Gracias Pl448 por tus palabras, siempre amables y motivadoras. No va para tanto tiempo, pues solo son 17 capítulos, pero el ultimo no lo tengo escrito en su totalidad, por eso no publico tan rápido. Vienen cosas más complicadas.
Invitado (Guest): Algo así puede suceder... o puede que no, ya veremos dónde nos llevan los vientos de las musas.
Gracias a todos los que leen.
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El sonido seco de un metal cayendo en el suelo la despertó. Abrió los ojos en mitad de la noche para ver a media luz la sonriente mirada arrepentida del causante del ruido: su mismo joven consorte ausente, regresando a su hogar después de 120 días de entrenamiento.
—Lo siento— Susurró Gokú tranquilamente, deshaciéndose de la desgastada vestimenta rota para remplazarla con un decolorado pantalón suelto.
Ella asintió adormilada y volvió a recostarse con esfuerzo. Apenas le era posible conciliar comodidad en el plano casi vertical debido a su avanzado embarazo. Los ruidos se disiparon después de unos momentos y sintió a la figura de su compañero recostarse detrás de ella. Bostezando con pereza y apegándose dispuesto a rodearla en un ligero abrazo.
Al sentir su calor encima, no podía ocultar la incomodidad de dicha acción.
—Sabes— Inició sin tener la crueldad inmediata de objetar sus atenciones— Bardock mencionó ayer… que quizá ya no es necesario que lleve tu olor, no hay mayor vinculo que una cría de por medio— Dio una suave palmada en el brazo que la envolvía —Ya no es necesario molestarte por mantenerme a salvo— Afirmó amistosamente.
—No me molesta— Le sonrió el otro volviendo a recostarse —Yo quiero hacerlo.
Estiró él los cansados pies, acomodándose a voluntad, descansando el rostro en el ahora largo cabello azulado. Sin darse cuenta del terrible ceño de su compañera con una preocupación que rebasaba sus probabilidades de volver a conciliar el sueño. No podía hablar abiertamente de su rechazo sin esclarecer la causa. Para todos ellos la vida era tal cual debía ser, un pequeño mundo resguardado donde todos habrían encontrado un poco de paz…menos ella. Víctima de sus propios temores y mentiras, absorbida por su nuevo estado, incapaz de nombrar en voz alta sus sueños.
Así que se recostó también, ausente de su carcasa física, resignada y rendida bajo la posesión del hombre con el que todos se alegraban de emparejarla, sin querer obviar que no era en absoluto su deseo. Se quedó así, con los ojos bien abiertos. Soñando despierta con otro mundo alterno, donde todos tuviesen cabida en el viejo planeta de su infancia, en el que hubiesen encontrado una vida digna y pacífica, donde cada uno estuviese con su cada cual y esto fuera solo una pesadilla.
….
El costo de esa noche sin dormir se cobraba en sus huesos cansados, Bulma apenas ponía atención a los intercambios del informe del consejo de guerra. Donde aún no comprendía el motivo por el que imperaba la necesidad de que ella asistiese. Recargando el delicado rostro con desgana en sus palmas, mientras miraba a Kramis hablar angustiado de las nuevas problemáticas del cúmulo de criaturas refugiadas.
Los pilotos informan— El nervioso humanoide mencionó—Que hemos perdido los planetas de abastecimiento de aguas— Pausó poniendo atención al rostro de la ingeniera —Han diseñado sus propios escudos con base en los robados a luna Yamoshi, no podemos ingresar.
Ahí estaba su respuesta.
—Puedo decodificar los escudos enemigos— Habló retomando la seriedad que la junta requería. Distraída por las bandejas repartiendo el líquido más codiciado del planeta sin poder alcanzar un vaso de forma decente—…pero necesito saber los parámetros de las nuevas frecuencias que utilizan…— Finalizó, doblando la vista a una de las bandejas que no alcanzó.
—Enviaremos un equipo especial para tomar las mediciones— Otro de los seres rojos en la sala declaró — Pero solicitamos a los terrícolas construir un escudo más eficiente para la nave que llevará a los exploradores saiyan.
Ambos humanos afirmaron su participación, tomando nota de sus deberes próximos.
Llamó su atención uno de los vasos metálicos desliándose con precisión hasta ella, mirando sorprendida el curso directo en que apuntaba. Tomando ahora la palabra el benefactor de su bebida.
—No pueden tomar decisiones sobre mis súbditos sin consultarlo — Protestó Vegeta con una estampa también desaliñada por todo ese tiempo de entrenamiento sin descanso.
—Príncipe— El humanoide prosiguió— Es una misión de riesgo y no tenemos elementos que posean la capacidad de defenderse de un saiyan— Recalcó buscando la aprobación del resto —Que mejor forma de correr el menor riesgo, que enviar a los elementos más fuertes.
—Nuestra cooperación será total cuando proporcionen a nuestra ciudadela los suficientes suplementos para todos los integrantes— Determinó con irrevocable autoridad —Tenemos criaturas vulnerables padeciendo hambre y sed — Hizo una pausa terminando con cierta pesadez—Crías y …mujeres gestantes—Miró con el rabo del ojo a la principal preocupación de su estatuto, sin querer permanecer observando por no levantar sospechas.
La terrícola ojerosa, deshidratada y frágil. A pesar de su jurado rechazo, no podía evitar preocuparse e indirectamente buscar alguna clase de alivio a su condición. Maldecía a su incauto rival de combate que era capaz de verla en ese estado y permanecer tranquilo.
—Lamentamos el desabasto — Kramis intervino —Pero no podemos dar muchas esperanzas si no logramos encontrar otros sistemas con insumos nuevos o recuperar los que perdimos— Intentó hacer notoria la humildad de su declaración —Le ruego que no tome estas medidas como ofensas personales.
Sin mayores problemas, la reunión finalizó para todos. Levantándose los integrantes al mismo tiempo para retomar sus actividades.
Se desplazó Bulma a la salida, con una mueca de incomodidad por el enorme peso añadido.
Perdió súbitamente el balance, el movimiento de su cría punzando con un tosco giro sobre su frágil vientre. Se sostuvo de la primera mano ofreciéndole ayuda. Topándose con sobresalto los ojos intensos que no esperaba tener a tan corta distancia. Tensó su estampa, el príncipe saiyan ante el cálido tacto. Inmóviles rostros hipnotizados uno contra otro. Un minúsculo instante traicionado por el impulso de socorrerla, la enderezó con una delicadeza que no pretendía evidenciar en absoluto. Gruñó una advertencia a la mujer por su descuido, desprendiendo la enguantada mano de la silueta de la joven con torpe lentitud. Se fue acompañado de Shoga, escribiendo las acciones de la minuta, con omisa atención al incidente al igual que el resto.
—¿Qué fue todo eso? — El ligero reproche de una voz la regresó a la realidad. Parada frente a ella el perceptivo perfil del jefe de su casa familiar.
—¿Que? — Ella mintió, desestimando con un ademán de su mano.
—Sabes…—Continuó Bardock, desenvolviendo la cola de su cintura —Jamás me hablaste del tiempo en que estuviste bajo su servicio— Arqueó una ceja con curiosidad vertida en cada mohín de la mujer. Caminando lentamente detrás de ella.
