En este capítulo especial, se aclararán muchas dudas! :O! Por ejemplo... ¿Será cierto que Naraku es el verdadero villano de esta historia?
-Hace 20 años-
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-¡Eres fodonga, apestas y ni siquiera destacas tanto en la universidad! ¡¿Por qué no mejor te largas al basurero de dónde saliste?!
FFFFF
El corazón de Kurenai Nara había quedado destrozado después de las crueles palabras dichas por su novio. Luego de salir corriendo del restaurante donde la había invitado a almorzar, se quitó sus tacones altos; que solo había utilizado para complacerlo a él, y caminó sin rumbo por el distrito de Suginami.
En cierto momento de su trayecto, movió la cabeza hacia su lado izquierdo. El río debajo del puente; por donde pasaban los coches, sería un buen lugar para terminar con su sufrimiento. Era poco profundo, por lo que, si alguien pasaba por ahí, sin duda la vería. Llamaría a la policía y ellos se harían cargo de llevarla a la morgue. Era un buen plan.
Dejó caer en la acera sus zapatos de tacón y se subió el borde del puente. El atardecer en el cielo era hermoso, pero ni siquiera le evocaba un sentimiento lo suficientemente fuerte como para seguir viviendo. Derramó una lágrima de su ojo izquierdo.
Y justo cuando iba a dejarse caer, apareció ante ella un ramo de rosas blancas. Sorprendida, volteó la mirada a su derecha, encontrándose con un hombre vestido con un elegante traje de color morado oscuro. Tenía piel blanca, ojos rojos y largo cabello negro rizado, atado en forma de una cola de caballo.
-Una flor tan hermosa como usted no debería marchitarse tan pronto.
Al escuchar aquello, sus inexpresivos y vacíos ojos rojos, derramaron un mar de lágrimas. Saltó a los brazos del desconocido y lloró con fuerza. No podía hablar. Solo soltar alaridos de impotencia y dolor por el estúpido de Asuma Sarutobi.
Naraku, el rey del inframundo, nunca antes se había interesado por algo o por alguien. En su larga existencia, únicamente se ocupó de observar lo mucho que había crecido la humanidad durante tantos y tantos años. Sin embargo, al hartarse de su rutina, optó por hacer algo diferente. Se haría pasar por un humano común y corriente. Conseguiría empleo, rentaría un departamento... haría cosas que los humanos comunes realizaban cotidianamente, solo para entretenerse.
En cierta ocasión, un estruendoso día de lluvia arruinó su tranquila marcha de vuelta a casa. Ni modo. Si no tenía más opciones, se mojaría por la lluvia y haría algunas paradas debajo de los techos de otros negocios. Al menos, hasta que se le acercó una hermosa mujer de piel blanca, ojos rojos; iguales o más encantadores que los suyos, y largo y rizado cabello negro. Aunque, en ese momento, lo ocultaba debajo de un gorro café claro.
Desde lejos, había notado su indecisión, por lo que se ofreció a darle su paraguas. Naraku estaba tan atónito con sus encantos y su amabilidad, que no pudo rechazar su oferta. Y mientras veía como utilizaba su bolso para cubrirse de la lluvia, juró para sí mismo que no descansaría hasta encontrarla de nuevo.
Cambiando de un trabajo a otro, terminó como mesero en un elegante restaurante que servía todo tipo de platillos. Tanto del extranjero, como japoneses. Había pasado casi 1 mes desde su contratación. Si no encontraba indicios de la misteriosa mujer de cabello negro o alguna pista de su paradero, renunciaría la próxima semana.
Entonces, sin previo aviso, ella apareció en la puerta, acompañada por un hombre moreno, grande y robusto. De cabello y barbas oscuros y ojos marrón. Mientras uno de sus compañeros los conducía a su mesa, podía escuchar con claridad las palabras del sujeto. "Camina". "Apúrate". "¿Por qué siempre eres tan torpe?"
