Capítulo 25
En el momento en que Edward me deja en mi casa me siento como la mierda y muy, muy arrepentida por haber terminado con él. Me la paso llorando metida todo el día en mi cuarto y no entiendo cómo resisto el querer llamarlo a cada rato para pedirle que me perdone por ser una idiota y no estar con él.
Debo admitirlo, estoy muy enojada con él por ocultarme lo de Jessica. Me hace sentir tonta que tal vez ella y Victoria se han estado burlando a mis espaldas de mi todo el tiempo hasta poder darme la estocada final mandándome esa foto. Sé que las estoy dejando ganar al terminar con Edward, pero no entiendo qué más hacer.
Recuerdo su cara llorosa y resignada en el coche al dejarme y eso solo hace que yo llore más fuerte, hasta un punto donde mis sollozos no son lo suficientemente bajos y atraigo la atracción de Renee, que toca suavemente la puerta de mi cuarto.
—¿Cariño? ¿Puedo pasar?
Oh, no.
Me las arreglo para limpiarme los ojos – no es como que eso haga mucha diferencia en mi aspecto – y contesto con la voz más grave que logro encontrar.
—Sí, mamá. Pasa.
Puedo ver cómo el picaporte de mi puerta se mueve dramáticamente lento hasta que la cara de Renee aparece en mi campo de visión. Ella frunce el ceño ante mi obvio estado deplorable y no pierde el tiempo en cruzar el rellano de mi habitación y sentarse al lado mío en la cama, tomándome entre sus brazos.
—¿Puedes contarme?
—Dame un momento.
Me doy el tiempo de llorar en el abrazo de Renee y gracias a eso comienzo a sentirme muchísimo mejor. Usualmente no hago esto, nunca le demuestro cuando me siento mal. Ni siquiera lo hice cuando papá murió. En ese entonces tuve a James para consolarme. Mamá ya estaba lo suficientemente acongojada sin tener que pensar en mi dolor también, así que se lo evité.
Pero sé que, a pesar de todo, Renee es la mamá más amable, comprensiva y dulce del mundo. Si le cuento todo ahora, ella no me va a juzgar y, en cambio, me va a aconsejar. Seguramente encontrará la lógica en todo el asunto y me dirá algo estupendamente inteligente para que yo pueda resolver la bruma mental en la que estoy envuelta.
Porque ciertamente, sin importar cuán mal las cosas estén, NO quiero que Edward y yo estemos separados. Solo que, por el momento, no entiendo qué hacer para no estar tan enojada con él por ocultarme cosas.
—Edward y yo terminamos. Bueno, yo terminé con Edward.
El agarre de Renee se tensa un poco debido a la impresión, pero después de unos segundos continúa haciendo movimientos circulares en mi antebrazo.
—¿Por qué?
Suspiro.
—Creo que exageré o no lo sé. Recibí una foto por Instagram toda rara donde parecía que él se estaba besando con Jessica y exploté de celos. Luego no ayudó que lo tuviera que ver enseguida porque íbamos a salir… estaba muy enojada. Trató de explicarme que no era cierto, y pues como que le creí, pero aun así me sentía muy mal, así que le dije que no quería seguir siendo su novia.
Renee asiente por sobre mi cabeza.
—¿Puedo ver la dichosa foto?
Rebusco mi celular entre las sábanas y lo desbloqueo, pasándoselo con la conversación de Instagram abierta, la cual, por cierto, no contesté. Renee la analiza por unos segundos antes de bloquearlo y ponerlo a su lado.
—No parece que se estén besando.
Suspiro.
—Sí, ya lo noté. Bueno, de primera instancia y si lo miras rápidamente si parece y por eso me enojé.
Renee asintió.
—Incluso parece que se la está tratando de quitar de encima, más bien.
—Lo sé— repito gimiendo y sintiéndome como la mierda. ¿En serio mandé al carajo a mi dulce novio por esto? Podría estar comiendo hamburguesas con queso con él en este momento en lugar de estar siendo un desastre en el regazo de mi mamá.
—¿Qué fue lo que te dijo Edward?
—Bueno… es que yo ya sabía que Jessica a veces lo molestaba, pero no estaba enterada a qué nivel lo hacía. Él nunca me lo dijo —explico, jugando con mis dedos para distraerme—. Tal vez si me lo hubiera contado yo no hubiera reaccionado tan mal… ¿yo qué sé? Estoy consciente de que no me engañó; creo en él. Se la pasa pegado a mí como una lapa, no tiene tiempo para engañarme.
Renee suelta una pequeña risita ante mis balbuceos. Claro que no me doy cuenta de que estoy defendiendo a Edward, solo por si acaso. No quiero que mi mamá lo odie.
