Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.
Capítulo 15
Cuando Bella le envió un enlace a Pottermore —el sitio de J.K. Rowling para todo lo relacionado con Harry Potter— Edward tenía una buena idea de adónde ella planeaba llevarlo. Aunque le siguió la corriente, y le compartió sus resultados cuando él fue clasificado en Ravenclaw.
Bella: Hiciste trampa.
Edward: No lo hice.
Bella: Ravenclaw implica que eres inteligente. Rápido para el ingenio.
Edward: Ja.
La mañana de su cita, Edward solo se encontraba medio despierto cuando ella golpeó a su puerta. Cuando la abrió, dio un paso hacia atrás, encontrando un sobre marrón y cuadrado a un milímetro de su nariz. Edward parpadeó y entonces miró soñolientamente a la mujer con ojos brillantes agitarlo frente a su rostro.
—Soy una lechuza —dijo Bella.
Por casi treinta segundos, Edward solo observó, buscando en su cerebro qué pensar sobre esa declaración en particular. Cuando no pudo hacerlo, finalmente habló.
—¿Qué? —preguntó elocuentemente.
Ella rio y sacudió el sobre de nuevo.
—¿Puedes tomar esto?
Lo hizo.
Ella sonrió.
—¿Y lo puedes abrir? No eres una persona mañanera, ¿eh?
—Sería mejor si hubiera café aquí. Es todo lo que voy a decir —dijo Edward mientras abría el sobre. Comenzó a leer, y entonces sonrió cuando se dio cuenta de lo que era—. Esta es una carta de aceptación a Hogwarts.
—Sí. ¡Felicitaciones! Ahora, puedo darte tus cosas.
—¿Tengo cosas?
Bella levantó una bolsa que se encontraba a sus pies y se la tendió. Adentró, él encontró una camisa que intentaba simular una túnica con una corbata a rayas azul y gris, y una bufanda a rayas azul y gris.
—Tendremos que pasar por Ollivander's para conseguirte una varita.
—¿Le seremos infiel a Disneyland?
Esto era exactamente lo que había sospechado, pero podía permitirle su diversión.
—¿Sabes con cuántas personas Disneyland tiene una relación íntima? Y eso es sin contar los visitantes de una vez. —Ella sacó un papel de la bolsa y se lo dio—. Así que, juguemos un poco.
El texto escrito allí realmente lo sorprendió.
—Bella, esta es una entrada para tres días.
—Sí. Universal es raro. Créeme cuando digo que tenía más sentido comprar una entrada para tres días con descuento que una a precio regular por un día. —Agitó una mano—. Como sea. Tenemos seis meses para ir de nuevo.
—Entonces, ¿lo que estás diciendo es que me estás asegurando al menos tres citas?
—No me mires. Esta es la idea de Costco. —Bella le dio una sonrisa serena—. Ni siquiera me gustas tanto.
Edward se inclinó y besó la punta de su nariz.
—Mentirosa —dijo antes de besarla.
Ella suspiró cuando su beso terminó un minuto después y descansó su mejilla contra el hombro de él, su mano aún en la parte trasera de su cuello.
—¿Sabes que esto es demasiado, cierto? —Edward masculló contra su oído, contento de abrazarla.
—Nah. He visto todas esas películas románticas. Debes hacer algo grande y extravagante así la persona a la que cortejas queda deslumbrada hasta que le gustas.
—¿Deslumbrado, eh? Entonces, ¿estaré tan metido antes de darme cuenta que eres un imbécil?
Bella levantó la cabeza con una expresión en su rostro que le dijo que se quería reír. Ella se mordió el labio fuerte y él arqueó una ceja, presionando con su pulgar para liberar su labio de sus dientes.
—Tienes un chiste sobre estar demasiado metido en la punta de la lengua, ¿o no?
Ella estalló en carcajadas, escondiendo la cabeza contra su cuello.
—Y sobre imbéciles* también. Bastardo pervertido.
Edward gruñó, afianzando su agarre alrededor de ella.
—No debemos estar pensando en sexo.
—¿De quién fue la idea tonta? —Bella besó la parte inferior de su mentón—. Vamos. Tenemos un largo viaje por delante. Podemos parar por café en el camino.
~ILYIK~
—Ves, esta es la primera diferencia. No tienes que caminar por Downtown Disney para entrar a Disneyland. Podemos, pero es mi elección —dijo Bella sobre el centro de compras justo afuera de Disneyland.
Edward tomó su mano.
