"Henry, ¿qué sucede?", el muchacho llegó casi sin aire, debió haber corrido un maratón.
"Roland", la mención del nombre, fue suficiente, para ponerla sobre aviso, se levantó de su silla del buró de la oficina, no quería, mas tuvo que hacerlo.
"¿adónde lo llevaron?", preguntó, el niño se había descompuesto en la escuela, Blanca tuvo que mandar a buscar a Robin, la mente de su hijo le dio los detalles de lo ocurrido.
"la abuela m...", el asentimiento de su madre, fue suficiente, se ahorró las palabras, ya lo sabía todo.
"¿me ayudas a cerrar la oficina?", lo podía hacer con un simple movimimiento de la mano, ¿cuál era la diversión en usar siempre la magia?
"empiezo cerrando las ventanas", aunaron fuerzas para terminar rápido y partir lo antes posible para el departamento, donde Blanca y Robin, contaban con su presencia.
"tal como me gusta", comentó al ver la organización que resultó de su unión como equipo de trabajo.
"¿puedo poner la alarma?", se sabía sus números secretos, no, la pregunta correcta era, ¿qué no sabía Henry sobre su ella?
"sorprende a tu madre", no dudaba de que pudiera hacerlo, lo miró orgullosa mientras introducía la clave en panel de control de la alarma activándola.
"¿pasé la prueba?", al verla con esa expresión en su rostro, adoptó una actitud ligera.
"con sobresaliente", le extendió la mano, para salir de la oficina, cerrarla tras de ellos, caminar por los pasillos de la alcaldía, también dejarla totalmente asegurada, mover la mano y disiparse en una nube de magia, la idea era llegar pronto.
"¡Regina, qué bueno verte!", Robin fue quien les abrió la puerta.
"¿y el niño?", sin saludarse, ni preguntar si podía entrar, hizo la pregunta, preocuparse por formalidades quedó olvidado.
"en la cama", el lugar no era muy grande que digamos, además, ella se lo conocía de memoria, vivió ahí, ¿no?.
"mi niño", se apresuró para encontrarlo acostadito, decaído, los párpados pesados, a punto de quedar vencido por el sueño, se sentó a su lado, acarició su cabecita.
"¡Gina, viniste!", su vocecita la dejó aún más entristecida.
"¡mi niño hermoso!", su magia trabajó sin autorización y la enteró de dónde exactamente era su malestar, por impuslo, y sin pensar, levantó la mano dispuesta a sanarlo.
"Regina, no, por favor", el llamado de Robin, impidió cualquier idea que tuviera en mente, "recuerda lo ocurrido la última vez", por mucho que quisiera ver bien a su pequeño, nada ganaban si ella resultaba dañada en toda esta historia.
Recordó aquella vez cuando quedó muy débil por haber sanado al niño, la razón borró los malos consejos de su mente, sacaba cuentas, para ese entonces, ya debió heber estado embarazada, no podía arriesgar a las niñas, involuntariamente, sus manos reposaron en su vientre, se sentía impotente, sabía que su magia podía regresar el brillito a los ojitos del niño, una lágrima salió resbalando por sus mejillas, mojando la frentecita de Roland.
"no llores, Gina, me pondré bien", con dificultad, puso una manito encima de su rostro, el corazón con el simple gesto, se le oprimió.
"ya estoy de vuelta", la entrada de Blanca con Neal en brazos, interrumpió la triste escena, "me imaginé que ya estaban aquí", vio a su nieto salir de la escuela corriendo y conociéndola, no debió haber perdido ni un segundo para llegar al departamento.
"mejor llevémoslo al doctor", sugirió, sin contar con un pequeño detallito que desconocía.
"¡de ninguna manera!", exclamación que la sorprendió.
"Robin...", cualquier explicación que pudiera tener quedó dentro de sí misma al verlo tan negativo ante su comentario.
"¿no existirá alguna poción que pueda ayudarlo?", Henry, al percibir la tensión de los adultos, y ver sus rostros entre preocupados y molestos, tuvo que hacer uso de su inteligancia sorprendiéndolos en el proceso.
"mis amigos los enanos, me dieron un té", comentó Blanca, era con lo único que pudo controlar sus crisis los días anteriores.
"quédate con él", le dio lugar a Robin del lado del pequeño, ella se llevó a Blanca y a Henry, tenía que conocer la historia completa.
"llevo días insistiéndole", confesó la princesa, "es como si tuviera un asunto pendiente con los doctores", era a la conclusión que había arribado debido a su radical actitud.
"prepara el te, cuidaré a Neal", cargó al bebé y se fue a la sala con Henry, fue suficiente para deducir lo que ocurría entre la pareja.
"¿es muy grave?", la pregunta era inminente, las esperanzas se le iban.
"no lo sé, mi niño", no era doctora, ni idea tenía de la causa del padecimiento de Roland.
"haré las tareas de la escuela", ayudaba más si hacía lo que normalmente un niño de su edad solía hacer.
De repente, el bebé en sus brazos, comenzó a llorar desesperado, "ya, mi chiquitín", se levantó para balancearlo, pero no era necesario, al escuchar su voz, el llanto cesó, debía tener hambre, "mamá, ¿habría un poquito de lechita para este bebé hambirento?", la cocina no quedaba lejos.
