Capítulo 27
Como Alice llegó terriblemente tarde por mí, cuando entramos a la escuela la campana ya ha sonado y no veo a Edward por ninguna parte. Compartimos economía en la segunda hora, por lo que no tardaré en verlo, pero primero necesito hacer algo importante.
Espero pacientemente en los pasillos a que la hora termine ya que el profesor Callahan no dejó que Alice y yo entráramos a inglés debido al retardo. Jasper es un maldito suertudo y entró a laboratorio sin problema.
Finalmente, la campana suena anunciando el fin del periodo y Alice se despide de mí para ir a su clase de arte. Espero pacientemente en el pasillo a que este se despeje y veo cómo Jessica es una de las últimas personas en salir del salón de inglés.
—Jessica —la llamo, intentando mantener mi tono neutro. Ella vuelve su rostro hacia mí burlón. Victoria está a su lado, pero no se ve tan animada como su amiga. Supongo que James no mentía cuando dijo que terminaron.
—¿Qué quieres, Bella? ¿Un hombro para llorar?
Le alzo la ceja.
—No sé qué esperas, pero no voy a caer en tus provocaciones de mierda —le digo, manteniendo mi voz baja. Hay personas en sus casilleros echándonos miradas curiosas, pero nadie se acerca para poder escuchar lo que decimos.
—¿Entonces? —me pregunta fingiendo curiosidad, pero puedo ver cómo aprieta sus libros entre sus manos y cómo sus nudillos se ponen blancos—. ¿Vienes a reclamarme porque ahora estoy con Edward?
No me contengo para rodar los ojos.
—Deberías tener algo de dignidad, ¿sabes? —resoplo—. Estoy consciente de que siempre has estado celosa de mí, pero ¿esto? Fue caer muy bajo, Jessica. Muy, muy bajo.
—No sé de qué me estás hablando.
—Sabes que Edward te puede acusar por acoso cualquier día, ¿verdad? —comento, alzando la voz. Muchos de los alumnos que quedan en el pasillo dejan de hacer sus cosas y voltean curiosos cuando me oyen decir eso.
Jessica se remueve nerviosa cuando nota las miradas y veo cómo Victoria se hace hacia atrás, alejándose de ella.
—Estás inventándolo —se defiende, pero su voz tambalea.
Frunzo el ceño y me cruzo de brazos.
—Te la pasas molestando a mi novio, Jessica —oigo varios silbidos de burla y un «uuh» detrás de mí, pero lo ignoro—. No sé qué definición tengas tú, pero para mí eso es acoso. Hazte un favor; consíguete a alguien que te quiera y deja de estar de arrastrada.
Su boca se vuelve una línea.
—¿Quién te crees tú para hablarme así? —chilla y luego da una media sonrisa—. Todo lo que hicimos Edward y yo fue porque él quería.
—Deja de mentir. Todo el mundo aquí sabe la manera en la que lo molestas, y no estoy dispuesta a aceptar más de tu mierda —le digo, tratando de mantener mi voz neutral. No quiero ponerme a gritarle, aunque tengo bastantes ganas—. Hablo en serio, deja a mi novio en paz. La siguiente vez no voy a ser condescendiente contigo.
Con eso, me doy la vuelta, no dispuesta a llegar tarde a mi siguiente clase, pero ella me jala del jersey y me obliga a mirarla. Me suelto rápidamente.
» ¿No te das cuenta de lo infantil que eres? —esta vez casi grito, no dejándola hablar—. Ya madura. Cuando salgamos de aquí y si es que el cerebro te da para ir a la universidad, nadie te va a conocer. No serás importante. Es más, ni siquiera ahora lo eres. Eres gris, mezquina y nadie te soporta, Jess. Ya ni siquiera Victoria lo hace.
—No, yo… —pausa, volteando a todos lados buscando a la pelirroja, quien había desaparecido detrás de ella hacía ya un buen rato.
Ruedo los ojos.
