hadramine: paciencia. será cuando tenga que ser.
Nena Taisho: jajaja ya me gustaría tener más tiempo libre para escribir y poder actualizar más rápido, pero hago lo que puedo.
mflorm: paciencia! falta poco
RbBlack: jajajaja yo también estoy ansiosa! Tengo miedo de que después de tanto esperar no escriba ese momento tan especial como se merece. Ojalá consiga hacerlo bien
SamanthaBenitez: falta muy poquito!
NoraCg: tenía que asegurarse de poder estar en el mismo colchón que su querida Hermione jajaja gracias!
Alex: gracias! Ya me contarás si aciertas o no jaja
A no ser que surja algún imprevisto, esta historia va a tener 40 capítulos. ¡Ya va quedando poco!
Gracias a todos los que la están leyendo desde que empecé a publicarla, y también a los que se han ido uniendo por el camino.
Capítulo Treinta y Seis
Lucca
Hermione arrugó la nariz cuando los rayos de sol le dieron en la cara, protestando entre dientes y girando la cabeza para evitar la luz.
Movió una mano, buscando a Draco bajo las sábanas, y jadeó al rozar su brazo.
Estaba frío.
Sus ojos se abrieron de golpe y se incorporó, palideciendo al ver su rostro. Estaba tan blanco como aquella horrible noche y su respiración era demasiado lenta.
Hermione sintió un nudo en la garganta.
—¿Draco? ¿Me oyes? ¡Draco!
Sacudió su hombro, dejando salir un suspiro de alivio al ver que abría los ojos.
Pero algo no estaba bien.
—¿Qué te ocurre? —preguntó, ayudándolo a sentarse.
Él apoyó la espalda en el cabecero y cerró de nuevo los ojos.
—Poción.
—¿Qué?
Draco hizo una mueca de dolor.
—M-mi abrigo —murmuró, señalando el sillón que había junto a la ventana.
Hermione se levantó de un salto y buscó en todos los bolsillos hasta que sus dedos se cerraron alrededor de algo cilíndrico.
Era un frasco lleno de un líquido dorado donde se reflejaba la luz del sol. Volvió junto a Draco y se sentó en el borde del colchón, destapando la poción y ofreciéndosela.
Él se bebió casi la mitad de un solo trago y resopló por la nariz, dejando caer su cabeza en la almohada con los ojos todavía cerrados.
—¿Te sientes mejor? —preguntó Hermione, observándolo con rostro preocupado.
—Dame un minuto.
Los segundos pasaban demasiado lentos mientras esperaba. Poco a poco el color regresó al rostro de Draco y su respiración volvió a la normalidad.
Hermione colocó una mano en su frente.
—Vuelves a estar caliente —suspiró, empujando los mechones húmedos que estaban pegados a su frente hacia atrás. —Me has asustado.
Él pestañeó, enfocando la mirada en su rostro.
—Anoche se me olvidó tomarla —una de las comisuras de sus labios se curvó hacia arriba. —Algo me distrajo.
Aquello no era gracioso. Hermione lo siguió con la mirada mientras él se levantaba y se pasaba una mano por su pelo rubio.
Hermione sujetó el frasco medio lleno entre sus dedos.
—¿Qué es?
—Poción vigorizante.
Hermione jadeó.
¿Tan débil se sentía que necesitaba tomarla para poder moverse?
—¿Cuántas veces necesitas tomarla por día? —preguntó con voz temblorosa.
Draco estaba junto a la mesa, llenando un vaso de agua. Se lo bebió lentamente mientras se secaba el sudor de la frente con un brazo y la miró de reojo al volver a dejarlo en su sitio.
—Cinco.
El corazón de Hermione se encogió.
No era recomendable tomar esa poción más de dos veces al día.
—¿Por qué no me lo habías dicho?
Desvió la mirada hacia las almohadas, pasando la mano por la suave tela mientras cerraba los ojos y cogía aire muy despacio, intentando calmarse.