"en eso estoy", como buena madre al fin, conocía a su hijo.
Continuó balanceándolo, debía extrañar su merienda, sí porque, entre el trabajo, la conversación con David y su enajenación, se olvidó del almuerzo, ya comería, existían cosas más importantes.
"aquí está el té", sirvió la bebida en la jarrita que ella misma compró para Roland, hicieron cambio, Blanca cargó a Neal, Regina, se encargaría de que el niño bebiera hasta la última gota, de eso, estaba segura.
Mientras ellos se debatían con la enfermedad de Roland, en el barco de Killian, una conversación muy importante alegraba la vida del pirata.
"he reflexionado", cuando salió de la comisaría luego de haber escuchado los consejos de su padre, le hizo una llamada a su amiga, debía resolver algunos pendientes con ella también, se dirigió al barco para encontrarse a su novio, meditando en medio de la brisa del mar.
"Emma, amor...", la preocupación que vio en sus ojos los últimos días, había desaparecido, por eso lo inquietaba cualquier cosa que tuviera para decirle, tal vez era una respuesta negativa, sufriría mucho, la amaba, eso, ni él mismo se lo creía.
"déjame terminar, Killian, por favor", había pausado su intervención porque necesitaba valor y no pensar en nada más que en su felicidad, se lo merecía, "he sufrido muchas decepciones amorosas, mi corazón se cerró para el amor, pero tú...", estaba a punto de confesar su secreto mejor escondido, "llegaste con tu cinismo, con tu autosuficiencia, con esas ocurrencias tan tuyas y mi vida cambió completamente, lograste abrir las combinaciones de mi caja fuerte, eso, nadie pudo hacerlo antes", se mantuvo a su lado incluso sabiendo los riesgos que corría, "me enamoraste", tragó pesado, aunque fue difícil, un peso inmenso, salió de encima de sus hombros.
"amor", era su forma de llamar a todo el que conocía, costumbre de marinero, con ella, sin embargo, utilizaba un tono marcando la diferencia, "tú también me enamoraste con tus negativas que tenían un solo significado para mí", la incógnita, le dio tiempo para también, armarse de valor.
"¿cuál, empeñarte en no marcharte de mi lado?", lo sabía porque lo experimentó, al principio su presencia se tornaba insoportable en ocasiones, pero poco a poco, se acostumbró a tenerlo cerca al punto de extrañarlo.
"esa habilidad tuya es infalible conmigo", se vanagloreó.
"acepto irme a vivir contigo y también acepto casarnos", aún no le proponía matrimonio y ya decía que sí, tan Emma.
"si por mí fuera, nos mudaríamos hoy mismo", la abrazó y le dio algunas vueltas en el aire.
"si quieres, podemos apresurar el proceso agregándole algo de magia", propuso, sin ver que su pirata rodaba los ojos, porque últimamente, su obsesión con la magia, se había pasado de los límites permitidos.
"mejor le pedimos a tu amiga la alcaldesa que nos ayude, porque...", con su tono fue muy evidente, se ganó un golpe en su pecho, haciéndolos reír.
"imbécil", terminó con esa ofensa que no tenía otro significado implícito, que no fuera, una invitación para besarse, se perdieron en el calor del momento, las largas noches pensando en que no existía un futuro para ellos, se borraron en el camarote del barco.
La noche pronto dejó en penumbras las calles de Storybrooke y todavía la angustia en el departamento de Blanca, era el plato fuerte, a pesar de estar degustando una ligera cena que la misma princesa les preparó, debían reunir fuerzas, la batalla era algo prometedora.
"Neal cayó rendido con tus canciones, Regina", comentó Blanca, mientras Roland descansaba en compañía de su padre, ella preparaba la cena y Henry se enfrascaba en las tareas, se aprovechó para mimar al bebé, con par de canciones de cuna y unos golpecitos en sus espalditas, el sueño se apoderó de él y ni señales de vida mostró, confesaba su preocupación, para que durmiera pasaba mucho trabajo, la lucha era de titanes.
"esas canciones son mágicas, si lo sé yo", Henry salió con ese comentario.
"con razón", dedujo la princesa.
"pregúntale también a Roland, te las puede recitar de memoria", el tema de conversación, aligeró el ambiente.
"esas canciones son un recuerdo de mi madre, me las cantaba cuando era niña", aunque fue la causante de sus malas vivencias, era su madre, quien la vio nacer y a quien amaba, aún después de muerta.
"debería aprendérmelas", su efectividad estaba probada, por tanto, debía usarlas como arma secreta.
"limpiemos la loza", cambió el tema, no era momento de hablar de música.
"yo me encargo", ambas se miraron, se les notaba el cariño en sus ojos.
"insisto", caprichosa y terca, eso no se le quitaba ni naciendo otra vez.
"mejor ayuda a Henry con las tareas", imposible no darse cuenta de que su nieto, tenía dificultad para asimilar las matemáticas, así fue desde pequeño.
"sí, mami, ven te muestro", realmente necesitaba su colaboración.