—Ahí está tu amiga —resoplo—. Suerte, Jessica —digo antes de darme la vuelta e irme, dejándola con la palabra en la boca.
De nuevo no me da tiempo de buscar a Edward en el periodo libre, pero cuando entro a la clase de economía él está sentado en una de las esquinas. Me mira atentamente cuando entro al salón y mi corazón se rompe con la visión. Tiene ojeras y parece que no ha dormido bien, y de alguna manera sé que es un reflejo exacto a mi yo de hace unos días. Pero ya no más.
Camino por el salón y me siento en la banca contigua a la suya. Él me mira sorprendido, pero espera a que yo hable.
—Hola, Ed —saludo. Mi voz suena más tranquila ahora que me he desquitado con Jessica, y casi puedo sentir cómo mi corazón se vuelve esponjoso ante la visión de mi novio.
Bueno, aún no es mi novio, pero con suerte para el final del día lo será de nuevo.
Me da una media sonrisa, entre triste y derrotada y frunzo el ceño ante la visión.
—Hola, Bella —me responde de vuelta. Acerco mi banca a la suya, haciendo un extraño chillido que hace que algunos volteen la cabeza hacia mí, pero cuando los miro mal regresan a sus asuntos. Estoy muy cerca de Edward y seguramente me separarán de él cuando el maestro entre, pero no me importa.
Lo miro directo a sus ojos verde hierba y coloco mi mano sobre la suya, que está sobre la mesa.
—Te extraño —digo sin rodeos en voz baja. Sólo él puede escucharme—. Ya no quiero estar peleada contigo y quiero seguir siendo tu novia, porque cuando no estamos juntos se siente como si no pudiera respirar de manera correcta.
Sus ojos se abren de manera casi cómica y la sonrisa más bonita aparece en sus labios.
—¿Hablas en serio?
Me sonrojo, bajando la mirada hacia mi regazo por la intensidad de su mirada.
—Sí.
Siento como su mano libre acaricia mi pómulo y toma de mi barbilla, obligándome a mirarlo.
—Te amo, yo tampoco quiero estar peleado contigo ya —susurra—. Tal vez deberíamos hablar de esto en otro lado.
Sonrío.
—Sí, lo sé, esa era mi idea original, pero te vi aquí y supe que no podía aguantarme todo el día las ganas de estar contigo. No me importa de lo que tengamos que hablar, pero ¿me besas?
Él suelta una risita asintiendo, y de repente ya no se ve mal como hace unos minutos cuando entré al salón. Sigue teniendo ojeras, pero sus ojos vuelven a brillar como siempre y la felicidad en ellos es un reflejo de los míos.
No estamos muy lejos el uno del otro, así que se acerca a mí dejando que nuestros labios se junten. Es un beso tierno, lleno de cariño y añoranza. Todos los días que estuvimos separados desaparecen, y me siento tonta por haber dejado escapar todo lo que tenemos él y yo, incluso aunque fue efímero. Estamos destinados, y tal vez somos muy jóvenes aún como para decirlo, pero para mí es así.
—¡Señorita Swan! ¡Señor Cullen! —ambos saltamos cuando la voz del profesor Gallerno nos saca de nuestra propia burbuja personal, y nos separamos reticentes, pero de manera rápida—. Los dos saben muy bien que las muestras de afecto en el salón de clase están prohibidas. Me temo que tendrán que ir a detención saliendo de la escuela.
Ambos asentimos asustados, ignorando las risitas burlonas de nuestros compañeros. Un minuto después cuando el profesor se voltea para escribir en el pizarrón, miro a Edward y él me mira a mí.
—Valió la pena —articula con los labios, sin hacer ruido alguno. Río en voz baja y asiento, devolviendo la vista al frente.
Demonios, sí. Valió la pena.
Después de las eternas dos horas de economía, la campana suena anunciando que el almuerzo ha comenzado. Edward y yo salimos del salón poniendo distancia entre nosotros ante la mala mirada del maestro, pero en el pasillo nos volvemos a tomar de las manos. Lo jalo de la mano hacia nuestro lugar secreto, y se siente como todas esas veces anteriores a nuestra pelea.
