De Velas y Tableros de Güija

26 de mayo, 1993:

Tras haber cremado a Gabriel, había creado una especie de memorial para él sobre mi repisa. Primero fue la urna, después había colocado una fotografía de él corriendo por el patio durante el otoño, cuando su pelaje rojo-dorado destacaba con un brillo bruñido por el rojo, dorado y naranja del follaje. En adición a la fotografía, también tenía una pequeña vela votiva, similar a las utilizadas en las iglesias, que encendía cada noche antes de irme a dormir. Los dos artículos estaban en el interior de su collar de perro, que había guardado. Era uno que había hecho a los nueve años, utilizando un kit de confección de cuero. Inexperto como había sido, había durado no obstante toda una vida. Era de tres tonos diferentes de cuero, un marrón profundo, un marrón caoba, y un marrón claro, y estaban trenzados y rematados con lazos de cuero. Estaba viejo y gastado ahora, pero recordaba el aspecto que tenía cuando era nuevo, y cuán orgulloso había estado cuando se lo había puesto junto a sus placas de identidad por primera vez.

Acaricié el cuero agrietado y sonreí. Entonces miré la vela, y eso a su vez me recordó el desastroso incidente que había ocurrido cuando tenía nueve años, cuando Lily y yo habíamos intentado hacer nuestras propias velas para una ceremonia de convocatoria. Todo había comenzado con Petunia y sus amigas, Macy y Andrea…

29 de octubre, 1969:

Lily y yo estábamos en su patio trasero, lanzando un frisbee para que Gabe lo buscara, era una de esas tardes frescas de octubre, en que todas las hojas habían cambiado y montones de ellas habían caído sobre el patio. Era trabajo de Petunia ayudarnos a rastrillarlas, pero habían aparecido dos de sus amigas y había abandonado su tarea para ir a chismorrear con ellas o lo que fuera que hicieran las chicas. Lily y yo logramos rastrillar todas las hojas en un gran montón, pero entonces Gabriel saltó sobre él y las desparramó todas de nuevo cuando jugábamos a buscar con él.

Gemí. "¡Mira lo que has hecho ahora, Gabe!"

El collie meneó la cola, sin comprender por qué estaba mal correr sobre las hojas crujientes.

"Sólo déjalo. Deja que se encargue Tuney, se suponía que debía estar rastrillando de todos modos," dijo Lily desdeñosamente, tomando el frisbee de la boca de Gabe. "Vayamos dentro y tomemos una sidra. Mamá tiene un poco calentándose en el fogón. Siempre la hace alrededor de la época de Halloween."

La seguí al interior de la casa, había sido un invitado en el hogar de los Evans desde que nos habíamos conocido en el parque aquel día. Había galletas especiadas con jengibre sobre el banco, nos las servimos junto a tazas de sidra hirviendo a fuego lento. Entonces comenzamos a hablar de Halloween, y de ir a truco-o-trato. Yo nunca tuve mucho dinero para un disfraz, así que habitualmente iba de algo sencillo, como un zombi o un fantasma. Este año, sin embargo, podía conseguir un disfraz de verdad, e iba a ir de Drácula.

"¿De qué vas a ir tú, Lil?"

"De trapecista. Mamá cogió mi viejo uniforme de gimnasia y le cosió lentejuelas y lo espolvoreó con purpurina. Ya tengo medias y viejas zapatillas de ballet que podemos rehacer. Mamá iba a ir de compras hoy por una capa elegante como la que vimos llevar a Melina Starflyer en la pista central del circo el mes pasado."

El circo había sido genial y Lily había dicho después que si no hubiera sido bruja, habría querido ser trapecista. A mí me habían gustado las actuaciones del elefante y el perro y el tigre lo que más, los animales eran increíbles.

"Suena guay. ¿A dónde deberíamos ir este año?" Siempre planeábamos nuestra ruta, basada en quién repartía qué dulces y cuán lejos teníamos que caminar.

"Creo que deberíamos comenzar por la casa de la Sra. Coates este año. Reparte las barras grandes de Crocanties Cadbury."

"Vale, y luego está la casa del Sr. Adams y reparte manzanas de caramelo," le recordé. Eran hechas en casa y excelentes.

Justo entonces oímos chillidos de terror desde el estudio.

"¡Oh, se movió!"

"No lo hizo, Macy. ¡Sólo estás viendo cosas!"

