Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
9
Sakura
—Tienes que salir tarde o temprano —grita TenTen desde el otro lado de mi puerta— Vamos, Sakura. Quiero mostrarte mi sesión de hoy. Estoy muy orgullosa de ella.
Después de la ducha, me puse un suéter y me acurruqué en las sábanas. Planeo quedarme así por las próximas setenta y dos horas más o menos.
—Intenta de nuevo en tres días —le digo.
—Sakura…
No respondo a sus lloriqueos y no lo intenta de nuevo.
Mi vida está arruinada. Cuatro años creyendo que estaba destinada a entrar en la universidad de Berkeley cuatro años reventándome el trasero para nada. Sin eso, no soy nada más que una estudiante universitaria y una pila de revistas eróticas.
Si no entré en Berkeley, ¿quién dice que no lo haré en ninguna otra de las que he aplicado? ¿Quién me puede decir que no, al menos, lograré entrar al programa de East Park? Si no logro entrar al de East Park, entonces no puedo ser ni siquiera una modelo de EPE.
Estoy jodida. En todo en lo que soy buena, estoy jodida. No puedo hacer una mierda con una licenciatura de biología.
También podría entrar en la industria del porno.
Alguien llama. Otra vez.
—Váyanse de una maldita vez.
—Sakura —llama Sasuke— abre.
¿Qué demonios está haciendo él aquí?
—Especialmente tú. Lárgate.
—Hazme esto fácil o treparé por la ventana de tu dormitorio.
—No podrías.
—Pruébame.
—Vete a la mierda —digo, cerrando los ojos con fuerza.
Quizás es como un monstruo debajo de mi cama. Si finjo que no está, simplemente se irá.
Me quedo dormida. No sé por cuánto, pero cuando me despierto, está oscuro. Mi boca está seca y tengo ganas de hacer pis. Me deslizo fuera de la cama y caminando arduamente por la habitación, abro la puerta. Sasuke está sentado frente a mí, su espalda contra la pared del pasillo. En su regazo, tiene una bolsa de Cheetos Flamingo Hot.
—Tuve que poner la cerveza en la nevera y el helado en el congelador porque te estabas comportando como una perra terca —dice.
Me echo a llorar.
La cucharilla que Sasuke trajo de la cocina es, lo juro por Dios, del tamaño de mi cara. Los dos estamos sentados a lo indio sobre mi cama. Le dejo usar la cucharilla para el helado porque estoy sumergiendo los Cheetos dentro de la sustancia y siguiéndolos con la cerveza.
—Esa es la cosa más asquerosa que he visto en mi vida —dice.
—Di eso cuando hayas sido vegetariano durante cinco meses sin hacer trampa —respondo.
Se ríe, un sonido que no puedo dejar de amar.
—Touché.
—Necesitaré sacar esta mierda de mi sistema dentro de quince minutos.
Meto otro Cheeto dentro de la tarrina de helado.
—Cristo, Sakura.
—¿Qué, esa declaración es muy poco femenina para ti?
—No, me excita totalmente. Estoy consiguiendo una enorme erección de solo pensar en ello.
—Me doy cuenta por ese masivo bulto en tus pantalones.
—Tener una batalla de sarcasmo con alguien tan terco como yo es la cosa más divertida que he tenido en años.
No puedo evitarlo, sonrío.
Entonces su cara se pone seria, y no del tipo seria-sarcástica.
—No es el fin del mundo, sabes.
Niego.
—No lo entiendes.
—Sí lo hago —dice— East Park no fue tampoco mi primera opción. O sea, no es una mala escuela. Y todavía tengo mi doctorado. Lo que estoy intentado decirte es que tienes opciones, Sakura. Toneladas de ellas.
—Si posar para Hot Skanks R Us es a lo que tú llamas opciones.
Entrecierra los ojos.
—¿De cuántas has tenido respuesta?
—Berkeley. Es suficiente.
—¿Qué hay de Harvard?
—JA. JA —digo antipáticamente.