A Edward le gusta ser jalado por mí, especialmente porque yo soy mucho más bajita que él. Todos nuestros amigos coinciden en que es bastante gracioso, de hecho.
Nos colamos detrás del edificio principal a nuestro lugar secreto, detrás de las jardineras de la escuela. Esta vez somos más sigilosos, temiendo que nos pongan un castigo sobre otro. Renee no se sentiría muy feliz si la llaman por mi culpa.
Edward se sienta detrás de un árbol y yo me acomodo a horcajadas sobre él, como en los viejos tiempos. Afortunadamente, el árbol nos tapa lo suficiente como para no ser vistos si alguien decide que sería buena idea interrumpirnos.
—Te amo —dice, arrastrando su mejilla contra la mía—. No sabes lo mucho que te he extrañado.
Mis ojos se llenan de lágrimas rápidamente.
—Yo también, no sé estar sin ti —admito, chocando mi frente contra la suya y viéndolo directamente a los ojos. Después de medio minuto suelto una risita ahogada—. Somos unos exagerados, no fue ni siquiera una semana.
—Se sintió como una eternidad —se queja, haciendo un puchero que atrapo entre mis labios, lo que lo hace sonreír—. Amo este jersey — dice cuando nos separamos y yo suelto una risita cuando mete su cabeza en la solapa de mi cuello.
—Lo sé.
Pasan unos segundos hasta que él vuelve a hablar.
—No es que no esté contento, pero ¿puedo preguntar a qué se debe este cambio inesperado?
Me encojo de hombros y él aprieta su agarre en mi cintura.
—Ya lo había decidido de por sí, pero… —me muerdo el labio, recordando la conversación con James. Lo más prudente es decirle, especialmente porque así tal vez, sólo tal vez, él lo deje de odiar.
Edward deja de chocar su nariz con la mía cuando se da cuenta de que me puse seria.
—¿Pero?
—Quiero que sepas primero que nada que yo te creí desde el momento uno, Ed —le digo seriamente. Él asiente—. La única razón por la que terminé contigo es porque estaba enojada y no lo pensé con la cabeza fría… actúe precipitadamente y te herí y no me lo perdono.
—Hey —toma mis manos entre las suyas—. No hay nada de qué perdonar, fue un error de ambos. Esto pasa cuando no hay comunicación, ¿no crees?
Asiento.
—Así es, no la había, pero ya la hay y no volveremos a cometer ese error, ¿cierto? —espero a su confirmación no verbal y una vez que lo hace prosigo—. Bueno, el caso es que ya había decidido que hoy te hablaría y sí, eso iba a hacer, a eso venía, pero James me hizo una visita esta mañana antes de la escuela.
Siento el cuerpo de Edward tensarse debajo de mí y sus manos se sueltan de las mías, pero las atrapo rápidamente alzando la ceja.
» ¿Qué dijimos de la comunicación? —le pregunto en un tono juguetón de reclamo. Me sonríe avergonzado.
—Lo siento, los celos son una perra.
Ruedo los ojos.
—Dímelo a mí —resoplo—. Bueno, el caso es que venía a decirme que terminó con Victoria y…
—Te pidió una oportunidad.
—No, en realidad quería que yo supiera que…
—Que te quiere, ¿verdad?
—Edward, ¡deja de interrumpirme! —golpeo su hombro sacándolo de su estupor y no puedo evitar carcajearme con su mirada de asombro—. Dios, ¡eres un desastre!
Me agarra de los antebrazos obligándome a quedarme recta frente a él.
—Sí, lo soy, porque te amo y él me hace sentir celoso e inseguro y no me gusta sentirme así —admite.
La risa se me va del cuerpo en cuando dice eso y lo miro tiernamente, separándome de su agarre para pasar mis brazos por su cuello.
