Veinticinco correos electrónicos de mi primo, que van desde finales de agosto, hasta el 14 de octubre.

Eso era absolutamente ridículo.

Esperé hasta después de medios tiempos antes de someterme a mí misma innecesariamente a lo que el cabrón estaba seguro que ocurriría cuando abriera uno de esos. Parte de mí quería borrarlos. ¿Cuál era el punto en leer los correos? La misma mierda, distinto día.

Pero me recosté en la silla de mi escritorio, exhalando fuerte y desagradablemente.

Me dije a mí misma que los leería el lunes. No lo hice. Me dije que los leería el martes. Nop, no pasó. Hoy es miércoles, seis de la mañana del infierno, y estuve mirando mi bandeja de entrada por treinta minutos.

Albert tenía la edad de Neil para el momento en que todo se arruinó. Era tres años más grande que yo—diecisiete. Él era amigo de Neil, pero no estuvo en la fiesta. Después de todo lo que pasó—la verdad, la verdad, el acuerdo entre los padres, y las mentiras subsiguientes y la tormenta de mierda sin parar en la que se había convertido mi vida, Albert sabía sobre el acuerdo, pero creía lo mismo que todos los demás.

Que tenía un caso loco de remordimiento del comprador.

Pero Albert había dejado de ser amigo de Neil, porque para mi primo, si no le hubiera dicho la verdad desde el principio, no le había importado. Todo había sido tan desagradable para Albert. No lo había hecho un poco más simpático para mí por los últimos cinco años.

Desplazándome hasta el primer correo sin leer que se remonta a finales de agosto. Negué con la cabeza y lo abrí. Inmediatamente. Rodé mis ojos. No podía haber sido tan importante, porque pensarías que uno de ellos podría haber levantado el teléfono y llamarme si lo hubiera sido.

Aunque, esa era mi familia. Cada uno de ellos se sentía como si no debieran levantar el teléfono. Estaban muy ocupados para eso, tan importante. Incluso mi primo, quien aparentemente tiene una mierda de tiempo para enviar correos electrónicos.

Ese lo borré.

Pasé al siguiente.

La misma cosa, pero había un par de oraciones más. Algo que ver con una chica de la escuela. Molly Simmons. Era un año más chica que yo y por supuesto no era amiga de esa niña. No podía ni siquiera recordar como lucía. Albert necesitaba hablarme sobre ella. ¿Está él, como, saliendo con ella y casándose? Si era eso, me sorprendía que me lo dejara saber.

Esa es una boda a la que probablemente no asista.

Borré ese correo y estaba por pasar al siguiente cuando mi celular trinó. Dejando caer mis pies en el suelo, lo levanté. Era un mensaje de texto

de Annie, quería saber si me encontraría con ella para un café antes de mi clase de astronomía. Le envié un mensaje rápido, diciéndole que sí.

Cerrando mi portátil, salté, decidiendo que un café con Annie era millones de veces mejor que pasar por el montón de sentimentalismo de mi correo electrónico

En el almuerzo, Jacob actuaba como un conejo chiflado porque no teníamos clases el jueves o viernes debido a las vacaciones de otoño. Él y Annie estaban emocionados por volver a casa. Me sentía feliz por ellos, pero también un poco decepcionada. Un fin de semana de cuatro días era de lo que estaba hecha la vida de los estudiantes universitarios, pero para mí, significaban cuatro días de hacer absolutamente nada más que rebotar por las paredes y convertirme en nerd por leer para mis próximas clases.

Pero su humor era contagioso y me encontré a mí misma riendo de como Jacob trataba de convencer a un chico de otra mesa de que si un zombie muerde a un vampiro se convertiría en un zombie-vampiro mientras que el otro chico estaba convencido que se convertirían en un vampiro-zombie.

Annie parecía que estuviera esperando a que un zombie se estrellara a través del Refugio y mordiera a todos. —Así que ¿qué harás por las vacaciones? —preguntó ella.

—Sólo quedarme aquí —dije, y luego añadí mi excusa ya hecha—. Es muy lejos como para viajar por cuatro días.

—Comprensible. —Cogió una servilleta enrollada y lo arrojó a la espalda de Jacob, pero él estaba muy metido en su zombie/fetichevampiro—. Me voy hoy después de mis clases. —Apoyó su cabeza en mi hombro—. Te voy a extrañar.

—Yo también.

—Vas a estar desolada sin mí.

—Lo sé.

Se sentó derecha, sus ojos brillando con entusiasmo —Tú sabes, siempre podrías venir a casa conmigo.

