Disclaimer:

Ranma 1/2 ni ninguno de sus personajes me pertenecen, todos pertenecen a su creatdor Rumiko Takahashi, así mismo ningún personaje de XXXHolic me pertenece, todos son propiedad de CLAMP

Este fanfic se realiza sin fines de lucro, es solamente para entretenimiento y diversión


Capítulo 10

El plan de Nabiki era sencillo y directo, tal y como ella era, a tal punto de cuestionarse si realmente aquello podría ser considerado un plan. La chica entró a su aula con el porte tan característico de ella, si bien se le podían notar unas ligeras ojeras bajo sus ojos, no había nadie que pudiera negar el aura de poder, tranquilidad y astucia que emanaba. Sonrió levemente al haber encontrado su objetivo.

- Hola, Kuno bebé – Le saludó mostrándose frente a sus ojos

- Tendou Nabiki – respondió de forma tranquila y mirándole a los ojos – Te he dicho que ya tengo una prometida y es tu hermana, siento no haberte elegido, pero comprenderás que ella es superior a ti en muchos sentidos

El silencio se hizo presente en el aula, en parte debido a lo dicho por el castaño y en parte por el hecho de que la chica le hablara al chico de la espada. Para nadie era desconocido la situación que estaba pasando la familia Tendou a causa del reciente y abrupto compromiso de Akane con Kuno, aún a pesar de que la peliazul negó al otro hasta el último instante.

- Ni en tus más húmedos sueños lograrías conseguir a una mujer como yo – se mofó – pero eso no me interesa

- Entonces ¿Puedo saber para qué me necesitas? Sabes bien que todo lo relativo a…

- No es para lo que tu piensas – sus ojos se agudizaron y su sonrisa se borró, aunque fue apenas un instante – Tengo un negocio que realizar contigo

- No tengo más negocios para hacer contigo, Tendou Nabiki

- ¿Estás seguro? – su sonrisa gatuna reapareció y le mostró algo que tenía en sus manos – Tengo estas fotografías de Akane que puedo venderte por un muy buen costo

- Te recuerdo Tendou Nabiki, que Akane es ahora mi prometida, así que ya no requiero de tus servicios

- Oh, claro, es obvio, si tienes a la vaca en casa para qué comprar leche – le dio la espalda – Comprendo que ahora ya no quieras estas fotografías, es una lástima, eras uno de mis mejores clientes – lo miró fijamente por sobre su hombro – Supongo que ahora tendré que conseguir nuevos clientes, estoy segura de que habrá alguien que se interese en mis productos

- No te atreverías – dijo en algo apenas más fuerte que un susurro

- No tientes a tu suerte – le confrontó

- Recuerda quién soy yo en estos momentos

- Muy mal Kuno bebé, no debes usar tus influencias tan a la ligera – le dijo negando con el dedo, queriendo acentuar su comentario - Si no quieres que estas fotografías de tu prometida vayan a parar a manos de alguno de estos chicos creo que escucharás lo que tengo que decir

El aula se mantenía en silencio, viendo cómo los dos castaños hablaban y, en ocasiones, susurraban, mientras intentaban mantener la calma ante el ambiente tan tenso que se sentía. Desde el anunciado compromiso, no solo la familia Tendou había cambiado, sino también la escuela entera, si bien antes Kuno instaba a los chicos desafiaran a la peliazul, ahora había prohibido a todos hablar de ella o siquiera pensar en ella, y esa orden no distinguía género.

También la relación del chico con la pelicastaña había cambiado, si bien nunca se habían llevado del todo bien, era claro que mantenían una relación bastante cordial, sobre todo porque la chica era la proveedora oficial de material para el desesperado chico con espada de madera que profesaba su amor a la ojicastaña a los cuatro vientos, y justo el día que la peliazul dejó de asistir a la institución, ellos dos dejaron de hablarse por completo, hasta aquel día.

- ¿Qué quieres?

