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Capítulo 44
Aquella tarde, Antony, James y Tom, tras cabalgar por el bosque, llegaron hasta lo que parecía una enorme piedra cubierta por espesa hiedra trepadora. James apartó con las manos las tupidas hojas que ocultaban una grieta tan ancha como una puerta.
-¡Por todos los santos! -sonrió Antony sorprendido-. ¿Cómo conoces esto?
-Era uno de los escondites preferidos de mi abuelo -sonrió James haciéndoles pasar al interior de aquella enorme piedra, tras la cual apareció un frondoso bosque oscuro-. Este escondite es algo que sólo conocemos unos cuantos.
-Y nosotros -asintió Tom haciéndoles reír.
De pronto, escucharon la voz de Jimmy, que en ese momento luchaba contra un árbol con su espada de madera. James les indicó con un gesto que callaran y esperaran.
-Hola, Jimmy -saludó plantándose ante él con una grata sonrisa que el muchacho devolvió-. ¿Dónde está tu hermana?
-En el arroyo -respondió e indicó con la espada.
-Tengo una sorpresa para ti, pero tienes que estar callado, ¿vale?
El chico afirmó con un movimiento de cabeza y James dejó que aquellos dos gigantes aparecieran ante él. Al verlos, Jimmy soltó rápidamente la espada y se tiró a los brazos de Antony, que lo recibió con cariño. Después fue Tom quien lo abrazó. Tras hablar con él, Antony le indicó que no avisara a Candy. Querían sorprenderla.
El calor hacía que Candy se refrescara en el arroyo. Apenas había podido descansar. La angustia generada a partir de las palabras de James, la cercanía del plazo de su Handfasting y la próxima llegada del bebé le habían generado nuevas náuseas.
Su aspecto volvía a ser algo demacrado. Sin ninguna preocupación, estaba sentada en la orilla, enrollada en la vieja capa de Angus.
-No sé si debería besarte o matarte, cuñada -soltó de pronto Antony apoyado en un árbol.
Aquello hizo que Candy saltara del susto.
-¿Qué haces aquí, Antony? -preguntó sobresaltada al ver a su cuñado.
-¡Vaya! -dijo acercándose con seriedad-. ¿No te agrada mi visita? Ni siquiera me merezco un simple «hola, Antony». -Al ver las oscuras sombras bajo los ojos de ella, susurró cariñoso-: Me da igual lo que piense esa loca cabecita que tienes. Quiero que sepas que me alegro mucho de volver a verte porque te he echado mucho de menos.
-Hola..., Antony -gimió ella al ver que él le tendía una mano.
Sin poder resistirlo, corrió hacia él para abrazarlo.
-Psss... -susurró tocándole con mimo aquel pelo dorado-. Me gusta tu corte de pelo. -Como Candy, en vez de reír, lloró todavía más, dijo-: ¡Basta ya! ¿Por qué lloras?
-¿Cómo... cómo está Albert? -preguntó entre hipidos.
Clavando sus claros ojos en ella le susurró:
-¿Cómo crees tú que está?
-Me imagino que enfadado conmigo, pero feliz por su reciente boda -respondió ella dejándole totalmente descolocado.
-¡¿Boda?!
-Él no ha venido -comentó desolada mirando a su alrededor-. Ya se ha casado con ella, ¿verdad?
-¿De qué estás hablando? -preguntó Antony con frustración.
-¡No me mientas, Antony! -gritó separándose-. Él no ha venido porque ya se ha casado con ella, ¿verdad? Es más, seguro que los dos se están riendo de mí. ¡Oh, Dios..., cómo les odio!
-No te estoy mintiendo -respondió y miró a Tom y James, que al escuchar los gritos corrieron a ver qué pasaba-. Pero ¿se puede saber de qué estás hablando, mujer?
Candy, al ver al bueno de Tom, lloró aún más, dejando estupefactos a los tres highlanders.
-Nunca pensé que faltarías a tu palabra -gritó ella mirando a James.