—Oh, Annie... —Quería abrazar a la chica o llorar. La oferta significaba seriamente mucho para mí—. Gracias, pero es tu tiempo con tu familia y esas cosas.

—Bueno, piensa sobre ello. Si cambias de opinión entre ahora y las tres, envíame un texto y te buscaré rápidamente. —Tomó un trago de su soda—. ¿Qué hará Terry? ¿Irá a casa?

Buena pregunta. Antes de que pudiera responder, Jacob se volvió como si alguien hubiese gritado su nombre. —¿Qué hay con mi esposo de fantasía?

Annie se rió. —Le preguntaba a Candy si él irá a casa por las vacaciones.

—¿Irá? —preguntó él.

Tirando mi pelo hacia atrás, me encogí de hombros. —No lo sé.

Las cejas de Jacob bajaron —¿A qué te refieres con que no lo sabes?

—Um, sólo no lo sé. No me lo ha dicho.

Ambos intercambiaron una mirada y Annie dijo—: Estoy un poco sorprendida de que no haya dicho nada sobre eso.

La confusión se levantó. —¿Por qué estás confundida?

Jacob me disparó una mirada que decía duh. —Ustedes parecen estar pegados por las caderas...

—No, no lo estamos. —Fruncí el ceño. ¿Lo estábamos?—. No.

—Está bien ¿necesito hacer una lista de cuan seguido están juntos?

—Jacob levantó las cejas—. Creo que sería seguro asumir que sabías de sus planes y el tamaño de su polla para el momento.

—Oh Dios mío. —Dejé caer mi rostro en mis manos.

Annie se rió. —Estás haciendo que Candy se ruborice.

Lo hacía.

Jacob rió por lo bajo. —Creo que tienes una relación más cercana con él.

—¿Qué? —Levantando mi cabeza, lo miré fijamente—. No estoy teniendo una relación más cercana con él. Créeme, me ha preguntado...

—Me corté a mí misma—. No lo estamos.

—Guau. Guau. Guau. —Jacob prácticamente se cayó—. ¿Te ha preguntado qué?

—Nada. —Me incliné hacia atrás, cruzando mis brazos—. No me ha preguntado nada.

Jacob miró a Annie. —¿Soy yo o ella no está tan tranquila como para quitar una mentira?

—No tan tranquila —comentó Annie, serpenteando hacia mí—. ¿Qué te ha preguntado?

—¡Nada!

—¡Chorradas! —Me dio un puñetazo en el brazo—. ¡Estás mintiendo!

—¡Auch! Yo...

Jacob negó con la cabeza, luciendo como si estuviera a segundos

de caerse al suelo. —Somos tus amigos. Está en la ley de la amistad que

debes decirnos las cosas que no quieres contarnos.

Mi boca cayó abierta. —¿Qué? Eso no tiene sentido.

—Está en la ley —asintió Annie solemnemente.

—¿Qué te ha preguntado? —insistió Jacob—. ¿Te dijo que comieras más galletitas? ¿Te pidió que seas la mamá de sus bebés? ¿Qué tal que te casaras con él? ¿O sólo calentar su cama cada mañana, tarde y noche? ¿Acaso él...?

—¡Oh Dios mío! —No había forma de salir de esto. Conocía a Jacob.

Él sólo seguirá hasta que toda el Refugio pensara que me estaba por casar y teniendo un bebé—. Está bien. Se los diré si prometes no enloquecer y gritar.

Jacob hizo una cara. —Ah, no lo sé.

—¡Lo promete! —Annie le lanzó una mirada—. O lo mutilaré físicamente.

Él asintió. —Lo prometo.

Exhalé con dureza. —Está bien. No es la gran cosa. Dejemos eso claro primero. ¿Todo el mundo lo entiende? Bien. Está bien, Terry como que me invitó a salir...

—¿Qué? —gritó Jacob y varias cabezas se volvieron.

Mis hombros se hundieron. —Lo prometiste.

—Lo siento. —Cruzó su corazón—. Sólo... Guau. Me entusiasmé.

—Te lo puedo decir —le dije con ironía.

Las manos de Annie estaban cruzadas delante de su pecho. —Te ha estado invitando a salir, ¿como en el sentido plural?

Asentí. —Sí, pero he dicho que no cada vez.

—¿Has dicho que no? —gritó, y le disparé una mirada y lo golpeé en su brazo. Me dio una sonrisa brillante—. Lo siento. Lo siento. No me golpees. Las perras dan miedo cuando golpean.

Volviendo a sentarme, lo miré. —Sí. He dicho que no.

—¿Por qué? —demandó

—¿Y él sigue preguntando? —preguntó Annie al mismo tiempo.