—Yo te amo a ti, tontito —suspiro de felicidad en la curva de su clavícula—. Nunca podré amar a nadie que no seas tú.
Edward se aprieta más contra mí.
—¿Y entonces James?
—Bueno —me yergo para verlo frente a frente—, como te estaba diciendo antes de que me interrumpieras…—rueda los ojos—. James fue a decirme que terminó con Victoria y me contó que ella había sido la que planeó todo este enredo junto con Jessica.
Edward deja salir el aire.
—¿Ves? Te lo dije, amor.
—Lo sé —acaricio su mejilla—. Y James no tuvo nada que ver.
Frunce el ceño.
—Hace unos días él me abordó y me dijo lo mismo, pero no le creí.
—Hablaba en serio —le confirmo—. Y vino a contarme lo que hizo Victoria porque sabe y está consciente de que mi felicidad eres tú.
—Pero te quiere para él, Bella.
Asiento y él se tensa.
—Antes lo hacía —le explico—, pero ya no. Aceptó que te amo solo a ti y que nunca tuvo oportunidad. Piénsalo, si de verdad hubiese querido que estuviésemos separados no me hubiera contado nada, ¿no crees?
—De todas formas ibas a venir a buscarme.
Le sonrío.
—Sí, pero eso él no lo sabía.
—Supongo.
Río porque sé que no lo quiere aceptar, pero ya está relajado. Al menos la idea ya está en su mente.
—Nunca te voy a obligar a que tengas que soportar que yo esté con alguien que te hace sentir inseguro, Ed —comento, acariciando el cabello detrás de su oreja, ocasionando que tenga un escalofrío como siempre que lo hago. Me muerdo los labios para evitar sonreír y continúo hablando—. James es mi amigo, y triste o no, lo quiero, pero mantendré mi distancia con él por ti, porque tú vas primero que todo lo demás. Sin embargo, no quiero tener que prometer dejar de hablarle o eliminarlo completamente de mi vida, porque él ha sido parte de ella por muchísimo tiempo.
Edward asiente.
—No quiero que me prometas eso —dice—. Confío en tu amor por mí, y puedes ser amiga de James todo lo que quieras. Esa no es mi decisión.
Sonrío.
—Sabía que dirías algo así, pero mantendré mis distancias por si acaso —acaricio su pómulo—. Ahora que ya lo hablamos y estamos bien, ¿te puedo hacer una pregunta?
Edward me mira curioso.
—¿Qué es?
—¿Quieres regresar conmigo?
Sonríe.
—Estaba esperando a que me lo dijeras —comenta fingiendo sentirse ofendido y yo hago un puchero cuando tarda en contestar—. Claro que sí, amor; en lo que a mí respecta nunca dejamos de ser novios.
Río extasiada y me pego más a él si es posible, lanzando mis brazos alrededor de su cuello. Me muevo sobre él después de unos cuantos besos, provocando que se ponga duro debajo de mí y que gima contra mis labios.
—Deberíamos detenernos antes de que nos vean y nos pongan otro castigo —me dice, con su respiración escuchándose dificultosa. Asiento reticente, pero sigo besándolo por todas partes: sus mejillas, su frente, su nariz. Se ríe, hasta que escuchamos el sonido de la campana de nuevo.
Me quito de encima de él y Edward hace lo mismo, acomodándose los pantalones en el proceso, lo que me saca una risita que provoca una mala mirada de él.
—Búrlate, es tu culpa —se queja, pero me toma de la mano para comenzar a caminar de regreso al edificio de la escuela—. Vamos, vamos. Aún tenemos algunas clases antes de cumplir nuestro castigo.
Qué hermosossss, ya me urgía que estos dos estuvieran juntos de nuevo; por ellos sigo creyendo en el amor.
¿Qué les pareció el capítulo? ¡A mí me encantó! Es de mis favoritos, empezando por el hecho de que Bella por fin puso en su lugar a la odiosa de Jessica jajaja.
¿Merece review?
¡Nos leemos el viernes!
