Si Me Besas
Cap. 3 – Venganza.
El rubio también se quedó contemplando la belleza que poseía su agresora, ninguno de los dos decía nada; el ojiazul pensó que tal vez a la ojiperla ya se le había pasado el enojo, así que se dijo que si le hablaba cortésmente, ambos podrían llegar a un acuerdo.
- Por favor señorita, no haga esto más complicado. Vamos yo la acompaño a la salida.
Su deber era sacarla ya que había recibido tres quejas, en las cuales pedían que la sacaran de la fiesta.
- A ver, a ver, a ver, guarrito. A mí nadie me habla así, ¿Ok? Y mucho menos una persona como… - Lo miró nuevamente de pies a cabeza para hacerlo sentir inferior a ella como era su costumbre, pero al toparse con ese par de ojos azules que la veían expectantes, la descontroló por completo. - ¡C-Como tú! - Alcanzó a decir. - ¿Quedó claro? - Advirtió no queriendo discutir más con aquel rubio.
- No le estoy hablando de mala manera. - Respondió tranquilamente el ojiazul. - Solamente le estoy pidiendo con mucha amabilidad que se retire. - Sentenció.
- Jajaja - La ojiperla empezó a reírse exageradamente al escucharlo. - ¡¿Amabilidad?! - Exclamó indignada. - ¡¿Amabilidad le llamas al decirme que soy una persona no grata, en esta fiesta pedorra?! ¡Que por cierto yo podría comprar esta fiesta! ¡O sea a la gente! ¡O sea al bar! - Decía mientras se tambaleaba y un nudo empezaba a formársele en la garganta, pero aun así no dejaba de enumerarle con los dedos lo que decía. - ¡O sea al Hotel completo! ¡E-El país si quiero! ¡O sea…! - La Hyuga se había atrevido a acercarse al rubio para picotearle la cien - O sea… ¡Métetelo por la cabeza! ¡Tengo más dinero que nadie! - Exclamó en un arranque de furia.
- Tampoco espere a que le acepten el desorden que está haciendo. - Respondió el rubio.
Él se tornaba calmado ante la actitud petulante que seguía tomando la Hyuga, por un momento se sorprendió de lo paciente que podía llegar a ser.
- ¡¿Cuál desorden?! ¡¿Cuál desorden?! ¡Me estoy divirtiendo guarro!
- Hemos recibido unas cuantas quejas sobre usted, señorita. - Contestó el rubio entre dientes.
- ¡No es mi culpa que toda esa bola de aburridos no se sepan divertir! - Gritó señalando a todas las personas que seguían en la fiesta mientras que de sus ojos empezaban a aparecer ciertas lágrimas de cocodrilo. - ¡Porque eso son! ¡Son unos…!
- ¡Señorita! - Interrumpió el rubio para que no se hiciera más escándalo.
- ¡Son unos estúpidos que no se saben divertir! - Exclamó la Hyuga haciendo un puchero, teniendo intensas ganas de llorar en serio al pensar que sus amigos habían provocado que la quisieran correr de aquella fiesta.
- Señorita por favor… - Suplicó el rubio. - Acompáñeme. - Pidió al quererla controlar.
- ¡Ah! ¿Sí? ¡¿Y cómo por qué?! - Dijo quitándose las lágrimas agresivamente, para después posar sus manos sobre su cintura.
- ¡Por su conducta! Ya le dije, es muy inapropiada. - Afirmó el rubio.
- Pues, ¿Sabes qué? ¡No voy a ir! ¡¿Como la ves?! ¡No me voy a ir! - Exclamó muy irritada mientras tomaba el radio comunicador que traía el rubio y volvió a ser la misma altanera de antes. - ¡No me voy! ¡No me voy a ir! ¡¿Escucharon?! ¡No me voy! - Gritó en el aparato para después tirarlo y pisotearlo.
El rubio estaba sorprendido por aquella nueva actitud agresiva que descubría de la ojiperla, mientras que ella pisoteaba y hacía añicos aquel radio comunicador.
- ¡Señorita! - Exclamó el rubio muy exaltado y harto por aquella actitud tan infantil que tomaba la ojiperla, y por su puesto molesto porque a él le cobrarían aquel aparato. - ¡No me obligue a ser descortés, por favor!