"ya entendí", refunfuñó, pero terminó complaciéndolos, siguió a su hijo hasta la sala, donde un cuaderno de matemáticas los esperaba, Robin y Blanca, se quedaron colaborando en las tareas de la casa, como la pareja unida y amorosa que eran.
"échale un vistazo a este ejercicio", le mostró al sentarse en el sofá uno del lado del otro, "aquí precisamente, tengo dos soluciones y eso no puede ocurrir en este tipo de ecuaciones", era un contenido nuevo, aún no lo dominaba, su madre seguro lo resolvía con los ojos cerrados, los números y ella eran muy bien llevados.
"lee detenidamente el enunciado, te darás cuanta dónde tienes el error", en su mente, se imaginó el desarrollo del ejercicio, incluso, ya tenía la respuesta final.
"tienes razón", quizás lo que había ocurrido, era que su mente se distrajo en la cena, llevaba muchas horas ensimismado en la solución del ejercicio, el descanso le favoreció, "y ya tengo una leve idea de cómo resolverlo", le dedicó una mirada de agradecimiento y de paso, le dio un beso, quería besarla desde que la fue a ver a la alcaldía, la emergencia se lo impidió.
"¡Regina!", Robin salió muy asustado, "Roland", corrieron para encontrarse al niño delirando.
"está hirviendo", tocó su frentecita, debía pensar con la cabeza fría, "Blanca, prepara unas compresas con agua fresca", sin pensarlo, cumplió su orden, "tú, Robin, ven, tu presencia le hará bien", se apartó del camino.
"¿y tú, mamá?", a todos les dio tareas, debía tener un plan.
"creo tener algo en la bóveda", ni idea tenía de la poción que prepararía, algo se le ocurriría.
"terminaré las tareas", sin que le ordenara su misión, regresó a la sala.
"gracias", al intentar teletransportarse, Robin le dedicó una mirada de puro agradecimiento, asintió y desapareció, para aparecer en medio de sus libros de magia en la bóveda.
" piensa, Regina", se dijo a sí misma y comenzó a caminar de un extremo al otro, recordándose de los tiempos en el Castillo Oscuro y era consumida por la ansiedad de no poder atrapar a su mayor enemiga y completar su venganza era su único objetivo de vida, ahora, las cosas eran diferentes, tocó su pequeña barriguita para recibir una respuesta que no esperaba, intentaba pedirles una señal de lo que debía hacer, pero no ocurrió de la manera esperada, la señal llegó a su mente en ráfagas del...futuro, no, ella bajo ningún concepto podía estar teniendo una premonición, " tesoros de mami, ¿eso es lo que debo hacer?", la calma reinó, nada ocurría, " por fav...", de repente, se sostuvo la cabeza, los hechos se repitieron, provocándole un fuerte estremecimiento, " entendí, no se enojen con mami", las calmó, no necesitaban ser tan ceveras con ella, buscó apoyo en la pared más cercana, se recompuso, y con los ojos cerrados, comenzó a mezclar la poción que aliviaría a Roland, temporalmente, eso sí, lo supo bien en su visión, "c olor perfecto", casi estaba en el punto requerido, esperó que el vapor hiciera su función, " usaré este pequeño embase", vertió la poción donde quería, alzó el recipiente de cristal transparente, pasó la mano delante del mismo, su magia se encargó de darle el toque final, tornando el líquido rojizo en uno de color malva brillante emanando una pequeña e imperceptible luz que se disipó al instante, " ahora sí", satisfecha, se teletransportó de regreso al departamento, la escena que vio casi paraliza su corazón, Robin lloraba desconsoladamente en brazos de Blanca, mientras Henry, los observaba con los ojitos ya cristalizados.
"¡mamá!", al darse cuenta de su presencia, exclamó aliviado por su regreso.
"¿dime que tienes algo?", el abrazo terminó, se abrió paso entre ellos, se sentó en la cama, tomó la cabecita del niño, a quien, al parecer, la fiebre le había bajado con las compresas de agua fresca.
"bebe, mi pequeño", abrió el frasquito y con solo beber un sorbo se conformó, "debe descansar", cerró la poción de vuelta, acomodó al niño pasando una sabanita por encima de su cuerpecito, salió de la cama, "también debe beber una pequeña porción cada noche entes de dormir", extendió la mano, Robin interpretó sus intenciones y tomó la poción.
"Regina, no sabemos cómo agradecerte", intervino Blanca con su voz tan dulce.
"Henry, es hora de marcharnos", sin hablar más sobre el tema, sostuvo las manos de la pareja frente a ella, les dio un apretón recibiendo su agradecimento y al ver que su hijo se acercó a su lado, movió las manos y los llevó directo a la sala de la mansión.
"¿se pondrá bien?", nuevamente su inteligencia haciendo una brillante aparición.
"a cambiarse de ropa", evadió la respuesta.
"¿mamá?", algo intentaba ocultarle.
"dime", respondió con ternura.
"te hice una pregunta", insistió.
"no", se echó a llorar y él, se le prendió de su cintura, esas eran las consecuencias de poder ver el futuro.
"pero...", sus interrogantes aumentaron, "la poción...", intentó sacar conclusiones que se excedían a su conocimiento.
"¿me quieres hacer un favor?", miró hacia abajo para recibir su respuesta afirmativa, "mejor no hablemos más de ese tema", le suplicó.
