Capitulo 02: La ceremonia

Las dos figuras ataviadas con gorros blancos y túnicas rojas caminaron una alado de la otra ya que el supermercado no quedaba muy lejos. Las criadas nunca salían solas, se les asignaba una pareja para cuidarse entre si. Se suponía que era por protección, para acompañarse. Una miserable mentira , la realidad era que se vigilaban entre si. No podían ser amigas, eran espías entre si pues pese a que sonara muy loco había criadas que estaban de acuerdo con el régimen de New Tokio y otras más que aunque no, darían todo por agradar y obtener beneficios.

—Nos toco buen día— se le salió comentar a DeDiamante, antes de todo esto había sido una chica que hacía amigos con facilidad y contenerse le resultaba muy difícil.

—Que recibo con gozo.— contesto DeZafiro.

La otra, aprovechando el gorro blanco que cubría sus facciones puso los ojos en blanco, la actitud sumisa de su compañera le desesperaba. ¿No podían un día al menos dejar esas estúpidas frases que pretendían adoctrinarlas?

—La guerra va bien según sé— comentó de pronto aquella mujer de rasgos andróginos.

—Que sea su voluntad.— DeDiamante se sorprendió a si misma contestando de aquella bizarra forma.

—Vencimos a más rebeldes.— continuó DeZafiro — Tenían un fuerte en las colinas Azules.— ninguna de las dos podía saber cuál era la expresión de la otra —Los aniquilamos.—

—Bendito sea— trato de no sonar triste al decir aquella oración, la única esperanza eran los rebeldes.

Pasaron enfrente de una escuela, una mujer vestida de café anunciando que era una tía iba seguida por una cola de niñas vestidas en su totalidad de color rosa pues así siempre "debió ser". Las niñas de rosa y los niños de azul y nada más. El color de las ropas le hizo pensar en los bonitos cabellos rosas de su hija. Recordó el día en que fueron a la playa, Chibiusa reía emocionada cuando las olas rompían contra sus pequeñas piernas. Iba y venía corriendo por toda la orilla. Recogía pequeñas conchas de la orilla y las mostraba orgullosas. Cuando se cansaba volvía a los brazos de papá y mamá.

—DeDiamante— la voz de la otra criada la trajeron al presente —Debemos irnos—.

Las dos mujeres de rojo continuaron su camino.

XXX

El súper mercado había cambiado mucho. No había publicidades estruendosas chocando contigo a cada paso. Los productos procesados habían sido retirados y reemplazados por lo más natural que se podía. Los estantes estaban repletos de conservas y latas sin marcas llamativas, todo lo que se vendía era producto del propio régimen. Por supuesto que no podían faltar las carnes, frutas y verduras completamente naturales libres de químicos.

Dentro solo podían verse personas de rojo y verde militar: criadas y marthas.

DeDiamante y DeZafiro se dirigían al área de frutas y verduras cuando una pareja de criadas las intercepto.

—Hola— saludo una de ellas —Él las guarde. ¿Ya vieron?— la chica sonreía —¡Tienen Naranjas!—

—La lucha en otros países debe ir bien— se escucho decir a DeZafiro, pues las naranjas no eran propias del país. —A tu señora le gustan las naranjas.— le dijo a DeDiamante.

—Asegúrate que sepa que las compraste, una martha no te quitará el crédito— comento la pareja de la chica que las había saludado, era de piel morena.

—No tengo cupones para Naranja— DeDiamante se hundió de hombros, sólo tenía los que Makoto le había dado.

—Diles que eres propiedad del comandante Blackamoon, esta en las noticias…— hablo la chica del principio pero se detuvo al darse cuenta de lo que había dicho. Borro su sonrisa, dirigió una mirada preocupada a cada una de las otras tres chicas que guardaban un silencio sepulcral y la miraban sin decir nada. Se apresuro a decir: —Yo no las he leído ¡Lo juro!—

—Debemos ir por naranjas antes de que se acabe.— dijo de pronto DeZafiro y camino seguida de DeDiamante.

Un puñado de criadas rodeaba el estante que contenía las Naranjas, se escuchaban mormullos de aquellas que platicaban animadas de la buena pinta que tenían y lo agradecidas que estaban con el de arriba por la buena fortuna.

