EL PAN FRESCO DE NUEZ Y PLÁTANO SE ENFRIABA EN EL MOSTRADOR, LLENANDO LA CASA CON SU AROMA. Eché un vistazo al reloj de la estufa. Cinco minutos para las siete de la noche. Pasando mis manos a través del cabello húmedo, desistí de la idea de cambiar mi ropa. En la sala, Embry estaba inconsciente en mi sala mientras hacía su jodida "ronda de vigilancia". Sus ronquidos estremecían toda la casa. Margaret fue a colocarle una cobija encima. Annie y Kétchup estaban viendo las estrellas en el patio; aprovechando el cielo despejado. Tras instalar una tienda de campaña para el disfrute de su engendro y su mascota diabólica, Zachary salió a dar una vuelta.
No me dijo a donde iría, pero tampoco había que ser un genio para adivinarlo. Al ver que mi relación con Tanya estaba en el limbo debido a las repentinas revelaciones cortesía de nuestra progenitora, se armó de valor para confrontar las rarezas de Leah Clearwater. Mi hermano es algo lento pero decidido. Dado a que no he sentido algo aparte de mi propia miseria desde que se fue, supongo que Leah volverá a rondar esta casa pronto.
La alarma sonó, anunciando que una nueva ronda de pastelitos con relleno de jalea de fresa estaban listos. Inhalé profundamente mientras el crudo dolor me golpeaba en el pecho. Vapuleado como estaba mi corazón, aún había espacio para el masoquismo.
"¿Qué está haciendo Pastelito ahora mismo?", cerré los ojos con fuerza mientras el agua corría por mis brazos y la porcelana de la vajilla.
"Seguramente está con él.", dice el diablillo en mí.
Una sensación de intensa molestia me subió por la espalda. Tal vez yo era una mera distracción momentánea para ella. Es por eso que no me dijo que era una vampiresa y ocultó su atracción hacia mi sangre. Tenía planes y no le interesaba ponerme al corriente. Quizá planeaba convertirme en una mención honorífica dentro de su lista de amantes. Talvez pensaba disfrutar de mi compañía mientras me marchitaba y una vez se cansara de mi compañía; desangrarme mientras dormía. Puede que realmente quiera estar conmigo...
"— ¿Está todo bien, Tatyana?"
Empiezo a pensar que mi mente busca de forma activa nuevas maneras de torturarme.
El recuerdo de esa voz grave me golpeó justo en el pecho y partí el plato en mis manos justo a la mitad. La forma casi intima en que ese nombre salió de su boca me retorcía las tripas. Su nombre, otro detalle que no mencionó. Apreté los dientes.
"Ni si quiera pensaba en tomarse la molestia."
Ese pensamiento añade potencia a las ya abrasadoras lanzas de resentimiento que me atraviesan.
— ¿John, estás bien?
Me envaré de inmediato al escuchar la voz de Margaret. Forcé a mi mente a hacer un reinicio y encontrar algo de calma. Calma que no sentía. Me obligo a recobrar el grosor de mi voz, tragándome el nudo en mi garganta.
—Seah, solo estoy lavando la vajilla. —sin querer despertar su alarma, coloqué el plato roto sobre el fregadero sin hacer mucho ruido. —. Otro plato se rompió.
—Se han roto muchos platos últimamente.—ella comentó.
Mi hermano también ha estado inquieto estos últimos días. La vajilla suele ser la victima de nuestras emociones menos entrañables.
—Ya no hacen la vajilla como antes.
Mi abuela se queda en silencio. La escucho levantar un imán del refrigerador y vuelve a ponerlo en su sitio antes de arrastrar los pies hasta donde me encuentro. Toma un trapo seco del mostrador y comienza a secar los moldes recién lavados.
—Has estado horneando mucho últimamente.—intenta de nuevo entablar una conversación.
Me encogí de hombros.
—Me gusta hornear.
—Eso es evidente. —hace un gesto a su alrededor, indicando la montaña de panecillos y magdalenas. Tendré que empezar a repartirlas por el vecindario o se echarán a perder. —. Horneas en vez de dormir.
—Es una buena forma de recrearse.
—O mantener la mente alejada de asuntos delicados. —al ver que yo no pensaba añadir nada, saltó directo a mi yugular: — ¿Cuándo vas a dejar de castigar a Tanya?
"Ah, ahí estaba."
Esa sensación de hundimiento terrible expandiéndose dentro de mí por la mera mención de su nombre. Mi cuerpo entero se cerró, y una sensación de vacío se vertió en mi pecho. Era como revivir todo de nuevo. Podía verla aquí, sonriendo y esforzándose por encajar… o al menos eso era lo que me había hecho creer. Nunca volveré a traer a una chica a esta casa. Convenceré a Sami para que se case conmigo cuando cumplamos cincuenta y nos haremos compañía él uno al otro. Aunque probablemente vivamos en casas separadas para no asesinarnos mutuamente.
—Ella quiere enmendar la situación. —. la expresión de mi abuela se tornó cautelosa al encontrarse con mi mirada poco amistosa. Ambos sabíamos que estaba caminando sobre hielo muy fino. —. ¿Por qué no se lo permites?
—Nada cambiará lo que quiere de mí.
Los intentos de acercamiento de Pastelito sólo complicaban la ya entrincada situación. Dos de siete noches he soñado con ella. Estoy seguro que habrían sido siete de siete si hubiera podido conciliar el sueño las otras noches. Ya consumía mis pensamientos sin importar lo que hiciera así que escuchar su voz o aspirar su esencia era una tortura. Me indigna un poco que Margaret acepte las visitas de Tanya, aún cuando sabe que no estoy dispuesto a hablar con ella. Pensaba que la lealtad entre mujeres era un mito. Ahora estoy seguro de que es un pacto silencioso entre mujeres de antaño.
Talvez por eso Margaret se lleva tan bien con Pastelito; ambas son almas viejas.
—Estás dejando en evidencia que eres un novato en relaciones, hijo.—puntualizó, apuntando a mi ego.
Giré la cabeza hacia ella, incrédulo.
—Tengo suficiente experiencia lidiando con mujeres.
—Esa experiencia no te servirá fuera de una cama. —sentencia con acritud.
Entrecerré los ojos pero no retrocedió. Margaret estaba dejando la actitud conciliadora a un lado. Hace eso cuando quiere darme una lección y esta parece ser una buena oportunidad.
—Tanya es la primera novia que traes a casa. ¿Sabes lo que eso significa? —.Abrí mi boca para replicar; sin embargo, como es costumbre en medio de una lección, mi abuela no esperó a que respondiera. —. Como regla general, se suele generar expectativas irrealistas en la primera relación.
—Entonces, debo conformarme con menos de lo que quiero. Genial. Gracias. —comento con voz sorna
Margaret hizo una mueca, como si estuviera tragando algo muy amargo. Supe por veinte años de experiencia que debía ponerme nervioso. Esta es una discusión que no voy a ganar.
—John, estás siendo caprichoso—su voz era dulce pero también firme. —.Siempre tienes que ser quién sostiene el cuchillo. De otra forma, no estás cómodo con la situación.
—Eso no es cierto.
—Si esto no es sobre control y ego, dime qué te impide responder sus mensajes. ¿Qué te impide llamarla ahora mismo e invitarla a cenar o a desayunar por la mañana? —me preguntó con voz suave y no sé por qué eso me puso aún más nervioso. No hay respuestas correctas aquí. Margaret tenía el superpoder de hacerme sentir como un niño con facilidad. —. Ambos sabemos que Tanya vendrá si se lo propones.