Naraku sentía unas tremendas ganas de ir a la mesa. Golpearlo en la cara y llevarse a su mujer soñada. Para su mala suerte, no podía hacer eso. Debía ser respetuoso y calmado, si aún quería gozar su estadía ahí en la tierra.
Pasados unos minutos, en los que había tomado un par de pedidos y había llevado otros a tres a mesas diferentes, fue capaz de oír las oraciones más asquerosas y aberrantes que se le podían decir a una dama.
Eso lo hizo hervir tanto la sangre... y cuando vio que la mujer se había ido llorando del establecimiento, su enfado se convirtió en una decisión. Se quitó el pañuelo blanco que llevaba sobre el hombro izquierdo y renunció.
Como tenía su olor bien grabado, no fue necesario que la siguiera de cerca. De hecho, para causarle una buena impresión en su segundo encuentro, compró un traje, zapatos nuevos y un ramo de rosas blancas, tan hermosas como su amada doncella.
Después de arreglarse el cabello, atándoselo con una simple liga, fue a su encuentro. La vio justo al lado del puente del distrito de Suginami. El lugar perfecto para comenzar a conocerla.
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1 año después, Naraku le propuso a Kurenai que fuera su novia, lo cual, ella aceptó con una gran sonrisa. Paseaban, reían, e incluso hablaban de sus planes futuros. Cuando ella terminara sus estudios en la universidad, podrían casarse y formar una familia.
Ese detalle, hizo que la sonrisa de Naraku se desvaneciera poco a poco. Siendo lo que era, no estaba seguro si podría prometerle algo así a su amada novia. Así que, durante una cena elegante en su departamento, decidió decirle la verdad.
-Kurenai... - la llamó, tan seriamente, que la obligó a retirar de su boca un pedazo de carne unido a su tenedor. – hay algo que debo decirte.
Temiendo lo peor, puso sus cubiertos sobre su plato.
-¿Hice algo malo? – cuestionó apenada, aún con las dolorosas palabras de Asuma retumbando en sus oídos. - ¿Q-Quieres terminar conmigo porque...?
-¡No! – exclamó de inmediato. - ¡No, amor! ¡Jamás lo haría! – al ver sus ojos rojos tan abiertos, se percató de que le había gritado. Aclaró su garganta y prosiguió. – Lo que quiero decir... es que, tengo que confesarte un secreto.
-Te escucho... - dijo anonadada, siendo incapaz de voltear a otro lado.
-Yo... - habló un tanto nervioso, respirando para recuperar su temple tan calmado y característico. - ...no soy la persona que tú crees.
Eso le llamó la atención, pero no la hizo saltar de la silla. Un detalle que le dio la confianza suficiente para proceder.
-Yo soy... el rey del inframundo. – pronunció finalmente. - De vez en cuando, adoptaba esta apariencia para caminar libremente y divertirme un poco aquí en la tierra. Al menos, hasta el día en que te conocí.
Recorrió su silla hacia atrás y se levantó, para luego arrodillarse frente a Kurenai y tomar sus manos.
-Durante toda mi vida, no he conocido a alguien tan hermosa y agradable como tú. Sin embargo... - agachó la cabeza. - si te desagrada estar conmigo... yo... estoy dispuesto a dejarte...
En ese instante, la mujer saltó de su silla y lo abrazó, dejándolo más que anonadado.
-Jamás me atrevería a romper contigo. Tú eres el único para mí. – dijo con tristeza, abrazándolo fuertemente antes de apartarse de él y llevar su mano a su mejilla izquierda. - Gracias por tenerme confianza y decirme la verdad. – agregó con una sonrisa, mientras un par de lágrimas caían de sus ojos rojos.
Naraku sonrió con más tranquilidad. Limpió las mejillas de Kurenai y le dio un pequeño beso en la frente.
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-¡¿Cómo?! ¡¿Tiene 7 meses de embarazo?! – interrogó la cajera de la tienda, con dos estrellitas en lugar de ojos. Kurenai asintió con una sonrisa. - ¡Muchas felicidades! – agregó complacida, tomando algunas bolsas. - ¡Ahora mismo me encargaré de llevar todas sus cosas a su auto!