"No lo estoy, Andrea. Lo juro por Dios, se movió sobre la 'H'."

"¡Déjame ver esa cosa!"

"¡Tontorronas!" La voz de Petunia resonó desdeñosa a través de la casa. "¿No sabéis que necesitáis usar un tablero de Güija la noche de Halloween, cuando todos los espíritus están despiertos y son capaces de cruzar?"

"¿Tú lo sabes? ¿Quién lo dice?"

"Mi hermana pequeña está metida en todos estos rollos de ocultismo, cree que es una bruja, y dice que Halloween es un momento en que la puerta entre los vivos y los muertos está abierta. Ahí es cuando las brujas negras utilizan ceremonias para convocar a los muertos en rituales."

"¡Oooh! ¡Suena realmente siniestro!" dijo Macy. "¿Tu hermanita puede convocar fantasmas?"

"No lo sé. Ella y ese niño Snape están los dos chalados. Pero leí en esta revista que con el fin de llamar a los muertos necesitas dos velas negras gruesas hechas de acuerdo con esta receta."

Lily y yo intercambiamos miradas. "¿Qué receta?" articulé.

Lily sólo se encogió de hombros. "No sé," me susurró al oído. "Vayamos a averiguarlo."

Entró en el estudio y yo la seguí, Gabriel a mi lado.

"¿Qué estáis haciendo?" preguntó Lily.

Las tres estaban sentadas alrededor de un tablero de Güija con un puntero señalando la letra 'H', con aspecto tan aterrado como incrédulo. Petunia levantó la mirada y nos frunció el ceño. "Largaos, bichos raros. Y llevaos al chucho con vosotros."

"¡No es un chucho!" espeté, defendiendo a mi perro.

Gabriel estaba olisqueando curioso el tablero de Güija. Estornudó y luego sacudió la cabeza.

"¡Oooh, qué collie precioso!" chilló Macy, que era una niña flacucha con largo cabello rubio fibroso. Extendió la mano para acariciar a Gabe, que se la lamió.

"¿Cómo se llama ella?" preguntó Andrea, una castaña que tenía el pelo corto, también acariciando a mi perro.

Gabe sólo devoraba la atención.

"Él se llama Gabriel," corregí.

"Ése es un nombre bonito. Como un ángel," dijo Macy.

"¡Basta de perro bobo!" dijo Petunia con asco.

"Hey. ¿Es cierto que conocéis magia negra?" nos preguntó Andrea a Lily y a mí.

Lily rio con disimulo. "No."

"Bueno, ¿sabéis cómo levantar a los muertos?" preguntó Macy.

"¿Qué parecemos, nigromantes?" pregunté yo, poniendo los ojos en blanco. "¡Por favor!"

Gabriel escogió ese momento para sentarse… justo sobre el tablero de Güija.

"¡Sacad a ese condenado perro de aquí!" chilló Petunia. Podría haber avergonzado a una gata en celo y seguro que era tan malévola como una.

Aunque a sus amigas no pareció importarles, sólo rieron y siguieron acariciándolo.

"Gabe, ven," llamé y mi perro se levantó y vino a sentarse a mi izquierda.

"Lily, tú y Snape siempre estáis preparando estúpidas cosas falsas," dijo Petunia, sus ojos reluciendo de furia y algo más… celos. A diferencia de sus amigas, ella sabía que la magia era real. "¿Podéis hacer velas?"

"¿Velas?" repitió Lily.

"Sí, ya sabes, ¿las cosas que enciendes y usas dentro de las calabazas? Necesitamos velas para el ritual."

"¿Qué ritual?" preguntó Lily.

"En el que convocamos parientes muertos. Quiero convocar a nuestra bisabuela, ella suena interesante. Necesito estas velas para el ritual." Empujó un pedazo de papel hacia Lily. Yo me asomé sobre su hombro y vi que el artículo se titulaba "¡Cómo Crear Velas de Medianoche para Convocar a Aquéllos Más Allá de la Tumba! ¡Es Fácil!"

Lily miró a Petunia con los ojos muy abiertos. "Tuney, no deberías… convocar a los muertos es mala idea. No les gusta ser perturbados."

"¿Y qué? Deberían esperar ser perturbados en Halloween. ¿Podéis hacer las velas o no?"

Lily leyó la receta. También yo. "Sí, supongo. Pero, ¿por qué no puedes hacerlas tú?"

