El padre de Luka tenía un cocodrilo.

Algunos cocodrilos pueden alcanzar hasta 6 metros de largo y pesar 900 kilos. Son criaturas peligrosas, que atrapan a sus presas con sus enormes fauces y los arrastran bajo el agua para ahogarlas y luego devorarlas. Se dice que es una muerte tan agonizante que muchas de sus víctimas prefieren dejarse engullir a resistirse, y por eso los cocodrilos son unos de los animales más temidos del planeta.

Sin embargo, en aquel momento Luka le tenía más miedo a Kagami que a Fang.

La chica no se molestó en ocultar su hostilidad cuando se acercó a él desde atrás, en el baile. Un par de metros por delante, Marinette y Adrien permanecían abrazados, sumidos en un momento lacrimógeno que poco tenía que ver con el terror paralizante que Kagami estaba provocando en Luka.

Un aura abrumadora la rodeaba. La marcha ominosa de tambores que anunciaba su presencia se intensificó a medida que el silencio entre ella y Luka se hacía más largo.

Al cabo de un rato, Kagami repitió su pregunta:

—Marinette ha estado evitando a Adrien y no me ha querido decir por qué. Ahora lo ha rechazado, y te encuentro espiándolos desde las sombras. ¿Quieres darme una explicación o tendré que recurrir a métodos menos amistosos?

Luka tragó saliva. Audiblemente.

—Tienes razón —murmuró—. No está bien espiar a las personas. —Y con esas, se dispuso a girar sobre sus talones y marcharse de ahí cagando leches.

No valía la pena enfadar a Kagami, aunque fuese en pos de la misión de "vigilar a Adrien" que le había encomendado Sass. Luka supuso que podría dejar solos a Adrien y a Marinette cinco minutos, hasta que Kagami perdiese interés en él. Al fin y al cabo, ¿qué era lo peor que podía ocurrir en cinco minutos?

Por desgracia, antes de que Luka pudiera huir despavorido y camuflarse entre la multitud, los dedos de Kagami se cerraron alrededor de su antebrazo como una garra de metal.

—No tan rápido —siseó. Cualquier rastro de amabilidad había abandonado su tono.

Luka sintió otro escalofrío recorrerle la espina dorsal.

Mierda. No se podría deshacer de ella tan fácilmente.

—Alya me ha contado algunas cosas —continuó Kagami—. Como que, cuando rompiste con Marinette, le prometiste esperarla hasta que estuviera lista.

Luka chasqueó la lengua. Técnicamente, era cierto. En ese momento había creído que Marinette lo había rechazado porque no era capaz de olvidar a Adrien. Luego se había dado cuenta de su error: él y Marinette habían roto porque ella no tenía más remedio que guardarle secretos.

Con esa información, era muy probable que Luka pudiera llevar a buen puerto una relación con Marinette. Una pena que, ese mismo día, descubriera que ella y Adrien estaban destinados a estar juntos y por lo tanto cualquier intento por conquistar a Marinette acabaría siendo en vano.

—Marinette y yo somos agua pasada. No funcionó —contestó Luka. Se sorprendió de la determinación en su voz, aunque aún había una pizca de amargura que se resistía a abandonarlo cada vez que salía el tema.

Darse cuenta de que jamás había tenido una oportunidad real con Marinette, sin importar cuánto lo intentase, aún resultaba doloroso.

Kagami le dio un apretón de advertencia a su antebrazo.

—¿Entonces no eres la razón de que Marinette esté evitando a Adrien?

—Espera, ¡¿qué?!

Tomado completamente por sorpresa, Luka por fin se giró para encarar directamente a Kagami. Cuando lo hizo, descubrió la fiereza de una tigresa, la valentía de una amazona… pero en cuanto afinó el oído, alcanzó a captar algo más profundo. Más intenso.

Preocupación.

—Marinette está evitando a Adrien desde hace un par de semanas. Quiero saber por qué —soltó Kagami, tan directa como siempre.

