Capítulo cuarenta (Final)
La primavera parecía estar brillando en todo su esplendor ese día, Candy poco recordaría al ver hacia atrás, debido a que su emoción la tenía totalmente hipnotizada, no podía hacer más que sonreír, la boda se celebraría en una elegante y hermosa propiedad de los Andrew, si bien es cierto que era un evento por todo lo alto, también era muy exclusivo.
Eran acompañados únicamente por su familia y unos pocos invitados, esta demás decir que George y su esposa contaban como familia, entre los invitados estaban algunos compañeros de teatro de Terry, entre ellos el señor Hathaway, no podía faltar Junes, con todos los agentes de ambos, incluso se invitó a varios excompañeros del resort y muchos empleados de la clínica asistencial donde Candy hacia sus prácticas.
También llego uno que otro empleado e incluso ejecutivo de las empresas Andrew, sin importar si eran o no del más alto perfil, más bien aquellos quienes se habían ganado un lugar especial en la confianza y aprecio, como era el caso de Carmen, a quien Terry le tenía cariño y respeto por su tenacidad y de quien su cuñado estaba siempre pendiente sin percatarse, no olvidemos los empleados de la mansión de Eleonor quienes no podían creer que se los incluyera, así como los de la mansión Andrew.
El altar era algo sumamente hermoso, con flores naturales se armó un arco, que estaba entretejido además con listones, y para sorpresa y felicidad de Candy, el sacerdote que oficiaría el matrimonio era el mismo que casó a sus padres cuando apenas estaba recién ordenado, ahora un poco mayor, pero muy orgulloso de unir a la hija de tan extraordinaria pareja, quien en cuanto Albert le hizo la petición, no dudo en viajar hasta New York.
La ceremonia logró sacar lagrimas a varias personas, de lo emotiva que estuvo, el amor que irradiaban los novios era más que evidente, la joven pareja no podía dejar de sonreír y verse con todo el sentimiento que brotaba de ellos con cada respiración.
―vamos pecosa un bocado más.
―gracias, Terry, pero en serio no tengo hambre, no sé si es de la emoción, pero se me ha cerrado el estómago.
―pues ve viendo como abres un huequito, porque mi pecosito no estará pasando su hora de comer, por el al menos has un esfuerzo.
―está bien amor, pero solo un bocado más, que igual pienso comer pastel, porque eso si se me apetece, ―responde Candy sonriendo y casi saboreando el dulce sabor del pastel.
Terry no resiste ver esa lengua traviesa de su amada esposa, degustando su labio y simplemente la besa, complaciendo el deseo de ambos, quienes entre sonrisas siguen dándose cortos besos mientras Terry sigue alimentándola de a poco.
―son ideas mías o Albert está bailando con Carmen, ―pregunta Stear.
―deja que me ponga los anteojos, si es ella, ―responde Paty.
―como confundir esa hermosa cabellera castaña, te juro ese tono chocolate es la envidia de cualquier colorista, ―comenta Annie.
―debe ser porque ya está algo avanzada la fiesta y seguramente han tomado una que otra copa de Champagne, porque esos dos son más cabezones.
―tienes razón Archie, mira que yo los veo tratando de comportarse siempre, pero descubro sus miradas varias veces al día, pero ellos ni enterados, son tan orgullosos, según ellos no sería profesional, eso y por otro lado ninguno termina de creer que el otro pueda estar interesado, ―explica Terry.
―pues quizá esta noche pueda darse el inicio de la historia de ellos, habría que darles un empujoncito ¿no creen?, ―pregunta Candy, quien muy cómoda está en el regazo de su esposo.
―mmm, pero que buena idea has tenido primita, ustedes déjennos eso a nosotros, ―dijo sonriendo Stear, con un plan ya ideándose en su cabeza, ante la aprobación de todos.