—Bendita sea su generosidad— la voz grave de su compañera se escuchaba llena de jubilo al tiempo que tomaba unas cuantas naranjas. Volteo a ver a DeDiamante —Toma unas— le apremio.

Obedeció a su compañera, pero la rubia clara pensaba que no necesitaba naranjas. Lo que necesitaba era gritar con todas sus fuerzas. Tomar la metralleta de alguno de los guardias del supermercado. ¡Hacer algo¡

—¿Regresamos a casa por el rio? — preguntó DeZafiro una vez que acabo de recoger las naranjas necesarias.

—Sería agradable.— contesto resignada, sabiendo que no tenía lo necesario para hacer lo que necesitaba.

De regreso y tal como propuso la más alta de las dos fueron por el rio. DeDiamante pensó que había sido una mala decisión en cuanto percibió un olor fétido. Frente al rio habían colgado a tres hombres, todos tenían señales de tortura y sus cuerpos eran actualmente paradero de moscas. Tenían bolsas en la cabeza y estas a su vez tenían símbolos que anunciaban lo que eran: un sacerdote, un medico y un homosexual. DeDiamante había escuchado un chiste que comenzaba así pero el remate era totalmente diferente.

XXX

La verdad es que no recordaba muy bien lo que había pasado después de mi captura. Por el golpe en mi cabeza había perdido el conocimiento, lo recuperaba pero debido al shock volvía a desmayarme. Lo siguiente que recuerdo es que me metieron a un cuarto amplio, parecía salón de clases porque había muchos pupitres ocupados por otras mujeres; estaba a oscuras pues un proyector apuntaba al pizarrón y lanzaba imágenes de guerra, contaminación, bebes e inmundicia. Una mujer madura, de cabello rojo recogido por un moño y ropas cafés hablaba como si estuviera impartiendo clases.

—¡Llenaron el aire de químicos, radiación y veneno !— Exclamó conforme avanzaban las diapositivas.—Así que dios creo una plaga especial. La plaga de la infertilidad.— En cuanto nos noto, porque no había llegado sola , fingió una sonrisa amable —¡Bienvenidas! Busquen una silla por favor.— parecía una invitación pero en realidad era una orden así que buscamos donde sentarnos de inmediato. —La natalidad disminuyo y empeoraron las cosas. ¡Anticonceptivos!¡Pastillas del día siguiente! ¡Asesinato de bebes! Todo para que pudieran tener sus orgías—.

Avanzaba tratando de encontrar un pupitre disponible, aún desorientada por el golpe, sorprendida por el discurso que escuchaba de fondo . Entre las tantas caras que ahí había me topo con una conocida, era una chica de cabello extremadamente corto y azul al igual que sus ojos.

Amy era mi amiga desde la universidad. Me regreso la mirada, se notaba que estaba sorprendida, quizás se pensaba que había logrado escapar.

—Ustedes eran mujeres sucias, rameras— la pelirroja arrastraba los insultos, se notaba que disfrutaba hablarnos de aquella manera —Pero ustedes, son chicas especiales. La fertilidad es un regalo directo de dios. Las dejo intactas por un propósito bíblico. Así como como Bilha sirvió a Raquel ustedes servirán a los lideres de los fieles y a sus esposas estériles. Van a parir hijos para ellos. ¡Tienen tanta suerte!¡Son tan privilegiadas!—

No podía creer lo que estaba escuchando, tanto así que si hubiera querido articular alguna palabra no hubiera podido de lo impresionada que estaba al escuchar tanta locura. La chica a su lado debió pensar lo mismo porque escuchó un —¿Qué diablos?— seguido de una risa sarcástica. Se giro para mirarla, era tan rubia como yo y también tenía el cabello larguísimo con unos ojos azul noche. —¿Qué es esto? ¿La bienvenida al maldito manicomio?— lanzo aquellas preguntas retoricas al aire, altaneramente.

—Bien chicas…— hablo la mujer al frente, lanzando una mirada gélida —… vamos a estar en silencio, como ratoncitos.—

—Si claro— continuó la compañera, soltando el aire y alzando las cejas en señal de burla.

La mujer de café se acerco a ella. —Bienvenida al centro Raquel señorita.— se inclino apoyada en el pupitre, observando como la rubia no dejaba de sonreír como si fuera la única que se diera cuenta de que todo aquello era una locura. —De pie.— ordeno con tono de voz firme.

