Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.
Capítulo 12
Cuando su alarma sonó, Bella llevó a cabo su rutina usual. Su mente volviéndose cada vez más coherente. ¿Qué día era? Si la alarma estaba encendida, quería decir que tenía trabajo o clase, ¿cierto? Era miércoles. Clases, entonces.
¿Qué más? ¿Qué fue lo último que Jasper le había dicho anoche?
Nada. Porque él ya no estaba aquí. Porque la había abandonado. Porque había decidido que la vida que habían tenido durante los últimos nueve años y el futuro por el que habían estado trabajando no era el que él quería después de todo. Su corazón se retorció. Sus pulmones se contrajeron. Se sentó.
Y al hacerlo, recordó con quién había hablado la noche anterior. Edward. Su corazón se saltó un latido y volvió a latir a doble velocidad mientras contenía una sonrisa.
Los dos habían tenido que trabajar cuando se fueron de las pozas de marea en Cabrillo. Él había caminado con ella, tomados de la mano, hasta su coche y la había besado por cinco minutos completos. Entonces, alguien había carraspeado y levantaron la mirada para encontrar a un tipo medio molesto y mayormente desconcertado esperando ser capaz de subir a su coche junto al de ella.
Bella debería haber estado mortificada. En cambio, ella se había ido en una nube con una sonrisa tan grande que su rostro dolía. Ella era como Bambi y Flor, tropezando con sus palabras, volviéndose soñadora. O quizás Bugs Bunny, sonrojándose y con el corazón amenazando con salirse de su pecho ante el solo hecho de pensar en él.
Sí, ella era ridícula.
—Pero podría ser mejor sin la montaña rusa —masculló Bella, frotándose el pecho. Ella estaba muy segura que su corazón estaba roto por un segundo antes de que este saliera disparado a alturas que probablemente no eran buenas para la salud.
Bella suspiró, cubriendo sus ojos con un brazo. Sonreír era mejor que fruncir el ceño, y esa adrenalina de dulce entusiasmo era mucho mejor que el retorcijón de su corazón roto. Si ella pudiera controlar el recordar a Edward y todos los sentimientos de felicidad y alegría primero antes que el dolor, ella no se quejaría de su propia ridiculez de nuevo.
Estirando el brazo que no cubría sus ojos, Bella buscó su teléfono. Cuando lo encontró, bajó su brazo para así poder buscar la conversación de la noche anterior.
Acordando por millonésima vez que ellos deberían intentar convencerse de parar lo que estaban haciendo, se habían metido en una competencia, cada uno tratando de exponer sus motivos para romper con el otro. Se habían concentrado en temas realmente importantes. Como películas de Disney que no habían visto.
Bella: ¿No has visto El Zorro y el Sabueso? Sí, acabamos aquí.
Edward: La mayoría de las personas no saben esto, pero el arte de ser varonil tiene más que ver con evitar situaciones que pudieran invocar lágrimas en vez de no llorar.
Él le dio duro cuando le preguntó sobre su príncipe favorito de Disney.
Edward: No. No, no, no. Thor no cuenta como príncipe de Disney. No puedes simplemente nombrar a tu galán corpulento.
Bella: ¿Galán corpulento? Eso suena como algo que encuentras en un estofado. Cuando digo que le daría un mordisco a Chris Hemsworth, no estoy hablando de eso. Ugh.
Edward: El canibalismo debería ser un motivo para romper...
Bella: EN FIN. No es mi culpa que Marvel fuera comido por Disney. Si fuera a elegir un solo Vengador, puedes apostar tu bonito trasero que sería el Capitán América. Pero él no es un príncipe. Thor Odinson lo es.
Edward: ...¿realmente crees que tengo un bonito trasero?
Él eventualmente había reconocido que era un buen punto porque eso quería decir que podía elegir a Leia como su princesa favorita de Disney.
Bella leyó el último mensaje una y otra vez.
Edward: Bueno, eso no es útil. Simplemente vamos a admitir que somos seres humanos perfectos que se gustan.
Mientras observaba esas palabras, con una sonrisa tonta que la volvía loca, un mensaje apareció en la parte superior de su pantalla—una notificación de Facebook. Deslizó su pulgar sobre la pantalla para revisarla. Solo la notificación diaria de cumpleaños.
Entonces, volvió a mirar. Parpadeó. Lo leyó de nuevo.
Síp. Decía lo que creía: Edward Cullen tiene un cumpleaños hoy.
—Oh, ya veo cómo es. Pequeña rata. Pensabas que te saldrías con esto. —Bella abrió sus mensajes, preparada para ofrecerle llevarlo a cenar, pero se detuvo, un plan formándose en su cabeza ya.
Sus mejillas se sonrojaron y su corazón se aceleró. ¿En qué demonios estaba pensando? No podía hacer eso.
¿O sí?
Edward había planificado tantos días lindos para ella. Que él no hubiera estado intentando ser romántico le hacía preguntarse cómo sería Edward en modo completamente romántico. Sin dudas él sería una fuerza que debería ser admirada. ¿Y si ella podía ganarle?
Aunque tenía que admitir que lo que ella estaba considerando no era romántico, sino más sexy. O estúpido. ¿Era estúpido?