—Tienes que admitir que Universal City Walk es mucho más impresionante. —Estiró su cuello, sonriendo a la gigantografía de King Kong colgando entre los edificios.
Bella los detuvo en seco y apuntó a su rostro con un dedo.
—Muérdase la lengua, señor. Downtown Disney se creó primero.
Él tomó su dedo y sonrió engreídamente.
—De hecho, mi pequeña sabelotodo, Downtown Disney fue construido en 2001. Sé con seguridad que el City Walk se creó primero.
Ella se paró de puntitas de pie, dándose la altura para mirarlo de cerca.
—Escucha, sabiondo, Downtown Disney se originó con Disney World en 1975 como un Centro Comercial Lake Buena Vista. Es más antiguo que Star Wars.
Esta vez, fue Edward quien se mordió el labio.
—Eres una nerd. Una nerd de Disney.
La expresión de fingido enojo en el rostro de ella se transformó en una asombrada.
—Eso ya lo sabías.
—Sí. —Envolvió su mano alrededor de su muñeca y la jaló hacia él. Frotó su mano a lo largo de su espalda—. Pero la demostración fue jodidamente sexy.
Ella levantó su rostro y esa fue toda la invitación que Edward necesitaba. La besó con probablemente más lengua de lo que alguien necesitaba ver en un lugar extremadamente público.
—Sabes que estamos al menos a dos horas y media de casa, ¿cierto? —dijo Bella, su voz ronca.
—Dicen que hay hoteles en Los Ángeles.
—No me ayudarás a ser buena, ¿o no? —Sus manos ardían contra las escápulas de él.
Él suspiró y besó su mejilla. Entonces, dio un paso al costado, manteniendo su mano en la suya.
—Quiero dejarlo en claro, quiero pasar tiempo contigo. Me gusta pasar el rato contigo, y no solo porque estoy esperando la parte del sexo. Simplemente me excitas de muchas maneras.
—Eso es un problema. Somos demasiados hermosos.
De alguna manera, lograron pasar la entrada principal.
—Ellos escanean la huella de tu pulgar —dijo Edward, impresionado—. Otro paso adelante de Disney.
—¿Sabes qué? No te traje aquí para reemplazar a Disneyland en tu corazón. Puedes divertirte en otros parques temáticos. Eso está bien, pero al final del día, deberías saber dónde está tu hogar.
—¿Qué eres, una Hufflepuff de incógnito? Leal y real. —Edward jaló de la bufanda a rayas roja y amarilla que ella tenía puesta—. Sabía que mentías sobre ser una legítima Gryffindor. Solo porque Harry Potter pertenecía a la casa Gryffindor no quiere decir que tú también tengas que hacerlo.
—Si quiero pertenecer a Gryffindor por alguien, es por Minerva "Pateatraseros" McGonagall. —Lo pinchó en un costado—. ¿Intentas decirme que no crees que sea valiente hasta el punto de la imprudencia?
Edward envolvió un brazo alrededor de sus hombros.
—Creo que realmente eres Slytherin. Astuta y habilidosa y quizás un poco maligna.
Caminaron por el parque, deteniéndose cerca del Mundo Mágico de Harry Potter y en el Kwik-E-Mart de Springfield de Los Simpson. Bella se carcajeó al pasar junto a Marge y Bart, que se encontraban afuera de la tienda.
Adentro, ambos compraron una dona enorme con glaseado rosa —una réplica gigante del bocadillo favorito de Homero Simpson— para desayunar.
—Te diré algo. Disneyland gana en el aspecto comida —dijo Edward, mirando hacia la fila de restaurantes con temática de los Simpson—. No creo que quiera pagar precios de parques de atracciones por una hamburguesa Krusty. —Bajo la mesa, él tocó su pie con el suyo.
Los labios de ella se arquearon hacia arriba, y atrapó su piel entre los suyos, jugando.
—Punto para Disneyland por tener comida decente. Pero vamos a almorzar en Las Tres Escobas. Menos puntos para Universal por no tener reservas.
Cuando terminaron con su gigante dona de desayuno, se dirigieron al Mundo Mágico de Harry Potter. La entrada era un arco de roca, detrás el cual se encontraba la pequeña aldea de Hogsmeade cubierta de nieve, una aldea mágica sacada de los libros. Bella se detuvo en seco, y Edward se paró a su lado, ambos observando.
—No soy solo yo, ¿cierto? —preguntó ella, su voz un poco susurrante.
—No. —Él tuvo que reír—. Es mágico.
