Notas del autor:


¡¡¡Hola Minna-san!!! ¡Lean las notas al final por favor!


¡¡¡VAMOS AL FIC!!!


Disclaimer:

RK no me pertenece. Las únicas cosas que realmente me pertenecen son mis CDs de RK, mis videos, mis fics y todo eso

Dedicatoria:

Este fic está dedicado a Alicia-chan, mi amiga de la universidad que tiene el suficiente tino como para gustarle RK. ! ¡¡¡Este va para ti Alicia!!!

"Para ejecutar grandes cosas es necesario vivir como si nunca se fuera a vivir". Luc de Clapiers.


Falso Olvido

por Shiomei

-Primer capítulo-


La ciudad completa estaría oscura si no fuera por las casas a la distancia, ordenadamente distribuidas en la ciudad, y aquellos grandes colosos que eran los edificios. Estos se imponían emitiendo algunas tenues y otras fortísimas luces que irradiaban la vitalidad necesaria en esta noche sin estrellas que parecía ser más oscura que todas las vividas anteriormente.


La pista estaba semivacía. Era domingo y la gente decidía irse al campo a pasear o quedarse en sus casas a pasar tranquilos el día. En estos tiempos, tranquilidad es de lo que más carecemos. Vivir en Japón podía ser fantástico. Grandes establecimientos: tiendas comerciales, restaurantes, discotecas, malls, etc. Y bastos centros recreacionales que te hacían olvidar el hecho de vivir sumergido en el estrés apremiante de la ciudad. En fin, Tokio era muy grande y era grandioso estar de vuelta. Tanto tiempo, tantos recuerdos, tanta pesadumbre vivida en este lugar. Pero todo estaba olvidado.

Al menos eso era lo que ella quería creer.

La vista seguía fija en la pista. Manejaba en una pista de alta velocidad a un paso bastante moderado. 80 kilómetros por hora era razonablemente cuidadoso y daba la oportunidad de admirar por las ventanas el paisaje. Por un lado la civilización, por llamarlo de algún modo, con todos los adelantos que una ciudad capital de uno de los países económicamente más importantes como esta podía ofrecer para beneplácito de los habitantes y además para la admiración de los turistas que llegaban multitudinariamente a dicha ciudad. Pero por el otro lado de la vía estaba otro paisaje. Uno del cual estaban más cerca ya que ella manejaba su hermoso convertible negro BMV por una vía en lo alto de Tokio que permitía ver hacia abajo, tan cerca y a la vez tan inalcanzable, los grandes monstruos de la tecnología y compararlos así con los veteranos árboles que engalanaban la vista natural que estaba a su lado.

Por un momento llegó a pensar al ver los letreros propagandísticos de las grandes compañías situados en medio de aquellas semi-lomas, que era un atentado contra la simplicidad que conformaba la verdadera belleza de la naturaleza. Aquella llena de esplendor y de vida de la cual estamos orgullosos de poseer a nuestro alrededor y a la que aniquilamos sin misericordia con nuestros adelantos. También creyó que un futuro no muy lejano, quizá cincuenta años o cien, la tierra comenzaría a erosionarse por completo y que los pulmones de la tierra, las áreas verdes, desaparecerían para dar paso a más edificios. No. El hombre seguramente, en su asombroso ingenio, crearía plantas artificiales capaces de fotosintetizar. Entonces todo el mundo estaría lleno de eso. Quedaríamos nosotros como rezagos de lo que llamamos "natural" y como muestra de lo imperfecta que es la naturaleza ya que no nos hizo tan eficientes como la mayoría de objetos y vidas creadas en laboratorios.

Cuán perjudicial y cuán útil e indispensable es la ciencia. La paradoja reside en que es el mismo humano en su afán de mejora el que destruye su misma esencia: la naturaleza en sí de ser un ser humano. Las virtudes, los sentimientos más puros, la belleza de una sonrisa ante la vida, etc. se pierden en el camino. Triviales, dicen. Hay quienes piensan que caminamos en un cadalso de oro. Sin cruces que cargar más que las personales. Un cadalso moderno del que no nos damos cuenta hasta que lo inevitable sucede. ¿Pero qué es lo inevitable? ¿Morir quizá? ¿O perdernos en un mundo en el que todos existimos mas no vivimos?, uno en el que las máquinas que en un tiempo nos sirvieron nos usen porque somos simplemente menos perfectos que ellos, o será quizá otro tipo de "inevitable". En realidad era un imponderable de nuestro existir. En realidad sería mejor...

