Y esto es todo!

Espero que les haya gustado la adaptación y nos leemos en la siguiente!

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

14

Sakura

Me despierto con la luz parpadeante de un relámpago. Frotando los ojos, tomo el teléfono y veo la pantalla. Son las tres y veintiocho de la madrugada. Tengo ocho mensajes nuevos.

Y trece llamadas perdidas

10:38 pm Sasuke: No te asustes… Estoy en camino.

10:52 pm Sasuke: ¿Por qué no contestas el teléfono?

11:14 pm Sasuke: Mi auto se descompuso totalmente a dos kilómetros de tu casa. Corrí hasta la puerta de tu casa bajo la lluvia, y ahora nadie contesta. La historia de mi vida.

11:48 pm Sasuke: Hace bastante frío aquí fuera… jaja…

12:07 am Sasuke: Si muero de hipotermia, quiero asegurarme de que sepas que es tu culpa.

12:08 am Sasuke: Y que te amo. Quiero asegurarme de que sepas eso también.

01:01 am Sasuke: Entiendo que estés despierta leyendo esto y solo quieras torturarme. Los problemas lo merecen pero me gustaría que te inclinaras por la misericordia y la razón… Ahora.

01:56 am Sasuke: No puedo sentir mis dedos.

—¡Mierda! —siseo.

Salto fuera de la cama y caigo directamente sobre mi cara. Mi pie se durmió. De todas las noches que tuvo hoy el maldito pie se quedó dormido.

Me pongo de pie y cojeo por el pasillo y las escaleras, lentamente, hasta que siento lo suficiente para irrumpir en una carrera de cojos. Patino por todo el piso de la sala de estar y me lanzo a abrir la puerta. Relámpagos destellan en el cielo, rodeando la corpulenta silueta de Sasuke que se apoya en el marco de la puerta.

—Ho… hola —dice temblando.

—¡Santa mierda, Sasuke! —grito, lo empujo adentro y cierro la puerta— Oh dios mío. —Sacudo las manos frente a mi cara— Oh dios mío, tenemos que quitarte esa ropa. ¿Estás bien? ¿Puedes subir las escaleras?

—Ta…Tal vez…

Agarro su mano. Su piel está helada. Lo guio por las escaleras lo más delicadamente posible y hasta el baño, donde enciendo la ventilación y abro la ducha.

—Sakura, estoy bi…bien.

—Tienes que quitarte esa ropa. ¿Qué demonios haces aquí, Sasuke? Levanta los brazos.

Obedece y me ayuda a quitarle su camiseta mojada.

—No te...tenía otro lugar al que ir.

—No sé qué significa eso.

Pero a medida que la habitación se llena de vapor, me doy cuenta. Me tapo la boca.

Finalmente, su cuerpo se relaja, y deja de temblar.

—Estaba con Karin porque siempre he estado con Karin. Porque era lo seguro. —Niega— Pero no puedo vivir en lo seguro sabiendo que estás ahí fuera. Incluso si no me quieres. Y lo siento, me tomó tanto maldito tiempo darme cuenta de esto…

Después de que llego a un acuerdo con el hecho de que en realidad me está diciendo lo que creo que me está diciendo, llevo mis manos a su cinturón, trabajando en el resbaladizo cuero con mis dedos. Finalmente consigo quitarlo, desabrochándolo y bajando la cremallera.

—Di algo —ruega.

Miro su cara de dolor.

—Intento desnudarte. ¿No te dice eso suficiente?

Sacude la cabeza.

—Te amo, Sasuke. Te he amado durante más tiempo del que puedo admitir cómodamente. Y creo que lo sabes.

La nuez de Adán se mueve mientras traga. Se gira y tira de la cortina de la ducha, para cerrar la llave.

—¿Qué haces?

—Estoy bien ahora —Cierra la distancia entre nosotros— Y la primera vez quiero tomarte en tu cama. No en el baño.

Mi corazón se acelera. Presiono las manos contra su pecho duro, mirándolo a los ojos. Las esquinas de sus labios se levantan en una sonrisa.

—Ahora ve a tu cuarto. Siéntate en tu cama, mirando la ventana —Niega lentamente. Peligrosamente— Ni se te ocurra girarte.

Sonrío y me escabullo del baño, corriendo a mi dormitorio y saltando en la cama. Me arrodillo en el centro, esperando y esperando hasta que la puerta chirria abierta y sus pasos suenan a través del suelo.