El recordatorio de que la vida de Draco estaba en peligro había sido como un jarro de agua fría. Tan solo quedaban unas horas para la luna llena, pero tendría que estar pendiente de él.
¿Y si hubiera tardado más en despertarse? ¿Seguiría vivo todavía?
Lo único que recordaba era dormirse rodeada por sus brazos después de la mejor sesión de besos de su vida.
Las manos de Draco habían apretado su cintura, recorrido su espalda y bajado hasta su trasero mientras él la devoraba sin piedad. Y se había detenido cuando Hermione no había sido capaz de contener sus gemidos, murmurando sobre su piel que si no paraban en ese momento él no iba a poder controlarse más.
Hermione volvió a la realidad al ver su figura avanzando hacia ella por el rabillo del ojo.
—No quería preocuparte —Draco se arrodilló frente a ella, sujetando su rostro entre sus manos y mirándola a los ojos. —Estoy bien, Granger.
Ella frunció el ceño, sacudiendo la cabeza y pestañeando para controlar sus lágrimas.
—No lo estás.
—Lo estaré muy pronto —Draco besó su frente y le dedicó una pequeña sonrisa. —Respira hondo. Ahora estoy bien.
Hermione asintió, relajándose al instante al tenerlo tan cerca. Miró hacia la zona del salón, donde un gran desayuno les esperaba en la mesa principal.
—Deberías comer algo.
Él volvió a levantarse, señalando la puerta del baño con el pulgar.
—Primero necesito una ducha.
Hermione sonrió al bajarse del tren. La muralla que rodeaba la pequeña ciudad de Lucca se veía desde la estación.
Entrelazó sus dedos con los de Draco y tiró de él hacia la entrada. Igual que en Florencia, las calles estaban llenas de turistas que no dejaban de hacer fotos a todo aquello que encontraban llamativo.
Una de las torres más altas captó su atención y Hermione la señaló.
—Hay árboles en lo más alto de esa torre.
—Raro, ¿verdad? —contestó Draco, riendo entre dientes.
Ella buscó su mirada.
—¿Podemos subir?
Tras echar un vistazo rápido a su reloj, él asintió. Hicieron cola junto al resto de muggles para subir a la Torre Guinigi y Hermione apoyó sus brazos en la baranda una vez que estuvieron arriba, contemplando las vistas y ruborizándose cuando Draco la rodeó desde detrás, dejando la barbilla sobre su hombro.
Alrededor de la ciudad había varios bosques, y en uno de ellos había vivido Giorgio Malfoy.
—¿Dónde está la casa de tu familia? —susurró ella, girando la cabeza hasta ver su perfil.
Draco sujetó su barbilla con una mano, moviéndola suavemente hacia la izquierda.
—Por allí, escondida de miradas muggles.
El bosque al que él se refería se extendía a lo largo de un valle y era tan grande que no se veía el final.
Cuando volvieron a pasear por la ciudad Draco la llevó hasta la Plaza del Anfiteatro y eligió uno de los restaurantes para comer.
Tras pedir el postre se levantó para ir al baño, ganándose una mirada de odio de Hermione cuando descubrió que antes de volver a la mesa había aprovechado para pagar la cuenta.
Draco prometió que regresarían a Lucca al día siguiente para seguir viendo la ciudad y ambos atravesaron de la muralla, siguiendo un camino de tierra que se alejaba de las últimas casas.
Media hora después Hermione divisó lo que parecía una villa. Tenía una verja de hierro a su alrededor, muy parecida a la que había en la Mansión Malfoy, y al estar más cerca sintió la presencia de magia.
Hechizos muy antiguos para que los muggles no se acercaran.
—Vaya.
Draco sonrió y colocó su mano sobre la puerta, que chasqueó y se abrió ante ellos.
—¿Se supone que esto es pequeño?
La sonrisa burlona de Hermione desapareció de su rostro cuando él bebió otro trago de poción.
Ya era el tercero.
—Solo tiene diez habitaciones —comentó Draco, arqueando una ceja.