-No lo he hecho -respondió él con firmeza-. Te di mi palabra de que no le diría a nadie tu paradero durante tres meses. Pero, si mis cuentas no fallan, llevas aquí tres meses y tres días.
Jimmy, horrorizado por la forma en que su hermana gritaba, chilló:
-¡Yo me quiero ir con ellos! ¡No quiero seguir viviendo aquí!
Al escucharle, Candy se secó las lágrimas e intentó recuperar la compostura.
-¡Perfecto! -dijo al ver que su hermano agarraba la mano de Tom-. ¡Pues vete con ellos y que te lleven con Anny a Urquhart!
-Milady, yo creo que... -comenzó a decir Tom.
Candy le cortó.
-No vuelvas a llamarme milady. Ya no soy la mujer de tu laird. Ya no soy Candy McArdley -dijo sintiendo una punzada en el corazón-. Mi nombre vuelve a ser Candy White.
-¡¿Candy?! -vociferó Antony tomándola del brazo para intentar hacerla razonar. Su cuñada siempre había sido cabezona, pero aquel modo de gritarles ya rozaba la locura-. ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás comportándote de esta manera tan absurda?
-¡¿Absurda?! -exclamó colocándose bien la capa, que se le había abierto, justo en el momento en que sintió las miradas alucinadas de Antony y Tom posadas en su tripa-. ¿Queréis dejar de mirarme así?
-Pero... pero, Candy -tartamudeó Antony señalándole la barriga-. ¿Estás... estás... embarazada?
-¡Por todos los santos! -susurró Tom al observar aquella barriga tan parecida a la de su mujer, Maura, cuando esperaban a su hija-. Milady, no debéis continuar aquí. Albert debe saber que va a ser padre.
-¡No es hijo de Albert! -gritó ella enrabietada.
Eso hizo que Tom y Antony volvieran sus ojos entornados hacia James, pero éste reaccionó de inmediato.
-¡¿Serás mentirosa?! -vociferó James, agobiado-. ¿Creéis que si fuera mío os hubiera llamado? ¡Por todos los demonios! ¡Qué locura! -Volviendo a mirar a Candy, le indicó-: Esto sí que no me lo esperaba de ti.
-¡Y yo no esperaba de ti que los trajeras hasta aquí! -gritó con los ojos fuera de sus órbitas.
-¡Por todos los santos, Candy! -protestó Antony acercándose a ella.
-¡No quiero oír hablar de Albert! -gritó. Sin poder contener sus náuseas, se volvió y apoyándose en un árbol vomitó ante la inquietud de todos. Cuando se repuso, miró a Antony-. ¿Te acuerdas del día que llegasteis al castillo con Robert de Bruce y William os contó lo ocurrido con Eliza? ¿Recuerdas que me dijiste que te pidiera lo que quisiera?
-Sí -asintió Antony ladeando la cabeza-. Pero no me lo pidas. ¡Por favor!
-Lo que quiero ahora es que te marches de aquí. Marchaos, llevad a Jimmy junto a Anny y dejadme vivir en paz.
Antony resopló afligido. Después de mirarla muy enfadado, se volvió e hizo una seña a Tom para que lo siguiera. Ambos desaparecieron entre los árboles seguidos por James, mientras Jimmy se quedaba quieto mirando a su hermana.
-¡Jimmy! Ve con ellos. Anny y Archie estarán encantados de acogerte en su hogar.
El niño no se movió.
-¿Jimmy?
-Yo quiero vivir contigo -susurró el niño con los ojos llenos de lágrimas. Deseaba marcharse de aquel lugar, pero no quería abandonar a su hermana.
-Escúchame, tesoro -dijo intentando ser fuerte. Lo último que quería era dañar a su hermano, que se merecía ser feliz junto a gente que le quisiera, y no en la soledad de aquel lugar-. Quiero que te marches con ellos, porque yo necesito estar sola. ¡Por favor! Te prometo que cuando yo me encuentre mejor, iré a buscarte a Urquhart y volveremos a estar juntos.
-¿Me lo prometes? -preguntó el niño mirándola a los ojos.
-Por supuesto, tesoro -asintió ella- te lo prometo.