Le empezaba a doler mucho la cabeza al pensar que le bajarían el sueldo por culpa de ella, y más escuchando las tonterías que decía. Posó su mano sobre su frente a fin de calmarse y no perder los estribos.
- ¡Pues mira como sí te obligo! - Exclamó la ojiperla pisando con su tacón al rubio, clavándole la punta de sus sandalias en su zapato.
- ¡AUCH! - Exclamó dolorosamente el rubio al sentir como la punta se le incrustaba en el pie, mientras que la Hyuga daba una sonrisa de victoria al verlo retorcerse del dolor. Naruto quiso matarla en ese preciso instante, dirigiéndole una mirada asesina, la tomó del brazo acercándola bruscamente a él, Hinata gimió automáticamente al sentirse presa de él. - ¡Usted es una irrespetuosa! - Gritó el rubio muy molesto.
- Jajaja ¡¿Te cae?! - Sarcásticamente preguntaba la Hyuga mientras una sonrisa maliciosa aparecía en sus labios.
El que él le dijera que no era una persona apta para ese lugar, ya lo había pagado, se decía mientras empezaba a reírse en su cara. Sin duda, la punta de su tacón le había dolido y ella lo estaba disfrutando.
- ¡Pídame una disculpa! - Exigió el rubio adolorido, y pronto se percató que ya no había quien la defendiera y mucho menos se encontraba el hijo del dueño del Hotel por los alrededores, así que aprovechó para pedírselo a su manera mientras la empezaba a zarandear desesperado por que ella se disculpara por lo anterior y por lo de ahora. - ¡Pídame una disculpa! - Exigió nuevamente el rubio más molesto al ver como la Hyuga seguía burlándose de él.
- Jajaja ¡Ay, mi vida! - Contestaba muy sarcástica. - Eres un guarrito que no sabe con quién se mete. - Afirmó la Hyuga. - ¡Estas muy mal! ¿Sabes? ¡Ni creas que yo te voy a pedir unas disculpas! - Exclamó riendo nuevamente. - ¡Por favor, eres un don nadie! Jajaja
Aparte de borracha, ese ya era su carácter; pero el rubio estaba que se lo llevaba el demonio y en un arranque de cólera, perdió toda calma que poseía.
- Quizás sea un don nadie para usted. ¡Pero para este Hotel soy el jefe de seguridad! - Exclamó autoritario, pero ella simplemente seguía riendo por los efectos del alcohol y de su maldad. - ¡ME VA A TENER QUE ACOMPAÑAR, LE GUSTE O NO! - Gritó fuertemente haciendo que ella dejara de reírse.
- ¿Que? - Dijo ella. Iba a protestar pero el jalón que le dio el rubio a su brazo hizo que casi cayera al piso. - ¡OYE! - Exclamó furiosa al ser jaloneada por el brazo hacia la salida del bar. - ¡SUÉLTAME! ¡QUE TE PASA! ¡SUÉLTAME! ¡ME ESTAS LASTIMANDO! - Exigía la ojiperla, pero el rubio no escuchaba ya que estaba harto del comportamiento de su agresora. - ¡AUXILIO! ¡AUXILIO! ¡SUÉLTAME! ¡ERES UN GATO! ¡SUÉLTAME! - Gritaba con todas sus fuerzas ante la mirada de los demás.
Pronto los de la fiesta empezaron a hablar del estado crítico de la ojiperla, sin duda ese tipo la había hecho quedar mal frente a su círculo de amigos. Ella sentía que era el peor día de su vida, pero eso no se quedaría así, no si se llamaba Hinata Hyuga… esta tendría que ser la peor venganza que le haría a alguien en su vida, se decía, y él tendría que pagar por lo que le estaba haciendo.
- ¡SUÉLTAME! - Gritó logrando zafarse de su agarre. - ¡PUEDO CAMINAR SOLA! - Exclamó ya más calmada mientras se dirigía por ella misma hacia la puerta del establecimiento, pero por su mente solo vagaba la idea de la venganza… su dulce venganza.