A la hora de partir el pastel, Candy cumplió con su palabra, comiendo una muy generosa porción, disfrutándola hasta el último bocado, Terry la veía complacido, ver a su pecosa comer siempre lo hacía feliz, ya que ella lo hacía siempre con tanto gusto, como si fuera una niña pequeña.
Luego de cortar el pastel fue el turno de Candy de lanzar su ramo, todas las solteras fueron puestas al centro de la pista de baile, no hubo fémina que no se formara en el grupo, bueno a excepción de tía maría y nana Pony, pero porque ellas se excusaron recordándoles que eran viudas, no solteras, ya que casi las hacen formarse con todas las demás.
Candy subió a una pequeña tarima que fue preparada para tal efecto, obviamente nadie se quería arriesgar a que sufriera una caída, por lo que no escatimaron en mandar a hacerla con todas las medidas de seguridad necesarias, ella muy feliz hizo algunos intentos falsos para crear expectativas, luego de echar un último vistazo a la multitud de solteras, se puso de espaldas a ellas nuevamente y lanzo finalmente el ramo, cayendo en las manos de una sorprendida Carmen.
Al bajar de la tarima Candy fue sentada en una especie de trono, una música especialmente seleccionada para tal efecto comenzó a sonar y Terry no tardo en acercarse con pasos de baile, como un felino seductor, ante los gritos de algarabía de la multitud, nuevamente se formó en el centro de la pista de baile a todos los solteros, quienes estaban esperando a que el novio lanzara el premio.
Candy sonreía feliz viendo a Terry bailar a su alrededor, luego él bajó hasta hincarse frente a ella, tomo una de sus suaves y bien formadas pantorrillas, poco a poco subió el vestido hasta llegar a las rodillas, a partir de allí lo bajo nuevamente, pero con el dentro de la amplia falda para el disgusto de su cuñado, no dudo en hacer una que otra travesura, dejando suaves caricias y uno que otro beso en sus blancas piernas, para no tardar en salir con la liga de su esposa en la boca.
Los aplausos y silbidos estallaron aún más, alabando la habilidad del novio, luego al igual que Candy jugo un poco con los solteros, hasta que finalmente hizo el lanzamiento final de la blanca liga de encaje, la cual fue a caer en las agiles manos de un impresionado Albert, quien sin proponérselo busco con la mirada a Carmen, la que, igual que cuando atrapó el ramo, solo se puso roja, perdiéndose en los ojos color cielo del rubio mayor.
―quien los ve pensaría que todo fue una coincidencia, pero nosotros que conocemos a Candy sabemos muy bien que ella lanzó el ramo directamente a las manos de su futura cuñada, ―mencionó Archie.
―tienes toda la razón, lo que no imaginé es que Terry igualara sus habilidades, ―comentó Paty.
―aquí queda bien el dicho, Dios los cría y ellos…, ―explicaba Annie entre risas.
―exacto, como si se hubieran criado juntos, ―reflexionaba Stear compartiendo las risas.
La hora del brindis fue cargada de emociones, por un lado, las palabras de apoyo a los novios, tanto de sus familiares como de amigos, sin faltar las anécdotas que hicieron reír a mas de alguno, pero cada uno de los que hablaron, lo hicieron con mucho cariño a los recién casados.
La pareja era de ensueño en la pista de baile, aun así, se dieron tiempo de bailar con los amigos y parientes, pero los primeros claro fueron Albert y los padres del novio, era inevitable que una que otra lagrima rodara cuando los rubios bailaron, siendo evidente para todos el cariño que los unía, unnuevo camino se abría para Candy, pero aunque costo un poco, ahora el rubio mayor sabía que eso no significaba que la perdía, solo que la vida seguía y ella formaba su propia familia, en la cual obviamente él estaba incluido.
Igualmente pasó, cuando Terry bailo con su madre, siendo el sueño maternal de cualquier mujer que los viera, ya que era un momento único, solo de ellos dos, compartiendo la felicidad del mas joven y la mayor, quien al ver a su vástago dichoso le era suficiente para serlo ella también.