Realmente lo era, de una manera completamente opuesta a Disney. Disneyland tenía magia de Disney—nostalgia y simplemente una sensación de maravilla en el aire. Universal era toda una experiencia diferente. En vez de tener tierras temáticas, ellos eran transportados. La ciudad de Springfield estaba llena con las fachadas y personajes de los Simpson. Así mismo lo era Hogsmeade y Hogwarts inminente en la distancia.
El Hogwarts Express se encontraba a un costado, y las personas formaban una cola para tomarse fotografías con el conductor. La mayoría de los favoritos de Hogsmeade estaban representados. Se metieron primero en Honeydukes—una tienda que estaba llena con todas las cosas mencionadas en los libros como ranas de chocolate, grajeas Bertie Bott, píldoras ácidas, moscas de café con leche, y cosas así. Bella se dirigió al mostrador de pasteles y ordenó una empanada de calabaza y un pastel de caldero.
—Siempre me he preguntado cómo saben estos —dijo Bella, tendiéndole el pastel mientras ella mordía un bocado de la empanada.
—Mmm. Yo también. —Edward jaló de su mano, llevándola hacia él y agachándose así podía besar el sabor de sus labios.
En la tienda de artículos de bromas de Jonko, Edward le compró a Bella un micropuff—una bola rosa esponjosa y grande. Ella amenazó con comprarle unos Lord Kakadura, "La epidemia de estreñimiento que arrasa el país", los cuales realmente eran M&M's verdes.
Pasaron la mayoría del tiempo en Dervish y Banges, Moda para Magos, y el Correo Lechuza sintiendo nostalgia mientras observaban las túnicas y las escobas. Dervish y Banges tenía un monstruoso libro de monstruos —un libro peludo y viviente con dientes asquerosos que te arrancaría el brazo ni bien aprendes algo— en una jaula. Bella, por supuesto, metió su mano para acariciarlo y chilló, saltando de vuelta hacia los brazos de Edward cuando le rugió.
Edward besó su cabeza.
—Te protegeré de los monstruos falsos, nena. No te preocupes.
Todo era ofensivamente caro, cosa que Edward encontró gracioso dado que no era difícil encontrar parafernalia de Harry Potter fuera del parque. Supuso que lo mismo aplicaba para Disneyland, pero las cosas que se vendían en Disney solo estaban disponibles allí.
—Túnicas, bufandas, corbatas, escobas. Todas esas cosas pueden ser compradas en línea —comentó Edward.
Bella le dio unas palmaditas a su diadema de Gryffindor, casi idéntica a la que vendían por dieciocho dólares.
—Pagué ocho por esto en Hot Topic.
Edward asintió.
—Punto para Disney.
Afuera, vieron cómo un pequeño niño agitaba una varita especial a una de las ventanas. Soltó unas risitas encantadoras cuando, ante su orden, una exhibición de muffins giró alegremente. El empleado de Universal le explicó a los padres que cuando vieran un símbolo mágico en el suelo, dentro de Hogsmeade, la varita del niño interactuaría con el entorno.
—No voy a mentir, quiero esa varita —dijo Edward, inclinándose para hablar al oído de Bella.
Ella se estremeció y miró por encima de su hombro.
—¿Esa es la versión de Harry Potter de que quieres la P?
Rodeando su cintura con un brazo, la llevó hacia él, sus labios aún cerca de su oído.
—Tú quieres la P.
Ella giró su cabeza para besarle la mejilla.
—Es una enfermedad.
Lograron atravesar Hogsmeade hasta alcanzar el hermoso castillo Hogwarts. En una plataforma justo afuera de la aldea, llegaron a tiempo para ver el Coro de Ranas de Hogwarts. Un estudiante de cada casa, vestidos con sus túnicas y bufandas, subieron a la plataforma, cada uno cargando una rana gigante en una almohada.
Era lindo. Bella apoyó su espalda contra él, y Edward la sostuvo en sus brazos, inclinándose para croar en su oído como una rana cada cierto tiempo mientras el coro cantaba. Y fue entonces que él abruptamente comprendió por qué Bella los había traído aquí.
Eran dos personas que podían perderse en la magia del parque temático. No se abrumaban por los diálogos locos, la multitud de personas, y la mercadotecnia constante. Se perdían en la felicidad del lugar, sin vergüenza de darse el gusto en la maravilla infantil.
Pero Disneyland, por mucho que lo amaban, no les pertenecía solo a ellos. Había recuerdos allí más amargos que dulces con personas que habían perdido, personas que los habían lastimado. Y aunque ambos estaban más felices de haber encontrado al otro, no podían borrar los recuerdos que ya tenían.
