Capítulo 28

—Rojo, ¡tiene que ser rojo! Es el color de la pasión y del amor —mi mamá dice a un lado mío. Mi boca se tuerce en una mueca, porque es de mí y de mi vestido de quien está hablando, pero no hago comentario alguno.

Alice, Rose, Renee y yo estamos en un viaje apresurado a Port Ángeles buscando mi atuendo ideal para el baile de invierno. Como la semana pasada Edward y yo estuvimos peleados, cancelé completamente la idea de buscar un vestido porque, bueno, en ese entonces decidí que yo no iba a ir. Pero mírenme aquí, tragándome mis palabras.

Por suerte para Edward, Esme decidió comprarle un esmoquin desde el momento en que le contó que me pediría ir al baile, así que él no tiene que sufrir la búsqueda del atuendo perfecto, solo yo.

No es como que me moleste salir de compras, ¡pero llevamos más de tres horas en el centro comercial! y que nada de lo que me he probado me ha agradado o ha recibido el visto de Alice, lo que significa que no llevo ningún avance.

Sin embargo, ahora mismo Renee está moviendo varios vestidos largos de coctel de las perchas y veo por el rabillo del ojo un destello de encaje.

—¡Espera, mamá! —digo poniéndome a su lado y sacando el gancho que me llamó la atención.

—Oh, Bella, ¡es muy hermoso! —Alice aplaude poniéndose a nuestro lado—. ¡Pruébatelo!

Miro el vestido. Es de un rojo cereza muy bonito y favorecedor, la parte de arriba es un tipo bralette de encaje en el estómago con mariposas y la falda cae a partir de la cintura de manera vaporosa con un tul igual de bonito hasta por debajo de las rodillas. No tiene mangas, lo que lo hace lucir bastante delicado.

—Quedará muy bonito, incluso si tienes que ponerte tu abrigo negro por encima —Rose comenta en apreciación, sintiendo la tela del vestido—. Lo apruebo, y ni siquiera te lo he visto puesto.

Renee asiente emocionada y me empuja a los probadores. Ruedo los ojos porque trastabillo un poco, pero finalmente logro llegar sin matarme a medio camino.

Cuelgo el vestido del gancho que hay en una de las paredes en el probador y me miro al espejo, inhalando y exhalando.

—Okey, Bella, llevas toda la tarde buscando un jodido vestido y este es perfecto —me digo a mí misma, apuntándome con el dedo—. Deja en paz tus inseguridades de mierda; te tiene que gustar porque es hermoso.

Probablemente es estúpido hablar conmigo misma, pero me sirve muchísimo.

Me quito los jeans y la blusa antes de acomodarme la ropa interior lo mejor posible y entrar en el vestido, el cual me queda como un guante. Ni siquiera batallo en subir el cierre, puedo hacerlo yo misma.

Es entonces, una vez que ya lo tengo puesto, que echo por fin una mirada en el espejo. Observo los detalles de mi piel blanca a través del encaje y no me molesta lo que veo. Las varillas del bralette me levantan los pechos y oh, por Dios santo, parece que tengo un escote hermoso y digno de ser admirado. El vuelo de la falda hace que mi cintura se vea pequeña y enmarcada y me encanta.

—¿Ya, Bella? —Renee pregunta desde fuera del probador. Todas están esperando para que se los muestre.

—¡Es este, mamá! —grito—. ¡Lo amo!

—¡Sal ya, Bella! ¡O me dará un ataque! —Alice chilla a través de la puerta. Ruedo los ojos porque seguramente lo que dice es cierto, así que salgo rápidamente del probador y me paro ante la mirada atenta de mi mamá y amigas.

—Bella, ¡es hermoso! —Rose es la primera en decir—. Ese color le va perfecto a tu piel y amo la transparencia de encaje.

—Sí, es perfecto, Bella —Alice asiente, acercándose a mí y volteando a mi alrededor para verme con lujo de detalles—. Te queda hermoso, ¡y es justo de tu medida! Es perfecto porque mandarlo a arreglar tardaría unos cuantos días.

—¿Qué dices, mamá? —pregunto mordiéndome el labio emocionada. Renee me lanza una sonrisa deslumbrante.

—Digo que ese es el indicado —dice y mira a la dependienta—. ¡Nos lo llevamos!