Para Richard fue bastante difícil controlar sus emociones cuando tomo la mano de su nuera y comenzó a bailar, se transportó a aquella época en la que, siendo un niño, estaba en un salón con un tocadiscos sonando y su querida abuela enseñándole los pasos de baile, ella siempre hacía que todo fuera más sencillo y divertido, nada que ver con las acartonadas clases que tenía que recibir de sus profesores de baile.
Los recién casados ya vestidos con ropa más cómoda estaban listos para fugarse, pero sus planes fueron truncados, por sus seres queridos quienes llegaron a despedirlos.
―que tengan un muy buen viaje, cuídala mucho Terry, ―se despedía el rubio mayor abrazando a su hermanita.
―es un viaje corto Bert, no te preocupes, llamaremos al llegar, ―respondía Candy, besando la mejilla de su hermano mayor.
―es mi mayor tesoro, la protegeré con mi vida, ―respondía Terry.
―que pasen unos días maravillosos hijos, ―les decía Eleonor cuando fue su turno de despedir a la pareja.
―nos veremos dentro de unos meses, ―informaba Richard, quien, pese a su formalidad habitual, estaba allí abrazando con cariño a los jóvenes, al igual que su exesposa.
Así cada uno fue dando su despedida, unas mas emotivas que otras, hasta que llego el turno de las dos mujeres que fueron un pilar dentro de la familia Andrew en los últimos años.
―hijos, les deseamos toda la felicidad, tengan un lindo viaje de bodas, disfruten, que, aunque es poco tiempo, sabemos que lo pasaran muy bien, ―les deseaba nana Pony, despidiéndose de la pareja.
―cuídense mucho, ―dijo tía María viendo a ambos, luego se dirigió a su sobrina y viéndola con cariño continuo, ―ha sido tan hermoso acompañarlos este día, por un lado de profunda felicidad por su enlace y por lo mucho que te pareces a mi hermana, por momentos me parecía estarla viendo, ―las lágrimas caían de sus ojos, mostrando su emoción, ―y por otro de profundo dolor al recordar que ya no está con nosotros, pero sé que aunque eso es cierto, también estoy segura de que tus seres queridos te están acompañando y están tan orgullosos o más que nosotros de ti.
―tía María, nana Pony, ―respondió la rubia pecosa abrazando a ambas mujeres, ―muchas gracias por todo, su cariño y apoyo son invaluables, nunca podríamos pagarles por tanto que nos han dado.
Terry se unió al abrazo, dando un beso en la frente de cada señora, sintiéndose confortado al saber que su pecosa tuvo tanto cariño en los momentos que más necesitó.
La pareja subió al auto que los llevaría al aeropuerto, pasarían su miniluna de miel en el lugar que los unió, el Chena Hot Springs Resort.
―estaba seguro de que tus amigas harían ponerse en la fila a tía María y a nana Pony, la verdad no espere que fueran viudas, si soy sincero no se ni que pensaba, pero entonces ¿ellas no tuvieron hijos?
―tía María era mayor que mamá, había enviudado un año antes de la tragedia, vivía tranquila en un pueblo cercano a Lakewood, no tuvo hijos, igual que nana Pony, quien casualmente también enviudo unos pocos meses antes de conocerla, quizá fue por ello por lo que ambas lograron congeniar tan bien, llegando a ser casi hermanas, eso y que sus edades son cercanas. No sé si fue por todo lo que estaban pasando que ellas encajaron tan bien en nuestra familia, lograron volcar en nosotros todas sus atenciones, cariño y cuidados, igual que nosotros con ellas, completando un poco de lo que perdimos y que tanto necesitábamos, de una forma distinta, pero no menos valiosa.