—No hay nada que decir Bardock— Aseguró —Cumplí con lo que esperabas de mi "gran valía"— sentenció, recordándole las mismas palabras que él habría grabado en el holograma cuando les puso a plena disposición de una organización rebelde desconocida.
—Tanto tiempo en su resguardo y no hay un solo símbolo de tu familiaridad — Indagó excluyendo el reproche previo —O la falta de respeto que tienes por cada criatura que conoces — Se aproximó examinando cada gesto—Siendo que jamás te dejas amedrentar por nadie.
—Quizá no me ha dado motivos para irrespetarle —Se defendió ella, cruzándose de brazos.
—O quizá esa palabra rebasó incluso sus límites hace tiempo— Le contradijo aún más molesto.
—¿Por qué no solo me dices lo que piensas? — Pisoteó harta del evidente juicio.
—Te he visto observarlo cuando crees que nadie presta atención— Habló en inflexible voz baja—y lo peor es que él hace exactamente lo mismo— Sostuvo con cínica admisión —Solo quiero recordarte que el precio de romper un juramento de lazo es "a primera rendición o muerte" y dada tu condición, no hay rendición que lo avale.
—Ese maldito juramento es lo que todos los días ronda la falsa libertad con la que compraste mi honor—Rabió ella sin intención de seguir disimulando el tamaño de su molestia —No presumas aleccionarme del peso de sus palabras—Cerró el puño sobre la mesa con los dientes apretados.
—Espero así sea — Replicó la exacta estampa —Pues mi hijo ha vertido suficiente sangre por ti.
El hielo en ese estatuto se enterró entre ambas voluntades. Igualados con la misma mueca inconforme sobre las acusaciones desleales del otro.
—¿Esta todo bien? —El anciano Omori anunció previniendo un rasgo poco común en los conversadores.
—Perfecto— Fue ella la primera en admitir, desistiendo de fijar mayor rencor sobre las delaciones del líder de su casa. Quien enfardó ambos brazos observándola retirarse sin hablar.
—Necesito revisar un par de cálculos— El hombre insistió—Acompáñame por favor.
La condujo a través de los pasillos del complejo tecnológico hasta el corazón de su área personal, donde un monto de planos y trazos se encontraban pegados en las paredes y apilados. Supuso ella se trataba de un área solo visitada por el científico, entrando en su mente la curiosidad por entender cuál sería su papel en dicho sitio.
—Tengo la solución a tu problema— Habló el hombre sin rodeos — Dando un holográfico de diseño en lo que parecía ser una capsula de recuperación reforzada.
Sin comprender dio un vistazo de intriga a su oyente.
—Cuando tu labor de parto inicie— Seré yo quien solicite la atención medica junto con el medico Sarfan —Sugirió continuando con mayor pausa —Anunciaremos que es un nacimiento prematuro, no hay estándares del tiempo completo de gestación de un hibrido — Anunció —Por lo que tu hijo deberá permanecer en incubación hasta que descubramos como cambiar las facciones que delaten al verdadero padre.
—Pero yo… —
—Es él ¿No es así?— Enunció sin tregua a la franqueza —El príncipe saiyajin.
Ella cerró los ojos, virando en dirección contraria como si pudiese eliminar la naturaleza de la pregunta. Asintió sin mas.
—Nadie lo sabrá — El anciano prosiguió — Sarfan tiene una visión mediocre, pero trabaja energía con gran eficiencia— Recalcó derramando su interés de nuevo en su invento —Esta capsula es capaz de camuflar el ki de su ocupante, no podrán encontrarlo a menos que tu confieses donde está.
—Quizá debería aprovechar ese hecho — Externó ella un pensamiento fugaz— Y desaparecernos a ambos de una vez por todas— Agregó con lúgubre desasosiego—Me llevaré al bebé y ninguno se enfrentará…—Exhaló con terca renuencia a aceptar que el único camino posible era decir la verdad. ¿Y si Bardock la exiliaba? ¿Gokú lo tomaría a la ligera también después de que estaba convencido de haber estado con ella? ¿El obstinado Vegeta desistiría de reclamarla por haber ocultado algo así? ¿Se atrevería a retar a su amigo en un duelo a muerte? Peor aún ¿Quién vencería? Cuan fácil hubiese sido no haber confiado en esas malditas hierbas traicioneras que no conservaban efecto anticonceptivo durante un hipervuelo. Pero su hijo era inocente.
—Es absurdo— El anciano la secuestró de la cuesta inservible de preguntas internas —El poder de detección de esos dos es inmenso—Se refirió a los sujetos de los que ella seguramente pretendía escapar —Te encontrarán en cualquier parte de la galaxia que te escondas
—No si logro encontrar la forma de esconder mi propia firma— Insistió la humana—Debe haber una forma de hacerme indetectable.
—Quizá si hablas con la verdad a tu familia— Omori cortó el desatino —…sean capaces de perdonarte— Se cruzó de brazos hastiado de las conjeturas sin pies ni cabeza de la que se supone era una de las mentes mas brillantes de su planeta.
—No lo entiendes— Denegó encolerizada —¡Todos los saiyan son iguales!— Decretó sin importarle lo incorrecto de su juicio —No importa si son criados en la tierra o en la batalla, no importa si son nobles o plebeyos, todos resuelven sus conflictos a golpes.
Le dio la espalda renuente a continuar con la explicación. Nadie podía hacer algo por ella, por su pequeño o los dos hombres a los que no podía permitirse perder. Ya encontraría la forma de evitar esa catástrofe pero por ahora tenía los pies tan hinchados y un cansancio tan severo, que ni siquiera podía pensar con claridad.
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—Apresurate Lemo— La chica de verdosos tonos apremió a su acompañante, un mal presentimiento se anidaba en sus entrañas.
—Kramis dijo que debemos ser meticulosos Cheelai—Copiaba coordenadas y rastros tecnológicos en el escáner de largo alcance, habiendo descubierto por mera suerte uno de los planetas con el liquido vital que tanta falta hacía en ese nuevo mundo.
Para infortunio de ambos, algo más los descubrió a ellos.
—Capitán — La presuntuosa voz de uno de los mejores mercenarios de la galaxia llamó al otro lado del intercomunicador, contemplando a un solo tiro de alcance la pequeña nave incauta justo frente a ellos —Informa a Paragus…que tengo un regalo para él.
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Milk voló en dirección a la alejada choza donde había escondido a su ahora familia. Insegura de que llevarlos a su nuevo hogar fuese lo correcto.
Había asistido ella misma a presenciar la veracidad de la promesa cumplida de su nuevo amo, haciendo chistar a mas de un inconforme ante lo que ahora el asistente real declaraba: anunció a los registros de nacimientos que tenía un vástago nuevo creciendo en un tanque. ¿Donde habría encontrado una saiyajin que decidiera procrear con él? No le habían visto acercarse jamás a una sola hembra mientras abundaban. Mucho menos en el periodo en el que finalmente escasearon. La gran mayoría incluso juraba que quizá ocultaba otra clase de gustos.
"Su madre murió en la batalla" Expió de ese simple modo toda suspicacia y de cierto un par de hembras lo había hecho, pero la enorme sospecha radicaba en que una de ellas era mayor a la edad de su padre y la otra era abiertamente homosexual. Nada cuadraba con lo dicho.