"secreto guardado", debía seguir contando con su confianza.
"¿duermes a mi lado esta noche?", al obtener su discreción, era mejor irse a la cama.
"me acurrucaré a tu lado y les daré a las tres, muchos cariños", se separó de ellas, le guiñó un ojo, subió las escaleras, sin dejar de mirar hacia atrás.
Intentó mantenerse fuerte, por lo menos hasta que no la viera, la puerta de su habitación se cerró y automáticamente, le dio vía libre al llanto, no era justo, la vida no era justa, se cubrió el rostro para acallar los sollozos, ¿para qué valía la pena tener la magia más poderosa si ni usarla podía?, se maldijo como si de ella dependiera y sí, de cierta manera, se sentía responsable, todo eso se resolvía con mover una mano...
"¿mami, estás llorando?", la tormenta mental en la que se perdió, consumió el tiempo, el asombro de aquella pregunta se lo dejó clarito.
"no, mi prícipe", mintió.
"el tiempo donde me escondías tus lágrimas pasó hace años, merezco la verdad, me lo he ganado", advertencia que casi, la hace caer en la tentación de contarle el motivo de su tristeza, otra señal de sus gemelas, impidió que consumara sus impulsos.
"se me pasará", le dio seguridad.
"entonces, a cambiarse señora alcaldesa, debemos descansar", ambos se fueron a la habitación principal de la mansión, se preparó para dormir, mientras que el adolescente, organizaba la cama, donde al regresar su mamá, cumplió la promesa de darle mimos tanto a ella como a sus hermanitas, pronto los venció el cansancio y se durmieron bien acurrucados hasta que el despertador, les anunció la llegada de una nueva mañana, la última de esa semana, para ser exactos.
"¡si no te apresuras llegaremos tarde!", exclamó desde la puerta de la mansión, casi a punto de salir, regresó a su habitación, se le había olvidado un cuaderno.
"es temprano", después quedarse dormida, a pesar de haber escuchado la alarma del despertador, obligándolo a tener que preparar el desayuno para ambos, ahora lo estaba apurando, ¡qué ironía!
"debo pasar a ver cómo amaneció Roland", tenía ese plan al dejarlo en la escuela.
"¿puedo ir?", cuestionó con vocecita de niño.
"esos ojitos", fue su respuesta y para no perder tiempo caminando, al cerrar la puerta, los envolvió en una nube de humo apareciendo, justo frente a la puerta del departamento de su hijastra, Henry fue quien tocó el timbre.
"¡Gina!", si quería saber cómo estaba el niño, ahí tenía su respuesta.
"¡corazón!", se inclinó a su altura para abrazarlo.
"gracias a ti, estoy mejor", le habló al oído, con haberle regresado el entusiasmo, se daba por satisfecha.
"buenos días, Regina", salió Robin, quitándose el delantal y secándose las manos, "¿desayunaron?", se le ocurrió prepararle algo rico a su hijo, con el susto que le había dado, lo complacería en todo.
"hola, Robin, sí, esta mañana mi pequeño príncipe nos deleitó con un exquisito desayuno", si no hubiera sido por él, ese día, tendría que irse en ayunas para el trabajo, el sueño la traicionó y ni tiempo tuvo para vestirse propiamente.
"¿sabes cocinar, Henry?", cuestionó Roland algo juguetón, le parecía extraño.
"mi mamá me enseñó", orgulloso, explicó, "si quieres, un día también te puede enseñar", recibió una mirada asesina de los ojos de Regina, no era por lo que había dicho, a ella nada le costaba compartir sus conocimientos, el punto era otro y lo sabía, le esperaba una inquisición.
"¿ni un cafecito...?", interrumpió su pregunta poniéndose las manos en la boca, por completo olvidó el embarazo de su amiga.
"gracias, Robin, pero solo pasamos a ver a mi niño", besó sus mejillas, ganándose unas pequeñas carcajadas, "hora de ir a la escuela", era algo tarde.
"vengan otro día", lanzó la invitación.
"no lo olvidaremos", esta vez, fue Henry quien les dio seguridad.
"otro beso, mi pequeño", se despidieron y salieron caminando, teletransportarse arruinaría con sus planes de hacerle una pequeña entrevista a su hijo por el repentino cambio de comportamiento con respecto a su relación con Roland.
"no es necesario que me tortures con tu silencio", solito, sin necesidad de entrar en su mente, decidió comportarse como el hombrecito que era, "perdón", lo primero era disculparse, "mi mal comportamiento no tiene explicación", ella escuchaba, "fui un tonto al sentir celos de un niño tan bueno y tan dulce", confesó, se pasó meses consumido por ese sentimiento tan negativo, "anoche me diste la lección que merecía", presenció la preocupación por él, sin embargo, nunca dejó de darle la atención que merecía como su hijo, "si ayer te quería inmensamente, hoy no puedo ni siquiera, explicar la dimensión de mi amor por ti", le apretó la mano para detener el paso de ambos, "¿me perdonas?", tenía que escuchar un sí de sus labios.
