Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Lily Jill, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to Lily Jill. I'm just translating with her permission. Thank you, Jill, for letting me share another one of your stories! ❤️


Capítulo 30

Edward

—¡Otra vez!

El entrenador Hunter sopla su silbato después de dar sus órdenes, y mantenemos nuestros gruñidos al mínimo mientras comenzamos otra vuelta alrededor de la cancha. Todos sabemos que no es por nada, ya que esto solo ayudará a nuestra resistencia durante la temporada, pero aún así apesta tener que hacerlo ahora, tan pronto después que el semestre comenzó. A pesar que este sea solo un equipo interno, todos nos lo tomamos en serio y seguimos las reglas sin problemas, los chillidos de nuestras zapatillas en el piso encerado del gimnasio son casi rítmicos mientras corremos por otros cinco minutos.

Tratando de mantener mi mente lejos del ardor en mi pecho y la tensión en mis gemelos mientras rodeamos el gimnasio, pienso en mis clases y el artículo que estoy escribiendo para el periódico. Cuando regresé a la universidad semanas atrás, tomé el consejo de Bella y envié mis trabajos al periódico. A pesar de toda la preocupación que tuve mientras esperaba escuchar una respuesta de ellos, les encantó lo que envié y no solo pidieron más, sino que me ofrecieron un puesto en su personal. No es pago, ya que soy un estudiante de segundo año con una agenda ocupada por el básquet, pero de alguna manera he logrado que funcione en las últimas semanas. Es exhaustivo de una manera gratificante, y es útil en momentos como este cuando necesito una distracción de la tortura que el entrenador nos ha sometido.

Mientras corremos, pienso en todos los artículos esperando en mis documentos para ser editados para el periódico mientras el entrenador Hunter sopla su silbato para que todos nos acerquemos así la práctica puede comenzar oficialmente.

Síp. Se siente bien estar de vuelta.

El sol está poniéndose cuando la práctica finalmente termina, el aire ligeramente fresco mientras me coloco mi sudadera. Mientras camino el corto recorrido del gimnasio a mi dormitorio, mis sandalias se arrastran por el suelo con cada paso que doy; mi bolso pesado colgando de mi hombro. El clima aquí en Los Ángeles es predeciblemente impredecible—algunos días estamos en los 30 grados, mientras que otros, como esta noche, puede caer a los 15. El frío en el aire esta noche me recuerda a Forks, aunque es mucho más frío allí ahora a mediados de octubre que aquí. Me recuerda a esas frías noches después del Club de Niños y Niñas caminando con Bella, e instintivamente llevo la capucha de mi sudadera sobre mi cabeza, sonriendo mientras mi cuello y cabeza encuentra calor debajo de la comodidad de la tela. A pesar del frío, estoy cómodo con ambas, la temperatura y mi vida mientras sigo caminando.

No estoy lejos de mi dormitorio cuando siento mi teléfono vibrar en mi bolsillo, y sin mirar, ya sé quién es. Como un reloj, el nombre y el rostro de Bella iluminan mi pantalla, y sonrío para mí mismo al contestar.

—Justo a tiempo. —Río, llevando mi teléfono al oído. Ella intenta reír, pero puedo escuchar lo cansada que se encuentra.

—Lo siento. —Bella bosteza al teléfono—. Me quedaré dormida pronto.

—¿Dormida? El sol sigue afuera. —Suelto una risita. Giro en una esquina y veo mi edificio a la distancia.

—Apenas —gruñe—. Jenks nos tuvo debatiendo Roe vs. Wade hoy, y ahora solo estoy tan cansada que apenas puedo mantener los ojos abiertos.

—Uf, sí, eso lo puedo sentir. Me siento mal por quien sea que pateaste el trasero por eso. —No puedo contener la risa mientras la imagino agarrándoselas con su clase. Ella será una excelente abogada algún día—. Hunter casi nos mató con resistencia hoy.

—Eso suena horrible. —Bosteza de nuevo, sus palabras amortiguadas mientras intenta luchar contra su cansancio.

—Es exactamente tan horrible como suena —digo. Puedo escucharla desaparecer del otro lado—. Te dejaré ir.

Mi teléfono vibra contra mi oreja, y veo un mensaje de Mike, pero lo ignoro por ahora y me recuerdo de responderle más tarde. Él puede esperar.

—Está bien —dice, sin pelear conmigo por una vez—. ¿Almorzamos mañana?

—Estaré allí.

—Buenas noches.

—Buenas noches, Bella.

Termino la llamada y dejo mi teléfono de nuevo en mi bolsillo mientras me detengo afuera de mi residencia para charlar con nuestro consejero, Jacob, antes de tomar el ascensor hacia mi cuarto. Es un viaje rápido sin ninguna otra parada en el camino, pero me da un minuto para pensar en mi plan para el resto de la noche.

