Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.
Capítulo 14
Bella observó la foto borrosa en su correo por un largo tiempo, su cuerpo estremeciéndose con calor en vez de frío. Ese había sido el nombre del juego todo el día en Disneyland. Una mirada la dejaba temblando. Su toque la prendía fuego. Su cuerpo estaba despierto, su piel consciente. Ella nunca había querido tocar a alguien tanto, besarlo.
La foto había sido tomada en el paseo de Astroblasters de Buzz Lightyear. Era un paseo interactivo, donde debías disparar a los objetivos a lo largo del trayecto. Edward y Bella habían obtenido un puntaje de 0 porque las vainas, como en el paseo por la Mansión Embrujada, eran para dos pasajeros; el camino estaba oscuro, y se encontraban relativamente escondidos de los demás. Durante los cinco minutos del paseo, Bella ni siquiera pudo recordar cómo respirar. Ella no sabía nada más que los labios de Edward en los suyos.
En algún punto, tu fotografía era tomada. Era la única foto que las estaciones a la salida de la atracción te permitía enviar a tu correo, gratis. Sosteniendo su mano, Edward le había sonreído cuando vieron la foto por primera vez—la única en la pantalla donde los pasajeros estaban besándose en vez de apuntar al maligno Emperador Zurg.
Bella se sobresaltó cuando su teléfono vibró con un mensaje. Como si le hubiera leído la mente desde el otro extremo de la ciudad, el mensaje de Edward aumentaba su deseo. Se lamió los labios, descubriendo el verdadero significado de caliente y nerviosa.
Edward: No pude obtener suficiente de tu sabor hoy.
Los besos que habían compartido ese día, cuando pudieron robar un momento lejos de su familia, fueron profundos. La manera en que su lengua se sentía, moviéndose contra la suya, era sensual, incluso el recuerdo hacía que los pezones de Bella se endurecieran. Estaba tan loca por este hombre.
Besos en Disneyland—churros y helado.
Los ojos de Bella se abrieron rápidamente, y jadeó fuerte. No era la voz de Edward que había escuchado en su oído entonces; era la de Jasper. Tuvo el efecto de agua helada sobre una llama. Se estremeció por razones completamente diferentes ahora.
El viaje a Disneyland había sido irreal en muchos puntos. Sus sentimientos por Edward, el deseo fuerte entre ellos, había sido incontenible. Pero, ella no podía fingir que no tenía una historia romántica en Disneyland. Había memoria muscular allí que no podía ignorar, como la manera en que su cuerpo había esperado, durante los fuegos artificiales, que Jasper la jalara en sus brazos, la envolviera por detrás, sus brazos alrededor de su cintura, su ancho pecho contra su espalda.
Edward se había parado a su lado, su brazo alrededor de ella, sus dedos acariciando suavemente su cadera. Las cosas eran diferentes con Edward, especialmente porque estaban compartiendo esta primera vez en Disneyland como una pareja con su familia, pero ella no podía fingir que el lugar no estaba plagado con casi una década de recuerdos.
Bella marcó el número de Edward. Él respondió después del primer tono.
—Si hacemos esto por teléfono, mi hermano definitivamente nos va a escuchar.
Allí estaba ese temblor de nuevo. Bella tuvo que morderse el labio para evitar gemir. Su voz era ronca, llena de promesas. Abrió la boca, pero lo único que salió fue un chillido ahogado.
—¿Bella?
Ella rio —casi un sonido maniático— y presionó una palma contra su mejilla caliente. Estaba acostada en la cama, y sería tan fácil imaginar deslizar sus manos por su cuerpo, tocarse a sí misma donde ella lo deseaba más.
—Jamás fui buena en el sexo por teléfono —dijo irónicamente.
Él rio. Dios, amaba ese sonido.
—No bromeaba sobre mi hermano, de todos modos. Él tiene el sueño ligero, y estoy en el sofá.
Bella cerró los ojos, tratando de despejar mi mente sucia. Fácilmente podía imaginarlo allí, y consideró preguntarle si dormía con una camiseta puesta o no. Esta era una información importante para saber, después de todo.
—¿Bella? —Edward volvió a preguntar.
—Lo siento. —Ella inhaló y exhaló lentamente—. Estaba empujando lejos a mi libido.
—Ajá. —Ella escuchó el sonido de lo que imaginaba que era su lengua deslizándose sobre sus labios con un suave chasquido—. Y, ¿por qué estamos haciendo eso?