Mi corazón latió contra mis costillas en protesta. No podía aceptarla de vuelta sin más. No se debe a nuestras diferencias. Siempre supe que ella era algo, el qué nunca fue importante. Tampoco tengo un apego especial por mi sangre. Si tanto la quería, sólo tenía que decirlo y yo se la habría dado. Mi problema es que haya tratado su condición y su fijación como algo que yo no tenía derecho a saber. Yo le di un voto de confianza ciego, algo que no hago con cualquiera, y ella me recompensó siendo el último en enterarse de la situación de boca de un tercero. Pastelito no confió en mí y eso dolía más que cualquier otra cosa.
—No me fío de sus intenciones. —una verdad a medias.
—Si eso fuera completamente cierto, ya no estaríamos en Forks. —me atravesó con ojos llenos de sabiduría.
—Estamos en este pueblo porque asumir que mi progenitora miente es un lujo que no podemos darnos. —argumenté con hechos, recostándome al mueble del fregadero. —Si esa mujer está diciendo la verdad y sacamos a Annie de Forks, seríamos un blanco fácil. Si nos mudamos a un lugar distante y desconocido, estaríamos aislados y expuestos. Si alguien como Past…—me detuve al sentir mi pecho comprimirse. Tragué hondo. —Sería riesgoso salir de aquí si hay vampiros siguiéndonos el rastro. Será peor si hay dos, incluso si ese segundo se tratara de un híbrido. Aquí tenemos una red de seguridad.
El ronquido proveniente de la sala se hizo todavía más pronunciado. Rodeé los ojos.
—Al menos, eso es lo que aseguran ser.
Mi abuela sigue mi mirada y frunce un poco los labios. Parece preocupada.
—Son sólo niños.
Arqueé una ceja.
—Eso te decías a ti misma por las noches, ¿eh? —. bromeé, queriendo aligerar un poco el ambiente. —Supongo que eso evitó que me asfixiaras con una almohada mientras dormía.
Me dedicó una mirada dura de la que me reí.
—No son más humanos que Zack y yo. Ellos tienen números y se sienten en deuda con nosotros así que estamos seguros aquí por el momento.
Mi mente ya había ondeado en las posibilidades. Esperar a que el peligro se concrete es una navaja de doble filo. Si las amenazas eran reales, no eran humanas. Erradicar el peligro antes de que nos encuentre sería la decisión más inteligente, pero ir tras seres sobrenaturales por mi cuenta sonaba a una misión suicida.
Mi falta de conocimiento sobre el mundo sobrenatural está limitando mis acciones. Mis familiares maternos son completos desconocidos como la chica con el desafortunado parecido a Manitas de Princesa o individuos con los que no quiero tener contacto alguno como Maysun. Ni los Cullen ni los Quileute me han dado detalles sobre lo qué son hasta el momento así que dudo que vayan a hacerlo pronto. Podría dejar la ley del hielo a un lado y preguntarle a Tanya, pero dudo que vaya a decirme cómo lidiar con los suyos por mi cuenta. Mi posición preferencial como "Bolsa de Sangre" hace indeseable que arriesgue mi integridad.
Necesito una fuente confiable de información, de preferencia una sin intereses en conflicto. La única opción que rondaba mi mente era la hermosa mujer de melena caoba, ojos violeta y extraña capacidad de embobarme que conocí en aquel callejón de Nevada. Ella es una vampiresa; una inmortal con la que obviamente Tanya no se lleva bien pero que no tiene una atracción preferencial hacia mi sangre. "¿Aún está en Las Vegas?" Puede que le interese platicar conmigo. Tiene un talento similar al mío. Pude sentirlo, tal vez ella pudo sentirlo también. O tal vez le interese más desangrarme hasta morir.
—John, por favor prométeme que no harás algo arriesgado.—dijo Margaret de la nada.
Mi sonrisa se tensó.
— ¿Algo como qué?
—Algo como impacientarte y actuar por tu cuenta.—comenta, mirándome con ansiedad. A veces me daba la impresión de que Margaret podía leerme la mente.
La bocina del vehículo de Aidan resonó a las afueras de la casa, salvándome de momento de otra conversación incómoda.
—Me voy. —Besé su mejilla, me deslicé hacia la salida con premura. —Regresaré en un par de horas, ¿de acuerdo?
Margaret no dijo nada y yo seguí mi camino. Cualquier otro día la hubiera tranquilizado pero ahora solo quería distraerme un rato de las ideas locas que han rondado mi mente los últimos días. Algo llama mi atención de reojo, una foto sostenida por un imán contra el refrigerador. En cuanto la veo, me viene de golpe un recuerdo.
— ¿Mi última cita?
—Sí, quiero saber cómo fue tu última cita.—insistí mientras amarraba los cordones de mis zapatos—. Me refiero a una cita de verdad, no a salir a tomar cualquier cosa o alguien que conociste en una discoteca. Una cita en la que el chico hiciera todo lo posible por planear un itinerario que terminaría contigo en su cama.
Comprobó el peso de una bola con espirales fluorescentes naranjas y verdes, escarbando en su memoria.
—La ópera —dijo por fin.
—Clásico y ostentoso. ¿Y antes de eso?
—Estás muy curioso hoy. La inauguración de una galería de arte.
—Aderezada sin duda con una cena en algún restaurante donde los camareros dicen «gracias» cada vez que eliges algo del menú, ¿verdad?
Arquea una ceja.
— ¿Cómo lo supiste?
—Es lo que me imaginaba. —Acuné una bola azul marino en el doblez del codo—. Por eso no querías nada serio con nadie. Estás tan solicitada que no hay tipo que se te resista y las citas de cinco estrellas a todo lujo son tu pan de cada día. Son rutina; cada vez que deseabas salir, los hombres intentan tirar la casa por la ventana contigo, pero después de un tiempo, te aburres. Por consiguiente, voy a distinguirme de ese manojo de perdedores llevándote a sitios que tus elitistas piecitos no soñaron tocar jamás. La sal de la vida. Lo fundamental. Como debería ser una cita: dos personas más preocupadas la una por la otra que por lo deslumbrante de su entorno.
Sus ojos brillaron con picardía.
—Tantas vueltas para decir que crees que lo que me hace falta es un poco de cutrerío.
— ¿Estoy equivocado?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué estás en esta bolera? Ni si quiera es bonita.
La incredulidad parpadeó en su rostro.
— ¡Tú me trajiste aquí!
—No te forcé a entrar, Pastelito. —le recordé sonriendo. — ¿Has elegido una bola ya?
—Sí. Esta noche se está poniendo ya lo bastante surrealista.—Baja la mirada a la bola de psicodélico estampado.— Será mejor que aproveche la experiencia al máximo. ¿Iremos por un poco de ácido después?
Solté una carcajada.
—Tengo otros planes para esta noche. Planes que te involucran en tus cinco sentidos.— ladeé la cabeza hacia la pista.— Muéstrame qué sabes hacer.
Regresamos a nuestra pista.
Se adelantó con calculada lentitud, quizá intentando recordar cómo lanzar la bola. A uno y otro lado de la bolera se veían otros jugadores que daban los pasos y tiraban con facilidad. Se puso en la marca, moviéndose con la gracia y la agilidad de un gato. La bola escapó de su mano fluidamente, como un chorro de agua de su jarra, rodó con precisión y derribó todos pinos. Me acerqué por su espalda, y nos quedamos contemplando en silencio el resultado de su lanzamiento.