Viajar de regreso al resort en primera clase, gracias a sus familias era algo a lo que podrían acostumbrarse, no les habría molestado viajar en clase económica como antes, siempre y cuando estuvieran juntos, pero para que negar que la comodidad y privacidad que ofrecían los asientos en clase ejecutiva eran de lo mejor.
El viaje no era corto, claro tardaría menos si fuera directo, pero este no era el caso, tenían una escala, sí, pudo ser peor, hay vuelos con tres escalas, por lo que saldrían de New York y llegarían a Seattle, allí esperarían dos horas para salir y tomar el siguiente vuelo que los llevaría a Fairbanks, Alaska, en total eran más de ocho horas de vuelo, por lo que sí, la comodidad era bien recibida.
Un poco después de despegar, la pareja estaba cubierta por una cómoda y confortable manta, con la privacidad que les ofrecían sus asientos y sumado a la afelpada cobija, Terry pudo dar a su esposa un poco de ayuda para relajarse en tan agotador viaje, claro no es que la rubia no utilizara un poco de sus habilidades para devolver el favor a su apuesto esposo.
La escala en Seattle estuvo llena de adrenalina, pues la hormonal futura madre estaba exigiendo atención completa, no fue fácil, la seguridad en los aeropuertos estaba mucho mas estricta en los últimos tiempos, pero para una pareja enamorada y llena de imaginación, no fue difícil aprovechar un grupo de personas en las que se cubrieron para entrar en un baño en el cual tuvieron un poco de anticipo de lo que les esperaba.
Decir que Terry estaba meditando en tomar vitaminas pronto, era estar pensando con prevención, ya que su amada pecosa gozaba de un muy saludable apetito por su sexy esposo, dicho apetito llegaba a ser insaciable, pero el encantado de complacerla y llenar cada una de sus necesidades, sin importar si era en una visita sorpresa a su oficina, a mitad de la noche apenas unas horas después de complacerla o incluso segundos antes de irse al trabajo, esta había sido su rutina de casados, desde que ella llegara a New York.
Al llegar al resort fueron tratados con mimo por los empleados y la señora Gray, quienes mostraban lo emocionados que estaban no solo por recibirlos, si no por haber sido allí en donde nació su historia, en su itinerario no estaba incluido, sin embargo, las aguas termales, para no arriesgar a su pecosito, pero si varias actividades que no pudieron disfrutar en diciembre debido al clima, las cuales tenían pensado hacerlas en algún momento dentro del tiempo que estarían allí.
Nada mas llegaron a la habitación sus miradas se encontraron, decididas, encendidas, no importaba el cansancio por el largo viaje, nada más veían lo que sus cuerpos exigían, se necesitaban, fueron acercándose, las manos de Terry acunaron el precioso rostro de su amada Candy, tomando sus labios sin más preámbulos.
Los dedos de cada uno comenzaron a volar sobre el otro, acariciando, apretando, sintiendo, se movían como si bailaran, sincronizados, instintivos, sin que supieran como, llegaron a la cama, cayendo sobre ella, totalmente libres de sus ropas, las cuales estaban repartidas por toda la habitación.
―eres tan guapo, no puedo evitar soltar un suspiro al verte, me quemas con solo una mirada, el anhelo de sentirte es insoportable, los celos al darme cuenta de que todas pueden disfrutar de verte son muy molestos, pero disfruto al recordar que solo yo tengo el privilegio de tocarte.
―pecosa, me halagas, pero da la casualidad, que siento lo mismo, muchas veces me despierto preguntándome si no estoy soñando, si realmente tengo la suerte de estar a tu lado, de ser tu esposo, tu belleza deslumbra, haces que cualquiera que tenga la fortuna de verte anhele tu cercanía y si, los celos muchas veces son infernales, pero se que eres mía, tal como soy tuyo, de una forma en la que no podría ser de nadie más, ni en esta vida, ni en ninguna otra, somos uno amor, seamos siempre uno.