—Púdrete— contesto valientemente esa chica.

—Benditos sean los sumisos cariño— dijo la pelirroja y luego acerco la vara con la que apuntaba las diapositivas al cuello de la chica, hubo un ruido eléctrico, el grito de la rubia y todas nos dimos cuenta de que aquella vara también era una pistola de electroshocks. La electrocuto hasta que fue a dar al suelo, sus gritos llenaron el salón y cuando paró solo quedaron sus quejidos. Unos soldados de negro acudieron a recogerla para llevársela.

—¡Váyanse al diablo!— gritó la chica , tratando de resistirse —¡Suéltenme malditos!—

Quedé estupefacta con la escena y para colmo la pelirroja se acerco a mi, golpeo mi escritorio y me grito cara a cara —¡Ojos al frente y manos arriba!— asustada obedecí, no quería que me electrocutará o peor aún, me llevarán a quien sabe donde. Apenas estaba procesando donde estaba.

—Chicas, se que esto debe sentirse muy extraño. Pero lo ordinario es lo que ustedes acostumbran. Tal vez esto no les parezca ordinario ahora, pero después de un tiempo lo será. Esto se convertirá en lo ordinario.—

XXX

Mas tarde, por la noche, nos mandaron a dormir. El dormitorio para nosotras era un cuarto más amplió, del tamaño de un gimnasio escolar y dormíamos en catres uno alado del otro. Logre encontrar espacio justo alado de Amy. Espere un tiempo prudente después de que cerraron la puerta y le hable en voz extremadamente baja.

—Trate de huir con ella pero…— mi voz se quebró, habían pasado tantas cosas y no había tenido tiempo ni de llorar —…era muy pesada.— las lagrimas comenzaron a rodar por mis mejillas —En serio trate.—

—Oye— Amy hablo con voz dulce para tranquilizarme —Lo sé. Vas a recuperarla ¿Si? Solo tienes que bajar la cabeza. Esta locura va terminar entonces la encontraremos— a pesar de que las luces estaban apagadas pude ver que me sonreía con sinceridad. —Lo juro.—

Le devolví la sonrisa pese al llanto —Gracias.—

—¿Qué paso con Para-Para?— pregunte, ella era la pareja de Amy.

Pude ver como su sonrisa desaparecía, suspiro —La agruparon en una de las purgas de lesbianas.— yo ahogue un gemido —La reclasificaron como "no mujer" y la enviaron a las colonias.—

Un ruido nos interrumpió, asustada cerré con fuerza los ojos y fingí dormir. Escuche sollozos y tuve que hacer acopio de todo mi valor para abrir un poco mis ojos y ver que estaba sucediendo. Un grupo de tías entraba con una chica sollozante a cuestas, tuve que contenerme para no moverme pero me di cuenta de que la chica era aquella que había sido grosera y altanera. Las tías la dejaron sobre una cama que estaba sola y esta se acorruco en su cama, yo pude notar que llevaba un vendaje en la cabeza.

Espere a que las tías salieran para volver hablar con Amy.

—Amy…¿Qué le hicieron?— pregunte angustiada.

—Si tu ojo derecho te hace pecar, arráncalo…— dijo Amy con tal frialdad que me dio a entender que esto pasaba seguido. Un escalofrió recorrió mi cuerpo. —Solo procreamos, no necesitamos ojos para eso.—

Los sollozos de la chica rubia duraron hasta que se quedo dormida por el cansancio.

XXX

DeDiamante se sentía aliviada de que ninguno de los cuerpos colgados fuera el de su amiga Amy. Eso le daba esperanzas, podían ser falsas esperanzas pero era algo a lo que aferrarse.

—¿Tomamos la ruta larga?— su acompañante escarlata le hablo, hasta ese momento no había dicho nada.

—No lo creo. Debo prepararme para la ceremonia.— apretó con sus manos la agarradera de la bolsa de compras.

—Alabado sea— ahí estaban de nuevo esas frases de felicidad lanzadas robóticamente. —Iremos directo a casa. Que dios bendiga tu esfuerzo y que lleve a cabo su milagro.—

—Alabado sea— apenas respondió porque apretaba los dientes con fuerza.

