Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de DaniDarlingxx, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from DaniDarlingxx, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Sesenta y uno

No hay cámaras en el pasillo.

Es mi único pensamiento mientras rompo todas mis reglas y me acerco aún más a ella, la tela de nuestra ropa rozando sin que ninguna parte de nosotros se toque. No lo hago porque sea parte de la misión, o porque me esté preguntando si ella es una asesina, o por alguna maldita razón aparte de que necesito saborear sus labios más de lo que nunca he necesitado nada en mi vida.

Y no hay cámaras en el pasillo.

Nadie necesita saberlo excepto nosotros.

Bella mira hacia abajo por la falta de espacio entre nosotros, causando que un mechón de cabello caiga sobre su rostro cuando vuelve a mirar hacia arriba, con los ojos muy abiertos e inocente y prácticamente rogando que la profanen.

Ella no espera que yo haga un movimiento, puedo decirlo. Piensa que me asustaré con su audaz declaración, y me hace preguntarme qué tipo de hombres la han estado cortejando si huyen cuando esta mujer te dice que te quiere en su cama.

No hago ningún esfuerzo por ocultar el deseo en mi sangre. Dejo que se vea en el párpado de mis ojos, la tensión en mis músculos y el bulto en mis pantalones que está lo suficientemente lejos como para que ella no lo sienta todavía. Todo lo que tendría que hacer es moverse, menos de media pulgada, y sabría lo mucho que la deseo.

Pero no iremos tan lejos. No esta noche, ni nunca. No puedo saber lo que se siente estar dentro de ella si tengo que arrestarla. No puedo saber qué tipo de sonidos hace cuando la toco allí o cómo tiembla su cuerpo cuando se corre. Pero eso no me impide tomar esta única cosa.

Porque no hay cámaras en el pasillo.

Mis dedos apartan el cabello de sus ojos y bajan por su mandíbula, abriéndose paso hasta la nuca, donde puedo sentir su respiración atrapada bajo mi palma.

―Hay demasiado que me gustaría hacerte para terminar todo esta noche ―le susurro, inclinándome lentamente hacia sus labios―, pero definitivamente podemos ponerlo en marcha.

En el segundo en que nuestros labios se tocan, lo juro por toda la mierda, el mundo cambia bajo mis pies. Son más suaves que las almohadas, más como nubes, lo cual encaja teniendo en cuenta lo jodidamente drogado que me pone.

Pero joder, ¿si antes pensaba que me estaba quemando? No es nada comparado con las llamas que me llenan ahora.

Ella también debe sentirlo, porque lo siguiente que sé es que está de puntillas y arqueándose hacia mí, apretando mi camisa como si no pudiera acercarse lo suficiente.

Intento controlarme. De verdad, juro que sí. Pero cuando el brazo que he apartado de ella se envuelve alrededor de su cintura y jadea en mi boca cuando siente cada parte de mi deseo alojado contra ella, me rindo.

Antes de que pueda detenerme, empujo su espalda contra la puerta de su apartamento, haciéndola traquetear sobre sus bisagras mientras la inmovilizo con mis caderas. Su lengua se desliza por la comisura de mis labios, haciéndome gemir, pero no es hasta que sus dientes se hunden en mi labio inferior que realmente me sumerjo.

Nuestros labios pasan rápidamente de la dulce exploración de un primer beso a una necesidad voraz y sucia, y gimo en su boca porque es mucho más de lo que esperaba.

Ella sabe como huele, fresas y calor, y no puedo tener suficiente. Todo encaja. Nos amoldamos al cuerpo del otro como siempre debimos ser, y nos movemos juntos como si lo hubiésemos hecho durante siglos.

Cuando una mano está enterrada en su cabello deshaciendo su peinado elegante, y la otra está firmemente en su trasero que se siente tan bien como se ve, por cierto, nada más importa. Ni siquiera un poquito.

Pero entonces sus manos están en movimiento, bajando por mi pecho, hacia mi cinturón. Una de ellas se va para agarrar la manija de la puerta detrás de ella, la otra agarra mi polla.

Y que me jodan, necesito parar esto.

Separarse de ella duele físicamente. Va en contra de todo lo que mi cuerpo me dice. Pero tengo que hacerlo.

Los dos estamos jadeando, resoplando, con los labios hinchados y el cabello despeinado.

—Paciencia, muñeca —me las arreglo para susurrar, tranquilizándola con unos cuantos besos inocentes más en los labios—. No tenemos prisa.

―A la mierda la prisa. Te deseo; claramente me deseas —enfatiza con un apretón en mi polla que me hace gemir y empujar mis caderas hacia atrás. Mis manos van de ella a la pared, enjaulándola para poder besar ese maldito cuello que me ha estado molestando toda la noche.

―Lo hago. Dios, lo hago. Pero te lo dije, esto no es solo sexo —murmuro contra su piel, tomándola entre mis dientes.

Joder, quiero marcarla.

―Somos jodidos adultos, Edward.

―En realidad, no somos exactamente jodidos adultos ―me río justo antes de encontrar ese punto justo debajo de su oreja que ha demostrado que hace que todas las mujeres en la historia se derritan en un charco.

Aunque no Bella. Por supuesto, no Bella. Ella nunca hace lo que espero.

Oh, está afectada. Eso es seguro. Pero tampoco está dispuesta a darme la satisfacción.

―Oye. ―Me alejo, buscando sus ojos. Puede que no espere lo que encuentro en ellos, pero siempre encuentro algo. Los ojos de Bella son un libro abierto, lo quiera o no, y en este momento, está tres cosas: enojada, excitada y sintiéndose un poco rechazada―. ¿Confías en mí?

A regañadientes, asiente, su lengua se desliza por su labio como si necesitara probar más de mí. Casi me corro con solo mirarla.

―La primera vez que te tenga no va a ser un polvo rápido antes de dormir. Voy a tomarme mi tiempo contigo, haré que te corras más de lo que nunca supiste que tu cuerpo era capaz de hacerlo. Así que confía en mí cuando digo que terminaré lo que empecé. Una y otra y otra vez. Pero primero necesito mostrarte que hablo en serio.