Un jadeo entrecortado salió de los labios de ambos, cuando sin previo aviso el ingreso a su preciado templo, volviéndose uno para comenzar su danza, sus ojos no dejaron de verse, intensificando los sentidos, el profundo gozo en ambos, hasta que las sensaciones fueron tan intensas, que los hicieron ver luces artificiales, al tiempo que gritaban su amor mutuo y sus nombres.
Sus respiraciones aun estaban agitadas, sus cuerpos unidos, cuando el levanto su rostro del hueco del hombro de ella en donde había estado, le dio un tierno beso y sin salir de su preciado templo, comenzó a besarla otra vez, paseando nuevamente sus manos por sus blancos y amados montes, soltando su boca solo para atacar las cúspides de estos, que ya lucían como un granate, por su color y dureza.
Candy tuvo que echar su cabeza hacia atrás, al igual que sus ojos, de su boca ya no salían palabras inteligibles, solo la melodía que el estaba componiendo sobre su piel con sus caricias y sus continuos movimientos en los que sus cuerpos comenzaron a danzar nuevamente, debería ser imposible alguno de ellos pensó, acababan de llegar a las estrellas y ya estaban por alcanzarlas nuevamente, si tomamos en cuenta que el siguió en todo momento muy firme, no debería ser sorpresa que simplemente volvieran a iniciar.
Los gritos de ambos volvieron a escucharse dentro de la habitación, era bueno que los ubicaran en una área bastante privada, así nadie los escuchaba, ni eran molestados.
Los enamorados dispusieron de una tienda de campaña proporcionada por el resort, la cual era una de las modalidades que ofrecían para alojamiento, el resort ya tenia marcados los sitios para acampar, sin embargo, los nuevos señores Grandchester poseían privilegios por lo que no tuvieron ningún inconveniente al pedir que les proporcionaran el vehículo y lo necesario para ir a pasar la noche en la cima del Charlie Dome.
Allí bajo las estrellas y con la privilegiada vista de la Aurora Boreal que esa noche se dejó ver en su esplendor, Terry y Candy se amaron sin prisas, sin restricciones, disfrutándose lentamente, hasta que el agotamiento los abrigo, el amanecer los encontró abrazados.
―buenos días preciosa, ―saludo el castaño con una sonrisa feliz en su rostro.
―amor, buenos días, hace cuanto estas despierto, ―respondió la rubia pecosa, dichosa de tan hermoso despertar.
―no hace mucho, sabes estaba recordando.
― ¿Qué cosa?
―aquel sueño, visión, recuerdo o lo que sea, que ambos tuvimos.
―te refieres a la separación, ese horrendo destino que parece haber sido algo más que una pesadilla según lo que nos contó tu padre, en el que tuvimos que separarnos por honor, por cumplir un deber.
―si Candy, a ese me refiero, no puedo ni pensar en eso sin que se me congele la sangre.
― ¿Terry?
―si amor.
―no, deja es una tontería.
―ah no pecosa, hoy me dices, no me vas a dejar con la duda.
―esta bien, bueno, pensaba o me preguntaba, bueno, es que tu y yo nos casamos tan rápido porque estoy embarazada, lo que significa que en cierta forma lo hiciste por cumplir un deber.
―haber pecosa, calma amor, veamos, si y no, tu sabes que mis intenciones contigo siempre fueron de estar juntos, casarnos, solo adelantamos los planes un poco, nos casamos porque te amo y no soportaría estar mas tiempo lejos de ti, si, yo tengo un deber contigo, pero no por eso nos casamos.
―ya me hiciste bolas Terry, Explícate.
―jajajaja, pecosa insolente, pero bien, veras, un embarazo si es un deber hacia el futuro hijo, pero ese deber es como padre y no implica un matrimonio forzoso, solo es ser responsable con la nueva vida y estar pendiente de él, cubriendo sus necesidades, pero tu y yo nos casamos por cumplir un deber si, pero no un deber por tu embarazo, si no un deber hacia nosotros, nos casamos por amor, estamos juntos por Deber y Amor.
