Capítulo 16: Ruptura
***Ninako***
-¿Por qué pude recordar todo?- aún me mantenía pegada a él, tenía miedo de que al soltarlo, todos los recuerdos se esfumaran y tampoco pudiera verlo
-Porque volviste a sentir algo- al escuchar sus palabras la única persona que se encontraba en mi mente fue Ren, Sami pareció darse cuenta de eso, porque me dio unas palmaditas en la cabeza. -Me alegra que hayas vuelto a ser la misma, fue muy doloroso para mí verte sufrir estos años, parecía que Daiki iba a hacerte cambiar de idea, pero aun así no pudo hacerte sentir grandes cosas.
-Yo...yo quiero mucho a Daiki- dije mientras trataba de mantener la mirada fija hacia abajo
-Sí, pero no lo amas- fuertes palabras que me causaron un escalofrió. -No te sientas mal, en ocasiones no puedes cambiar tus sentimientos- Sami continuaba acariciando mi cabeza, en un intento de calmarme
-Lo sé, lo sé- volví a abrazarlo. Jamás había tenido la oportunidad de sentirlo de esta manera tan física, y por lo mismo una pregunta cruzó mi mente. -¿Cómo puedo tocarte?- me separé de él y vi una sonrisa en su cara
-Bueno, han pasado muchas cosas en estos años- yo solo asentí para no interrumpirlo. -Pues bien, no creo que sepas que Sayuri y tú comparten un vínculo espiritual demasiado fuerte- al ver mi cara de desconcierto continuó. -Esa cortada, me supongo que ahora te imaginas por qué la tienes tú- instintivamente me toqué el pequeño rasguño que todavía quedaba, ahora casi imperceptible ante los ojos de las personas
-¿Por Sayu?- Sami asintió -¿Pero eso qué tiene que ver conmigo?- me quedé pensando un momento -Espera... esto se supone que le sucedió a Sayu, y como le pasó a ella... ¿Me pasó a mí?
-Exacto, solo cuando sus cuerpos están en peligro o cuando inconscientemente piden ayuda.
-¿Pedir ayuda?
-En otros tiempos, no hubieras podido soportar mi presencia física, en cambio, ahora tienes energía de dónde tomar para poder hacerlo- sentí un ligero salto de preocupación en mi pecho
-¿Sayu está bien?- por instinto estuve a punto de salirme del apartamento pero Sami me detuvo del brazo
-Está bien, pero digamos que acaba de quedar fuera de combate, y será mejor que tú también te acuestes antes de que caigas aquí mismo- cuando terminó de hablar sentí temblar mis piernas
-¿Pero está bien verdad?- empecé a sentir mareos, los mismos mareos que sentía hace años
-Sí, aunque a su novio no creo que le haga mucha gracia que en pleno acto cayera dormida- Sami intento ahogar una risa
-Tendré que disculparme con ella, aunque Ando se lo merece- sentía que poco a poco iba ganando la debilidad y cuando estaba a punto de dejarme caer, sentí los brazos de Sami que me sostenían y ayudaban a ir a mi habitación. Muy apenas recuerdo el acostarme y arroparme, aunque sí recuerdo el beso que me dio Sami en la frente
-Descansa- fue lo último que escuché antes de caer en un sueño profundo y cálido
Cuando me desperté, por un pequeño momento creí que todo lo que había pasado el día anterior era solo un sueño. Me senté un momento en la cama viendo para todos lados mientras todo lo que había pasado estaba en mi cabeza. Había huido de la fiesta de bienvenida por lo que me había enterado de Daiki, por las mentiras. Llegué al departamento de Sayu tratando de encontrar una salida de todo esto, pero en vez de tranquilizarme, solo me había peleado con Sayu. Aunque todo se había solucionado demasiado rápido, gracias a Dios. Cuando estaba tratando de pensar, había aparecido Ren, buscándome, y después de hablar con él, mi corazón y mi mente de nuevo volvieron a funcionar. Y, por último, había aparecido ese ser tan especial que tenía hace años. Al recordar eso último, sentí mi cuerpo tensarse y volteé instintivamente a todo mi cuarto, buscando a Sami en cualquier rincón.
