Todos los personajes son de la serie Boku No Hero Academia (My Hero Academia) del mangaka Kōhei Horikoshi. Esta historia sólo utiliza los nombres de los personajes para entretenimiento sin fines de lucro.


4 días. Uraraka tardó 4 días en decirle a Bakugou que no podrían verse aquel fin de semana.

El jueves en la noche cuando él le preguntó que se le antojaba de cenar para el sábado, fue cuando no pudo evitar el tema y confesó que iría a ver a sus padres, porque posiblemente la iban a despedir.

Sí él ya lo sabía por Deku o no, no lo dijo. Simplemente le dio ánimos y le escribió:

"Hay ocasiones, que a pesar de que las cosas no resultan como queremos, nos dan una lección. Hay que educarse de ellas; seguir adelante o retroceder. Con cada decisión que tomamos, aprendemos a hacer, y a no hacer".

Cuando ella le preguntó a que se refería con "aprender a no hacer", Bakugou le contestó:

"Al enfrentarte a una situación o persona desagradable, aprenderás que no quieres estar o ser como ella, y con eso tomarás decisiones más sabias para evitar caer en errores que otros han hecho".

Uraraka no supo que decir, nunca había pensado en ese otro punto de vista, pero supuso que se parecía al termino científico de "prueba y error". Y ojalá se estuviese equivocando en pensar que todo terminaría para ellos dos, sin siquiera comenzar.

El viernes al salir del trabajo, sus padres la esperaban afuera de la funeraria. Uraraka ya iba preparada mentalmente, a pesar de que necesitaba su ayuda, sabía que debía de moverse por sus propios medios, envió currículos a todos los lugares que pudo y que caían en su perfil, sin embargo, o unos estaban muy lejos de donde vivía, u otros pagaban menos de lo que ganaba actualmente.

—Ya te conseguí empleo. —Fue lo primero que su madre dijo cuando apenas su padre estaba entrando al vehículo. Uraraka abrió los ojos sorprendida y se acercó hacia la parte delantera para verla de cerca.

—¿Ya me conseguiste? ¿Cómo? —Preguntó incrédula. —¿Dónde? —Agregó, desconcertada.

El coche arrancó y su madre se giró para verla también a los ojos.

—¡En un local cerca de la casa! —Exclamó feliz su madre —Se dedican a vender lonas, carteles, termos, vasos con diseño… incluso fotos, ya sabes, es una de esas tiendas cuando quieres tener algo personalizado, al parecer están buscando alguien que se encargue de atender por la computadora.

—¿Atender por la computadora? —Uraraka veía a su madre y luego giró hacia su padre, que asentía con discreta emoción. —Pero si yo estudié administración.

—Es parecido —La tranquilizó su progenitora, —Y tiene su palabra, la cual suena muy bien, si me dijo el dueño, pero lo olvidé porque estaba en inglés. El objetivo es que tienes que enviar cotizaciones a clientes y atender llamadas, además de manejar Facebook.

—¿Community Manager?

—¡Eso!

Uraraka sintió que un frío le calaba en la espalda.

—¿Y cómo lo conseguiste?

—El dueño es sobrino de un amigo de tu papá. Justo el día que nos hablaste nosotros íbamos a ir a una cena con él, a celebrar un aniversario de generación de escuela, tú sabes que tu papá es fanático de esas reuniones. Ellos se pusieron a platicar de sus asuntos, su esposa comenzó a platicar conmigo de cosas triviales hasta que salió el tema de los hijos. Le conté de tu mensaje y ella muy entusiasmada me contó de su sobrino. Le llamó en ese mismo instante y ¡Ta-da! Te esperan en dos semanas para que te presentes. ¿Es buen tiempo no? Terminas de entregar en la funeraria tus trabajos y empacas tus cosas para que regreses de forma permanente con nosotros.

Uraraka se dejó caer en el asiento trasero. No podía dejar su casa con Aoyama y Hagakure, si lo dejaba y volvía a casa de sus padres significaba que sus salidas serían mucho más reducidas, además de que tendría más vigilancia parental, y era obvio que no la dejarían salir a acostarse cada fin de semana con alguien que le llevaba casi más de una década de edad.

—¿Uraraka? —Preguntó su madre cuando se percató que se quedó callada.

—¡Sí! Perdón. Estaba pensando… ¿Cuál es el sueldo?

—Base más comisiones. Al parecer tendrás algo de ventas también.

Ventas era algo que odiaba.

—Pero no te preocupes —Habló su padre por primera vez —No te cobraremos renta si regresas de nuevo con nosotros, sólo te pediremos que pagues uno que otro servicio, pero será cuando te adaptes, descuida.

Uraraka asintió mientras fingía escuchar la charla de sus padres sobre aquella reunión de su padre. No quería regresar de nuevo con ellos, los amaba, pero al fin había probado la libertad, y no quería soltarla tan pronto.

Cuando llegó a su casa y por fin tuvo un momento a solas, le envió un mensaje de Deku avisándole de la nueva propuesta que quería.

"No quiero parecer niña berrinchuda pero no me quiero regresar. Si no estoy con Aoyama y Hagakure, significa que tampoco podré ver a Bakugou como suelo hacerlo. Pero necesito un trabajo que me pague igual que con los Todoroki o un poco más, pago muy poco de renta, sería un abuso si no pago, aunque sea esa parte. Lo malo es que tengo muy poca experiencia, fue bastante sorpresivo que Fuyimi haya confiado en mí para contratarme siendo que antes sólo tenía prácticas escolares. ¡HELP!".

Él le contestó casi inmediatamente:

"No te preocupes".