Cada noche después del entrenamiento, Bella me llama de regreso a mi cuarto. Es simple y ni siquiera requiere mucho esfuerzo, pero ambos lo necesitamos. Después de pasar ocho semanas de verano separados, y luego meternos de cabeza a nuestras clases, deportes, y actividades extracurriculares como el periódico para mí y el equipo de debate para Bella, tenemos suerte si nos vemos una vez a la semana. Tomamos la decisión correcta a fin de año después de acostarnos de asegurarnos de hacerlo bien esta vez, y que estemos juntos mientras la vida nos tira en mil direcciones diferentes no es lo que queremos. Pero lo que sí queremos, quizás necesitamos llegados a este punto, es siempre mantener nuestras líneas de comunicación abiertas. Sus correos durante el verano habían sido jodidamente todo. Fueron un vistazo al interior de su mente, una manera para que nos conectáramos incluso más de lo que creíamos que ya habíamos hecho. Su mente estaba abierta y era honesta, y mis correos en respuesta habían sido iguales, o eso espero.

Espero que ella tuviera los mismos sentimientos de comodidad con mis correos como yo con los suyos.

Siento que sí. Hay una facilidad entre nosotros ahora, ninguna duda sobre qué paso dar después.

Los dos lo sabemos.

Y estaremos bien.

Mi llamada con Bella siempre es lo primero que tildo en mi lista, y a pesar que siempre es corta y entre nuestras otras obligaciones, me ayuda a concentrarme así puedo encontrar la energía para abordar el resto de las cosas que necesito hacer antes de poder irme a dormir. Me había duchado después del entrenamiento en el gimnasio, así que cuando entro a mi cuarto, me dirijo derecho a mi escritorio y abro mi computadora para ponerme a trabajar.

—¿Larga noche por delante? —pregunta Jasper, sentado en su rincón frente a su propio escritorio. Él no levanta la mirada de la pantalla de su computadora pero deja de escribir para tomar un sorbo de la botella de cerveza en su escritorio.

—No debería ser tan malo. —Suspiro, cansado pero optimista de que puedo terminar a una hora decente—. ¿Tú?

—He estado trabajando en esto desde que llegué a casa —gruñe Jasper, frotándose el rostro con las manos, exhausto. Levanta su cerveza en el aire—. Esto debería ser un café.

—¿Dónde está lo divertido de eso? —Me río, estirándome hacia nuestro pequeño refrigerador para tomar una para mí mismo—. ¿Cuándo debes entregarlo?

—La próxima semana —contesta—. Podría parar ahora si quisiera, pero necesito terminar al menos la mitad esta noche.

—Voy a trabajar en el artículo para el periódico y entonces estudiaré para mi examen de mañana —digo, dejándome caer en la silla de mi escritorio—. No debería tardar mucho. ¿Nos detenemos en una hora?

—Suena jodidamente genial —masculla Jasper, y ambos regresamos al trabajo, de espaldas al otro mientras nos metemos en ello.

Cuando nuestra hora se acaba, he terminado mi artículo y editado tres más como favor a Garrett, nuestro editor, que se encuentra hasta el cuello con sus propios exámenes. Estoy en la cama con mi computadora, revisando mis notas, cuando mi teléfono se ilumina a mi lado.

¿Estás ocupado?

Es Mike de nuevo, y no queriendo ignorarlo pero tampoco teniendo tiempo para hablar ahora mismo, le digo que estoy estudiando para los exámenes y que lo llamaré mañana. No mucho después, siento mis ojos comenzar a sentirse pesados, y me quedo dormido antes de poder leer su mensaje.

~U~

Para mitad de semana, puedo sentir el cansancio asomarse más temprano en el día de lo normal. Estoy sentado frente a mi escritorio en el centro de publicaciones estudiantiles donde nuestro periódico estudiantil está ubicado, frotando mis manos sobre mis ojos con derrota. No tengo idea de cómo voy a sobrevivir al básquet el resto de la semana ya que ya estoy contando los días para el sábado por la mañana cuando pueda recuperar un poco de sueño.

—Está bien, necesito que estos sean enviados para aprobación. —Makenna suspira, soltando una pila de papeles en el escritorio frente a mí. Ella revuelve su bolso y me tiende otra pila dentro de una carpeta—. Estos están listos para las ediciones finales.

—Pasaré por allí en un momento —digo, tocando la pila que necesita aprobación previa—. Puedo dejarlos.

El edificio de administración se encuentra de camino al estacionamiento, y como me reuniré con Bella para almorzar una vez que termine aquí, dejar los papeles de camino no es nada.

—¿No te molesta?

—Para nada —contesto, bostezando fuerte. Sacudo la cabeza con una suave risita—. Lo siento.

—Está bien. Siento eso —responde Makenna, dejándose caer en la silla frente a mí—. Siento que no he dormido en semanas.

—Lo mismo digo —Exhalo—. ¿Alguna vez mejora?

—Sí y no —responde Makenna con honestidad. Como la única graduada en el periódico, ella se convirtió en nuestra fuente de consuelo ya que lo ha atravesado y sobrevivido mientras que el resto de nosotros apenas lo hacemos—. El trabajo se vuelve más duro, pero también te vuelves más inteligente. Te acostumbras más a ello.

