Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—Gracias.—susurró Bakugo a Sasuke, después de que éste último tratara de ayudar al rubio ceniza en su lucha contra Gaara.

Inmediatamente después, el rubio ceniza golpeó a Sasuke en la boca del estómago dejándolo inconsciente en el acto. Bakugo cargó al pelinegro en el hombro y saltó con él del árbol a la tierra. Se aproximó a Kiba que aún sostenía a la desmayada Sakura entre sus brazos.

—¿Qué estás haciendo, Bakugo?—cuestionó Kiba con los ojos abiertos como platos. —¿Por qué has atacado a Sasuke?—añadió, confundido.

—¿Crees ser capaz de cargar a Sakura y Sasuke en tu estado, cara de perro?—preguntó Bakugo, ignorando las cuestiones de Kiba.

—¿Eh?—Kiba iba a quejarse por sentirse ignorado, pero se asustó al ver la mirada carmesí tan seria. —Bueno, la única secuela que aún me queda del traumatismo craneal que me ocasionaste en nuestra batalla es que me mareo cuando corro. No he probado cargar tanto peso desde entonces, pero no creo que tenga ningún problema mientras vaya despacio ...

—Perfecto.—Bakugo le tendió a Sasuke y le ayudó a colocarlo entre sus brazos. Unos segundos después, Kiba ya tenía a los dos compañeros del rubio sujetos a duras penas.—Localiza el rastro del bostezos y que te ayude ese vago a regresar a Konoha. Si tú o tu chucho detectáis algún olor extraño haz el truco ilusorio de las hojas que hiciste con bostezos para que no os vean.—

—Pero ... —Kiba pasó su mirada de Bakugo a la figura monstruosa de Gaara. Tragó saliva con dificultad.

—No te preocupes de ese enano deforme. Está impaciente de jugar conmigo. No te hará daño alguno.—le trató de tranquilizar Bakugo.

—...—a Kiba le dio un escalofrío al observar los dientes enormes de Gaara. Luego volvió a mirar a Bakugo—Esa cosa te va a matar, Bakugo. Sé que eres fuerte, pero ...No tienes ninguna posibilidad.—

—Vete de una vez, cara de perro. —Bakugo le dio la espalda para centrarse en Gaara que ladeaba la cabeza de forma siniestra.—No creo que tarde mucho en lanzarse a atacar. —

Kiba observó la espalda de Bakugo con asombro.

—¿Es que no conoce el miedo? —pensó Kiba, incrédulo. Pero lo que más le dejó boquiabierto era la visión de su espalda. —¿Siempre ha tenido la espalda tan ancha?—parecía el triple de ancha que la suya y eso que sabía que eso era imposible ya que ambos medían prácticamente lo mismo.

—Te debo una, cara de perro. —dijo Bakugo sin girarse, ya que toda su atención estaba con el monstruo de Suna. Desenvainó a Deku y la sujetó con su mano derecha.

—...—Kiba quiso replicar que era él el que le debía una a Bakugo por sacrificarse por ellos. Pero se contuvo. —¡Es cierto!—gritó con todas sus fuerzas reprimiendo las lágrimas.— ¡Voy a llevar a tus compañeros al hospital y por tanto a salvarlos! ¡Así que me debes una, Bakugo! ¡Y me la pienso cobrar! ¡Pero para eso tienes que vivir! ¡Así que no puedes dejar que ese monstruo te mate, Bakugo!—La cara de Kiba estaba roja por el esfuerzo de alzar tanto la voz y por la vergüenza de alentar a su rival. Se giró, rojo como un tomate, y caminó en sentido contrario con los inconscientes Sakura y Sasuke en sus brazos.—¡VIVEEEEE!—

—¡GUAUUUU!—ladró Akamaru encima de la cabeza de Kiba, animando a Bakugo.

—Je. —una pequeña sonrisa se le escapó a Bakugo. Oyó con satisfacción los pasos de Kiba cada vez más lejos.

Había pasado más de un minuto desde el ladrido de ánimo de Akamaru y Gaara aún no había movido un músculo.

—Qué raro ... ¿por qué no te ha atacado aún?—oyó Bakugo una voz que le sonaba mucho

Bakugo abrió los ojos como platos. Echo un vistazo hacia abajo a la izquierda de donde provenía la voz. Pakkun, el perro de Kakashi, aún seguía allí.

—¿Qué haces todavía aquí, chucho parlanchín?—preguntó Bakugo, molesto.

