Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Lily Jill, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: This story is not mine, it belongs to Lily Jill. I'm just translating with her permission. Thank you, Jill, for letting me share another one of your stories! ❤️


Capítulo 31

Edward

Mamá contesta al primer tono.

—¿Estás solo?

—No, Jasper está aquí —respondo rápidamente—. Mamá, ¿es...?

—Es verdad —confirma con tristeza—. Lo encontraron esta tarde.

—Oh, Dios —suelto con voz ahogada, mi teléfono se tambalea entre mis dedos antes de caer con un ruido sordo en la alfombra a mis pies.

—Edward, ¿estás allí? —Me siento dar vueltas, mi mundo quebrándose en un millón de pequeños pedazos mientras las palabras de mamá se asientan en mi alma. Suena tan lejano.

—Lo tengo —dice Jasper al teléfono después de recogerlo del suelo. Aparentemente, él se despertó por mi conversación con mi madre, y se ubicó a mi lado en la cama. Sé que hablan por unos minutos más, pero sus voces entran y salen de mis oídos como si estuviera bajo el agua; no le encuentro sentido a nada de lo que dicen.

Ahora mismo, nada tiene sentido.

¿Muerto?

¿Mike está muerto?

—Lo haré —Jasper le promete algo a mi mamá, terminando la llamada un momento después. Suspira a mi lado, sin saber qué decir mientras me siento al borde de mi cama. Mis pies descansan en el suelo, mis codos sobre mis rodillas, mi cabeza en mis manos.

Mi corazón roto.

Mi pecho contraído.

Seguro, teníamos nuestras diferencias. Y sí, él era un imbécil con la mayoría de las personas, incluyendo a Bella. ¿Pero muerto?

No estoy preparado para creerlo aún, mucho menos aceptarlo.

—Tu mamá dijo que va a reservar un vuelo para que vayas a casa cuando sepa sobre el funeral —dice Jasper suavemente—. Le enviaré un correo a tus profesores por ti.

Asiento ligeramente, aún aturdido de que esto siquiera esté pasando.

¿Muerto?

Esto no es jodidamente real.

Esto no puede ser real.

He anticipado casi todo lo que me podría pasar en toda mi vida. He planificado con anticipación; tenido en cuenta todos los peores casos, y analizado y medido cada movimiento y decisión.

Esto no es algo que alguna vez haya planeado. ¿Por qué lo sería? Jamás hubiera pensado que esto le sucedería a alguien que conozco.

Jamás pensé que sería Mike.

Es uno de los pensamientos que nunca abandona mi mente en los próximos días.

—Creo que por eso se siente como un golpe en el estómago —Eric dice con voz ronca unos días después. Estamos afuera, en su deck en Forks, el silencio entre nosotros es ensordecedor. Las hojas marrones y secas crujen contra la madera mientras intentamos encontrarle sentido a todo—. Jamás supe que él siquiera pensaba en cosas como esta.

—Él me llamó un par de veces la semana pasada. Me envió mensajes —reflexioné suavemente—. Debería haber contestado el teléfono.

—Sí, yo también. No hubiera cambiado nada —contesta Eric.

—Podría haberlo hecho —discuto—. ¿Y si pudiera haberlo detenido?

—Él era miserable aquí. —Rosalie suspira, llevando un mechón de cabello por detrás de su oreja y mirando a la distancia. Su aliento sale de su boca en suaves nubes grises—. Todos estábamos lejos y comenzando nuevas vidas sin él.

—Un año más. —Angela se sorbe la nariz en su silla a mi lado—. Un año más, y él podría haberse transferido a cualquier lugar.

Todos miramos alrededor ante las palabras de Angela, cada uno pensando en versiones diferentes de lo que aquí significa para todos nosotros.

La mayoría de mis recuerdos en Forks son buenos. Placenteros. Risas con amigos y festividades con mi familia. Momentos robados con una chica que fácilmente me cambió para bien.

Pero para otros, como Bella, Forks es una prisión fría y dura. Me pregunto por cuánto tiempo Mike se sintió así.

Quizás la prisión no era el lugar, pienso para mí mismo más tarde esa noche mientras me arrastro por la acera hacia el apartamento de mamá. Quizás la prisión estaba en su cabeza.

Puedo entender eso a un nivel tan molecular que siento que no puedo escapar la locura del suicidio de Mike, no importa lo que haga. No puedo encontrarle sentido a los pensamientos en mi cabeza y qué hacer con ellos. No puedo dormir, y si lo hago, son por pequeños momentos que me dejan confundido y molesto cuando me despierto.