-Se lo agradezco mucho. – comentó, siguiéndola de camino al ascensor en el centro comercial.
Pasado 1 año más, en el que terminó su carrera con éxito y Naraku y ella se casaron, adquirieron un modesto departamento en el centro de Tokio y se enteraron de que iban a ser papás, Kurenai decidió salir de compras un día como cualquier otro.
Aprovechando que su marido se encontraba ocupado, le daría una sorpresa al decorar con más propiedad la habitación que habían hecho especialmente para su próximo bebé. No obstante, antes de poder llegar a su auto...
-¡Kurenai!
Escuchó una voz que le puso los cabellos de punta. Se giró. Agitado por su reciente carrera, Asuma Sarutobi la veía atónito, apoyándose sobre sus rodillas.
-Wow... - musitó. – Pensé que habías bromeado en aquella reunión que hicimos para despedirnos.
-¿"Bromear"? – dijo con indiferencia.
-Ya sabes. – bufó. – Inventar un novio imaginario para sacarme celos... hasta que accediera a volver contigo.
Kurenai resopló. Típico de Asuma Sarutobi. Pensar que todas las chicas estaban muertas por él.
-Cómo podrás ver, soy una mujer felizmente casada... - anunció, mostrándole su anillo en su dedo anular derecho. Bajó su mano y la deslizó suavemente sobre su barriga. - y pronto tendremos un bebé.
-Sí, ya lo veo. – asintió el hombre, aclarándose la garganta. - Pero, eso no era lo que...
-¡Cariño!
De repente, Naraku llegó con ellos, abrazando y besando a Kurenai en su sien derecha.
-¿Cómo te fue con las compras? ¿Todo bien? – ella asintió, celebrando para sus adentros que su ex los viera desconcertado.
-Amor, te presento a Asuma Sarutobi. – comentó con una sonrisa. - Nos conocimos en la universidad y estuvimos saliendo algunos meses.
-Sí, lo recuerdo muy bien. – dijo Naraku, apartándose un momento de su esposa, para estrechar la mano de Asuma. Sin embargo, con ese pequeño apretón, consiguió susurrarle en sus pensamientos: - Si no te largas en este momento, juro que te arrancaré la cabeza y se la daré de comer a mis demonios, junto con el resto de tu insignificante cuerpo.
Sus manos se soltaron, devolviendo a Asuma a la realidad.
-¡Adiós, Kurenai! – exclamó con prisa, corriendo hacia el elevador del centro comercial. - ¡Espero que seas feliz!
La mencionada parpadeó anonadada.
-Asuma nunca diría eso... - volteo hacia Naraku, quien; con los bolsillos metidos en las bolsas del pantalón de su traje, le sonrió. - ¿Qué le dijiste?
-Qué me lo llevaría al infierno si no se despedía apropiadamente de ti. – confesó, encogiéndose de hombros.
Ella soltó una risita.
-¡Ya! ¡En serio! – exclamó divertida. - ¿Qué le dijiste?
Su esposo se llevó una mano por detrás de la nuca. Y sin responder su pregunta, la condujo al interior del auto y la llevó a casa.
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-¡Felicidades! ¡Es una niña!
Por fin había llegado el tan esperado día en el que nació su bebé. Kurenai, sentada en su cama del hospital, la recibió de las manos de la enfermera, sonriéndole con una inmensa felicidad en su corazón.
-Es igual de hermosa que su madre. – dijo Naraku, parado a su lado derecho.
-Pero también tiene los encantos de su padre. – agregó ella, volteando hacia él. - Por eso, creo que lo mejor sería que tú escogieras su nombre.
El hombre se puso nervioso. Si bien, ya había hecho algo como eso; al darles nombre a sus sirvientas más leales... sentía que con una recién nacida, las circunstancias eran diferentes. Más especiales.