- A mi hermana – dijo sin vacilar

- Ella es mi prometida ahora

- Y ella sigue siendo mi hermana

Los dos pares de ojos castaños se encontraron en una batalla en la cual ninguno estaba dispuesto a ceder

- Tu familia puede visitar a Akane en mi mansión mañana

- No

Si alguien hubiera dejado caer un alfiler en ese momento, seguramente se habría escuchado en todo el edificio, ya que la noticia de que los castaños estaban entablando una conversación se había esparcido por todo el lugar, al punto que inclusive los maestros habían detenido su andar para saber qué era lo que pasaba.

- Quiero que vaya a mi casa – el silencio entre ellos se hizo presente y todos observaban con expectación

- De acuerdo – dijo cerrando los ojos

- Sin Sasuke – finalizó

- Eso no está a discusión

- ¿Qué es lo que temes? ¿Qué se escape? – se burló

- Ella no se atrevería a dejarme

- Dirás que no puede… - susurró – No quiero que Sasuke ande deambulando por ahí mientras nosotras hablamos con Akane, no tienes derecho a privarla de vernos, somos su familia, a cambio tienes mi palabra de que no incitaré a Akane a dejarte – sonrió

- Sasuke pasará a dejarla y a recogerla – finalizó

- Tenemos un trato

Unos suaves pasos se escuchaban en el asfalto, seguidos muy de cerca por otros algo torpes y toscos, el silencio reinaba entre ellos. Su corazón latía a mil por hora, a pesar de que se esforzaba por no demostrarlo, podía sentir los nervios a flor de piel y las manos le sudaban mucho, las secó de forma bastante discreta en su kimono. De ratos sentía el impulso de correr, pero sabía que no podía. A pesar de la alegría que sentía, no pudo evitar que la tristeza y desolación se hicieran presentes. Cuando estuvieron frente a aquella puerta que había visto toda su vida, sus ojos se llenaron de lágrimas y su corazón dio un brinco de alegría.

- Hemos llegado, señorita Tendou – anunció el ninja

- Muchas gracias Sasuke, no era necesario que me acompañaras todo el camino, lo conozco muy bien – le sonrió

- Fueron instrucciones del amo Kuno – se excusó. La peliazul siempre lo trataba muy bien, y le dolía ver cómo la chica se iba apagando día a día en aquella mansión, así que esperaba que esa visita a su familia la animara un poco y le diera fuerzas para seguir en el hogar de los Tatewaki

- Si, ya lo sé – la sonrisa que había adornado hacía un par de segundos sus labios, había desaparecido – Como si no tuviera ya suficiente control sobre mi familia – murmuro molesta

- Volveré por usted antes de que caiga el sol – notó cómo la noticia hizo que la chica mostrara un gesto de tristeza – Señorita Tendou, no piense en el después, disfrute estos momentos con su familia

- Tienes razón Sasuke, mejor disfrutar el ahora. Te veré más tarde

Y sin decir nada más, el ninja se retiró del lugar de forma ágil dejando a la chica parada ahí, frente a la gran puerta de madera. El corazón de la chica bombeaba a mil por hora, se sentía sumamente feliz, no hacía mucho había dejado su hogar paterno y ya lo extrañaba con locura, la convivencia con sus hermanas, el despertar a diario en su habitación, echaba tanto de menos su hogar. Abrió la puerta y caminó directo hasta la entrada conteniendo las ganas por correr.

Al irse acercando, comenzó a reconocer los sonidos tan familiares, el aroma de la cocina de Kasumi le llegó a las fosas nasales y abrió instantáneamente su apetito, el sonido de la puerta siendo abierta le hizo estremecer, las palabras "estoy en casa" resonaron en su mente. A su encuentro salió la mayor de las Tendou, quien le recibió con un enorme abrazo y, acto seguido, Nabiki apareció, ella no fue tan efusiva, no era su estilo, y nunca admitiría que le hacía muy feliz verla nuevamente, el último en aparecer fue su padre, quien sobra decir lloró apenas al verle.