—¿Solo? —repitió ella, bufando.
—Mi mansión tiene treinta.
Hermione puso los ojos en blanco y él se rio, agarrando una de sus manos.
—Vamos.
Los jardines estaban muy cuidados, como si allí también hubiera elfos, y se escuchaba el ruido del agua viniendo de la parte trasera.
¿Una cascada?
Las puertas de la casa se abrieron solas en cuanto se acercaron y cruzaron juntos el umbral.
Aquella casa era tan luminosa como la mansión. Hermione sacó las dos maletas de su bolsillo, devolviéndolas a su tamaño normal y dejándolas sobre un sofá de color crema.
—¿Cuánto hace que no venías por aquí?
—Cuatro años —Draco abrió un armario, rozando los objetos que había dentro con la punta de sus dedos. —Todo sigue igual.
Hermione sintió un escalofrío al ver la lámpara de araña que coronaba el techo de la sala. Se parecía demasiado a la que había en aquella habitación de la mansión que ahora estaba sellada.
Draco volvió a su lado, enroscando un brazo alrededor de su cintura.
—¿Quieres que te la enseñe? Hay una bodega enorme en la planta baja.
Ella se mordió el labio inferior.
—Creo que deberíamos visitar el bosque antes del atardecer.
Ninguna criatura mágica reaccionaba bien a la entrada de desconocidos en su territorio tras la puesta de sol. El gesto de Draco se volvió serio y su mirada se perdió en los árboles más lejanos que se veían a través de las ventanas.
—Más tarde, entonces. Tú escogerás nuestra habitación.
—¿Hay una que sea tuya?
Él asintió, bajando los tres escalones de la entrada y caminando hacia un pequeño cobertizo de madera.
—Quiero quedarme en esa.
El corazón de Hermione se saltó un latido al ver su sonrisa. La habitación de Draco en la Mansión Malfoy la hacía sentir segura y sabía que le pasaría lo mismo en la de esa casa.
Su ceño se arrugó al verlo salir del cobertizo con una escoba en la mano.
—No.
Draco levantó las cejas con expresión divertida.
—¿No?
—No me gustan las escobas —murmuró ella entre dientes, cruzándose de brazos.
La risa de Draco hizo que su corazón traidor reaccionara de nuevo.
—Lo sé —pasó una pierna por encima del palo, volando hacia ella y deteniéndose a su lado. —No te dejaré caer, Granger.
Ella suspiró. El bosque estaba demasiado lejos como para ir y volver andando y estaba cansada tras caminar por la ciudad todo el día.
—Está bien —aceptó, resignada.
Se subió delante de él, sujetándose a la escoba con las dos manos y apretando los dientes. Draco deshizo su agarre, ignorando sus protestas, y la rodeó con sus brazos.
—Cierra los ojos.
Hermione obedeció y se concentró en su aroma, relajándose contra su pecho mientras se elevaban en el aire.
Sentir la presencia de Draco era muy reconfortante. La brisa fresca empujó sus rizos hacia atrás y cuando se atrevió a abrir los ojos no pudo evitar sonreír al ver el paisaje.
—No es tan horrible, ¿eh? —murmuró él en su oreja.
Hermione resopló, poniendo los ojos en blanco.
—Cállate.
Draco mantuvo la velocidad constante y descendió lentamente al llegar al pie del bosque, aterrizando suavemente sobre la hierba.
Dejó la escoba apoyada contra el tronco de un árbol y se giró para mirarla.
—Quédate cerca de mí.
Ella asintió y ambos se adentraron entre los árboles. Draco caminaba un paso por delante de ella, ocultándola con su cuerpo.
—Varita preparada, Granger.
—Pero podrían verlo como una amenaza.
Él sacudió la cabeza, cuadrando la mandíbula mientras recorría el interior del bosque con su mirada.
—Sácala y defiéndete si es necesario.
Habían avanzado unos diez metros cuando escucharon movimiento a su alrededor.