-"Mirai". – dijo de pronto, llamando la atención de Kurenai. – Esta pequeña, no solo representa el tiempo que nos queda juntos. – comentó después, pasando su mano por encima del pequeño cuerpo de la bebé. - Sino también un gran cambio que podría marcar un antes y un después en el inframundo.
-Mirai... - repitió Kurenai, con una sonrisa y un ligero rubor en sus mejillas. - ¡Me gusta! ¡Me gusta mucho!
De pronto, la puerta de la habitación se abrió por sí sola, dejando pasar a una mujer de corto cabello negro, piel blanca y ojos rojos, vestida con un kimono de rayas diagonales rosas y blancos. A su lado, se encontraba una niña, de aspecto y ropas blancas, con profundos y vacíos ojos negros.
-Pero, ¿Qué hacen aquí? – interrogó Naraku al verlas, llamando la atención de su esposa, quien volteaba de él hacia las recién llegadas.
-Encantada de conocerla. – se presentó la mujer, haciendo una reverencia al igual que la niña. - Mi nombre es Kagura, soy la mano derecha de su majestad Naraku. – con su abanico, señaló a su acompañante. - Ella es Kanna, su mano izquierda.
-M-Mucho gusto. – dijo Kurenai, atónita y nerviosa.
En eso, Kagura movió su abanico con elegancia, invocando en sus manos un ramo de rosas blancas.
-Por favor, acepte este humilde obsequio de mi parte, por el nacimiento de su adorada niña. – comentó, arrodillándose al lado derecho de la cama.
-T-Te lo agradezco mucho.
-Kagura, ¿Ahora qué es lo que te propones? – quiso saber Naraku, teniendo un tic en su ojo derecho.
La mencionada se levantó y le entregó el ramo de flores a Kanna, quien se ocupó de ponerlas en un jarrón con agua, sobre la mesita de noche en el lado izquierdo de la cama.
-Me apena mucho interrumpir un momento tan importante, majestad. – respondió, cruzándose de brazos. - Pero debo hablar con usted en privado.
Naraku entrecerró los ojos con sospecha. Le dio un beso a Kurenai en su frente y salió con su sirvienta al pasillo. Mientras tanto, Kanna se quedó con la mujer, sosteniendo seriamente el espejo que llevaba en sus manos.
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-¿Qué dijiste? – preguntó Naraku, sorprendido y preocupado.
-Realmente lo lamento. – dijo Kagura. – No sé cómo, pero Tsubaki se infiltró en sus aposentos y robó la fruta Tsuchigumo. Además, tampoco encontramos la maldición del sharingan.
-Rayos... - se quejó, llevándose una mano a su frente. - sabía que el nacimiento de Mirai estaba cerca y lo aprovechó para pisar mi palacio y robarme.
-¿Qué quiere que hagamos, majestad? – su pregunta lo dejó pensando unos segundos.
-Para que haya robado la fruta Tsuchigumo, significa que ya no está interesada en la piedra Meidou.
-O planeaba robarla desde el principio, pero se conformó con la fruta.
-Sí, es más probable que haya sido eso. – comentó avergonzado, aclarándose la garganta. - Primero que nada, saca la piedra Meidou de su escondite y entrégasela a una bruja de nuestra confianza.
Kagura asintió.
-Después, les dirás a todos los demonios de mis dominios: "a quién encuentre la fruta Tsuchigumo, se le recompensará con riqueza, una posición en el palacio y un pequeño pedazo". – hizo una pausa, volteando al interior de la habitación y viendo embelesado a Kurenai y a Mirai. - "Pero, si se halla en el interior de un humano, llévenlo vivo al inframundo".
-¿V-Vivo? – repitió Kagura, incrédula.
-No me contradigas y haz lo que te digo. – advirtió el rey, amenazándola con sus temibles ojos carmesí.
La mujer hizo una reverencia. Movió su abanico y desapareció del hospital. Naraku, por su parte, se quedó otro rato en el pasillo, contemplando a su familia... antes de darse cuenta de que necesitaría apartarse de ellas para mantenerlas a salvo de Tsubaki.
Fin del capítulo.