Petunia se encogió de hombros. "Porque no me apetece. Además, siempre estáis alardeando de cómo vosotros dos pequeños hechiceros podéis preparar cualquier cosa en la cocina de Snape. Así que demostradlo."

Yo me estaba hartando y cansando de su actitud, así que dije, sólo para que se callara, "Vale, lo haremos."

"¡Bien! Tenedlas listas para Halloween. ¡O de lo contrario convocaremos algunos fantasmas para que os atormenten!" cacareó Petunia.

Yo resoplé. Entre las tres, podrían haber sido capaces de convocar un ácaro del polvo. "¡Ahora estoy realmente aterrado!" me burlé.

"¡Lárgate, Snape! Y llévate a tu chucho."

Le puse mala cara. Honestamente, cuando se subía a su alto caballo, ¡era insoportable!

"¡Sé agradable con él, Tuney! O de lo contrario puedes encontrar a algún otro para hacerte las velas," espetó Lily.

"¡Vale! ¿Se marchará por favor, Sr. Snape?" dijo con burlona cortesía. "Y llévese su peludo can con usted."

Lily y yo nos marchamos, retirándonos al refugio del patio trasero y la casa de juegos de allí. El Sr. Evans, a quien raramente veía, ya que habitualmente trabajaba cuando yo venía, la había construido para Tuney y Lily.

Juntos nos apretamos dentro de la casita de madera, tenía bancos construidos en la pared y cojines y una mesita. Ambos leímos la receta de las velas.

2 Bloques de cera de abeja, fundida (12 onzas)

Un puñado de ceniza pulverizada

Un pellizco de corteza de saúco

2 cucharaditas de clavo molido

Sangre de ratón

Una salpicadura de moho

Dos gotas de esencia de narciso

Moldes para velas

Cuerda para la mecha

Agitar bien todos los ingredientes y llevar a ebullición. Verter en el molde para velas con la mecha y dejar enfriar. Encender en Halloween para convocar aquellos espíritus con los que desee comunicarse.

"¡Qué asco! Sangre de ratón." Lily arrugó la nariz. "¿Tenemos que poner eso?"

"No. Esto no es como un hechizo real, Lil. Es uno Muggle falso. No supondrá una diferencia si nos dejamos eso, ya que de todos modos no funcionará."

"Sí. Quiero decir, si funcionara, entonces tendríamos este libro en las bibliotecas mágicas, ¿verdad?"

"Cierto. Sólo Tuney es lo bastante boba para creer que funcionará realmente."

"Entonces… ¿podemos hacer las velas en tu casa?"

"Sí. No suena demasiado difícil. Tengo un caldero viejo que podemos usar, cabrá en el fogón," dije, ya que ninguno podíamos hacer fuego mágico para nuestros calderos todavía. "Yo conseguiré la mitad de los ingredientes y tú conseguirás la otra mitad."

Nos dividimos los ingredientes, yo suministraría la cera y la ceniza ya que tenía montones de ese tipo de cosas en casa, porque teníamos chimenea y Lily no. Y Mamá usaba mucho la cera para sellar sus viales cuando terminaba partidas extra de pociones. Yo también tenía corteza de saúco molida y un molde de velas. Lily traería el clavo, la cuerda, la esencia de narciso, y el moho.

Mamá estaría trabajando mañana, así que podríamos hacer las velas entonces. Tenía medio turno mañana y después iba a recoger mi disfraz de la tienda de Halloween–lo había reservado allí. Todo estaba dispuesto. Debería haber sido un proyecto fácil, pensé. En cambio, resultó ser un enorme disparate.

Sábado

30 de octubre, 1969

7 Spinner's End:

Esperé hasta que Mamá se hubo marchado a trabajar y yo hube limpiado mi cuarto y el estudio, ya que ésas eran mis tareas ese día, además de encargarme de mi perro, antes de ir a casa de Lily a decirle que viniera para que pudiéramos comenzar a hacer las velas. Lo tenía todo dispuesto sobre el banco, al igual que lo hacía cuando elaboraba pociones con Mamá. Gabriel estaba tumbado en el suelo bajo la mesa de la cocina, lamiendo las migas del almuerzo.

Lily abrió la puerta en cuanto toqué el timbre.

"¿Está todo preparado?" preguntó.

"Sí. ¿Lo conseguiste todo?"

"Aquí está." Tenía una caja de zapatos junto a los pies. "¡Mamá, voy a jugar a casa de Sev!" gritó por encima del hombro.