Una mano en su brazo interrumpe sus pensamientos. ¿Cuánto tiempo he estado pensando en esto?


- Okaasan mira allá arriba - dijo la voz de un niño


- ¿Eh? ¿Me decías algo, Kenji?


- Si `kaa-san, mira hacia arriba, dijo señalando el cielo. Ella accedió por tan solo un segundo para después volver a conducir.


- Una estrella solitaria ¿verdad?


- No okaa-san, debe ser un planeta, está solo y las estrellas suelen oscilar y tienen otra coloración, quizá sea Marte ¿no crees?


- Es muy posible, Kenji.

- ¿En qué estabas pensando hace un momento Okaa-san? Estuviste casi toda una hora sin hablar.


- Suminasen, hijo. No pensaba en nada importante

- Ya veo. - dijo el niño volviendo a observar los alrededores de la vía- Okaa-san...


- ¿Sí?


- ¿Hace cuánto que no vienes a Japón?


- Diez u once años. ¿Por qué lo preguntas?


- Casi mi edad...


- Más o menos.


- Es que estaba preguntándome ¿tuve algo que ver para que no volvieras a Japón?- preguntó el niño girando para verle el perfil a su madre.


Ella estaba sorprendida por las preguntas. No había duda que él estaba creciendo y eso la asustaba, pero tendría que ocultar aquel temor y absolver las interrogantes lo antes posible antes de que comenzara el niño a sospechar algo.

El niño volteó la cabeza de nuevo hacia el camino. Algo andaba mal. Su madre era de las mujeres que siempre tenían una respuesta inteligente en la punta de la lengua.

- No entiendo tu pregunta Kenji- respondió ella luego de un rato sin dejar de mirar al frente.

- Que si tuve algo que ver con que no volvieras aquí. Es que es mucho tiempo y supongo que tú tuviste familiares aquí ¿no es verdad? Quizá fue por mí que no volviste aquí.


- No. No tuviste nada que ver, Kenji. No sé de donde sacas esas ideas.

- Es que es raro que en tanto tiempo no hayas vuelto al país donde naciste y ni siquiera te hayas comunicado con ellos, los que se supone son tu familia; nunca he visto a tus familiares, solo conozco algunos de mi padre pero de ti


- Ya te dije mil veces, Kenji, que no hubo oportunidad. Es de mala educación inquirir a alguien acerca de lo mismo tantas veces, se puede interpretar como falta de confianza.


- No fue esa mi intención, Okaa-san, solo es que nunca llamaste por teléfono, ni enviaste ni recibiste cartas de nadie desde aquí. Me dices que tengo un tío llamado Yahiko pero nunca lo llamaste, ni siquiera sé cómo es, era tu primo, según me dices, pero...


- Kenji, ya te dije que me vi forzada a romper relaciones con mi familia- interrumpió - Aún eres muy joven y no lo entenderías. Luego tuve oportunidad de ir al exterior para estudiar y...


- Y conociste a mi padre ¿ verdad? Luego nací yo y él murió cuando yo era apenas un bebé ¿verdad okaa-san?- respondió él en un tono sarcástico que jamás había usado delante de ella, como repitiendo una letanía que le costaba creer.


- Así es - respondió ella en voz baja, tragándose las ganas de perder la paciencia y hacer entender al niño que no tenía por qué meterse en cosas de adultos; mas sabía que esa reacción no hubiera sido la de una buena madre.


Pero, ¡Dios!, ella también era humano y él sabía que este tipo de conversaciones no le gustaban; es más él niño ni siquiera debería cuestionar lo que ella le decía.

- Madre, pero ¿conociste muy joven a mi padre verdad?


- Así es hijo. Creo haberte contado esto innumerables veces - respondió ella sin mover la vista de la vía. Este tipo de conversaciones la ponían nerviosa y terriblemente acongojada.