Posiblemente era estúpido.
Bueno, ella tenía todo el día para juntar agallas. Mientras tanto, buscó a Alice y le envió un mensaje rápido. Probablemente Edward ya tuviera planes con el único miembro de su familia accesible a él.
~ILYIK~
Alice le aseguró a Bella que regresaría a su hermanito a casa temprano. Tenían planes para cenar juntos, pero eso era todo.
Alice: ¿Sabes lo tonto que suena un adicto a Disney cuando dice que no le gustan las multitudes? Bien, ¡será una cena corta!
Bella les dio hasta las ocho treinta solo para estar seguros. Mientras caminaba hacia el complejo de apartamentos, aferró su abrigo con todas sus fuerzas. Se pasó los dedos por el cabello, esperando que cayera largo y con ondas. Acomodó la flor que había colocado a un costado de su cabeza.
Última oportunidad para recapacitar.
Pero no. Ella no iba a acobardarse. Dejó caer sus hombros, respiró profundo, y golpeó la puerta como si fuera una mujer que hacía este tipo de cosas todo el tiempo.
Mientras la puerta se abría, Bella adoptó su mejor mirada seductora. Se esfumó y trastabilló cuando un hombre que era de alguna manera conocido, pero definitivamente no Edward, abrió la puerta. Él era un hombre gigante, alto y fornido con cabello rizado y una sonrisa traviesa.
—No eres un Testigo de Jehová.
—Yo, eh. ¿Qué? —Bella dio otro paso hacia atrás, desconcertada. Aferró su abrigo como si se le fuera la vida en ello.
La puerta se abrió aún más, y Edward apareció junto a Gigantor. Su rostro estaba asombrado.
—Bella. Hola.
Los ojos de Gigantor se iluminaron con lo que solo podía ser descrito como alegría.
—Bella. Tu prometida. —Le dio un golpe en la espalda a Edward y extendió una mano a Bella—. Soy Emmett, tu futuro cuñado.
—Eh. —Extremadamente nerviosa, Bella solo observó la mano. Tuvo que convencerse que podía soltar una mano de su abrigo con seguridad el tiempo suficiente para estrecharla. Intentó no hacer una mueca cuando se estiró hacia él, deseando poder decir algo más inteligente que el tembloroso—. ¿Hola?
Emmett estrechó su mano con entusiasmo y entonces, para su horror, la jaló hacia el apartamento.
—Oigan, todos. Es la prometida de Edward —anunció a la multitud que había aparecido cerca de la puerta.
Bella casi se desmayó, se sentía tan mareada. Ahora que tenía un poco de contexto, había estado en el Facebook de Edward lo suficiente para reconocer muy bien los rostros que se encontraban frente a ella. La pareja mayor eran Esme y Carlisle, los padres de Edward. La expresión de Carlisle era una de paciencia mientras que Esme, quien le había enviado una solicitud de amistad a Bella después del debacle de la propuesta y la cual ella ahora se arrepentía de aceptar, tenía una sonrisa encantada y pícara que hacía juego con la de su hijo mayor. La sexy rubia con mirada escéptica era la esposa de Emmett, Rosalie, y el niño dormido en sus brazos era Henry.
Alice, por supuesto, Bella no tenía problemas para reconocer. Su expresión de "oh, mierda" encajaba con la que Bella estaba conteniendo.
Rápidamente todos se presentaron. Alice corrió a su lado, dándole un apretón a su brazo.
—La familia nos sorprendió a los dos. Tampoco me lo dijeron. —Su mirada rogaba que Bella lo comprendiera.
—Queríamos que fuera un secreto. —Carlisle revolvió el cabello de su hija.
—Puedo guardar un secreto —protestó Alice.
—Bella, ¿sabes que es verano, no? —Emmett tiró de la manga del abrigo de Bella. Ella se echó hacia atrás.
Edward golpeó la mano de Emmett.
—¿Podrías dejar de tocarla?
—¿Un poco posesivo?
—Es una noche cálida. ¿Quieres que tome tu abrigo? —Esme se movió hacia ella.
Bella dio un paso hacia atrás, lejos del alcance.
—¡No! Yo... eh. Estoy bien. Debería irme. Dejar que todos ustedes... Debería irme.
—Oh, no. No lo hagas. —Esme lucía tan sincera al sonreírle a Bella—. Ven y siéntate con nosotros. Solo estábamos hablando. Edward no nos dijo que estaba esperando a alguien.
—No lo estaba —masculló Bella.
Emmett sonrió.
—Oh, ¿en seeeeeeerioooooo?
Bella sintió una mano en su espalda y se tensó hasta que se dio cuenta que era Edward.
—¿Podrían disculparnos por un segundo? —le preguntó a su familia.
Sin esperar una respuesta, él presionó una mano en la parte baja de su espalda y la dirigió por un corto pasillo hacia lo que solo podía ser su cuarto. Ella no podía estar segura ya que no se atrevía a levantar la mirada. Podría haber estado paranoica, pero podía jurar que escuchó a alguien —Emmett, sin dudas— riéndose a carcajadas tan suavemente como alguien podía hacerlo.