—Qué preguntas más tontas haces, Bakugo. —Pakkun negó con la cabeza. —Quiero ver vuestro combate. Si tan confiado estás, es que debes ser más fuerte de lo que aparentas. —

—¡Esto no es una película para que te quedes mirando como un idiota! ¡Ni el enano deforme ni yo vamos a controlar nuestra fuerza para que no mueras! ¡Haz algo útil y ve con tu amo tuerto a ayudarle!—dijo Bakugo, aún más molesto que antes.—¡Aquí solo conseguirás lastimarte o acabar muerto!—

—Kakashi no necesita mi ayuda para librar sus combates. Nos encomendó la misión a Sakura, Shikamaru y a mí de traer a Sasuke con vida a la aldea. Kiba culminará la misión, al ritmo que va, en un par de horas. Podría volver al reino perruno con el objetivo que se me asignó completado...—comentó Pakkun con aire distraído.

—¡Pues a qué estás esperando! ¡Desaparece y ve a olfatear culos de tus amigos chuchos!—gritó Bakugo con una vena en la frente.

—No sé si lo sabrás, Bakugo. Pero los perros no solo tenemos un mucho mejor olfato que vosotros los humanos. También tenemos un mejor oído. —Bakugo frunció el ceño, sin comprender. — Te oí, Bakugo. Oí cómo le susurrabas que no podrías mirar la cara a la madre de Sasuke si dejabas que él muriera. A mí me pasa algo similar con Kakashi. Él es mi mejor amigo. No podría mirarle a la cara si me voy al reino perruno como un cobarde dejando que ese monstruo mate a uno de sus alumnos. No soy fuerte, pero me considero un buen estratega. No sé si podré descubrir algo que te pueda servir de ayuda, pero aunque sea solo como distracción, conmigo como mínimo aumentará un 0,1% tus posibilidades de supervivencia. Solo por ello merece la pena quedarme aquí.—

—Tsk. —masculló Bakugo. —Espero que sea verdad lo que dijiste que eras bueno esquivando. No será una agradable conversación comunicarle al tuerto que partí a su chucho en dos por accidente.—

—¡Preocúpate por ti , Bakugo!—gritó Pakkun, alarmado viendo a Gaara saltar a toda velocidad en dirección del rubio.—¡Aquí viene!—

Pakkun y Bakugo saltaron en direcciones apuestas justo un instante antes de que Gaara golpeara con su brazo endemoniado la tierra donde se hallaban conversando. El impacto provocó un cráter de considerable tamaño.

Tanto Bakugo como Pakkun se ocultaron detrás de gruesos troncos escondiéndose de la vista de Gaara. Aunque por motivos diferentes, el perro de Kakashi por el terror que sentía y el rubio, en cambio, para ganar tiempo. Cuanto más rato estuviera Gaara con él, más probable sería que Kiba llegara a la aldea con Sasuke y Sakura.

—¡¿DÓNDE HA QUEDADO TU ARROGANCIA, KATSUKI BAKUGO!—rugió Gaara, la parte demonio haciéndose poco a poco con el control de su cuerpo. Movía la cabeza por todos lados tratando de averiguar el paradero del rubio ceniza—¿NO DIJISTE QUE ERAS UN MONSTRUO? ¿ACASO MENTÍAS, KATSUKI BAKUGO? ¡SAL DE UNA VEZ A JUGAR CONMIGO! ¡AAAAHHH! —se llevó la mano humana a la sien.— Sabía que debía haber mantenido a la chica para jugar con ella ...—se lamentó en un susurro terrible.—¡IRÉ A POR TUS AMIGUITOS SI NO SALES A JUGAR, KATSUKI BAKUGO! —

—¡DEJA DE GRITAR DE UNA JODIDA VEZ, ENANO DEFORME!—gritó Bakugo saliendo de su escondite.

—No eres el más indicado en quejarse de que alguien grite, Bakugo.—pensó Pakkun con una gota de sudor en la nuca.

—Jejeje.—rió Gaara de forma siniestra.—¡ME HACE MUY FELIZ EL VER QUE NO TIENES MIEDO A MI EXISTENCIA! ¡ERES LA MEJOR PRESA QUE HE TENIDO NUNCA! ¡MADRE Y YO ESTAMOS ANSIOSOS DE PROBAR TU SANGRE, KATSUKI BAKUGO! ¡JAJAJAJAJA!—extendió su brazo endemoniado a una velocidad asombrosa hacia Bakugo derribando sin esfuerzo el gigantesco árbol en el que estaba apoyado.—¡SÓLO HACES QUE SALTAS Y CORRER! ¿POR QUÉ NO ME ATACAS, KATSUKI BAKUGO?