Jimmy, al escucharla, se lanzó a sus brazos y la besó. Ella le animó con una sonrisa a ir tras los highlanders, y él obedeció. Parándose, el niño le lanzó un beso con la mano y luego corrió entre los árboles seguido por Klon. Candy quedó sola con su desesperación.
Dos días después de su encontronazo con Candy, Antony y Tom, desesperados y sin intención de moverse de allí, esperaban noticias de Albert, que se estaba demorando en su vuelta de Inglaterra. James se marchó para Aberdeen prometiendo regresar lo antes posible.
Mientras Jimmy, que fue escoltado por varios guerreros McArdley hasta Urquhart, abrazó y besó a una gordísima Anny, que estaba en su séptimo mes de embarazo y se quedó sin palabras al escuchar lo que el niño le contó.
-¡¿Qué Candy está embarazada?! -gritó llevándose las manos a la cabeza.
-Sí, se está poniendo gorda como tú -asintió con la tripa llena, deseoso de irse a la cama, pero Anny y sus constantes preguntas se lo impedían-. Y lo peor de todo es que no para de llorar y vomitar.
-Es normal, Jimmy -apuntó Patty, que tenía en brazos a su hijo Brodick de cinco meses.
-¡Oh..., mi pobre hermana! -lamentó Anny tocándose su propia barriga y mirando a Jimmy-. Pero ¿por qué no quiere volver con Albert?
-Dice que lo odia -informó el niño, a quien el sueño le estaba pudiendo-, y no sé qué más sobre que espera que Albert sea feliz con la francesa.
-¡Por todos los santos! -maldijo Anny. Al ver cómo Jimmy se quedaba dormido, comentó-: Millie, acompaña a Jimmy a su habitación. Está muerto de sueño. Buenas noches, tesoro, que tengas felices sueños.
-No creo -susurró el niño, triste, mientras seguía a Millie-. Si Candy no está cerca, es difícil que los tenga.
-¡Maldita sea la francesa! -gritó Anny al ver salir a Jimmy-. ¡Ojalá se pudra en el infierno!
-Tranquilízate, Anny -contestó Patty tomándola del brazo. En aquellos meses, le había cogido mucho cariño. Cuando Archie fue hasta Inverness para decirle a Stear que necesitaban su ayuda para pasar a Inglaterra, él no lo dudó, y llevó a su mujer y a su hijo a Urquhart hasta su vuelta-. Tómate unas hierbas, te vendrán bien.
-No os pongáis así -la regañó cariñosamente Ronna, que adoraba a aquella joven que había traído la felicidad a Urquhart-. ¡Pensad en el bebé!
-¿Cómo voy a pensar en el bebé, cuando mi hermana lo está pasando mal? Avisad a Mael para que prepare un carro. Me voy a buscar a Candy.
-¡¿Estás loca, Anny?! -exclamó Patty al escucharla, dejando a su bebé en una pequeña cuna-. En tu estado no debes viajar.
-¡No digáis eso, milady! -se espantó Ronna al verla tan decidida-. Si mi laird se entera de que os he dejado marchar en vuestro estado, se enfadará muchísimo.
Con una sonrisa divertida Anny contestó:
-Por Archie no te preocupes, Ronna. -Sonrió al ver entrar a Jimmy de nuevo en el salón-. No puede prohibírmelo porque está con Albert buscando a mi hermana.
-Yo voy contigo -dijo el niño.
Al ver asentir a su hermana Anny, salió corriendo en busca de Mael.
-Pero... -susurró desconcertada Ronna-, en vuestro estado no es prudente...
-Brodick y yo te acompañaremos también -informó Patty, decidida a no dejar sola a Anny y ayudar a Candy en lo que necesitara.
Ronna, incómoda por la situación, volvió a repetir:
-El laird os matará cuando se entere. Se enfadará muchísimo. Recordad lo que os estoy diciendo.
-Tranquila, Ronna. ¡Dudo que me mate! -respondió pícaramente-. Mi hermana, fuera cual fuera su estado, acudiría en mi ayuda. Por lo tanto, no se hable más.