—Lo siento. Santo cielo, ¿eso acaba de pasar? Lo siento. —Se cubrió el rostro caliente con las manos, sonrojándose tan fuerte que podría haber cocinado un huevo en su piel—. Esto es un maldito desastre. ¿En qué estaba pensando?
—Lo que sea que estabas pensando, no podría haber sido tu culpa. —Edward la tomó de los hombros, guiándola suavemente hacia atrás así se sentaba al borde de su cama—. No sabía que mi familia vendría. ¿Cómo se supone que tú lo supieras? —Se sentó a su lado y chocó su hombro—. Yo lo siento. Ni siquiera estamos definiendo esto que tenemos, y te metiste en una emboscada. Conocer a los padres es un paso complicado. Además, mi hermano es un idiota. Él es suficiente para asustar a cualquiera.
Bella exhaló, permitiéndole que aparte las manos de su rostro.
—En circunstancias normales, diría que no me asusto fácilmente. Pero hoy... —Sacudió la cabeza—. Esto fue una mala idea.
—¿Qué idea es esa?
—Bueno, después de saber por Facebook que es tu cumpleaños, pensé en sorprenderte. Supongo que no soy la única que tiene ideas brillantes. —Agachó la cabeza, liberando sus manos de las suyas—. Eso es ofensivo, de todos modos. Si hubieras querido verme, me lo hubieras dicho.
—Oye. —Edward volvió a tomar sus manos e inclinó su cabeza para captar su mirada—. Me han dicho que no sé cómo mantener la calma. Ya tuve citas contigo cuando intentaba ser solo un amigo. Intentaba darte espacio. Dejarte marcar el ritmo. —Llevó sus manos a su boca y besó sus dedos—. Si dependiera de mí, Bella, te vería todo el tiempo. Por supuesto que quería verte hoy. Estoy contento de que estés aquí.
Sus latidos hicieron ese aleteo del cual aún tenía que acostumbrarse, y tuvo que morderse el labio para controlar su sonrisa.
—Puede que tengas que reconsiderar eso cuando sepas que nos he puesto en una situación vergonzosa.
—¿A qué te refieres?
—Mierda —masculló ella bajo su aliento. Suspiró y se puso de pie. Después de unos momentos, puso los ojos en blanco y abrió su abrigo, dándole a Edward un buen vistazo a lo que tenía debajo.
Su mandíbula cayó abierta, y sus ojos casi se salían de su cabeza.
—Querida madre de todo lo que es impuro.
Bella tuvo que morderse la parte inferior de su mejilla, sonrojándose por otra razón completamente diferente a la de antes mientras Edward la miraba de arriba abajo.
—¿Feliz cumpleaños? —preguntó, tímido y divertido y...
Sí. Aparentemente, a pesar de su completa mortificación, ella realmente estaba completamente excitada por este hombre. Sus pezones se endurecieron bajo su mirada.
—Jódeme. —Su voz era ronca.
—Esa era la idea original. —Ella comenzó a cerrar su abrigo, pero él rápidamente se puso de pie, sosteniendo sus muñecas.
—Déjame mirar esto, ya que no puedo desenvolverte. —Gimió—. Ariel. Se supone que eres Ariel.
Bella estaba vistiendo prácticamente nada bajo su abrigo. Tenía un sostén violeta sin tirantes—sin encaje, solo un color. Su tanga era de color verde azulado y además tenía un liguero, sosteniendo medias altas y transparentes con volados de color verde azulado.
Antes que ella pudiera contestar —por supuesto que tenía puesto lencería inspirada en Disney— Edward atacó. Sostuvo su cintura y tomó sus labios con los suyos. Fuerte. Demandante. La retrocedió hasta estar presionada contra la pared. Allí, la besó implacablemente hasta que ella estaba jadeando en su boca.
—Esto... no es una buena idea —dijo ella entre besos. A pesar de sus palabras, cuando él bajó la cabeza para besar su barbilla, ella levantó su rostro de nuevo, demandando sus labios como suyos—. Realmente es una mala idea.
—Lo sé. —Con un gruñido, él apoyó su frente contra la suya. Sus dedos trazando la piel de sus muslos—. Hay algo tan deliciosamente sucio sobre esto. Algo sobre una fantasía de sirena que nunca supe que tenía. —Aferró su trasero.
Ella soltó un chillido.
—¿Sabes que toda tu familia se encuentra a menos de seis metros, cierto?
—Dame un minuto. Voy a decirles que desaparezcan de aquí.
—Edward.
Él gruñó, pero dio un largo paso hacia atrás. Cuando ella finalmente cerró su abrigo, él hizo un puchero.
—Ponerte más prendas es lo contrario a lo que quiero ahora mismo, ¿pero puedo ofrecerte un par de jeans y una camiseta del escudo de Capitán América? Entonces, vas a tener que darme un minuto para pensar en... no lo sé. Pollas arrugadas y con manchas o algo.
*Beefy hunk: galán corpulento. Se pierde el chiste. Beefy también quiere decir con sabor a carne, y hunk también significa trozo/pedazo, de allí a que le recordara a un estofado.