"¡Vale, Lily! ¡Sólo ven a casa para cenar!"

"¡Lo haré! ¡Te veo luego!"

Allá que nos fuimos a mi casa.

Seguimos la receta y volcamos todo en la olla, y encendí el quemador fuerte. "Ve a abrir la ventana," le ordené a Lily mientras removía la asquerosa mezcla con un agitador de mango largo que había traído del laboratorio de pociones anoche. "No quiero que mi cocina huela a este mejunje asqueroso."

Mientras Lily iba a abrir la ventana, yo me puse en pie sobre una silla y removí el caldero. La cera comenzó a fundirse despacio y arrugué la nariz. La cosa olía fatal y mis ojos comenzaron a lagrimear. Empecé a toser.

Gabriel lloriqueó y se tapó la cara con la pata. Claramente este rollo estaba poniéndole enfermo también. Nada que hubiera hecho jamás antes había olido tan mal.

"¿Sev? ¿Estás bien? Ese rollo huele terrible," dijo Lily, viniendo a pararse a mi lado.

"Cuéntamelo a mí," dije, entonces comencé a toser de nuevo. El hedor era como madera ardiendo y hojas podridas y era absolutamente asqueroso. Me dolían tanto los ojos que apenas podía ver. "Lily, tráeme un trapo mojado," ordené. No podía decir si la cera estaba lo suficientemente caliente, pensaba que comenzaría a hervir como una poción y estaba esperando que sucediera.

Lily me entregó un trapo húmedo. Me mojé los ojos.

"¿Quieres que te releve?" preguntó.

"Claro."

Bajé de un salto del taburete y comencé a cortar la cuerda y ponerla en el molde. Todavía me ardían los ojos y fui al baño a lavarme la cara.

Pude oír a Lily comenzar a toser también mientras iba a remover el mejunje.

"¿Sev? ¿Qué aspecto tiene cuando está hecho?"

"No lo sé," grité en respuesta. "Espera hasta que burbujee."

"Vale."

Metí la cabeza bajo el grifo y dejé el agua correr por mis ojos.

Oí sonar el teléfono.

Sonó dos veces, y entonces oí a Lily cogerlo del soporte en el pasillo, ya que no teníamos toma de teléfono en la cocina.

"¡Estamos haciéndolo ahora mismo, Tuney! ¡Sí, ahora déjame colgar el teléfono, lo tenemos cocinándose en el fogón!"

¡Eso es, díselo, Lily! pensé, retirando la cabeza del agua y secándome la cara con una toalla.

De repente oí a Gabriel comenzar a ladrar como loco. Ladraba y ladraba y supe que algo iba mal. Corrí fuera del baño y pasillo abajo.

"¡SEVERUS! ¡La cocina está ARDIENDO!"

Lily estaba gritando, parada en el umbral de mi cocina, mirando horrorizada el fogón, donde el fuego estaba lanzándose desde el caldero y este espeso humo negro estaba ondulándose hacia el techo.

"¡Me cago en la hostia!" jadeé. ¿Cómo había ocurrido esto? "Lily, ¿qué demonios?"

"¡No sé lo que ocurrió, Sev!" estaba berreando ella. "Todo lo que hice fue hablar con Tuney, m-me marché sólo unos minutos y cuando regresé… ¡estaba ardiendo! ¡Tenemos que llamar a los bomberos!"

"¡Llama!" grité.

Entonces oí ladrar a mi collie y grité, "¡Gaby! ¿Dónde está?"

"¡Sev, estaba en la cocina! ¡Estaba dormido en el suelo!"

"¡No!" grité. "¡Gabriel, ven!"

Pude ver a mi perro, había retrocedido junto a la ventana, ladrando frenético mientras el fuego se extendía por el techo.

"¡Gaby! ¡Gaby!"

No pensé, sólo entré corriendo allí.

La cocina estaba llena de humo negro y en cuanto entré, me abrumó el terrible hedor y comencé a toser y jadear. Pero logré abrirme paso hasta mi perro y tiré de su collar. "¡Vamos! Tenemos… que… salir…"

Pero el collie se negaba a ir a ninguna parte cerca de la entrada de la cocina. Así que intenté levantarlo por la ventana de la cocina. "¡Gabe, salta! ¡Salta!"

Estaba ladrando y por fin conseguí que se calmara lo suficiente para obedecerme. La ventana apenas estaba lo bastante abierta para que la atravesara y tuve que empujar su trasero.