Luka lo entendió todo de golpe. El miedo atroz que hasta entonces Kagami le estaba provocando se disolvió poco a poco y fue sustituido por una profunda compasión.

Kagami solo quería ayudar a sus amigos, pero era difícil cuando no conocía toda la historia.

—Yo no tengo nada que ver —le aseguró Luka, pero ella no debió de creerlo, porque siguió insistiendo:

—¿Tienes idea de cuánto daño le está haciendo Marinette a Adrien? Y ella también está sufriendo, aunque lo niegue.

Luka sintió una punzada de culpa. Por supuesto que lo sabía: Marinette y Adrien no dejaban de dar vueltas alrededor del otro y causarse dolor mutuamente, ¿pero qué podía hacer él?

Todo sería mucho más fácil sin las identidades secretas. O sin Hawk Moth, ya que estamos. Por desgracia, eran circunstancias que Luka no podía cambiar.

Así que en su lugar plantó los pies, enderezó la espalda y trató de imprimir toda la convicción que fue capaz de reunir en su voz:

—No sé por qué Marinette está evitando a Adrien —Mentira—, pero yo no tengo nada que ver. —Verdad—. Además, tengo la impresión de que este baile será la solución a sus problemas. Solo… míralos. —Luka agarró los hombros de Kagami (un movimiento extremadamente valiente por su parte) y la obligó a girarse hacia donde Marinette y Adrien estaban fundidos en un tierno abrazo… o más bien estaban.

El corazón de Luka se detuvo de golpe en cuanto sus ojos se fijaron en el lugar vacío donde Adrien y Marinette habían estado hacía un momento. Ahora solo había aire; silencio en vez de los suaves sollozos de dos corazones rotos.

Luka empalideció.

Oh, no…

Olvidándose por completo de Kagami, su mirada comenzó a volar aquí y allá en busca de la capa negra de Marinette o del traje blanco —mucho más reconocible— de Adrien entre la multitud.

Luka era alto, su cabeza se alzaba sobre el gentío, lo que significaba que hubiera encontrado tanto a uno como a otro en un santiamén de haberse encontrado en la sala de baile. Así que le bastaron un par de segundos para concluir que Marinette y Adrien ya no estaban allí.

—¡Mierda! —exclamó.

Se llevó las manos a la cabeza, al borde del pánico.

Había perdido a Adrien.

¡Era lo único que no debía pasar esa noche!

Y todo porque se había dejado distraer por unos afilados ojos rasgados y unos labios finos como una navaja. Unos labios que en ese momento se fruncían sin entender, pero que Luka ignoró. Tenía asuntos más urgentes que atender.

No podía dejar a Adrien solo en una noche tan crucial. Sass le había advertido que sus emociones negativas eran un arma peligrosa, y Marinette se acababa de negar a bailar con él. Eso sería suficiente como para empujarlo al borde del precipicio. Un empujoncito más y… ¡bum!

La situación era crítica. Luka tenía que encontrar a Adrien con urgencia.

—Mierda. Mierda. Mierda —repitió, como un loro, mientras examinaba la sala y contaba las posibles salidas. Había cuatro.

La entrada principal.

El ascensor.

Los baños de la sala del baile.

Y el pasillo que daba al hotel en sí, que probablemente se ramificaría en un laberinto sin fin.

Cuatro posibilidades. Una sola correcta.

Luka trató de controlar el pánico lo mejor que pudo —una habilidad en la que ya era un experto—, pero eso no hizo la decisión más fácil.

¿El ascensor? ¿Los baños? ¿La entrada principal?

Su sexto sentido de serpiente le dijo que Adrien no había salido por la entrada principal. Al otro lado solo estaba el vestíbulo, y más allá una horda de reporteros con los que no querría encontrarse.

El baño era otra opción… pero estaría lleno de gente, siempre lo estaba. Los baños en eventos como ese eran un nido de cotillas, por lo que Adrien también intentaría evitarlo.

Así que quedaban dos posibilidades: ascensor o pasillo. Había otros baños al fondo del pasillo, apuntó Luka para sí.