"Tenemos dos semanas para que consigas empleo cerca de tu actual casa. Así que sólo es cuestión de conseguirlo y que te contraten para que avises a tu familia que ya tienes trabajo y que no podrás regresar, que lo lamentas, pero ya tienes un compromiso. Ya no nos veremos diario, pero podrás invitarme a cenar cuando gustes, no notarás el cambio".

"Lo haces ver tan fácil" Le dieron ganas de contestarle, pero en su lugar mensajeó:

"Tienes razón, así será".

Do segundos después, vio en su pantalla de celular:

"Pásame tu currículo, tengo algo de tiempo, vamos a invadir de spam a todos esos empleadores, el lunes tendrás a mil empresas deseando contratarte".

Ella sonrió mientras obedecía. Con sólo unas palabras virtuales se sentía mucho más relajada, y su humor mejoró cuando vio un mensaje de Bakugou. A pesar de que su madre en los últimos años se había vuelto mucho más indiscreta y ella estaba enfrentando un enamoramiento que posiblemente en un futuro le llegaría a dar problemas, estaba feliz tal y como era, y lucharía por mantener su presente así.

El martes por la tarde recibió su primera llamada para una entrevista.

Como Deku le había prevenido de que algunas entrevistas serían en carácter de urgente, en el trabajo dejó listo un pantalón negro y unos tacones por si necesitaba salir de emergencia a presentarse en algún lugar, porque abstenerse de sus tenis día a día, jamás.

La chica que le habló tenía una voz bastante carismática que le dio confianza, así que aceptó la entrevista tres horas después de la llamada. Cómo la funeraria ya estaba avisando que se cambiarían de sucursal, los clientes estaban disminuyendo, así que Deku se ofreció a llevarla en el coche.

Todo el camino estuvieron practicando las posibles preguntas y respuestas que tendría su entrevista. Uraraka se sentía motivada, y a pesar de que el local se veía austero cuando llegaron, decidió entrar con paso seguro pensando en qué seguramente las instalaciones serían mucho mejores por dentro.

40 minutos después salió echa una furia azotando la puerta del carro donde Deku la esperaba.

—¡Querían que vendiera ollas! ¡La propuesta era una estafa!

Deku se limitó a arrancar el auto mientras escuchaba las quejas de su compañera.

Uraraka nunca pensó que tendría mala suerte en buscar empleo hasta que alguien le habló el miércoles ofreciéndole algo muy parecido a su entrevista anterior. En efecto, era igual un sistema piramidal de ventas, pero en ese caso de perfumes en la calle.

El viernes se desesperó tanto que empezó a enviar sus documentos a puestos que ya no cabían en su perfil. Sólo había tenido una respuesta a un correo para contestar un examen psicométrico, pero una vez contestado ya nadie se había comunicado con ella. Dios, ya sólo le quedaba una semana antes de regresarse a su casa.

—¿Y en la escuela no sabes de algún trabajo? —Le preguntó a Bakugou el sábado, después de quedar colgada en una entrevista en línea.

En todo ese tiempo ella no había dicho nada de la ansiedad por conseguir empleo. Intentaba distraerse hablando de los cambios de la oficina, pero no le había dicho a Bakugou que posiblemente se tendrían que despedir en menos de una semana. Ella aún tenía el dinero que había ahorrado, pero era imposible que se pudiesen seguir frecuentando como lo hacían cada fin de semana. Y se sentía incómoda siquiera sugerir que él comenzara a darle algo.

—No. —Respondió. Ambos estaban en la cama acostado, él con los ojos cerrados y ella mirándolo a él, le gustaba que cerrara los ojos, porque así podía admirarlo sin sonrojarse. —¿Aun tienes problemas? ¿No había una posibilidad de que te cambiaran de sucursal?

—Aun no me han dicho nada —Mintió Uraraka, ya había hablado con Fujimi, y no, no había espacio para ella ni siquiera en su tan odiada área de ventas. —Todo está pasando bastante rápido, me estoy sintiendo perdida.

Bakugou se giró hacia ella.

—¿Qué te dije de los cambios?

—Que voy a aprender de ellos. —Dijo ella mientras luchaba por no morderse los labios mientras intentaba no sonrojarse por ser captada mirándolo.

—Entonces no te preocupes, seguramente saldrá algo. ¿Es muy necesario tener el empleo con urgencia?

"Sí" Uraraka quiso decir mientras sentía cómo Bakugou estiraba su brazo para abrazarla, últimamente estaban haciendo eso cuando se ponían a platicar. "Sí, porque sino nos tendremos que separar".

—Tengo poco dinero ahorrado. —Respondió en su lugar, no sabía en qué posición quedaba si decía que se tendría que alejar de él, ¿Eso daría pie a que sospechara de sus sentimientos?

—Tus compañeros entenderán, creo que con que te retrases un mes no pasará nada, tienes a tus amigos, a Deku, incluso a… a Mahoro. —Dudó. —Piensa que tienes todo un mes para poder organizarte, no te esfuerces tanto.

Por primera vez en todo ese tiempo, Uraraka rompió el abrazo que él le ofrecía.

Sabía en lo que estaba, era bastante consciente de su entorno, pero cuando él mismo no se contempló en las personas que estaban para ella, sintió una soledad que le caló. Sin duda las cosas dolían más cuando uno las decía de frente, y ella acaba de estamparse contra una verdad que la venía persiguiendo tiempo atrás.

—Voy al baño. —Avisó seca.

Y tal como esperaba, él continuó indiferente, sin sospechar en el nivel de daño que le había hecho.

"Estoy luchando por nosotros, pero tú ni siquiera sabes que eres parte de él". Dijo en sus pensamientos mientras contenía las lágrimas.

Dios, la ansiedad por el futuro la estaba matando.


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