-¿Sami?- solo podía desear con todas mis fuerzas que me contestara, eso sería la prueba suficiente para que mi mente aceptara por completo todo lo que había pasado. Empecé a entrar en pánico cuando no hubo contestación, pero en el momento en el que perdía toda esperanza, su voz se hizo sonar.
-Sigo aquí- Logré escuchar en mi cabeza, solté un suspiro de alivio
-¿Por qué no puedo verte?
-No tienes suficiente energía para soportarme en mi estado físico, ni siquiera el semi-fisico podrías soportar en este momento.
-¿Sayu se encuentra bien?- me había parado de la cama y me di cuenta de que me había dormido con la ropa que tenía en la fiesta, me fui desvistiendo mientras esperaba la contestación de Sami
-Ella está bien, no supo qué le pasó...- soltó una pequeña risa -Pobre, piensa que sí termino lo que había empezado, se sentirá muy mal cuando se dé cuenta de que no fue así.
-Tendré que explicarle las cosas- había tomado un cambio de ropa, y me metí al baño -¿Ella podrá verte?
-Sí, pero te sugeriría que esperaras unos días, será un impacto muy fuerte y probablemente tome más energía de la debida. Necesito que las dos se encuentren bien.
No hice ninguna otra pregunta y me dediqué a bañarme. Cuando salí de bañarme me hice algo de desayunar y me senté a ver un poco de tele. Me sentía demasiado tranquila, como hace mucho tiempo no lo sentía. Instintivamente tomé mi celular para ver un poco las redes sociales, pero me congelé al instante cuando vi un mensaje de Daiki.
"Ninako, necesito hablar contigo. Déjame explicarte todo, por favor"
Toda la tranquilidad que sentía se esfumó al instante, hasta dejé la comida a un lado. Era cierto que tenía que hablar con Daiki, darle la oportunidad de explicarse, y al mismo tiempo decirle la decisión a la que había llegado. Me quedé cinco minutos viendo a la nada, pensando en lo mejor que podría hacer. Así que decidí contestar su mensaje.
"Hoy es mi día libre, ¿podremos vernos hoy?" dudé un instante en mandarlo, pero al final solo le di a enviar. La contestación de Daiki no se hizo esperar
"En 10 minutos estoy en tu casa." Sentí un escalofrió pasar por mi cuerpo y también cómo los nervios comenzaban a subir. No tenía la menor idea de cómo iba a decirle las cosas.
Recogí un poco el departamento, con la finalidad de distraerme durante el tiempo que tardara Daiki en llegar. No quería pensar en nada hasta que llegara. Cuando tocó la puerta, casi pego un brinco al sorprenderme, tomé un poco de aire y me dirigí a abrirle. Cuando abrí la puerta, pude ver a Daiki totalmente derrotado y preocupado. Él que normalmente se viste formal, aunque no sea día de trabajo, se encontraba con un pants y una camiseta deportiva. Por el tiempo que tengo de conocerlo puedo asegurar que es con la ropa que acostumbraba dormirse. Al ver que no decía nada me hice a un lado.
-Pasa- Daiki dudó un instante, me observaba con cierto dolor. Cuando pasó al lado mío, se detuvo un pequeño instante para depositar un ligero beso en la comisura de mis labios. Di un paso atrás y Daiki solo se quedó viéndome fijamente
-Ninako, yo...
-Es mejor que nos sentemos para poder platicar- sin voltear a ver su rostro me dirigí a la sala, pero Daiki me sujetó del brazo hasta hacerme voltear y verlo directamente a los ojos
-Sé que debí de contarte lo de la herencia antes- sus ojos ya no tenían aquella dulzura característica de él. -Lo que siento por ti es demasiado grande, y tenía mucho miedo de que, al decirte las cosas, pensaras mal- sus manos habían pasado por mi cintura hasta que me pegó lo más que pudo a su cuerpo -Pero yo no hacia las cosas por la herencia, yo en realidad quería estar contigo, Ninako.
-Daiki- puse mis manos en su pecho e intenté zafarme de su abrazo, pero él me mantenía con mucha fuerza pegada a él -Por favor, suéltame.