Si es tonto y hasta cierto punto la cagó, pero lo amo. Nuestra separación no será para siempre; es algo temporal.
—Bella, no necesitas excusar a Edward conmigo —me dice. Abro la boca para defenderme, pero ella niega y la dejo que siga hablando—. Él es tu primer novio, y creí que cuando te rompieran el corazón por primera vez te diría algo como «déjalo ir, amor, hay muchos chicos más».
Resisto el impulso de rodar los ojos porque eso es algo que perfectamente ella me diría y, en cambio, la sigo escuchando.
» Pero sé que no es así para ti ahora. He visto la forma en que se miran y, Bella, ese chico está perdido por ti. Aunque el que esté enamorado de ti no quita el hecho de que siga siendo un adolescente tonto que no sabe del peso de sus acciones, lo cual no es un justificante, pero sirve para entenderlo. Puedo comprender por qué él no te quiso decir nada y también puedo entender por qué tú actuaste en consecuencia tan apresuradamente —continúa; sus manos aún haciendo círculos y caricias reconfortantes en mi brazo—. La realidad es que aquí ambos tuvieron la culpa, pero no es el fin del mundo. Es un bache y todas las relaciones tienen baches. Que ahora — se puso más seria y me volteó a ver directamente a los ojos. Azul contra marrón. Me sentí como una niña pequeña de nuevo—, es importante para mí saber que tú de verdad confías en él y que lo puedes perdonar. Si no es de esa manera, no quiero que te veas envuelta en una relación tóxica donde haya reclamos de tu parte para él porque, cariño, si una mujer va a perdonar algo tiene que hacerlo bien, sino lo mejor es dejar ir.
Asiento sin dejar de verla y lo pienso durante un momento. ¿Lo perdonaría? Claro que sí. Lo perdoné prácticamente desde el instante en que comenzó a llorar frente a mí. Reproducir esa imagen en mi cabeza solo me hizo querer comenzar a sollozar de nuevo como tonta.
Ugh, odio estar lejos de Edward. Literal o figurativamente. En este preciso instante es de las dos maneras y, joder, duele.
¿Pero ahora cómo hago para que me perdone? Dios sabe, yo no soy de las que piden perdón. Es más, toda la vida he sido una clase de perra sin sentimientos que no se lleva con nadie porque me da miedo abrirme con las personas. Edward ha sido el primero que he dejado entrar desde que papá murió (ya que James no cuenta porque a él nunca lo alejé) y de ahí otras personas comenzaron a llamar mi atención y sentimientos: Alice, Emmett, Rosalie, Jasper…
—Lo amo, mamá —le contesto al fin y, sorpresivamente, no me da vergüenza el estar siendo tan abierta con mis emociones. Se siente raro, pero bien el hablar de esto con ella. Es correcto—. No lo quiero dejar ir porque lo amo, pero no sé pedir perdón, ¡mucho menos retractarme! Me sentiría como una tonta.
—A veces tenemos que hacer cosas que no nos gustan por amor a las personas que queremos a nuestro lado, cariño —me explica y yo asiento reticente. Sé que tiene razón, solo debo buscar la forma de arreglar todo sin sentirme demasiado idiota.
—Lo sé, mamá.
—Te amo, Bella, y estoy muy orgullosa de ti, ¿sabes? —me dice, besando mi frente—. Tú siempre has sido tan cerrada con tus sentimientos, con lo que piensas. El hecho de que te abras conmigo para contarme tus problemas me hace ver todo el avance que has tenido en tan poco tiempo.
Siento que mis ojos comienzan a aguarse de nuevo y entierro mi rostro en su pecho cuando le doy un abrazo. Este ha sido uno de los mayores acercamientos que he tenido con mi mamá desde que papá murió y aunque no me encantan las circunstancias, aprecio demasiado el hecho.
—Yo también te amo, mamá.
Al, ¿puedes pasar por mi hoy? — B.
Le envío un mensaje a Alice el lunes muy temprano en la mañana. Solo tiene que dar una ligera vuelta desde su camino para recogerme, así que sé que no le importará.
Sipi. Paso a las 7:40 — A.
Me alegra el hecho de que no pregunte por qué estoy pidiéndole el aventón, aunque sé que todos en la escuela no tardarán mucho en darse cuenta de que Edward y yo hemos terminado.
Aún no recojo el suficiente valor para hablarle y pedirle que regresemos. Es una tortura. Para él y para mí.
Alice y Jasper pasan por mí un rato después de eso y aunque se nota que están demasiado curiosos, no hacen pregunta alguna. Me alejo de ellos después de agradecerles por el aventón y me quedo sola después de eso.