"Sev. ¿Dónde estás? ¡Sev!"

¡Lily! Ella seguía en la casa. "¡Sal, Lily! ¡Sal!" chillé.

"¡Sev!"

"¡Gabe, ve a buscarla!" ordené, entonces me doblé, tosiendo incontrolablemente.

Gabriel se alejó corriendo. Me enteré más tarde que había irrumpido a través de la pantalla de la puerta y arrastrado a Lily afuera por el faldón de su camisa.

Justo entonces, yo estaba medio desmayado por el humo y apenas logré salir trepando por la ventana. Aterricé en la hierba y entonces no supe nada más hasta un día después, cuando desperté en el hospital, y encontré a mi madre cerniéndose sobre mí.

26 de mayo, 1993:

Los doctores dijeron que tuve mucha suerte, que las sustancias que habíamos añadido a la cera de vela se habían mezclado y formado un humo tóxico, que era por lo que me habían ardido y escocido los ojos mientras había removido. La cera se había inflamado espontáneamente porque había alcanzado el punto de ignición, lo que ocurrió porque no sabíamos comprobar la temperatura adecuada. Resultó que deberíamos haber utilizado un termómetro de caramelo, pero ya que la receta no decía eso, no teníamos idea de que la cera no burbujeaba como una poción, sólo se calentaba más hasta que se incendiaba.

Tuvieron que ponerme oxígeno durante dos días y mi garganta estaba muy dolorida y sólo pude comer gelatina y helado y beber agua durante tres días. Mamá estalló en lágrimas cuando por fin abrí los ojos, me dijo que podría haber muerto.

El departamento de bomberos había apagado el fuego antes de que se propagara, y lo único dañado había sido el techo de la cocina y parte del banco. Pero durante semanas después, esa parte de la casa olía a moho quemado. Lily y Gaby estaban bien, aunque Lily también había ido al hospital y sido chequeada.

Gracias a Tuney nos habíamos perdido Halloween, mi casa casi se había quemado, y yo casi morí.

Después de tres días, fui dado de alta del hospital y Mamá me llevó a casa. Lily se había encargado de Gaby mientras Mamá se quedaba conmigo, y en cuanto el coche subió por la calle, escapó de casa de Lily y saltó sobre mí, lamiéndome y haciendo una especie de extraño sonido de canturreo. Hasta este día no puedo describir exactamente cómo sonaba, era un ruido único que hacía cuando estaba muy feliz, un cruce entre un lloriqueo y un gruñido. Descendí sobre una rodilla y lo abracé. "Hey, Gaby. Te extrañé," susurré, mi voz todavía no estaba a la altura.

"Ven dentro, Sev," dijo Mamá, después de haber agradecido a los Evans por cuidar de Gabriel. "Necesitas tomar algunas pociones y luego echar una siesta."

Yo no quería una siesta, no estaba cansado, pero también sabía que era un error discutir con mi madre. Ella no había dicho nada del fuego mientras estaba en el hospital, pero yo sabía que tenía que estar furiosa. Probablemente iba a acabar castigado durante lo que quedaba de año.

Lily salió corriendo de su casa y me abrazó mientras estaba subiendo los escalones. "¡Oh, Sev! ¿Vas a ponerte bien? ¡Estaba tan preocupada!"

"Sí. Mi… voz sólo está… es difícil hablar… por el humo…"

"Oh. Lo siento tanto. Mamá dijo… dijo que nunca deberíamos haber intentado algo así solos… ¡que fuimos muy estúpidos y tuvimos suerte de no haber muerto! Yo le dije que fue idea de Tuney hacer las velas para usarlas con el tablero de Güiji y ahora está castigada y yo también. Hasta diciembre. Y Mamá también nos azotó."

"Lo siento," dije, haciendo una mueca. Aunque lamentaba haber metido en líos a Lily, en realidad no lo sentía por Petunia, que nos echó la culpa a ambos de su estúpida idea, de acuerdo con Lily, y se había llevado una azotaina tanto por ser irresponsable como por decir que desearía que mi casa se hubiera quemado para que me mudara lejos de aquí.

"Lily, cariño, Sev necesita descansar. Ven a verle mañana por la tarde. No acudirá al colegio durante una semana," le dijo Mamá. "Necesita tiempo para que se cure su voz."

"Vale, Sra. Snape. ¡Lo siento de verdad por todo!" dijo Lily, sus verdes ojos llenos de lágrimas.

