«Es mejor vivir un día como león que doce años como oveja.»

—Charlie Brown.

Sabiendo lo callada y sencilla que era la Pilar de la Luna y aún más sabiendo cuanto solía molestarle el escándalo, a Kyojuro le sorprendió el hecho de que a Kazashi le gustasen mucho los festivales. Pero eventualmente este pequeño dato le ayudó bastante, porque le permitió hacer un plan —junto a Mitsuri y la adición no pedida de Uzui— para finalmente confesarle sus sentimientos a la Tsukimura.

¿Cómo fue que finalmente se decidió después de tanto tiempo? Digamos que Mitsuri había sido bastante convincente —y completamente terca— al momento de comenzar a insistirle para que confesase sus sentimientos recién descubiertos. Kyojuro fue igual de decidido al decirle a la Pilar del amor que aún no estaba preparado, no sólo se trataba del miedo al rechazo, sino del hecho de no saber qué haría si Kazashi resultaba corresponderle. Tantos factores que había que tener en cuenta, aceptar a otra persona en su vida implicaría una sarta de mentiras piadosas que eventualmente sólo causarían dolor, el tener una pareja sería arriesgar al otro al sufrimiento que podría provocar una misión de la que uno de los dos no regresaría.

Pero como siempre solía hacerlo, Mitsuri dijo algo que lo dejó completamente callado y le permitió mandar al fondo todas esas dudas al menos de forma temporal.

—Eres un cazador, pero también eres humano, Kyojuro-san. No te prives de uno de los sentimientos más bellos que pueden sentir los humanos que es el amor sólo por meras conjeturas.

Por momentos se le pasaba por la cabeza la batalla que tuvo con esa luna superior, todo lo que él mismo le dijo defendiendo a capa y espada —literalmente— lo valiosa que era realmente la humanidad. Poder vivir con sangre corriendo las venas, sentir amor o al menos apego hacia las personas. Esa espina que representa la muerte pero que impulsa a vivir cada momento al máximo.

Cuando fue atravesado por el puño de Akaza y ya se había resignado a perder la vida delante de los ojos llorosos del trío de jovencitos, para posteriormente despertar en la finca Mariposa tras un mes en coma, aparentemente su cuerpo físico no había sido lo único que fue severamente lastimado sino una porción de su alma se había visto arrancada al ver a tanta gente sufrir por él. Lo había hecho sentir esa especie de instinto de distanciarse de todo el mundo para no provocar sufrimiento en caso de que un evento así volviese a ocurrir y esta vez no fuese posible salvarlo.

Todo eso se resumía en una charla con la Pilar del amor en la que esta le había hecho aquél comentario, y con él desencadenó el inicio de un extraño complot —con la adición no pedida como cosa rara, de Uzui— para que ocurriese la confesión entre el Pilar de la llama y la de la Luna.

Después de que el rubio se hubiese visto arrastrado a múltiples intentos de "la declaración perfecta": Intentos como eran una ocasión durante una fiesta en la mansión del ex-Pilar del Sonido —que no era nada sutil al demostrar que tenía demasiado tiempo libre desde que se retiró— este intentó hacer una enorme carta de confesión en el cielo hecha con fuegos artificiales y había obligado a Kyojuro a seguir el plan, pero algo salió mal —empezando por el hecho de que el hombre de cabellos blancos aún no se acostumbraba a trabajar sólo con una mano— y lo único que consiguieron fue una colorida explosión que quemó un árbol de jardín y dejó al Shinobi en el suelo con las ropas quemadas y la cara negruzca por las cenizas.

Otra mucho menos estrafalaria pero igual de bochornosa había sido una ocasión en la que Mitsuri lo había encerrado junto a la Tsukimura en un armario decidida a no dejarlos salir si no era de la mano, aunque ese plan extremista fue —gracias al cielo— interrumpido por un dúo de Kakushis que pasaban por ahí y oyeron los gritos de ambos Pilares. Ese día tanto Uzui como la propia Kanroji tuvieron que huir del rubio durante poco más de una hora para evitar que el irritado maestro de Mitsuri les partiera las piernas como había amenazado varias veces mientras estuvo encerrado en aquél armario.