—Quítate la camisa —ordena.

No vacilo ni un segundo, agarro el dobladillo de mi camiseta y la levanto por encima de mi cabeza. El colchón se mueve a medida que sube en él, su pecho roza mi espalda desnuda. Un escalofrío me recorre.

Envolviendo sus brazos a mí alrededor, toma la camiseta de mis manos y la dobla en una forma larga, levantándola hasta mi cara. La usa como una venda, atándola alrededor mi cabeza.

—Sasuke…

—Confía en mí, nena, recuéstate.

Le obedezco, y apoyo la cabeza en la almohada. Sus muslos rozan los míos mientras se sienta a horcajadas. Está desnudo.

—Prométeme que quieres esto —Su voz retumba desde algún lugar en la oscuridad.

—Te amo, Sasuke —inhalo— Te quiero a tí.

Su boca aplasta la mía, ahogando mi gemido. Abro mi boca para él, su lengua deslizándose entre mis labios y encontrando la mía mientras sus manos vagan por mis pechos, ahuecándolos.

—No más bromas —ruego cuando me libera por aire— He tenido que soportar meses de burla. Te necesito jodidamente ahora.

Se ríe en mi oído.

—Como desees, mi amor.

Sus manos encuentran mis pantalones cortos, quitándolos. Cuando estoy completamente desnuda, me besa hasta llegar al ombligo, y agarra mis muslos para mantenerme extendida

—He querido probarte desde la sesión en la oficina. Me imaginaba sumergiendo mi lengua en tu coño perfecto —gruñe— No puedo creer que esto esté sucediendo finalmente.

Me retuerzo debajo de él.

—¡Por favor, Sasuke!

Puedo sentir su aliento sobre mí. Sopla un rastro hacia mi hendidura y susurra:

—Dios, Sakura. Tan jodidamente mojada.

Gimo cuando la punta de su lengua recorre mis labios y rodea mi clítoris.

—Te odio tanto en este momento —murmuro.

—Me amas.

Su lengua se mueve contra la punta de mi clítoris. Gimo su nombre, mis dedos curvándose.

De repente, su lengua se hunde en mí, y casi grito. Arrastra la boca de nuevo a mi clítoris y lo chupa dentro de su boca, empujando dos dedos profundamente dentro de mi coño. Grito mientras bombea, la presión construyéndose más y más, y finalmente lo pierdo cuando enrosca sus dedos hacia arriba y roza los dientes contra el punto sensible. Le agarro el cabello mientras me libero, cayendo inerte cuando la agitación termina conmigo.

Se arrastra sobre mí cuando acabo y me quita la venda, besándome profundamente de manera que puedo saborearme a mí misma en él.

—Eres lo más delicioso que alguna vez he lamido.

—No has terminado conmigo, ¿verdad? —respiro.

—Estás bromeando, ¿no? —Se acaricia a sí mismo, tomando un condón de las sábanas que debe haber traído del baño— He esperado demasiado tiempo para tenerte.

—Date prisa —gimo— No puedo esperar otro segundo.

Se pone el condón y se inclina para besarme, lenta y necesitada y maravillosamente. Sus labios se mueven a mi cuello.

—Te amo, Sakura —susurra contra mi piel.

Lentamente se empuja dentro de mí. Es diferente a cualquier chico con el que he estado, no sólo por el hecho de que lo amo, sino por la manera en que se mueve dentro de mí esta noche, como si cada empuje fuese deliberado.

—Joder, Sakura. Estás apretada.

—No hago esto a menudo… Ahh.

Mi respiración se queda en mi garganta cuando acelera el ritmo y me besa los pechos. Antes de que sepa lo que está pasando, me da la vuelta de manera que lo estoy montando. Muevo mis caderas, disfrutando de la fricción cuando entra y sale de mí. Cuando su pulgar encuentra mi clítoris, es demasiado.

—Bésame —ordena con voz grave— Quiero sentirte venir.

Me inclino hacia delante y encuentro sus labios. Incrementa la presión de su mano y lo pierdo, gritando su nombre en su boca. Cuando termino, me voltea de nuevo y lanza mis piernas sobre sus hombros, sus uñas hundiéndose en mis caderas. Cada embestida es más profunda que la anterior y estoy tan sensible… que es casi demasiado. Finalmente, gruñe su liberación y se desploma sobre mí.