—Vas a patear mi trasero, ¿cierto? —pregunté al cabo de un rato.
Me deslumbra con una amplia sonrisa.
—No te preocupes, мудак. Mis elitistas piecitos serán gentiles.
La mirada en sus ojos mientras se conecta con los míos es de tal intensidad que de repente me siento débil y expuesto. Siento como si ella pudiera ver todo dentro de mí: mis esperanzas, mis temores, y el hecho de que estoy enamorado locamente de ella. Al final de la noche, ambos habíamos logrado un par de juegos perfectos. Aunque no hubo un ganador, el dueño del local insistió en tomarnos una fotografía con su cámara de instantáneas. El hombre nunca había visto a dos fenómenos como nosotros y quería inmortalizarlo.
Pastelito opusó resistencia a ser fotografiada pero al asegurarle que la fotografía se iría con nosotros, cedió. Y aquí estaba la única fotografía que tengo con ella; el recuerdo materializado de nuestra primera y última cita. Esa era quizá la única prueba de que Pastelito no es un espejismo.
Una oleada de emociones violentas e inestables se elevó dentro de mí.
— ¿Por qué abogas por ella?
—No le has dado la oportunidad de hacerlo a ella misma. —comenta Margaret. —Me parece que estás cometiendo un error al meterla en el mismo saco que a tu madre.
—No son tan diferentes. —. repliqué con voz ronca sin atreverme a mirarla. Quisiera erradicar este desagradable dolor de corazón y toda la rabia que sentía por dentro. —Ambas manejan sus propias agendas.
—Ten compasión, John. Si la quieres, muéstrale compasión.
Hice una mueca y salí de la cocina sin mirar atrás.
Estoy en una salida con personas normales en una noche perfectamente normal. Nada de charlas sobre infancias imperfectas o anhelos absurdos o secretos aún más absurdos. Sólo charlas al azar sobre películas, libros, música o lo que sea - exactamente como una salida nocturna debe ser. Todo es como debería ser y aún así, cada vez que Emma choca con mi pierna debajo de la mesa o roza mi brazo, quiero encogerme en posición fetal. No tiene sentido. Ella está sana; tan saludable como una mujer de veintisiete puede serlo pero no me mueve nada. Es como si mi cuerpo me estuviera diciendo que estoy sentado junto a la mujer equivocada.
La mano sobre mi muslo pesa como una tonelada en mi consciencia. La coquetería en la sonrisa de Emma me hace sentir culpable por solo estar aquí, sentado a su lado. Si abro la boca ahora mismo me excusaré para ir al baño y me escaparé por la ventanilla. Estoy seguro de ello. Refugiarme en otra piel era lo último que pasaba por mi mente cuando acepté la invitación de Aidan a venir a Port Ángeles. Buscaba salir de mi cabeza por un minuto, tal vez dos. Vi en su invitación una oportunidad para llevarlo a cabo y por un rato, así fue. Lo fue hasta que Emma, la visita sorpresa de la novia de Aidan, empezó a coquetear. Evidentemente mi amigo omitió comentarle a Emma y a Amy, su novia, que estoy en una relación complicada.
¿Novio-novia? ¿Presa-depredador? Parecía que lo que sea que había entre Tanya y yo, si es que aún lo había, era una mezcla entre ellas.
Joder.
No quería volver a retorcerme en esa poza de oscura miseria. No tenía tiempo para ello. Tengo una mujer a la cual rechazar, planes algo suicidas que realizar y puede que hoy me consuele a mí mismo con un helado por haber fallado en recuperar mi vida. Sería bueno que Jessica Stanley se materializara de la nada ahora mismo. La maestra de Annie es capaz de armar un alboroto lo suficientemente grande como para que yo pueda fugarm...
—Jack.
Una voz muy diferente a la voz chillante de Jessica irrumpe el ruidoso local. La pasta que había ingerido hace unos minutos amenaza con salir de mi cuerpo. Emma se gira para ver quién me está llamando. No necesito mirar, reconocería esa voz en donde sea. Mi corazón se acelera dolorosamente cada vez que la escucho. Me habría sorprendido menos si se hubiese tratado de la insufrible Señorita Stanley. Miré mi plato, preguntándome si Tanya vino a sacarme el corazón con el cuchillo de la mantequilla.
—Jack— dice Pastelito de nuevo, su voz ahora más fuerte. Incisiva.
Una sombra cae sobre la mesa, pero no me atrevo a levantar la vista. Mi plan es fingir que no está allí. Es inútil, lo sé, pero es todo en lo que puedo pensar. Aidan y Amy están en silencio, preparándose para el espectáculo.
Emma cambió de posición en su asiento. Aprieta mi rodilla con su mano; hundiendo sus uñas en mis jeans.
—Jack, ¿quién es ella?—el tono de su voz me dice que está demasiado impresionada con la apariencia de Tanya.
—Soy su novia—responde Tanya por mí. Como un acto reflejo, lancé una mirada sorprendida hacia la pelirroja. Sus labios se curvearon en una sonrisa demasiado dulce—. Así que agradecería que quites tus manos de él.
Todos en la mesa contuvieron el aliento, incluyéndome.
—Oh, amigo…—medio ríe, medio murmura Aidan. Luego gruñe, como si Amy le hubiera dado un codazo.
No digo nada. Estoy en demasiados problemas, pero, que Dios me ayude... en todo lo que puedo pensar es que cuando Tanya dijo "novia" en realidad quiso decir "dueña". Y esa sonrisa, esa sonrisa era una amenaza explícita. Casi podía sentir su deseo por derramar sangre.
Incapaz de detenerme a mí mismo, mis ojos se deslizan por su cuerpo de arriba hacia abajo. Sus rizos estaban libres y perfectos. Ese vestido dorado contrastaba maravillosamente con su piel. No estoy seguro de que "sexy" sea una palabra lo suficientemente adecuada para describirla, "ardiente como el infierno" parecía ser más exacta. Una mirada hacia Tanya calentó cada parte de mi cuerpo; hizo lo que el coqueteo de Emma no logró en toda la noche.
Emma me saca del ensueño cuando le da un tirón a su mano –la que estaba sobre mi rodilla- y se escabulle hacia la pared de la mesa tan lejos como puede. Creo que sintió los deseos de asesinar de Tanya. Sé que todos están esperando a que diga algo - cualquier cosa - pero mi cerebro no está equipado para lidiar con esta situación.
Aidan se aclara la garganta. Claramente estaba haciendo un esfuerzo por no reírse pero aún se las arregla para sonar convincente al decir:
—Amigo, si tienes novia debiste haberme dicho.
Mi mandíbula cae al suelo.
—Más importante—interrumpe Amy—, no debió haber intentado algo con Emma.
—Nadie intentó nada conmigo—murmura Emma, como si la sola idea de que yo esté interesado en ella fuera de repente repugnante.
Amy estaba muy indignada.
—Sí, lo hizo cuando aceptó venir. ¿Acaso no tenías novia entonces, Jack?
—Yo… —comienzo, inseguro de a dónde ir con esto. Es una locura. Estoy seguro de que he mantenido mis manos para mí mismo toda la velada.
—Es un acontecimiento reciente—interrumpe Tanya.
"Uno que pensé que había disuelto una semana atrás", quise agregar pero Pastelito se había inclinado hacia delante, atrayendo mi atención hacia su escote.