—Aplicaste, ¿cierto? —pregunta— Porque serías idiota si no. Tiene el mejor programa de Bioquímica en la nación.
Tomo un gran trago de mi cerveza. De alguna manera, Sasuke conocía mi marca favorita. No he bebido cerveza en años, y es la mejor cosa que he probado.
Vuelvo a prestar atención.
—Por supuesto que apliqué para Harvard. Como broma. Ni siquiera estoy contando esa como una verdadera solicitud.
—Pues deberías, Sakura —Hace girar un Cheeto en sus dedos— Tengo calificación suficiente de tu trabajo como para saber que estás destinada a la escuela de postgrado. Y qué si no entraste a Berkeley. Eres brillante, hermosa y saludable. No puedes tener una vida perfecta, Sakura. Eso no sería justo para el resto de nosotros.
Sonrío.
—Bueno, gracias por hacerme sentir como una idiota.
—No hay de qué. Y sólo para hacerte sentir peor, todo ese llanto te ha dejado unos lamentables ojos de mapache.
Maldito rímel. No sale con una ducha, pero que Dios me ayude si lloro un poquito…
—Los ojos de mapache están totalmente de moda —le digo— Los voy a usar para la próxima sesión.
—Sí, claro —dice, acercándose. Sus nudillos rozan un lado de mi cara y mi corazón se agita en el pecho.
Abre su mano para poner la palma en mi mejilla y de buena gana me acurruco en ella. La parte blanda de su pulgar roza por debajo de mis ojos, que empiezan a arder.
—Joder, Sasuke —Entrecierro los ojos— Polvo de Cheeto.
—Oh, mierda —Salta de la cama— Joder, mierda, joder. ¿Estás bien? Espera aquí.
Antes de que pueda discutir, sale corriendo de la habitación. Todo lo que tengo que hacer es pestañear unas cuantas veces y frotarme el ojo con la mano limpia y el ardor se detiene, pero para entonces, Sasuke ya ha regresado con una toalla mojada en la mano. Sube a la cama de nuevo y se cerca, sujetando la parte de atrás de mi nuca y presionando gentilmente la toalla en mi ojo.
Me río.
—Para. Estoy bien, lo juro.
—Cállate y déjame jugar al príncipe encantador, ¿de acuerdo?
Frota la toalla en mis ojos un par de veces más y la baja. Cuando mi visión se enfoca, noto lo cerca que está. Lo suficientemente cerca para estudiar cada curva de sus hermosos esculpidos labios. Me muerdo el mío, esperando a que se aparte. Pero no lo hace. Solo espera estoicamente, su respiración contra mi piel, ojos helados penetrando los míos.
Ino se aclara la garganta.
Me alejo de un salto y me giro hacia donde está, en la puerta con los brazos cruzados y una ceja alzada.
—¿Entonces me lo tomo como que estás lista para mañana? —pregunta— ¿No te esconderás en tu oscura cueva por el resto de la semana?
Abro la boca, pero no antes de que Sasuke responda.
—Está lista.
Le miro y me guiña.
—Bien, porque ustedes no van a una sesión mañana. —Sonríe con una completa sonrisa.
Ladeo la cabeza.
—No te sigo.
—Acabo de hablar por teléfono con A. J. Harrison, CEO de Amora Adquisiciones. Nos quiere llevar a cenar mañana por la noche.
Mi boca se cae. Amora Adquisiciones…
—Santa mierda.
—Estoy perdido —dice Sasuke.
—Amora Adqusiciones es una pequeña rama de conglomerados de medios que ha estado comprando revistas eróticas por todo el país —le explico—, si están interesados en nosotros…
—Eso significa que nos volveríamos nacionales —continúa Ino por mí—. Significa que tu carrera como modelo sería escrita en piedra y que tendrías más dinero de lo que jamás sabrías gastar.
Sasuke
Una media hora antes de la gran cena, estoy al teléfono con Karin. Y acabo de comunicarle las noticias.