Necesitaban pruebas de su existencia y legitimidad y para fortuna de la terrícola. Su hijo era la viva imagen de su verdadero padre. Nadie sospecharía de su parentesco con el supuesto progenitor que se lo adjudicaba, solo bastaba un engaño visual para hacerlo real y en eso era experta.
Vacilaba en esos pensamientos cuando divisó el humo proveniente de su escondite.
Su corazón casi detuvo su marcha. Ingresó entre la negrura de cacharros ahora incinerados, sentía el vómito de la impresión salirse de sus entrañas, pero un débil movimiento llamó su atención.
De inmediato quitó las tablas y escombros con una fuerza que no sospechó tener hasta ese momento. Murmuraba implorando que no fuese verdad y alcanzó a distinguir un poco de piel entre los escombros.
—¿Maestro? —Lloriqueó sin querer aceptar lo que veía. Un hombre tan herido y maltrecho que apenas podía abrir los ojos.
—No…te ..aflijas — Le sonrió con esfuerzo, tomando aire fresco para explicar —Lo protegí … no pudo… encontrarlo — Señaló el sitio donde habría enterrado al niño para defenderle. Ella corrió cavando con desesperación hasta encontrar el tope de la capsula de crianza y con sumo cuidado la extrajo. Comprobando que el infante continuaba dormitando completamente intacto.
Cuando levantó la vista, inspeccionó detrás y sumido en los escombros estaba el cadáver del culpable de esa atrocidad. Uno de esos miserables sirvientes de la casa de Uri-ka
—Una trampa…de Panbukin— El anciano tosió sin poder contener la sangre que salía de sus orificios. La defensa de su pupilo habría sido brutal, pero sus tácticas fueron las mejores.
—Espera por favor— Ella rogó, haciendo al instante una especie manto donde transportarlo —¡No te rindas! — Le ordenó tomando una cuerda para envolver el pequeño tanque y llevarlo por igual.
Pero el débil ki de su sensei anunciaba que esta sería la última batalla que librase.
Se apresuró haciendo milagrosos esfuerzos por transportarlos en vuelo rápido. Descendió en la casa apenas pudiendo esconder a su hijo en una de las puertas contiguas de herramientas e ingresó sin temor alguno a la propiedad de su amo en busca de alguna capsula de curación.
El pánico estaba desperdigado en todos sus movimientos, al igual que la sangre de su maestro quien ya ni siquiera respondía.
—¡¿Por qué has traído a ese esclavo en estado de muerte?! — Raditz ingresó al escuchar el escándalo en su área de salud. La reprendió sin poder quitar la vista del anciano en su recibidor exhalando penosas bocanadas de aire.
—¡Por favor ayúdalo! — Rogó al dueño de la casa, sosteniendo en protectora pose al indefenso hombre —Haré lo que pidas ¡Sólo ayúdale!
Más todo guerrero que hubiese contemplado de frente la muerte, sabia interpretar sus signos.
—No hay algo que pueda hacerse —Externó el joven examinando con detenimiento.
El anciano tomó el delicado rostro con una mano. Agradeciendo en silencio todo lo que esa niña habría hecho por él. Sus cuidados, su fe y sobre todas las cosas lo mucho que su bondad habría cambiado a su corazón de piedra. Mas que una simple hija, ella habría sido una esperanza. Ahora se rendía no sin antes dedicarle la ultima enseñanza de valor recién aprendida por él.
—Mi querida Milk —Tsuru murmuró —No permitas…— Jadeaba con esfuerzo dando un último apretón a esas suaves manos —Que la venganza…te…consuma.
Cerró los ojos y exhaló.
Tembló ella, cubierta en un duelo repentino. No parpadeó, no gritó, ni lloró. Cargó en brazos el cuerpo de su maestro, dispuesta a darle sepultura solemne lejos de la vista perpleja del joven saiyan que apenas comprendía el tremendo dolor por el que ella debía estar atravesando. No protestó a sus acciones él tampoco.
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—Necesito agua— La terrícola gimió sosteniendo su adolorida cabeza por la falta de electrolitos circulando adecuadamente.
— No estás usando el regulador hídrico— Su padre adoptivo la regañó proporcionado otro vaso del carente líquido a su disposición —En este planeta eso es una sentencia de muerte—Puso en sus manos el pequeño aparato diseñado para insertarse en la piel de su traje térmico.
— No puedo usarlo sin comprometer al bebé— Ella lo alejó, depositándolo en la mesa contigua a su asiento— Su ritmo de crecimiento es mucho mayor a la tasa de adaptación del regulador— Suspiró incapaz de cambiar los parámetros sin arriesgarse a hacer pruebas sobre su hijo—Podría extraer su propio líquido para balancear el mío.
— Hay cientos de otras criaturas aquí— Bardock insistió— Alguna de ellas debe saber que hacer— Se levantó dispuesto a seguir con sus actividades diarias, mucho trabajo por supervisar esos días en la nueva ciudadela en construcción.
— Omori recalcó que somos los únicos vivíparos placentarios — Interrumpió su marcha.
Gine se acercó a la discusión cargando al pequeño crío recién salido en sus manos. Pese a que no había cumplido su ciclo completo no había suficientes fluidos en ese planeta para mantener a su bebé por el tiempo correspondiente en el tanque y ahora lamentaba que su nieto no hubiese podido reutilizar ese valioso recurso.
—No tenemos libre acceso a los condensadores— Externó la saiyan pesimistamente— Quizá debimos haberlo puesto en el tanque cuando aún era posible—Hizo una mueca juzgando la tozudez de su hija terrícola.
—Quizá hay una solución—.Bulma intentó disuadir la carga de esa responsabilidad — Jiya ha hablado de unas cuevas condensadoras— Miró en dirección del líder del clan—Si pudiéramos entrar solo un momento…
— Ese lugar es sagrado— Su padrastro rehusó — Pon un pie ahí y el descontento será aún más intolerable— Advirtió con la vista al resto— No darán indultos por una cría de nuestra raza y su madre— Pausó sembrando el riesgo en la mente de los demás — Algunos ni siquiera piensan que su creación fue de forma voluntaria — Resopló por algunos de los terribles rumores malintencionados, para su fortuna eran sumamente escasos ya que gran parte de este nuevo mundo admiraba sin medida los valiosos atributos de su hijo.
—Tendrás que usar el regulador a riesgo de lo que suceda— Krillin intervino — Nuestras reservas no durarán un día más de seguir usándolas así, aunque todos continuemos otorgándote más de nuestras raciones—Se encogió de hombros sin ánimo de ofender a su análoga.
— Puedo intentar intercambiar algunos favores extra por más agua— Gokú externó ingresando después de terminar sus tareas. Ahora visiblemente preocupado por el estado precario de salud de la fémina, no pudiendo evitar sentirse culpable por no poder cambiar su situación— Los viajeros han encontrado mundos adecuados para el cultivo— Añadió la información escuchada del resto de habitantes—también agua.
— Las raciones de líquidos no son comerciables— Externó el jefe de su casa, hastiado por el cúmulo ridículo de reglas sobre los recursos— Lo dicta la ley del consejo y estarán vigilando a nuestro grupo en especial— Sostuvo su observación, caminando en dirección contraria a su vástago — Continua tu entrenamiento…y tus deberes.