Sin embargo, esos baños estaban demasiado lejos, ir a revisarlos le tomaría más tiempo del que podía permitirse. Sería más fácil comprobar antes el ascensor, así que Luka puso rumbo hacia él en ese instante. Comenzó a sortear a los invitados dando grandes zancadas, sin prisa pero sin pausa.

No se dio cuenta de que Kagami le pisaba los talones en silencio.

Luka no tuvo que llegar hasta el ascensor en sí para obtener respuestas. Nada más acercarse se dio cuenta de que alguien ya se había montado en el aparato. La flecha sobre las puertas que señalaba el piso en el que se encontraba el ascensor se inclinaba y se inclinaba a la derecha, cada vez apuntando a un número más alto, hasta que llegó al final y se detuvo sobre el nueve, la azotea. Alguien acababa de subir al último piso.

Podría ser una falsa alarma. Dado el número de asistentes a ese estresante evento social, lo más probable era, de hecho, que quien fuera que hubiese tomado el ascensor no fuese Adrien Agreste. Sin embargo, la azotea era el sitio perfecto para despejar la mente: vacío, quedo… Adrien no podría haber encontrado un lugar de mejor para liberar las penas. Y lo más importante: era una pista de mierda pero era la única pista que Luka tenía en ese momento.

El ascensor tardaría demasiado en bajar hasta el primer piso y luego volver a subir, así que Luka se decantó por la vía alternativa: las escaleras. Volvió a atravesar la sala de baile de un extremo a otro y se internó en el pasillo que daba al hotel.

Antes de que se diera cuenta, el parqué de madera de la sala de baile fue sustituido por la alfombra aterciopelada que cubría los pasillos de Le Grand París. Una iluminación tenue lo envolvió, y a medida que se iba alejando, el barullo y la música del evento principal fueron apagándose hasta convertirse prácticamente en un susurro.

El silencio lo envolvió… un silencio imperfecto.

Solo tras dejar atrás el ruido de la fiesta, Luka escuchó el otro sonido que provenía de su espalda.

Se escuchaban pasos detrás de él. Silenciosos, furtivos… Luka no se hubiera dado cuenta de no haber tenido un oído espectacular.

Alguien lo estaba siguiendo.

Se giró como una centella, con la intención de tomar a su perseguidor por sorpresa… solo para descubrir que la persona que lo estaba siguiendo ni se inmutaría ante tales trucos de salón.

Debía de habérselo imaginado. Se trataba de Kagami, por supuesto.

—Estás buscando a Marinette. Voy contigo —declaró la chica sin dejar lugar a réplica.

Luka la miró de arriba abajo. Se había olvidado por completo de su presencia, pese a ser ella la razón de que hubiera perdido de vista a Adrien en primer lugar.

Kagami le respondió al gesto alzando la barbilla en señal de desafío y Luka ponderó sus opciones.

La opción número uno era dejar que lo siguiera, pero si Adrien ya había perdido el control de sus poderes, entonces Kagami acabaría descubriendo no solo su identidad como Chat Noir, sino también la de Luka como Viperion.

La opción número dos era entretenerse haciéndola cambiar de parecer para que se quedase en el baile. Por desgracia, una de las pocas cosas que Luka había escuchado de Kagami era que era un hueso duro de roer, así que Luka sabía que no sería fácil.

Como resultado, el tiempo que podía perder convenciendo a Kagami era un tiempo valioso.

Si Adrien estallaba… estaban todos jodidos.

Así que decidió que no valía la pena arriesgarse.

—En realidad estoy buscando a Adrien —aclaró Luka, y dicho esto, retomó la marcha.

Kagami no se quedó atrás. Muy al contrario: aceleró el paso hasta colocarse a su lado y luego, con el ceño fruncido con extrañeza, preguntó:

—No sabía que eras tan amigo de Adrien.

Luka decidió no complicarse.

—Bueno, él es el que acaba de ser rechazado. Sospecho que necesitará más apoyo que Marinette. —Era una verdad parcial. Sospechaba que Kagami era la clase de chica que olía una mentira a la legua. Lo que no le contó era cuánto estaba en juego: si Adrien perdía el control de sus emociones, probablemente causaría el fin del mundo.