Aquella misma noche, Anny, todo lo cómoda que pudo, se subió a un carro acompañada por Patty, el pequeño Brodick y Jimmy. Todos viajaron escoltados por Mael y varios hombres Cornwell hacia el lugar donde se encontraba su hermana.
Pasados varios días en los que nadie molestó a Candy, ella comenzó a creer que Antony y Tom le habían hecho caso y que Albert se había olvidado de ella.
A pesar del malestar que le generaba pensar en Albert, por las noches lograba quedarse dormida, aunque atormentada por el recuerdo de aquellos ojos celestes y su sensual sonrisa. Ansiaba hundir sus dedos en aquella larga melena rubia, pero debía quitarse esos absurdos pensamientos de la cabeza. No volvería a mirar sus ojos, ni vería su sonrisa, ni tocaría su melena...
Durante los días de soledad, se afanó en cepillar a Stoirm y lord Draco, que la acompañaban en los paseos por el bosque. A Candy le seguía gustando cazar, por lo que muchos días conseguía con su carcaj alguna estupenda pieza para comer y cenar. Con sumo cuidado, Antony y Tom la observaban sin ser vistos y, a pesar de que conocían la habilidad de ella para la caza, no dejaban de sorprenderse.
Una noche en la que los guerreros intentaban dormir en el suelo arropados con sus mantas, escucharon ruido de caballos. Levantándose rápidamente, se escondieron tras los árboles. Pero pronto salieron de su escondite al reconocer a James y Mael en el camino.
-Volviste rápido, amigo -saludó Antony a James, a quien se le veía cansado por el viaje.
-Sí, y me encontré con Mael y varios Cornwell en el trayecto -explicó-. ¿Ha llegado Albert?
-No -negó Antony con preocupación-. Todavía no sabemos nada de él. Si en un par de días no llega, iré yo mismo a buscarle a Inglaterra.
En ese momento, una voz de mujer atrajo sus miradas.
-¿Me vais a ayudar a bajar o pretendéis que baje rodando? -dijo Anny al ver cómo la miraban todos.
-¡Por todos los santos, Anny! -exclamó Antony al ver su descomunal barriga-. ¿Qué estás haciendo aquí?
-¿Tú qué crees? -respondió poniendo los brazos en cruz mientras Jimmy saltaba del carro ayudado por Patty, que cogía en ese momento al pequeño Brodick-. He venido a llevarme a mi hermana y a intentar poner fin a toda esta locura.
De pronto, escucharon a más caballos acercarse. Mael, poniendo tras de sí a Anny, esperó con impaciencia la pronta llegada de los jinetes.
-Son gentes de McPherson -observó Tom, confundido.
-Y... ¡¿McArdley?! -exclamó Mael al dejar salir a Anny de detrás él.
-Pero... pero ¿qué hacéis aquí? -preguntó Antony perplejo al ver aparecer a Gregory McPherson junto a su abuelo, Dorothy, Mary, el padre Gowan, Fiorna, Edwina y otras personas de Eilean Donan.
-¡Buenas, muchachos! -saludó McPherson bajándose de su caballo-. Me llegaron noticias de que estabais por aquí y vinimos a ver si podíamos ayudar.
Levantó una mano e indicó a la gente de la carreta que podía bajar, apareciendo en ella Mary y Rene.
-¡McPherson! ¡Qué agradable tu visita! -saludó con una sonrisa James, divertido por la cantidad de gente que se estaba reuniendo allí. Mirando al anciano McArdley, saludó-: Buenas noches, William.
-¿Dónde está mi muchachita? -preguntó impaciente William, que desmontó con garbo de su montura, mientras de la carreta que les seguía se apeaban Dorothy, Fiorna, Edwina y Susan.
-Tranquilo, William -señaló el padre Gowan-. Ya la verás. Todo a su tiempo.
Al ver a su abuelo allí, Antony se inquietó al tiempo que se alegró.
-Pero, abuelo... -comenzó a reír-, ¿qué haces aquí?
-Vengo a llevarme a mi nieta a casa -afirmó provocando la risa de los demás.