Diez días después estoy sentada en el tocador de mi cuarto con mi mamá detrás de mí haciendo ondas en mi cabello. Alice nos dio la idea de hacer en la parte de enfrente un clean look* adornarlo con perlas, mientras que por detrás mi cabello cae largo y suave hasta la cintura. Me encanta la manera en la que me veo.

Mi maquillaje es bastante suave, en tonos café y terracota y mis labios van con un gloss rosa palo. Mi mamá me ha prestado uno de sus tantos pares de tacones, esta vez en un bonito tono plateado, y yo me he comprado una cartera a juego. De accesorios llevo solamente mi relicario de corazón, un regalo de Edward.

—Me encanta, mamá —digo en cuanto termina de ponerme las pestañas y por fin me miro. Renee parece estar vibrando de felicidad.

—Oh, Bella, ¡siempre quise arreglarte yo misma para un baile! —chilla emocionada—. Te ves hermosa, ¿crees que debí haber estudiado estilismo o algo así? Ciertamente tengo talento. ¡El hospital de Forks no me merece!

Me río ante su muy habitual muestra de entusiasmo, pero no contesto porque en el frente suena el conocido pitido del coche de Edward. Renee alza la ceja hacia mí.

—Ese niño, siempre tan puntual —murmura caminando hacia la puerta—. Voy a abrirle, pero tienes que hacerlo esperar. ¡Cinco minutos, Bella!

—Sí, mamá —respondo riendo. Me pongo los tacones y meto en mi pequeña bolsa todo lo que ocuparé esta noche: mi celular, mi cartera, mi gloss para retocarme y un pequeño espejo. Una vez que el reloj marca los cinco minutos, tomo una fuerte respiración y salgo de mi cuarto.

La escalera que da hacia la entrada está adornada con guirnaldas navideñas y luces, al igual que todas las otras habitaciones. Renee ama esta época y tiene más adornos de lo que podría contar, por lo que el frente de nuestra casa ciertamente le hace competencia al centro Rockerfeller.

Cuando llego al inicio de las escaleras, Edward me ve por primera vez. Estoy tan conmocionada como él, y nos vemos como si sólo nosotros dos existiéramos en el mundo.

Él está guapísimo.

Lleva una rosa roja en el saco, así como también un moño. Ambos del color exacto de mi vestido.

Bajo la escalera con cuidado por miedo a caerme, y él me da una mano cuando llego al último de los peldaños, aún demasiado ensimismado en mí.

—Bella, eres la mujer más bonita que he visto en toda mi vida —me besa en la mano—. Qué afortunado soy.

—¡Ahh! —Renee chilla, sacándonos de nuestro estupor y ambos la miramos. Tiene el celular entre las manos con la cámara apuntándonos directamente—. No puedo creer que tengo todo eso en video, ¡debería mandarlo a Hollywood! ¡Serían el próximo éxito de romance adolescente!

Me río.

—Mamá, asegúrate de tenernos a Edward y a mí lejos de los tabloides, por favor —pido y ella sonríe. Edward está sonrojado a mi lado, avergonzado como siempre del comportamiento errático de Renee, aunque ya casi se acostumbra, diría yo.

—Tengo algo para ti —me dice, y con su mano libre empuja una cajita de vidrio hacia mí. Veo a través del cristal el hermoso ramillete de rosas rojas con encaje negro.

—Oh, Edward, ¡es bellísimo! ¡Me encanta!

Justamente algo así era lo que le faltaba a mi atuendo, así que lo agradezco. Él saca delicadamente el ramillete y me lo coloca en la mano izquierda.

—Ustedes dos son tan dulces que me podría dar azúcar —dice Renee—. Vamos, vamos. Necesito fotos.

Le alzo las cejas.

—¿Más?

—Una mamá no puede tener suficientes —se encoje de hombros—. Además, le prometí a Esme muchas de ellas.

Entonces Edward y yo somos presionados para llenar la pobre memoria del teléfono de Renee. Nos toma fotos en la escalera, frente al pino de navidad, en la entrada con todas las luces navideñas e incluso obliga a un incómodo Edward a posar al lado de nuestros renos de luces LED.

Minutos más tarde logramos zafarnos de ella y por fin subimos al coche para irnos a la escuela.