Este lugar era nuevo para los dos. Era solo de ellos.
Edward sostuvo firme a Bella, meciéndose al ritmo de la música.
Entonces caminaron hacia la atracción principal: Harry Potter y la Aventura Prohibida. La espera era una locura incluso para sus estándares, pero transcurrió lo suficientemente feliz. Se entretuvieron a sí mismos, debatiendo el lado oscuro de Harry Potter.
—¿Sabes que esas pociones de amor son realmente problemáticas, cierto? —dijo Bella, recordando que los gemelos Weasley vendían pociones de amor en su tiendas de bromas en los libros—. Hacer que alguien se enamore de ti. ¿Cualquiera?
—Tienen hechizos para dejarte inmóvil y totalmente indefenso —señaló Edward—. Piensa en eso por un minuto.
Pero incluso esos temas problemáticos no arruinaron su experiencia. La cola del paseo se vació primero y entonces entraron al castillo Hogwarts, todo montado con los puntos de referencia conocidos. Justo afuera, encontraron el salón de herbología, y las mandrágoras podían verse en una fila ordenada. Adentro, primero había una fila de estatuas y entonces la entrada familiar al estudio de Dumbledore. Bella y Edward se tomaron turnos para gritar claves, sabiendo que el director de Hogwarts elegía nombres de dulces.
—Caramelo de limón —gritó Edward.
Pero por supuesto, la estatua del fénix gigante no volteó para revelar una escalera de caracol.
Mientras caminaban por el pasillo, los cuadros en las paredes se movían como lo hacían en las películas, hablando y saltando de marco en marco. Un cuarto incluso presumía a los fundadores de Hogwarts, todos ellos charlando, dando indicios de las cosas que se vendrían.
Visitaron la oficina de Dumbledore con sus chucherías interesantes, incluyendo el pensadero—un plato ancho de piedra que contenía algunos de los recuerdos de Dumbledore más sobresalientes. Entonces, en el salón de Historia, los tres más importantes —Harry, Ron, y Hermione— les contó sobre un hechizo que querían probar en los muggles —humanos no mágicos— para hacerlos volar.
Después de pasar por el Sombrero Seleccionador, alegremente cantando su canción, terminaron el recorrido. Se subieron a bordo de la banca encantada y, con sus pies colgando y sujetados firmemente del pecho, salieron volando.
Edward jamás había experimentado un paseo como ese. Volaron sobre el castillo, sobre el lago, hacia el bosque. Bella tomó su mano como si se le fuera la vida en ello, gritando mientras eran precipitados por el aire, esquivando el sauce golpeador, arañas gigantes, y dragones.
Al principio, Edward reía entre jadeos, divertido por los chillidos de terror de Bella. Pero entonces, mientras giraban en otra esquina, gritó. Fuerte. Y chillante.
Bella seguía riéndose a carcajadas mientras salían hacia la tienda obligatoria.
—Ese grito. Me sorprende que no detuvieran el paseo.
—Bella —dijo él con un suspiro.
—Pensé que estabas siendo asesinado.
Él la tomó de la cintura, llevándola hacia un rincón de la tienda así podrían ser molestos lejos de las personas.
—Eran Dementores —dijo, haciéndole cosquillas mientras ella luchaba fingidamente su ataque—. Cosas malignas que chupan tu alma y se encontraban en mi rostro.
—Estabas aterrado —dijo ella con felicidad.
—Te mostraré terror. —Se aventó hacia ella y jugaron a luchar hasta que la tuvo enredada en sus brazos, presionada firmemente contra él.
El aire entre ellos era tenso, chispeante y vivo. Observó su mirada seductora, se le secó la boca. Se lamió los labios.
—Eres una persona horrible, ¿sabes eso?
Ella rio sin aliento y sacudió la cabeza.
—Nop.
—Lo eres. Completamente podrida.
Ella levantó su barbilla.
—Cállate. Me amas.
La última palabra salió con un jadeo y los ojos de ella se agrandaron al darse cuenta de lo que había dicho.
—Quiero decir... No quiero decir...
El corazón de Edward latía a dos kilómetros por minuto, y estaba seguro que ella podía sentirlo.
—No —dijo rápidamente. Ajustó su agarre en ella, envolviendo un brazo a su alrededor y levantando una mano para sostener su mejilla—. Es verdad. Sí te amo.
Los labios de ella se elevaron y bajaron, arriba y abajo. Entonces, su sonrisa se agrandó, con maravilla y belleza. Sus ojos se iluminaron, y lanzó sus brazos alrededor de su cuello.