—Oh, cariño, ¡eso suena increíble! —chilla— Esto puede ser enorme para nosotros. ¡Podemos hacer un pago al contado para una casa!
Sonrío.
Instalarnos es lo que siempre quisimos. Podremos establecernos. Ser felices… Felices. Karin y yo vamos a estar juntos y felices. Y eso es todo lo que necesito en mi vida, ¿cierto?
Ajusto la corbata en el espejo, escuchando la voz de un hombre en el fondo.
—Escucha, Sasuke, estoy por empezar una reunión con mi cliente. Te llamaré mañana, ¿vale? Te amo.
—Te amo, Karin.
Cuelga.
Dejo el móvil e inhalo profundo, mirándome en el espejo.
Mi estómago se aprieta. No es la cena lo que me pone nervioso, he hecho la mierda de la buena impresión antes. Es el mensaje de Ino que recibí hace una hora.
Escucha, sé que tienes novia, pero A. J. quiere ver la química que hay entre tú y Sakura. Así que actúa como si estuvieran juntos. ¿Eso está bien?
No hay problema, contesté, porque en ese momento pensé que hacerlo para A. J. sería lo mismo que hacerlo para la cámara. Una farsa. Pero cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de lo fluida que tendrá que ser la farsa esta noche. No me preocupa porque puedo hacerlo.
Puedo hacerlo muy bien. Porque quiero.
Alejo ese pensamiento cuando llaman a la puerta. Tiro la campera sobre mi hombro y me encamino hacia la sala encontrándome cara a cara con Sakura. Mis ojos comienzan desde abajo, en sus tacones stiletto, y se elevan lentamente hacia sus piernas desnudas, su vestido de encaje negro cuyo borde termina sobre su culo y abraza cada una de sus curvas. Su pelo recogido en un moño, maquillaje oscuro en sus ojos, tan peligrosamente atrayente como el resto de ella.
—Hola —dice.
—Hola.
—¿Estás listo?
Asiento y se gira para regresar al coche, sus caderas balanceándose con cada paso. Su vestido es sin espalda, y me pregunto cómo sería tenerla debajo de mí, lamer el sendero de su columna…
Cálmate, Sasuke. Maldita sea.
Ino nos espera en su Escalade blanco. Puedo decir que hizo que lo lavaran y enceraran, como si quisiera hacer que nos veamos tan importantes como sea posible. Temari se sienta en el lado del acompañante, así que me tengo que sentar detrás, con Sakura.
Ino ni siquiera dice hola, va directa a la lista de reglas que hizo para nosotros.
—Bien, así que recuerden, hagan lo posible para actuar como una pareja, o al menos para demostrar que no temen ser íntimos entre sí en cualquier lugar. Sean educados, mastiquen con la boca cerrada, y por el amor de Dios, por favor no me avergüencen. ¿Capisce?
—Sí, señora.
Miro a Sakura. Luce como me siento, nerviosa. No habla mucho, tampoco. No dice nada en todo el camino, lo que me vuelve loco. Deseo que haga una estúpida broma. Deseo que diga cualquier cosa.
Nos adentramos hacia el aparcamiento de Blue Water Bistro, que es de lejos el mejor restaurante de carne de la ciudad. Ino y Temari salen del auto. Sakura abre la puerta, pero me inclino sobre el asiento, alcanzando su regazo y acercándola.
—Qué narices, Sasuke…
La empujo por el hombro hasta que su espalda está sobre el asiento.
—Supuestamente tenemos que fingir ser una pareja.
Sus ojos se agrandan.
—Bien, pues actuemos como una.
—No seas evasiva, entonces.
—No me sermonees.
—Jesús, ¿tanto has estado soltera que se te ha olvidado cómo actuar en una cita?
Sonríe con desdén.
—Sé cómo actuar en una cita, idiota.
Alguien está un poco sensible.
—Bien, porque vamos a tener que acelerar este proceso un poco.
—¿Y qué diablos significa eso?
Me inclino y presiono mis labios sobre los suyos.