—¿Ahora que están tramando ustedes dos? —había dicho el rubio suspirando, preparándose mentalmente para la locura que debían estar pensando esos dos (sea cual sea) para volverlos pareja a él y a la Tsukimura.
—¡Kyojuro-san! —la Pilar del amor se le había acercado casi dando saltos y con una amplia sonrisa en el rostro— ¡Con Uzui-san al fin sabemos como ayudarte!
—¡Hemos creado un plan inflable para que al fin confieses tus sentimientos de la forma más extravagante posible! —exclamó el de cabellos blancos haciendo una de sus extrañas poses.
—Es infalible, Uzui —lo corrigió Kyojuro.
—¡Esa cosa!

El Pilar de la llama realmente tuvo que contenerse para suspirar otra vez. Pero pudo respirar con tranquilidad cuando —por primera vez en todo lo que llevaban haciendo esto— ni Uzui ni la Pilar del amor planeaban ninguna locura, de hecho el plan —valga la redundancia— era bastante favorecedor e incluso podría presentarle algo nuevo y divertido a la chica de ojos celestes. La llevaría a un pequeño festival llamado Tsukimi que se celebraba en el mismo pueblo de Kazashi, dedicado a darle la bienvenida a la primera luna de Otoño y que afortunada coincidencia... El cumpleaños de Kazashi y su hermano gemelo Kakashi. Según su aprendiz y ex-compañero, no había nada más romántico —y vistoso— que confesártele a tu amor en un festival en su cumpleaños, asimismo, le insistieron bastante en que debía esperar hasta la medianoche, en donde ocurriría un espectáculo de fuegos artificiales.

Kyojuro recordaba una ocasión en la que había estado hablando con ella y con el Pilar de la Roca —quien cabe destacar, pese a no poder ver parecía observarlos a él y a su compañera como si supiese algo que ellos mismos ignoraban—, al comenzar a hablar de sus cumpleaños la Tsukimura, con un rostro nervioso había dicho que no solía ir a aquél festival por falta de tiempo y sus cumpleaños solía celebrarlos en casa junto a su familia —con la adición de la visita de su hermano mayor—. Ese día ambos Pilares masculinos se habían mirado con ligera angustia al intuir otra razón por la que la Pilar de la Luna no iba al Tsukimi, pero cuando le preguntaron al respecto ella negó que su progenitora tuviese algo que ver.

—No se preocupen, mi madre no siempre es la fuente de todas mis desgracias —había dicho ella tratando de bromear un poco para tranquilizarlos.

Sabiendo esto, junto con el inesperado gusto de la Tsukimura a esta clase de eventos Kyojuro —por primera vez— aceptó de buen grado participar en esta idea. Era algo cliché, pero si salía bien implicaría un hermoso recuerdo para él y la Tsukimura.

Volviendo al punto; el primer paso era el más sencillo que era invitar a Kazashi a dicho festival, consciente de que la joven se negaría debido a que implicaba abandonar a sus hermanos —o más bien dejarlos a merced de su madre— Kyojuro había ido directamente en una de sus visitas a pedir permiso al señor Tsukimura para que la Pilar de la Luna fuese a dicho festival, a lo que este había sonreído ampliamente y le había dado dicho permiso casi que sin dudarlo —en contra de las súplicas de la Tsukimura que reclamaba por sus hermanos—, afirmó que sabría como manejar a la matriarca cuando notase su ausencia y los más pequeños aceptarían darle un espacio para que saliera a pasarlo bien.

Todo llevando a este preciso momento...

Kyojuro estaba esperando fuera de la casa de reposo en aquél anochecer, esta vez no usaba su típico uniforme de cazador sino una simple pero elegante yukata de color escarlata —agradecía al cielo que Mitsuri no hubiese dejado que Tengen lo obligase a llevar esa gran cantidad de estrafalarios adornos que en un principio completaban el atuendo—. Ni siquiera llevaba su espada.

Esta noche; sólo serían Kazashi y él, nada de misiones, nada de demonios, nada de problemas o sangre.