—Lo siento mucho —mamá susurra mientras lloro sobre su hombro la noche anterior a su funeral.

—¿Por qué no lo vi? —lloro, mis lágrimas mojando su blusa mientras me abraza. Está sentada a mi lado en el borde de mi cama, ambos brazos alrededor de mis hombros. Mis hombros se sacuden contra ella mientras me permito llorar.

—A veces no podemos hacerlo —contesta mamá, apartándome de ella así puede mirarme a los ojos—. No importa lo que pienses que podrías haber hecho, esto no es tu culpa. Mike estaba luchando contra algo mucho más grande de lo que nosotros podríamos comprender.

—Debería haber estado allí para él. —Una ola fresca de lágrimas caen de mis ojos—. Pensé que al irme de Forks; solo me iba de un lugar. No sabía que dejaría atrás a alguien.

—Por supuesto que no —dice mamá—. Nadie lo hace. Pero eso no es lo que pasó. Mike no hizo lo que hizo porque te fuiste a la universidad. Mike había tenido problemas por más tiempo que eso, cariño.

Exhausto, cubro mi cabeza con mi capucha y me reclino contra mis almohadas mientras mamá coloca una manta sobre mí, y cierro los ojos. Mi teléfono está perdido, y si acaso supiera dónde está, no tengo la energía para hablar con alguien.

No tengo energía para nada.

Quizás ese sea otro aspecto de la vida de Mike con lo cual me siento en conflicto. Cuando pienso en Mike, lo primero que recuerdo es el patio cuando estábamos en el jardín de infantes. Años después, jugando al básquet juntos por horas, tanto para divertirnos en la cancha cerca de mi casa y para la escuela. Nuestra primera incursión en las chicas y en el alcohol. Todo pasa por mi mente, disjuntos y rotos, moviéndose demasiado rápido como para encontrarle sentido. Lo veo taclearme en la cancha después de nuestra victoria en los estatales. Lo veo rogarme por la tarea de francés.

Lo veo en el suelo en el evento benéfico entre las piernas de Bella.

Lo veo burlarse de ella en los pasillos de la escuela.

Veo su mensaje sin responder en mi pantalla días atrás.

No hay una solución fácil a la confusión que corre por mis venas.

Y estoy sentado en la cama, el sueño evadiéndome de nuevo.

Me doy cuenta que no hay un fin para mi pesadilla.

~U~

El estacionamiento de la iglesia está lleno la mañana del funeral de Mike. Mamá y yo llegamos temprano para encontrar un lugar, aunque ambos sabemos que no importará. El aparcamiento siempre ha sido demasiado pequeño para eventos como este, y hoy no es diferente. Los coches rodean las calles mientras caminamos hacia la iglesia con paraguas sobre sus cabezas.

Es adecuado; el clima oscuro para un día oscuro.

Entro a la iglesia con mis ojos ardiendo y mi pecho pesado, inseguro de si esto es algo que puedo verme sobreviviendo. Los pensamientos en mi cabeza siguen dando vueltas, y aún no he encontrado la manera de que se detengan o incluso de desacelerarlos. Si acaso, solo han empeorado, y siento como si no he pisado suelo firme en años.

Diviso a Eric, Rosalie, y Angela en uno de los bancos a unas filas detrás de la familia de Mike, y mamá me sigue por detrás mientras camino con piernas temblorosas para unirme a ellos. No es lejos, aunque se sienten como kilómetros, y justo cuando no creo que pueda sobrevivir el servicio sin entrar en pánico, muevo la cabeza para encontrar la salida más cercana.

Es entonces que la veo.

Y con un aliento que no sabía que estaba conteniendo durante la última semana, mis hombros caen con agotamiento.

—Bella —digo, lo suficientemente alto para que ella me escuche pero no en un volumen que sea considerado irrespetuoso. Casi puedo escuchar el alivio en mi voz, y antes de darme cuenta, las piernas que casi habían cedido me llevan hacia ella.

Su cabeza se levanta al escuchar su nombre, y su mirada se mueve por la iglesia brevemente mientras intenta encontrar la fuente. Sus ojos encuentran los míos cuando me ve, y camina sin pronunciar una palabra hacia mis brazos.

No puedo sentir sus ojos en mí. Los de Eric. Los de Rosalie. Pero sé que están mirando.

Lo único que puedo sentir es a Bella y cómo mi mente se detiene al minuto que envuelvo mis brazos a su alrededor. Descanso mi mejilla sobre su cabeza, mis ojos cerrándose mientras recibo su paz.

—Pensé que no podías regresar aquí —le susurro, no porque no quiero que nadie escuche, sino porque es la única fuerza que tengo.