Nuestra respiración va al mismo ritmo hasta que cada uno consigue la propia. Paso mis dedos por su pelo y comienzo a reírme.

—¿Fue tan malo?

—No es eso.

—¿Entonces qué?

—Me vine dos veces.

Y luego me río otra vez. Se ríe y presiona los labios en la hendidura de mi caja torácica.

—Joder, sí, te viniste dos veces. Esa es la nueva norma. Acostúmbrate a ella.

Suspiro feliz. Sale y me acurruco contra su pecho.

—Necesito ir de nuevo al apartamento y buscar mi mierda mañana. Eso será extraño.

—¿Cómo se lo tomó?

Se encoge de hombros, mirando al techo oscuro.

—Mejor que yo, creo, y era el que estaba rompiendo. Creo que después de un tiempo, te conviertes en alguien feliz con el recuerdo de lo que solía ser que no estás listo para dejarlo ir —Quita el cabello de mi rostro y me mira directamente a los ojos, a mi alma— Prométeme, Sakura, que nunca nos convertiremos en eso.

Sonrío.

—¿Me estás pidiendo que sea tu noooooooviaaaaa?

—Marca sí, no, o tal vez.

Pretendo pensarlo por un minuto, y luego me pongo muy seria cuando recuerdo lo que el futuro nos depara.

—Sasuke, me voy en otoño. Me mudo al otro lado del país.

—¿Y qué?

—¿Y qué? Es una gran cosa para un "y qué".

—A mí sólo me queda un año de escuela, y parte de ese tiempo estaré en Costa Rica trabajando en mi proyecto. Así que sí, apestará por un tiempo. Pero luego vendré por ti.

—¿Te mudarías al otro lado del país por mí? ¿Incluso si tienes un grandioso trabajo para ese momento? ¿Incluso si no hay campo de trabajo en Boston o en algún lugar cerca de Harvard?

—Sakura, no puedo vivir sin ti. Me di cuenta de eso cuando estaba sentado en tu pórtico pensando que iba a morir.

Le golpeo en broma.

—Nenaza.

—En serio —La parte de atrás de sus nudillos acaricia mi mandíbula, y besa mi frente— Me mudaría a donde sea por ti.

Lo primero que me pregunto cuando despierto es si lo soñé todo. Me siento y me pongo las gafas, deslizándome fuera de la cama y caminando a la sala. El baño está vacío.

¿Será que Sasuke fue a buscar sus cosas ya?

¿Será que cambió de opinión?

¿Se dio cuenta de que había cometido un error dejando a Karin?

Y luego huelo algo delicioso, lo que es muy extraño, considerando el hecho de que no creo que Ino o TenTen hayan cocinado algún día de sus vidas. Bajo a la cocina y veo a Sasuke en la estufa, volteando un panqueque en un sartén. Me ve y sonríe.

—Por fin llegó La Bella Durmiente.

—Ja, ja. ¿Qué estás haciendo?

—Panqueques de maple, avena y semillas, receta por cortesía de tu mamá.

—¿Mi mamá? ¿Has estado hablando con mi mamá?

—¿No te lo dije? —Desliza el panqueque sobre una pila de los ya cocinados— Me pidió el número cuando estuvimos en tu casa y me ha estado enviando mensajes desde entonces.

Gimo.

—La voy a matar.

—Solo quería conocer al novio de su hija mejor. Y ahora tiene una razón para hacerlo —Se inclina y me besa.

—Ya era hora —dice Ino desde las escaleras, y arrugo mi nariz— Espero que hayas hecho comida para mí también, chico amante —Se desliza en un taburete— No sólo tienes que convencer a la madre de que vales la pena, las compañeras de cuarto son igual de importantes, considerando que ahora voy a tener que ver tu feo rostro por los alrededores.

Sasuke entrecierra los ojos y apaga el fogón.

—Has estado viendo mi feo rostro por aquí desde hace dos meses.

—Estás perdiendo el punto —dice Ino, y bosteza.

—Bueno, por suerte para ti, hice suficiente para ti y TenTen. ¡TenTen! —grita.

—¡Sí, comida de conejo! —vitorea TenTen desde arriba, y resoplo.

Pero no importa si los panqueques son comida de conejo o no. Se derriten en mi boca. —¿Dónde demonios aprendiste a cocinar así? —pregunto, cuando voy por el tercero.