Cinco bolas de fuego salieron disparadas hacia ellos a toda velocidad y Draco rugió, transformándose al instante y cubriéndola con sus alas mientras la aplastaba contra su pecho.
Hermione conjuró un escudo protector y palideció al ver que diez Veelas los rodeaban. A diferencia de Draco, aquellas criaturas también tenían plumas en sus hombros y sus rostros terminaban en pico.
Draco siseó con furia.
—Non toccarla!
Las Veelas, que estaban a punto de abalanzarse sobre ellos, se quedaron paralizadas al mirarlo mejor.
—Un Veela? —preguntó la que estaba más cerca, cruzando una mirada llena de confusión con otra.
—Metà Veela —gruñó una de ellas con voz fría, levantando la barbilla y olfateando el aire. —È anche umano.
Hermione jadeó, sorprendida. Sus voces parecían humanas pero tenían un tono gutural que le ponía los pelos de punta.
Draco asintió sin soltarla.
—Sono un discendente di Giorgio.
La Veela pestañeó, frunciendo el ceño.
—¿Giorgio Malfoy?
Tras la confirmación de Draco todas las criaturas se relajaron y sus cuerpos volvieron a la normalidad. Picos y llamas desaparecieron, dejando ver sus rostros tan perfectos que parecían esculpidos en mármol.
Hermione recordaba perfectamente lo que había pasado en el mundial cuando Harry y Ron las vieron por primera vez. Parecían estar bajo un embrujo, aunque ella no notaba nada parecido al mirarlas.
Había tanto machos como hembras y el que estaba hablando parecía ser el líder.
—Sei il primo a venire qui.
Draco también se relajó, pero no se separó ni un centímetro de ella. Sus alas plateadas temblaron cuando Hermione se puso de puntillas, acercando los labios a su oído.
—¿Qué te está diciendo?
La Veela sonrió al escucharla.
—Que Alessia fue la última Malfoy que nos visitó.
Draco arrugó el entrecejo.
—¿Hablas inglés?
Él asintió y dio dos pasos hacia delante, ofreciéndole su mano. Draco apretó los labios y soltó a Hermione, extendiendo sus alas para ocultarla de sus penetrantes miradas.
—Draco Malfoy —estrechó su mano un segundo y volvió a rodear a Hermione de forma protectora, manteniendo su cuerpo entre las Veelas y ella. —Soy el primero de mi familia que nace con la mitad de su sangre Veela.
La Veela entrecerró sus ojos dorados.
—Ella es tu compañera.
Draco asintió. No tenía sentido negarlo.
—No has completado el vínculo aún —añadió la Veela con voz grave y los orificios de su nariz se ensancharon. —Y te queda poca energía.
¿Solamente necesitaba olerlos para descubrir todo eso?
Hermione alzó la mirada y vio a Draco pasándose la lengua por los dientes. Volvía a estar tenso.
Si decidían atacarlos no podría protegerla, y ella dudaba que fuera capaz de salir victoriosa tras enfrentarse a tantas criaturas mágicas a la vez.
Aunque, al contemplar sus rostros, no parecían seguir a la defensiva. Sus expresiones reflejaban curiosidad y algo de desconfianza.
—Pasará muy pronto —admitió Draco en voz baja.
La Veela asintió y miró a su alrededor. Todas las demás bajaron la mirada en gesto de respeto.
—Las compañeras de una Veela, sean de la especie que sean, son intocables. Es nuestra ley más sagrada —anunció, volviendo a mirar a Draco y sonriendo. —Nadie le hará daño.
Draco dejó salir un largo suspiro y plegó las alas en su espalda. Trastabilló al dar un paso atrás y Hermione sujetó sus hombros para evitar que cayera al suelo.
Él siseó una maldición entre dientes y sacó el frasco de su bolsillo, bebiendo otro sorbo. La transformación lo había dejado sin fuerzas.
Las Veelas dieron media vuelta, perdiéndose entre los árboles. El líder extendió un brazo hacia el corazón del bosque.
—Seguidnos.