—Sí, sigue preguntando, pero es como una... broma entre nosotros. No habla en serio.

Annie tiró de su cabello como si estuviera haciendo hincapié en su salida o algo así. —¿Cómo sabes que no habla en serio?

—Vamos —levanté mis manos—, él no es serio.

—¿Por qué? —Al parecer Jacob estaba atónito—. Eres una chica inteligente y divertida. No te gustan las fiestas, pero eres caliente, y eso como que lo compensa.

—Jesús, gracias.

—Lo que estoy tratando de decir es, ¿cómo sabes que no ha hablado en serio?

Negué con la cabeza. —No lo hace.

—Vuelve a la pregunta importante —dijo Annie—. ¿Por qué le has dicho que no?

—¿Por qué le diría que sí? —¿Podría abrirse un agujero y tragarme? ¿Por favor?—. Apenas nos conocemos el uno al otro.

—Oh, ¿qué diablos? Ustedes son como almas gemelas justo ahora.

¿Y cuál piensas que es el propósito de salir con alguien en una cita? —Jacob dio vuelta los ojos—. Es sobre llegar a conocer a alguien. Y tú lo conoces, así que es una excusa lamentable.

Era una excusa lamentable, pero era lo mejor que tenía. —¿Cómo haces para conocer realmente a alguien?

Annie golpeó sus manos a las mejillas y negó con la cabeza. —No es un asesino serial.

—Hablando de asesinos seriales, todo el mundo pensaba que Ted Bundy era un hombre realmente encantador, hermoso. Y mira lo que resultó. Psicópata.

Jacob me miró fijamente, su mandíbula un poco trastornada. —Él no es Ted Bundy.

—No lo entiendo —susurró Annie—. Es como alguien diciendo que la Tierra es plana. Terry es como uno de los solteros más codiciados en este campus, probablemente en este condado y el estado.

No dije nada.

—Estoy bastante segura de que he sido sorprendida sin palabras. —Annie negó con la cabeza lentamente—. Estoy absolutamente sin palabras.

Que alguien capture una foto de esto.

—Ja. —La sonrisa de Jacob hizo que se elevara mi ansiedad—. Aquí viene Terry. Qué coincidencia.

Me planté cara a la mesa y gemí cuando Annie comenzó a reírse. Bajo la mesa, Jacob pateó mi pierna y dos segundos después, sentí a Terry antes de que siquiera diga una palabra. También me atrajo su aroma fresco. ¿Era raro que lo conociera por su olor? Eso sonaba raro. Era raro.

—Uh, ¿qué haces Candy?

En mi cabeza, ensarté tantas bombas de mierda como pude, porque sabía —oh, sabía— que Jacob no se quedaría callado.

—Durmiendo la siesta.

—¿Durmiendo la siesta?

—Seh.

Terry tiró de la parte posterior de mi chaqueta. —¿Por qué creo que eso no es lo que estás haciendo?

Le di un encogimiento de hombros incómodo.

Se sentó a mi lado, su mano en mi espalda baja y mi ropa debe haberse hecho más fina, porque podía realmente sentir su mano. —¿Estás enferma?

—¡Aw, está tan preocupado! —exclamó Jacob—. Candy, eres una perra.

Terry se tensó y su tono era bajo y algo que nunca había oído de él antes. —¿Discúlpame?

Levanté la cabeza, los ojos entrecerrados a Jacob. —No estoy enferma.

—Está bien. —Terry miró alrededor, y Annie estalló en un ataque de risa—. ¿Qué está pasando?

Antes de que respondieran, salté—: ¿No se supone que estés en clase?

Frunció el ceño. —Nos dejaron salir antes. No cambies el tema.

Abrí mi boca, pero el maniático Jacob se interpuso—: Candy nos acaba de informar que le has estado pidiendo salir y ha dicho que no, y le explicábamos que está loca.

—Bueno, entonces —la dura mirada se deslizó de su cara, y yo quería deslizarme bajo la mesa—, me gusta esta conversación.

Ugh.

—¿Entonces es verdad? —preguntó Jacob, apoyando sus codos en la mesa—. ¿La has estado invitando a salir?

Terry me dio una mirada de costado. —Lo he hecho, casi cada día desde finales de agosto.

Desde otro lado de mí, Annie chilló como si fuera un juguete de peluche que fue apretado. —¿Desde agosto?

Él asintió.

Annie se volvió hacia mí con los ojos como platos. —¿Y no nos has dicho ni una palabra?

—Estoy en cierto modo ofendido —comentó Terry.