Puso los ojos en blanco. Había una voz retorcida susurrándole al oído, diciéndole lo rápido que ella podía tenerlo donde quería. No le tomaría mucho convencerlo de que viniera. Su apartamento estaba libre de familia, y estaba segura que su cama era mucho más cómoda que el sofá de él. Podrían ser tan ruidosos como quisieran. Claro, él tendría que hacer el paseo de la vergüenza al regresar a su casa, pero era un niño grande. No había vergüenza en ese juego, ¿cierto?
—Estaba pensando en que quizás tu familia nos hizo un favor a largo plazo —dijo Bella.
—¿Eso crees?
Ella inhaló temblorosamente y sonrió para sí misma.
—¿Recuerdas a esa gatita ardiente que apareció en tu puerta sin ropa?
—No voy a olvidarla pronto.
—Sí, bueno. No estoy segura de dónde vino. —Bella torció su manta alrededor de su dedo, sonrojándose de nuevo—. Solo he estado con dos tipos. Y el primero difícilmente cuenta. Cuatro minutos en el baile de graduación.
—Quieres ir más lento —dijo Edward como si estuviera comprendiendo.
—Diablos, no. ¿Bromeas? Me hiciste pensar con mi polla, Cullen. Lo que quiero es montarte hacia el atardecer.
Él gruñó.
—Bella.
Ella se mordió la parte interior de su mejilla. Tan, tan fácil.
—No es mi intención ser tan fría y caliente contigo. La cosa con nosotros es como una bola de nieve que cae por la montaña, cada vez más grande. Te deseo, Edward. No intento decir que no, pero no estoy lista para que sea algo a lo que cedamos aún. —Giró, gruñendo contra su almohada antes de levantar la cabeza y llevar el teléfono a su oído—. ¿Tiene sentido lo que digo?
—Preferirías que esto sea más sobre el romance en vez de qué tan rápido podemos ir a la cama.
—Sí —dijo ella, soltando un suspiro—. Dios, ¿por qué eso es tan duro?
—Bueno, no puede ser tan duro como otras cosas que puedo mencionar —dijo Edward.
Bella puso los ojos en blanco.
—¿Esta es la parte donde me das el debate de bolas azules?
—Eso me convertiría en un bastardo manipulador que realmente no vale tu tiempo.
Ella tiró su cabeza hacia atrás sobre la almohada.
—Me estoy dando bolas azules a mí misma.
—No por nada, Bella, pero en una conversación, has mencionado tus bolas y tu polla. ¿Qué voy a encontrar cuando finalmente te quite la ropa?
—¿Temes que las mías sean más grandes que las tuyas?
Él resopló.
—Oh, cariño. —Su tono bajó a uno más sensual—. No estoy preocupado por eso. En absoluto.
Bella gimoteó y entonces se rio de sí misma.
—Jódeme.
—¿No decidimos en contra de eso?
—¿Te crees gracioso, no?
Allí estaba esa risita de nuevo. Enviaba un hormigueo delicioso por su cuerpo. Bella suspiró, dejando que el calor se expandiera.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó.
Él tarareó su afirmación, y Bella miró al techo.
—Terminaste con una mujer con la que planeabas casarte no hace mucho tiempo. ¿Por qué estás mucho más relajado con todo esto?
Hubo una larga pausa del otro lado de la línea.
—Sí, no me hace quedar bien, ¿o no?
—No dije eso.
—Solo pensaba en voz alta. —Él suspiró—. Tener citas es una cosa rara. Llamemos espada a una espada, cuando tienes citas, tomás pruebas en busca de la persona con la que se supone que terminas por la eternidad. Por lo que, si la cita sale bien, te diviertes; tienes otra.
»—Quizás nunca aprendí a reconocer la señal de cuándo se supone que termina. Kate nunca me dio una razón para terminar con ella. Nos llevábamos bien. Nuestra vida juntos era buena. Éramos felices. Aún creo que podríamos haber tenido un matrimonio feliz.
—¿No estuviste devastado cuando te dejó? —preguntó Bella, cerrando los ojos ante el dolor profundo en el centro de su pecho.
—Estaba molesto, triste, y confundido —dijo Edward—. Pero no, devastado no. Lo cual, en retrospectiva, creo que tiene mucho que ver con todo el trabajo que puse en la relación. No es que no me hubiera esforzado. Simplemente no tenía que trabajar para lo que teníamos.
—¿Eso no es algo bueno?
—Quizás puede serlo. Pero, lo que quiero decir es, si estás comparando tu relación con Jasper y la mía con Kate, tú y Jasper tienen mucha más historia compartida. Hubo cosas que tuvieron que superar que los unió.
—Sí, y nos destrozó —masculló Bella, aún molesta.