—Lo siento por eso —murmuro divertida. Él niega con la cabeza.

—No te preocupes, Esme me hizo lo mismo en casa. Estoy seguro de que de haber podido hubiera venido para obligarte a tomarte fotos para ella, pero creo que la harán feliz las de Renee.

Río divertida.

—¡Eso tenlo por seguro!

No tardamos mucho en llegar a la escuela y una vez que Edward me ayuda a bajar del coche caminamos tomados de la mano hasta el gimnasio. Traigo puesto por sobre mi vestido un abrigo negro porque la noche es realmente fría, incluso aunque no esté nevando, pero lo más seguro es que lo haga en unos días.

No tardamos mucho en encontrarnos con los chicos. Alice está deslumbrante en un vestido púrpura largo y con escote en corazón, mientras que Rose está usando un vestido dorado que combina bastante bonito con su pálida piel.

—Se ven hermosas, chicas —es lo primero que digo cuando llego, saludándolas de beso en la mejilla.

—Tú también luces bellísima, Bella —Alice me sonríe—. No puedo creer que por fin estemos aquí, ¡llevamos planeando este baile desde que empezó el semestre!

Miro a mi alrededor y sonrío porque después de todo las ideas ochenteras de Emmett se hicieron presentes en forma de tiras de brillosas y bolas de disco. Aun así hay toques más modernos, como una enorme pista de cristal con luces LED en el medio del gimnasio.

—Por fin podremos descansar de la hiperactividad de Alie y Rose con las fiestas —Jasper comenta divertido, y apenas y logra esquivar el codazo de su hermana—. ¡Hey!

—No seas majadero, Jas —Rose le achica los ojos, pero luego sonríe—. Aún tenemos la pool party de primavera.

—La cual, gracias a Dios, es hasta marzo —dice Emmett, fingiendo un escalofrío.

Alice y Rosalie le ruedan los ojos.

Me río del poco entusiasmo de mis amigos y me pego más a Edward, que me toma por la cintura y me voltea para quedar de frente a él. Baja su mirada hacia mí y ojos verdes, brillosos y enamorados me dan la bienvenida.

—¿Ya te dije que te ves hermosa?

—Mmh —finjo pensarlo durante un momento—, sí, creo que sí. Como diez veces.

—Eso es muy poco —niega como si estuviera decepcionado y se agacha para darme un beso en la comisura del labio—. Te ves hermosa, Bella.

Sonrío contra sus labios.

—Te amo.

—Yo también te amo, ¿quieres bailar?

—Sí.

Edward le hace una seña a Emmett y luego nos dirige a la pista; un momento antes de que comencemos a bailar la canción de electrónica que está puesta cambia por una más lenta.

A drop in the ocean

A change in the weather

I was praying that you and me might end up together

Río cuando veo como a lo lejos Emmett nos alza los pulgares y acomodo mis brazos alrededor de su cuello.

—Cada día te superas más —comento, divertida y alagada. Él me guiña un ojo.

—¿No se trata de eso siempre?

—Sí —asiento—, es sólo que no sabía que podía tener tanta suerte.

El hecho de admitir eso en voz alta suaviza la expresión de Edward.

—Yo tampoco lo sabía —me dice. Su cuerpo se balancea con el mío lentamente a través de la pista, y no somos conscientes de las otras parejas bailando al lado nuestro—. Antes de ti, bueno… no me puedo quejar, no me la pasaba tan mal, pero después… fue como un cambio completo en mi vida. No sé si podría seguir haciéndolo como antes de que tú estuvieras, porque nada se sentiría igual, ¿lo entiendes?

Asiento.

—Lo entiendo —estos días que pasamos separados fue suficiente confirmación—. Pero ya no tendremos que estar separados, así que no hay que preocuparnos con eso.

Sonríe.

—No, Bella. Nunca más.

Luego me besa. Y todo alrededor desaparece.


Clean look: Es un maquillaje y peinado de aspecto fresco y cuidado, con el que parezca que tan solo se ha lavado la cara antes de salir de casa.


El vestido, el peinado y el ramillete de Bella está en mi FB, link en mi perfil ;) ¡También lo del traje de Edward!

¿Qué les parece? ¿Merece review?

Nos leemos el lunes, ¡las quiero!