Naruto, Masashi Kishimoto.

Adaptación Sasuhina. AU. Obviamente OOC en personajes.


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TRAPECIO SIN RED

Epílogo

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Hinata y Sasuke se casaron por segunda vez diez días después en un campo al norte de Turiēn. La ceremonia tuvo lugar al amanecer porque la novia insistió en contar con la presencia de un invitado que los demás hubieran preferido que olvidara.

Matatabi descansaba a los pies de Hinata, y ambos estaban unidos por una larga correa plateada. Un extremo rodeaba el cuello del tigre y el otro envolvía la muñeca de la joven. Como resultado de la presencia del felino, el número de personas que asistían a la ceremonia nupcial a las seis de esa mañana de octubre era bastante reducido. Y parecían bastante nerviosas.

—No sé por qué no pudo dejarlo en la jaula —le susurró Mei a su marido, el hombre con quien se había casado unos días antes en una ceremonia celebrada en la pista central que finalizó con una actuación en el trapecio de los hermanos Inuzuka.

—A mí me vas a hablar de mujeres tercas —repuso él. —Estoy casado con una.

Ella le dirigió una mirada de complicidad.

—Tienes suerte.

—Sí—asintió Jiraiya, —tengo suerte.

Al lado de ellos, Sakura acarició la trompa de Tater mientras miraba a Hinata con aire crítico. Si ésa fuera su boda, decidió, llevaría puesto algo más bonito que unos viejos mom jeans, sobre todo —y Sakura lo sabía de buena tinta— cuando no podía abrocharlos. De hecho, se había puesto una de las enormes sudaderas azules de Sasuke para ocultarlo.

De todas formas, Hinata estaba muy guapa. Tenía las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes, y se había puesto una tiara de brillantes en forma de margaritas en el pelo. Sasuke se la había regalado por sorpresa, junto con un anillo de diamantes tan grande que era una suerte para todos que aún no hubiera salido el sol o se habrían quedado ciegos.

Ese verano había habido tantos cambios en la vida de Sakura que todavía le costaba asimilarlos. Mei no iba a vender el circo de los Hermanos Hatake y a Sakura le parecía genial que su padre y ella estuvieran intentando tener un bebé. Mei era una madrastra espectacular. Le había dicho a Sakura que podía empezar a salir con chicos ese año, aunque su padre había añadido que lo haría sobre su cadáver, y se había convertido en una persona casi tan cariñosa como Hinata.

Hinata le había comentado a Sakura que se matricularía en la universidad donde daba clases Sasuke tan pronto como naciera el bebé para poder trabajar después en una guardería, y que los dos se irían a Konoha en diciembre para adquirir piezas para ese museo tan grande del que Sasuke era asesor. A pesar de todo, harían la gira del verano siguiente con el circo de los Hermanos Hatake, y Hinata incluso le había dicho que volvería a actuar con Sasuke en la pista central. Le había confesado que ya no le daban miedo sus armas porque ya había experimentado lo peor que podía pasarle.

Sasuke comenzó a formular sus votos con una voz ronca y profunda y, cuando bajó la mirada hacia Hinata, su expresión era tierna como si tuviese ante sus ojos lo que más amaba en el mundo. Hinata, naturalmente, rompió a llorar y Moegi tuvo que ofrecerle un pañuelo de papel. La joven respiró hondo y se dispuso a decir sus votos.

—Yo, Hinata Hanzō Uchiha, te tomo a ti... —Hizo una pausa. Sasuke la miró y arqueó una ceja.

—No me digas que has vuelto a olvidarte de mi nombre. —Parecía exasperado, pero Sakura hubiera jurado que quería reírse.

—Claro que no. Es que no conozco tu nombre completo y acabo de darme cuenta ahora.

—Ah... —Sasuke se inclinó y se lo susurró al oído.

—Perfecto. —Hinata sonrió entre lágrimas y volvió a mirarlo a los ojos. —Yo, Hinata Hanzō Uchiha, te tomo a ti, Sasuke Ōtsutsuki Uchiha...

Mientras Hinata seguía hablando, Sasuke le apretó la mano y Sakura hubiera jurado por Kami que él también tenía lágrimas en los ojos.

Matatabi se levantó y se estiró hasta alcanzar toda su longitud. Mei se puso nerviosa y se arrimó al brazo de Jiraiya buscando protección. A Sakura no es que le volviera loca el tigre, pero no era tan miedica como Mei.

Su madrastra había dado una gran sorpresa a la pareja cuando les entregó a Matatabi como regalo de boda. Sasuke ya había mandado construir un lugar para el tigre detrás de su casa en Oto. Seguro que ser tan rico era genial.

Aunque nadie lo hubiera mencionado, Sakura pensaba que Tater pasaría también el invierno en el granero que Sasuke tenía en Oto en lugar de quedarse con el resto de los elefantes en Turiēn.

—Los declaro marido y mujer.

Hinata y Sasuke se miraron el uno al otro y, por un instante, dio la impresión de que se habían olvidado del resto del mundo. Por fin, Sasuke recordó que era el momento del beso y se inclinó para besar a su esposa. Sakura no pudo asegurar que fuera un beso francés, pero no le hubiera extrañado nada. Mientras se besaban, Tater los espolvoreó con briznas de heno como si éstas fueran arroz.

Todos se echaron a reír menos Mei, que seguía pendiente de Matatabi.

Hinata soltó la correa del tigre. Luego lanzó un gritito de alegría y rodeó el cuello de Sasuke con los brazos. Él la alzó y la hizo girar, aunque lo hizo con mucho cuidado para no lastimar al bebé.

Cuando se detuvo, la besó de nuevo.

—He conseguido a la mejor mujer Uchiha de todas.

Hinata adoptó esa mirada tan descarada que incluso Sakura pensaba que era preciosa.

—Y yo tengo al mejor de los hombres Uchiha.

Todo aquello le parecía tan ridículo que Sakura comenzó a sentir vergüenza ajena, pero no se cortó un pelo a la hora de vitorear, porque le gustaban los finales felices.

Luego se dio cuenta de que aquello no era un final en absoluto. Al mirar a su alrededor, a todas esas personas que amaba, supo que sólo era el comienzo de una nueva vida.

FIN

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