-No, necesito que me mires a los ojos y te des cuenta de que todo lo que digo es verdad- tomó un poco de aire y no dejó de verme ni un segundo a los ojos mientras me hablaba. -Te amo, Ninako- escuchar esas palabras hicieron que mi corazón se estrujara, y no porque sintiera lo mismo por él, sino por el hecho de ver todo lo que estaba sufriendo. Por mi culpa. Dirigió sus labios a los míos, cuando estaba a punto de tocarlos, yo hice mi cara a un lado
-Esto no está bien, Daiki- sentía que mi voz en cualquier momento iba a romperse -Suéltame por favor- yo tampoco dejé de verlo a los ojos
-Perdóname por defraudar toda la confianza que tenías en mí- traté de liberarme una vez más y ahora sentí el agarre de Daiki soltarse -Jamás me imaginé que me dolería tanto ver tu rostro sufrir como anoche- sus brazos habían caído al lado de su cuerpo como una forma de rendición
-Es cierto que me dolió mucho el que no me hayas dicho algo tan importante como eso. Yo hubiera podido entenderlo, eres alguien muy importante para mí- trataba de mantener mi distancia, ver como se iba comportando, lo que menos quería era hacerle más daño -Cuando Ren...
-Ese imbécil- soltó Daiki con mucha ira en su voz -Le dije que se mantuviera lejos de ti en el hospital, debió de hacer caso y marcharse...
-¿En el hospital?- Daiki se detuvo en seco, como si apenas se hubiera dado cuenta de lo que dijo. -¿Tú... sabías que Ren había sido el que me ayudó cuando me drogaron?- al ver que no respondió Daiki continúe -¿Por qué no me dijiste nada?
-No tenía por qué decirte- ahora era él quien no podía verme a la cara
-¿No tenías...? Daiki, al menos me hubiera servido para estar al tanto de que se encontraba tan cerca de mí.
-¿Y que corrieras tras de él justo como lo haces ahora?- sus ojos por fin se dirigieron a los míos y solo me miraba con rencor
-Yo no estoy corriendo detrás de él.
-No nos engañemos Ninako, no pasaron ni cinco minutos en la fiesta cuando tus labios ya estaban en los de Ren- había levantado la voz más de lo normal -Y al contrario de mí, no vi que te quitaras aun cuando sabias que iba a besarte. Solo unas palabras bonitas y ya estás de nuevo a sus pies.
-Eso no es cierto- sentí mis ojos llenos de lágrimas, pero antes de que salieran pase el dorso de mi mano para limpiármelas -Te equivocas.
-¿Me equivoco?- Daiki volvió a cerrar la distancia que había entre los dos, trate de huir pero me encontraba atrapada entre la barra de la cocina y su cuerpo. -Entonces explícame, ¿qué hacia él en tu departamento?- yo me quedé muda, no sabía qué contestar, y cada vez me sentía peor
-Yo...- traté de ver hacia otro lado, pero Daiki tomó mi cara y me obligó a mirarlo
-¿Tú qué?- su tono de voz no había cambiado en absoluto
-Yo... Estoy muy confundida- sentía mi voz temblar, y antes de continuar, unas lágrimas salieron sin poderlas detener -No quiero hacerte daño, ni hacérmelo a mí misma- los ojos de Daiki no dejaban de observar cada uno de mis movimientos
-¿Qué quieres decir con eso?
-Yo...creo...que lo mejor- tuve que tragar saliva para poder continuar -Que lo mejor es terminar con lo nuestro- Daiki abrió más los ojos sorprendido
-¿Así de simple?- sentí que dejaba caer más su peso. -¿Aparece el mismo imbécil que solo te quería por tu dinero y lo aceptas como si nada hubiera pasado?