Se fue. Sin notar las cejas consternadas del joven. De poder hacerlo habría cedido su completa ración, pero a esas alturas sería un suicidio con el nivel de entrenamiento que estaba obligado a sostener. Ahora parecía una muy mala idea haber cedido a los deseos de su mujer, pese a lo bien que en su momento se hubiese sentido; un hijo era un gran sacrificio y responsabilidad que desgraciadamente no podía asumir en su propio cuerpo, debiendo pagar por ello la criatura más frágil entre todos ellos, la naturaleza era muy injusta.
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Su usual aguerrido carácter deslucía hoy. Rendida en la negra suerte de su destino. Después de espiar a los seres solicitados, hacia tareas rusticas características del resto de esclavos con los que compartía espacio por vez primera desde que llegó al planeta. Para su desgracia ninguno de ellos buscaba entablar algún tipo de convivencia. No era frecuente que un esclavo promedio viviese más de unos cuantos meses bajo esas duras condiciones y eso representaba que el no mantener apegos funcionara para ellos. Ahora Milk estaba sola por completo.
No impedía que, a mitad de ciertas labores, la tristeza se apoderara de su mente. Su único consuelo consistía en acudir a la sala subterránea a la que solo ella y su amo tenían acceso. Sitio donde su hijo obtenía su tranquilo desarrollo soñando con su ahora distinguible carita en paz.
—Debes estar orgullosa — La voz detrás del tanque de crianza le advirtió su presencia con una nota de recelo —Es idéntico a mi hermano —Declaró sin poder contener la decepción en su tono —Si tan solo conservara el ceño de mi padre sería mas tolerable, pero tengo ahora bajo mi tutela la maldita réplica del ser al que más detesto.
No había una razón concreta por la que mencionara esos factores, pues la joven tampoco parecía regresar una sola de las palabras que salían de su amarga percepción.
Mas no pudiendo fingir un minuto más esa sobre ensayada fortaleza, ella se derrumbó.
—Eres despreciable Raditz—Soltó posando una mano sobre el cristal de su pequeño, corriendo sobre sus mejillas el líquido salobre del dolor sin que pudiera hacer nada para frenarlo.
No fue esa una reacción esperada en absoluto. Jamás la había visto llorar, siquiera mostrar otro tipo de emoción que no fuese rabia o desprecio.
Ella no le infundía ningún pensamiento de interés, pero no podía evitar sentir una pequeña fracción de lástima. Culpaba a Gine por hacerlo blando en esos menesteres. Se había avergonzado de esos atributos siempre, ocultándolos de la vista del resto e imitando al saiyan más fuerte en turno, al principio fue su padre, después el mismo Vegeta y ahora no sabía quien era realmente. Extendió una mano hasta el hombro de la desmoronada mujer no pudiendo evitar ese condescendiente gesto de manera consciente.
Cuando regresó el saiyan a su frío raciocinio normal, quiso corregir su error, pero ella le sostuvo, como un naufrago intentando sostenerse de lo que fuera con tal de no morir ahogado.
Su estómago brincó, víctima del impulso generado por ese indefenso toque. Pesaban los suaves dedos como si se tratase de la masa de un planeta entero. Se encontró a si mismo titubeando nervioso, pues no encontraba en su voluntad la suficiente crueldad para negarle aunque sea ese mínimo gesto de empatía.
Ella reaccionó primero. Asombrada por el gesto amable de su captor de quien no esperaba recibir consuelo. Quitó esa mano con impensable amabilidad, intentando no hacerse ideas falsas de condescendencia. Quizá en el fondo no era realmente un sujeto tan malo.
—Gra..cias— Le costó emitir, limpiando sus lágrimas con el antebrazo y dispuesta a seguir con sus labores. Debía reponerse pronto si deseaba dar un cuidado adecuado al pequeño que pronto saldría de su letargo. Faltaba muy poco para poder tenerlo en sus brazos y no quería dar motivos a su amo de quitarlo de su lado, no sería ella quien infundiría debilidades a su hijo.
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'Continua tu entrenamiento y tus deberes' Su padre ordenó.
Lo hizo así, como todas las cosas que acataba sin chistar, cansado incluso de la repetida insistencia con la que Bardock le obligaba a avanzar o retroceder según la conveniencia del momento. Repasando en ese instante lo que debía hacer al regresar a su hogar, en ese cercano recordatorio cuando sostenían una pelea amistosa como entrenamiento antes de dormir.
—Los últimos días de gestación será más difícil concentrarte— Su padre bloqueaba un derechazo rehusándose a demostrar la verdadera cara del dolor producido. Restauró su defensa arremetiendo de nuevo —Pero no debes descuidar tu entrenamiento— Continuó sin lograr atinar un solo golpe a su propio cachorro super dotado.
—No es problema—el chico le contestó sin esfuerzo en su evasión.
Su padre guardó silencio, renunciando a sus actividades sin previo aviso, solo mirándole con alguna idea oscura atravesada, de esas que siempre precedían a un inminente regaño.
—¿Hace cuánto tiempo no …—Exhaló sin saber cómo formular esa pregunta —Ha llevado Bulma tu marcaje?—Carraspeó incomodo por la naturaleza explícita de sus palabras.
—¿Importa? —Saltó ambos hombros estirándose y bajando la guardia. Entendiendo que el intercambio había terminado. No denotó el cambiante gesto molesto en su mayor.
—¡Si! — Refunfuñó impaciente, cual si explicara lo más obvio —No debes descuidar sus necesidades— Reprendió intentando modular su voz.
—A ella no le importa— El otro replicó con ambos brazos sostenidos en su nuca, la definitiva imagen de la despreocupación.
—Quizá no lo dirá abiertamente— Continuó el excapitán —ella no es saiyan, no sabemos si su naturaleza sea más inestable—Extendió sus motivos acercándose para hablar con más mesura —Debes reafirmar tu marca para mantener a otros alejados— Finalmente trató de convencerle, comprendiendo que quizá la causa de las sospechas previas sobre la actitud de Bulma era producto de la completa falta de interés de su hijo por cumplir sus deberes maritales. Los terrícolas eran criaturas sumamente emocionales y probablemente impresionables en más aspectos carnales.
—Pero tú le dijiste que no era necesario— Se encogió de hombros el menor sin comprender la razón de su error con profundidad. Para él simplemente era una conducta normal.
—Puede que me equivoque— Contestó con más severidad —Ya te lo he dicho …ella NO es saiyana— Suspiró —Puede que sus feromonas no funcionen del mismo modo y atraiga a otros contrincantes.
—Pero es la ley—Insistió ahora más imbuido en esos temas —¡Nadie se atrevería! —Exclamó cansado de defender su postura, sin tener una sola pista de la razón por la que su padre insistía, no habiendo el mismo presenciado amenaza alguna sobre ella o su familia y sin entender poque era tan apremiante hacerle actuar de modos que no tenía necesidad de probar.
—Quizá haya algunos que se consideren por encima de las leyes— Soltó tomando cierta desesperación en las explicaciones. Sabiendo que no tenía tampoco la libertad de decir abiertamente cuales eran sus sospechas, pues seguramente su hijo acudiría a buscar respuestas y el perpetrador de esa problemática lo tomaría como un desafío directo —¡Sólo márcala!, no te debe suponer ningún trabajo—Gruñó desistiendo de continuar, mirándolo de arriba abajo.