La Hyuga se empezó a tambalear por lo mareada que estaba y el rubio como buen caballero pretendió ayudarla a caminar, pero eso había logrado enfurecer más a la ojiperla, no quería que él la tocara de nuevo, y pronto le dio unos cuantos empujones para que él se alejara de ella. El rubio solo se lamentaba el haberse topado con ella esa noche.
- ¡Eres un naco! - Dijo llamando su atención. - ¡Voy a hacer que te corran y no encuentres trabajo en ninguna parte! ¡Eso tenlo por seguro! - Advirtió muy enojada. - ¡Y NO ME VUELVAS A TOCAR! - Gritó nuevamente.
- Esta bien. - Respondió el ojiazul alzando sus manos para que se calmara. - Ya no la toco, pero vamos, la sigo. - Dijo amablemente a pesar de cómo lo había tratado.
No era bueno guardar rencor a nadie y menos a una mujer borracha, se decía; pues eso era lo que le había enseñado su abuelo y su difunto padre.
Gaara veía aquella escena bochornosa en la cual la ojiperla era la protagonista, quería llevarla a su casa pero estaba con su novia; además que no tenía caso meterse en sus asuntos y más cuando ella ya no quiso saber de él, pero aun así le seguía preocupando mucho.
El rubio la acompañó hasta llegar al Lobby del lugar, despedido por una mirada asesina que le dirigía la Hyuga, el rubio hizo caso omiso a aquella mirada y solo le sonrío triunfante mientras se dirigía a la puerta del Hotel para abrírselo.
- ¡Sigue riendo estúpido guarro, ya verás que esa sonrisa no te durará para siempre! - Pensó la Hyuga con aires de venganza.
A lo lejos Kiba había visto como sacaban a la ojiperla del lugar y pronto se aproximó a ella para averiguar qué era lo que había pasado.
- ¡Señorita Hyuga! ¿Se encuentra bien? - Preguntó muy preocupado el castaño acercándose a ella.
- ¡¿Qué no me ves?! - Respondió ella muy enojada. - ¡Claro que estoy mal! - Respondió furiosa, pero luego algo pasó por su mente. - Em… ¿Te llamas…?
- Kiba, señorita. - Dijo el castaño sonrojado porque ella le preguntaba su nombre.
- ¡Kiba! Es cierto, oye… ¿Y sabes pelear no? - Preguntó ella con una estrategia formulada rápidamente en su cabeza para vengarse de aquel rubio.
- ¡S-Si, señorita! Si sé. - Respondió nervioso el castaño.
- ¡Bien! Quiero que vayas a la puerta del Hotel y busques al jefe de seguridad. ¿Ok? - Mandaba la Hyuga a lo que el castaño asintió con la cabeza. - Y cuando lo encuentres quiero que… ¡Bueno! ¡Le des la peor paliza de su vida! - Ordenó la Hyuga muy molesta y autoritaria, a lo que el castaño no supo qué responder. - ¡¿Me entendiste?! - Exclamó. - ¡Y bueno no quiero que lo golpees con un solo golpe! O sea… ¡Que sean setenta mil golpes! O sea, ¡Quiero que lo dejes muy mal! ¿Entendido? - Estableció muy furiosa.
El castaño no dijo nada, cosa que empezaba a impacientar a la Hyuga.
- ¡Rayos! ¿Qué hago? ¡Yo no peleo por pelear!, pero ella es la mujer de mis sueños… ¡Diablos! - Se decía así mismo el castaño
- ¡¿Y bien?! - Soltó la Hyuga muy furiosa.
- C-Claro señorita. - Pronunció débilmente el castaño, aspirando profundamente para darse valor.
- ¡Bien, así me gusta! - Dijo la ojiperla dando una sonrisa triunfante, pero pronto sus facciones cambiaron al ver al rubio hablando con uno de sus compañeros a las puertas del Hotel. - ¡Ah, mira! - Exclamó la Hyuga señalando a aquel rubio. - ¡Justo está ahí! ¡Vamos! ¡¿Qué esperas?! - Exigió impacientemente.
- Pero… ¿Por qué hay que golpearlo? Si se puede saber… - Decía el castaño, esperando a no tener un regaño por parte de la Hyuga.