― ¿Deber y Amor?
―si esposa mía, porque nos pertenecemos, porque nos complementamos, por eso cumplimos un deber hacia nosotros mismos al casarnos, porque así continuamos con lo que corresponde a dos personas que se aman, el no estar juntos seria faltar a nuestro deber para con nosotros, porque el primer deber de cada persona es ser fiel a sí misma y amándonos como lo hacemos no podríamos estar separados, seria faltarnos.
―te comprendo, por eso es por lo que dices que estamos unidos por el Deber y Amor.
―si, pero ahora creo que hemos filosofado demasiado y hablando de cumplir, creo que nos debemos un buen desayuno.
Sus bocas se unieron para comenzar a amarse nuevamente, fundiéndose en uno solo, disfrutando de su amor.
Los días pasaron rápidamente y muy pronto estaban ya volviendo a su vida, a su rutina, la que era apenas el comienzo de su futuro juntos, un maravilloso futuro.
Fin.
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Hola acá les comparto el final de mi historia.
muchas gracias por haberme acompañado en esta aventura.
Y que creen les traigo también una sorpresa, espero les guste.
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Spin-off Albert
Su cabeza dolía un poco, seguramente tomo más de lo que pensaba, pese a eso, se sentía sumamente relajado, dudaba que haya dormido tan cómodo y despertar tan descansado, al menos no después de aquel trágico accidente, sabía que no era el hecho de saber que su hermana estaba bien y segura, era algo más.
De pronto su cuerpo despertando comenzó a alertarlo de ciertas sensaciones que su mente adormilada había pasado por alto, un confortable calor casi sobre él, sus dedos fueron conscientes entonces de estar tocando una muy suave piel.
― ¿Qué sucedió?, ¿con quién dormí?, ―abrió sus ojos y observo la habitación, estaba en la mansión en donde se realizó la fiesta, bajo su vista y con la escasa luz que se filtraba por las ventanas cubiertas por las finas cortinas pudo ver una melena castaña, error, chocolate y al darse cuenta de ese dato su corazón comenzó a palpitar como loco.
― ¿sería posible?, ¿estaba con ella?, ―realmente deseaba que así fuera, estaban desnudos, ni siquiera una manta los cubría, estaban envueltos entre ellos, sus piernas entrelazadas con las de él, esa deliciosa piel trigueña y que contrastaba con la suya blanca, que hermosa disparidad.
Una enorme cantidad de flashes de lo sucedido la noche anterior comenzaron a llegar a su mente cortándole el aliento, sus labios respondiendo a sus besos con igual urgencia, ellos viéndose extrañados en la habitación, ¿Qué hacían allí?, la puerta estaba cerrada con llave, tantas preguntas que no importaban al verla a sus preciosos ojos color miel, esos profundos ojos que solo le hablaban de la pasión que contenían solo para él.
Sus bocas volvieron a unirse con urgencia, botando las prendas por aquí, por allá, sus ojos casi se salen al verla por primera vez libre de cualquier vestidura, madre de… todos los… que hermosa era, su cuerpo era mucho más perfecto de lo que imagino en su mente, como un león sobre su presa se lanzó a ella, besando, mordiendo, acariciando, con una compañera que no solo era espectadora, si no una muy entusiasta participante, que hacía y deshacía igualmente con él.
Aun podía sentir su único sabor en su boca, casi podía sentir que se encendían sus ganas nuevamente, pero antes de dejar que todo siguiera su curso natural, sus preguntas comenzaron a atacarlo, ― ¿Qué sucedería ahora?, ―no pudo responderse, ella comenzó a despertar emitiendo suaves murmullos.
―mmm, ―cual gatita perezosa se movió estirándose deliciosamente antes de levantar su rostro y abrir sus bellos ojos, ― ¿Albert?
―buenos días, Carmen.
¿Continuará?