Lo besó entonces, besos ansiosos entre pequeñas risitas nerviosas y un pequeño vistazo de lengua. Ella se apartó después de un minuto, su mano en la nuca de él, acariciando su cabello. Su aliento temblaba.
—No tienes que corresponder —susurró él.
Ella apoyó su frente contra la de él.
—Pero es verdad. Sí te amo.
Fue lo mejor que Edward había escuchado jamás.
~ILYIK~
El resto del día pasó rápidamente. Ambos flotaban, perdidos en el espacio irreal donde solo ellos dos existían. Se encontraban en una nube de amor nuevo, donde no podían dejar de tocarse, no podían dejar de sonreírse—esas miradas secretas porque eran las únicas personas en el mundo que comprendían lo que era el amor.
Como prometido, comieron en Las Tres Escobas, junto a la taberna Cabeza de Puerco. Ordenaron cerveza de mantequilla —una de las bebidas favoritas de los magos y brujos— con una pizca de fireball. Se sentaron a un lado de la mesa—algo que Edward juró que nunca haría porque ¿qué tipo de personas no podían hablar frente a frente? Pero no podía dejar de tocarla, no podía mantener sus manos alejadas de ella. Se besaron entre comentarios, nariz contra nariz, apenas tocando su comida.
Caminaban tomados de la mano cuando Bella no se montaba a su espalda por unos pasos. Esperaron en otra cola para el paseo de los Simpson, el cual fue fenomenal.
—Las atracciones aquí son multisensoriales. Realmente intensas —dijo Edward, impresionado.
—¿Mejor que Disney? —preguntó Bella.
Edward acarició su mentón.
—No estoy seguro aún. Es una experiencia diferente. —Sonrió y la jaló hacia él—. Es nuevo, y me gusta.
Fueron a diferentes espectáculos. Edward fue llamado en Animales Actores, y un loro aterrizó en su mano, robó un billete de veinte dólares, y eventualmente lo devolvió. Se subieron a varias atracciones y comieron demasiado.
Cerca de la entrada del parque, entraron a la atracción de The Walking Dead, el cual era, en esencia, una casa grande llena de caminantes. Edward decidió que era la mejor atracción del parque, pero principalmente porque Bella se mantuvo pegada a su lado. Escondió su rostro contra su pecho, chillando cada vez que un caminante aparecía frente a ellos o se acercaba amenazantemente.
A él le gustó eso—no solo tenerla tan cerca sino que ella volteara hacia él en busca de seguridad. Saciaba algo primal dentro de él.
—Bella —masculló contra su oído cuando se encontraban en la suave luz del atardecer.
—¿Mmm? —Volteó hacia él y, como había pasado todo el día, parecía asombrada de su cercanía. Ella estudió su rostro, rondando en sus labios.
Ella lo distraía tanto.
—Eh. —Deslizó sus manos por los costados de ella distraídamente—. ¿Crees que quizás sea el momento de irnos?
Ella dejó de desnudarlo con la mirada y levantó la cabeza para encontrar sus ojos.
—Sí.
Él tomó su mano, llevándola hacia la salida. Entraron a City Walk antes de que Edward no pudiera soportarlo más. La llevó hacia una pared solitaria y la empujó contra esta. Allí, la besó profundamente, la besó como si quisiera devorarla, lo cual no era nada más que la verdad.
—Bella —dijo de nuevo, su voz ronca.
—¿Sí? —Ella estaba tan jadeante como él.
—Me preguntaba... —La besó—. ¿Qué piensas de...? —La besó de nuevo—. ¿Los hoteles?
Ella gimió, empuñando su camiseta en sus manos, y lo atrajo hacia ella.
—Soy una gran fan de los hoteles que están más cerca de nosotros que casa.
—Eso es bueno. —Colocando sus manos en la pared a los costados de su cabeza, la besó duro, presionándola contra la pared—. Porque reservé un cuarto de hotel a menos de dos kilómetros de aquí.
Ella llevó las manos a sus hombros, apartándolo. Por una fracción de segundo, él creyó que había tomado la decisión incorrecta, que había presionado demasiado rápido, asumido demasiado. Pero entonces, ella sonrió. Lo tomó de su camiseta de nuevo y comenzó a caminar, arrastrándolo con ella.
—¿Qué estamos esperando?
*sobre el chiste con imbéciles, se pierde ya que asshole, aparte de significar lo ya mencionado, también significa culo.