-Daiki...- mis lágrimas seguían saliendo. Daiki recargó su cabeza en mi hombro
-Jamás pensé que fueras tan... fácil- sentí que mi cuerpo entero se estremeció ante su comentario. Dio un pequeño suspiro y se separó de mí. -Soy un idiota por haber pensado que podíamos volver a cómo era antes. Una mujer como tú, no vale la pena- ya ni siquiera me veía a los ojos
-Quiero que te largues de mi casa- las lágrimas no dejaban de salir, pero no quería terminar de derrumbarme frente a él. -No voy a permitir que me trates de esta manera. Yo solo quería arreglar las cosas, terminar bien, pero si te vas a comportar como un imbécil es mejor que te vayas.
-Claro, tú no querías arreglar nada, solo te querías asegurar de que ya no hay nada para poder ir a los brazos del otro bastardo.
-Eso no es cierto- los dos en estos momentos estábamos levantando mucho la voz. -No tienes ni la menor idea de todo lo que me duele romper contigo, no quiero hacerte más daño Daiki. Es verdad que nuestras experiencias amorosas nos llevaron a intentar algo, pero todo este tiempo solo nos estuvimos mintiendo el uno al otro. Nos refugiamos entre nosotros.
-No quieras convencerme de esto- al decir esto me sujetó fuertemente del brazo, por un momento pensé que me lo fracturaría, sentí claramente el dolor directo en mi hueso y solté una mueca de dolor
-¿Si aparece ella, no dudarías?- Daiki contuvo un momento la respiración y agitó la cabeza
-No- al decir esto por fin soltó el agarre de mi brazo y yo instintivamente pasé mi mano para tratar de apaciguar el dolor que había dejado
-Vamos, sé sincero, estoy segura de que dudarías. Todavía no la olvidas ¿cierto?- traté de ir bajando mi voz, lo que más quería era que nos relajáramos, y por un momento pensé que podía ser posible, pero eso esfumó rápidamente
-¡No!- se dirigió rápido a la puerta y cuando la abrió volteó a verme y me apuntó con un dedo. -Yo sí estoy seguro de lo que siento por ti, y jamás te hubiera cambiado por mi ex, no soy tan idiota como tú. Disfruta lo poco que puedas, Ninako y si te hace sufrir de nuevo, te lo tienes bien merecido. Jamás en tu vida vuelvas a buscarme, mujeres como tú hay en cada esquina- fue lo último que dijo antes de dar un portazo
Pasaron unos minutos cuando sentí que toda la adrenalina de la discusión había bajado por completo y los sollozos comenzaron a atravesar mi garganta. Me sentía demasiado mal por cómo habían terminado las cosas. Daiki era alguien importante en mi vida, tan importante como lo era Sayu y saber que de alguna manera lo había perdido, me hacía sentir miserable. Aun cuando las razones de Daiki no eran las correctas, cada una de sus palabras de odio hacia mí habían quedado grabadas en mi cabeza. Yo aún me sentía confundida por todo lo que sentía por Ren, podía ser que lo que dijo Daiki sea verdad, tal vez Ren solo buscaba jugar conmigo como la última vez y yo le estaba dando la entrada.
Me hundí tanto en mi oscuridad, que no me sentía bien para ir a trabajar. Solo me la pasé llorando, tratando de sacar todo lo que pudiera, cuando me di cuenta, habían pasado dos días. Sayu había tratado de verme, pero siempre se le presentaba algo y yo la tranquilizaba diciéndole que pronto se me pasaría. Pero la verdad, no sabía cómo salir de esto, cada vez las palabras de Daiki se hacían más fuertes en mi mente. Cuando estaba en el tercer día acostada en mi sillón, ya que si iba a mi recamara, solo podría pensar en Daiki pidiéndome matrimonio y siendo tan gentil conmigo. Quería mandarle un mensaje o llamarle, pero me detenía cuando pensaba en el daño que le podía hacer si le llamaba. No quería verme ni en un espejo porque sabía con exactitud que iba a encontrar un rostro muy diferente al mío. Alguien tocó la puerta, estuve a punto de no abrir cuando escuché la voz de Sayu.
