Aclaraciones: Universo alterno || Ambos viven en un pueblo bastante retirado de la ciudad|| Rated K+ || Romance-drama || One-shot || Todoroki dos años mayor.
Dia 6: Viaje
Creshendo emocional
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Los orbes castaños se perdieron en la lejanía de las rieles del tren mirando al horizonte con fijación. Los copos de nieve cayendo en una suave danza hasta alcanzar su cabello suelto, fijándose como adornos, Parpadeó en un intento de relajarse y dejó salir una exhalación cansada.
Una capa de nieve cubría el suelo de los laterales de las rieles como del mismo camino de metal. Estaba claro que no había pasado ni un solo tren en horas, las horas que ella misma llevaba esperando ahí. El frio se colaba por su ropa por lo que ingresó en la pequeña estación que había, acercándose a la calefacción que estaba cerca de una de las sillas.
Suspiró nuevamente con la mirada cansada y con la desilusión haciéndose presente, tal vez debería haberse ido hace horas, con el frio que había temblaba de vez en cuando. Además que su estomago rugía de vez en cuando. No había comido, a pesar de tener una caja gran de bentos a un lado. Pero Momo lo había preparado en la mañana para compartirlo con Todoroki.
Todoroki Shōto había sido su vecino desde que tenia uso de razón en ese pequeño pueblo bastante alejado de la ciudad de Tokio. Rabian crecido juntos a pesar de que él era dos años mayor, sus personalidades habían encajado a la perfección. Momo se había enamorado sin remedio del joven y antes de percatarse estaban saliendo juntos. Algo que era inevitable, pasando sus tardes juntos después de la escuela o saliendo a pasear al campo cuando tenían los días libres.
Su adolescencia había transcurrido con esa tranquilidad hasta que los padres de Todoroki se habían separado y él había decidido irse con su padre, a la gran ciudad, donde podrían encontrar un mejor estilo de vida. No es que ahí no lo tuvieran, pero sus padres habían terminado en malos términos y Enji Todoroki había llevado a sus hijos a la gran ciudad para que asistieran a la mejor universidad.
Y de esta forma, Shōto tuvo que despedirse de ella, meses atrás. Momo había sonreído, con el afán de tranquilizar a un Todoroki inquieto e inseguro de dejarla ahí.
—No te preocupes Todoroki-san. —Le había dicho aquella vez, meses atrás,
Todoroki simplemente la había mirado durante un largo rato hasta que finalmente la estrechó entre sus brazos.
—Volveré por ti.
Estaban dispuestos a hacer que la relación funcionara, a pesar de los grandes kilómetros que había entre ellos. Dolían mandarse cartas cada semana contando las novedades que habían vivido, en un intento de crear esa cercanía a través del papel.
En cada carta Momo solía repetir una y otra vez que pronto ella iría a la ciudad. Esos eran sus planes, terminar la preparatoria y postularse para una buena universidad. Si no quedaba en la misma que Todoroki, al menos una donde pudiera estar en la misma ciudad. Por esa misma razón Momo se había dedicado por completo a sus estudios, adelantando materias y llevando clases dobles para avanzar mucho más rápido.
Y en cada carta Todoroki siempre aseguraba que se verían pronto, que volvería a visitarla.
Hasta que una semana atrás, él dijo que volvería la siguiente semana para verla, antes de irse a exámenes semestrales. Momo había resplandecido por esa noticia, preparándose para el tan esperado día con emoción, decidiendo a prepararle el mejor bento a Todoroki para poder comer juntos como antes solían hacer. Podría verlo luego de varios meses y tan noticia había alegrado inmensamente su corazón. Lo extrañaba tanto.
Por eso había ido temprano aquel día a la estación, para esperarlo a pesar que él le dijo que iría a verla a su casa una vez que llegara. Momo no podía quedarse esperando sentada a que llegara. Se había levantado muy temprano para cocinarla todo tipo de platillos que sabia que le gustaba junto con un buen té, se había arreglado más de la cuenta y se había puesto ropa abrigadora cuando salió rumbo a la estación. Había llegado una hora antes de que él apareciera, por lo que se había sentado ansiosa, con una sonrisa en el rostro resplandeciente.
Las manecillas del reloj comenzaron a avanzar con lentitud, hasta que alcanzaron la hora establecida, ocasionado que Momo saliera al área de descargue de la estación, mirando el horizonte, comprobando que ningún tren se aproximada y regresando a su sitio. Realizando esa misma acción durante varias horas.
Hasta que un tren arribó a la estación y ella saltó emocionada, mirando el pequeño tren que llegaba ahí, y un par de personas bajando, pero ni rastros de Shōto Todoroki. Tal vez el viaje en el tren que venia se había retrasado, al estar tan lejos de la ciudad. Por lo que regresó a su sitio, esperando pacientemente sin dejar de ver las manecillas del reloj avanzando más rápido que antes. Otro tren arribó pero no había señales de Todoroki. El par de personas que habían bajado de él hablaban fuerte entre ellos y lo había escuchado.
Que los trenes estaban atrasados por una tormenta de nieve y que habían cancelado los viajes, que ellos habían tenido suerte de abordar el último.
Momo había mirado el suelo con desasosiego e inquietud ¿Todoroki se había quedado atorado en alguna estación? Miró el reloj de nuevo, se suponía que hace horas debió abordar el tren hasta ahí. Debería al menos llegar pronto, con un poco de suerte hubiera tomado el ultimo tren hacia ahi. Sonrió en un intento de animarse, él le había prometido que iría a verla.
Debería creer en Todoroki.