—¿Entonces no tienes intención de aprovechar la oportunidad y volver a salir con Marinette?

—No —contestó Luka. Como si hubiera oportunidad que aprovechar…

—¿Por qué? —insistió Kagami, recelosa.

Luka puso los ojos en blanco. No tenía tiempo para eso. No tenía tiempo para charlas.

Contestó a Kagami mientras doblaba la esquina y encontraba por fin la escalera de servicio. Estaba tan poco atento a lo que salía de su boca que la respuesta le salió de corazón:

—Es una mala idea interponerse en el camino del destino.

Para su sorpresa, esa respuesta pareció satisfacer enormemente a Kagami, que asintió con el asomo de una sonrisa en los labios.

—Tienes buen criterio, Luka Couffaine.

Luka tuvo la corazonada de que un cumplido así, viniendo de Kagami Tsurugi, solo ocurría una vez cada cien años.

Se le escapó una risilla.

Kagami era una buena pieza. Normal que Marinette y Adrien fueran los únicos valientes dispuestos a atravesar esa armadura suya.

Kagami y Luka subieron hasta el sexto piso en silencio, saltando escalones de dos en dos. Sin embargo, cuando llegaron al séptimo a Luka le ardían los pulmones y caminaba con la lengua fuera.

Siete pisos eran muchos… y aún les quedaban dos.

En cambio, Kagami parecía fresca como una lechuga. Lo adelantó sin esfuerzo alguno y luego lo miró desde arriba, por encima del hombro, con una actitud arrogante que le resultaba tan natural como respirar.

—Apúrate. No tenemos todo el día —dijo, y desapareció de su campo de visión en cuanto subió el siguiente tramo de escalones.

Luka se tomó medio minuto para recuperar el aliento antes de retomar la marcha. Sentía que sus piernas no darían mucho más de sí, pero era un sacrificio necesario para salvar el mundo.

Para su sorpresa, encontró a Kagami esperándolo sentada en el último tramo de escaleras, justo delante de la puerta que daba acceso a la azotea. Le sorprendió porque no había creído que esa chica fuera la clase de persona que esperaba por nadie, en especial cuando alguien tan importante para ella como eran Adrien y Marinette se encontraban al otro lado de esa puerta.

Ante su evidente estupor, Kagami se encogió de hombros.

—Mira, si Adrien o Marinette están ahí llorando… —dijo, señalando la puerta a sus espaldas—. Será mejor que te ocupes tú. Yo no sabría ni por dónde empezar.

Luka asintió. No fue capaz de dar una respuesta verbal, no le quedaba tanto oxígeno,

Kagami por lo menos tuvo la decencia de permitirle recuperar el aliento antes de girar el picaporte.

En cuanto lo hizo, Luka reunió todo su coraje y salió a la azotea, esperando encontrarse, en el mejor de los casos, a Adrien hecho un ovillo en el suelo, y en el peor de los casos, el fin del mundo.

Lo que él y Kagami se encontraron no fue ninguna de esas cosas.

La intensidad con la que Chat Noir y Marinette se estaban besando no hubiera quedado fuera de lugar en una película porno.

No lo malinterpretéis… Chat Noir y Marinette eran una pareja atractiva, verlos comerse la boca mutuamente era todo un espectáculo, pero Luka no pudo pasar por alto que eran sus amigos y que eso no era algo que debería ver un amigo.

Kagami no fue tan pudorosa:

—¡ALÉJATE DE ELLA, CABRÓN DESTROZA-HOGARES!


Sé que es corto, sé que no aparecen ni Chat ni Marinette... pero es que la uni me está matando. #excelenciauc3m, de verdad... (si no lo entendeis, ignorad esto)

En fin, publiqué esto para no haceros esperar, pero HAY MÁS.

Mañana publicaré otro cap, que aún no está del todo pulido ahora mismo.

¡Hasta mañana!