-Ninako, ¿cuánto tiempo piensas...?- se quedó a mitad de la frase al ver mi estado tan miserable
-Hola, Sayu- mi voz apenas era un susurro, al estar llorando por tanto tiempo mi voz siempre se iba. Sayu me vio de la cabeza a los pies, traía una manta cubriéndome totalmente. Mi estado era entéramente patético
-Niko, no puedes seguir así- cerró la puerta y me llevó hasta la sala
-Lo siento por todo el mugrero que hay- le dije mientras trataba de despejar un poco el lugar de todos los pañuelos que tenía regados, ni siquiera me había importado en recogerlos y dejé que se acumularan
-Esto no está bien- dijo Sayu mientras se dirigía a una de las ventanas y recorría la cortina para que la luz del día entrara. -Tienes que salir de aquí- eso definitivamente era una orden, y lo sabía a la perfección, porque no era la primera vez que Sayu tenía que sacarme de mi depresión
-Y lo hare, Sayu- me recosté de nuevo en el sillón tapándome hasta la cabeza para que la luz no me molestara -Solo déjame el día de hoy aquí.
-No, en este mismo instante te cambias y te pones algo para correr, saldremos al parque.
-No soy un perrito que necesites sacar a pasear para que se sienta mejor- yo no me destapé ni un momento
-Pues pareciera que sí lo eres- sentí su voz cerca y luego cómo la cobija era arrastrada hasta que abandonó por completo mi cuerpo. Por instinto cubrí mi rostro con mis manos.
-¡Sayu!- solo me di la vuelta y hundí mi cara en el sillón -No quiero salir hoy.
-No te estoy pidiendo tu opinión, vas a ir a cambiarte o abro todas las cortinas y prendo todos y cada uno de los focos de tu departamento- sentí a Sayu alejarse de mí y escuché cómo corría la otra mitad de la cortina, sabía que no estaba jugando
-Está bien, está bien. Tú ganas- me levanté de mala gana y fui a cambiarme. Me puse unos leggins un top y un suéter. También me lavé la cara y recogí mi pelo, si bien no estaba muy contenta por salir, tampoco quería verme tan muerta. Cuando volví a la sala, Sayu había recogido todos los pañuelos y trataba de ordenar un poco los sillones. -Lista- le dije mientras pasaba a su lado
-Perfecto- me observó de arriba abajo -Al menos ya parece que estás viva.
-Sayu- ella volteó a verme mientras dejaba la bolsa de basura en el bote de la cocina -¿Has hablado con Daiki?
-He tratado de evitarlo, aunque no ha sido nada difícil. Parece que ninguno de los dos quiere ver al otro- al fin pude observar a Sayu, ella también traía ropa para correr. -La verdad, está bien, no quiero romperle la cara a mitad del hospital- se estaba acomodando el suéter y yo traté de hacer lo mismo, pero un dolor sordo en mi brazo hizo que lanzara un quejido de dolor y Sayu también. -¿Eras tú?- dijo Sayu mientras se acercaba a mi brazo
-¿De qué hablas?- quité mi brazo antes de que Sayu llegara a tocarlo y lo agité hacia los lados, como si estuviera haciendo un estiramiento. -Hace días que no me muevo y me duele todo el cuerpo- lo menos que quería era que Sayu viera el enorme moretón que tenía en mi brazo por el agarre de Daiki, si se enteraba de eso estoy segura que iría a buscarle pelea.
-Ah, es eso- Sayu se quedó un momento observándome. -Es que hace días que me duele el brazo y creí que tú...- al ver que no contesté continuó -Olvídalo, no es nada, ¿lista?
-Claro, no me dejas de otra- le dije casi como reproche. Cuando estábamos a punto de salir, el celular de Sayu sonó. La conversación no duro casi nada.
-Está bien, ya voy- fue lo único que Sayu dijo y colgó. Lanzó un suspiro de cansancio -Tengo que volver al trabajo- dijo mientras guardaba el celular -No vuelvas a como estabas- me lo dijo con el tono de una orden y estaba implícito el "o si no"
-No te preocupes- traté de sonreír, pero no creo que haya funcionado, porque Sayu volvió a suspirar
-Solo quiero que sepas que no es tu culpa que las cosas terminaran de esta manera. Mi hermano es un idiota, y lo que dijo fue en un momento de enojo, él no piensa eso de ti y sé que en algún momento comprenderá que hizo mal- se acercó a mí para limpiarme una lagrima que se había escapado por mi mejilla. -Te quiero mucho, no faltes más al trabajo, sé que tienes todo el dinero del mundo, pero eso no está bien y ya lo habíamos hablado.
