Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

12

Sakura

Neji actúa como si nada estuviera diferente entre nosotros cuando lo veo en el cuarto de vestir una hora después de que dejara mi cama.

Gracias a Dios.

No es como si la noche anterior fuese un error, porque no lo fue. Necesitaba un poco de sexo en mi vida, había pasado demasiado tiempo, y últimamente he estado muy frustrada sexualmente hablando. Quiero decir, habría estado mejor si Neji hubiese sido lo suficientemente gentil como para hacer que me corriese…

—Tú —Ino me apunta y trona sus dedos— A mi oficina. Ahora.

Parece bastante seria. El chisme debe ser jugoso.

Me saca del vestidor y me mete en el baño, cerrando la puerta detrás de ella y bloqueándola. Se gira, y para mi sorpresa, luce enojada.

—¿En qué diablos estabas pensando al acostarte con Neji?

—Yo… ¿qué? ¿Nos oíste o algo así?

—Oh Dios, Sakura. ¡Todo el mundo lo sabe! —escupe.

Me siento en el retrete.

—No entiendo. ¿Tiene algo que ver con no acostarse con los compañeros del trabajo? Porque no recuerdo que hayamos establecido esa regla.

—No, idiota. Esto tiene que ver con TenTen estando enamorada de Neji.

Mi mandíbula cae.

—¿Perdón?

—Pero no podrías saberlo, porque has sido un poco egoísta en los últimos meses.

Me levanto.

—¿Qué demonios, Ino? Siento si el querer entrar a una buena escuela de posgrado me ha hecho centrarme en mí misma. No puedo estar pasando el rato con ustedes cada maldito segundo.

Se acerca, su rostro solemne.

—Asume los hechos, Sakura. No sabías que una de tus mejores amigas tenía sentimientos por un chico con el que acabas de acostarte, escuela de posgrado o no.

Y con eso, se da la vuelta y me deja sola en el baño, sintiéndome como la idiota más grande. No tenía ni idea de que TenTen estuviera interesada en Neji, y obviamente él tampoco. Me refiero a que, ¿cómo podría, con todo el falso coqueteo y la tensión sexual? ¿Cómo puede separar lo que es real y lo que no?

Pienso en Sasuke... No, Sasuke es diferente. Sasuke no está soltero. Sé que nada entre nosotros es real. Lo sé.

Lo sé.

Con rumbo al vestidor, paso a TenTen en el pasillo, ya preparada para su sesión de hoy. Me lanza un bufido y se aleja de mí. La llamo por su nombre, pero no se detiene. Ni se da la vuelta.

Maldición. Maldición, arruiné todo.

Me dirijo a mi propio estudio, el dormitorio. Hoy está preparado con volantes blancos y rosas, las paredes decoradas con posters de corazones y bandas de chicos. Supuestamente es el cuarto de Rylan. Pero la visión me da náuseas. Sasuke está sentado en el sillón de felpa en la esquina, en sus calzoncillos. Está de brazos cruzados y mirándome.

Realmente me estoy cansando de ver esta mirada hoy.

—¿Y qué demonios está mal contigo? —gruño.

—Oh, nada, sólo que deberíamos estar actuando desde… —Mira dramáticamente su muñeca desnuda— No sé, hace una hora, pero alguien estuvo demasiado ocupada echando un polvo durante toda la noche como para poder levantarse a tiempo hoy.

El calor me invade, asando mis entrañas.

—¿Sabes qué, Sasuke? Puedes irte a la mierda. Mi vida sexual no es asunto tuyo, e incluso aunque lo fuera, es una hora. Si tu día está tan lleno de mierda interesante por hacer, ¿entonces por qué simplemente no te vas?

Sata, poniéndose en pie, con las manos hechas puños. Por un segundo pienso que de hecho va a escucharme, cuando Ino entra en la habitación y cierra la puerta.

Sasuke abre la boca como si fuera a decirle algo, pero lo corta.

—Bien, entonces la sesión de hoy será privada por razones obvias.

Camina por la habitación y enciende la sombrilla reflectora, lanzando una caja de condones a la mesita de noche. Sasuke asiente hacia los condones y cruza los brazos.

—¿Para qué son esos?

—Esta sesión podría ponerse un poco intensa —Ino se encoge de hombros— Neji y TenTen los necesitaron.