Le di un codazo en el costado. —No, no lo estás. Y esto no es como si fuera del interés de todos.

—Pero somos tus amigos. —Jacob sonaba tan lamentable que me empecé a sentir mal. Se volvió hacia Terry—. Nosotros apoyamos totalmente que salga contigo.

Está bien, no me sentía mal por él.

—Me gustan tus amigos, Candy. —Terry sonrió ante mi mirada arqueada.

—Oh, pensamos que debería —dijo Jacob—, como hacerlo justo ahora.

—También le dijimos que no eres un asesino serial —intervino Annie.

Terry asintió. —Esa es una recomendación que brilla intensamente. Oye, al menos no es un asesino serial. Voy a ponerlo en mi perfil de Facebook.

Sonreí.

Jacob estaba positivamente radiante. —Y ella te comparó con Ted Bundy.

—Te odio —murmuré, alejando mi cabello de mi cara—. No te comparé con Ted Bundy. Sólo dije que nunca llegas a conocer realmente a una persona. Todos pensaban que Ted Bundy era un chico bastante genial.

Terry me miró fijamente, la diversión parpadeaba en sus ojos. — Guau. Esto sólo sigue mejorando.

—¿Perdón? —dije, luchando con una sonrisa.

Él suspiró, volviéndose a mis amigos. —Ella sigue rechazándome. Rompe mi pequeño corazón.

Suspiré. —No habla en serio.

—Parece serio —dijo Annie, con los ojos saltones mientras miraba a Terry. Él la había engañado, maldición.

Terry hizo el sonido más triste que el hombre conoce, y rodé los ojos.

—Y ahora cree que soy el siguiente Ted Bundy,

—No creo que seas el próximo Ted Bundy.

—Además, tiene el color de pelo equivocado para Ted Bundy —dijo Annie. Todos la miramos—. ¿Qué? A Ted Bundy le gustaban las chicas con cabello marrón con raya en medio. El cabello de Candy es bastante rubio.

—¿Soy la única persona que encuentra perturbador que sepas eso?—preguntó Jacob.

Annie frunció los labios. —Estoy en psicología. Sé este tipo de cosas.

—Uh-huh —murmuré.

—Como sea, esto no es sobre mí y mi vasto conocimiento de asesinos en serie. Puedo sorprenderte después sobre eso. Esto es sobre ti, Candy. —Sonrió mientras la fulminé con la mirada—. Este joven caballero, que no es un asesino en serie, está invitándote a salir. Estás soltera. Eres joven. Deberías decir que sí.

—Oh Dios mío. —Froté mis manos por mi cara caliente—. ¿No es hora de que se vayan a casa, todavía?

La risa profunda de Terry se metió debajo de mi piel. —Sal conmigo, Candy.

Aturdida, me volví hacia él. No podía creer que me hubiera pedido salir delante de ellos después de todo esto. —No.

—¿Ven? —Terry sonrió a mis amigos—. Sigue rechazándome.

Jacob negó con la cabeza. —Eres una idiota, Candy.

—Lo que sea —me quejé, agarrando mi bolso—. Me voy a clases.

—Te amamos —dijo Jacob, sonriendo.

—Uh-huh.

Annie se rió. —Te amamos. Sólo cuestionamos tus decisiones.

Sacudiendo mi cabeza, me puse de pie. —Tengan cuidado cuando vayan a casa.

—Siempre tenemos cuidado —dijo ella, saltando y dándome un rápido abrazo—. Recuerda lo que dije sobre ir a casa conmigo. Si cambias de opinión, me envías un texto antes de las tres.

—Está bien. —La abracé de vuelta y le di un pequeño saludo a Jacob. Por supuesta, Terry ya estaba de pie, esperando por mí. Arqueé mi ceja hacia él—. ¿Me sigues?

—Como un verdadero asesino en serie —respondió.

Me estremecí mientras cruzábamos el Refugio y nos dirigíamos hacia afuera. —Sabes que no estamos siendo serios, ¿verdad? Y lo siento por decirles algo a ellos sobre eso. Empezaron a molestarme sobre ti y lo próximo que supe...

—Está bien —me interrumpió, dejando caer su brazo sobre mi hombro, mientras nos detuvimos en el grupo de árboles entre los dos edificios—. No me importa.

Mirando hacia él, entrecerré los ojos. —¿No te importa?