"cuando supe que Gold hizo trampas para traer, justamente a MI vida, al hijo de la única persona que podía romper la maldición, casi te entrego de vuelta, pero tus ojitos me miraron y yo no pude abandonarte, fuiste la primera personita quien confió en mí, quien me dio una segunda oportunidad, quien trajo la luz perdida, quien me mostró un camino diferente a seguir, quien cambió completamente el significado de la palabra amor, quien me hizo feliz, ¿crees que puede existir alguien más que tú capaz de lograr que una reina malvada sonría después de haber sido consumida por la oscuridad?", la mirada de su hijo estaba perdida en la nada, delicadamente, tomó su barbilla para mirar sus ojitos colmados de llanto por haber escuchado ese discurso suyo, "respóndeme", lo urgió.
"perdóname", fue lo único que consigió decir, las lágrimas no se lo permitían, tampoco la profundidad de sus palabras le permitía formular una respuesta coherente.
"mi pequeño príncipe, yo no tengo nada que perdonarte", lo abrazó, no soportaba verlo llorando.
"prometo nunca más ponerme celoso", cada cual tiene su propio lugar en la vida de sus seres queridos y el cariño es diferenete, esta lección no la olvidaría jamás.
"séquese esas lágrimas", se hacía la fuerte, pero estaba a punto de darle permiso a sus ojos para que fueran felices.
"¿nos podemos ir con magia?", a partir de ese día, pasaría la próxima semana con Emma, la magia sería algo que añoraría ya que con ella, no era lo mismo.
"con gusto", los teletransportó hasta una cuadra antes de llegar a la escuela, no se arriesgaría a que la vieran, ese no era su estilo.
"te extrañaré mucho", le dio un millón de besos antes de despedirse frente a la escuela y se alejó corriendo, tirándole un último beso desde la punta de la escalinata de la entrada, ella le correspondió y negó con la cabeza, se sentía victoriosa de haber logrado borrar del corazón de su hijo, esos sentimientos que tan mal le harían, continuó caminando, llevaba un día exactamente, sin ver a David, con tanta algarabía por la enfermedad de Roland, extrañarlo y añorar su presencia quedaron apartados momentáneamente de su mente, por lo que, a propio intento, tomó la ruta que conducía a la comisaría por si de casualidad lo encontraba de camino a la alcaldía.
Pasó la peor noche de su vida lejos de su reina, en tan poco tiempo juntos, sentía que moría si no la tenía a su lado para acariciarla y darle calor en las frías madrugadas, por eso, no pudo pegar un ojo, contó los segundos para el amanecer, y cuando su hija lo relevó de sus obligaciones, condujo a toda velocidad, no para acostarse a descansar, al contrario, pretendía llegar a tiempo para recibir, al menos, un beso de sus labios antes de que saliera de la mansión rumbo a la alcaldía, hasta la llevaba sin importar el cansancio, pero, las alas del corazón se le cayeron al encontrarse con que ni ella ni su nieto, estaban allí, sin ánimos de ningún tipo, se dio un baño para quitarse la mala noche de encima y salió a buscarla, tenía que verla, sí, o sí.
Parecía una bala recién disparada, su rapidez era inverosímil, el único pensamiento de su mente era, encontrar a Regina, abrazarla, acariciarla y besarla apasionadamente, por eso, sus instintos lo guiaron por un camino que ella no acostumbraba transitar, no entendía, sin embargo, continuó sin detenerse, hasta que...
"dichosos los ojos que tienen el privilegio de encontrarse con una mujer así de hermosa tan temprano en la mañana", la vio caminando no tan apresurada, era como si sus planes, fueran los mismos que los suyos, la alcanzó conduciendo lentamente igualando su ritmo, y comenzó a decirle palabras bonitas para llamar su atención, "luce usted radiante con ese vestido", traía uno de sus ajustados vestidos, esos que le dejaban descubiertas sus estilizadas piernas, su mente voló al imaginarse acariciándolas de una punta a la otra, "y esa barriguita tan pequeñita le añade mucha más elegancia aún", seguía sin mirarlo, "¿quién será el afortunado?", su tono seductor, le sumaba el sabor perfecto al juego, "ni hablo de esa forma tan única de caminar, es usted la envidia de todas las mujeres del pueblo, ¿sabía?", silvó alabándola, "¿cuánto daría por un beso de sus labios en este preciso instante?", suspiró enternecido, tenía que captar más su atención, "me caería muerto como un pollito si lograra encender su pasión", elevó el tonito de sus zalamerías, "me enfrentaría al mundo si la recompensa sería una mirada de sus intesos ojos café", le faltaba poco para bajarse de la camioneta y atraparla en sus brazos sin permitirle quedar libre, contuvo sus impulsos, "¡desearía tanto estar en el lugar del dueño de su corazón!", logró arrancale una sonrisa, o al menos, una que la dejó descubierta, le dio ánimos, "si yo fuera él, gritaría a los cuatro vientos que la amo sin importar quedarme sin voz, le bajaría la luna si me la pidiera, y besaría el suelo por donde camina, ¡qué lindo sería!", se mordió el labio inferior para no dejar salir otro suspiro.
"¿qué esperas para bajarte de la camioneta, pastor?", reviró muerta de la risa, ya no pudo contenerse más, cada vez que escuchaba sus lindas palabras, sus piernas le temblaban amenazando con hacerla perder el equilibrio.