Las Veelas los llevaron hasta una zona donde los árboles eran más altos. Entre sus ramas habían construido cabañas de madera, que estaban muy bien camufladas.
Hermione se quedó sin aliento al ver la puesta de sol tras las montañas. Aquel santuario era increíble.
Draco tenía los brazos cruzados y había vuelto a su forma humana.
—Tengo preguntas.
El líder sonrió, mostrando sus colmillos.
—Y has venido buscando respuestas —se giró y empezó a alejarse sin esperarlo. —Ven conmigo. No hablamos sobre nuestros secretos delante de humanos.
Draco titubeó, mirando de reojo a Hermione.
—Ella estará bien —añadió él, mirando sobre su hombro.
Draco suspiró, cuadrando los hombros.
—Quédate aquí —apretó suavemente su mano y siguió los pasos del líder, que se dirigía hacia uno de los árboles más grandes. —Volveré pronto.
Hermione miró a su alrededor con nerviosismo. Quince pares de ojos dorados estaban posandos en ella, observándola con interés.
Los otros machos se habían alejado, manteniendo la distancia, pero las hembras no temían acercarse a ella. Una atrapó uno de sus rizos, oliendo su pelo y sonriendo mientras decía algo que no pudo entender.
Hermione resopló y sacó su varita, lanzando un hechizo traductor sobre sí misma.
La risa de las Veelas la tranquilizó. A pesar de tener una varita no la veían como una amenaza.
Cuando preguntó por qué, ellas le explicaron que la compañera de una Veela jamás querría atacar a otra Veela. Era algo impensable y por eso confiaban en ella.
Hermione iba a hacer otra pregunta cuando hasta ella llegó la voz de Draco.
—¿Alguien más ha encontrado su compañera en el mundo humano?
Las palabras murieron en la punta de su lengua y giró la cabeza hacia donde él estaba, viendo cómo el líder sacudía la cabeza. Hermione apretó los dientes y lanzó otro hechizo no verbal hacia ellos, ampliando el sonido de sus voces.
—Giorgio ha sido el único —la Veela juntó las manos sobre su regazo, curvando sus largas uñas. —Era el hermano de mi abuelo.
Draco ladeó la cabeza, confundido.
—Las Veelas vivimos más que los humanos —añadió el líder con una sonrisa felina.
—Lo suponía —respondió Draco, carraspeando.
Hermione apartó la mirada cuando él la miró, fingiendo estar pendiente de las otras Veelas.
—¿Qué es lo que quieres saber?
—Giorgio escribió un diario y hay varias cosas que no entiendo bien.
—Siéntate, Draco Malfoy —el líder señaló las raíces del árbol y Draco se sentó, cruzando los tobillos.
—¿Cómo te llamas?
—Enzo —la Veela estiró un brazo, pasando los dedos por su larga melena plateada. —Habla.
Draco apoyó la espalda en el tronco del árbol.
—Mis poderes son increíbles —murmuró, levantando una mano de la que surgieron llamas que lamían su piel. En la otra tenía el diario plateado. —Y aquí dice que se incrementarán al completar el vínculo.
Enzo asintió.
—También los de tu compañera —dijo, moviendo la barbilla en dirección a Hermione.
Ella estaba oculta tras un árbol, ignorando lo que las Veelas le decían mientras intentaba escuchar la conversación y asomándose de vez en cuando para mirar.
—¿Cómo? —preguntó Draco en voz baja.
Enzo soltó una risita musical que retumbó por el valle.
—Ya lo verás.
El rostro de Draco se oscureció mientras hacía la siguiente pregunta.
—Según Giorgio, las Veelas estamos destinadas a conocerlas desde que nacemos —Hermione lo vio apretar los puños con fuerza. —¿Por qué no me di cuenta de que era ella cuando la vi?
—Tuviste que sentir una conexión la primera vez, algo que te empujaba hacia ella.
Draco arrugó la nariz.
—Pensé que era odio.
Su respuesta sorprendió al líder, que abrió mucho los ojos.