—Por supuesto, Neji necesitó uno —escupe Sasuke.

—Ve a chuparte la polla, Sasuke.

Ino resopla.

—Muy bien, no quiero adivinar qué mierda les está pasando a ustedes dos, ¿pero serás capaz de manejar esto hoy?

Sasuke me mira, clavando sus ojos brillantes en los míos, y finalmente dice:

—Estoy bien.

Desato la bata y la dejo caer al suelo. No llevo nada más que un sujetador push-up de encaje y un tanga a juego. Incluso en el calor de estar molesto por cualquier razón, los ojos de Sasuke barren mi cuerpo. Un estremecimiento me sacude.

—Bien, entonces. Sube a la cama.

La primera parte de la sesión es desagradable. Sasuke se mueve como un robot, y tontear con él es menos divertido que masticarme las uñas.

Ino puede verlo.

—Vamos, joder —dice, bajando la cámara— Pueden o no hacer esto, porque están gastando mi tiempo y el suyo.

Estoy acostada debajo de Sasuke. Se supone que debería estar besándome de manera sexy, como lo ha hecho en cada sesión que hemos modelado juntos. Pero, en cambio, es como si estuviera arrastrando su rostro sobre mi pecho contra su voluntad.

Lo empujo a un lado y me siento.

—No puedo hacerlo cuando él ni siquiera está intentado encenderme.

Sasuke se cruza de brazos y alza una ceja.

—¿Quieres que te encienda?

Me encojo de hombros.

—Así es como siempre ha funcionado, Sasuke.

—Si no encuentran una manera de resolverlo en treinta segundos, esto se acabó —amenaza Ino.

—¿Acaso piensas que mágicamente puedo sacarme del trasero una forma de encenderte? —dice furioso a través de los diente apretados.

Es mi turno de cruzar los brazos.

—Algo así.

Ino suspira.

—Diecinueve, dieciocho, diecisiete…

—Nunca antes te he follado, Sakura. No sé cuáles son tus manías.

—Estas diciéndome que, después de hacer sesiones conmigo durante un mes y medio, no tienes ni una remota idea de lo que me enciende… Yo lo llamo una mierda.

—Seis, cinco, cuatro…

Los músculos de su mandíbula se ondulan y sus ojos arden con odio. Por un segundo, creo que está hecho. Vamos a tener que hablar de estas diferencias porque, por alguna razón, Sasuke cree que le pertenecen todos mis movimientos. Cree que le pertenezco…

Sin previo aviso, agarra mis hombros, dándome la vuelta y colocándome sobre su regazo. Y después me pega en el trasero. Fuerte.

Grito, más por la sorpresa que por el dolor. Pero eso hace que Ino deje caer su cámara.

—¡Jesús, Sakura! ¿Estás bien?

Tomo unas pocas respiraciones temblorosas.

—S-sí. Simplemente me sorprendió.

—Err… ¿esto está bien? —pregunta.

Sasuke masajea suavemente el lugar donde me ha pegado, pero no dice nada. Ya puedo sentir la humedad empapando la cima de mis muslos. En algún momento, lo verá. Lo sentirá.

—Solo toma las malditas fotos —le digo.

Captando la idea, Sasuke levanta su mano y me azota una y otra vez, cada contacto escociendo más que el anterior, hasta que mi culo está ardiendo. Los dedos de su otra mano se enredan en mis cabellos, envuelve un puñado con ellos y tira suavemente. Me masajea de nuevo y gimo de alivio. Inclinándose, me susurra:

—Eres mía hasta que esto se acabe. —Alza la mano y me azota de nuevo, el fuerte chasquido llenando el aire. Grito, apretando en mis puños la colcha.

Pasea sus dedos bajo la tira del tanga y lo desliza por mis piernas hasta el suelo. Comienza a sobar mi culo de nuevo, dedos hundiéndose en la carne de mi maltratada nalga. Relajo cada tenso músculo de mi cuerpo, con la cabeza descansando en el colchón. Dejo que mis ojos pestañeen hasta cerrarse. No estoy fingiendo para nada en estos momentos. Cada emoción invadiéndome… todas ellas son reales.

Sasuke arrastra sus dedos por el interior de mi muslo, rozando los labios de mi coño.