Se fue como siempre hacía, sin voltear, sin explicaciones y sin importarle el efecto de sus palabras.
Entró el joven en el taller de la terrícola finalizando el recuerdo de esa charla. Se sentó observando la fuerte estampa de su compañera aun concentrada en sus actividades previas. Nada quedaba de su previa vanidad característica, reemplazada por las duras experiencias a las que habría sido sometida. Sin embargo, conservaba su innato atractivo y quizá el saberlo le devolvería el buen humor de cierto modo.
—Te ves muy bonita— Soltó convencido de sus palabras.
—Lo dudo— Ella se carcajeó con una mano ayudando a enderezar su espalda —Me siento fatal — decidió tomar un descanso y levantarse a estirar las piernas. Acariciando el enorme vientre de manera inconsciente.
Y sonrió él, caminando a donde se encontraba para ayudarle a levantar las láminas de metal que trabajaba. Pero había algo mal en aquella cercanía, pues no sentía en absoluto necesidad de permanecer allí, como antes le habría asegurado su padre que sucedería. Se preguntaba si esa falta de interés supondría una decepción en ella como había también sido advertido. Presenció discusiones en sus padres provocadas por el hecho de que Bardock no reconociera de alguna manera las necesidades de Gine. Tenía que ser verdad.
No tenía el hijo tal necesidad de su compañera. En su lugar había un cariño de modificada intensidad en comparación al principio, quizá siendo un amor prematuro en forma, pero en definitiva estaba convencido de que eso tendría que ser. Tomó entonces la decisión de actuar a pesar de la frecuente falta de motivación, de todos modos, siempre la encontraba en la marcha a desencadenar el curso de sus actos corporales. Se amoldó a ella, sensualmente rodeando por detrás la figura femenina con su marco varonil, posando la boca en su cuello, con una tersa caricia sugerente, subiendo suavemente su mano hasta el amplio escote ahora crecido.
Reaccionó ella de forma aprensiva, volteando con prisa. Sirviendo únicamente para que la acercara con mayor precisión, robándole un beso intenso que torpemente ella rechazó.
—¿Qué haces? — Preguntó riendo y alejándose con un gran nerviosismo, acomodando su ropa y largo cabello en una coleta mal arreglada. Creció su descontrol observando el semblante que ni siquiera en sueños pensó presenciar: la viva estampa rejuvenecida de Bardock con matiz seductor, la penetrante mirada atractiva fija sobre ella y una media sonrisa capaz de hacer saltar el corazón a cualquier hembra a la redonda. Ante su titubeo se aproximó de nuevo, intentando una vez más ceñirse a su cuerpo, tomando su rostro para besarla.
Todos los vellos en su blanquecina piel se erizaban de terror, incapaz de tener otra reacción más que una respuesta iracunda —¡No te atrevas! — Ella aseguró tambaleando una pieza entre manos que le quitó la atención al tirarla. Levantando la vista estaba él de pie, el rostro cercano a su oído en una dominante barrera de musculosos brazos, impidiendo algún tipo de alejamiento— Esperaré cuanto me indiques— Susurró con ternura dando una caricia a su mejilla. Levantó su rostro con una mano, despidiéndose con un corto beso en los labios.
Cuando hubo salido, ella cayó en la metálica silla, sumergida en las calamidades profetizadas por su mente. Pues estaba segura de que no podría ocultar por mucho su mentira, la peor consecuencia siendo el innegable estado de apego en que su supuesto consorte se encontraba. Haciendo avances esporádicos en su búsqueda, como si estuviese empecinado en convencerla en la veracidad de su propio compromiso. 'No puede ser normal' se repetía incapaz de comprender en qué clase de engaño le habrían enredado para hacerlo actuar como un hombre enamorado. Jamás presentó señal alguna de interés en el sexo opuesto, mucho menos en ella y ahora la rondaba seduciéndola, con una maestría completamente inesperada para alguien de su personalidad siempre desorientada o despreocupada. Era enteramente su culpa por jamás atreverse a desmentir el hecho de que nunca fue ella con quien probablemente yació. A esas alturas era ya imposible confesar su error, lo perdería todo.
Quizá la falta de hidratación le jugaba alucinaciones. Como fuese, su prioridad en ese momento era lograr obtener el preciado líquido que la vida de su hijo necesitaba, aunque fuera contra las reglas, no desistiría de salirse con la suya, jamás lo había hecho y no había razones de empezar a reformarse a esas alturas.
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La noticia de la captura de la nave de exploración había volcado la tranquilidad lograda.
La atención a juntas menores estaba a la orden, todos los implicados en defensa y concentración de unidades armaban las estrategias a proseguir en caso de tener que evacuar todo el planeta. Los consejeros saiyan buscaban en directo a los lideres de las tropas, sin perder el tiempo en la formalidad de un salón de audiencias.
—Debemos estar en alerta máxima— Shoga insitía resaltando la severidad de la situación ante el impacible exgeneral—En cualquier momento pueden usar a los rehenes para descubrir la ubicación— Buscaba encontrar algún signo de preocupación del infértil rostro de Nappa.
—Habría sido peor de ser de los nuestros— Fue lo único que atinó a externar.
—¡Son de los nuestros!— Protestó ante el evidente racismo y poca empatía —Sinceramente nunca comprendí porque nos seguiste en esta lucha…— Le reprendió con desagrado, pero sus palabras se extinguieron al percibir que otra persona ingresaba en el recinto. Portando el aroma más adictivo para un macho saiyan, la evidencia del inicio en un ciclo estral —Debo… retirarme— Se levantó rápidamente, sin intentar faltar al respeto de la bienquista casa de Hybanga-ka —Hakusa— Le saludó sin querer seguir mirándola un segundo más. Dando la vuelta con suma torpeza.
Entendió entonces el padre de la joven lo que pasaba, a pesar de que ningún familiar podía detectar esa diferencia entre ellos, era la tercera vez que un hombre tenía esa reacción ante su hija.
—¿Otra vez? — Le dijo regresando al interior de su morada —Debes acudir al área medica por estabilizadores.
—No lo haré— Ella se negó igualando su estampa necia.
—Vas a enfrentar entonces a todos los malditos clase baja que nos rondan— Rabió de solo pensar en la posibilidad.
—No estoy interesada en cualquiera menor a lo que merezco— Declaró convencida en llevar a cabo el plan del que habría hablado a su padre por años, haciendo una movida maestra para convencer al único hombre al que ambos consideraban digno de emparejarla —Ya es tiempo.
—No sé si sea prudente en este momento— Contestó entendiendo la emergencia en puerta, más del mismo modo era algo que también esperaba para su hija, no comprendiendo porque le habría tomado, al principal implicado, tanto tiempo en tomar el primer paso, tal vez necesitaba el incentivo directo—Aunque no podría dar mi aprobación a alguien mejor—agregó.
—Iré a visitarlo —Externó entusiasmada.
—No quiero saberlo— La reprendió esperando no conocer los detalles de las actividades sexuales de su propia hija.
…
Caminó a la torre de la ciudadela, paso con soberbia convicción todos los niveles, atrayendo las miradas curiosas y ansiosas de más de un hombre a la redonda.