- ¡¿Ah?! ¡Porque me sacó de la fiesta como si yo fuera una ebria! ¡Una perdida! ¡Mal! ¡Una borracha sin causa! ¡O sea me saca de la fiesta y no pude despedirme de mis amigos! ¡Hice el peor oso de mi vida! ¡Y además porque nadie puede tratarme así! ¡O sea NO! ¡No se lo permito! ¡No si soy Hinata Hyuga! Así que… ¿O le pegas o le digo a mi padre que te corra? - Amenazó cruelmente la ojiperla furiosa de que los empleados no hicieran caso a lo que ella les ordenara.
- S-Si señorita, disculpe mi importunísimo. - Dijo el castaño saliendo en dirección hacia el rubio.
La ojiperla se rio internamente al saber lo que le esperaría al rubio por tratarla así, pero pronto le pareció que no convenía que la vieran ahí siendo espectadora de la pelea que se formaría por su causa, así que decidió abandonar el estacionamiento y se dirigió hacia su coche que estaba estacionado en las afueras del Hotel, sobre la acera.
- Perdón, ¿Usted es el jefe de seguridad del Hotel? - Preguntó el castaño al acercarse al rubio, quien estaba de espaldas hablando amenamente con su compañero.
- Si. ¿Sucede algo? - Preguntó curiosamente el rubio dándose la vuelta para encarar a quien lo buscaba.
El castaño quedó muy sorprendido al verlo, nunca se imaginó que fuera precisamente él, el jefe de seguridad del Hotel.
- ¡¿U-Uzumaki?! - Exclamó muy sorprendido sintiendo un miedo recorrer su espalda.
- Si, soy Uzumaki. - Se limitó a responder seriamente el rubio.
o-o-o-o-o-o-o-o-o
Segundos después el castaño se dirigió al coche en donde lo esperaba una ojiperla feliz. El castaño entró al auto sin decir ninguna palabra, la ojiperla solo se le quedaba viendo espectante y emocionada.
- ¡Qué onda! - Dijo alegremente. - ¿Le pegaste durísimo? ¿Cómo lo dejaste? - Preguntaba muy emocionada volteando a ver en todas las direcciones posibles. El castaño aún no respondía nada. - ¡¿Dónde está la ambulancia?! ¡¿A ver tus puños?! - Exigía mientras le agarraba la mano al castaño. - ¡¿Dónde está la sangre?! - Gritó tirando su garre.
- Perdóneme señorita, pero… yo no le voy a pegar a Uzumaki. - Dijo avergonzadamente sin mirarla a los ojos.
- ¡¿Y quién diablos es Uzumaki?! - Cuestionó muy molesta la ojiperla.
- El jefe de seguridad del Hotel. - Respondió el castaño como si fuera lo más obvio del mundo.
- ¿Y? - Exclamó enojada la Hyuga - ¡Bueno, creo haberte dicho claramente "pégale a Uzumaki"! ¡Tú vas y le pegas a Uzumaki! ¡¿Dónde rayos está la gran dificultad?! - Preguntaba muy sarcástica haciendo que su enojo la superara.
- ¿Sabe que pasa señorita? - Respondió calmadamente el castaño. - Si yo le pego a Uzumaki, ¡Él me pega el doble! Su padre me podrá dejar sin trabajo, pero él me deja sin rostro y sin dientes.
Kiba solo esperaba que aquella explicación que le había dado a la ojiperla, no la enfureciera más de lo que ya estaba.
- ¡Pues tienes toda la razón! - Dijo la Hyuga. - ¡Date por despedido! - Gritó. - ¡Así que fuera! ¡Salte de mi coche! - Empujó muy furiosa al castaño para que se saliera de su auto.
- Señorita espere, yo no…
- ¡Vete! - Exclamó con todas sus fuerzas. - Y no sé cómo le harás, pero conmigo no te iras. - Sentenció cruelmente la Hyuga mientras estaba al borde del colapso.
El castaño no hizo otra cosa más que obedecer, tal vez si le contara todo lo sucedido a la familia Hyuga, tal vez no lo dejarían sin trabajo, pues comprenderían que él no podía meterse con el jefe de seguridad de Hotel y más si era Uzumaki, se decía.