"esperaba una orden como esa", seductor, balanceando el cuerpo con ligereza, se acercó a ella, ah, y cómo olvidar la sonrisa en su rostro.
"te tomaste muy en serio el papel de completo desconocido", la miraba de arriba hasta abajo descaradamente, se sentía desnuda en plena calle.
"tenía que encederte como pólvora y por lo que veo, reina mía, tu piel debe arder como una hoguera en plena madrugada", le bastaba una provocación más para tenerla encima devorando sus labios.
"ven a comprobarlo", lo desafió, si creía que daría el primer paso, estaba muy equivocado.
"estamos en plena calle", el muy descarado le hacía una prueba.
"¿alguna idea para resolver ese detallito?", altanera lo miró por encima del hombro.
"te secuestraría para nuestro lugar especial, me pasaría el día entero haciéndote el amor hasta desvanecer tus fuerzas, pero...", acortó la distancia cuidando no lograr un roce con su piel para susurrarle en el oído.
"¿pero qué?", el plan era infaliblemente tentador.
"pero usted tiene un pueblo que dirigir, señora alcaldesa", ¡manera de arruinar la fiesta!
"y usted tiene que rendirle cuentas a la señora alcaldesa", este juego se le escapaba de control.
"¿qué cuentas desea su majestad la alcaldesa que este humilde pastor le rinda?", ¿hasta cuándo?, era su mente caprichosa, descubriéndose ante ella.
"la cuenta de los miles de besos que me debes", los envolvió en una nube mágica, aparecieron en su oficina de la alcaldía, supo sus intenciones de trabajar a su lado ese día, no se negaría.
"se ha equivocado en la cuenta, no son miles, si no, millones los que le debo", la sostuvo por la cintura para besarla fervientemente, probando cada rincón de su exquisita boca, pero no se conformó, la guió hasta el sofá al obtener el primer roce con su piel la que ardía en fuego, "¿puedo?", quería arrancarle el vestido, no fue necesario, un movimiento de su mano, los dejó sin ropa y completamente protegidos de oídos fisgones, así, que, sin perder el tiempo, se dispuso a saldar su deuda, tenía la impresión de que le tomaría algunas horas antes de quedar totalmente satisfecho, "te extrañé", fue su última palabra, antes de rendirse ante la pasión.
Horas más tarde, Regina abrió los ojos, dormían tranquilamente encima del incómodo mueble, había sido una mañana algo cargadita de emociones fuertes, primero Roland agradeciéndole por lo que había hecho, después Henry, y para culminar, la aparición de su Príncipe Encantador en planes de conquistador barato, enamorándola de vuelta, suspiró bajito al recordar lo ocurrido hacía solo minutos, describirlo era una falta de respeto, mejor lo atesoraba en su mente.
"¿ya despierta?", su voz ronca reflejaba su pereza.
"es imposible no despertarme...", levantó las cejas con seducción, era cierto, la había despertado su excitación más vivaz que cuando comenzaron a besarse.
"tengo a la reina dueña de mi corazón acostada en mi regazo, ¿hay algún pecado en eso?", inclinó la cabeza para dejar un besito en la punta de su nariz.
"esta reina tiene que almorzar", se pasó la hora del almuerzo, si su visión no la traicionaba, el reloj de pared indicaba las dos de la tarde.
"hablando de comida...", por ese único motivo, era que la dejaba en libertad.
"ve a Granny, mientras yo me termino de vestir", le dio un beso robándole el aliento, se levantó de encima de su cuerpo, lo vistió con magia, ella lo tortutaría.
"mi amor, mira que te gusta torturarme", la vio de espalda a él, fingiendo estar buscando la ropa, besó su hombro derecho, aún conservaba el calor compartido entre ambos, "¿no podrías hacer aparecer la comida?", cambió para el hombro izquierdo, erizando su piel con sus besos.
"tengo que trabajar", se hizo hacia atrás para pegarse a él, pasó una mano por encima de su cuello, permitiéndole libre acceso, inclinó la cabeza recostándola a su hombro buscando sus labios seductoramente.
Acarició la orilla de sus caderas, continuó, dándole atención a su vientre, siguieron sus pechos, rozándolos por el medio, hasta llegar a su barbilla, la que sostuvo con fuerza para besarla arrebatadoramente, el fuego entre ambos, se incendió de vuelta, descendió por sus espaldas repartiendo besos, llegó a sus piernas en cuestión de segundos, "no tardo", detuvo todo acción, se quedó con las ganas, pero ella también, escuchó su maldiciones al salir por la puerta satisfecho por haberla torturado de la misma manera que amaba hacerlo con él.
Las carcajadas fueron inevitables al quedarse sola, se apresuró para vestirse, ordenar el desastre que ambos habían dejado a su paso y sentarse en su buró, sonreía al pensar en lo que le provocaba, era capaz de enloquecerlo con pequeñitas seducciones, encendió el ordenador, para intentar trabajar, mas fue imposible conseguir la concentración adecuada, de todos modos, logró adelantar algunos documentos antes de su llegada, media hora más tarde.
"ensalada para la reina, hamburguesa para su pastor", entró provocándola, dejó todo lo que hacía y los dos, almorzaron olvidándose del trabajo.