La sangre corre violentamente hacia mi cara y mi entrepierna. Me acaricia la mandíbula con los dedos. No en broma. La posesividad estaba impregnada en el gesto. No puedo hablar ni alejarme. Puede que incluso me incliné en su mano mientras diez mil chispas se disparon a través de mi piel ante su contacto. Mierda. Estaba tan afiebrado que hasta sentí tibios sus dedos sobre mi piel.
—Quiero irme—anuncia Emma con indignación, como si estuviera a un respiro de abofetearme. Lo merezco o eso parece.
No comprendo lo que estaba sucediendo. ¿Cuándo caí en esta dimensión desconocida? No tengo nada que ver con esto. El problema era que no puedo averiguar qué decir. Tampoco esperó a que lo intentara. Ni siquiera esperó a que la dejara salir de la mesa. Emma se levanta bruscamente haciendo que los platos y vasos suenen y se apresura hacia la puerta tan pronto como puede. Amy empuja a Aidan fuera de la mesa y la sigue - disparándome una mirada mortal en su salida.
Aidan se ríe.
—Bueno, tengo que admitirlo, Bebote. Nunca es aburrido salir contigo.
—Oye, yo no…
Levanta la mano.
—Me estoy muriendo por ver lo que pasará a continuación, pero alguien debe llevar a las chicas a casa.
Asiento con la cabeza y él se da la vuelta para irse.
—Por cierto—se vuelve sonriendo con malicia—, hacen una bonita pareja.
Me pregunto cuál de los dos lucía más desconcertado ahora, Tanya o yo. Cuando Aidan está fuera de mi vista, miré de reojo hacia la vampiresa. A pesar de que se veía irritada, sentí todo dentro de mi ablandarse.
— ¿Qué haces aquí?—indagué, aferrándome a la poca dignidad que me quedaba.
Ignorándome, se dirige hacia la salida con la barbilla en alto y el garbo desbordándose en cada paso. Por un momento me quedo plantado justo en donde estoy, contemplando el contoneo de sus caderas como un imbécil. Pastelito detiene su marcha sólo para lanzarme una mirada seductora por encima del hombro y continuar su camino. Más de un cuello estuvo a punto de girar más allá de 180 grados con tal de no perderse de su andar. En piloto automático, saco mi billetera y lanzo todo el dinero que tengo en la mesa antes de seguirla.
Apresuro el paso para alcanzarla, lo cual es un reto por la erección en mis pantalones. Logro atrapar su brazo y las yemas de mis dedos cosquillean cuando entran en contacto con su piel suave. Su tibieza resultaba rara pero atrayente. Sin meditarlo, la llevo hacia la primera habitación semiprivada que localicé: el baño de damas. Cerré la puerta detrás de mí. Ella se da vuelta, con su barbilla alta y ojos irritados, quedando tan cerca de mí que puedo respirar a quema ropa el aroma a fresa de sus rizos.
Las palabras "te extrañé" escaldaron todo mi cuerpo.
—No sé por qué permití olvidar que tiendes a mostrarte accesible a otras mujeres cuando no cumplo tus expectativas. —dice entre dientes. —Con quien estoy enfadada es conmigo por no haberlo visto venir.
— ¿Es que crees que estoy aquí en una "cita"? —bufé, negando con la cabeza—.Aidan insistió en una salida de solo varones y después, sucedió quese trataba de una cena con su novia y la mejor amiga de ésta.
Puso una cara como si estuviera a punto de hacer que me mandaran a prisión inmediatamente.
— ¿No lo sabías? ¿Esa es tu excusa?
—Es la verdad. Estuve a punto de saltar del auto cuando me enteré.—señalé.
— ¿Por qué no lo hiciste?
—Sus argumentos fueron buenos.
—Permíteme adivinar uno de ellos: "¿Conozco a una cualquiera a quién le encantaría dormir contigo?"—no fueron sus palabras exactas, pero su imitación de Aidan fue bastante buena considerando que no tenía un cigarro en los labios.
—En realidad, Aidan utilizó las cartas "los amigos se hacen favores", "solo será por una ocasión" y "necesitas distraerte".
La furia dorada encendió sus ojos. Está esforzándose por no saltarme encima y darme una paliza.
—Oh, ella estaba muy dispuesta a distraerte.
—Nada hubiera pasado. Nada pasará.
—Todas esas mujeres se lanzan a tus brazos y no te has acostado con ninguna.—exclama con ironía, entornando los ojos. —. Estoy conmovida.
Irritado y demasiado excitado para mi propio bien, me incliné sobre ella. Incluso con aquellos altos zapatos de tacón, yo le sacaba una cabeza sin problemas. Fue entonces cuando un indicio de geranio me hace apretar los dientes. Era leve, y habría sido insignificante si no perteneciera a otro hombre. ¿Por qué?
"¿Por qué ese tipo?"
Una extraña sensación empezó a expandirse lentamente por mi pecho, desgarrando mis instintos más primitivos.
— ¿Por qué demonios estás aquí? ¿Acaso las manos del nomo ya no te satisfacen, Tatyana?
Varias expresiones cruzaban su cara: sorpresa, irritación y después… ¿curiosidad? ¿Esperanza? No me importa. He terminado con ella. He terminado con esta situación. Ella no merece ningún tipo de consideración si se deja toquetear por otro hombre. Comencé a voltearme para quitar el seguro de la puerta. Ella puso su mano sobre mi brazo, alejándome del picaporte con facilidad.
—Nada ha ocurrido entre Nahuel y yo.
—Todo sucedió entre ese tipo y tú.
—Sucedió hace cinco años, Jack. —dijo inspirando hondo para calmarse pero su pecho sube y baja en respiraciones rápidas. Se muerde el labio y desvía la mirada.—. Mentiría si dijera que no me siento herida por la forma en que me has dejado fuera la última semana, pero entiendo que te enteraste de mis circunstancias de la peor forma posible y asumo mi cuota de responsabilidad en ello.
No me podía creer lo que estaba oyendo. ¿Acababa de admitir que se había equivocado al no ponerme al corriente de la situación? Las mujeres con las que solía salir tendían a culpar a otros por sus errores. Lo viví mientras iba a la universidad en California y ahora, la locura se ha extendido por todo el país. Las mujeres eligen al padre de sus hijos y los varones a la mujer con la que quieren disfrutar sus recursos. Si elijo a una mujer que me engaña con otro es mi responsabilidad por haberla elegido en primer lugar. Si una mujer elije acostarse conmigo en la primera cita pensando en que eso será el comienzo de una historia de amor, es su error confundir deseo sexual con intenciones sexuales.
—Yo sólo... No estaba lista para lanzar toda la verdad sobre ti. —Cuando vuelve a mirarme, mi pecho se aprieta. No soy un experto en relaciones pero la transparencia, fidelidad y confianza son las bases de una relación saludable. Lo vi la mayor parte de mi vida con Margaret y Pops. Quería eso para nosotros. Y por la forma en que me mira, puede que ella lo quiera también. —. No estaba preparada para tu reacción, cualquiera que fuese. Tuve miedo de alejarte. Fue exactamente lo que terminé haciendo pero no quería eso, Jack. No quiero estar lejos de ti.
Cierro los ojos unos segundos, sin pensar, sin respirar apenas. No esperaba escuchar esto. No quiero empatizar con ella; lo único que quiero sentir es enojo. Es más fácil resistirme si estoy enfadado.
"—Ten compasión, John. Si la quieres, ten compasión."
Hice una mueca y al abrir mis ojos; Pastelito acerca una mano a mi mejilla.
—No me interesa ser un amante glorificado o lo que sea que signifique ser tu "cantante".
—Eso no es lo que pretendo. Quiero estar contigo.