- ¿Sabes que me hubiese gustado conocer a mi padre?


- Por supuesto hijo. - Pasó un trecho de al menos veinte minutos hasta que Kenji se decidió a hablar nuevamente.

- Okaasan...


- ¿Hai, Kenji?


- ¿Estás feliz de haber vuelto?- Tras unos momentos de pensar en la correcta respuesta ella dijo:


- Sí Kenji. - La mujer estacionó el carro en un lateral de la pista, miró a su hijo a los ojos y preguntó tranquilamente. Su estado emocional la traicionaba por dentro- ¿Por qué esas preguntas de nuevo Kenji?



- No es momento para quedarse callado. Debe haber alguna razón para hacer ese tipo de preguntas y me gustaría saberla.


- No es nada, solo se me ocurrió, okaa-san. Yo espero que no te haya incomodado.


- Está bien, como gustes - dijo ella aún guardando la compostura pero con una terrible sensación dentro de ella.

Lágrimas amenazaban brotar de sus ojos. Después de arrancar el carro nuevamente, cogió un tissue de una caja que estaba encima del tablero del auto y se limpió los remanentes de un llanto largamente ansiado pero siempre, irremediablemente, contenido.


- Gomen, okaa-san, no quise... - dijo el niño al ver a su madre batallar con las lágrimas.


- No has hecho nada, Kenji, así que no tienes por qué disculparte.


- Pero estás llorando


- No es eso hijo. Es que estoy cansada por manejar todo el día. Todo está bien.

- Okaasan yo...


- ¿Sí?- preguntó ella ladeando el rostro y sonriéndole levemente. Las lágrimas se habían ido como por arte de magia aunque aquella sensación seguía, como siempre, omnipresente en su interior.


- ...te quiero mucho. - No pudo decir lo que quería. No ahora, esperaría al menos a que se establezcan para conversar con ella del asunto.


- Y yo a ti hijo, y yo a ti... - respondió sinceramente la mujer. Un suspiro siguió a aquella frase. ¿En realidad todo estaba bien? Por un momento quiso que eso no fuera un imponderable más en su vida o al menos que fuera uno que pudiera dejar de lado. Subió la cubierta del carro. Pisó el acelerador y el motor logró un despliegue de 110 kilómetros. La brisa fresca de aquella noche primaveral que momentos antes les rozaba el rostro con suma delicadeza ahora desordenaba sus cabellos. Lo mejor era apresurarse.


****


Hotel Hikashida

Habían llegado. El BMV estaba estacionado frente a la entrada del lujoso hotel cinco estrellas. La vista era preciosa, era uno de los mejores hoteles de Tokio, la publicidad de la revista no estaba equivocada. Desde afuera podía deducirse que todo el lugar era bellísimo. Mejor apreciarlo desde adentro.

Un hombre vestido de frac y notablemente bien parecido se acercó al carro apenas lo vio estacionarse. Abrió la puerta del auto y ofreció su mano a la mujer que estaba dentro.

- Buenas noches señorit... - dudó antes de continuar al ver a un niño en el asiento de al lado que le decía a la joven al volante "okaa-san"- Buenas noches y bienvenidos al hotel Hikashida ¿Tiene reservación la dama?- preguntó el que aparentemente era el anfitrión del hotel.


-Muy agradecido y buenas noches para usted también- respondió ella bajando del carro ayudándose de la mano de aquel hombre quien tenía puestos los guantes blancos habituales de la gente de su oficio. Ella vestía unos pantalones de color crema claro, una blusa de seda color palo de rosa, zapatos marrones; un ligero maquillaje adornaba su joven rostro y sus cabellos negros como la noche estaban sueltos y ligeramente desordenados por la acción del viento.

Por la otra puerta del carro el niño salió y rápidamente se colocó junto a su madre.

- Buenas noches, joven - dijo un atentamente aquel sonriente hombre


- Buenas noches - respondió el niño mientras le ofrecía el brazo de derecho a su madre. Ella sonrió ante tal deferencia y colocó uno de sus brazos en donde el niño quería. El pequeño vestía un pantalón negro de dril, una camisa color azul oscuro, que combinaba perfectamente con sus ojos, y zapatos negros.