—¡TE DIJE QUÉ NO GRITARAS! ¿Y a todo esto, por qué estás tan obsesionado conmigo, enano deforme?—preguntó Bakugo desde otro árbol al que había saltado al derrumbar Gaara el otro. Era una oportunidad perfecta para ganar aún más tiempo para Kiba.

—...—Gaara se puso serio y entornó los ojos.—Porque tienes mis mismos ojos. Ojos que buscan poder y que están llenos de odio e instinto asesino. Igual que los míos. Tienes ojos que están deseando matar a aquellas personas que te pusieron en el infierno llamado soledad. El propósito de una batalla es arriesgar la vida e intentar matar al otro. Sólo el ganador puede confirmar el valor de su existencia.—volvió a sonreír de manera macabra.— Uchiha Sasuke también tenía esa clase de ojos, pero el miedo le acobardó y perdió esa chispa en los ojos. Pero tú aún no te has acobardado. Quiero ver como tu existencia se va volviendo débil poco a poco debido al miedo. ¡TE HARÉ LLORAR DE MIEDO! ¡SABOREARÉ TUS LÁGRIMAS Y LUEGO TU SANGRE! ¡HASTA LA ÚLTIMA GOTA! ¡VEN CON TODO A POR MÍ, KATSUKI BAKUGO!—

El plan de Bakugo era seguir esperando, pero las palabras de Gaara tocaron su orgullo demasiado como para seguir ganando tiempo.

—Uno ha de tener cuidado con lo que desea, Gaara. —dijo Bakugo fulminando a Gaara con la mirada.

—Esos ojos ...—Gaara se llevó la mano humana al cuello para controlar la emoción. —¡TE ESTOY ESPERANDO, KATSUKI BAKUGO!—

—¡Gaara!—en medio del bosque una voz femenina hizo que tanto Gaara como Bakugo voltearan el rostro en esa dirección. Se trataba de Temari que cargaba a su herido hermano, Kankuro. Y es que en la persecución de Sasuke a Gaara, Kankuro se había enfrentado al Uchiha para permitir que su hermano pelirrojo se recuperara. El de Konoha había resultado vencedor dejando al de Suna gravemente herido. —¡Deja de jugar con ese crío y piensa en el plan!—le regañó Temari, con toda la fuerza de voluntad que consiguió reunir. Ya que por dentro estaba aterrada de su hermano pequeño.

—¡CÁLLATE Y DÉJAME DIVERTIR! ¡HAS DEJADO DE SERME ÚTIL! ¡AHORA MUERE, ESTORBO!—rugió Gaara, extendiendo su brazo demoniaco en dirección a su hermana.

Temari se quedó petrificada y cerró los ojos esperando su inevitable muerte. Extrañada al no sentir ningún tipo de dolor, abrió los ojos lentamente. Bakugo se había colocado frente a ella bloqueando el brazo endemoniado con su gran espada a modo de escudo.

—¿Por qué salvas a esos estorbos, Katsuki Bakugo?—preguntó Gaara, confuso señalando a sus hermanos con su mano humana. No era el único confundido, Temari observaba la espalda de Bakugo con los ojos como platos.— ¡Son de Suna! ¡Tus enemigos! ¿Por qué?—

—Por lo mismo que te dije cuando casi matas a Sakura. Odio a los que mienten. No voy a permitir que faltes a tu palabra en el hospital. O me matas tú o te mato yo. Que el superviviente decida el destino de la coletitas y de la momia que le gusta pintarse. —explicó Bakugo

—¡JAJAJAJAJA! —rió Gaara de forma siniestra y maligna.— ¿Y AHORA QUIÉN ES EL QUE MIENTE? ¡NO QUIERES QU MUERAN POR QUÉ NO ERES UN VERDADERO MONSTRUO COMO YO! ¡ERES DÉBIL! ¡ESTA VEZ NO ME DEJARÉ CONVENCER DE DEJAR A MIS PRESAS ESCAPAR! ¡TENDRÁS QUE MATARME MIENTRAS TRATAS DE PROTEGER A ESOS ESTORBOS!—

—Tsk.—masculló Bakugo, molesto por el cambio en la situación.—Joder, coletitas. Ojalá te hubieras metido la lengua en el culo. Estabas más guapa con la boquita callada.—