Suponiendo todos el lugar que buscaba, no dieron importancia a su marcha. Mas cuando hubo pasado de largo el cubículo médico, más de una ceja se levantó preguntándose el rumbo. El asombro creció entre los pocos testigos que la observaron plantarse frente a los pasillos dirigidos al área donde el líder de su raza evaluaba los reportes del ataque, intentando orquestar un plan de acción acompañado de otro de los lideres del consejo. Abrió las puertas de la sala encontrándose con su objetivo y un distraído robot enorme que no pareció darle importancia.
—Necesito hablar con el príncipe— Le anunció, entendiendo el otro que algún acuerdo debía hablarse, pero no comprendió la urgencia en su retirada hasta prever el estado sumamente rígido, en que el rostro del hombre a quien buscaba se tornó.
—Regresaré a mi cuartel, hoy viajaré con el doctor para dar un reporte de daños — Anunció Jiya tomando de la mesa los planos —Hablaré con el resto de lo acordado— Salió sin que ninguno de los dos le contestara. En definitiva, eran criaturas raras y descorteces los saiyan.
Habiendo quedado solos. Ella se atrevió a cerrar la puerta detrás, intentando no decaer víctima de sus nervios y la añoranza que su cuerpo exigía, teniendo de frente al objeto de su deseo como siempre soñó, una corta distancia para llegar a vivir en carne propia el anhelo de su vida.
—¿Qué es lo que requieres? — Preguntó él esperando que la esencia de lo que percibía fuera un simple malentendido de su parte.
—¿No lo sabes? — Preguntó en tono un tanto inseguro, acercándose mas a una imposible lentitud —No creí que fueses tan ingenuo —Soltó una risilla altiva.
Pero la familiaridad en su trato no fue recibida con buenos ojos.
—Sal de aquí niña— Le advirtió con severidad, recalcando la diferencia de edades, por insignificante que en realidad fuese.
—No— Se negó ella perdiendo toda la timidez previa — Alejas a todos como si no te importara— persistió tomando una ruta errónea inconsciente —Pero tus acciones dicen todo lo contrario —sonrió de forma coqueta y liviana —No tienes porqué permanecer sólo más tiempo — Finalmente externó, intentando tocar la mano enguantada sobre la mesa.
—Tienes agallas para venir a presentar ideas tan absurdas ante la figura a la que deberías tener respeto— Se quitó de inmediato, expeliendo peligrosas señas de advertencia en su lenguaje corporal.
—Y lo tengo— Ella se enderezó digna y convencida —Lo he tenido toda mi vida— Aseveró orgullosa —Te he seguido y obedecido en cada decisión — Señaló sin mentira alguna —Peleado cada batalla en tu nombre, convirtiéndose el nombre de mi casa en refugiados por la pura convicción de tu causa— Decretó con todo el honor de ese significado implantado.
—Sal de aquí Hakusa— Habló con mayor suavidad, completamente consciente de la inquebrantable lealtad a la que se refería, entendiendo su propio compromiso ante tal distinción —Tu padre debe preguntarse dónde estás— Intentó disuadir la incomodidad en la que se encontraba, incapaz por completo de dar gusto a las intenciones de la joven.
—Lo sabe—Ella cortó su prematura marcha colocándose al frente —y lo aprueba.
Sonrió de forma sumamente seductora, sin lograr atinar un solo movimiento de interés en el rostro de su oyente.
—No puedo darte lo que quieres— Contestó con simpleza, no viendo necesidad de ahondar mas en explicaciones. Intentando de alguna forma guardar el respeto casi evaporado entre ambos.
—Ya no soy una niña— Tomó curso de su atrevida imaginación, paseándose con la elegancia de un felino, deteniéndose a escasos centímetros de la aprehensiva estampa alerta del otro. Y dejó a su instinto correr libre—Y te he deseado desde hace mucho— Intentó aferrarlo, liberándose éste en el último segundo, incapaz de experimentar otra cosa más que difidencia. Incluso en si mismo no comprendía porque su propio cuerpo no parecía responder de manera normal, como si de algún modo el espacio determinado para esa fase de su naturaleza no existiese.
Volteó intentando no poner atención a la desilusión en la mirada de la joven. No encontrando la forma de expresar por qué no podía corresponder a su atracción, sabiendo de sobra que esa era la mujer más atractiva de su raza a la redonda o quizá en la totalidad. Pero a pesar de todo lo prominente que esa tentación fuera para cualquiera, esa mujer…no era ella.
La verdadera dueña de sus pensamientos, de todo su interés oculto. De la que era cautivo en sus hermosas formas y enormes ojos azules.
—¿Por qué? —Subió ella la vista desde el suelo, con gran animadversión ante el inminente rechazo, no sintiéndole al convidado nerviosismo alguno o un piadoso titubeo en su dirección.
No obtuvo respuesta.
Un largo momento incomodo se prolongó con ambos duelos latentes.
—¿Es por ella? — Volvió a interrogarle, obteniendo la reacción que le hubiese encantado recibir desde un principio. Saltando él sus hombros de forma espontánea ante la mención.
—No sé de quien hablas— Mintió desviando la vista a los ahora poco interesantes planos, sabiendo que era la defensa más patética para disipar las sospechas.
—Bulma— La mencionó cual si fuese repulsivo, con un digno gesto de su padre —La infeliz humana con la que te apareaste durante tu recuperación— Clarificó por si no fuera suficiente referencia —La sucia criatura por la que rompiste uno de los votos más sagrados de nuestra cultura sin pagar por ello.
Y el estatuto le sacó del confort erigido. Extendiendo ambas palmas en la mesa, de hombros sumidos cual si esperara recibir el más brutal ataque encima.
—Así es— La chica le sonrió complacida —Lo sé todo— Añadió sin ánimo de detener la penosa confesión —Los vi ese día en el hangar, cuando la dotabas de esas costumbres terrícolas con la boca, después regresó impregnada en tu marca y fui yo misma quien le ayudó a escapar de ti— Confesó convencida en haber atinado la mejor decisión entre todos. Tomando un momento para procesar el rojo vivo con el que se cubría el rostro de su líder, no comprendiendo si se trataba de vergüenza o coraje —No había otra forma de proteger tu reputación y evitar que Kakarotto cruzara todo el maldito universo en busca de venganza— Explicó con prisa, sentándose de la forma más casual en uno de los asientos flotantes del muro —Lo habrías enfrentado exhibiéndote como el más grande idiota irreflexivo, víctima de tus propios caprichos.
—Ella… — Le interrumpió no pudiendo escuchar más —No significa nada para mi — Resopló intentando recuperar la ecuanimidad —Estas asumiendo todo equivocadamente— Prosiguió con atemorizante cautela —Prueba de la inexperta cría que aún eres— Finalizó irguiéndose con toda la intención de correrla por la fuerza —¡Largo de mi vista!.
Soltó ella un largo suspiro, no devolviendo la agresión. Convencida de cual debía ser su papel y destino, convencida de que tarde o temprano él habría de pertenecerle.
—Menos mal que no robará un solo lamento de ti… — Se levantó conduciéndose con liviandad hasta la salida —Porque si intenta buscarte de nuevo, seré yo quien acabe con ella.