La densa sombra que se había cernido sobre aquella familia parecía que se había disipado, la vida volvía a los ojos de todos los miembros, así como la felicidad. Los ojos del patriarca, que habían permanecido sombríos por semanas, volvían a tener ese brillo tan característico en él. Las risas volvieron a sonar, las pláticas regresaron, cualquiera diría que el tiempo no había pasado.

Akane pasó directo al comedor, donde Kasumi sirvió inmediatamente la comida, no pudo evitar las burlas hacia su vestimenta por parte de la mediana de los Tendou mientras la mayor intentaba calmarla mientras le decía a la peliazul lo hermosa que se veía en aquel atuendo, la ojicastaña sonreía ante ambos argumentos, hacía tanto que no se sentía tan viva.

Después de la comida, decidió caminar por lo que alguna vez fue su hogar, siendo la primera parada su habitación. Estaba justo como la había dejado, nada había cambiado, estaba segura de que Kasumi la mantenía en tan buen estado. Abrió su closet encontrándose con toda su antigua ropa, cuando se fue a la mansión Tatewaki, el castaño le indicó que no debía llevarse nada, ya que él le daría uno nuevo y, en sus palabras, "a su altura".

Tocó delicadamente la tela de aquellos vestidos que solían gustarle tanto, cómo los extrañaba, con ellos se sentía tan libre, luego, se miró a sí misma, ahora vestía un tradicional kimono, con su cabello completamente recogido y adornado con un pequeño prendedor y, como complemento, una pequeña bolsa, era una extraña en su propio cuerpo.

Sus ojos se posaron en un pequeño conjunto amarillo pálido que conocía muy bien, sus dedos temblaron al acercarse a aquella prenda y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, era su ropa para entrenar. Las gotas cayeron por sus ojos hasta su mentón para después perderse en el piso, extrañaba tanto esa vida, donde era tan feliz, donde podía entrenar, donde podía gritar y dar rienda suelta a su forma de ser, ahora ella no era más que un despojo de lo que solía ser, una muñeca para exhibir en un aparador, una doncella que ya no podía entrenar, ni siquiera alzar la voz, estaba destinada a ser sólo un accesorio, algo que se podía admirar pero que nunca podría opinar. Cerró las puertas del closet intentando con eso que también el mar de emociones que estaba sintiendo quedaran encerradas.

Sus piernas lentamente la dirigieron a aquél hermoso jardín, en el cual antes solía pasar tanto tiempo, ya sea contemplando aquél pequeño estanque o entrenando duramente, sintió el impulso de quitarse las calcetas y sentir el pasto bajo sus dedos hacerle cosquillas, pero no podía, sabía que, si se comportaba de una forma "no debida", como el castaño lo denominaba, él lo sabría, tarde que temprano lo haría.

Se lamentó internamente, siempre creyó que Kuno era un chico algo chiflado, engreído, bastante seguro de sí mismo y muy seguro de su estatus social, pero inofensivo, ahora se daba cuenta de lo ingenua que había sido, nunca pasó por su mente que el chico podría actuar de aquella manera solamente por conseguir lo que ella consideraba un capricho, por un simple trofeo. Suspiró cansadamente y mordió su labio inferior en señal de reprimir sus impulsos.

La peliazul se quedó ahí, simplemente disfrutando del fresco aire, de la vista y los sonidos tan relajantes, quería aprovechar aquel día al máximo, pero al mismo tiempo quería disfrutar de la paz que ahí sentía, pensaba que, si pudiera detener el tiempo, desearía poder hacerlo justo en ese instante, pero no era posible, ni eso ni cambiar el pasado, ella estaba condenada a ese destino cruel y lo llevaría con la frente en alto, por su familia.

Un sonido le sacó de su ensoñación y su mirada se posó en el dojo familiar, curiosa, decidió dirigirse al lugar, pensó que quizás se trataba de algún animal o algo por el estilo, sin embargo, lo que vio al llegar le sorprendió, en medio de la habitación se encontraba un chico que nunca había visto en su vida entrenando, no entendía porqué estaba ahí, ella sabía muy bien que el dojo no estaba en las mejores condiciones y que su padre no contaba, en aquellos momentos, con alumnos.