—Solo porque nos hayamos tocado no significa que sepas todo sobre mí —dice Sasuke, e Ino se ahoga en su jugo de naranja.

—Así que, ¿qué harán por el resto del semestre? —pregunta TenTen— Me refiero, si la gente los ve juntos, se darán cuenta de quién es Sakura.

Aclaro mi garganta

—Yo… uhh… creo que voy a dejar el disfraz.

La mandíbula de TenTen cae abierta y los ojos de Sasuke brillan.

—Todas las chicas deberían disfrutar de ser una estrella porno por una vez en la vida.


Sasuke

Sakura se ve grandiosa.

Hoy, sus dos personajes están juntos. Su maquillaje es ligero pero existente y su oscuro cabello cae en suaves ondas por debajo de los hombros. Está usando una modesta camisa y una no tan modesta falda.

No dijo nada de camino a la escuela. Tomé el aventón con ella porque mi coche sigue en el taller. Me pregunto si está nerviosa.

—Te ves grandiosa —ofrezco.

—Sasuke —dice mi nombre débilmente— ¿Crees que esto es seguro?

—¿Qué quieres decir?

Se detiene en un sitio de estacionamiento.

—Quiero decir, todo el campus me ha visto desnuda. Me siento… no lo sé… vulnerable.

Me inclino.

—Si alguien extiende un dedo sobre ti, le romperé por la mitad. Sabes eso, ¿cierto?

Sus hombros se relajan y sonríe.

—Eres un gran hombre viril, sí señor.

Salimos del coche y la envuelvo con mi brazo mientras caminamos hacia el edificio de ciencias.

—Primero, eres un poco aterradora, así que estoy bastante seguro que no hay muchos idiotas dispuestos a comenzar algo una vez que des rienda suelta a ese lado tuyo.

—Muy gracioso.

—Segundo, apuesto a que los dos estamos exagerando y nadie te reconocerá hoy. Quiero decir, este campus es enorme. No todo el mundo puede estar familiarizado con la revista.

Estoy equivocado. Muy, muy equivocado.

Las clases salen a medida que caminamos a través del pasillo del edificio de ciencias. Las cabezas se vuelven. Los estudiantes ponen las manos alrededor de sus bocas mientras susurran frenéticamente a los amigos. Su nombre artístico rebota una y otra vez en las paredes como una pelota de pinball.

—Mierda. ¿Esa es Rylan Willow?

—Lo sabía —silba alguien. Es Brad, luciendo dos repugnantes ojos negros— Jodidamente lo sabía. No me pueden engañar.

Para mi sorpresa, Sakura le dedica una gran sonrisa. Y luego alza su mano y lo quita del camino. Un grupo cercano de chicos se ríen a carcajadas.

—Ves, no es tan malo —le digo.

—No, no lo es.

Un grupo de chicas abren sus labios en sorpresa mientras nos pasan. Una incluso saluda a Sakura con la mano. Sakura la saluda de vuelta.

—En realidad, es un poco divertido —dice.

—Rylan —dice un tipo que nunca he visto en mi vida— Es bueno verte fuera de casa hoy.

—Jesús —murmuro— Eres como un unicornio o algo así.

Sakura me ignora, dándole una sonrisa al extraño.

—Tengo algunas cosas que hacer… transcripciones que llenar. Profesores con los que reunirme.

—¿Ordenaron servicios especiales o algo así? —dice, guiñándome un ojo a mí.

Mis manos se aprietan en puños automáticamente. Varios se han detenido a escuchar y ahora tiene una audiencia. Todos la han visto en páginas, pero probablemente esta es la primera vez que la han escuchado hablar. Y debería haber adivinado que podría manejarlo como una jodida campeona.

Sakura se ríe y agita el cabello.

—Por supuesto que no, tonto. Estoy aquí para darles las noticias. Iré a Harvard.

A medida que el grupo asimila el hecho de que su modelo se irá a Harvard, su móvil suena. Lo saca del bolsillo y lo aprieta contra la oreja.

—¿Hola?

Escucha por un momento, y luego sus ojos se abren. Me mira.

—Sasuke —susurra excitada.

Puedo oír la frenética voz de Ino en el otro extremo.

—¿Qué pasa?

—Lo hicimos. EPE será nacional.

FIN