La Hyuga suspiró pesadamente al ver por el espejo retrovisor a ese guardaespaldas caminar por las calles solitarias. Era un día de locos, se dijo y pronto sacó su celular para llamar a un número muy conocido.
- ¡Rayos, ya es tarde! Espero que me conteste… - Pensaba la Hyuga nerviosamente.
- ¿Qué pasó? - Se escuchó tan seco como solía ser, al otro lado de la línea.
- ¡Neji! - Soltó muy aliviada la ojiperla al escuchar su fría voz.
- Hinata… - Dijo sin ánimos el de la otra línea. - ¿Pasa algo?
- ¡Si, tienes que venir por mi Neji! ¡No sabes! ¡Me pasó algo horrible! - Respondió desesperada. - ¡Algo horroroso! ¡Una tragedia! ¡Solo tú me puedes proteger Neji! ¡Por favor… ven! - Pidió muy suplicante.
Si había alguien a quien llamar cuando la Hyuga estaba en problemas, ese era sin duda Neji Hyuga… nada más ni nada menos que su primo favorito. Aquel castaño que le cumplía todos sus caprichos y que sin pensarlo iría hasta donde fuera con tal de protegerla, así ella tuviera la razón o no.
- Esta bien, dame tu dirección.
Neji suspiró pues esa noche no estaba de muy buen humor que digamos, y es que su compañero de apartamento se había pasado todo el día viendo los mismos videos de box que había grabado hace cinco años. Estaba bien que su amigo fuese un fanático de ese deporte, pero no era para tanto, se lamentaba el castaño.
Neji Hyuga, al igual que la ojiperla, cursaba el último curso de su doctorado. Era un genio para los números y siempre que podía, le tocaba ayudar a su prima en cualquier cosa que ella necesitara… él era su salvador.
Cuando cumplió la mayoría de edad decidió independizarse y compartir la renta de su departamento con su mejor amigo Rock Lee, quien a pesar de ser un poco más grande que él, se comportaba peor que un niño de ocho años, o eso era lo que pensaba el Hyuga cada vez que veía a su amigo pegado al televisor viendo una y otra vez las misma peleas que había gradado hacía unos cuantos años.
La ojiperla se encontraba afuera de su auto, esperando a que llegara su primo su primo favorito; pues de esa noche no pasaba de que el rubio recibiera su merecido, se decía.
Por otro lado el rubio salió hacia a fuera del Hotel y es que ahora le tocaba hacer guardia en la entrada. Pronto divisó a la ojiperla afuera de un auto mientras se tallaba los brazos con el fin de calentarse, pues esa noche ya empezaba a hacer frío.
El rubio sonrío al verla, pues recordó lo que había sucedido momentos antes; no sabía si era por caballerosidad o si es que le gustaba hacerla enfadar; riéndose internamente se acercó a la Hyuga para hacerle compañía quizás o ofrecerle su ayuda.
La ojiperla estaba de espaldas muy enojada, sentía que la bilis recorría entera y quemaba su estómago.
- Disculpe… - Dijo el rubio llamando la atención de la Hyuga, quien se volteó a verlo muy sorprendida. - ¿Se le ofrece algo? ¿Puedo ayudarla en algo? - Preguntó cortésmente pensando en que quizás se le había averiado el auto. La Hyuga suspiró pesadamente antes de contestarle y pronto frunció su ceño en signo de molestia.
- ¡Si! - Respondió muy enojada. - ¡Que te mueras! ¿Se puede? - Preguntó irónicamente, haciendo sonreír al rubio.
- Y… ¿Alguna otra cosa en la que sí pueda ayudarla? - Cuestionó divertidamente, queriendo hacer las paces con ella.
- ¡No! - Exclamó muy cortante la ojiperla, volteando por otro lado para no verlo más.