El día en la escuela es una completa y total mierda. Edward me ve a través de los pasillos, pero soy una cobarde y no me acerco para hablarle. Se ve igual de mal que yo; pálido, con ojeras y sin querer a hablarle a nadie. No es ni mitad del día cuando ya está corriendo el horrible rumor de que terminamos.
Veo las miradas venenosas de Jessica y Victoria, pero las ignoro. Perras. No pienso dejar que se salgan con la suya.
El martes casi pasa igual, sin incidentes, pero algo ocurre a mitad del día.
Estoy sentada en la jardinera detrás de la escuela donde Edward y yo hemos estado tantas veces. Ando en mi periodo excesivamente emo, así que estoy evitando a todos. Sé que Edward hace lo mismo, porque no lo he visto en todo el día. Estoy muy triste y quiero llorar porque lo extraño, pero no sé cómo acercarme.
Estoy perdida en mis pensamientos, con las piernas cruzadas y la mirada en mi regazo cuando escucho la voz de James al lado mío.
—¿Bella?
Viene caminando hacia mí lentamente y se sienta a mi lado sin pedir permiso. Su hombro choca con el mío y me alegro de que al menos esta vez no parece que venga en plan hostil. No estoy de humor como para soportar otro de los ataques de celos de James.
—¿Qué quieres, James? —pregunto sin humor—. Si vienes a decirme «te lo dije» será mejor que te lo guardes, porque no estoy de buenas.
James no sabe ni de por de lejos la historia, así que lo más probable es que haya creído todos esos horribles chismes. Especialmente porque es novio de Victoria. Ella seguramente ya le habrá dado la primera plana de lo que sucedió.
Pasa por mi cabeza brevemente el recuerdo de Edward diciendo que James es el responsable y frunzo el ceño imperceptiblemente. ¿Será posible?
Lo miro con curiosidad. Parece de verdad intrigado.
—¿Me vas a contar lo que sucedió? —inquiere.
—¿Qué te habría de contar?
—Bueno, ya no estás con Cullen —lo dice de una manera muy brusca y me recuerda el por qué estoy sentada como perdedora aquí atrás escondiéndome de todos, así que hago una mueca—. Quisiera saber por qué.
—¿Te importa?
Sus ojos relampaguean ofendidos, pero no tarda nada en contestarme.
—Sabes que sí.
Me resisto a resoplar porque incluso para hacer ese tipo de cosas estoy demasiado triste.
—¿Desde cuándo?
—Desde siempre —contesta simple—. Desde siempre me has importado tú.
La manera en la que lo dice me hace sentir un poco incómoda, pero lo ignoro. Lo tomo desde el lado amable: James y yo fuimos amigos por años. A mí también me importa él, no importa cuán asno se pueda comportar a veces.
—Edward y yo terminamos hace unos días —le respondo, mirándolo. Soy incapaz de ocultar las emociones que siento en este momento, pero la que más me gana es la tristeza.
Lo que digo a continuación, lo hago con la clara intención de ver la reacción de James. Él no es muy bueno fingiendo, ni siquiera mintiendo. Sus emociones siempre explotan en su rostro y lo conozco demasiado como para que me mienta.
—Me engañó —explico.
Me mira boquiabierto; genuinamente sorprendido. Si está fingiendo, lo hace demasiado bien.
—¿En serio?
Asiento, queriendo llorar, pero no por lo que pasó, sino porque extraño muchísimo a Edward. Lo quiero conmigo de vuelta tan desesperadamente que siento que me arde el pecho.
—Sí —contesto en un hilo de voz.
Veo la cara de común enojo de James y contengo mi mueca.
Es obvio que Edward no tenía razón. Él definitivamente no tuvo nada que ver.
James es demasiado transparente en muchas cosas, y su enojo justo ahora no es actuado. Él de verdad cree que Edward me engañó.
—No intentes nada, por favor, James. En serio —le pido.
—Es un jodido idiota —sisea.
Tal vez tiene razón. Yo también soy idiota. Es por eso que estoy sentada aquí regodeándome en mi dolor en lugar de buscar a la única persona que me hace feliz.
Suspiro y junto las rodillas a mi pecho, volteando la cabeza hacia otro lado. Ignoro la presencia de James hasta que él vuelve a hablar después de unos minutos, pero no me da tiempo de contestarle porque se levanta y se va.
—Lo arreglaré, Bella. Te lo prometo.
Amé demasiado el acercamiento Bella/Renee de este capítulo y tmb lo que puede ser el regreso de la amistad James/Bella. ¿Qué les parece eso? ¿Creen que de verdad él haya tenido algo que ver y Edward tiene razón?
No se preocupen, esta pelea ya no durará mucho más; ya vimos que Bella no tiene intenciones de alejarse de Edward. Sólo necesita encontrar valor para hablar con él.
¿Reviews?
¡Nos leemos el lunes!