Advirtió saliendo tan digna como ingresó, indispuesta a aceptar el rechazo y evidencia. Dejando detrás a un hombre arrepentido de todo lo hecho, nervioso por tener que compartir su más grande secreto con una joven tan cercana a los principales lideres de su clan y sobre todo, molesto por el hecho de que fuese la misma terrícola quien tiempo atrás sabía esa información y no se había siquiera dignado a advertirle.
Aunque no había mucho que pudiera hacer, habiendo el mismo interpuesto la barrera para alejarla durante meses. Se molestó una vez más, queriendo sacarse a golpes la insistencia en recordarla, de alguna forma sintiendo en esos últimos días la terrible necesidad de acercarse a pesar del riesgo y deshonra. En el horizonte amanecía y debía dirigirse a la plataforma de despegue, indicándole Merus que ese mismo día iniciarían el resto del entrenamiento bajo su mando, aunque no comprendía que clase de habilidades podría enseñarle un hombre de su visiblemente inferior condición.
_..._
—¡Los prisioneros deben ser dispuestos a la unidad de inteligencia! —El tosco general entró a la salón purpúreo, encolerizado como nunca antes se le habría visto. Si había algo que no toleraba era que su autoridad fuese pasada por alto con tal falta de decoro.
Pero el hombrecillo rosa no se inmutó. Sosteniendo ambos cuerpos en algún encantamiento mientras permanecían suspendidos en el aire con los ojos aterrados bien abiertos. Cual espectros exorcizados en una sesión de espiritismo. De pie frente a ellos Hoi sostenía ambas manos detrás, vigilando su obra como el calmo crepitar de las llamas en una chimenea.
—Antes de venir aquí— Enunció cual si no escuchara el reclamo —Tuve en mi poder un monstruo de tal fatalidad que pensé sería la corona de mi éxito— Continuó sin importarle la descolocada tez del viejo saiyan —Pero pasé la mitad de mi vida en busca del maldito muchacho que le contuvo con su propia vida— Aguzó las marcadas arrugas de su viejo rostro —Hildergarn…era poderoso…hasta que Broly apareció.
Sonrió deteniendo por un segundo el interés del otro. Sospechando a primera orden que estaba por escuchar algo verdaderamente espeluznante.
—Todo ese poder reunido en un solo ser vivo, un fenómeno de la naturaleza —Continuó abstraído en sus planes — Tenía que encontrar la forma de aliarlo y para mi gran fortuna, su tonto padre pensaba lo mismo que yo— Acarició su anillo sin comprender Panbukin esa manía que siempre surgía al declarar una verdad perturbadora.
Hoi volteó lentamente. Los ojos llenos de años y una maldad oculta se fijaron sobre el intruso, dándole un irrevocable respingo de miedo.
—Ahora —Esgrimió la más vil de las sonrisas —Nadie puede detenerme.
Cayó en cuenta de la verdad oculta y desenmascaró al verdadero orquestador de toda esa realidad. Un hombre tan insignificante ante la opinión de los demás que habría pasado inadvertido de sus verdaderas intenciones. Ahora podía hilar que el declive en las acciones normales del joven príncipe estaba ligado a las acciones mágicas que ese maldito habría trabajado en silencio por años. Paragus pensaba que se debía a su rebeldía… pero esa crueldad, se debía a la falta paulatina de su alma. Por fin tenía a su disposición el poder que siempre buscó y Paragus se lo habría proporcionado sin reserva alguna.
Viró hacia el anillo de la piedra negra, con los ojos bien abiertos al sospechar que era un instrumento mucho más siniestro de lo que aparentaba.
El brillo en los colmillos del anciano le anunció que comprendía que su secreto había sido revelado y no temía las consecuencias. Intentando no levantar sospechas de sus suspicacias, Panbukin decidió que debía jugar su mejor carta de actuación en ingenuidad.
—Es un desperdicio que utilices a esa chica de ese modo— Dedicó un lujurioso vistazo a la víctima de sus inhumanos métodos — No puedes saltar el orden de los interrogatorios —Acusó fingiendo recelo bajo un discreto toque en dirección de la joven. Giró sus talones sustrayendo la mano sin replicar el rechazo del viejo a su petición. No valía la pena el riesgo, decidió que habría sido suficientemente convincente y salió soltando el aire que tenso contenía.
Debía encontrar la forma de contrarrestar lo que ese bastardo había logrado o todos enfrentarían el mismo final una vez que consiguiese terminar con la última oposición.
_... _
Ya había soportado demasiado.
Habiendo pasado la tarde llorando por el destino de sus amigos, la imagen de Cheelai y Lemo padeciendo bajo las garras de los impíos villanos le había sumergido en una terrible depresión aunado al desperdicio de agua que eso suponía en su cuerpo. Las hormonas prenatales la estaban enloqueciendo. Decidida, escapó aprovechando la distracción de todos los que dormitaban. Subió a su speeder cruzando la llanura desértica a toda velocidad, driblando las trampas de arenas movedizas hasta encontrar su objetivo en mente. No importándole tampoco el rastro de los insectos mortales que se estrellaban en su casco.
Ingresó a la cueva, alumbrada únicamente por la tenue luminiscencia de su traje, se quitó el casco observando con la boca abierta el hermoso tope de la cueva. Cubierta por hermosos seres brillantes de colores neón, que resplandecían en armonía con una pequeña poza de agua resguardada, una vista sumamente encantadora. No pudo evitar la tentación de sumergirse, comprobó con las lecturas de su traje que se trataba de agua bebible, hundió el rostro bebiendo como un animal sediento hasta suspirar. Sonrió sintiendo el placer de la frescura en su cara, miró alrededor sin descubrir a nadie a la redonda.
Se quitó de inmediato toda la ropa y habiendo quedado completamente desnuda, ató su cabello en una coleta alta, dejando solo un par de mechones libres en su frente por descuido. Lentamente ingresó en la pequeña poza, deleitándose en cada centímetro con que el agua humedecía su deshidratada piel. No habiendo disfrutado un baño decente en muchísimo tiempo. Exhaló complacida estirándose por completo, tan sumergida en ese delicioso placer, que no escucho al guardián plantándose justo detrás de ella.
—Este lugar está prohibido— Anunció ofuscado —Has quebrantado una de las leyes de los propietarios del planeta.
Y ella intentó hundirse sobresaltada por la intromisión. Sintiendo que su corazón se salía del pecho, sin poderse poner en pie por la torpeza en su balance. Cuando finalmente alcanzó la orilla, se cubrió de inmediato, el brazo apenas pudiendo contener el tamaño de sus nuevas formas.
—Yo… — Tartamudeó sin decir palabra. Acto seguido el enojo la invadió —¡No lo siento! — se levantó enfurecida sin importarle ya nada —¡Lo necesitaba!, ha sido muy difícil para el estado en el que me encuentro—Se señaló con el rostro sin dejar de cubrir sus zonas intimas con ambas manos —¡Nadie parece estar dispuesto en este mundo a ayudar a una madre y su bebe!
Y había algo en su estampa que le quitó el discurso arrogante al invasor, una idéntica visión de la criatura que mas extrañaba en el universo, la similitud en sus circunstancias vulnerables le hizo tragar un enorme nudo. Toda ella evocando la misma imagen de Muesli, su fallecida madre.