El resto de la tarde, se la pasó observándola concentrada delante del buró, sus lentes despertaban en él, disímiles sensaciones, los amaba, de vez en cuando suspiraba enternecido, llamaba su atención para lanzarle un beso y decirle lo linda que era ante sus ojos, pero, la felicidad, duró muy poquito, a la hora de marcharse, perdió el equilibrio y si no fue porque tenían sus manos tomadas, se cae al suelo.
"mi amor, ¿estás bien?", la cargó y con cuidado, la depositó en el sofá con rapidez y agilidad.
"me sorprendió un mareo de repente", no había forma de que le ocultara lo que sentía.
"te llevo cargada a la camioneta", tan mal se sentía, que no opuso resistencia, se dispuso a cumplir con su palabra, incluso, cuando llegaron a la mansión, no le permitió caminar, también la cargó hasta su habitación, "si quieres cancelo el fin de semana con Neal para mimarte", pensó que con magia inhibía los malestares del embarazo, se equivocó grandemente.
"quiero ver al pequeñín", sabía que de esta crisis no se recuperaría tan pronto, pero no le negaría pasar tiempo con su bebé, sus hijos eran tan importantes como ella.
"lo traigo para hacerte una sopita calentica", la mención de la comida, provocó sus náuseas, corrió hasta el baño a devolver el estómago, "¿y así pretendes que te deje sola?, ni lo pienses, Regina Mills", echó agua en un vaso y se lo alcanzó, debía enjuagarse la boca.
"si no mencionas nada que tenga que ver con la comida, estaré bien hasta que regreses", estaba por pensar que la ensalada no le gustaba a sus gemelas, ¡qué trabajo darían para enseñarles modales alimenticios!
"regresa a la cama, entonces", la ayudó a llegar ahí, "regreso en un suspiro", besó su frente y se marchó, arrancó su camioneta, recogió a su principito y regresó, para encontrarla profundamente dormida, " Neal, parece que la reina está cansada", abrió la puerta lentamente, no quería hacer ruido, asomó la cabeza y la vio, no tardó nada en dejarla, bajó las escaleras y comenzó a jugar con su pequeño en la sala de la mansión, hasta que fue la hora de su lechita, la que preparó sin mucho problema, se la dio y se dispuso a preparar la cena, bueno, su cena, porque al paso que iba Regina, dudaba sobre su apetito.
" ¡precioso!", escuchó sus pasos descender por las escaleras y... ¿estaba descalza?, se asomó para verla mimando al niño en su cargador portátil, y sí, andaba descalza, "¿tienes sueño, pequeñín?", admiraba la ternura con que se dirigía a su hijo, " ven, te cantaré una canción", lo cargó, recostó su cabecita en su hombro para mecerlo al ritmo de una canción de cuna, la que pronto, lo venció, como él conocía su problema para dormirse, lo dejó solito luego de darle su lechita en el biberón, así pasaría menos trabajo, pero, no contó con la aparición de su amor para rescatarlo de esa difícil tarea, "papá, acostaré al bebé", falsamente, se imaginó que no lo vio expiándola.
"¿te preparo algo de cenar?", preguntó ganándose una expresión de completo desagrado.
"¿hay helado en la ladera?", le apetecía comer algo frío, "¿y galleticas dulces?", sin dudas estaba embarazada, para que pidiera comer algo tan fuera de lo acostumbrado en su dieta, tenía que ocurrir ese milagro tan maravilloso.
"y si no hay, las compro para cumplir con tus caprichos", olvidó su trabajo de buen cocinero, caminó varios pasos para besarla, sus ojos se lo suplicaban, "no han nacido y son unas caprichosas", bromeó entre sus labios, "pero aquí está su papi para complacerlas en todo", aseguró.
"más te vale", le dio un besito corto y le viró la espalda, caminando ante él con soltura, estilo y provocación, la garganta se le secó de repente, abrió y cerró varias veces los ojos, la observó hasta el último momento que se perdió en la habitación, entonces regresó a la cocina para terminar su cena.
Minutos más tarde, ambos comían como si el episodio de su mareo no hubiese ocurrido, después, entre los dos, se ayudaron a recoger y cerrar bien la mansión, para darse un baño y acostarse, con el bebé en medio de los dos, solo que las posiciones cambiaron a media madrugada cuando Neal intentó llorar, al parecer extrañando su cunita, el llanto no duró mucho, Regina lo acostó encima de su pecho y ahí fue que se aprovechó para abrazarlos con todo su cariño.
El sábado, a media mañana, reposaban el desayuno en el jardín, darle solecito al bebé era beneficioso para su salud, cuando Regina tuvo que salir corriendo, a enfrentarse con sus náuseas otra vez.
"deberías pasar más tiempo en la cama", sugirió, ayudándola con el cabello, por suerte, había un baño en la primera planta.
"te daré la razón esta vez", por mucho que la noche anterior se hubiera recuperado un poco, no se sentía bien.
"espérame aquí", pretendía llevarla hasta la cama para que no tuviera que enfrentarse con un mareo, dejó al bebé en el cargador portátil, le dio un juguetico y sin perder el tiempo, la cargó hasta la habitación, "¿permitirás que te cuide?", preguntó.