Intrigada, quiso observarlo un poco más, le pareció interesante su técnica, sus movimientos eran ágiles y certeros, no había gota de energía derramada de forma inútil, no pudo evitar quedarse boquiabierta ante la visión, un pinchazo de envidia se posó en su alma al verle ahí, mostrando sus habilidades, siendo libre.

- ¿Quieres entrenar?

Akane parpadeó al ser sacada de sus pensamientos, no se había dado cuenta de cuándo el chico había dejado su entrenamiento y se había parado frente a sus ojos

- No, gracias – contestó un poco dubitativa - ¿Quién eres tú? – Preguntó con un poco más de aplomo haciendo gala de su carácter fuerte

- Mi nombre es Saotome Ranma

- ¿Se puede saber qué haces tú en nuestro dojo?

- Ayudo a tu padre – contestó simplemente

- ¿Ayudarlo?

- Si, como sabes, el dojo necesita algunas reparaciones, y soy bueno en eso, a cambio tu padre me permite entrenar en él

- No te creo nada, mi padre nunca confiaría en cualquier extraño para ayudarle en su dojo

- Es que, no soy del todo un extraño – sonrió ante la cara confundida de la chica – Soy el hijo de un antiguo amigo de tu papá

- ¿A sí? Y si ese fuera el caso, ¿Dónde está tu padre? ¿Por qué no está con el mío si tan buenos amigos eran?

- Mi padre falleció hace ya algunos años, he venido por mi propia cuenta a visitar al tuyo como su última voluntad

La chica relajó su porte, que en todo momento se mantenía a la defensiva, al escuchar aquella explicación, sabía bien que el pelinegro podría estarle mintiendo, pero no lo creía posible, aquellos ojos azules se veían demasiado sinceros.

- Lo lamento mucho – se disculpó

- No tienes porqué, no lo sabías, además, se nota que le tienes demasiado aprecio a tu padre y a este dojo, es lógico que quieras defenderlo – le sonrió – Entonces… ¿Quieres entrenar? – Notó a la chica negar con la cabeza

- No gracias, yo… no soy buena en ello – bajó la cabeza con pesar

- Lo dudo mucho – contra atacó

- Yo soy… una dama… no es propio de una dama entrenar artes marciales – Las palabras le supieron a ácido

- ¿Quién ha dicho eso? – cuestionó – Sabes, en mi entrenamiento he recorrido muchos lugares, y he conocido bastantes artistas marciales y, he de confesar, que algunos de los más fuertes, han sido mujeres. De hecho, se que en china existe una tribu amazónica y que son de las mujeres más fuertes, espero algún día poder ir a combatir contra alguna de ellas y así probar mis habilidades

- Claro, y serás sumamente feliz cuando la derrotes – rodó los ojos ante la idea de otro hombre regodeándose ante la fuerza superior que tenía

- Por supuesto – respondió de forma rápida – Pero si no es así, estaré igual de feliz, porque significa que hay áreas en las que aún puedo mejorar ¿Qué caso tiene ser el mejor en todo?

Akane le miró confundida, no le era normal ver que un hombre admirara la fortaleza de una mujer, lo común para ella era escuchar que una mujer debía ser delicada, suave, saber cocinar, coser, atender a su marido, ser callada, sumisa y suave, y que las artes marciales estaban solamente destinadas para los hombres, sin embargo, por solo unas cuantas palabras dichas no iba a confiar en aquel desconocido.

- ¿Entonces…? – insistió por tercera vez, pero la chica volvió a negar con la cabeza - ¿Sabes? Una de las cosas que más me gusta de entrenar es que te permite pensar y despejar tu mente, después de entrenar siempre me siento más…

- Libre… - terminó la frase antes que el chico – Yo solía entrenar – dijo ante la mirada del chico – Hace mucho tiempo en realidad, cuando era una niña, como simple diversión – Entró al dojo y dejó que su mano recorriera la pared, sentía tanta nostalgia - lo dejé poco tiempo después – Mintió

El silencio se hizo presente entre ellos, la peliazul se paró en medio del lugar mientras su mente se perdía en los recuerdos, días entrenando, días meditando, días divirtiéndose. El lugar sí que se veía desgastado, había unas cuantas tablas rotas, al igual que varias ventanas y parte del techo, sin contar de una nueva puerta, sin embargo, también podía notar algunos cuantos parches, supuso que eran las reparaciones que aquel chico estaba haciendo. Sonrió.