Entrecerré los ojos; los tonos de la habitación se tornaron más vívidos.
—Y aún así permitiste que otro hombre te ponga las manos encima. Es algo contradictorio, ¿no crees?
—Estás malinterpretando la situación.
—Puedo olerlo en ti. ¿Dirás que es producto de mi imaginación?—gruñí enfadado.
No es la niña indefensa que una vez fue. Tampoco es ingenua como Annie ni es tan frágil como Margaret o el resto de las mujeres humanas. Si permite que otro hombre la toque es porque así lo quiso.
—Nahuel expuso su interés y yo lo rechacé. No hay más que decir al respecto. —Sus ojos estaban cerca, abiertos al igual que su boca. —Vine hasta aquí por ti. Quiero estar contigo.
—Seah, y mi sangre no tiene que ver con eso, ¿cierto? Soy tan especial.
La pelirroja dudó un momento antes de levantar la barbilla y cuadrar los hombros
—No. Ahora mismo sólo eres un idiota. —abro la boca para quejarme pero me la cubrió con la mano entera antes de que pudiese emitir algún sonido—. No tengo control sobre mi fijación. No la elegí más que tú pero decidí venir aquí esta noche. No para reclamar una bolsa de sangre o a mi cantante. Vine aquí por mi compañero.
Retira la mano muy despacio; insegura de que la dejaría continuar. Estaba demasiado sobrecogido como para formar palabras; intentaba procesar toda la información. Sus siguientes palabras fueron demoledoras:
—Nos pertenecemos el uno al otro así que deja de comportarte como un idiota.
Mi voluntad se dobló como un jodido origami. No era exactamente una confesión de amor pero me emocionó como si lo fuera. No podía pedirle que follara conmigo y solo conmigo y esperar que no cambiara nada más. Incluso yo sabía que pedirle eso era ganarme una buena patada en los testículos. No. Si ella me quiere, puede tenerme. Tanya puede tener lo que quiera de mí pero a cambio, quiero su tiempo, su cuerpo, su corazón... quiero todo de ella.
—Si eres mía, demuéstralo.—Coloco la mano en su nuca y la atraigo hacia mí, mirándola a los ojos mientras acercaba mi boca a la suya.
En cuanto nuestros labios se tocaron, me llenó ese rumor familiar que me recorría todo el cuerpo. Metí las manos profundamente entre su pelo y la besé como si nunca lo hubiera hecho.
Apreté mi cuerpo contra el suyo, acorralándola de espaldas a la puerta. Gemí al notar como cada una de sus curvas encajaban contra las mías. Quería que esa necesidad desapareciera, quedarme satisfecho y seguir adelante; pero cada vez que la tocaba era lo mejor que recordaba. Había demasiada ropa por medio; quería sentir su piel contra la mía, necesitaba enterrarme por completo en ella y mantenerla aplastada contra la pared hasta mucho después de que el local cerrara. Mi pelirroja deja escapar un jadeo como si pudiera leerme el pensamiento:
—No podemos hacerlo aquí.
Sostuve su mirada alarmada, pero no respondí inmediatamente. Estaba muy distraído mientras deslizaba las manos por sus pechos. Bajé las manos por su abdomen, por toda la falda de su vestido, y hasta sus muslos. Se estremeció bajo mis manos, apretándose contra mi cuerpo. La empujé hacia el tocador, y le di la vuelta, parando solo para colocarme justo detrás de ella. Acerqué su espalda a mi pecho y puse la boca junto a su oreja. Nos miramos el uno al otro en el enorme espejo.
—No estoy de acuerdo, Pastelito.
Mis dedos la rozaron al subir por un muslo y meterse debajo de sus bragas ya húmedas. Una parte de mí se muere por saltarle encima, lamerla y sumergirse en ella, pero me siento algo agotado y sobrecogido. Han sido días largos y agotadores. Ella cerró los ojos y dejó escapar un gemido bajo cuando mis dedos se movieron haciendo círculos lentos contra su clítoris. Una oleada de posesión se abría paso en mi interior conforme más la tocaba. Un siseo bajo escapó de su boca cuando la penetré con un dedo.
—Te extrañé.—gimió mientras mis dedos seguían jugueteando con ella.
—Como yo a ti. —Mi pene estaba de acuerdo.
Los días posteriores me estaban pasando factura y por la forma en que sus rodillas cedieron un poco y apretó la cadera contra mi erección, diría que no soy el único. Su aliento tembló cuando bajé mis labios por su cuello hasta el hombro. Utilicé la mano libre para soltar lentamente una de las cintas que le sujetaban la parte de arriba, besándole la piel que acababa de quedar expuesta. Me pasé al otro lado y con mis dientes halé delicadamente de la cinta para repetir la acción.
Me vi recompensado con que la parte delantera de su vestido se deslizó hacia abajo revelando un sujetador sin tirantes de encaje blanco. Joder. ¿Tenía alguna pieza de lencería que no me hiciera quedarme a punto de correrme en los pantalones? El sujetador se abrió con facilidad y el encaje cayó, revelando la imagen que llenaba mis fantasías más obscenas. Los pezones rosado pálido estaban expuestos y la disposición de mis manos codiciosas.
Levanté la mirada hacia el frente y nuestras miradas se encontraron. Fue la primera vez desde que mi progenitora salió de su madriguera que me vi a mí mismo reflejado. No pude reconocerme en ese momento. El monstruoso deseo de posesión había oscurecido mis ojos.
Me desabroché los pantalones en un segundo y me los bajé hasta la cadera, apretándome contra su trasero antes de levantarle el vestido y agarrarle las bragas con las manos. Tiré con fuerza y las sutiles bragas se rasgaron con facilidad. Las lancé al suelo y le pasé las manos por la piel, bajando los dedos por sus brazos hasta sus manos, donde le apreté las palmas contra el lavabo que teníamos delante. Era una visión absolutamente maravillosa: agachada, con su vestido subido hasta las caderas y su trasero perfecto a la vista. Ambos gemimos cuando me deslicé en su interior profundamente.
No le di tiempo a adaptarse. Es el paraíso apretado como siempre, pero la sorpresiva sensación cálida en su interior me aturde un poco. Sin embargo, no detiene el movimiento frenético de mis caderas. Me incliné y le di un beso.
Más risas nos llegaron del exterior. Habían llegado más personas al establecimiento. Podrían querer ingresar al baño en cualquier momento. Ese pensamiento bastó para hacerme empujar con más velocidad. Una parte muy retorcida de mí sintió cierta reafirmación al ver a Pastelito silenciada por lo que le estaba haciendo. Soltaba exclamaciones ahogadas y sus manos cerradas en puños mientras tenía mi miembro en su interior, duro, más duro, cada vez que intentaba hacer algún sonido, pero no podía.
Le hablé suavemente junto a su oído, y le pregunté si le gustaba que le hiciera el amor así. Le pregunté si le gustaba verme así de necesitado y sucio, si le gustaba que me viniera en su interior. Ella consiguió balbucear un sí y cuando empecé a moverme más despacio, ella me suplicó que lo hiciera más rápido. Los botes de la mesa estaban tintineando y volcándose por la fuerza de nuestros movimientos, pero no me importaba. La agarré del pelo y tiré para incorporarla y que su espalda desnuda quedara contra mi pecho.
— ¿Alguien más puede hacerte sentir así?