—¿La odiabas?
—Ella era peligrosa para el mundo mágico —Draco resopló mientras sacudía la cabeza. —O eso me hicieron creer.
—Entiendo —Enzo suspiró y sus alas blancas se agitaron. —Tus prejuicios no te dejaron ver con claridad.
Draco confirmó sus palabras con un movimiento de cabeza. La Veela giró la cabeza hacia donde estaba Hermione.
—¿Quién es mayor?
Draco movió la barbilla hacia ella.
—Entonces vuestro vínculo nació el mismo día que tú lo hiciste —dijo Enzo, frotándose la mejilla con los dedos. —Las almas gemelas están unidas desde el nacimiento.
—Tenemos muchas cosas en común y no puedo imaginar mi vida sin ella —la respuesta de Draco hizo que el corazón de Hermione revoloteara de felicidad. —¿Qué significa que sea mi alma gemela?
La misma pregunta que habría hecho ella.
—Tu compañera fue hecha para ti, y tú para ella —explico Enzo con gesto serio. —Os conocéis de una vida anterior, una vida en la que os amasteis tanto que vuestras almas han decidido unirse de nuevo.
Hermione contuvo la respiración.
¿Qué acababa de escuchar?
—¿Una vida anterior? —repitió Draco, que también parecía muy sorprendido.
—Debes cuidar de ella, Draco Malfoy —añadió Enzo, palmeando su hombro antes de ponerse de pie. —Si alguien le hace daño, ambos sufrireis las consecuencias.
Draco también se levantó, metiendo las manos en sus bolsillos.
—No sé cómo decírselo.
—Mírala a los ojos y dile la verdad.
Él puso los ojos en blanco.
—Para vosotras es muy fácil —protestó entre dientes, resoplando con fastidio. —Pero ella no...
La conversación se cortó de golpe y Hermione cerró los ojos, maldiciendo internamente. Draco había sentido su malestar.
Dos segundos más tarde lo tenía frente a ella.
—¿Granger? —sujetó una de sus manos, apartando los rizos de su rostro. —Granger, ¿Qué te pasa?
Hermione abrió los ojos y lo miró fijamente. Draco se estremeció.
—Lo has oído.
Una oleada de rabia calentó sus venas al ver su reacción.
¿Es que acaso no pensaba contárselo?
—¿Almas gemelas? —susurró Hermione con los puños apretados.
Draco suspiró, girándose hacia las Veelas.
—Gracias por todo, Enzo —inclinó la cabeza hacia el líder y caminó hacia el pequeño sendero que recorría el bosque sin soltar la mano de Hermione. —Granger y yo nos marchamos.
Ella se mordió el interior de la mejilla y lo siguió. Lo mejor era no discutir delante de aquellas criaturas tan sensibles.
—Ambos siempre sereis bienvenidos en este bosque —anunció Enzo antes de que se alejaran demasiado. —No lo olvides.
Draco asintió.
—No lo haré —agarró con más fuerza su mano y la miró de reojo. —Vamos, Granger.
Tardaron quince minutos en llegar hasta el árbol donde él había dejado la escoba. Draco se subió en ella y Hermione hizo lo mismo, evitando su mirada.
—¿No vas a hablarme?
Sus brazos volvieron a rodearla, envolviéndola en su calidez, y Draco pateó el suelo. La escoba se elevó en el aire, deteniéndose cuando estuvo por encima de los árboles.
Hermione sintió un nudo en el estómago al ver que el sol ya estaba casi escondido tras las montañas. Les quedaba poco tiempo.
—¿Cuándo pensabas contármelo?
—Más tarde, cuando fuera capaz de entenderlo —el aliento de Draco rozó su mejilla cuando suspiró. —Todo esto es muy confuso.
—¿Nos conocimos en otra vida?
—Eso parece.
Los dos permanecieron en silencio mientras sobrevolaban los árboles que había alrededor de la casa. La mano derecha de Draco soltó el palo de la escoba y Hermione iba a protestar cuando agarró una de las suyas.