—Lamento los inconvenientes que la vida en este lugar te ocasionan— Se convenció de no dejarse llevar por sentimentalismos —Debiste solicitar ayuda del consejo— Le reprendió sacando de su resguardo los restrictores para criminales—O de tus lideres saiyan— Expelió haciéndole saber a la perfección que sabía de quien se trataba.
—¿Podrías por lo menos darte la vuelta? —Exigió ella sin dejar de cubrirse.
—No tengo interés alguno en ti— Declaró con soberbia —Vístete para llevarte ante el consejo— Le ordenó pateando en su dirección la ropa que ella habría dejado atrás. Pero cuando ella se agachó a levantarla empezando a vestirse, un terrible incidente ocurrió, cayendo de ella una enorme cantidad de liquido proveniente de su centro.
—¡Espera!— Gritó alarmada mirando en su dirección con el pánico atravesado en los ojos.
—Sin trucos humana— Le gruñó sin ceder.
—¡No es un truco!—Gritó sintiendo más rápido de lo debido la primera contracción violenta —Necesito ayuda— Rogó cayendo al suelo por el dolor que ese movimiento detonaba en su espina dorsal, prosiguiendo una tetanización de sus músculos y sacándole otro grito involuntario.
—Llamaré a tu consorte— Declaró en tono neutral dispuesto a marcharse.
—¡NO! — Ella rogó casi sin poder enderezarse—Por favor— Suplicó desesperada —¡Llévame con Omori!.
—Omori está en una de las comisiones de reporte — La reprendió impaciente, sin comprender la necedad con la que se conducía, pues evidentemente se encontraba bajo un terrible dolor.
—¡Por favor! —Ella volvió a suplicar sosteniendo su vientre frente a otra contracción brutal — Granolah ¿no? — Intentó convencerle apenas jadeando —Por favor tienes que ayudarme.
Cayó al piso, aferrando las uñas con violencia en el suelo de la rocosa caverna, sin entender por qué el curso de su parto parecía acelerarse exponencialmente, contrario a todo lo esperado por un bebé humano. Llorando con ojos pegados en el único ser que en ese momento podía ayudarle.
Paralizado ante la escena, la miró retorcerse haciéndose incluso daño sobre la filosa superficie.
—¡Por los dioses!— Exclamó inseguro de como proceder, simplemente acercándose a ella buscando el mejor ángulo para levantarla, gritando la fémina con todas sus fuerzas mientras sus nervios le avisaban que sería seguramente partida por la mitad —¡Sujétate bien! — La cargó saliendo disparado en dirección de la única persona que pensaba podía ayudarle—Aguanta solo un poco más—Ordenó con el viento sacudiendo su cabello y estrellándole el de la criatura en sus brazos.
…
El golpe de su aterrizaje anunció al morador de ese oasis que su protegido había llegado.
—¿Dónde estabas muchacho? — Preguntó sin mirarlo, pero un gritó le hizo saltar en su dirección —¡Pero que…! —Exclamó viendo con terror lo que el muchacho cargaba en brazos.
—Tenemos una emergencia— Dijo con gran seriedad pese a casi estar ensordecido por el escándalo de los alaridos recurrentes.
—¡¿y por qué la has traído aquí?! — Gritó aterrado—¡Necesita un médico!
—¡Porque ella se negó! — Contestó molesto por el innecesario interrogatorio, colocándola en la hierba suave —Tu eres el único que ha presenciado esto de… parir en otros seres — Indicó manoteando en desespero—¿Qué hacemos? — Le encaró, esperando recibir una solución mientras la otra criatura apenas hilaba palabras coherentes entre berridos.
—Ire por un… —Insistió el viejo namekiano incapaz de pensar en otra solución coherente.
—¡NOO! — Bramó casi poseída—¡Si no me ayudan ustedes mismos, prefiero morir! — Declaró dedicándole a ambos una mirada mortal de ira.
—¿Pero cómo puedo…? — El nervioso anciano tiritó —¿Eres la hija de Bardock? — Preguntó torpemente, reconociendo a la ultima terrícola de la que se hablaba en el planeta —Ve a llamar al padr..
—¡NOO! — Vociferó enloquecida —¡No debe saberlo NADIE!.
Intentó levantarse, flaqueando la fuerza de todos sus miembros, cayendo de bruces al suelo.
—¡Sujétala! — Monite indicó al joven petrificado en el horror vislumbrado.
—¿Qué es esa sangre? —Preguntó el chico sumamente preocupado por el charco del líquido vertido debajo del cuerpo de la mujer.
—No sé si es normal en un parto de su especie— Le respondió el anciano mirándolo con seriedad.
—Por favor— Habló ella en sus últimas fuerzas, cayendo al suelo una vez más —¡Ayúdenme!.
Corrió entonces el ceresiano a socorrerla, levantándola sin saber cómo proceder, de inmediato haciendo ella lo que su cuerpo le ordenaba, agarrándose de los brazos que le brindaban soporte para enseguida comenzar a pujar.
—¡Aguanta un poco más! —El namek se colocó de frente a ella, observando que una forma redonda comenzaba a emerger debajo —No la sueltes—Ordenó al nervioso chico pese al temblor que toda esa situación le estaba costando. Pero la fuerza con la que era estrujado se detuvo, sin dejar de fluir el hilo de sangre de ella, sangre en la que ahora todos estaban parados.
—Se desmayó— Él sentenció, sopesando el peso muerto.
—No— El namek anunció, negando con suma tristeza—Está muriendo.
Y este hecho encendió la rabia del chico, sin poder entender la causa por la que una madre debía morir en esas circunstancias terribles, no pudiendo disociar su propio pasado de lo ocurrido en ese instante en su propia morada. No lo permitiría.
—¡Levántate humana! —La sacudió haciendo un último intento por revivirla, brindando la carga de energía necesaria de su propio cuerpo para recuperarla de las garras de la muerte. Y gritó ella, empujándolo en descomunal fuerza, sacando de su interior a la pequeña cría que enseguida anunció su entrada a ese mundo con vivaces gritos.
—¡Apártate!—El namekiano anunció, retirándosela de encima y trabajando de inmediato en restaurar su agonizante figura. El joven sentado ahora en el suelo levantó en brazos al pequeño. La mirada bien fija sobre la vulnerable forma en su poder. Nada de apariencia tan frágil había jamás descansado en sus manos, el pequeño mechón de cabello era idéntico al de su madre, como él mismo fue idéntico a la suya al nacer; una pequeña colita suave y regordeta se aferraba a su brazo. Por vez primera, sintió culpa del odio profesado a la raza a la que el bebé pertenecía en parte, enterneciéndose en contra de su voluntad por la inocencia que emanaba ese indefenso ser.
Cuando el pequeño se hubo calmado, suspiró agotado, apretando los puñitos y sorprendiendo la precocidad de su desarrollo, pues abrió los ojos fijando la vista en su momentáneo protector. Entendió Granolah a que se debía la insistencia de la nueva madre en mantener en secreto el nacimiento del bebé. Tenía frente así la idéntica mirada y gestos del príncipe saiyan.
—Debo traer a Omori— Exhaló exhausto, discerniendo a la perfección la discreción con la que debía proceder. Dependiendo de ello, la transitoria concordia endeble de la sociedad saiyajin.