-Lo sé, Sayu. Siento mucho que tengas que venir a sacarme- la abracé y nuevas lagrimas salieron -Eres una gran amiga.
-Es lo menos que puedo hacer, no voy a permitir que mi amiga se hunda sola y mucho menos por palabras sin sentido. Cuídate, volveré más tarde o mañana temprano.
-Está bien- le dije limpiándome las lágrimas
-Por cierto, este fin de semana iré a una villa con Ando- volteó hacia otro lado, pero pude darme cuenta de que estaba ruborizada -Solo quería decirte.
-¡Eso está perfecto!- le dije mientras la acompañaba a la puerta -¿Tienes todo preparado?
-Aún no, pero tampoco es tan importante.
-¿Me lo dices a mí o te lo dices a ti misma?- Sayu se detuvo en seco y después de unos segundos, continuó su camino
-Solo lo digo y ya- tuve que ahogar mi risa, ver a Sayu comportarse así era algo nuevo -Nos vemos- dijo antes de cerrar la puerta
Una vez que se fue Sayu, me quedé un momento viendo la puerta pensando en qué hacer. Prendí la tele y subí el volumen, después me dirigí al refrigerador. Estos días no había comido casi nada, ya que nada me caía bien. Tomé un poco de una sopa que tenía y refresco. Sayu tenía razón, tenía que levantarme y continuar. Apenas me iba a poner a comer cuando se volvió a escuchar la puerta, debía de ser Sayu, que algo se le había olvidado o que en el trabajo siempre no la necesitaban.
-¿Se te olvido algo, Sayu?- cuando terminé la pregunta, me di cuenta de que la persona que se encontraba en frente mío no era Sayu, sino Ren -¿Ren?- mi voz aún sonaba agripada por culpa del llanto, y estoy segura que aunque había lavado mi cara, me veía terrible -¿Qué haces aquí?
-Pues visitándote- yo no podía verlo a la cara. Aún me sentía indispuesta- ¿Estás bien?- esa preguntaba estaba empezando a detestarla, y era porque no sabía cómo contestarla
-Algo así- me hice a un lado para que pasara. En ese instante di gracias interiormente a Sayu por haber limpiado un poco mi departamento.
-No te ves muy bien- me dijo mientras intentaba acercarse más a mí, yo di un paso hacia atrás y él entendió. -Lo siento.
-No te preocupes, créeme que me he visto peor- fui a la cocina y tomé un vaso que llené con refresco
-Vine porque me dijeron en la escuela que no habías ido, pensé que te había pasado algo- le entregué el vaso y me senté en el respaldo del sofá al ver que Ren no se movía.
-Pues no me pasó nada en realidad- me sentía extraña. Quería comentarle que Daiki y yo rompimos, pero al mismo tiempo me decía a mí misma que él no tenía por qué saber algo así.
-¿Segura? puedo ver que has estado llorando- lo miré a los ojos sorprendida
-Sí.
-¿Puedo saber la razón?- me quedé un momento en silencio debatiéndome entre decirla o no
-Daiki...- tomé un poco de aire al sentir de nuevo las lágrimas en mis ojos -Terminé mi relación con él- Ren no dijo nada, solo me observaba, cómo esperando que dijera algo más -Las cosas no terminaron bien.
-Lamento eso- Ren puso el vaso en la mesa y después alargó una mano a mi brazo, intentó agarrarme para tenerme pegada a él, pero cuando sentí la presión de sus dedos en mi brazo, no pude evitar quitarlo de inmediato y hacer una mueca de dolor. -¿Qué te paso en el brazo?- antes de que yo pudiera escapar, Ren ya estaba inspeccionando mi brazo
-Ren, no es nada- pero era inútil decir eso, ya que cuando vio que no podía levantar el suéter no dudó en bajar el cierre y quitármelo -Ren...-
-¿Qué es esto?- inspeccionaba con mucha delicadeza mi brazo. Vi que frunció el ceño cuando vio el gran moretón que se encontraba en mi brazo, pero no solo era el moretón, sino la forma en la que los dedos se marcaban -¿Quién te lo hizo, Ninako?- en su voz había enojo. Yo solo desvié mi mirada sin responderle. -¿Fue Korenaga?- al ver que no le respondía solo pude escuchar un gruñido
-Fue un accidente- fue lo único que pude decir
-Esto no es un accidente- su enojo cada vez se hacía más notable -Ese imbécil... ¿cómo pudo hacerte esto?