El cielo tenía el mismo degrade de naranja y púrpura clásico del crepúsculo, algunas estrellas ya se dejaban ver al igual que el reflejo de la luna se hacía más notorio mientras el sol terminaba de esconderse. Pensar en semejante imagen con la añadidura de las coloridas lámparas del festival era suficiente para sacarle una sonrisa al Pilar de la llama.

—Buenas noches, Kyojuro-kun —la suave voz de Kazashi lo sobresaltó un poco, pero era muy leve comparado a los sustos que su compañera tendía a darle— ¿Te hice esperar mucho?
—¡Kazashi-san! —se giró con una brillante sonrisa que, aunque ninguno de los dos se daba cuenta, sólo se la dedicaba a la Pilar de la Luna— ¡Buenas no.. —no terminó su frase, sino que balbuceó una larga "O" mientras contemplaba a la Tsukimura de arriba a abajo y al mismo tiempo su rostro comenzaba a arder como si usase sus propias llamas.

Si pensaba que solamente con su sencilla ropa de civil y cabello suelto la chica lucía hermosa. Esta vez Kyojuro estaba convencido de que jamás conseguiría ver algo más impresionante que eso. Kazashi usaba un kimono de color púrpura que tenía flores rosas y blancas bordadas en los bordes junto con un obi color lila que la hacían parecer una verdadera muñeca de porcelana. Su abundante cabello de tono galaxia estaba atado en un moño que en el centro tenía un mechón ondulado colgando y adornado con esa clásica peineta plateada con flores de glicina que la Pilar de la Luna acostumbraba a llevar en las misiones, además... ¿Era idea suya o sus ojos estaban delineados?

—¿Kyojuro-kun? ¿Todo bien? —Kazashi observó con preocupación al más alto.
—¡Estoy bien! —exclamó de la nada el rubio sobresaltando a la contraria— ¡Te ves muy linda, Kazashi-san!

Linda sería decir muy poco.

—Te noto nervioso, Kyojuro-kun —insistió la Pilar de la Luna.
—¡Es que me tomaste por sorpresa! Como siempre —Kyojuro rió nervioso—. Te ves muy linda —repitió pensando que no le había prestado atención antes.

Esta vez la Pilar de la Luna sí se sonrojó por el cumplido.

—Muchas gracias, Kyojuro-kun. Tú... También te ves muy bien —contestó la Tsukimura sonriendo dulcemente a la vez que se sonrojaba. Kyojuro volvió a reír.
—Ya deberíamos irnos.
—Sí.

El pueblo no estaba lejos de la mansión Tsukimura, además de que no fue nada difícil encontrarlo puesto que las lámparas ya estaban encendidas como el Pilar de la llama había supuesto, lo cierto es que las luces rosáceas, naranjas y rojizas le daban a dicho pueblo un aspecto bastante más alegre de lo normal combinado con los distintos colores de los kimonos de los habitantes o visitantes, las tonalidades de los demás adornos que cómo no, tenían temática de la luna y el otoño.

Kyojuro sonrió ampliamente, contagiado por la sonrisa encantadora que reemplazaba la común expresión insegura en el rostro de su compañera y los ojos celestes que brillaban maravillados por las decoraciones y las atracciones que se veían por el lugar. Era una vista adorable si se sumaba la pequeña estatura de la hija mayor de los Tsukimura y la manera en la que esta le sujetaba la manga como si fuese una niña pequeña. Contrastaba con la imagen de madurez —casi severidad— que la Pilar de la Luna solía mostrar en las misiones o en otras situaciones delicadas.

Se dedicaron a recorrer los caminos, observaron una obra de teatro de sombras, un grupo de Geikos bailando y también contando historias que ambos escuchaban con la fascinación de niños pequeños. La historia favorita de Kyojuro había sido la de la diosa Amaterasu y como habían logrado sacarla de la cueva en la que se refugiaba para que volviese a alumbrar la tierra con su luz, por otra parte la historia de Kazashi había sido —irónicamente— la historia de la princesa Kaguya, la princesa de la Luna, la hermosa pero caprichosa doncella que a pesar de todo aceptó con valentía su destino de abandonar el mundo en el que estaban las personas que amaba, para regresar a su lugar en el cielo.

—¿Me creerías si te dijera que te pareces a la princesa Kaguya?