—Por ti, puedo.

~U~

Jasper me da hasta la primera semana de noviembre antes de abordar.

Estoy acostado en mi cama, mirando la pared. No cambio mucho de esta posición estos días, razón por lo cual deja caer una tarjeta en mi cama cerca de mis ojos.

—Deberías llamarlos —dice, carraspeando como si eso suavizara el golpe de toda esta maldita conversación—. Se encuentra en el campus.

Incapaz de verlo aún, tomo la tarjeta que se ubica como yunque en mi almohada.

—¿Terapeuta?

—Algo así —responde, vacilando brevemente al sentarse a los pies de mi cama—. No puede ser tan malo ver a alguien. Estás sufriendo, amigo.

—¿No lo he hecho siempre?

—Lo has cubierto lo mejor que podías —dice Jasper, estirándose para darme un apretón en el hombro—. Pero no tienes que vivir así. No tienes que llevar esta carga todos los días.

Me toma otra semana atravesar las puertas de la clínica del campus, mayormente porque la idea de abrir la puerta de mi jodido cuarto para pisar pie afuera es demasiado abrumador para mí. Caigo sobre mi cama con las manos en mi pecho, respirando pesadamente mientras otra ola de pánico contrae mi pecho.

—¿Eso pasa a menudo? —pregunta la Dra. Emily Young mientras me siento frente a ella en una silla rígida. No estoy seguro si la silla es la que está tiesa o la persona en ella.

—No hasta hace poco —digo débilmente, mi nivel de incomodidad palpable en el pequeño cuarto estéril. Es privado, pero entrar a una clínica de salud mental en el medio del campus me ha dejado desconcentrado.

—¿Qué crees que trajo estos sentimientos de pánico?

Vacilo en contestar; mi respuesta requerirá desentrañar mucho.

—Mi amigo en casa se suicidó hace unas semanas —digo—. Ninguno de nosotros estaba preparado para eso.

—Nadie nunca lo está. —Su voz se suaviza—. ¿Eran cercanos?

—Éramos cercanos, aunque supongo que nos distanciamos en los últimos años. Pero crecimos juntos y teníamos el mismo círculo de amigos.

La Dra. Young asiente en comprensión.

—Lamento escuchar lo de tu amigo. Cual sea su razón, no fue tu culpa.

—A veces, él hacía cosas con las que no estaba de acuerdo —añado—. Con las chicas y eso. Pero jamás le dije algo al respecto. Supuse que él era así y que nunca cambiaría.

—¿Crees que si hubieras dicho algo, hubiera hecho repensar a tu amigo sus decisiones? ¿Que se comportaría de manera diferente si la situación se presentara de nuevo?

—No lo sé —contesto—. Eso esperaría. Pero no lo sé; no sé mucho sobre ese tipo de cosas.

—¿Qué cosas? —cuestiona.

—Amistades —aclaro. Me encojo de hombros—. Siempre he tenido problemas con eso. Por qué mantengo los amigos que tengo cuando no concuerdo con muchas de las cosas que dicen o hacen. Por qué sus opiniones me importan cuando somos completamente diferentes.

—¿Estos amigos son de la universidad?

—De casa.

—¿Has luchado con esto aquí en el campus?

Me tomo un momento para pensar en ellos, mi vista pegada al suelo.

—No tanto —digo. Me aclaro la garganta e intento detener el rebote de mi pierna mientras me siento en la silla—. Me llevó un tiempo acostumbrarme a la idea de confiar en otras personas con mi trabajo para el periódico. Estaba tan aterrado de lo que ellos pensarían que casi no lo hice.

—¿Pero lo hiciste?

—Eventualmente. Lo pospuse todo lo que pude. Pero no he sido capaz de regresar desde que Mike murió. —Sacudo la cabeza para mí mismo con frustración—. Es demasiado.

—Este es un evento traumático en tu vida, y creo que es importante tratarlo como tal —recomienda la Dra. Young—. Pero puede que se necesite una intervención si comienza a interferir con tu vida diaria.

—No quiero que lo haga —digo tristemente, sabiendo que he perdido la habilidad de controlar si lo hace o no.

—Cuéntame sobre tus amigos de aquí —dice con una sonrisa honesta.

Me muevo en la silla de nuevo.

—Bueno, está el personal del periódico. Y Jasper, mi compañero de cuarto. —Pienso en la tarjeta que arde en mi billetera—. Él fue quien me dijo que viniera aquí.

—Él suena como un amigo increíble —dice la Dra. Young.

Asiento.

—Lo es. Realmente.

—¿Eso es todo?

