
