XXX

De vuelta en casa de los Blackmoon, DeDiamante se dirigió al baño donde ya estaba preparada una tina con agua caliente y escancias aromáticas. Es obligatorio un baño antes de la ceremonia, así que comienza a desvestirse para poder limpiarse. Lavarse y peinarse como si fuera un cerdo de premio. Se quita cada prenda con lentitud, tomándose su tiempo hasta quedar completamente desnuda. Observa la bañera por largo rato hasta que decide meterse en ella. Sus largos cabellos rubios flotan a su alrrededor junto a la espuma del jabón. Suspira y cierra sus ojos, escuchando el suave movimiento del agua.

Se le aparece claramente en la bañera. Recuerda a su hija y la vez que la llevaron al acuario, lo sorprendida que estaba al ver los animales acuáticos danzando a su alrededor. Se preguntaba con angustia cuando se le aparecía ella. Ni si quiera sabía si aún la recordaba. Elevaba una sola suplica al cielo.

"Por favor dios, permite que me recuerde".

Cuando se acerco la hora dejo su habitación, camino entre los estrechos pasillos de aquella casa, bajo al primer piso para llegar a la sala. Había un cojín rojo en el que se hinco porque ahí debía rezar pero la rubía no dejaba de preguntarse que era lo que había echo para merecer eso.

XXX

En el reclusorio Raquel teníamos programadas diversas "actividades" que por supuesto eran obligatorias. Una de ellas era una especie de grupo de apoyo retorcido porque nos sentábamos en circulo y una de nosotras se sentaba en medio mientras las demás y la tía la escuchábamos en silencio.

Un día de esos le toco a Minako, la mujer rebelde. Ya tenía las ropas de criada sin embargo resaltaba encima de las otras pues tenía un parche cubriendo su ojo derecho. Bueno, la cuenca derecha.

—Los muchachos seguían bajando al sótano durante horas. A veces eran dos o tres a la vez.— gimió bajando la mirada, yo notaba que le costaba contarnos eso —Yo conocía a la mayoría, de la escuela. No podía creer que estuvieran haciéndolo. Que estuviera pasando. —

Nuestra tía, la mujer pelirroja de rostro rígido se le acerco y comenzó a caminar alrededor de ella. —Pero si paso ..— le dijo y ella entre sollozos que no podía controlar asintió. —¿Y quien los condujo?— la severa mujer al no obtener una respuesta rápida le pateo la pata de la silla para asustarla. —¿De quien fue la culpa?

No pude evitar fruncir el rostro, confundida. Le dirigí una mirada de confusión a Amy y ella ni se inmuto. Solo me miro un instante.

Minako se hundió de hombros —N-no… no lo sé.—

La tía chasqueo la lengua y luego soltó un suspiro, como si estuviera cansada —¿De quien fue la culpa chicas?—se dirigió al resto.

Pude ver como todas la señalaban y empezaban a corear "¡Su culpa!¡Su culpa!" una y otra vez. Yo no podía creer que hablaran en serio, me negaba a re victimizar así a la chica que se había abierto con nosotros de esa manera. Además yo realmente no creía que era su culpa. Una de las tías lo noto, se acerco y me golpeo con la mano abierta la cabeza.

—¡Hazlo!— escuche susurrar a Amy entonces temerosa alce el brazo y coree con las demás.

Entonces, por si aquello no fuera poco la tía pelirroja agrego —¿Y que es lo que pretende dios al permitir que sucedan cosas tan horribles?.—

Todas coreamos "¡Enseñarle una lección!" sin parar. Podía ver como la rubia en el centro se descolocaba sentimentalmente y se echaba a llorar. Aún ahora me cuesta describir como me sentía, sentía un hueco en el estomago, tenía ganas de abrazarla y decirle que no había sido su culpa, que Dios no era así de cruel. Pero tenía miedo y simplemente hice lo que se esperaba de mi.

XXX

Después de un rato de rezos a solas, se presentaron a la sala los sirvientes de la casa: Makoto y Seiya. Ella primero, vistiendo de verde militar. — Los huevos que trajiste hoy estaban frescos— comentó, como si quisiera aligerar el ambiente. Enseguida llego Seiya, vestido de negro. —Ojala se den prisa. Algunos tenemos cosas que hacer.— hablo por lo bajo Makoto, dirigiéndose más a Seiya que a nadie. DeDiamante apretó los labios, si por ella fuera ojala nunca tuviera que hacer esto.