Las horas pasaban con premura y en su desesperación se había asomado de nuevo para ver las vías vacías. Sin ningún tren a la vista, la sonrisa leve que antes tenia se volteó en una mueca de absoluta tristeza. Estaba intentando ser lo más racional posible, él no la había dejado plantada, todo esto era por el mal clima, la nieve estaba formando una capa más alta en el suelo y la nieve cayendo del cielo era más densa. Había sido un mal día, solo eso.
Al ser un día nevado el cielo había pasado de un gris claro a uno oscuro, pronto oscurecería. Momo regresó adentro de la estación con las manos congeladas, acercándose a la calefacción y unas lagrimas se asomaron en sus ojos. Era lo suficientemente lista para entender la situación, si eso era así ¿porque se sentía tan mal? Su pecho se presionaba en la desilusión total... el sentimentalismo golpeándola. No se habían visto en meses, en seis meses largos ¿porque precisamente esto había pasado hoy? ¿Acaso eso indicaba que su relación no funcionaria a larga distancia?
Había escuchado de películas que el amor a distancia era para idiotas apegados al sentimentalismo y sin visión a la realidad.
Suspiró viendo su aliento materializarse por el frio que había, frotando sus manos. Sabia que los trenes estaban detenidos, que la nieve estaba mucho más intensa y que el cielo estaba oscuro...entonces ¿porque no se había ido a casa?
La simple idea de volver le hacia pensar que si se iba lo que había escuchado seria real, que debería dejar ir ese amor que tenia con Todoroki y tal idea era absurda. No quería hacerlo, algo como es no la haría menguar. Ocultó el rostro entre sus brazos, aferrándose a la idea de que debería hacer en ese momento, presa de la tristeza.
Alzó el rostro decidida a irse para llegar a casa y encontrar algún tipo de manera de comunicarse con Todoroki que no sean cartas pero todas sus ideas desaparecieron. Al verlo de pie en la entrada de la estación, respirando agitadamente y con la nieve en su cabeza.
—¿Todoroki-san?
El simplemente sonrió en respuesta y eso fue suficiente para que Momo se levantara de un brinco, corriendo hacia él y abrazándolo. La sensación de desasosiego abandonando su cuerpo y en cambio la paz, alegría y amor desbordándose por su cuerpo.
—Siento la tardanza. —Era lo único que había podido decir, con la voz un poco temblorosa.
—Todoroki-san, estas congelado. —Tiró de él, acercándolo hasta la calefacción que tenían ahí.
Momo se quitó su bufanda colocándose al chico quien la aceptó mientras frotaba sus manos entre ellas cerca de la fuente de calor. Momo frotó sus propias manos y una vez que se calentaron las puso en las mejillas del chico, quien aceptó la calidez del cuerpo femenino.
—¿Porque estas tan frio?
Él permaneció callado como si pensara en si debería decir o no lo la verdadera razón.
—Los trenes se detuvieron por la tormenta, por lo que fui forzado a quedarme en una estación durante varias horas. Cuando la tormenta se tranquilizaba en algún sitio tomaba el primer tren que saliera, a pesar de no llegar directamente aquí, al menos me permitía avanzar. —Tomó la taza de té que Momo le ofreció y dio un trago. —Hasta que el ultimo tren que tomé me dejó en el pueblo de junto, por lo que decidí caminar.
Momo apartó la taza de sus labios debido a lo que había escuchado.
—¿Has venido caminando desde el pueblo de junto con una tormenta encima?
Él simplemente asintió mientras veía el liquido en su taza moverse, por lo que dio otro trago, eso era realmente agradable, el calor en su garganta que se extendía por su cuerpo.
—¿Porque has hecho algo tan insensato, Todoroki-san? Pudiste desmayarte en algún sitio, por el frio o algo más pudo pasarte.
—Sabia que tú estarías esperándome, necesitaba llegar sin importar qué.
Momo sintió su pecho agitarse con fuerza por primera vez en meses, de la forma que sucedía cuando Todoroki vivía ahí. Sus mejillas se sonrojaron estridentemente, había olvidado la manera en la cual con una sola palabra él alteraba los latidos de su corazón.
Pegó su frente con la masculina y lo besó una y otra vez, intentando de esta forma pasarle un poco de calor y recuperar el tiempo perdido. Una vez que tuvo suficiente sacó las bandejas de comida que había preparado esa mañana.
—Espero que te guste, quería recibirte como aquellos días de campo que solíamos tener.
Todoroki tomó unos palillos picando un poco de la basta comida que había y se la llevó a la boca, una y otra vez. Eso le hizo recordar a Momo que ella igual moría de hambre, no había comido por esperarlo, por lo que buscó sus palillos.
—Esta delicioso.
Todoroki contempló las mejillas femeninas teñirse de color rojo mientras desviaba la mirada y Momo se sumergía en la comida. Le asustaba que ella hubiera cambiado en toda su ausencia pero seguían siendo la dulce Yaoyorozu que recordaba, con sus ojos grandes y transparentes en emociones, encantadora y paciente.
Se inclinó nuevamente para besarla, sabia que no podía recuperar todo el tiempo que habían perdido en todos esos meses, pero al menos se encargaría de estar lo suficientemente cerca de ella. Siendo lo suficiente expresivo y sin contenerse, no era momento de eso. Solo tenían un par de horas antes de que él tuviera que volver. Quería quedarse ahí, con ella, pero sabia que por el momento no podía hacerlo aunque quisiera.
¿Que si había valido la pena emprender ese viaje a pie del pueblo de junto con tal de verla ese día? Había valido toda la pena.
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