"de ti lo quiero todo, Encantador", se besaron lentamente.
"prepárese, mi reina, porque su príncipe la cuidará desde hoy y por el resto de nuestros días", se despidió con esa advertencia y lo vio partir, suspiró enternecida, cerró los ojos para revivir lindos recuerdos de su pasado y se quedó dormida.
Así pasó el resto del día y al siguiente, no hubo persona humana que la levantara, la pereza se apoderó de todo su ser, solo quería dormir, dormir y dormir, David, tal como se lo prometió, se ocupó de los quehaceres de la casa, atendió a Neal, le dio un trato especial y en la noche, los tres se acurrucaron en la cama, si seguían así, se mal acostumbrarían.
El lunes por la mañana, fue la primera en escuchar la alarma, sorprendentemente, sus baterías estaban cargadas al máximo, se dio un baño, se arregló con la ropa que la amiga de Granny le había hecho solo para ella, se dio un vistazo frente al espejo, bajó las escaleras, preparó el desayuno, lo sirvió y esperó a que los dos príncipes que dormían como par de angelitos, le dieran la bienvenida a una nueva semana.
"¡mi reina, buenos días!", exclamó al verla tan activa, a diferencia del día anterior, hormonas, embarazo.
"el desayuno está servido", se sentaron a la mesa donde Neal fue el centro de atención.
"te veo muy animada", era el tercer mes, lo que le esperaba, pensó.
"tus cuidados tienen magia", resaltó con una sonrisa, el niño mordía vehementemente, un osito de goma.
"porque te amo y nuestro amor es mágico", argumentó.
"ah, porque ahora también eres hechicero", comentó con sarcasmo alzando una ceja.
"no, pero tengo la novia más poderosa de toda la historia de la magia", se rieron al escuchar la palabra novia, ellos eran de todo, menos novios.
"una magia que no puede salvarle la vida a un niño enfermo", si no le contaba a alguien, explotaba.
"¿de qué hablas, mi amor, si tu magia es capaz de hacer milagros?", la alegría se transformó, eso él, no lo permitiría.
"Roland", su enfermedad la atormentaba, más aún el hecho de verse atada de pies y manos.
"¿sigue enfermo?", por Blanca sabía sobre el niño.
"y no es cualquier enfermedad, David, es de las graves", con esa noticia lo dejó descolocado.
"¿lo llevaron al hospital?", era lo lógico.
"Robin se rehusa", debía tener una razón muy fuerte, su amigo no era de malos sentimientos.
"¿tu magia?", cuestionó entre dientes.
"si lo intento sanar, las gemelas sufrirán", había sido parte de la visión, donde el precio que pagaba por hacerlo, era la vida de sus tesoros.
"tremenda encrucijada", era injusto.
"demasiado", ahí no radicaba su mayor preocupación, había más de la visión que le oprimía el corazón.
"¿eso significa...?", la simple idea consumió su juicio.
"has llegado al porqué te digo que de nada sirve tener la magia blanca más poderosa", maldijo no tan ceveramente, porque ese regalo, lo agradecía inmensamente.
"¿y cuándo nazcan las niñas?", quizás había una esperanza.
"por eso hice una poción a ver si puede esperar tanto tiempo", faltaban seis meses y la visión se disipó al saber que para el niño no había salvación, era la primera que tenía, debía aprender a interpretarlas, para eso, debía hablar con el experto, pero en esos momentos, perfeccionar su magia no era la prioridad.
"tu magia es buena, mi amor, verás que lo salvas, solo sé paciente", tomó sus manos para acariciar sus nudillos.
"prometo no desesperarme", haría su mejor esfuerzo.
"esa es mi reina amada", se levantó, la besó, llevó los cubiertos sucios para la cocina, los limpió mientras ella contentaba a Neal, por último, salieron caminado de la mansión, manos tomadas, David cargaba al bebé, Regina se colgó el bolso de maternidad en el hombro izquierdo, parecían una familia tierna y amorosa, más cuando se dedicaban miraditas furtivas iluminando todo a su paso.
"buenos días, para el pequeñito más consentido de Storybrooke", de casualidad, se encontraron con Ruby fuera del local de las reinas, "vengo a ver a mi ahijado", nadie le atribuyó ese título, le gustaba igual.
"cargálo", se lo ofreció, mirando indirectamente a Regina, quien entendió y asintió.
"¿no me olvidaste?, ¡qué alegría!", el pequeño la reconoció de inmediato.
"los niños poseen una memoria prodigiosa", comentó ella para seguir el tema.
"Ruby, tenemos una proposición para ti", lo miró extrañada.
"escucho", ¿de qué podía tratarse?, se activó su curiosidad.
"acepta trabajar en la alcaldía con Regina, serías su secretaria", los ojos se le abrieron de la emoción, aquella vez que preparó la cena en su nombre, se ilusionó con esa misma idea que lanzó David, mas nunca la hicieron oficial, perdió toda esperanza.
"me encantaría trabajar con la reina", por fin sus sueños se le hacían realidad, aceptar esa proposición marcaría el cambio en su vida, el que tanto añoraba, sería la mejor secretaria, de eso no tenía dudas.