- Bueno… - Suspiró el rubio. - Si llega a tener algún inconveniente, no dude en pedir ayuda. - La Hyuga hacía como si no lo escuchara. - Este lugar está un poco obscuro y… - La Hyuga le hizo una señal con ambos brazos formando una "x" enorme con ellos mientras seguía volteando hacia la otra dirección, para hacerle entender al rubio que no quería hablar más con él, ni escucharlo siquiera. - Bien. - Soltó el rubio entendiendo muy bien ese comportamiento. - Me retiro. - Anunció, decepcionado por no poder arreglar las cosas con ella. - ¿Por qué diablos me importa? ¡Es una malcriada! ¡Una niña mimada! - Pensaba el rubio un tanto molesto al volver a la entrada de aquel Hotel.
La Hyuga lo vio alejarse y como si de una niña pequeña se tratase, le hizo unas muecas y le sacó la lengua, como si con eso pudiera atravesarlo y dejarlo tirado a media calle suplicando del dolor. Sin darse cuenta, su primo llegaba en un Uber a su dirección, se puso al lado de ella pero como Hinata estaba concentrada en hacer muecas al aire, tocó su hombro para llamar su atención.
- ¡KYAA! - Gritó asustada.
- Hinata, soy yo. - Dijo el Hyuga.
- ¡Neji-niisan! - Exclamó muy feliz la ojiperla al tiempo que lo abrazaba.
- ¿Qué paso? - Dijo sin corresponder aquel abrazo, y es que sabía perfectamente que cuando Hinata le daba por llamarlo "Niisan" era porque tendría que golpear a un pobre diablo.
- ¡Qué bueno que viniste! ¡Eres un bombón, te lo juro! - Decía desesperada. - ¡Quiero que le pegues a ese tipo! - Señaló autoritaria la Hyuga a cierto rubio parado a las puertas del Hotel.
- ¿Pero por qué le voy a pegar? ¿Así nada más porque sí? - Preguntó dudoso, pues él no andaba por la vida golpeando a pobres cristianos, se decía.
- ¡Por que si! ¡Le vas a pegar por que sí! ¿Ok? - Exclamó cansada de tener que dar explicaciones. - ¡Pero le vas a pegar cañón! ¡O sea, lo vas a dejar tirado en el piso! Y cuando esté en el piso quiero que le digas… - Explicaba la Hyuga tomando una pose como si de un Gánster se tratase. Se imaginaba al rubio tendido en el suelo, ensangrentándose mientras que le apuntaba con el dedo índice. - "¡Este es una regalo de Hinata Hyuga!" Y luego le das una patada en la cara y lo dejas desmayado en el piso. - Terminó por explicar ante la mirada incrédula del Hyuga.
Su prima se había vuelto loca, se dijo. Neji posaba su mirada a aquel pobre hombre, ¿Quien rayos lo había mandado a meterse con su prima?, se lamentaba. En cierta forma lo compadecía, pues él le tenía mucho cariño a su prima, y si no lo golpeaba él, seguramente su prima contrataría a alguien más para que hiciera ese trabajo sucio… Respiró pesadamente viendo las facciones de furia que traía la ojiperla, sin duda aquel tipo no sabía en lo que se había metido.
- ¡¿Qué esperas Neji?! ¡Ve! ¡Tú sabes artes marciales! ¡Ya me lo has demostrado! ¡Come on, ve! - Pidió muy desesperada la ojiperla mientras lo empujaba.
Neji solo frunció el ceño y se dirigió en dirección hacia el rubio.
La Hyuga veía felizmente a su primo dirigirse hacia la entrada del Hotel en donde se encontraba el ojiazul hablando amenamente con una persona.
- ¡Acción! ¡Acción! - Pedía la Hyuga muy emocionada. - ¡Ahora sí naquito, vas a ver lo que es meterse con Hinata Hyuga! O sea… ¡Bueno, no te la vas a acabar! - Pensaba alegremente mientras se metía nuevamente al coche y se acomodaba para ver y no perderse el primer golpe que su primo le daría a aquel sujeto.
Neji ya había llegado con el rubio, le tocó el hombro haciendo que este te volteara a verlo y pronto abrió sus ojos de par en par.
- ¡¿U-Uzumaki?!
- ¿Sí? - Preguntó el rubio un tanto extrañado.
- ¡Ahí va el primer golpe! - Se decía muy emocionada la ojiperla sin quitar la mirada de ellos.
Continuará.
¡Muchas gracias por el apoyo y el amor que le dan a este fic!