—Tiene sentido, ¿no crees? —Draco entrelazó sus dedos y ella suspiró, dejando caer la cabeza sobre su hombro. —Esto resulta fácil, como si ya lo hubiera hecho antes.
Tenía razón. En muy poco tiempo, estar con él se había vuelto muy sencillo.
—Por eso nos gustan las mismas cosas —murmuró Hermione, levantando la barbilla hasta ver la curva de su mandíbula. —Porque somos almas gemelas.
Draco asintió.
—Aunque en algunas cosas somos muy diferentes —Hermione detectó una nota burlona en su voz. —Tu compañero tiene alas y a ti no te gusta volar.
Ella hizo una mueca, acomodándose mejor contra su pecho.
—Contigo no me importa, pero no confío en las escobas.
—Ellas tampoco confían en ti, Granger. Ese es el problema.
Hermione pellizcó su muslo con su mano libre y sonrió al escuchar la risa suave de Draco. Las conversación con Enzo no dejaba de repetirse en su mente y decidió preguntar lo único que no había entendido.
—Draco... ¿qué ha querido decir con eso de las consecuencias?
—Mi vida va a estar ligada a la tuya —los brazos de Draco se tensaron a su alrededor y la escoba empezó a perder altura. —Podrían atacarte para intentar hacerme daño a mí.
Aquello confirmó sus peores temores. Hermione tembló y él besó su mejilla, susurrando palabras tranquilizadoras mientras aterrizaban junto al cobertizo.
Esperó a que ella se bajara primero y ella lo observó mientras guardaba la escoba.
—¿Y si te hacen daño a ti?
—Tú eres completamente humana —él se encogió de hombros, colocando una mano en la parte baja de su espalda y empujándola para que caminara a su lado. —No sentirás nada.
Hermione palideció.
Su vida no estaría en peligro pero la de Draco sí. Y por partida doble.
—Lo que he dicho no es del todo cierto —añadió Draco en un susurro, sacudiendo la cabeza. —Lo sentirás todo, aunque no morirás.
Ella pestañeó, confundida.
—¿Qué quieres decir?
—Sabrás lo que siento en cada momento —él colocó sus manos unidas sobre su pecho, justo encima de donde latía su corazón. —Igual que yo.
Hermione frunció el ceño. Eso era lo que menos le gustaba de su vínculo con Draco.
—Menuda invasión de privacidad.
No pudo contener la sonrisa que se extendió por su rostro cuando Draco soltó una carcajada. Él la estrechó entre sus brazos, inclinando la cabeza para besarla.
—No habrá secretos entre nosotros, Granger —susurró sobre sus labios.
—¿Ninguno?
—Ninguno. De hecho... —Draco dio un paso atrás y abrió su chaqueta, sacando algo plateado del bolsillo interior. —Esto es tuyo. Puedes leerlo durante la cena.
Hermione se quedó con la boca abierta cuando tuvo el diario de Giorgio Malfoy en sus manos. Acarició la portada con los dedos, mirándolo de nuevo a los ojos.
—¿Hay algo más que deba saber? —preguntó, aclarándose la garganta cuando su voz tembló. —¿Algo importante?
Ante la negativa de Draco, dejó el antiguo diario encima de una mesa de cristal y volvió a su lado.
—Entonces lo leeré mañana.
Draco le dedicó una gran sonrisa y una sensación cálida se extendió por su pecho. Confiaba plenamente en él.
—Esta noche cocino yo, Granger —dijo, abriendo una puerta de madera y dejando que ella pasara primero. —Veamos lo que puedo hacer con lo que los elfos han traído desde Inglaterra.
Traducción del italiano
Non toccarla!: ¡No la toquéis!
Un Veela?: ¿Una Veela?
Metà Veela. È anche umano: Mitad Veela. También es humano.
Sono un discendente di Giorgio: Soy un descendiente de Giorgio.
Sei il primo a venire qui: Eres el primero que viene aquí.