—Jodidamente húmeda —susurra, lo suficientemente alto para que sólo yo lo oiga.

Sus manos se deslizan por encima de mi culo de nuevo y hacia mi espalda, desabrochando el sujetador. Levanto los brazos para quitarlo, y me voltea, alzando una mano para que Ino pueda lanzarle una pequeña tela blanca que utilizaremos para separar nuestros durante el sexo fingido. Me tumbo de espaldas. Sasuke se levanta y se baja los calzoncillos, hago todo lo posible para mantener la mandíbula cerrada al primer vistazo de su erección. Cubre con la tela mis caderas, y jadeo cuando me arrastra hasta el borde de la cama.

Su expresión es furiosa, lujuriosa y hermosa.

Agarra mis rodillas y abre mis piernas, poniéndose entre ellas.

—Justo como en casa de tu madre.

—¿Qué? —chilla Ino.

La mira de reojo.

—Eh, tú por allá con la cámara… no arruines el momento.

Me río y sus ojos vuelven a mí otra vez, como espuma de mar en llamas.

—Justo como practicamos, nena —gruñe, y se balancea hacia delante.

Levanto las manos sobre mi cabeza, arqueo mi espalda, y dejo que mis labios participen en el éxtasis.

—Jodidamente perfecta —dice Ino— No te muevas.

Nos quedamos así por unos cuantos segundos hasta que Ino nos dice que sigamos, y Sasuke agacha su cabeza, su lengua saliendo y girando alrededor de mi pezón. Jadeo cuando lo muerde suavemente, meciendo mis caderas contra las suyas. Su erección roza mi empapada abertura, volviéndome loca.

—Por favor —susurro cuando su cara está justo encima de la mía.

—¿Qué?

—Te deseo.

Inhala profundamente por la nariz y cierra los ojos, como si estuviera a punto de perder el control. Y quiero que lo pierda. Lo necesito. Cuando los abre de nuevo, buscan mis labios. Levanta los dedos hasta mi boca y la traza; cuando la abro, empuja su dedo índice dentro. Lo succiono y arrastro mi lengua bajo su dedo, mis ojos parpadeando como si fuera la mejor maldita cosa que haya estado en mi boca.

Porque lo es.

Gruñe, y cuando lo aparto, su dedo se desliza de mi boca con un plop. Su respiración es rápida. Lo alcanzo y tomo su cara entre mis manos, su expresión destellando tristeza. Y después miedo.

—Bien hecho —dice Ino en voz baja.

Cuando Sasuke se viste y se va, regreso a la cuarta parte de la casa que es habitable y tomo una ducha. Mientras me quito el maquillaje, el sudor y la pegajosidad de mi piel, cierro los ojos y medito sobre cómo se sintió estar con Sasuke hoy, tan enojada como me puso. Ninguno de los dos hará esto por un tiempo. Infiernos, quién sabe. Después de la forma en la que actuamos hoy, puede que Ino no lo ponga conmigo de nuevo.

Quizás es lo mejor.

Después de una eternidad debajo del agua hirviendo, apago la ducha y salgo de la bañera, envolviéndome en una toalla. Abro la puerta y voy al pasillo, sorprendiéndome al ver a Ino delante de la puerta de mi habitación. Se queda mirando fijamente la pared adyacente, lentamente girando su teléfono una y otra vez en su mano.

—¿Ino?

Parpadea y me mira.

—Sasuke renunció.

Sasuke

Ino prometió que me enviaría por correo todos los cheques de ahora en adelante. No puedo regresar al estudio.

No puedo ver a Sakura.

Por supuesto, es algo imposible ya que compartimos especialidad. Prácticamente la veo cada maldito día de mi vida, y sólo a distancia. No me ha enviado mensajes o llamado. Cuando me pasa en los pasillos, aparta la mirada. Cuando le entrego un trabajo en la sala de conferencias, lo toma sin decir una palabra.

Lo sabe.

Cada segundo que estoy con ella, la deseo. Sufro por ella. Y no puedo seguir haciéndome esto. A ambos. Porque me está convirtiendo en un mentiroso, y en una persona horrible.

El segundo problema llega con el lanzamiento de la serie en EPE ya que ese mismo día Karin vuelve a casa. Cuando entra por la puerta, chilla y corre hacia mí, saltando a mis brazos.