A ella le gustaría poder ayudar, pero estaba atrapada en aquella jaula, sus alas habían sido cortadas y probablemente nunca podría volver a volar, pero todo valdría la pena, si el dojo podía volver a ser lo que alguna vez había sido, si el precio a pagar era ese, estaba dispuesta a pagarlo con creces, no importaba. Escuchó su nombre a lo lejos.

- Así que ahí estabas – asomó su cabeza por la puerta del dojo – Oh, veo que ya conociste al joven Ranma Saotome – rio bastante alto lleno de júbilo – Verás Akane, Ranma es hijo de mi ya difunto amigo Genma Saotome – señaló – él vino a visitarme para cumplir la última voluntad de mi buen amigo, he platicado horas con él reviviendo buenos recuerdos de mi juventud con Genma y él ha sido muy amable en escuchar los relatos de un viejo. Además, se ofreció a ayudarme a reparar un poco el dojo. ¿No es excepcional?

- Me alegro mucho papá – sonrió, aunque la felicidad no llegó a sus ojos

- Sabes Akane, cuando mi amigo Genma y yo éramos muy jóvenes, habíamos dicho que si teníamos hijos los comprometeríamos en matrimonio para así unir nuestras dos escuelas – volvió a reír estrepitosamente ante la mirada fúrica de la chica que desaprobaba aquella idea – Quizás si mi buen amigo no hubiera fallecido ahora mismo alguna de ustedes estaría comprometida con este joven – rio de nueva cuenta – Por cierto – la risa se detuvo de pronto – Kasumi dice que pronto estará el té y preparó unos bocadillos deliciosos, espero tu también nos acompañes, Ranma

- No quiero ser una molestia

- Claro que no chico, sabes que eres bienvenido aquí – y se alejó del lugar

Los dos jóvenes vieron al mayor irse, sin decir palabra alguna, pero para el azabache no era desconocida aquella aura asesina que comenzaba a emanar la peliazul, a pesar de que se esforzaba por no mostrarlo.

- Conque… - rompió el silencio la chica - ¿Prometida? – preguntó en forma semi burlona – Supongo que eso fue lo que te trajo a mi padre, buscando conseguir una esposa que esté a tus ordenes y atenderte cuan rey. Pues lamento informarte que eso no pasará, mi hermana Kasumi ya esta enamorada de alguien y Nabiki es demasiado inteligente como para caer en una treta como esa

- Te equivocas – le cortó – Es cierto que mi padre me platicó de aquel trato hecho por nuestros padres, pero mi intención nunca fue llegar a pedir una prometida con tu padre, yo solamente quería conocer un poco más sobre el mío, ya que falleció cuando era muy chico, y muchos de mis recuerdos están muy difusos. De hecho, si he de ser honesto, el recuerdo que tengo de mi padre es muy distinto al que tu padre tiene de él, para mí, mi padre era un hombre egoísta, cobarde e interesado, pero hablando con el señor Tendou me he dado cuenta que, si bien esa era la forma de ser de mi padre, también había motivos para su comportamiento, que tal vez no fueran del todo correctos, pero su vida no fue fácil. Con tu padre me di cuenta de que, a veces, las situaciones que vivimos, nos transforman en una persona distinta de la que nos gustaría, pero que no importando lo mal que actuemos, siempre será pensando en el bienestar de las personas que amamos.

Akane miró fijamente al ojiazul, desde lo de Kuno, su desconfianza en los hombres se había acrecentado, al punto de que solo confiaba en el doctor Tofu y su padre, pero aquel chico le parecía bastante sincero, aunque no se podía fiar, había aprendido a la mala que los hombres siempre tenían un motivo oculto en su actuar y que esos motivos siempre eran egoístas.