Seguí embistiéndola, obligándola a mirar como la consumía. Necesitaba que ella pensara en mí cada noche que yo no estuviera en su cama. Quería que ella me sintiera cuando cerrara los ojos y se tocara, recordando la forma en que habíamos follado. Mi mano libre subió por su costado hasta sus pechos, cubriéndolos y retorciéndole los pezones.
—No—gimió—. Así nunca.
El monstruo verde de los celos sonrió satisfecho por su obra. Esa expresión desorientada y lujuriosa era mía; sólo yo tendría acceso a ella.
Bajé de nuevo la mano por el costado y se la coloqué detrás de la rodilla para subírsela hasta la mesa, lo que la abrió aún más a mí y me permitió entrar más profundamente en ella. La sensación se estaba volviendo abrumadora y sabía que cada vez estaba más cerca de mi orgasmo.
—Entonces, no permitas que otro hombre te toque. —gruñí contra su oído. La sensación que tuve al entrar y salir de ella con tanta facilidad. Nuestros fluidos caían por sus bellos y temblosos muslos. —. Eres mi Pastelito. Mía.
Ella volvió la cabeza y gimió contra la piel de mi cuello. No era suficiente, necesitaba mantenerla en silencio para que nadie. Salí de ella y la giré, ganándome una mirada agitada y desorientada. Sus dedos temblorosos bajaron por mis costados y empezaron a sacarme frenéticamente la camisa, quitándomela por la cabeza. Una vez la piel quedo expuesta se apretó contra mi pecho. La tomé de las caderas, poniendola en el mueble y ella me rodeó la cintura con las piernas, uniendo de nuevo nuestros cuerpos.
Le tapé la boca con la mía mientras la penetraba. Ella dejó escapar un grito amortiguado, posiblemente mi nombre, cuando su cuerpo se tensó y después se apretó a mi alrededor. Me besó, imitando con mi lengua lo que hacía mi pene a un ritmo perezoso y atormentador. Sus brazos envolvieron mi cuello, sus manos en mi pelo, fundiendo su cuerpo contra el mío. Su cercanía me marcó. Ella se metió bajo mi piel y mis músculos, y se envolvió alrededor de mis huesos. La besé, siguiendo su ritmo, apostando mi propia reclamación. Reclamé sus sonidos como míos, haciendo míos también sus labios y su sabor. Un preludio de lo que haría con toda ella cada vez que me lo permitiera. Un suave gemido onduló fuera de su cuerpo, y entonces supe que Tanya también había sido marcada.
El clímax empezó a desgarrarme. Ella dejó caer la mano de mi pelo para taparme la boca a mí ahora y yo cerré los ojos y dejé que la ola me embargara. Unas embestidas finales más profundas y me derramé dentro de ella. No dejé de moverme; quería cada gota de mi en ella. Si bien ella había accedido a ser mía, quería que todos los suyos lo supieran también. Mi olor es el único que se mezclaría con su esencia.
Abrí los ojos y le di un beso en la palma antes de apartarla de mi boca y apoyé la frente contra su hombro. Tanya se apoyó contra mí y se quedó allí en silencio unos momentos. De repente, su rostro se tensa y sus ojos se fijaron en la puerta a mis espaldas. Lentamente empezó a apartarse y yo fruncí el ceño por la pérdida del contacto. Miré cómo se acomódaba de nuevo la falda, recuperaba el sujetador e intentaba volver a atar los lazos del vestido. Aturdido, bajé la mano para subirme los pantalones, recogí el encaje desgarrado de sus bragas y me lo metí en el bolsillo. Ella ya se había atado los lazos del vestido y ahora estaba terminando de limpiar la zona cercana a su entrepierna con algunas toallas. Hice el ademán de acercarme y ayudarla, pero ella cortó mi avance con una señal de alto de su mano.
—Si me tocas ahora mismo, no vamos a salir de aquí esta noche. —sentencia, se agachó para coger su bolso, quitó el pestillo de la puerta y salió del baño.
Vi cómo la puerta se abría mientras yo intentaba entender lo que acababa de pasar. La mesera y el anfitrión estaban ahí con cara de malos amigos, pero Pastelito pasó entre ambos con la barbilla en alto. Ambos colaboradores voltearon a mirarme cuando Tanya salió de su vista. Mis mejillas se calentaron, pero sentí que la comisura de mi boca elevarse. Estuve a punto de echarme a reír por lo absurdo de todo aquello. Pero ¿esto? Esto somos nosotros. Si ella iba a darme esa oportunidad de compensarla por haberla ignorado por días y luego comportarme como un cavernícola territorial, yo iba a tomarla. Todavía no entiendo que tipo de relación tenemos pero empiezo a pensar que no es tan malo como pensaba.
Tomé la camisa sobre el suelo y fui tras la mujer de mi vida.
Todo se ve vagamente distinto desde su lado de la cama. Es como cuando cierras un ojo y miras algo detenidamente durante un rato, y luego lo contemplas con el otro ojo. Me quedo echado, practicando el ejercicio, mirando la butaca con mi ropa esparcida encima y el anverso de mi mano derecha. No me vendría nada mal cortarme las uñas, y el piso estaba tan reluciente que podría dormir sobre él. Estudio a la mujer a mi lado en silencio.
No nos habíamos molestado en recoger las mantas y volverlas a poner en la cama después de haberlas tirado al suelo la noche anterior, así que tuve la oportunidad de quedarme mirando su cuerpo desnudo. Sin duda podía acostumbrarme a despertarme con esta mujer. Está acurrucada, como un erizo, de espaldas a mí. Está demasiado en guardia como para estar descansando; como si en cualquier momento fuera a levantarse de un salto y salir corriendo. Espero que no. Por lo que he visto, dudo que pueda alcanzarla. Ha vivido más de cuarenta veces mi vida. Su vida que sigue siendo un misterio para mí, una existencia todavía replegada y tensa, esperando ponerme a prueba.
Son las 6:14 en mi móvil, y es obvio que no volveré a dormirme. Ansío que nuestro día comience. Quería bombardearla con preguntas. Quiero saberlo todo sobre ella. Toda la tristeza y miseria que sobrellevó; todos los placeres que sintió.
Bueno, probablemente esa parte es mejor omitirla.
Le di un beso en el cuello, dejo otro en su mejilla y luego un fuerte pellizco en el trasero. Ella estiró la mano y me dio una palmada en el brazo antes de que me diera tiempo de apartarme. El brazo se me entumeció y eso que no estaba seguro de que estuviera despierta del todo.
—Vuelve a dormir, мудак. Debes estar agotado.
—Pero tenemos mucho de que hablar.
Tanya se movió y me miró, el rostro listo para rodar una sesión fotográfica y los ojos oscuros.
—Oh, ahora quieres hablar. —replica con ironía mientras se tumba de espaldas.
Sonreí, atraido por la gracia de sus piernas al elevarse y rozarse la una con la otra. Es gracioso que diga eso considerando que desde el momento en que entramos por su ventanal roto se lanzó sobre mí como un dragon de komodo sobre carroña. Fui completamente incapaz de resistirme a la forma en que me quitó la ropa. Tardé un siglo para recorrer desde sus piernas hasta sus pechos y por fin a su cara.
— ¿Y bien? ¿Siempre es tan elocuente, Capitán Lancaster?
—Esperaba que propusieras los temas.
Ella se quedó mirándome durante varios dolorosos minutos, claramente luchando consigo misma.
—Tomaré un baño primero.—me dio un beso en el hombro antes de salir de la cama.