-La verdad él no se dio cuenta de nada, ni yo tampoco- zafé mi brazo de sus manos, pero todavía me dolía estirarlo -Fui descuidada, eso es todo.
-Te duele estirarlo ¿verdad?- Ren volvió a sujetar mi brazo, yo solo asentí y el relajó un poco su mirada -¿Tienes alguna crema desinflamatoria? lo más seguro es que se haya lastimado algún tendón y necesita relajarse- solté un pequeño suspiro y fui por la crema al botiquín del baño. Regresé y se la tendí.
-También traje una venda- Ren tomó las cosas casi sin prestar atención, ya que su concentración estaba totalmente en mi brazo. Puso la crema dando pequeños masajes y se da cuenta de que me duele horrores aún.
-Lo siento, pero debo hacerlo, después de que termine te sentirás mucho mejor- solo asentí y traté de morderme la mano para enfocar el dolor en otro punto. Sentí un gran alivio cuando vi que Ren pasaba la venda por mi brazo. -Ya casi, lo peor ya pasó- seguía pasando la venda por mi brazo con mucha delicadeza -Sé que tal vez no es el momento adecuado, pero me parece que te ayudará para que te distraigas.
-¿Qué?- le dije todavía con pequeñas lágrimas de dolor en mis ojos
-Salir a pasear este fin de semana- Ren no dejaba de ver mi brazo con lo último de venda por poner. Yo me quedé muda sin saber qué contestarle.
-¿Solo los dos?- fue lo único que pudo procesar mi mente, Ren se rio un poco cuando terminó de poner la venda y después volteó a verme sin soltar mi brazo.
-Sí, pero no como tú estás pensando- acariciaba mi brazo con ternura -Solo para que te despejes un poco, sin dobles intensiones ni nada- por un momento me quedé viéndolo a los ojos, jamás me cansaría de verlo y mucho menos después de no verlo por tantos años.
-No lo sé...- la plática de Sayu volvió a mi mente, tal vez la mejor manera de distraerme era esta, tratar de dar vuelta a la página y continuar con mi vida -¿Tú que ganas?- Ren se rio
-Un fin de semana contigo- dijo sin pensar. Que lo dijera tan fácilmente hacía que mi corazón saltara y que el calor subiera por mi cuerpo. -Vamos Ninako, solo serán 3 días. Prometo que no habrá dobles intensiones- Ren aún no quitaba su mano de mi brazo, era como si me quisiera acercar a él, pero respetaba mi espacio.
-Pues, si prometes que no habrá dobles intensiones...- solté mientras trataba de mirar hacia otro lado. De pronto sentí a Ren demasiada cerca y cuando volteé vi su cara muy cerca de la mía.
-Gracias, te prometo que no te arrepentirás- Me tenía muy cerca de él, pero al sentir mi incomodidad se separó un poco
Estuvo un rato más, no hablamos de nada importante, pareciera que Ren lo único que buscaba era levantarme el ánimo. Hubo un momento en el que me sentí demasiado ligera y fue cuando noté que no traía el suéter y me lo puse casi de inmediato. Cuando Ren se fue, me encontraba mucho mejor y se lo agradecí. Prometió pasar por mí el viernes temprano, aprovechando que la escuela descansaría ese día por una fumigación. Me encontraba un poco nerviosa y a la vez entusiasmada por este pequeño viaje con Ren.
Cuando por fin llegó el día y tocó mi puerta, casi corrí para abrirle.