-¡Mary! ¡Rene! -saludó Anny encantada al ver a aquellas personas que tan bien les habían tratado en la fortaleza McPherson-. ¡Qué alegría!
-¡Dios santo, milady! -rio Mary al verla tan oronda-. ¡Estáis tremenda!
-¡Ni una palabra más! -advirtió Anny levantando un dedo entre risas.
-¡Qué bebé más precioso! -susurró con cariño Mary al ver a Patty con su hijo en los brazos-. Me alegro muchísimo de veros tan repuesta.
-Gracias, Mary -sonrió encantada dejándole coger al niño-. Es Brodick, mi precioso hijo.
-¡Qué gordito! -dijo Rene, alegre por ver a todas aquellas personas.
De nuevo, el ruido de caballos les hizo guardar silencio. Todos observaron hacia el camino.
-¡Anny! -gritó de pronto una voz alegre que hizo que el corazón de Antony! se paralizara-. ¡Qué gorda estás!
-¡¿Selena?! -gritó Anny intentando correr con torpeza hacia ella, que se tiró del caballo en marcha para abrazarla al tiempo que sus ojos azules se fijaban en Antony.
-Yo también quiero un abrazo -se apresuró a decir Karen, y las dos chicas se fundieron con ella en un agradable abrazo.
-¡Por todos los celtas tuertos! -bramó Richard al ver a William, al que le dio un fuerte abrazo-. Me alegro muchísimo de ver que te encuentras mejor. -Bajando la voz, preguntó-: ¿Han regresado Terius, Albert y Archie?
-No, todavía nada se sabe de ellos -respondió el anciano y, tras un gesto que ambos entendieron, preguntó-: ¡Y tú, bribón! ¡¿Cómo estás?!
-Deseando que estos muchachos me llenen el castillo de nietos. -Al observar con qué cara Antony miraba a Selena, dijo al ver cómo su nieta levantaba la barbilla y se alejaba-: ¿Tu nieto mira siempre a todas las mujeres con esa cara de bobo?
-No -respondió William, divertido, al ver que Mael y Tom se metían con Antony y éste les golpeaba enfadado-, sólo mira así a la que de verdad le gusta.
-¿Cómo sois tan pesados? ¡Dejadme en paz! -se quejaba Antony.
-¿Recuerdas la cara de bobo de tu hermano cuando íbamos hacia Urquhart? -le recordó Tom haciéndole sonreír-. Pues amigo, ésa es ahora tu cara viendo a tu Selena.
En ese momento, James se acercó a ellos.
-¿Esa preciosidad rubia es Selena? -preguntó James al escucharles.
-James, ¡ni se te ocurra acercarte a ella! -le advirtió Antony marcando su territorio-. Si no deseas que te vuelva a golpear, no te acerques a Selena. ¡Quedas advertido!
-Tranquilo, hombretón -se carcajeó James antes de saludar a Dorothy, que se había vuelto para mirarle-. Aquí, además de tu Selena, existen otras bellezas.
De pronto, aquel lugar había pasado de ser un espacio en medio de la nada a convertirse en una concentración de clanes.
Aquella noche, los McArdley, McPherson, Fraser, Cornwell, y Graham formaron una gran familia alrededor de una fogata, a la espera de que Candy recapacitara, pero Antony, Tom y James les impidieron verla hasta que Albert llegara.
Más lejos, donde ni siquiera llegaba el clamor de aquella multitudinaria reunión, Candy observaba las estrellas, tumbada junto al riachuelo. Pensaba en Albert. ¿Qué estaría haciendo?
CONTINUARA
Se nos volvió más loca y rebelde de lo qué era esta mujer, casi me vuelvo un ocho con todos los nombres, creo que faltan dos capítulos para finalizar esta adaptación.
No entiendo como los otros clanes se enteraron de el paradero de Candy, creo que tenían un sistema de comunicación más avanzado que el WhatsApp, Telegram, Mensenger o los celulares, y ¿ Como llegaron tan rápido al lugar?
Espero enterarme en el próximo capítulo.
Abrazos .
Aby.