Observé su cuerpo desnudo mientras caminaba hacia el baño, pero ella no me miró. No necesitaba exactamente un polvo mañanero rápido, pero no me habría importado una sesión de caricias o una charla todavía tumbados en la cama. Cuando escucho el grifo de la bañera, pienso lastimero que no debí haberle pellizcado el trasero ni haber mencionado las sombras existentes entre notrosos. Tal vez ella necesita un poco de tiempo allí a solas para librar la batalla silenciosa que se estuviera produciendo en su interior. Empiezo a dormitar cuando se me ocurre que podría sorprenderla al prepararle el desayuno.
Me levanté como un resorte de la cama y empecé a buscar mi ropa. Andar en una casa ajena como vine al mundo, no me entusiasma.
—мудак... —escuché, justo cuando encontré mi pantalón. — ¿Esperas una invitación por escrito?
Volví a dejarlo caer sobre el suelo y entré al baño. La encontré en la bañera, envuelta en el vapor del agua caliente. Mis ojos patinando sobre las burbujas que la cubrían desde el cuello hasta los pies. Tanya levantó un brazo fuera de la bañera y empezó a recorrerlo con la esponja hacia abajo.
—De acuerdo. ¿Qué te gustaría discutir?
Cerrando la distancia entre nosotros, me senté en el borde de la bañera, metiendo los dedos en la espuma, los ojos fijos en su rostro.
— ¿Cómo debería llamarte?
Ella alzó la mirada, levantando una ceja. Evidentemente, eso no era lo que estaba esperando.
—"Tanya" es el diminutivo ruso de "Tatyana". Puedes llamarme de la forma en que prefieras. Aunque, he adquirido un gusto particular por "Pastelito"...
—Pastelito entonces... —Sostuvo mi mirada mientras yo cambiaba el agarre de forma en que cada mano estuviera a un lado de la bañera, encerrándola en una prisión.—¿No vas a preguntar por cuál nombre prefiero ser llamado?
—No me interesa cual sea tu nombre mientras pueda llamarte mío.
Sonreí un poco.
—Eso es reconfortante. Algo cursi pero muy reconfortante.
Negó con la cabeza, indignada por mi comentario pero noté como de reojo, se esforzaba por contener una sonrisa. Estaba felíz, ambos lo estabamos y eso es maravilloso.
Su mirada se volvió a mi; mejor dicho se deslizó por mi cuello y clavícula. Sus ojos comenzaron a oscurecerse, las negras pupilas eclipsando los dorados iris. ¿Tiene hambre o sed? No sé como funciona para los vampiros. Sabía que le gustaba esa zona de mi cuerpo, ahora sé el porqué. Una sensación de urgencia me abrumó. Tenía que mostrarle lo bueno que podía ser entre nosotros; una de las ventajas de quedarse a mi lado es que no tenía que fingir ser algo que no es. Yo no tenía un vínculo especial con mi sangre, de hecho, la rechazaba. Si la quiere, puede tomarla. Incliné la cabeza, exponiendo mi cuello. Dudaba que un mordisco suyo fuese a doler más que un disparo de todos modos.
—Puedes tomarla, ¿sabes?
Su cuerpo se tensó bruscamente y me miró como si le hubiese propuesto un trío con alguna de sus primas.
—No. No. ¡No puedo!— Ella negó con la cabeza freneticamente mientras se apartaba de mí. —Te mataría en el proceso.
Debió ver la confusión en mi cara ya que se dispuso a explicarse:
—La sed es un recordatorio de lo que somos. Nunca estaré completamente satisfecha. Es una desventaja de no alimentarse de humanos. El autocontrol crece; los vínculos interpersonales se fortalecen pero la sangre es una tentación constante. Y cuando la probamos; es casi imposible detenernos. —Desvió la mirada y se tapó la cara con las manos pero no parecía un gesto de frustración sino de vergüenza. Sus manos temblaron y sacudió la cabeza como si no pudiera creer que me acabara de ofrecer como chivo expiatorio. —He vivido mucho tiempo, Jack. Una gran parte de él, sin sangre humana en mi historial. Pensé que conocía la peor cara de la sed. Pensé que podría manejar cualquier cosa. Hasta que tu olor llego a mí, me percaté de lo equivocada que estaba. Aquello que me enorgullecía tanto, mi autocontrol, se desvaneció en cuestión de milésimas de segundo. Toda mi abstinencia y las razones de la misma se esfumaron. Nunca antes había percibido algo tan maravilloso como tu esencia. Nunca me había sentido tan sedienta ni había deseado algo con tanta...
Se detuvo en media oración cuando volvió a mirarme, pero ya no era necesario escucharlo. Si la congoja en su rostro no era suficiente, sus palabras evocaron lo ocurrido en aquella ocasión. Poco después de haberme perdido en el dulce dorado de sus ojos, éste cambió repentinamente. El iris de sus púpilas se tornó negro; tragándose cada chispa del color dorado que había admirado con anterioridad. Ella me midió entonces, calculando cada uno de mis movimientos con una expresión fría, y adolorida. Recuerdo haberme quedado inmóvil; sin entender el desarrollo de la escena frente a mí.
"Segura. Morir Aquí. Decidido."
Esas habían sido las palabras que había entendido de su intercambio con Jasper, antes de mirarme como si fuera el diablo encarnado y moverse en mi dirección. Recuerdo vívidamente el dolor encajado en su perfecto rostro, la agonía. Mi corazón se retuerce aún al recordarlo. Aquel día estaba demasiado preocupado por ella como para ondear en otras cuestiones. Ahora estaba más claro que el agua que ella iba a por mí.
—En pocas palabras, en un sentido puramente literal, ¿me consideras…—busqué una palabra adecuada para manifestar mi entendimiento —comestible?
—Para mí, tu sangre es más apetecible que cualquier otra. —Sus palabras salieron más suaves que un susurro; si no hubiera estado tan cerca no hubiese podido escucharla. Ella tenía miedo. Más miedo que antes. "¿Acaso temía que pensara en ella como un monstruo?" Su voz se quebró, respondiendo mi pregunta: —. Lo siento. No puedo evitarlo.
Quise reírme pero temía no poder detener el ataque de histeria que amenazaba con emerger una vez que empezara. Peligro. Ensimismado en aquella palabra, comprendí que incomodidad provocada por los Cullen era mi instinto de auto preservación. Y yo, sencillamente, lo ignoré. Ahora, había pasado de mi condición de "bolsa de sangre con piernas" a "cosecha especial para Pastelito", para luego estancarme en "cruz que cargar". El golpe de realidad es impactante, pero es la verdad que buscaba; su verdad.
Le dediqué una sonrisa lastimosa. Besé un lado de su cabeza y luego, trepé detrás de ella. La atraigo hacia mi pecho y la apreté un poco más contra mi cuerpo, queriendo transmitirle un poco de seguridad.
— ¿Qué puedo hacer para facilitarte las cosas?
—No hay nada que puedas hacer.
Eso no puede ser cierto. Yo no podía aceptar ser un observador mientras es miserable. Tiene que haber algo que pueda hacer. Lo que sea. No podía ser una especie de maldición para ella. No era justo.
—Podría irme.—susurré y al instante, se tensó en mis brazos. Nadie podía permanecer tan inmóvil como Tanya. Se quedó tan quieta como una piedra, una estatua. Como ella no dijo nada al cabo de un minuto, pensé que estaba considerando la idea así que me forcé a seguir adelante: —. Si no estoy en los alrededores...