Esas palabras la habían tomado por sorpresa, la Pilar de la Luna miró a su compañero con el ceño suavemente fruncido, confundida.

—¿A qué ha venido eso, Kyojuro-kun? ¿Por qué dices que... Me parezco a la princesa Kaguya?
—Eres fuerte... Como ella —Kyojuro amplió su característica sonrisa, mientras que Kazashi abrió sus ojos celestes mientras que sus pálidas mejillas se enrojecían con velocidad.
—¿Qué... Qué dices, Kyojuro-kun? —espetó tímidamente apartando la mirada— Me atrevería a decir que soy el miembro más débil que ha ingresado, incluso por debajo de Tokito-kun. Ni siquiera soy capaz de blandir una katana común cuando incluso Shinobu-san puede hacerlo...
—No me estás entendiendo, Kazashi —no sólo fue el hecho de que la llamase sin ningún tipo de honorífico, sino que fue la seriedad con la que el Pilar de la llama hablaba de repente lo que llamó la atención de la fémina—. Cuando digo que eres fuerte no estoy hablando de tu físico o tu desempeño en las batallas ¡Que de por sí es excepcional, por cierto! —el sonrojo en las mejillas de la Tsukimura aumentó— La princesa Kaguya nunca demostró ser fuerte en el aspecto físico, sino que demostró ser fuerte al asumir las cargas que le esperaban y se enfrentó a ello aunque tuviese miedo. Ese es tu tipo de fuerza, Kazashi. Te podrá haber golpeado una marea completa, pero sigues avanzando, incluso cuando todo está mal lo veas por dónde lo veas.

Pasó un momento en el que nadie dijo nada, sólo se limitaron a mirarse a los ojos. Kazashi con sus ojos algo humedecidos por alguna razón, mientras que Kyojuro de repente sentía su respiración agitarse como si su cuerpo presintiese algo.

—Kyojuro-kun —susurró la joven con su voz un tanto cristalizada.
—A mi parecer, Kazashi. Eres de las personas más llenas de esperanza que he conocido.

Más silencio; aunque sólo fueron unos segundos porque ninguno esperó lo que pasó después. Al ver ese rostro vulnerable de la Tsukimura, pero que de repente se veía más luminoso algo pareció apagarse en la mente de Kyojuro, en un sólo momento mandó a volar todas sus preocupaciones o dudas acerca de lo que podría pasar después o con lo que tendrían que lidiar acabada la velada. Reaccionando por un impulso que no sabía desde cuándo llevaba reprimiendo Kyojuro se adelantó y con un solo brazo envolvió la pequeña cintura de la Tsukimura, para luego inclinarse sobre ella cerrando los ojos.

Cuando los labios de ambos se encontraron los dos pegaron un respingo, pero segundos después sus cuerpos se sintieron derretirse por la tan placentera sensación que los recorrió. Una especie de alivio, similar a cuando cumples después de tanto tiempo un deseo que le pediste a una estrella fugaz. Ninguno de los dos se había sentido así nunca antes.

Se sintió como si hubieran encontrado al fin una parte suya que toda su vida estuvo perdida.

Kazashi terminó cerrando sus ojos —que antes habían estado abiertos de par en par por el sorpresivo movimiento del rubio— y con sus delgados brazos terminó también rodeando lo que podía a Kyojuro.

Todo dejó de existir para ambos excepto el contrario: Las preocupaciones, los nervios, los deberes, incluso sus propias familias problemáticas abandonaron por completo su mente. El pasado y futuro dejaron de tener alguna importancia para ellos, lo que tanto habían deseado sin saberlo se había cumplido. Un momento para ellos solos, un momento de no pensar... Un momento junto a su persona especial.

El amor nunca es fácil ni de entender ni de practicar. El amor no resolverá todos los problemas ni es un camino de rosas.

Pero las heridas del alma si las puede sanar, asimismo, puede dar la suficiente fortaleza como para ir contracorriente buscando algo mejor.

El amor nunca es fácil ni de entender ni de practicar. El amor no resolverá todos los problemas ni es un camino de rosas.

Pero las heridas del alma si las puede sanar, asimismo, puede dar la suficiente fortaleza como para ir contracorriente buscando algo mejor.

—Te amo.
—Yo... También te amo.