SSSSS
Sentir sus dedos y su boca, tocando su piel, lo ahogaba de placer. Respiraba con dificultad y gemía. No le importaba que sus mejillas estuvieran más que sonrojadas. Por fin había vuelto con él.
Después de tantos días de ausencia, Himawari le entregaba su cuerpo y su calor. No obstante, cuando quiso buscar sus ojos rojos, para sonreírle y decirle que no se detuviera, se topó con la siniestra sonrisa de Mirai, cuya boca estaba embarrada de sangre. Su sangre.
Se congeló de golpe. Y bajando la mirada, vio horrorizado como, no solo ella, sino también otros demonios que la acompañaban, se reían de él, disfrutando cada bocado de su piel por ser el platillo principal de esa noche.
SSSSS
-¡Ah!
Asustado y empapado en sudor, Sasuke se inclinó hacia adelante, quitándose la frazada gris que lo cubría. Respiraba como si se hubiera ahogado dentro de un río por varios minutos.
Las imágenes de aquel sueño se sintieron tan reales... al pensar en ellas, creía que escupiría su corazón y que caería al piso en medio de un charco de sangre, como su familia, hace 10 años.
En eso, la puerta de la habitación se abrió. Himawari, al ver que no se sentía bien, porque no dejaba de tocarse la cabeza y el pecho, corrió hacia él, abrazándolo.
-Respira. – le pidió, escuchándolo jadear frenético, mientras acariciaba sus cabellos negros. - Respira profundamente. Todo está bien.
Sasuke pareció comprender sus palabras, ya que los jadeos dejaron de sonar muy fuerte. Himawari sonrió. Sin dejar de abrazarlo, bajó su cabeza a la altura de su pecho y escuchó los latidos de su corazón. También se habían tranquilizado.
-Me alegra que hayas despertado. – dijo con una sonrisa, apartándose de él y sentándose en el borde derecho de la cama. - Estuviste inconsciente casi todo el día. Afuera está atardeciendo.
Sasuke parpadeó atónito, revisando más a fondo el lugar donde se hallaban.
-¿Estamos en la casa de Enju?
Himawari asintió.
-Esta es mi habitación. – explicó, mirando al techo. - No puedo ofrecerte tanto como los hermanos Sabaku, pero espero que aun así estés cómodo.
Sasuke relajó su expresión. Se aproximó a la joven y la abrazó.
-No sabes lo mucho que te extrañé. – le dijo al oído, acariciando su largo cabello negro. - Desde que desapareciste, nunca dejé de pensar en ti.
Himawari quedó conmovida con sus palabras. Levantó su brazo derecho y correspondió su gesto.
-Yo... también te extrañé. – confesó, consiguiendo que se sonrojara ligeramente. - Extrañé tu voz, tu olor, tu calor... - agregó con una sonrisa, apoyando su cabeza en su pecho. - pero, lo que más extrañé... - se separó de él y tomó sus mejillas con sus manos. - ¡...es ver las muecas de tu cara! – exclamó, forzándolo a hacer una sonrisa.
-¡D-Duele! – se quejó, con dos círculos blancos en lugar de ojos, haciéndola reír.
Al soltar sus mejillas, se quedaron atrapados en un silencio inesperado, incapaces de voltear a otra parte, que no fueran los ojos del otro.
Tímidamente, Sasuke llevó su mano a su cuello, moviendo uno de los mechones de su cabello, y se acercó a sus labios, dándole un dulce y pequeño beso.
Himawari no pudo evitar cerrar los ojos. Según Enju, ahora tenía prohibido hacer cualquier tipo de "intercambio" con el muchacho, ya que, de lo contrario, perdería de a poco sus poderes.
Sin embargo, en esos pocos segundos, nada de eso le importó. Solo eran ella, Sasuke y un inocente beso que no los incitaba al placer.
Y aunque realmente quería que fuera así, tampoco quería ser irresponsable y mandar al diablo los esfuerzos de su madre adoptiva y de Kiba, quienes, esa mañana, habían partido al inframundo.