En menos de un parpadeó se gira entre mis brazos, apoyando sus manos sobre mis hombros se sienta a hortadillas encima de mí. Me acarició la mejilla con suavidad para luego sostener mi rostro entre sus manos de mármol. Lentamente, sin apartar sus hermosos y torturados ojos de los míos, se inclinó hacia mí. De forma suave, apoyó su frente sobre la mía. Apenas era capaz de moverme, incluso aunque hubiera querido. Oí el sonido de su acompasada respiración mientras el aroma a fresa de su cabello deleitó mi olfato.
—Escuchame con atención John Augustus Lancaster...—me llamó por mi nombre completo por primera vez. —.no irás a ninguna parte sin mí. No importa que tan peligrosa sea la situación o que tan altruista sea tu intención; estamos juntos en esto.
— ¿Y que es "esto" exactamente?
—Nosotros. Tú y yo. Por siempre.
La cabeza empezó a darme vueltas por su aliento sobre mi cara. Ante el rápido giro que había dado nuestra conversación. Desde el alegre tema de la maldición de mi sangre de repente nos estábamos declarando. Era tal el alivio que sentí al escuchar aquello que no estaba seguro de cómo contenerlo todo. Esa sensación tan abrumadora y el desconcierto en general sacudieron hasta a mi yo egoísta y despiadado. Mi corazón se contrajo, y me mordí la lengua para no decir algo estúpido y cursi como "toma la llave de mi casa", "se la madre de mis hijos adoptados" o "cásate conmigo". Sus palabras me aligeran mis cargas pero necesitaba más que palabras. Necesitaba sentirme seguro de sus sentimientos hacia mí otra vez. La cuestión es que siendo el tiempo el recurso del que ella más dispone, lo que necesito no puede resumirse simplemente en "pasar tiempo juntos". Menos cuando mi competencia estaba en el pueblo.
No me gustaban los celos; odiaba la palabra "celoso" para describirme a mí mismo. La palabra celoso implica que alguien tiene algo que yo quiero y no puedo obtener. Ahora entiendo a los bastardos que orinan alrededor de sus novias cuando los pretendientes se acercan. Los comprendo pero no quiero ser uno de ellos.
—Entonces, no te molestará cruzar una línea conmigo que nunca has considerado cruzar con otro hombre.
Sus ojos se clavan en los míos.
—Me temo que tendrás que ser más específico.
—Quiero un compromiso.—confirmo, sosteniendo su mirada. Mi estómago se agujeró por los nervios. —Un compromiso más allá de un noviazgo.
Al final terminé inclinándome por un cursi y tácito "cásate conmigo". Cuento mentalmente los segundos que tarda en asimilar mi propuesta.
"Uno."
"Dos"
Sus ojos se abrieron tanto que pensé que saldrían de sus cuencas.
"Tres"
La sorpresa dio paso de la confusión.
— ¿Estás... Estás hablando de...? —Sus hombros estaban rígidos; parecía una estatua de mármol alredecor de mi cuello. De la confusión pasó al entendimiento y antes de que pudiera contar "cuatro", balbucea: — ¿Matri...? ¿Matrimonio?
Di un solemne asentimiento y cayó de cabeza en el pánico.
— ¿Matrimonio? ¿En serio?— Parece que va a empezar a hiperventilar en cualquier momento. —Has estado evitándome por una semana, tuviste una cita con otra mujer anoche y ¿ahora quieres casarte?
—Primero que todo, no era una cita. Se trataba de una cena amistosa. Segundo, dijiste que nos pertenecemos el uno al otro y que quieres esto por siempre así que suena como que estaremos gravitando en la misma orbita por mucho tiempo. Tercero, por lo que he visto en tu familia el matrimonio es cosa seria y cuarto, no me importaría estar atado a ti de todas las formas posibles si estás bien con ello...
—Aún hay muchas sombras entre nosotros. ¿Cómo podríamos casarnos bajo esas circunstancias?
—No soy un vampiro ni soy como... Nessie. No estoy seguro de siquiera ser humano, pero sé que soy un hombre mortal. —le dije, mirándola a los ojos. Sentía la presión del tiempo sobre mí, similar a un elefante sentado sobre mi pecho. Ese era el verdadero peso de mi mortalidad y como un mero humano, la impaciencia salió a relucir. —.Quiero ser el último de tus amantes. Quiero ser el "FINAL DE LA PARTIDA" para tí.
—Ya lo eres y nadie va a cambiar eso, мудак.—suspira, su rostro y postura ablandándose. Pone sus manos sobre mi pecho; su toque de alguna forma apacigua mi ansiedad. —No me estoy negando; estoy atrasándolo hasta que la propuesta no provenga de las inseguridades que mi silencio alimentó.
No es el "sí" rotundo que quería pero no puedo discutir su lógica ahora mismo. No estaba listo para confiar en ella de la forma intuitiva en que lo había hecho antes. Sería demasiado arriesgado hacerlo. Le daría oportunidad la oportunidad de eliminar los secretos entre nosotros pero no estaba dispuesto a soportar un engaño, sin importar la intención que traiga detrás.
—Entonces, la próxima vez que pregunte por ello, ambos tendremos la certeza de que vino del lugar correcto. —dije, enjaulandola con mi cuerpo. —. Hasta entonces... puede que me comporte como un idiota de vez en cuando.
—Puedo lidiar con tu ocasional estupidez. —asegura con una sonrisa tímida.
—Tenemos un trato entonces. —Bajando la vista hacia su pierna desnuda, me regodeé con la idea de tenerla apoyada en mi hombro durante algún momento del día—.Ahora permíteme ser muy lento y meticuloso al firmarlo.
Eso la hizo reír y relajarse mientras la abrazaba y besaba.
Cuando desperté en la cama horas después resultó muy difícil discutir con esa parte de mí que estaba convencida de que todo había sido un sueño. Ni la lógica ni el sentido común estaban de mi lado. Me aferraba a las partes que no podían ser de mi invención, el hecho de que estaba tirado en su cama, mi cara hundida en su almohada y tenía algo de malestar en mi entrepierna por el uso excesivo al que había sometido a mi sexo recientemente. Estaba seguro de que algo así jamás podría ser producto de mis propios sueños.
Me giré boca abajo para ocultar mi cara de la luz. La cama se sentía más suave y mullida que de costumbre. Las almohadas en las que enterré mi rostro contenían plumas y un olor delicioso a fresas.
"Pastelito", el errante pensamiento se desvanece en el sopor del cansancio.
"¿Por qué estoy tan cansado?"
Oh, cierto.
He estado muy distraído recuperando el tiempo perdido con mi novia. Sonrío algo desorientado, buscándola a ciegas a mi lado. Encuentro su cuerpo y la atraigo de inmediato hacia mí con un brazo. Ella suelta una inhalación sorprendida pero no se resiste. No pude resistir deslizar mi pierna sobre la suya. Estaba vestida con jeans y una chamarra de piel. ¿Se había duchado de nuevo? Enterré mi cabeza entre su cuello y hombro e inhalé profundamente, buscando una pizca de mi esencia en ella.
Refrescante. Dulce. Y más importante aún, desconocido.
Abro los ojos de golpe. El primer destello de luz distorsionó mi visión pero identifiqué un rostro a penas a unos centímetros del mío. Una mujer. Su piel era fantasmalmente blanca y los ojos oro entrecerrados me atraviesan como dagas. Su olor no mentía. Es una vampiresa.
—Buenos días, dormilón.
Una vampiresa desconocida.
"¡CORRE!"
Lo sé , lo sé. Lamento la espera pero buenas noticias: Ya empecé el otro capítulo. ¡Gracias por el apoyo, gente!