—Solo espera.— susurro a su vez Seiya, como si regañara a la martha por su impaciencia.

Luego entro la señora de la casa, se tomo su tiempo. Fue hasta la chimenea donde tenía una pequeña caja dorada que funcionaba de porta cigarrillos, saco uno. Camino hasta una silla frente a la criada, se sentó, llevó el cigarrillo a su boca y lo encendió. —Tarde otra vez.— le dio una calada al cigarro y soltó el humo de inmediato. Se le notaba impaciente. —¿Qué es lo que le sucede a los hombres?— le hablaba a todos pero sólo miraba a Dediamante como si ella fuera la culpable del retraso de su marido. Obviamente la rubia no contesto.

Tras unos minutos de espera en los que Rei se acabo el cigarro, por fin tocaron a la puerta. Llamar es obligatorio porque esta noche es territorio de ella. —Adelante— concedió.

—Buenas noches.— saludo el comandante a su servidumbre una vez hubo entrado —Querida.— se dirigió con una suave sonrisa a su esposa y ella le contesto de la misma manera, aunque lucía triste. —Empecemos— en sus manos llevaba una biblia pequeña, la abrio justo donde el separador marcaba y empezó a leer —Cuando Raquel vio que no saba a luz al hijo de Jacob, Raquel envidio a su hermana y dijo a Jacob: "Dame hijos o morire" y ella dijo "Toma a mi doncella Bilhah, yace con ella y ella se recostara en mis rodillas de modo que yo también tenga hijos por ella. Y ella le dio a el a Bilhah su criada, como su esposa y Jacob yacio con ella"—

Tras la apertura, los sirvientes salieron, Rei se sentó de rodillas y en medio de la cama. Luego DeDiamante se recostó con la cadera al ras de la cama, las piernas separadas y la señora de la casa le sostuvo las manos. Por ultimo el comandante se coloco entre las piernas de su criada, abrió la cremallera de su pantalón sacando un miembro ya duro y anhelante, y así, sin contemplaciones penetro a su criada que por supuesto no llevaba ropa interior. No había juegos previos, porque aquello era un deber divino, una tarea otorgada por el estado y no tenía porque haber diversión.

DeDiamante evito quejarse por la falta de lubricación y mantuvo sus ojos en el techo. El hombre, tras entrar por completo comenzó a embestirla con fuerza, de esta forma la cama se movía junto a la esposa que apretaba con fuerza las muñecas de ella. No porque fuera a escapar, sino que odiaba la escena e intentaba desquitarse de alguna manera. Las estocadas comenzaron a ser más intensas, más fuertes hasta que el comandante tuvo que sostenerse de uno de los postes de la cama pues su orgasmo llegaba. El cuerpo del hombre se tenso mientras depositaba su semilla en la criada.

En silencio, salió de ella y busco un pañuelo para limpiar su miembro. Se acomodo las ropas y salió de la habitación.

Una vez solas Rei la soltó, le había dejado marcas blancas en las muñecas, denotando la fuerza con la que la había agarrado. Se bajo de la cama y con premura fue en busca de otro cigarrillo —Fuera— la chica que aún estaba recostada dirigió sus ojos azules a la mujer. Aún estaba tratando de recomponerse. —¿Estas sorda?— gruño —¡Lárgate!—

Frunció el sueño, no entendía porque la pelinegra la trataba como si fuera una especie de amante cuando para empezar ella ni quería estar allí. Suspiro para tomar fuerzas, cerro los ojos e intentando que su voz no se quebrara se digno a hablar —Las probabilidades de quedar embarazada son mayores si permanezco acostada un rato después de…—

—Solo vete.— la interrumpió. DeDiamante no tuvo de otra que levantarse y retirarse de la habitación dejando espacio para que la señora de la casa soltara unas cuantas lagrimas de frustración, envidia, celos y rabia.

Notas de la autora: Bienvenid@s de nuevo. Espero este episodio les haya gustado, la verdad es que me costo por la crueldad que hay en diversos temas. Tenemos una lectora que no es de habla hispana, espero verla seguido por aquí y que pueda entender adecuadamente el fic.

Ya saben que sus comentarios son bien recibidos siempre y cuando sean hechos con respeto.

¡Nos vemos a la proxima!