Negó con la cabeza, y yo estaba en una especie de charco. ¿Qué persona querría que cualquiera sepa que estuvo invitando a salir a alguien y fue rechazado repetidamente? Yo no querría que eso se supiera. ¿Y porqué Terry seguía invitándome a salir? No era como si fuera la única opción para él. Con el cabello rebelde oscuro, los verdaderamente luminosos ojos azules, la cara y el cuerpo para codiciar, Terry era sobradamente hermoso. Dudaba que hubiera una chica en el campus que no pensara eso. Pero él era más que un chico caliente digno de desmayo. Terry era encantador, bueno, dulce y divertido. Era el tipo de chico que quieres llevar a tu casa y mostrar—el tipo de chico que nunca estaba solo por mucho tiempo y por el cual estás con los pies en la cabeza por amor.

Terry tenía muchas opciones, ¿así que por qué no explorarlas?

Quizás lo hacía. Contrariamente a lo que Jacob y Annie pensaran, no estaba alrededor de él 24/7. Pasaba mucho tiempo con la chica llamada Steph y siempre lo veía con otras chicas por el campus. El invitarme a salir debía ser algo que no se tomaba en serio.

No podía ser, no después de casi dos meses de eso.

Un nudo incómodo se formó en mi estómago. ¿Qué si estaba saliendo con otras chicas? ¿Conectando con ellas? Quiero decir, está en todo su derecho y no me importaría. Totalmente no me importaría.

—Uh-oh —dijo.

—¿Qué?

Dejó caer su brazo, pero atrapó un mechón de mi pelo que volaba por mi cara y lo llevó hacia atrás. —Estás pensando.

Traté de ignorar como hormigueaban mis mejillas cuando sus dedos me rozaron. Quizás tenía un trastorno nervioso. —Lo estoy.

—¿Sobre? —preguntó.

—Nada importante. —Sonreí mientras empujaba lejos los pensamientos de él con otras chicas. No estaba yendo allí—. ¿Vas a casa por el fin de semana?

—Sí. —Dio un paso más cerca, bloqueando la luz del sol. Mientras hablaba, se acercó y recogió mi pelo, separándolos en dos coletas largas a cada lado de la cara—. Me voy mañana en la mañana, brillante y temprano. No volveré hasta el sábado en la noche. Así que sin huevos para ti esta semana.

—Boo. —Me aplastó la muy real creciente decepción. Los huevos el domingo se habían convertido en un elemento básico de fin de semana.

—No llores mucho sobre eso. —Una leve sonrisa apareció mientras me hacía cosquillas en la cara con los bordes de mi pelo—. ¿Vas a aceptar la oferta de Annie de ir con ella a casa?

Negué con la cabeza. —Sólo pasaré el rato aquí y leeré algo.

—Nerd.

—Gilipollas.

La sonrisa se extendió mientras soltaba mi pelo sobre mis hombros. —¿Sabes qué?

—¿Qué?

Terry dio un paso hacia atrás, metiendo sus manos en los bolsillos de sus jeans. —Deberías salir conmigo esta noche ya que estaré fuera todo el fin de semana.

Me reí. —No saldré contigo.

Mi sonrisa empezó a desaparecer. —¿Cómo es eso diferente de salir contigo?

—¿Cómo invitarte a salir esta noche es diferente a pasar el rato juntos el domingo?

Ah, tenía un buen punto. Mi ritmo cardíaco se aceleró mientras lo miraba. —¿Qué quieres hacer?

Se encogió de hombros. —Ordenar algo de comida y ver una película.

Caminé de lado a lado, de repente muy cautelosa. —Eso suena como una cita.

—Eso no es una cita conmigo, cariño —se rió—. Te llevaría fuera, como en público. Esto son sólo dos amigos pasando el rato, mirando una película y comiendo juntos.

Presionando mis labios juntos, miré hacia otro lado. De alguna manera sabía que eso no era de lo que se trataba, pero de nuevo, ¿Qué diablos sabía sobre chicos y tener amigos hombres? No lo pensé dos veces cuando Annie o Jacob vinieron. ¿Por qué debería tratar diferente a Terry?

Porque él era diferente para mí.

Nada de eso importa, porque quería pasar el rato con él. Terry era divertido. Así que suspiré y dije—: Sí, claro. Ven.

Terry arqueó una ceja. —Guau. Cálmate antes de que te emociones demasiado.

—Estoy emocionada. —Le empujé el hombro—. ¿A que hora vienes?

—¿Qué te parece a las 7?

En la boca del estómago, un nido de mariposas nació y comenzaron a beber bebidas energéticas. —Funciona para mí. Te veo luego.

Llegué a la acera cuando me detuvo.

—¿Candy?

Me volví. —¿Sí?

Sus labios formaron una sonrisa torcida. —Te veo esta noche.

Mi estómago dio un salto. Esta iba a ser una larga tarde.