En cuanto pudo, se separó, juntando su frente con la de Sasuke. Ambos tenían sus mejillas ruborizadas.
-El baño... está al fondo a la izquierda. – comentó, levantándose de la cama. - Mientras estuviste inconsciente, te conseguí ropa nueva. – avergonzada, juntó sus dedos índices. – No pude coser la otra, lo lamento.
Él sonrió. A su parecer, se veía muy tierna estando nerviosa.
-Gracias por...
De pronto, su estómago gruñó, exigiéndole que le diera comida. Himawari soltó una risita.
-Mientras te duchas, te prepararé una merienda. – le dijo con una sonrisa, dándole un beso en la frente antes de correr hacia la puerta. - A propósito... - agregó, dándole la espalda y con la mano en la perilla. - hay algo importante que tengo que contarte.
Luego de eso, salió del cuarto y bajó a la cocina.
PPPPP
Sobrevolando por la residencia Sabaku, Kagura aterrizó sin problemas en el balcón de la habitación de Sasuke Namikaze.
El lugar era un desastre. Pedazos de vidrio y madera, junto con varias manchas de sangre, se encontraban esparcidos en diferentes lados del piso.
Además, desmayada junto a la cama, estaba Mirai Nara, acostada bocabajo y con sus ojos completamente abiertos y nublados.
Kagura se aproximó a ella y se agachó a su altura. Examinándola de pies a cabeza; para conocer qué era lo que la mantenía en ese estado tan deplorable y drástico, encontró una cosa interesante, guardada en el puño de su mano derecha.
-Así que tú te robaste el broche para llamar demonios y las marionetas de su majestad. – confirmó para sí misma, sosteniendo en sus manos un listón morado oscuro, con un adorno dorado en la parte superior, sujetando varios hilos en la parte inferior. Escondido en el adorno dorado, se hallaba un silbato.
-¡Sasuke!
De pronto, escuchó la voz de un muchacho, seguida por algunos golpes en la puerta. Abrió su abanico y lo movió de un lado a otro para desaparecer el cuerpo de Mirai. Luego, hizo lo mismo con su propia silueta, desvaneciéndose como si se tratara de un suspiro hecho por el viento.
-¡Sasuke! - Naruto seguía golpeando la puerta.
Como no lo había visto en varias horas, decidió subir al tercer piso e ir a buscarlo a su cuarto. Con Mirai sucedía lo mismo, por lo que Shikamaru y Sakura subieron al segundo piso.
-¡Oye, Sasuke! ¡Vamos, responde! – exclamó, golpeando con más fuerza.
Nada. Ni un paso y ni una sombra. Suspiró molesto. Sacó la llave de repuesto que le pidió a Temari en la recepción y la introdujo en medio del picaporte. Una vez que pudo abrir la puerta, sus ojos azules vieron horrorizados la habitación.
Los muebles y las paredes tenían rastros de suciedad. Como si un gran animal hubiera caminado sobre ellos. También había varios objetos rotos, incluyendo el gran libro de medicina que su hermano solía leer con frecuencia para estudiar.
Sin salir de su estado de pánico, giró su cabeza a su izquierda. Al otro lado, había varias manchas de sangre impregnadas en el piso, cubiertas por vidrios y trozos de madera. Caminó despacio hacia la cama y volteó al otro lado.
La gran puerta corrediza de cristal estaba rota, permitiendo que el viento moviera de arriba hacia abajo las delgadas cortinas blancas. Temeroso, corrió y se asomó por el balcón, hacia el jardín trasero de la residencia. No había nadie tirado, lo que lo asustó más, ya que le dio a entender que Sasuke había sido secuestrado.
Ante aquella posibilidad, comenzó a imaginarse muchos eventos que podrían seguirle después. Como la preocupación de Kushina, Karin y Nagato. La policía iniciando sus extenuantes interrogatorios. La maldita cinta amarilla que anunciaba una escena del crimen.