—Espero que tengas razón.

—El ritmo de las cosas bajará de nuevo después de esta semana. Tendrás cuatro semanas de un estilo de equilibrio, y antes de darte cuenta...

—Finales —termino por ella, y se ríe, asintiendo.

—¿Estás seguro que no te molesta? —Makenna señala los papeles.

—Seguro —le tranquilizo una vez más—. Está de camino.

Tomo ambas pilas de papeles mientras salimos del centro. Son solo las tres de la tarde, y tengo que estar de regreso en el gimnasio para el entrenamiento de las seis, y la idea de una siesta suena absolutamente perfecta ahora mismo. Saber que no sucederá para mí hoy, me detengo cuando veo una pequeña cafetería en el último piso del edificio, ansiando algo que me mantenga despierto por el resto del día.

—Gracias, Edward. —Makenna se detiene y me ofrece una sonrisa agradecida—. Te has vuelto invaluable aquí, ¿sabes eso?

—¿A qué te refieres?

Ella pone los ojos en blanco de buena manera.

—Algunas personas lo tienen; algunas personas intentan tenerlo. Y a otras —pausa y me apunta con el dedo—, les sale naturalmente. No soy la única que lo ha notado.

Siento mis cejas elevarse con asombro ante sus palabras, pensando en los miembros de la universidad que se encargan del periódico.

—Gracias —digo—. Me gusta trabajar en el periódico. Estuve un poco preocupado al principio, pero ahora... —Lo dejo allí, encogiéndome de hombros como si no fuera algo tan importante.

—Como dije. Es natural para ti. —Makenna sonríe y comienza a alejarse—. Te veré mañana.

—Adiós, Makenna.

Me paro en la cola de la cafetería, reviviendo toda nuestra conversación en mi cabeza todo el tiempo que espero mi orden. Ahora que me siento más cómodo con compartir mi escritura con el campus, parece que tengo que acostumbrarme a recibir cumplidos de mis pares, y posiblemente supervisores, si Makenna me está diciendo la verdad. Es extraño y me hace sentir incómodo hablar de ello tan abiertamente, pero supongo que tengo que obligarme a enfrentarlo si quiero tomarme esto en serio.

—¿Planeas tomarlo en serio? —pregunta Bella cuando estamos almorzando tarde en una de las cafeterías del campus. Ella se encontró conmigo en el edificio de administración después de haber dejado las ediciones para aprobación previa—. ¿Te ves publicando algo algún día?

—Jamás lo hice, en realidad. —Me encojo de hombros, buscando otra porción de pizza de mi plato—. Supuse que solo conseguiría mi título en Literatura y regresaría para un título de profesor o algo.

—¿Por qué desperdiciar tanto talento?

Me tomo un momento para pensar en algo qué decir, y no encuentro nada.

—No lo sé.

—Bueno, esa definitivamente no es una buena razón. —Bella se ríe y toma un sorbo de su té helado—. ¿Qué te detiene?

—Todos los que leen —bromeo. Dejo caer mi porción en mi plato de nuevo y la miro con incredulidad—. ¿Sabes lo aterrador que es exponerse así? ¿Renunciar a tu tiempo, y a veces a tu propia cordura, solo para que las personas despreocupadamente giren y digan "Oh, sí, ese libro estuvo horrible"?

—¿Cuándo dejará de importarte una mierda lo que dicen los demás? —Bella contesta, sacudiendo la cabeza. Roba el resto de mi pizza y le da un mordisco generoso—. Necesitas comenzar. Es liberador.

—No todos podemos ser como tú —le recuerdo. Es una de las muchas cosas que envidio de ella. Y admiro también.

—Pero Makenna tiene razón. Lo tienes. —Sonríe, tratando de obligar a que la duda salga de mi cabeza—. No lo desperdicies.

Sus palabras se repiten en mi mente durante todo el entrenamiento.

Incluso más tarde esa noche, cuando el entrenamiento termina, y Jasper y yo hemos terminado nuestra sesión de estudio-barra-quejas, mi cerebro sigue repitiendo las palabras de Bella y Makenna una y otra vez.

¿Esto es algo que puedes verme haciendo a largo plazo?

Tengo que admitir que mientras más tiempo paso trabajando en el periódico, más tiempo lo disfruto. Es agitado. Estoy rodeado por pares con cosas en común, y tengo una lista de objetivos alcanzables pero desafiantes. Estoy constantemente leyendo, escribiendo, y aprendiendo.

Cuando estoy listo para dormir, me doy cuenta que no puedo verme soltarlo.

Eso es hasta que leo el mensaje de Bella en mi teléfono.

¿Has revisado Facebook esta noche?

Curioso, abro la aplicación. Las palabras que veo entonces hacen que mi mundo y todo por lo que he trabajado se hagan pedazos en una pila catastrófica. Su nombre es mencionado y etiquetado en fotografías, y llenan la mayoría de mi página.

Descansa en paz, Mike Newton.