-Buenos días- sin esperar mi reacción me dio un beso largo en mi mejilla, casi rozando mis labios - ¿Lista?- yo me quedé sin poder decir nada, pero él vio que en mis manos ya llevaba una mochila y la tomó sin que yo le dijera algo -¿Es todo?
-Ni siquiera sé a dónde vamos- le dije riendo mientras agarraba mi bolsa de mano y mis lentes de sol -¿Me podrías decir?
-Es una sorpresa, ten paciencia- cerré mi departamento y bajamos juntos, como iba muy lleno el ascensor cuando bajamos, Ren me sujetó de la mano. Estuve a punto de decirle algo, pero él hablo. -Es mejor así, si te suelto puede que nunca lleguemos- pude notar que se reía, y yo quise golpearlo si hubiera podido hacerlo, aunque también me sentía demasiado nerviosa al sentir el calor de su mano con la mía. Llegamos hasta el estacionamiento y Ren subió las cosas a una Jeep. Cuando terminó de subir todo, me dirigió una mirada divertida. Subimos a la Jeep, y cuando traté de ponerme el cinturón, un pequeño dolor casi imperceptible llegó a mi brazo -¿Aun te duele?
-Casi nada- volví agarrar el cinturón, pero Ren se adelantó y pasó el cinturón por delante mío hasta abrocharlo. Tener su olor cerca hizo que mi estómago y mi corazón saltaran –Gracias.
-No hay de qué, pequeña- escucharlo decirme así me hacía ruborizar, y por un pequeño momento sentí como si en realidad esta salida fuera una cita, la primera cita desde hace mucho tiempo.
El camino en carretera fue muy tranquilo, ninguno de los dos hablaba, pero no había incomodidad, más bien comodidad. Llegamos a una villa enorme, donde se podían ver dos grandes casas y en medio algún tipo de camino por donde paso la camioneta. Detrás de estas casas había un estacionamiento grande y detrás se podía observar una alberca enorme.
-Espero y disfrutes este fin de semana- me dijo Ren antes de bajar de la Jeep
-¿Pero qué carajos haces tú aquí?- escuché la voz de Ando mientras iba saliendo de una de las casas, parecía molesto.
-Es lo mismo que me gustaría preguntarte, idiota.
-Pues parece que disfruto de mi villa- le dijo Ando mientras se quitaba las gafas
-¿Tu villa?- Ren se rio por lo bajo -Querrás decir nuestra villa.
-Lo lamento chicos, pero yo llegué primero, así que vayan tú y tu novia a otra parte- dijo Ando mientras veía cómo me ponía al lado de Ren.
-¿Niko?- reconocí la voz de Sayu saliendo por la misma puerta que Ando
-¡Sayu!- rápidamente me dirigí a saludarla
-¿Qué haces aquí?- Sayu pasaba su mirada entre Ando y Ren -¿Viniste con Ichinose?
-Eso parece- no pude evitar sonreír -Pretendemos quedarnos todo el fin de semana.
-¡¿Qué?!- soltó Ando mientras veía a Ren -No no no, tienen que irse.
-No lo haremos- Ren le soltó mientras iba a la Jeep por nuestras cosas
-Claro que lo harán- Ando siguió a Ren hasta la camioneta para detenerlo
-Claro que no lo harán- dijo Sayu mientras se dirigía hacia donde estaban -No tiene nada de malo que se queden, es más, me parece una excelente idea.
-Sa-yuuuu- soltó Ando casi como un llanto de bebé -No les digas eso.
-Por mí no hay problema y por lo que veo, la villa es de los dos, así que Ichinose y Niko tienen tanto derecho de quedarse como nosotros –Yo me acerqué a Sayu y ella me abrazó -Además, me gustaría pasar este fin de semana con Niko. Después de todo es una gran hazaña que haya aceptado salir- Sayu sonaba en verdad muy contenta, lo que hizo que yo me pusiera igual.
-Lo siento, Ando- le dije mientras veía como su cara de desilusión iba creciendo más y más. Muy apenas notó cuando Ren le dio las maletas para que ayudara.
-Vamos, Niko. Apenas íbamos a comer- me dijo mientras me arrastraba dentro de la casa. Este fin de semana en realidad presagia cosas buenas y divertidas...