—No. —Trago nerviosamente—. Está Bella. Ella es una amiga de casa.

—¿Y se encuentra aquí en el campus también?

—Sí, aplicamos a UCLA juntos durante nuestro último año en la secundaria. —Sonrío ante el recuerdo—. Fue su idea. Ella fue quien me convenció de titularme en Literatura porque sabía que era lo que realmente quería.

—Parece que ella tiene la mejores intenciones para ti —nota.

Como es de esperarse estos días, siento mis ojos llenarse de lágrimas.

—Así es. Siempre las ha tenido. Incluso cuando no me lo merecía. —Me río sin humor, rápidamente secando otra lágrimas de mi rostro mientras pienso en Bella en el medio del caos en mi cabeza ahora mismo. Me cruzo de brazos, apretándome fuerte—. Bella ha sido la que me ha ayudado a ver el lado bueno de las cosas cuando yo no podía parar de pensar en las peores. O cuando todo podría salir mal con solo una decisión.

—¿Siempre te has preocupado por tomar la decisión incorrecta?

Es una pregunta tan pesada que siento su peso caer a nuestro alrededor. Respirando profundamente, tomo la decisión aquí y ahora de soltar todo y contar la verdad.

—Toda mi vida.

~U~

—¿Cuándo fue la última vez que dormiste? —Bella me pregunta la semana siguiente. Estamos sentados en nuestros escritorios, hablando mediante videollamada en la computadora. El brillo de mi computadora es la única luz en el cuarto. Jasper no se encuentra aquí esta noche, así que no hay necesidad de que encienda el televisor cuando me importa una mierda todo ya.

—Dormí por una hora por aquí y por allí anoche —contesto con un bostezo. Hace juego con los círculos oscuros y las pesadas bolsas que tengo bajo los ojos.

Ella sacude la cabeza.

—Eso no es suficiente, Edward.

—Lo sé. —Suspiro—. Cierro los ojos, y simplemente... no puedo. No puedo apagarlo.

—¿Le has contado a la Dra. Young?

—Sí —contesto antes de que se escape otro bostezo—. Estoy realmente cansado.

—¿Al menos quieres intentar dormir? —pregunta Bella. La veo suspirar a través de la pantalla—. Lleva tu computadora a la cama y cierra los ojos. Estaré aquí por un tiempo.

Ella señala a todos los libros y papeles que la rodean, y asiento, ignorando todo mi propio trabajo que no me molesto en completar.

—Está bien.

—Buenas noches —susurra una vez que tengo todo situado cómodamente. Mi computadora descansa contra la pared sobre mi almohada, y la observo silenciosamente mientras trabaja hasta que mis ojos están tan pesados como para que la depresión gane esta ronda.

Cinco horas después, cuando el sol se asoma detrás de ella y la ilumina como un halo sobre la cabeza de un ángel, mis ojos se abren, y siento las esquinas de mi boca levantarse al verla.

—¿Esa es una sonrisa? —pregunta con incredulidad.

—Buenos días —digo, mi voz pesada con sueño por primera vez en semanas.

—Quédate aquí. Iré allí —responde Bella, terminando nuestra videollamada antes de que pueda intentar hacerle cambiar de parecer.

Alguien debe haberla dejado entrar al edificio porque quince minutos después, está golpeando mi puerta como si hubiera fuego. Salgo de la cama, caminando hacia la cama mientras los golpes continúan, solo para que ella camine por mi lado. Se dirige directo al cajón de mi escritorio, abriéndolo para encontrar lo que ambos sabemos que está buscando.

—El mundo necesita esa sonrisa, Edward Cullen. —Extiende su mano, un frasco lleno de píldoras para ayudar a combatir mi reciente diagnosticada ansiedad y depresión—. Por favor. Inténtalo. Si no te gustan, la Dra. Young puede intentar algo diferente. Pero por favor, Edward. Inténtalo.

En cambio, observo el frasco como lo he hecho todos los días desde que retiré la medicación. Puede que la Dra. Young tenga razón. Quizás las necesito para ayudar a que mi mundo deje de dar vueltas por un tiempo.

Pero sé que necesito más.

Buscando sus manos, la jalo hacia mí, así nuestros ojos se encuentran.

Te necesito —digo con voz ahogada. Me aseguro que su mirada nunca abandone la mía—. Necesito todo de ti, Bella; incluso las partes que no estás lista para darme aún.

—¿Adónde más iré? —pregunta retóricamente entre lágrimas, los dos sabiendo que ya no iremos a ninguna parte sin el otro.

Tomo mi primera dosis de medicación después de besarla tan fuerte que siento mi vida comenzar de nuevo.