—Te extrañé —dice entre besos— Te extrañé, te extrañé, mi Sasuke.

Le muestro mi primer cheque por cuatro mil dólares, más dinero del que probablemente podría hacer en un período de pago. También le muestro, renuentemente, el nuevo problema. Observa la foto de la piscina con Sakura como si estuviera comprando calcetines.

—Este es tu destino — me dice— Al diablo la biología.

—Renuncié.

Suelta la revista y me mira boquiabierta, la tiro a mi pecho, envolviéndola con mis brazos.

—Créeme, es lo mejor.

Se aleja de mí.

—¿Cómo puedes decir eso, Sasuke? Eres obviamente talentoso. ¡Este podría funcionar!

—Porque te amo y no quiero estar tentado por mujeres hermosas cada día de mi vida.

—Ya te lo dije, Sasuke. Confío en ti. —Prácticamente me ruega con los ojos.

Niego. ¿Cómo le hago entender que yo no confío en mí?

— Hablaremos de esto en otro momento —le aseguro— Tengo cheques de EPE que llegarán hasta el final del verano, probablemente. Si lo que te preocupa es el dinero…

—Yo… no —dice con un pequeño suspiro— Quiero que seas feliz, y si esta decisión te hace feliz, entonces que así sea.

—Gracias.

Tomo su cara y planto un beso en sus labios.

Ahora que renuncié a EPE, mi fama se volvió tolerable.

Todavía recibo las miradas y los silbidos (¡de chicas de la hermandad!) y todo tipo de estudiantes pidiéndome que les firme sus copias de EPE, pero, de alguna forma, está bien. Quizás porque sé ahora que esto no va a durar para siempre, que solo es una fase en mi vida, y estoy dispuesto a aceptarlo. Quizás por eso Sakura no lo está. Quizás piensa que siempre interpretará a Rylan, y no está lista para mezclar su vida de forma permanente.

Podría solo estar especulando.

Tres semanas después de renunciar, estoy clasificando papeles en mi oficina con el grupo normal de graduados cuando las puertas de abren. Levanto la mirada para ver la última cara que espero ver.

—¿Sakura?

Todas las cabezas en la oficina se vuelven para mirarla. Muerde su labio inferior y abraza su pecho. Está vestida con su usual atuendo de la escuela -sudadera y lentes, sin maquillaje, su cabello atado- pero de alguna forma luce diferente. Más pequeña.

—Yo sólo… yo, ummm… quería hacerte saber que tenías razón. Frunzo mis cejas, confundido.

—Entré a Harvard —dice con el fantasma de una sonrisa. Mi boca se abre— Oh, Dios mío, Sakura…

Traga, sus ojos brillando.

—Sí, lo sé.

De repente es como si se diera cuenta que no somos los únicos dos en la habitación. Echa un vistazo alrededor, a los otros estudiantes. Ellos ni siquiera la conocen y están boquiabiertos por su logro. Incluso Brad.

—Tengo que irme —dice— Fue bueno verte.

Y antes de que pueda responder, sale de la oficina y desaparece.

—Maldición, Harvard —dice alguien— ¿Quién es esa?

—Una amiga —murmuro.

—Es una nena —dice Brad, meciéndose en su silla y metiendo un Dorito en su boca— Como que se parecía a Rylan Willow.

Y luego se detiene, sus ojos agrandándose.

Hijo. De. Puta.

—Amigo. Amigo. ¿Esa era Rylan Willow?

Mantengo mi rostro lo más malditamente serio que puedo.

—¿Crees que esa era Rylan Willow?

Brad se gira hacia el resto de los estudiantes.

—¿No lucía como Rylan Willow?

Hay un murmullo, pero no una respuesta firme.

—Te lo puedo asegurar, Brad, Rylan no vendría a visitarme a mitad del día. Le gusta su privacidad.

—¿Cómo dijiste que era su nombre? ¿Sakura?

El pulso late en mis orejas. Brad tiene una gran sonrisa de idiota. No digo nada y él lo deja, pero sé que no lo hace realmente. Sabe su nombre. Sabe cómo luce. Si la persigue y estudia su cara…

—Rylan Willow… —susurra con una risita entre dientes.

Saco mi teléfono y escribo un mensaje por debajo del escritorio: Creo que acabo de arruinar tu secreto.