- Sí, tengo reservación -dijo ella volviéndose hacia el botones que tenía también una sonrisa en el rostro- ¿quién se encarga de mi vehículo? - El hombre chasqueó los dedos y se acercó un joven botones graciosamente vestido de azul y rojo, y preguntó:

-Buenas noches- hizo una deferencia con la cabeza a los huéspedes y luego se dirigió al hombre vestido de frac: ¿sí señor para servirle?


- Encárguese del vehículo de la dama- La mujer en cuestión le dio las llaves de su auto y siguió al anfitrión que momentos antes les había pedido que lo acompañaran. Luego de un momento estaban en un hall muy elegante.


El hotel estaba pintado de color crema. Los zócalos eran de la madera más fina y reluciente que Kenji había visto jamás. El diseño era novedoso. Dos puertas de hechura clásica, los pisos de parquet, y el techo empotrado en madera. Un aire clásico y elegante envolvía al lugar. Cuadros de paisajes y otros que eran copias de obras de arte clásicas. Él reconoció obras de Massacio, Giotto, Uchello, Guibertti, Donatello, etc. Kenji creyó reconocer una copia del "Nacimiento de Venus" de Botticcelli. Definitivamente era una copia porque él había visto la original en una galería en Florencia... ¿cuál era el nombre?... Uffizi... eso es, la galería de los Uffizi. Aquella vez lo había fascinado tanto ese cuadro que no paró de hablar a su madre de él por lo menos durante una semana.

También aquella vez disfrutó de "La Primavera", pintado por aquel mismo autor. Después, en un viaje al Vaticano, había visto en la basílica del lugar La pietá de Miguel Ángel y podía jurar que nunca antes había sentido que una escultura o cualquier otro trabajo de arte estuviesen tan bien hechos, tan perfectos. Claro, aquella vez aún no veía toda la magnificencia del arte renacentista.

En fin, el hotel tenía lo adecuado para su gusto. Era elegante, moderno, bien distribuido, amplio y las pinturas estaban bien escogidas o al menos eso parecía hasta el momento. Luego daría una vuelta por el lugar para dar una crítica al respecto.

No era difícil darse cuenta que el pasatiempo del niño era ir a exposiciones de arte. A pesar de su corta edad le encantaba admirar trabajos artísticos y en los constantes viajes que hacía con su madre siempre tuvo la oportunidad de conocer bellísimos lugares en los que nunca le faltaba un solo museo por conocer. Para su alegría su madre disfrutaba del arte tanto como él.


- ¿Si fuera tan amable de decirme cuál es el nombre con el que hizo la reservación, señora?- preguntó el hombre aún sin acostumbrarse a llamarla así ya que en realidad no le iba aquel apelativo.

Ellos estaban sentados en una cómoda sala de estar que daba a una escalera de madera, aparentemente hecha de cedro, que llevaba al salón central del hotel. Ella contestó después sin siquiera voltear a ver al sorprendido anfitrión:


- Kaoru. Kaoru Tetsuya.


Notas finales:

¡¡¡Después de tanto tiempo Minna-san!!! Los exámenes me traían loca y he estado en una semana vacía totalmente de inspiración. Me he dedicado a leer mucho y déjenme recomendarles el Retrato de Dorian Gray. Es excelente. También un libro titulado Este Domingo, escrito por José Donoso, un excelente autor chileno. Ahora estoy de vacaciones y tengo todo el verano para mí.

Ahora, después de pasarme un buen tiempo escribiendo y borrando capítulos nuevos de mis fics, los cuales estaban pésimamente escritos, hay un capítulo que si me gustó y lo mejor es que los estoy dejando en ascuas! (risa de Megumi).

No se olviden de dejarme un review... ¿qué habrá pasado?... ¿Tetsuya? ... solo una pista... no he cambiado los apellidos de nadie. Eso quiere decir que... ¿qué creen?... ¡Adivinar y enviarme reviews es su trabajo, ténganme compasión, dejen un review sino no hay capítulo nuevo pronto!

(¡Qué chantajista se ha vuelto esta Shiomei!)


Arigato gozaimasu por leer este fic!!!!


Ja ne!


Shiomei