Mamá la abrazó. "Niña, fue un error muy estúpido y gracias a Merlín ambos vivisteis para contarlo. Espero que hayáis aprendido vuestra lección y ahora haya terminado."

Lily lloró un poco en su camisa y luego se marchó a casa.

Mamá nos pastoreó a mí y a Gabriel arriba hasta mi cuarto. Entonces me dijo que me cambiara al pijama y trajo las pociones de su laboratorio.

Me dio un Cordial Reparador de Pulmones, un Elixir para Respirar Bien, y un Calmante para la Garganta Dolorida. Todas ellas sabían fatal, y después me sentí algo enfermo y somnoliento. Mamá me hizo tumbarme y antes de saberlo, estaba dormido, con Gabriel yaciendo cruzado a mis pies, como siempre lo hacía.

Al día siguiente, tras una segunda ronda de pociones, Mamá me echó la bronca por ser tan irresponsable y temerario y me preguntó cómo podía haber sido tan estúpido como para intentar algo así sin supervisión. Todavía puedo oírla diciendo, "¿Cuántas veces te he dicho, Severus Snape, que nunca jamás hagas una poción o cocines algo o utilices el fogón cuando no estoy en casa? ¡Lo sabes!"

"Lo siento. No pretendía…"

"¡Casi moriste! ¡Casi moriste!" Me sacudió con fuerza y entonces comenzó a llorar.

Eso me hizo llorar también a mí, mientras la gravedad de lo que casi había ocurrido por fin calaba. La abracé y sollocé más disculpas.

Cuando por fin dejamos de berrear, ella dijo, "¡Estás castigado durante un mes, jovencito! Te echaría sobre mi rodilla también, pero pienso que el fuego te castigó más de lo que yo podría haberlo hecho. Pero si alguna vez vuelves a hacer algo tan estúpido me aseguraré de que no puedas sentarte por un día."

"No lo haré, Mamá."

"Te quiero, Sev," dijo entonces, acariciándome el pelo. "Y no podría soportar perderte."

"Yo también te quiero."

Gabriel lloriqueó y nos lamió a ambos en la mano. Odiaba cuando estábamos disgustados. "¡A ti tampoco, enorme bestia!" Le revolvió el pelaje. Su gorguera por fin estaba creciendo, y estaba empezando a parecer un collie adulto ahora.

Una experiencia cercana a la muerte y una casa casi quemada había sido suficiente para enseñarme el valor de obedecer las normas cuando se trataba de hacer pociones o velas o jugar con fuego. A diferencia de algunos Gryffindor que podría nombrar, aprendí de mis errores. Lily se pasaba cada día después del colegio para traerme los deberes, por lo que estaba muy agradecido. Había leído todos los libros que tenía y necesitaba algo para evitar volverme loco.

Ella también me compró tres libros, como un regalo de ponte bien. Eran historias de perros que nunca antes había leído. Dos eran de Albert Payson Terhune–los clásicos Lad: Un Perro y Amanecer Gris. La otra era Lassie Viene a Casa de Eric Knight, sobre la famosa collie de Yorkshire.

Todavía tengo esos libros, ahora están gastados y manoseados de ser tan leídos, pero la inscripción de Lily aún es visible en la cubierta de cada uno. ¡Ponte bien pronto, Sev! Te quiero, Lily. Tienen un lugar en mi librería y de vez en cuando los tomo y los releo. Y la cocina todavía tiene la gran mancha negra en el techo sobre el fogón, Mamá la dejó allí para recordarme mi estupidez, que hasta este día nunca he olvidado.

. . . . . . . . .

N/A Bueno, ¿os gusta la infancia de Sev y Lily hasta ahora?

Sé que algunos de vosotros probablemente pensaréis que Sev estaba loco por regresar corriendo a la cocina para intentar salvar a su perro, pero yo habría hecho lo mismo por una de mis mascotas, porque soy una loca amante de los animales.

El incidente de las velas que describí le ocurrió de verdad a una vecina de mi hermana, su hija adolescente y su amiga estaban intentando hacer velas y prendieron fuego a la casa. Gracias a Dios nadie resultó herido y el departamento de bomberos estaba justo al otro lado de la calle, así que no se hizo daño real. Al parecer, de acuerdo con el departamento de bomberos, hay un montón de accidentes involucrando cera de velas por candeleros novatos.