—Lo siento. No fue mi intención mencionarlo. Estábamos hablando de mí y mi posible inestabilidad.
—No creo que seas así —dijo Bella rápidamente. Pasó una mano por sus ojos.
—Tampoco creo que lo sea. —Él sonaba considerado al hablar—. Hay demasiadas variables como para comparar lo que tuve con ella con el potencial de lo que tenemos. Por un lado...
Bella se sentó en la cama, su ceño fruncido ante su silencio.
—¿Por un lado, qué?
Él suspiró de nuevo, esta vez suavemente.
—Por un lado, lo que siento por ti es más.
El corazón de Bella se saltó un latido.
—¿Más qué?
—Simplemente más.
Ella se mordió el labio fuerte, luchando contra una sonrisa tonta. Más.
Edward carraspeó.
—Como sea. Creo que la razón por la que no tenemos una respuesta clara es cuestión de datos.
—¿Datos? —Una sonrisa divertida tiraba de las esquinas de su boca, y Bella se envolvió con la manta, acurrucándose en la cama. Se estremeció de nuevo. Era casi como si él estuviera detrás de ella, mascullando en su oído.
—Es como dije: demasiadas variables en juego aquí. Necesitamos más datos antes de poder encontrar una hipótesis para la vieja pregunta.
—¿Cuál?
—¿Por qué nosotros? ¿Por qué tú y yo? En un mundo de siete billones, esa es una combinación muy específica.
—Mmm. —Bella se estiró para apagar su luz—. ¿Y por qué funcionaríamos cuando nuestras otras, eh, combinaciones no lo han hecho?
—Exactamente. —Él tarareó suave—. Si hay una ciencia detrás de todo esto, ¿quizás cuando nos conocimos no sea un momento inoportuno después de todo?
—¿Cómo deduces eso? —preguntó Bella, su tono gentil. Ella quería estar menos confundida sobre todo esto. Seguir adelante sería mucho más fácil si las relaciones pudieran ser envueltas en una caja prolijamente y enterradas en el patio.
—Bueno, si hay una ciencia para la combinación nuestra, entonces, el hecho que nos conociéramos cuando los dos estábamos solteros elimina los obstáculos más grandes. Que estábamos libres para encontrarnos.
Ella rio.
—Nuestras camisetas fueron como una marca biológica. Como plumas de un pavo real.
—¿Intentas aparearte conmigo de nuevo, hermoso cisne?
—Oh, hombre. Ese fue muy malo.
—Feliz de ser útil. —Sonó más animado—. Pero regresando a la ciencia. Necesitamos acumular más datos.
—¿Sabes? Las personas que no son grandes nerds llaman a eso tener citas.
—Bueno, no es el método científico, pero lo aceptaré. —Pausó por un instante—. Y no finjas que no eres también una gran nerd. Eres una científica tanto como yo. Apuesto a que amas las hojas de cálculo, los parámetros, y exponer los animales que estás estudiando a diferentes estímulos.
—Oh, cariño. Háblame sucio —dijo ella en su mejor voz de teleoperadora.
Funcionó. Él gruñó.
—Bella.
Ella suspiró, sus párpados sintiéndose cada vez más pesados.
—Podría terminar en lágrimas, ¿sabes? —masculló, no del todo despierta.
—Podría, pero podrían ser lágrimas de felicidad.
La idea llenó su pecho de calor y su piel se erizó.
—Está bien —dijo alrededor de un bostezo—. Entonces, te recogeré a las siete el jueves. Por la mañana.
—Espera. ¿Qué?
—Estás libre el jueves, ¿cierto? —Ella estaba tan soñolienta, sabía que estaba mascullando ahora.
—Sí, tengo el jueves libre. ¿Pero adónde iremos?
—A una cita.
Él rio.
—Sí, eso lo deduje, Bella. ¿Pero adónde? ¿Adónde podríamos ir a las siete de la mañana en mi día libre?
—Solo ponte zapatos cómodos. Te lo diré más tarde.
—¿Acaso tengo opción aquí?
A pesar de que él no podía verla, Bella abrió un ojo.
—Por supuesto. Adelante y déjame plantada si quieres.
Un latido.
—¿Quieres hacerlo? —preguntó.
Él rio.
—Mi agenda está libre para ti.
—Buen trato. —Ella volvió a cerrar los ojos.
Bella no podía recordar si realmente había terminado la llamada. Todo lo que recordaba eran sus palabras lejanas como una caricia contra su oído "Buenas noches, Bella" y su último pensamiento vago de que era bueno quedarse dormida escuchando su voz.
Y que sería realmente bueno despertar con ella.