En la hora del té, la peliazul no dejó de observar fijamente al azabache, siguiendo su actuar para con su familia. A su parecer, el ojiazul se había instalado bastante bien con ellos, a tal grado que inclusive Nabiki parecía hablar bastante bien con el al punto de que mostraba aquella sonrisa seductora cuando quería hacer negocios, aunque le sorprendía la habilidad del chico para saber cuándo su hermana lo quería engatusar, cualquiera diría que llevaban toda una vida conviviendo y no unos cuantos días.

Con la plática, descubrió que el pelinegro podía llegar ser agradable y educado, supuso que, gracias a la educación de su madre, de quien habló brevemente, y contrario a lo que pensaba, su compañía no le era del todo molesta. El chico platicó un poco sobre los lugares que visitó mientras entrenaba, de las personas que conoció y de los grandes contrincantes a los que enfrentó, el corazón de la chica latía deprisa al imaginar todo aquello que era relatado y de cuan feliz sería si pudiera hacer eso.

Para su desgracia, el tiempo, a pesar de la compañía no planeada, pasó mucho más rápido de lo que deseaba, y el sol comenzaba a caer anunciando su inminente regreso a su jaula, su corazón se estrujó al saber que tendría que dejar a sus seres amados. Se despidió sin ánimo y manteniendo una falsa sonrisa en su rostro, se notaba que nadie quería aquella despedida, ya que el buen humor había desaparecido y un ambiente pesado se posó en ellos, justo cuando todos alcanzaron la puerta de entrada, el fiel ninja ya le estaba esperando.

- Señorita Tendou he venido por usted – anunció

Akane sonrió, pese a todo le tenía aprecio a Sasuke, le trataba bien y procuraba tenerla cómoda aún en aquella situación. Los ojos del ninja se posaron acusadoramente sobre el azabache, y la peliazul, al entender aquella mirada, se apresuró en hablar.

- Muchas gracias Sasuke, estoy lista para volver a casa – Se volteó para despedirse – Familia, ha sido muy grato verlos, espero que podamos volver a reunirnos pronto, aunque como saben, mi prometido Kuno, prefiere que pasemos el mayor tiempo posible juntos – hizo una reverencia a forma de despedida – Ranma – se volteó a ver al chico – Ha sido agradable verte, espero que te quedes un tiempo en Nerima y que tengamos oportunidad de volvernos a ver, después de todo, hace mucho que no nos veíamos, primo.

Nadie dijo nada, ni hizo ningún movimiento extraño, comprendieron tácitamente lo que la chica intentaba hacer y la mirada del ninja se relajó. La ojicastaña hizo otra reverencia y dio la espalda a su hogar para dirigirse a la mansión Tatewaki, custodiada por Sasuke. Pese al dolor que su corazón sentía al tener que dejar de nueva cuenta a su familia, también sentía alegría, al haber podido verlos, y un poco de curiosidad ante el chico, a pesar de no conocerlo bien, sentía que podía confiar en él, y que no tenía ninguna mala intención, aunque no estaba de más ser precavida. Una diminuta, pero sincera sonrisa, adornó sus labios, aunque no logró entender del todo a qué se debía.


Notas del autor

Bloqueo de escritor... No hay otra excusa

Espero que este capítulo les haya gustado, siento que sea algo corto.

En este capítulo Ranma casi no tuvo ninguna interacción, mas que lo escencial, aunque al fin los reuní después de mucho tiempo.

Gracias por el tiempo dedicado para leer este fanfiction, sin ustedes, este no tendría vida.

Agradezco mucho los reviews que me hacen llegar, aunque a veces tardo mucho en escribir. Tal vez el próximo me tarde un poco más debido a que me han invitado a un concurso de fanfictions y voy a escribir una historia. Cuando lo publique espero que también lo lean.

Por lo pronto, hasta el próximo capítulo