Cerrando con fuerza los ojos, negó con la cabeza. Se apartó del balcón y corrió hacia la salida. Sin embargo, al pisar algo similar a una goma, se tropezó, cayendo bocabajo y golpeándose la barbilla por error.
-Ay, ay, ay... - se quejó, al mismo tiempo que otra voz.
Extrañado, giró hacia atrás, topándose con un pequeño dragón rojo que volaba, sobándose la cola.
-¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAA! – gritaron ambos, al unísono.
-¡¿P-PERO QUÉ DIABLOS...?!
Koryu se apresuró y silenció sus labios.
-¡Por favor, no entre en pánico! – le pidió desesperado. - ¡Le contaré todo lo que pasó, pero, por favor, no debe gritar!
Naruto parpadeó atónito. El dragoncito suspiró y se apartó de él, sentándose en el piso.
-¿Q-Qué eres? – preguntó, entre asustado y confundido. - ¿Por qué estás en la habitación de Sasuke?
-Encantado de conocerlo. – dijo, haciendo una reverencia. – Mi nombre es Koryu. Por órdenes de lady Kagura, me convertí en el sirviente de Sasuke-sama.
-¡¿Cómo?! ¡¿Sirviente?!
-¡Naruto! – desde el pasillo, oyeron como Sakura lo llamaba. - ¡Te escuchamos gritar! ¡¿Estás...?!
Cuando ella y Shikamaru aparecieron en la puerta, quedaron estupefactos ante la presencia del dragoncito.
-¡¿Q-Q-Q-Qué es esa cosa?! – gritó la joven asustada, señalando a Koryu con dos círculos blancos en lugar de ojos.
-No lo van a creer. – dijo el rubio, ofreciéndole sus manos al demonio para que se parara sobre ellas. El pequeño asintió temeroso y aceptó su gesto. - Pero se trata del único testigo de lo que pasó aquí.
-Mucho gusto. – hizo una reverencia hacia los recién llegados. Se sentía muy nervioso al ser observado por otros humanos que no fueran Sasuke. – M-Me llamo Koryu.
Después de que los jóvenes dijeran sus respectivos nombres para presentarse, el demonio les contó todo lo relacionado con Sasuke y la fruta Tsuchigumo.
Desde como los Youkai lo habían estado acosando para obtenerla, hasta el momento en el que Mirai trató de hacer lo mismo, con el único propósito de convertirse en humana.
Al terminar su relato, Sakura y Shikamaru quedaron pasmados. Naruto, por su parte, se quedó tan pensativo, que llamó la atención del pequeño dragón.
-¿Naruto-sama? – lo llamó preocupado, creyendo que había hecho mal en haberles dicho la verdad.
FFFFF
-¿Sasuke? ¿Te sientes...?
-¡NO ME TOQUES!
FFFFF
-Todo este tiempo... - habló el rubio, afligido. - creí que Sasuke me evitaba porque estaba ocupado con sus estudios. Pero esta vez, no solo me engañó por completo. Sino que también ha estado sufriendo mucho.
-Naruto... - lo llamó Sakura, mirándolo con tristeza.
Shikamaru, en silencio, sacó su cajetilla de cigarrillos y agarró un par. Uno se lo puso en la boca y otro se lo entregó al Namikaze.
Aunque al principio, dudaba si debía tomarlo, al final, se lo arrebató a su compañero de los dedos. Esperó a que lo encendiera y aspiró un poco... solo para terminar tosiendo.
-Lo sé. – dijo el muchacho de ojos negros con burla. - No es para todos.
Le quitó el cigarro a Naruto y se lo llevó a sus labios, dejando escapar una nube de humo antes de guardar el otro en la cajetilla.
-¿Y ahora qué hacemos? – cuestionó Sakura, poniendo una mueca y cruzándose de brazos. – Si vamos con la policía, nos tacharán de locos y nos meterán a un psiquiátrico.
Al escuchar eso, el rubio abrió sus ojos como platos.
-¡Ya sé! – exclamó, poniéndose de pie. - ¡Conozco a alguien que podría ayudarnos!
Fin del capítulo.
